Dark temptation
Capítulo 5
Disclaimer: Resident evil ni sus personajes me pertenecen
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Demons de Imagine Dragons
Habitación
La cabeza le daba vueltas y cada cierto tiempo una punzada le hacía estremecer de dolor. No había abierto los ojos aún, pero se sentía débil. Cerrar y abrir una mano era una tarea difícil. Siempre que respiraba le dolía el diafragma, aún más que su abdomen.
Cada vez que intentaba abrir los ojos se arrepentía porque una luz blanca la cegaba. Le salían lágrimas involuntarias de los ojos cada vez que lo probaba.
Tuvo otra punzada en su cabeza. Ella gimió adolorida y se movió ligeramente, todo el cuerpo estaba adormecido. Supongo que le habían inyectado calmantes.
No recordaba gran cosa. Solamente cuando Wesker la cogió en brazos y se la llevó a su laboratorio. No recordaba haber salido de la isla, pero sí de la mansión. Sabía que habían bajado por un ascensor muy grande y él la había llevado a una sala con instrumental para coserle la herida. Se ve que era grave. Estaría muerta de no ser por él. Había perdido la cuenta de cuántos días se había pasado allí. Estaba atontada todo el tiempo, así que no sabía cuantas semanas llevaba de cautiverio. Quizás un mes y una semana.
No entendía porque la había salvado. ¿Qué le importaba? Después de todo, seguía siendo una Redfield. Le debía una disculpa…
¿¡Pero que estaba diciendo?! Él la secuestró y la golpeó. No habría pasado nada malo si él no se la hubiese llevado. Pero a la vez, sentía gratitud.
Lo que se le había quedado en la mente grabado con fuego fue su tacto. Recordaba las manos de Albert, masajeando con algún aceite cicatrizante la herida. Fue muy cuidadoso con ella, eso le sorprendió. Le hablaba cuando entraba en la sala, aunque ella no le respondiese. Había momentos en los que estaba inconsciente y otros que estaba demasiado débil como para hablar o moverse. Otras veces le agarraba su mano –fría por estar sin moverse- y la calentaba con su aliento, sosteniéndola entre sus palmas. Ese hombre estaba loco, era bipolar y tenía serios problemas mentales.
De repente, se sintió mal por intentar matarlo el otro día. Pero él era su secuestrador y ella su cautiva, no podía hacer nada más. Si quería conseguir su preciada libertad debía conseguirla. Fue una estúpida, no podía contra él. Todo lo que le dijo en la biblioteca era verdad.
Estaban alojados en una isla pequeña que no sale ni en los mapas, nadie sabía nada de Wesker, incluso los científicos que trabajaban en el laboratorio vivían allí, de bajo tierra.
Estos días que ella dependía plenamente de él la habían hecho reflexionar.
Le daría una oportunidad. Se pondría de su lado por un tiempo y si ella sacaba provecho que estando en contra de él, seguiría de esa manera. No podía hacer nada más, estaba atrapada.
No pasaba nada, cuando la encontrasen, si es que lo conseguían, ella volvería a estar del lado de su hermano. El lado de los buenos. Pero mientras tanto, tendría que colaborar con el tirano si o si. No tenía elección si quería un poco de bienestar en su vida.
Estaba hecho. Después de desahogarse en la biblioteca se quedó a gusto. El odio hacía él disminuyó. Pero le preocupaba una cosa: ¿Porque él no la odiaba? ¿Porque no la consideraba una enemiga? ¿No era digna?
Ahí había gato encerrado. Llegaría al fondo del asunto. Esta vez tenía que ganarse la confianza de Wesker, pero no para atacar, sino para vivir.
Escuchó el ruido de una puerta cerrándose. Alguien había entrado en la habitación. Suponía que era su captor. Nadie más entraba allí. Sin embargo, nadie dijo nada. No escuchó ningún saludo o caricia por parte del tirano más temido por todos.
Sintió a una voz femenina tararear alguna canción. ¿Una mujer estaba allí? ¿Quién era? Luego se escuchó el sonido de agua escurriéndose. Típico de cuando friegas el suelo.
Claire giró la cabeza a un lado lentamente, le dolía cada vértebra de su cuerpo. No quería abrir los ojos y cegarse con la luz de nuevo. Entreabrió sus orbes verdemar, centrando su vista en una figura redonda.
Pudo visualizar a una señora de unos 66 años de edad, parecía bastante mayor. Tenía el pelo recogido en un moño y no llevaba bata blanca. No estaba flaca y barría con tranquilidad. Era la mujer de la limpieza, parte del personal interno de las instalaciones.
Era su oportunidad, podría sacar información del lugar donde estaba. Sería fácil engañar a esa mujer mayor. Probó batiendo sus brazos para poder levantarse, pero solo conseguía mover los dedos. Eso era culpa de los tranquilizantes y sedantes que se le administraban cada cierto tiempo. Eran vitales para su recuperación ya que la mínima respiración más fuerte de lo normal podría abrir la herida profunda. Y atentar contra Wesker tampoco fue una buena decisión ya que ahora se encontraba sedada hasta la médula en una camilla.
Luchó para despejar su mente y no quedarse dormida. Tardó alrededor de unos diez minutos para despertar sus extremidades y considerar que se podría alzar de su lecho.
Hizo los siguientes movimientos con cuidado. Apoyó los brazos en la cama y se incorporó. Estuvo un tiempo así hasta que se sujetaba por sí sola. Se sentó en la cama, con las piernas estiradas, las tenía adormecidas y no las podía mover aún. Con un esfuerzo grande pudo patear con las dos, estirando todo su cuerpo adormecido.
La mujer mayor estaba de espaldas a ella, no la vio y seguía canturreando una melodía popular de esas tierras. Supongo que hablaría su idioma, ¿quién no entendía el inglés? Era básico saberlo, o quizás no sería tan afortunada ya que era una señora de la vieja escuela.
Una serie de preguntas le invadieron la cabeza.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que estuvo inconsciente?
¿Dónde estaba Wesker ahora?
Claire se aclaró la garganta, sentía que tenía un nudo en la garganta que le impedía hablar.
-Hola.
La señora se asustó y se giró sobresaltada. Vio que una chica muy hermosa estaba en la cama sentada. Parecía que tenía unos 25 años. Tenía los ojos de un tono verdemar y su pelo era rojo. Le sorprendió que los científicos tuvieran a chicas tan guapas y jóvenes formando parte de sus experimentos.
Se acercó a ella, compadeciéndose. Los resultados de las pruebas que hacían allí no eran muy favorables. Todos terminaban convirtiéndose en monstruos horrendos. Esa niña se parecía a su nieta menor, le dio mucha pena.
-¿Sabe dónde está el baño?- Preguntó Claire.
La mujer la miraba con asombro, quizás tenía algo extraño en la cara. Se acercó dejando el palo de la escoba a un lado y le tocó la mano.
-Que lastima que estés aquí encerrada.
-No, se equivoca. Yo no soy ninguna rata de laboratorio.
La herida ya estaba casi del todo curada. Unos días más y podría quitarse los puntos de sutura. Quedaría cicatriz, por una más ya daba igual. Tenía varias en su cuerpo atlético.
La mujer mayor respiró aliviada, esa muchacha no merecía estar allí. Dio las gracias a Dios porque la chica no estaba destinada a morir prematuramente por culpa de un experimento.
Conectó los cables, si no era un experimento, debía ser la famosa prometida del jefe. El laboratorio se llenó de rumores. La gente cuchicheaba que había llegado una muchacha hermosa herida y que era la prometida del jefe. Por eso ella estaba en una sala individual y no en una colectiva como los sujetos de prueba. Los cotilleos eran lo suyo.
-Entonces usted es la prometida del señor Wesker.-Claire palideció.-Ya me extrañaba ver a una joven tan hermosa por aquí.
Pasó de la palidez al rubor en menos de cinco segundos. Ya le diría algo al respecto a Wesker en la privacidad. Ir diciendo por ahí que era su prometida… Ya le valía. Decidió ignorar a la señora, no tenía ganas de discutir. Necesitaba ir al baño con urgencia.
-¿Y el baño?- Insistió con educación.
La mujer se rió levemente y le soltó la mano, había sido muy descuidada. Se había distraído y la pobre chica necesitaba ir al servicio.
-En esa puerta.
Señaló a la puerta contigua de la sala. Estaban en una habitación parecida a la de un hospital, pero sin ventanas. La sala estaba hecha de acero y la cama donde reposaba estaba al centro. Había un lavamanos seguido por unos muebles blancos con materiales médicos. Hacía frío y se le había enchinado la piel. La sábana fina que había en su lecho no era suficiente para hacerle pasar el frío. La cama era cómoda, eso sí.
También había unos armarios de color crema al lado de la puerta del baño. Al lado de la cama había una mesita de noche con un cajón. También una camilla de metal donde había varias medicinas, sueros, tranquilizantes...
Se levantó cautelosamente y apoyó los pies en el suelo. Notó que le faltaban fuerzas y se apoyó en el mueble. La señora de la limpieza la miró preocupada.
-¿Puede usted sola?
-Sí, no se preocupe.
Hacía días que no pisaba el suelo y había estado desconectada totalmente de la vida terrenal. Sin embargo, sabía que nada habría cambiado. Ninguna señal de sus amigos ni de Chris.
Las piernas se le despertaron y caminó hasta el sanitario. Cerró la puerta y se lavó la cara y las manos después de hacer sus necesidades. Volvió donde la anciana limpiaba, apoyándose en la pared porque aún se sentía adormecida.
La pelirroja iba descalza y necesitaba algún calzado. Seguro que podría aprovechar lo de ser la "prometida" de Wesker para andar a sus aires por el lugar. Pero primero debía saber dónde estaba el tirano.
-¿Y cuándo será la boda?-Preguntó la anciana mientras pasaba un trapo húmedo por los muebles.
La chica no se acostumbraba a su relación con su "futuro marido" pero disimuló bien. No sabía a que estaba jugando Albert con decir esas cosas por el laboratorio. Le vino un recuerdo de cuando ella estaba en una barbacoa con Moira y Polly. Ellas insinuaron que el ex-capitán de los STARS y ella se casarían. Supongo que todo era una ironía, se preocupó por la respuesta a la anciana. No podía dar ninguna fecha sin equivocarse.
-No lo sabemos aún.- Miró a su alrededor.- ¿Sabe dónde puedo encontrar unos zapatos?
-En el primer armario.
Fue hacia allí y abrió las puertas del mueble. Se encontró con las zapatillas blancas más básicas. Las que hay en los hospitales. Se conformó con eso. Estaba preparada para lanzar otra pregunta a la mujer mayor.
-¿Dónde está mi "prometido" ahora?
La señora se sentó un momento para descansar. Hasta ella iba con manga larga. Claire solo llevaba una camiseta negra de manga corta. Hacía días que no se había cambiado de ropa. Desde que estaba en la mansión. Lo prefirió así, no quería que Wesker la cambiase. La mayor se secó la frente con un pañuelo, sudaba. No lo podía entender, ella tenía frío. Supongo que también era de estar tan quieta durante tanto tiempo.
-Está en la sala de reuniones, en el tercer piso. Creo que tardará un poco.- La mujer se volvió a levantar.- ¿Como se llama usted?- Preguntó la vieja.
La menor Redfield cerró la puerta del armario y se giró después de ponerse los zapatos. No le interesaba seguir con la conversación, aunque le daba lástima la mujer. Por la manera en la que hablaba parecía no estar a favor del bioterrorismo. Igual que ella.
-Por favor, trátame de tú. Me llamo Claire, Claire Redfield.
Fue hacía la otra puerta de la habitación, por la que suponía que se salía al pasillo. Quería ver si encontraba información sobre dónde estaba. Preguntarle a la señora no era una opción, representaba que era la prometida. Sería extraño preguntar en qué país estaban.
-Bueno, muy pronto ya no será Redfield, sino Wesker.
Si la jovenzuela hubiera tenido agua, la hubiera escupido, en la cara de la mujer mayor. ¿Ella una Wesker? No, gracias. Se despidió rápidamente, tenía un sentimiento muy malo en el estomago al pensar en la versión Claire Wesker.
El pasillo parecía infinito, era blanco con algunos tablones con fotos de lugares y consejos de sanidad. En ambos lados había puertas. Sin embargo, en la derecha estaba el ascensor. Claire decidió salir por allí. No encontró ninguna pista ni señal evidente de dónde estaban exactamente. Justo cuando estaba a punto de llamar al botón. Unos guardias junto con un científico cruzaron el pasillo. Se alertaron al ver a la pelirroja al pasillo y llamando al ascensor.
-¡Oye, tú!- Gritó alguno de ellos.
A Claire se le aceleró el corazón, creía que se le saldría por el pecho. Los ignoró y llamó el botón del ascensor. Estaba cerca de salir de allí. Miró el marcador, el elevador estaba muchos pisos por debajo de ella, tardaría un tiempo a subir. Escuchó los pasos acelerados de los guardias y el científico. Ella cerró los ojos y se concentró, hora de ser Claire Wesker otra vez.
-¿Qué sucede?- Respondió con normalidad cuando tuvo a los hombres robustos delante de ella.
Uno de los dos la agarró por el brazo muy fuerte, intentando inmovilizar a la pelirroja. Ella se resistió, él otro actuó también. Ninguno de los dos podía parar esos golpes, pero se apañaron.
-¡Soltadme! Soy la prometida de Wesker.
Nadie le hizo caso, uno de ellos se rió y le tomó por la barbilla y luego la soltó, tirando su cabeza a un lado. El científico llevaba bata blanca y tenía un carné enganchado en el bolsillo de esta. Llevaba gafas y estaba muy delgado. Debería tener unos 60 años, tenía poco pelo.
-¿Y tu identificación, eh?- Luego se rió ante el pánico en los ojos de Claire.- Un monstruo como él no puede querer a nadie.-Intervino el guardia.
Redfield notó un leve mareo envolviéndola y luego un guardia llevándola por detrás de su espada. Ella seguía golpeándolo, aunque sin fuerzas y con menor intensidad. Si no hacía nada sería el fin. Le inyectarían un virus y terminaría convertida en una BOW.
-¡Ayuda! ¡Soltadme por favor! ¡Socorro! ¡Que alguien me ayude!- Gritó con desesperación en su voz.
Se arrepentía de no haberse quedado un tiempo más con la señora de la limpieza. Así le habría preguntado su nombre y los guardias hubieran pasado de largo mientras charlaban. Todo por una simple tontería. Iba a morir convertida en una bestia, y todo por un descuido.
Ningún científico ni médico de cualquier sala salió. Estaban acostumbrados a que de tanto en tanto, un sujeto experimental se escapaba y lo capturaban. Nadie debía intervenir, por eso estaban los guardias.
Una puerta delante del científico - que lideraba el paso- se abrió. Era la mujer de la limpieza. Había escuchado los gritos de la joven Claire y había salido a comprobar qué pasaba.
Al ver a esos hombres tan altos teniéndola medio inconsciente sujetándola de un modo lastimero se alarmó.
-¡Soltadla!- Nadie le hizo caso, el científico pasó de largo.- ¡El jefe os las pagará!
El guardia que sujetaba a la chica le ordenó a su compañero que callase a la vieja. Él la empujó y la tiró al suelo. A la pelirroja le ardía la sangre, ¿cómo podían tratar a una mujer mayor de esa manera? Ella intentó alargar la mano hacía la señora, que trataba de levantarse. Notaba cómo le faltaban las fuerzas a la joven y sus ojos amenazaban con cerrarse.
Necesitaba mantenerse en movimiento para no caer dormida. Golpeó con los puños en la espalda del guardia y siguió chillando.
-¡Bajadme! ¡Se lo diré a Albert! ¡Malnacidos!- Ella se sintió extraña al llamar a Wesker, Albert.
El segundo guardia, el más violento, le dio una bofetada que la hizo atontar. Notaba como su mejilla ardía y otra vez su cuerpo quería caer en la inconsciencia. Luego le cogió la muñeca y vio que no llevaba ninguna pulsera.
-Ella no ha participado en alguna campaña viral aún.
Claire volvió a abrir los ojos cuando dijeron eso. Quizás ahora se darían cuenta de que ella no estaba destinada a ser usada como conejillo de indias.
Pudo ver como la mujer de limpieza se iba por el ascensor. Las puertas se cerraron. ¿En serio la anciana había pasado de ella? No se lo podía creer. La había abandonado con esas bestias.
-Debe haber escapado de la sala de contención. Aún debe estar sana, pero por suerte quedan experimentos que hacer. Empezaremos con ella.- Dijo el científico
Ella maldijo a los tres hombres. La llevaron a una habitación como la que estaba ella antes. Era del mismo tamaño, con unas diferencias. Había un congelador con varios virus dentro y había mascarillas que usar en caso de riesgo biológico. Claire derramó un par de lágrimas mientras forcejeaba con todas sus fuerzas.
El primer guardia la tumbó en la camilla con extraños aparatos para inmovilizar al sujeto. El otro le ató unas correas en las muñecas y los pies. Ella opuso resistencia, pero el cuero estaba muy apretado a sus muñecas y solo conseguía hacerse daño.
-Voy a ver que puedo inyectarle. Mientras haced lo que queráis con ella.
Alarmas sonaron en la cabeza de la fémina. Los ojos de los guardias se iluminaron al oír eso del hombre mayor. El que estaba delante suyo sonrió con malicia, mirando al otro vigilante. Cuando se fue, uno de ellos le pasó un cuchillo por el cuello, amenazando con cortarlo si no se estaba quieta.
-Robert, quítale los pantalones. Creo que la "prometida" de nuestro jefe quiere un poco de acción.- Ordenó el primer guardia, el que la había estado llevando todo el tiempo.
Los dos se burlaron de ella, riendo. A Claire le empezaba a faltar la respiración. Otra vez ataques de pánico… Creía que había superado esa fase de pequeña. No, no podía ser. Mostraba todos los síntomas que tenía cuando era más joven. Taquicardia, falta de respiración, vista borrosa, mareo...
Sala de juntas
María, la señora de la limpieza fue con urgencia al tercer piso. Andó con apuro por el sinfín de pasillos idénticos de las instalaciones. Debía avisar al jefe de que Claire estaba en problemas. Sabía que no podía hacer nada contra los guardias, pero Wesker sí.
Vio la sala de juntas y avanzó con más rapidez hacía allí. Abrió la puerta sin llamar antes e interrumpió el discurso del hombre rubio. No podía quitarse de la cabeza los gritos de la chica pelirroja. Tendría un cargo de consciencia grande si algo malo le ocurriera.
-¡Jefe, su prometida está en problemas!
Wesker cambió su cara de enfado a sorpresa. Dijo cuatro palabras breves, suspendiendo la reunión y salió al pasillo con la mujer de la limpieza. Parecía que era grave. Los participantes de la junta se fueron por la otra puerta de la sala. Estaba dando una charla sobre el mercado negro del bioterrorismo. Ahora no estaba involucrado en ningún proyecto nuevo y se había tomado ese tiempo de descanso. El reaparecer de dentro de un volcán le hizo gastar mucho tiempo. Pero las ventas ilegales de virus experimentales habían subido, por eso aprovechó esos días en el laboratorio, para ponerse al día.
Esa chica era un imán para los problemas, seguramente despertó y ya estaba envuelta en uno. Ignoró que la anciana sabía lo del "compromiso".
-¿Qué sucede?- Se cruzó de brazos.
-Ella ha salido al pasillo para buscarle y unos guardias se la llevaron para experimentar con ella. Les dije que era su prometida y ellos no me hicieron caso. ¡Necesita su ayuda!
Wesker le dio las gracias brevemente y bajó por las escaleras con esa velocidad sobrenatural e imposible de seguir, yendo por ascensor iría más lento. No podía explicar la urgencia que sentía en el pecho cuando esa anciana le había dicho lo de su cautiva.
Tuvo que decir que era su prometida a un médico amigo suyo que le ayudó con la intervención. Sabía que allí los cuerpos sanos se apreciaban y cualquiera experimentaría con ellos. Tuvo que mentir para que nadie la tocase, era su protegida. Vio que los rumores se extendieron hasta en el servicio de limpieza. Aunque esa señora mayor debía ser experta en cotilleos y rumores, todas las ancianas son expertas en eso.
Maria suspiró de alivio cuando vio que el futuro marido de la joven Redfield bajaba a toda prisa por las escaleras. Le siguió el paso, aunque más lento. Quería ver si la chica estaba bien o no. Esperaba que Wesker llegase a tiempo.
Sala de experimentación
Un guardia le tapaba la boca a la chica, mientras el otro le pasaba las manos por su cuerpo. Estaba subido encima de ella y la estaba despojando de su ropa. Ella estaba totalmente inmóvil y muy asustada. La mano de ese engendro no la dejaba ni respirar de lo fuerte que la sujetaba, a parte tenía de lidiar con la ansiedad que sentía. Seguía quejándose, pero el sonido era opacado por esa mano.
El vigilante del pelo oscuro se desabrochó el cinturón, haciendo que en la garganta de Claire se hiciera un nudo. Siguió forcejeando con las tiras de cuero, pero la piel se le enrojeció y le dolía todo. Ella solamente llevaba la ropa interior y la camiseta subida y el frío se había sustituido por pánico. Estaba consciente, pero mucho más débil.
Cuando el moreno tuvo el cinturón desabrochado, le pasó la mano por la entrepierna, riéndose de ella. Claire estaba sin esperanzas y empezó a llorar mientras se sacudía. El otro vigilante notó el río de lágrimas que cubría las mejillas de la chica, su mano se estaba mojando también.
-No llores, nena. Te va a encantar.- Le susurró con la boca en la oreja.
Le mordió el lóbulo y le lamió todo el cuello. Ella se intentó girar, pero no pudo. Con la mano que no le cubría la boca, le apretó un pecho por debajo de la camiseta negra.
El guardia de pelo oscuro y ojos marrones le pasó la lengua por el abdomen ignorando su herida. Cuando pasó su lengua por la puñalada, ella gimió, le dolía porque aún no estaba cerrada del todo.
Se escuchó un estruendo enorme. La puerta metálica estaba abierta, no pudo ver quién era, pero adivinó que era el científico viejo de las gafas. Perfecto, tres cerdos la violarían y después la convertirían en un monstruo y terminaría muerta. Cerró los ojos y sollozó desesperadamente. Escuchó un grito de uno de los vigilantes.
Vio como el guardia que estaba enfrente de ella puso cara de espanto. No podía tratarse del hombre de ciencia. Lo pasó vio fue demasiado rápido como para que sus ojos cansados pudieran interpretarlo. Una silueta negra golpeó al vigilante de pelo oscuro, enviándolo contra una pared, dejándolo inconsciente o muerto. Al que le estaba tapando la boca le retorció el cuello. Este cayó al suelo y retiró las manos de la blanca cara de Claire.
Sintió cómo rápidamente le desataron las cuerdas de cuero de las muñecas y los pies. Luego esa figura se paró a su lado, bajando la camiseta y cubriendo las piernas desnudas con las sábanas.
Era Wesker.
Ella se levantó llorando y se abrazó a su torso, se intentó calmar. No importaba que fuera el enemigo de su hermano. Había demostrado que no era el suyo. Si no hubiera sido por él ahora estaría muerta por segunda vez.
Lloró, ahogando el llanto en su camisa negra. Él también la abrazó y le acarició el pelo mientras la acogía en el refugio de su pecho. Nadie tocaba lo que era suyo. No podía creer que esos inútiles habían estado a dos segundos de abusar de ella. ¿Que se habían creído? Necesitaba descargar su ira. El pobre desgraciado que lo pagaría sería el científico que la quería tornar en un experimento. Si alguien tocaba de más a su diosa, lo pagaría con su vida. Cerró los ojos y aspiró el aroma floral de su melena pelirroja.
-Shht…Nadie te hará daño mientras estas conmigo. Tranquila.
Y esa era otro de los beneficios que Claire sacaba con estar al bando de Wesker. Nada de esto pasaría nunca más. Ella se abrazó con más fuerza a él, estrechando la tela de seda entre sus dedos de pianista. Él la achuchó, prometiéndole seguridad y cuidados. Como amaba tenerla pegada a él, no había ninguna palabra capaz de describir esas sensaciones.
Irónicamente, su secuestrador y peor tormento era su héroe.
Por la puerta apareció Maria, respirando agitadamente. Le fue imposible seguir los pasos de ese hombre. Vio que la chica estaba bien, abrazándose a su prometido. Su corazón se calmó al ver que la jovencita seguía de una pieza. No sabía ni pensaba que el jefe fuera capaz de amar a alguien de esa manera.
-Wesker… Lo siento.
Se disculpó entre sollozos. Lamentaba haberle intentado atacar, sacar ideas preconcebidas sobre él, llamarle monstruo. Su respiración era irregular y muy agitada. Sentía un dolor en el pecho. Estaba muy pálida y sudaba pese tener frío. Temblaba, sentía la cara y la mandíbula entumecida. Tenía los ojos cerrados con fuerza para concentrarse en calmarse, pero no lo conseguía.
Wesker se apartó un poco de ella y vio que no estaba bien. Con anterioridad había leído su historial médico y sabía que a los 7 años hasta los 12 pasó por varios ataques de ansiedad. Estaba sufriendo otro. Era muy común sufrir uno después de ya haber tenido episodios anteriores del mismo síntoma.
-Cariño, cálmate, ya pasó.
Maria volvió a limpiar, les dejó momentos de intimidad. La chica parecía estar bien, aunque agitada. Necesitaba relajarse. Ya la buscaría después para hablar con ella. Le pagaban por mantener orden en las salas, no para mirar que pasaba en ellas. O quiso interrumpir y se fue.
Claire seguía pegada al cuerpo del rubio. Se sintió muy extraña cuando la llamó cariño, ¿lo dijo porque el personal de limpieza estaba allí o…? No, imposible. Solo se trataba de su fachada. Él la hizo apartar lentamente, agarrándola por los hombros. Después de unos minutos aún seguía temblando.
-Tengo un ata...que de...ansie…- él no le dejó terminar la frase, la hizo callar suavemente.
El rubio la subió al estilo nupcial y la llevó al baño de la habitación. Encendió la ducha a una temperatura fría. Uno de los mejores remedios calmantes era el agua a temperaturas bajas. Se metió en la ducha sin quitarse ninguna prenda de ropa. Con ella en brazos, se sentó en las baldosas mojadas.
Dejó que a los dos les cayera agua fría encima. Él se quitó las gafas y las dejó a un lado. Ella se frotó sus brazos flacuchos y se concentró en relajarse. Wesker observó como la melena roja de la chica se volvía más oscura a medida que se mojaba. Se sentía victorioso, ahora la chica pasaba de intentar matarlo a abrazarlo. Sabía que tarde o temprano ese cambio debía ocurrir. La apoyó contra su hombro derecho, teniéndola extremadamente cerca. Sus respiraciones irregulares y entrecortadas se fueron estabilizando. Él no dejó de rodear su cintura con ambos brazos en ningún momento. La menor Redfield no se quejó ni intentó liberarse, era muy buena señal. Si todo iba bien a partir de ese día ya no sería rebelde.
El estar ingresada en las instalaciones y tener que cuidarla a diario debería haber causado reflexiones en la cabeza de Claire. Por fin se habría dado cuenta de que no le quería ningún mal.
Después de unos minutos, la chica respiraba mejor y ya no temblaba. Ella deshizo el abrazo y se encaró con Wesker. Este le sacó unos mechones mojados que tenía pegados a la frente. Ella le miró sin expresión alguna y le dio las gafas de sol que estaba a un lado.
-¿Ya estás mejor?
Ella suspiró y asintió. Tenía un poco de sueño y necesitaba descansar. Su estomago rugió, también requería comer.
Lo había pasado mal. Siempre que algo así sucedía, sentía que perdía el control. Sentía que se iba a morir. De pequeña, Chris sufría mucho cada vez que algo así le pasaba a su hermana. Por suerte, con la ayuda de sus abuelos, pusieron fin a esos ataques. En la adolescencia no tuvo muchos y hasta ahora nada se había repetido.
La ayudó a levantarse y le buscó ropa nueva ya que sus pantalones estaban rasgados.
Esa misma tarde, los dos partieron del laboratorio. La chica necesitaba reponer sus fuerzas y terminar de sanas su herida. Después de que su cautiva le explicase todo lo sucedido, él se encargó personalmente de matar al científico que quería convertirla en otro experimento fallido. Ella le dio las gracias a la mujer de la limpieza. Los dos salieron por el ascensor a la superficie. Claire apreció poder respirar aire fresco. Quería salir a explorar la zona un día. Estaba en medio de un bosque y entre los árboles, al final se podía ver la playa y el mar. Un paraíso terrenal.
En la naturaleza abundaban todo tipo de flores. De todos los colores y olores. Una cantidad y variedad de fauna animal se escondía cuando ellos interrumpieron en su hábitat natural.
Cuando llegaron a la mansión, Wesker le prometió que la llevaría a dar una vuelta cuando estuviera del todo bien. Sabía que el encantaría observar las bellezas que tenía la isla. La cueva con lago subterráneo le encantaría de seguro.
Ella se duchó con jabón y como Dios mandaba, con cuidado de no lastimar la herida. Se cambió las ropas después de secarse su melena. Cuando salió del baño se encontró con Wesker sentado en una silla, a lado de la cama. Ella tomó asiento en el colchón, aún un poco temblorosa por la experiencia sufrida esa misma tarde.
Pese a haberse aseado seguía viéndose extremadamente pálida, frágil y cansada. Había adelgazado un poco desde que la secuestró. Su camisa de dormir rosada con mangas hasta el antebrazo le quedaba muy bien, viéndose inocente y sensual a la vez. Con timidez se cubrió con las sabanas al ver que el tirano la miraba de un modo un poco extraño.
Vio como se intimidó frente su presencia y decidió suavizar el ambiente. El rubio le dio una taza de chocolate caliente. Claire musitó un "gracias" y la tomó con cuidado de no derramar la dulce bebida. La verdad es que un buen chocolate se le antojaba muchísimo, él había adivinado sus gustos culinarios… de nuevo.
El clima cuando oscurecía se enfriaba. Era una combinación bastante extrema, por el día calor y por la noche frío.
Ella bebió en silencio, soplando el líquido porque ardía. Ninguno de los dos decía nada, creando una incomodad creciente entre ellos dos. Wesker estaba demasiado distraído observando a su ángel. La chica lo miraba como si le quisiera decir algo, pero luego volvía la vista y no hablaba. Debía estar confundida por todo lo sucedido.
En el fondo ella quería agradecerle todo lo que había hecho, pero las palabras no salían de su boca. Sentía que si lo decía a lo mejor él aún se acercaría más a ella. Pero eso tampoco era malo, estos días bajo sus cuidados había estado perfectamente. No, no tenía que decirle nada, él mismo había provocado el accidente con las tijeras.
Cuando terminó la reconfortante bebida, le entregó la taza. Quería irse a dormir pero él no se marchaba de la habitación. Decidió decir algo al respeto para que la dejara en su intimidad. Si él estaba allí no podría pegar ojo ni por asomo.
-Esto… B-buenas noches.
Cuando se tumbó de espaldas a él, Albert la arropó con cuidado. Se sentía como una niña pequeña. Abrió los ojos con sorpresa cuando sintió como acomodaba las mantas para que durmiera bien.
-Si te sucede cualquier cosa, grita mi nombre y allí estaré.
Recordaría esas palabras toda su vida. Se giró con una clara expresión inesperada. Vio como él se inclinó y le besó en la frente para darle las buenas noches. Tuvo sus labios pegados a su piel unos segundos más mientras la pelirroja cerraba los ojos con fuerza.
El tirano se fue y la dejó descansar. Claire estaba roja, ¿cómo podían haber pasado tan rápidamente a tener tan buena relación? Olvidó el tema de "Claire Redfield, la futura esposa del jefe", ya le pediría explicaciones en otro momento.
Supuso que eso era de lo que hablaba Wesker, que si estaba de su lado todo sería mejor. Si tenía que elegir entre su hermano o él, escogería a su hermano, evidentemente. Pero de momento no tenía nada que hacer, solamente se "sometió" como decía Albert.
A partir de ese día, la pelirroja ya no estaba en contra de él, sino a su lado.
Fin del quinto capítulo
Bueno, bueno, bueno… Aquí Claire ya está cambiada con él y las cosas irán a mejor.
Respuesta a los reviews:
Geishapax: ¡Hermana mayor del mal! Yo esta semana de vacaciones me la he pasado encerrada en casa.
¿Coco-wash? Mmm… Eso no sonaría mal en la cabeza de Wesker, pero él prefiere tenerla calmada por sus propios métodos. Leon y Piers… Me encanta hacerlos discutir, igual que Ana.
Si, Rebecca es bastante amiga de Claire. Cancelar su solicitud en la universidad de Australia para ayudar en el rescate es ser buena amiga.
Moira… Sabrás de ella en un Flashback, y también sabrás de Polly. De hecho, debes haber visto la referencia del flashback que habrá en uno de los capítulos futuros, eso de ser la esposa de Wesker…Bueno, ya lo leerás si no sabes de que hablo.
¿Ark Thompson? Puede que lo añada…Si, en realidad Wesker tiene sus métodos y es indetectable por el gobierno, su única fuente de información es Ada, que la veremos en un futuro capítulo y en muchos más.
Yo también quiero Jackecitos... A partir de este capítulo las cosas se relajaran un poco entre ellos dos.
Leon sufrirá… ¡Sí! Por culpa de Wesker, de Claire y de Ada ¿Qué te parece? Y Piers ideará un plan que Kennedy se hará caca en los pantalones.
Snow Queen (Guest): ¿Fan del Weskerfield? Si, si, si, pobre Claire… Lo que le esperará. Ya verás las jugarretas que le hará Wesker en un futuro. Pobrecilla. ¿Este es uno de tus fics favoritos? *se sonroja* gracias amiga. Muchas gracias por tus ánimos.
Redarkness (Guest): ¡No te preocupes por lo de dejar reviews tarde! Supongo que ya has visto el cambio que hay en su relación. Las cosas irán a mejor, ya verás. Volveremos a ver a Albert-comentarios-calientes-y-sexuales-Wesker.
Si, Albert está totalmente loco y obsesionado con ella, podría cometer cualquier locura por "amor".
No impediste mi publicación el capítulo ni nada, solamente esta semana quería actualizar dos veces y esperaba a que todos los lectores se pusieran al corriente de la historia.
Si, mis vacaciones se han terminado también. Going Under, gran tema, me gusta mucho. También me lo apuntaré a la lista de canciones que recomendar. Pero la de Fire and Ice de Within Temptation y la de Going Under tendrán un gran papel en algunos de los últimos capítulos. Aún es demasiado pronto para recomendarlas.
Bueno, a partir de este capítulo serás MissNothing7, ya lo tendré en cuenta querida.
¡Nos leemos!
Guest: "No sé porqué le piqué a este pero con solo leer que recomiendas Canon in D ya sé que será bueno (o por lo menos entretenido)."
Enserio, tu review me ha hecho reír muchísimo. Veo que eres una amante de la música como yo. Creo que si has continuado leyendo debes haber quedado traumada de por vida y más si has entrado sin saber que te encontrarías.
Yuna- Tidus- Love: ¡Hola linda! ¿Quién no ama a Wesker? Claire, pero no por mucho tiempo. Sí, me gusta meter maraña entre Leon y Piers, es un hobbie que Ana Luna me ha contagiado.
Más vale tarde que nunca mujer, no pasa nada si tardas en dejar reviews. Mientras disfrutes la historia lo demás da igual.
¡Cierto! Se me olvidaron los Jill Sandwiches. Quizás más adelante o en la secuela los ponga *guiño de ojo*.
PD: Exijo actualización de: "El regreso del pasado". Hace mucho que lo prometiste. Eres cruel.
Att. Frozenheart7
