Holi mis amores! :D Un saludo a Lita Wellington, Maryels, alambrita, Marinerita, Elizabeth2261 y Jan. En serio muchas gracias por estar aqui y por todo el apoyo que me han brindado durante toda la publicacion del "fic". Penultimo capitulo, las dejo leer porque en el final me extenderé mas :v Besos, ojala les guste.
CAPÍTULO 11
No debí enamorarme, no debí hacerlo pero aquí estoy, solo, de nuevo, y enamorado de ella. Hoy estoy más solo y más amargado que antes de conocer a Serena...
No puedo culparla por irse, por abandonarme como lo hizo pero, ¡Demonios! ¡¿Qué hago con esta ira, con esta frustración que me come por dentro?! ¡¿Qué chingados hago con esta impotencia que siento?! Serena, bonita...
— Señor, ¿está bien?
— No, pero no te preocupes, Malachite, es solo un vaso roto, nada más que eso.
— Señor, si me permite decírselo...
— No, no te lo permito.
— De cualquier forma voy a decírselo. Usted no puede seguir así, patrón. Ya van hacer dos meses desde que la señorita Serena se fue y tiene que acostumbrase a su ausencia.
— Yo no estoy así por ella.
— ¿Ah, no? Señor, usted no ha hecho otra cosa más que beber desde que leyó, lo que sea que haya leído ese día, y ella lo dejó. Usted se está casi que muriendo en vida desde que la señorita Serena abandonó esta casa.
— ¿Qué se sabe de Zafiro? ¿Ya lo localizaron?
— No señor, seguimos trabajando en eso.
— Encuéntrenlo y entre más rápido, mejor. Retírate, por favor. Necesito estar solo.
.
.
Recuerdo aquel día como si hubiera sido la semana pasada y no hace un poco más de seis meses. Todavía recuerdo aquel día, es decir, aquella noche, en Acapulco con Serena... Mi niña, mi niña bonita... Lo siento tanto, tanto... Perdóname, Serena, te juro que nunca quise hacerte daño, jamás. De haberlo sabido, si yo hubiera sabido... Créeme que si yo lo hubiera sabido jamás habría permitido que algo como eso te pasara, nunca. En aquella época no lo veía con claridad porque para mí el concepto del amor siempre fue algo desconocido pero hoy, hoy que lo conozco, que me he nutrido de él durante meses gracias a ti, es que lo entiendo. Yo estaba enamorado de ti y no fue sino hasta esa noche, en la que hicimos el amor por primera vez, que lo comprendí. Yo estaba igual o más enamorado de ti de lo que tú estabas de mí, bonita.
Me costó mucho trabajo pero finalmente lo hice, como hago prácticamente con todo y con todos los que me rodean. Al final pude convencerte de venir con nosotros a Acapulco y gracias a Dios que lo hice, me habría sentido como todo un perdedor si a última hora me hubieras mandado a volar y me hubiera tocado ir con todos esos de viaje solo, más solo que la una.
No puedo negar que me encanta, me fascina tener dinero en exceso. No suelo usar mucho el avión para salir de paseo pero eso día sí que me divertí. A tu lado y contagiándome de tu risa mientras la auxiliar de vuelo nos servía algo de beber y comer, disfruté el viaje hasta Acapulco en tu compañía y claro, en la de los demás. Me acuerdo perfecto cuando te asomaste a la ventana y me preguntaste si llevaba mi celular conmigo. Bonita, mi Serena... Como te extraño... Carajo si me haces falta...
— Oye, Darien, ¿traes tu teléfono?
— Sí pero, Serena, en un avión no se pueden hacer llamadas. Vas a tener que esperar hasta que lleguemos a Acapulco para...
— No, no es para eso. — Sonrió con ternura— Es para tomar unas fotos. Es que, mira.
Me señaló el paisaje.
— ¿No es hermoso? No sé si tenga chance de subirme a un avión de nuevo y me gustaría tomar unas fotografías. ¿Me lo prestas?
Dejando a los demás en sus conversaciones me levanté y fui contigo. Tomándote por la cintura, como siempre me gustó hacerlo, es que tienes una cintura tan ajustada, se acopla tan bien a mi mano, que no podía evitar hacerlo. Me sentía como un gigante abrazando a una delicada princesa cada que te abrazaba así, por la cintura.
A tu lado, y después de besar tu rubia cabeza con cariño, te dije que no era necesario tomar fotografías del paisaje, que yo podía llevarte de paseo a donde tú quisieras cada vez que lo quisieras.
— Eres un engreído, Darien.
— Y tú una chulada de mujer pero está bien, como quieras. — Me reí e iba a volver a mi asiento pero...— Oye, ¿nos sentamos? Estamos a muy poco de llegar.
— Oye, ¿nos podemos tomar una foto juntos? Hasta ahora me doy cuenta que jamás lo hemos hecho.
— Hmmmm...
Dije riendo mientras sacaba mi extravagante aparato del pantalón, me hacía a tu lado y lo alistaba para tomarnos la selfie que querías.
— Yo no diría eso, bonita.
— Darien...
— Di algo gracioso. Di: ¡nos quedamos sin gasolina!
— ¡¿Qué?!
Todos en el avión pensaron que lo había dicho en serio mientras tú, (sin importar cual malo fuera el chiste) te reías a carcajadas de la estupidez que acababa de decir; de mi estupidez del día, como quien dice.
Esto es lo único que me quedó de ti, esta foto. La foto que nos tomé ese día en el avión no hace más que recordarme que ya no estas, que me has dejado. Que ya no hay esperanza, ni alegría, ni ningún tipo de ilusión para mí... Esta foto en donde te veías tan feliz, no hace más que recordarme lo feliz que fui... Lo miserable que soy ahora...
Llegamos a mi casa de Acapulco y eso es lo bueno de pagarles tan bien a los trabajadores, todo estaba como lo había pedido. La casa estaba reluciente, como siempre me ha gustado ver mis casas. La comida, era más que suficiente y no solo eso, deliciosa. El personal sabía exactamente cómo debía hacer su trabajo y no podía sentirme más complacido de estar ahí, preparándome para toda una semana de diversión y relajación en compañía de mis amigos, de sus esposas (locas, sin importar que se hayan puesto del lado de Serena aun las quiero) y de Serena. De la mujer que sin saberlo para esa época ya me había robado el corazón.
Mientras los demás iban a dejar sus maletas a las habitaciones, mientras se instalaban, yo le entregué las nuestras a Miguel y te tomé de la mano para llevarte a la alberca, a una de mis obras maestras. Una de las cosas en las que más dinero he gastado pero una de las que más satisfacción y placer me ha dado construir.
— Darien, no, espera. Lo mejor sería ir primero a la habitación a cambiarnos estas ropas y...
— Solo será cuestión de un minuto. — Dije mientras te arrastraba hacia la alberca por aquel corredor— Anda, camina.
— Darien...
Casi que halándote llegamos a la alberca y fue justo como pensé que sería, quedaste tan impresionada que hiciste justo lo mismo que hice yo cuando la vi por primera vez, quedaste con la boca abierta. No sé qué es lo que más me gusta de: "El cristal dorado". No sé si son sus imponentes cascadas de agua, o si es la iluminación o lo tibia que se pone el agua en la noche. No sé si sea el material en el que la mandé a construir pero definitivamente debe ser la vista que da, el hecho de que esté conectada con el mar...
— ¿Te gusta?
— Es, guau, Darien, esto es...
— Hermoso, ¿verdad? Por eso quería traerte. Sabía que te gustaría. Y tienes que verla de noche, es incluso mucho mejor que verla a esta hora. La vista de noche es sencillamente hermosa.
No sé en qué momento esa traviesa me tiró al agua pero así fue, lo hizo. Me tiró al agua y yo no tardé nada en hacer que se me uniera. Cuando me extendió un mano para ayudarme a salir, la atraje hacia a mí e hice que cayera a la alberca, junto a mí. Abrazándola y levantándola en brazos después, no podía parar de reír mientras la acercaba a mi rostro para besarla, para besarla tal y como descubrí una noche antes de eso que me encantaba hacerlo, tiernamente, muy dulcemente... Sin duda uno de los mejores días de mi vida...
.
.
Rei, Jedite, Amy y Ziocite salieron a recorrer la zona. Las muchachas dijeron que ya que estaban de vacaciones, y que como hacia tanto tiempo que sus maridos no las llevaban a ningún lado... Irían a buscar un antro para bailar un rato; pero ese rato se convirtió en toda la noche porque no los escuché llegar. Bueno, tal vez no fue eso. Lo que pasó esa noche fue que yo quedé tan cansado que caí rendido, que no fui consciente de nada más que de la calidez del pecho de Serena...
— ¿Está todo bien, Serena?
— Sí, muchas gracias, Zafiro.
— Pues no me lo parece porque no has probado bocado. ¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame a alguna de las muchachas para que te prepare otra cosa o...?
— Me gustaría, si no te molesta, ir a la recamara. Quisiera acostarme temprano.
— Claro, claro, ven, vamos. Te acompaño.
¿Qué estarás haciendo a esta hora? ¿Ya habrás cenado? ¿Qué cenaste? ¿Pensaras en mí tanto como yo pienso en ti? No, tal vez no... Tal vez y es verdad lo que escuché. Tal vez es cierto y te casaste con Zafiro Black. Tal vez, en estos ya casi dos meses que llevo buscándote por todos lados como el idiota que soy, lo que pasó fue que te casaste con ese, ¡imbécil! de Zafiro y nadie ha tenido el valor de confirmármelo, ni siquiera tú misma.
.
.
— ¡Serena!
Demonios, ¡rayos! ¡¿Cómo demonios es que pude volver a soñar contigo si me dormí perdido de la borrachera?! ¡Maldita sea! ¡Maldita sea la hora en la que te conocí y peor, la hora en la que me enamoré de ti! ¡Carajo!
— ¡Don Darien! Ay, don Darien, ¿Qué le pasó? ¿Qué tiene?
— Lita, —carajo, alguien más a quien preocupo esta noche— no te preocupes y vuelve a dormir, no me pasa nada, estoy bien.
— Usted me perdona pero es evidente que esta cualquier cosa menos bien. ¿Qué tiene? ¿Qué le pasa, señor? ¿Es por Serena?
No quiero hablar, no quiero decirle que tiene razón y que estoy así, que me doy un tiro en la cabeza, por ella, porque no soy capaz de vivir con su ausencia.
— Ya veo. Señor, ¿está bien si preparó un poco de té para los dos y platicamos? Hay, hay algo que tengo que decirle pero no había querido porque me parecía que no debía. Incluso lo platiqué con Nef y pensamos que lo mejor era no decirle nada.
— ¿Qué es lo que tienes que...? Prepara ese té, creo que en este momento lo que más necesito es un té y mejor, una amiga.
Aunque era un té de manzanilla, uno que ayuda a calmar los nervios y los dolores en el estómago, según Lita, sigo despierto, sin poder conciliar el sueño. Y lo peor es que sigo pensando; es decir, recordando, la imagen con la que me desperté asustado y juagado en sudor en la sala, no dejo de pensar en Serena. No puedo hacer más que recordar el rojo, sudado y sonriente rostro de Serena. No puedo dejar de revivir en mi mente la primera vez que hicimos el amor, la primera vez que estuvimos en Acapulco.
Recuerdo que fuimos a la habitación después de haber bebido un par de copas de vino en la enorme y muy decorada sala de esa mansión. De todas mis propiedades diría que la casa de Acapulco es una de mis preferidas, y no porque haya mandado a construir aquella alberca en honor a mi mamá, que amaba el mar. Creo que le tomé incluso más cariño que cuando la compré porque fue ahí, en esa lujosa y costosísima casa de playa, en donde experimenté lo que era hacer el amor por primera vez, en donde me sentí tan amado, tan querido...
Entrando a la habitación, a mi habitación y a una de las más grandes de la casa, la levanté en brazos y la deposité suave y muy lentamente sobre la cama. La dejé sobre la cama mientras me quitaba los zapatos y disfrutaba de la fresca brisa que entraba por aquel enorme ventanal... La brisa que refrescaba lo caluroso que de un momento a otro se había puesto ese enorme lugar...
— Darien... Sé que no te gusta escucharlo pero yo te...
Caí sobre ella y me apoderé de sus labios, la besé con ternura, con todo el amor que hoy en día, ¡maldita sea! todavía le tengo. Su sabor y el sabor de mis labios se mezclaban de una forma perfecta, casi que mágica... Entretenidos en lo acelerado de nuestros besos, concentrados solo en nosotros dos, en lo bien que nos hacíamos sentir con las caricias que nos dábamos, no nos importó el ruido que provenía de la calle, de la gente que celebraba con música y baile en la playa.
— Da, Darien... Oh, Darien, mi amor, te amo, te amo como nunca pensé que podría amar a nadie en mi vida...
— Serena, bonita, mi Serena...— le respondí mientras me deslizaba por su sudado y tembloroso pecho, le dije en medio de los besos que regaba por todo su cuello— Yo, yo no sé qué es lo que siento exactamente por ti pero lo único que sí sé...
— Darien, oh, Darien...
— Es que te quiero conmigo; todo el tiempo. Nada de golpes, juegos o cosas raras. Esta noche, hoy, lo que más deseo es...
— Lo sé, yo quiero lo mismo. Darien...
— Serena...
Y regresé a sus labios para eso, para besarlos suave, delicada y lentamente por largo rato, por todo el rato que se los besé... Fue mía y fui suyo, fuimos, carajo, ¿Cómo lo describiría? ¿Uno solo? Sí, diría que eso fuimos esa noche por más de una hora, uno solo. Fuimos un solo cuerpo, un solo corazón... No solo unimos nuestros cuerpos en un encuentro de pasión, lujuria y deseo. Fue amor, lo que nos dimos esa noche en la soledad y oscuridad de esa habitación fue amor...
Besé sus hermosos y delicados labios como lo que parecen a simple vista, como lo que, cualquiera que estuviera tan enamorado de esa mujer como lo estoy yo, vería. Besé los labios de mi niña mala y bonita, los de mi querida Serena, como quien besa los pétalos de una flor, de una extraña, delicada y misteriosa flor... Serena, ¿ves en lo que tus mimos, en lo que tu amor me ha convertido? Soy un imbécil, soy un completo idiota que no sabe, que no tiene ni la más mínima idea de cómo carajos vivir sin ti... Carajo, ¿Cómo hago para llegar a ti? ¿Cómo hago para conseguir tu perdón? ¿Cómo le hago para que vuelvas a quererme como lo hiciste esa noche, con toda tu alma, con todo tu ser? Serena, mi niña bonita... ¿Cómo le hago para dar contigo, para que regreses a mi lado?
Lo que más deseo en este momento es ir, a donde quieras que estés, y traerte de regreso conmigo. Quiero que volvamos hacer lo que hicimos aquella fresca y acelerada noche de playa en Acapulco. Quiero conectarme no solo con tu cuerpo, con tu corazón... Quiero volver a sentirme uno solo contigo, con tu alma, con ese buen amor tuyo que le dio vida y sentido a mi amarga y miserable existencia. Quiero, lo único que deseo es volver a sentir tus manos en mi rostro, en mi espalda mientras yo no dejada de entrar y salir con lentitud, con suavidad... Quiero verte llegar al orgasmo mientras te aferras de mis hombros y me dices, casi que en silencio, que me amas, que me adoras... Necesito escuchar, aunque sea una vez más antes de que haga que alguien acabe con mi pena y me mate, que me adoras, que me amas con cada parte de tu ser... Que me amas con locura, con desesperación... Que sin mí, que si no me tienes a tu lado, la vida no tiene ningún sentido. Quiero que vuelvas a decirme lo que me dijiste hace casi dos malditos meses antes de desaparecer de mi vida así, como si nada. Quiero que vuelvas a decirme que la vida sin mí a tu lado no es nada, que no es lo mismo. Que me digas lo mismo que quiero decirte yo en este momento. Que te amo y que voy hacerlo siempre, que estamos, y siempre estaremos, destinados a estar juntos. Hoy, mañana y siempre. Creo que voy amarte aun incluso después de mi muerte.
— Darien, oh, Darien, mi, mi amor... Yo, Darien, Darien...
— ¿Qué, Serena? — Pregunté sin dejar de moverme, sin dejar de embestirla con lentitud, con todo mi amor— ¿Qué es lo que quieres?
— A ti.
Se levantó un poco de la cama y me besó, se apoderó una vez más de mi boca. Y cuando no pudo seguir sosteniéndose en esa posición...
— ¿A mí? ¿Me quieres a mí? ¿Qué no me tienes?
— Lo quiero todo de ti. — Volvió a levantarse pero esa vez no me besó en la boca. Se acercó a mi pecho y lo besó, besó el lugar en donde debe estar ese dolido corazón mío— Todo, lo quiero absolutamente todo de ti...
Esa noche no lo entendí pero hoy sí lo entiendo, es más que claro para mí qué era lo que pasaba esa noche en la que estaba más que excitado, feliz. Esa noche mientras la poseía suave, lenta y muy delicadamente, no entendía por qué me excitaba, porque palpitaba mi pene dentro de su húmeda y cálida vagina cada vez que me decía que me amaba, que me adoraba. Parece ser que Serena, y su enorme amor, me curó. Serena me dio lo que inconscientemente siempre había deseado que me dieran. Yo quería cariño, atención, amor...
— Darien, Darien, te amo, te adoro...
— ¿Puedes, ah, demonios...?— Respiré hondo para evitarlo, para contenerlo antes de que ella se viniera— ¿Puedes decirlo de nuevo?
— Darien, mi amado Darien...
Sonrió ampliamente y prendida de mis brazos, con los que me sostenía sobre ella, me dijo sin dejar de sonreír y con los ojos cerrados, moviendo las caderas e intensificando la sensación que ya de por si era agradable...
— Te amo.
— Se, Serena...
Incrementé el ritmo de mis estocadas, de mis suaves pero coordinadas embestidas, y...
— Yo, no creo que pueda contenerme por más tiempo...
— Te amo, Darien. Te amo y no te contengas, dame todo lo que me quieras dar, mi amor...
Y después de besar cada sensible parte de su cuerpo, de hacerla completamente mía por primera vez en la vida, lo hice. Me dejé ir dentro de la única mujer que me ha amado y que he amado... Serena, mi adorada Serena, mi niña bonita, ¿será verdad lo que me dijo Lita? ¿Será cierto que aún habrá esperanza para mí? ¿Será verdad eso que me dijo que le dijiste la última vez que llamaste a preguntar por mí? ¿Tú todavía me amas, a pesar de lo que te hice? Si es así, si aún me amas y estas dispuesta a volver, juro dar hasta el último aliento de mi alma para que estés bien, para ayudar a que estés bien.
.
.
— ¿De veras no te molesta que lo haga, Zafiro?
— No. ¿Por qué habría de molestarme? Siempre has sido muy clara conmigo. No es un secreto para mí, ni para nadie que te escuche hablar de él, que lo amas.
— Zafiro, yo, en serio lo siento mucho pero...
— No te preocupes, no pasa nada. ¿Quieres que te deje a solas para que puedas hacer tu llamada?
— Zafiro, me siento incomoda pidiéndote que salgas de nuestra habitación. Por Dios, eres mi esposo. Bien podrías actuar como uno. Créeme que no te reprocharía nada.
— Que me haya enamorado de tu sonrisa desde la primera vez que te vi, que me haya aprovechado de la situación y de mis medios para convertirte en mi esposa, no te hace mía, bella Serena.
— Zafiro...
— El que tú ahora apagada sonrisa me recuerde tanto a Petzite, no significa nada. ¿Quieres que me quede o que salga?
— No, quédate. Por favor quédate conmigo porque sé que si te vas, Dios, perdóname pero sé que si me dejas a solas hablando con Darien no sé de lo que sería capaz.
— Tranquila, es normal. Nadie deja de amar a otra persona en tan poco tiempo. Adelante, yo me voy a quedar aquí, contigo, para lo que sea que necesites.
— ¿Bueno? ¿Bueno? Sea quien sea, es mejor que hable rápido porque tengo que...
— Hola, Darien, soy yo, Serena.
— ¡¿Serena?!
Casi me caigo de la impresión que me dio escucharla.
— ¡¿En verdad eres tú?! Serena, mi niña bonita, por favor perdóname por... Por favor perdóname. Estas en todo tu derecho de estar enojada conmigo pero te juro, te juro que si me das la oportunidad de enmendarlo, yo...
— No tienes que pedirme perdón y es precisamente a esto que te llamo. Darien, sé que no fue tu culpa, tú no sabías nada de lo que pasaba. No te preocupes, no te culpo por nada de lo que me está pasado, de lo que me espera...
— Serena...
— Supe, es decir, nos enteramos que...
— ¿Nos? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Con quién estás? ¿No me digas que estas con ese infeliz de...?
— Por cosas que no vienen al caso, que son demasiado largas y complicadas para explicártelas por teléfono, me casé con Zafiro Black hace poco más de un mes. ¿Darien? ¿Darien, sigues ahí?
— ¡¿Qué tú hiciste qué cosa?! Serena, ¡me lleva la chingada! ¡Tú eres mía, mía con un demonio, mía! Te juro que...
— Ya habrá momento de explicarte todo con más calma pero solo te llamo para eso. Para pedirte que por favor, y por tu bien, no quiero que te pase nada...
— Serena, mi niña...
—... Que no me busques más. Soy una mujer, aunque dadas mis circunstancias es difícil estarlo pero como sea... Soy una mujer felizmente casada y una mujer como yo, casada con un hombre como Zafiro Black, no tiene nada de qué hablar contigo.
— Serena... Me estas matando. Sé que lo que, sé que lo que te hice puede ser catalogado como imperdonable pero... ¿Por qué te casaste con ese imbécil? ¡¿Por qué entre todos los imbéciles con los que pudiste haberte casado te tenías que casar con él?!
— Porque era necesario. Debo salir a una cita y me están esperando. Adiós, Darien. Adiós y te recomiendo que te... Por cierto, ¿lo estás? Dime por lo que más quieras que te estas tratando.
— No, no lo estoy.
— Darien... Oye, bella Serena, debemos irnos. Estamos algo lejos. Sí, ya voy.
— ¡¿Está ahí, contigo?!
— Así es.
— ¿Por qué eres tan cortante? ¿Por qué esta ahí contigo o por que no quieres que se entere de algo más?
— Más lo segundo que lo primero. Serena, por favor, debemos irnos. Sí, ya voy, cariño.
— Serena, ¿te casaste con ese inútil bueno para nada obligada?
— Sí. No creo que volvamos a hablar y por favor, te lo ruego, busca ayuda. No quiero que pases por lo mismo que estoy pasando yo. Es horrible. No sabes lo mucho que duele.
— No, por favor no, no llores. No sabes lo que me duele que...
— No te llamé a eso, a culparte de nada. Solo quería pedirte que dejaras de buscarme porque, Darien, me preocupas. Debo irme ya, adiós.
— Serena, no, espera, Serena. ¿Serena? ¡Demonios! ¡Me lleva, me lleva, me lleva! ¡Me lleva la chingada!
Seguimos con el proximo, ¡el final! :D
