25/05/2017

Mis amores, sé que están ansiosas por saber cómo termina esto :v asi que... Las dejaré leer y hablamos abajo. Beso, no olviden que las quiero.


CAPÍTULO 12

— Serena, bella Serena... Lo siento mucho y, ¿ves? Era por eso que te había prohibido todo contacto con ese infeliz.

— Zafiro... — Me abracé fuertemente a su perfumado y firme pecho mientras él, como desde que nos vimos aquella primera vez, me abrazaba con delicadeza— Lo siento mucho y tienes razón, estamos algo lejos y lo mejor es que nos vayamos ya.

— Esa es mi chica.

Me apartó de su pecho, me tomó el rostro en ambas manos y me sonrió. Carajo, ¿Por qué tiene que parecerse tanto a Darien, por qué? Cada que me sonríe así, como después de que estuve con él en Acapulco empezó hacerlo, me lo recuerda. Cada vez que Zafiro me mira y me sonríe así, como aprendió a hacerlo Darien desde aquella noche, me dan ganas de dejar todo atrás, todos mis miedos, mis confusiones y mis dudas y volver con él. No hago más que soñar (desde que me subí a ese avión ese día) en regresar con él, a sus brazos... Maldita sea, ¡maldita sea! ¡¿Cómo puedes ser tan estúpida, Serena, cómo?! Lo que él me hizo es imperdonable, horrible. Estúpido y enfermo corazón, ¿es que no ves, es que eres tan tarado que no entiendes que lo que Darien me hizo es grave? Me condenó, gracias a la promiscua vida que llevaba antes de conocerme, casi que a la muerte. Por culpa de sus traumas y sus estúpidas frustraciones sexuales, las que intentaba saciar con esas malditas, ¡putas! yo estoy condenada a eso, a vivir metida en un hospital, entre exámenes de sangre, inyecciones de penicilina y más, tal vez por el resto de mi vida. Maldita, maldita, maldita sea, ¡demonios! Vamos, Serena, reacciona. Tienes un buen hombre a tu lado que te quiere; bueno, tal vez no me quiera a mí a final de cuentas pero igual... Zafiro está enamorado del recuerdo que le produce mi presencia pero aun así cuenta. Ha sido incondicional conmigo desde que le conté lo que me había pasado, me propuso matrimonio aun cuando sabía que jamás podría ser consumado y es atento, dulce, muy amable. Debo, al menos por agradecimiento, ser un poco más cariñosa con él.

Tengo que dejar de hacer estupideces como las que hice esta tarde en el auto después de salir del hospital, por ejemplo.

— Serena, bella Serena, ¿estás bien? Sé que debes estar cualquier cosa menos bien pero recuerda lo que dijo el doctor, con el tiempo todo se pondrá...

— ¿Podrías estacionar el auto, por favor?

— Claro, en seguida.

Zafiro, ay, mi bello Zafiro, estacionó el auto a un lado de la calle (aun cuando es prohibido hacerlo) y me miró como preguntándome: ¿Qué tienes? ¿Qué puedo hacer por ti? No pensé en nada y me quité el cinturón, salté de mi asiento al suyo y me arrojé a sus brazos a llorar, a hundir la cabeza en su pecho, en su fuerte pecho lleno de abdominales que siempre huele tan bien, y lloré como si se hubiera muerto alguien. Tal vez y era por eso que lloraba con tanto sentimiento. Tal vez, y muy el fondo, lloraba por el dolor que me producía haber perdido una parte de mí.

Fucking moron! Asshole! Don't you know that you can't parking on it at this side of the street?!(¡Estúpido idiota! ¡Imbécil! ¿No sabes que no te puedes estacionar en este lado de la calle?)

Le gritaba aquel enojado señor dentro de su auto estacionado a un lado del de nosotros. Le gritaba realmente iracundo ese señor a Zafiro a un lado de su camioneta mientras yo no dejaba de llorar sobre él.

Fuck you (vete al demonio)

Le dijo Zafiro en un perfecto inglés mientras al enojado señor no le quedaba más remedio que seguir su camino, que dejarnos atrás.

Me abrazó y poco tiempo después empezó a consentir mi cabello con dulzura, con amor, como lo hace cada noche que nos acostamos a dormir. De verdad que no sé qué hice para merecer un hombre tan dulce, tan amoroso y tan bueno como él, de verdad que no me lo merezco.

— Mi bella, dulce y consentida Serena, princesa, ya no llores más que una basura como Darien no merece eso. Ese imbécil no merece que derrames una sola lágrima más por él.

— No lloro por él.

— ¿Ah, no? Serena, tenemos poco tiempo de conocernos pero, princesa, eres una mujer tan dulce y tan transparente que no es difícil ver a través de ti. No es nada difícil aprender a conocerte. No llores, te lo ruego, por alguien que no vale la pena. ¿En serio no quieres que lo mate?

Me reí. ¿Por qué todos los hombres con los que he estado me ofrecen lo mismo, matar a alguien? Por lo general un hombre le ofrece a una mujer, qué se yo, ¿una joya, una salida? No sé. Creo que lo tradicional es que un hombre ofrezca cualquier cosa para complacer a una mujer menos eso, matar a alguien para hacerla feliz.

— ¿No, segura? Mira que nada me daría más placer que acabar con ese maldito imbécil que te hizo esto, idiota... Deberías dejarme matarlo porque es así como nosotros arreglamos nuestros problemas, que cobramos las traiciones que nos hacen. Diamante y yo matamos al tipo que mató a papá y Darien hizo igual. Darien no tuvo ninguna compasión cuando mandó a matar a Beryl, a su madrastra.

— Espera un momento, —dejé de llorar y lo miré con sorpresa. Es que no podía ser cierto, ¡aun no puedo creerlo! — ¿Qué fue lo que dijiste? ¿Qué Darien hizo qué?

— Ah, sí, —sonrió— aun lo recuerdo. Darien mandó casi que a una artillería completa a la casa de campo en donde se escondía esa, la curvilínea y bien cuidada de Beryl, a matarla. Ese idiota casi que enloqueció cuando se enteró de que había sido ella, la esposa de su papá, odiaba cuando alguien por error la llamaba su madrastra...

Claro, entiendo por qué.

— ¿Serena? ¿Me escuchas? Bueno, al menos ya no estas llorando, eso ya es algo.

— Lo siento mucho. — Le pedí apenada y solo hasta ese momento fui consciente de lo que había hecho. Solo hasta ese momento me percaté que estaba sobre sus piernas, con las manos apoyadas en su pecho, y muy cerca de él. Iba a moverme para volver a mi asiento pero...— ¿Qué haces? Perdóname, no debí...

— Hace un rato dijiste que era tu esposo y que debía empezar a comportarme como tal, ¿no es así?

Asentí.

— Bueno, pues me encanta tenerte así, sobre mí.

— Zafiro, tú sabes que...

— No te estoy pidiendo que te desnudes y me dejes hacértelo aquí. Aunque pensándolo mejor...

— ¡Zafiro!

—...No sería una mala idea pero no, ya ves que la gente no está muy feliz con que haya decidió complacer a mi bellísima esposa y me haya estacionado a un lado de la vía.

— Lo siento. En verdad lo siento pero...

— No lo sientas porque yo no lo siento para nada, en lo absoluto. — Se me acercó más y cuando pensé que iba a besarme, subió el rostro y depositó un suave y casto beso en mi frente— ¿Te gustaría acompañarme a un lugar? No quiero que vayas a la casa y te encierres en la recamara a llorar, no, hoy no, bella princesa mía. Hoy me gustaría que estuviéramos juntos, ¿quieres?

Asentí de nuevo.

Ay, Zafiro, gracias por todo lo que hiciste por mí hoy y más, por todo lo que has hecho por mí desde que nos vimos aquel día, gracias por todo.

Es curioso cómo empezó todo esto, ¿Quién lo diría? gracias al estúpido de Seiya hoy estoy aquí, contigo. Viviendo en esta enorme casa llena de comodidades y atenciones.

El doctor tenía razón, ¿Cómo pude ser tan descuidada con mi salud? Bueno, no es por justificarme pero siempre he sido muy sana, saludable. Sé que debí prestarle más atención a aquellas pequeñas llagas que me salieron unas semanas después de haber estado con Darien pero como no dolían, solo eran feas, pues me dio igual y pensé: "Ya se me quitaran". Estaba tan enamorada de Darien, me sentía tan bien y tan cómoda en su compañía que no se me pasaba por la cabeza que aquellas pequeñas llagas, y el sarpullido que me salió después hace cuatro meses, era debido a una enfermedad. Nunca pensé que Darien, mi amado Darien y ese hombre que me parecía tan dulce, tan bueno y tan atormentado por su pasado, pudiera contagiarme de una enfermedad de transmisión sexual... Jamás pensé que podía llegar a enfermarme de esto que tengo sin buscarlo, sin merecerlo. Nunca imaginé que iba a contagiarme de sífilis.

Pobre Darien, imagino la culpa, el dolor que debe sentir por haberme hecho esto pero, ¿honestamente? Yo estoy más preocupada por él que por mí. Al menos yo ya he pasado por las dos primeras etapas, y me estoy tratando para que la tercera, (y una de las más peligrosas), no avance pero él, ¿él qué está haciendo por ayudarse? Nada. No puedo creer que después de ver los resultados de mis exámenes, (los que le dejé en el estudio antes de armar una maleta e irme de su casa), no esté haciendo algo por su salud, por ayudarse. Darien, mi Darien... No sabes cómo me gustaría estar ahí y ser tu apoyo, tal y como lo ha sido Zafiro para mí pero no puedo, lo siento. Por favor, entiéndeme, no es fácil para mí. Aunque no lo creas fue muy difícil para mí dejarte esos resultados, subir a nuestra habitación, la que compartimos por más de seis meses, en donde fui tan feliz, armar una maleta e irme, dejarte. Una parte de mí, de mi corazón, se quedó ese día contigo. Una gran parte de mí se quedó contigo el día que decidí dejarte porque no podía ni verte por lo que me habías hecho, por el mal que, queriendo o no, me habías ocasionado. Estaba tan confundida, tan dolida, tan asustada, que lo mejor que podía hacer era irme, dejarte; es decir, alejarme un tiempo, el suficiente para pensar qué debía hacer.

El plan era irme unos días para Hong Kong y estar con mi mamá. Sé que si le hubiera dicho a mi mamá ella me habría consolado, me habría acompañado a todos los exámenes y procedimientos a los que me ha acompañado Zafiro pero también sé, que me lo habría reprochado por siempre, por toda mi... perdón, me habría regañado sin parar lo que me quede de vida. Mamá siempre me dijo: "El problema no es que tengas relaciones, Serena. El problema es que no te cuides. Serena, mi amor, tienes que prometerme que siempre, sin importar cuan enamorada estés, vas a pedirle a tu pareja que use protección" Recuerdo que me quejaba, sonrojada y muy apenada, cada que mamá tocaba el tema pero ay, mamá... Cuánta razón tenías, cuanta... Debí haberte hecho caso, debí haberlo hecho pero en mi defensa, ¿Qué se suponía que debía hacer, eh? Vamos, yo no me acosté con Darien Chiba, el jefe de uno de los carteles más importantes de México, por físico gusto. Prácticamente él me obligó hacerlo a cambio de una astronómica cantidad de dinero que, ¿Qué ironía, verdad? Me acosté con él por un dinero que ya no tengo, que Zafiro me hizo devolverle cuando nos vimos ese día en su casa de New York, el día que me encontré con Seiya en el aeropuerto.

— Esto no puede ser. ¿Serena?

— Maldición. — Dije mientras me quitaba los lentes de sol, con los que intentaba ocultar que había estado llorando desde que había salido del laboratorio, y lo miraba— ¿Seiya? ¿Tú qué demonios estás haciendo aquí?

— Serena, no, ¿sabes qué? Espera, no hagas nada hasta que haga una llamada.

— Seiya... Me voy y...

— Haz lo que te digo. — Me dijo con seriedad. Me dio miedo porque, bueno, Seiya no era Darien ni ninguno de los Black pero seguía siendo malo, podía hacerme mucho daño si se lo proponía; aclaro, más del que ya me había hecho— Obedece. Señor Black, Serena está aquí conmigo. No, no señor, yo no tuve nada que ver con eso. ¿Cambio de planes entonces? Claro, sí señor, como usted diga. Bueno...

Miró su reloj de mano.

— Calculo que en aproximadamente una o dos horas estemos en su casa.

— Oye, ¿Cómo que estemos? Yo no...

— Serena, por favor cállate y... Lo siento, señor, no volverá a pasar. Señorita Serena...

¿Qué demonios?

— Por favor, no se resista y acompáñeme a comprar los boletos. Al señor Black le urge verla.

— ¿A cuál de ellos?

— ¿Puedo responder la pregunta que acaba de hacer la señorita, señor? Está bien, de acuerdo. El señor Zafiro quiere verla.

— Pues dile a tu señor que puede irse muy a la...

— Sí, señor, enseguida se la comunico.

Seiya me pasó su costosísimo celular y jamás pensé que dos palabras hicieran que me subiera a ese avión (con el maldito de Seiya) sin chistar, sin decir nada. Zafiro solo me dijo: "Darien Chiba", y con eso lo entendí todo. Me dio a entender que si no hacia lo que quería, algo muy malo le pasaría a Darien, a mi Darien... Estaba enojada con Darien pero más que enojada lo que estaba era dolida. Me sentía muy mal de que por su culpa, por no haber tenido la precaución de cuidarse, me hubiera infectado con esa mierda. Me sentía muy mal pero por mal que me sintiera no podía hacerle eso, no podía poner su vida en riesgo porque se trataba de Zafiro Black, un hombre que intimidaba tanto que hasta hacia que Seiya Kou, que no era un santo, le obedeciera como si se tratara de un perrito faldero.

Recuerdo que Seiya compró los boletos y cuando estuvimos en el avión, sentados uno al lado del otro, no pude evitar preguntarle...

— Oye, ¿Por qué dejaste de molestarme?

— Serena, bombón, tú eres un verdadero bombón pero, preciosa, no voy hacerme matar por ti, olvídalo.

— ¿Qué?

— Hace seis meses, o un poco más, ya no me acuerdo, me llamó el señor Black y me ordenó no acercarme a ti para nada.

— ¿Zafiro Black? Pero, no entiendo. Cuando conocí a ese señor parecía tan amable que...

— Y lo es. El señor Zafiro es tan amable, tan bondadoso, que perdonó mi vida, y la de mis hermanos, si prometía no acercarme a ti para absolutamente nada; bueno, hasta hoy.

— ¿Qué? Cada vez entiendo menos, Seiya.

— Bombón, es decir, señorita Serena...

— ¿Por qué me dices así?

— Tengo que empezar a acostumbrarme. No vaya hacer que se me salga decirte: "Bombón" delante del señor Black y no, válgame Dios, con lo encaprichado que está contigo sería capaz de cortarme la cabeza si llego a llamarte así, tan cariñosamente frente a él.

— Momento, ¿Qué? ¿Encaprichado conmigo? Eso no puede ser. Según Darien, Zafiro Black es gay y...

— ¿Gay? ¡Ja! — Río— ¿Pero qué disparate es ese? El señor Black no es gay, en lo absoluto. Lo que pasa es que el señor Zafiro no es como Darien o como su hermano, como el señor Diamante. A él nunca, jamás, le ha gustado acostarse con putas. De hecho creo que nunca se le ha vuelto a ver con nadie desde murió su esposa. La última mujer con la que se le vio fue con su esposa, con la señora Petzite. Eres afortunada, Serena.

— ¿Ahora de qué carajo estás hablando?

— Si es como creo, que de seguro así es, muy pronto serás la nueva señora de Black. Y te conviene. De todos los que trabajamos en este negocio Zafiro Black es uno de los que más dinero tiene. Quien fuera mujer y tuviera una suerte como la tuya... Chale, me cae que sí.

No sé ese imbécil de Seiya a qué le llamaba tener buena suerte. ¿Es en serio? Recapitulemos un poquito. Nací, crecí y viví durante mucho tiempo en un barrio que, en palabras de Darien, era uno de mala muerte. Perdí a mi hermano por, bueno, eso fue mí culpa. Perdí a Sammy a manos de Seiya y sus hermanos por haberme burlado de ese cretino mientras íbamos a la escuela; bueno, en realidad fue porque Sammy fue a hacerle un reclamo (armado) a ese payaso pero el origen de todo fue ese, mi estúpido e infantil comportamiento con él, con el imbécil de Seiya que, ¿Quién lo diría? No pensé que pudiera ser tan agradable. No sé si Zafiro lo hizo solo para fastidiarlo, o para probarlo pero los primeros días en New York lo puso a cargo de mi cuidado, de mi seguridad.

— Bombón, ¡demonios! Es que es tan difícil hacerlo.

— Pues acostúmbrate, tonto. — Rei al saber que, de alguna manera, lo tenía en mis manos— No vaya ser que me dé por darle quejas a mi futuro marido de ti y te mate más rápido de lo que quisieras...

— Hey, hey, hey, ¿Qué pasa, señorita Serena?

Aunque me sentía mal, y lo odiaba, no podía evitarlo. Era gracioso estar frente aquel altísimo edificio, de elegante entrada, y no reír por lo que nos decíamos el uno al otro, por lo que pasaba.

— Tranquila. No se preocupe que uno es bruto pero no tanto. Me cuesta ser tan formal con una mujer con la que aún tengo sueños húmedos pero...

— ¡Oye!

— Ya, ya, —decía sin dejar de reír y poniéndose de nuevo aquellos costosos lentes negros— tenía que hacerlo. Creo que esta es la última vez que podre molestarte, meterme contigo. Serena, sé que de nada sirve decirte esto en este momento pero perdóname por todo lo que pasó. Fui, es decir, fuimos unos tontos y mira a lo que nos han llevado nuestras estupideces. ¿Podrías perdonarme?

— No creo que pueda hacerlo pero te agradezco el gesto. Creo que el que hayas pedido perdón por lo que nos hiciste ya es algo. Amigos no pero, bueno, al menos no enemigos, ¿te sirve?

— Me basta y me sobra. — Me contestó sonriente mientras estrechaba la mano que le había extendido— Vamos, el señor Zafiro odia esperar y créeme, no es nada bonito cuando se enoja.

Pasamos la entrada de aquel exclusivo edificio y fuimos al ascensor que nos llevaría al pent-house, al departamento de Zafiro Black. Todo en aquel lugar era de súper lujo. ¿Cuánto pagaba mi "humilde" y amoroso esposo por vivir en un lugar como ese? Quien sabe pero lo único de lo que podía estar completamente segura era de que barato no era. Pude darme cuenta, mientras la persona que "manejaba" el ascensor me... ¿es en serio? Seguro el trabajo de ese alto señor era uno de los más fáciles del mundo. Me di cuenta que a ese lugar solo debía ir gente igual que la decoración del edificio, muy distinguida, porque la mirada de desaprobación que me dio aquel sujeto era única, mundial...

Y cuando llegamos al piso de Zafiro...

— Bienvenidos, los estaba esperando.

— Señor Black, —hizo una reverencia algo extraña ante él, raro... Jamás había visto a Seiya tan, ¿sometido? Vaya, nunca pensé que iba a llegar a verlo de esa forma— sana y salva, como lo ordenó, señor.

— Eso veo, te lo agradezco mucho. Ahora por favor retírate, Kou, déjanos solos.

— Sí, señor.

— En cuanto hable con la señorita Serena de lo que tenemos que hablar me haré cargo de depositar en tu cuenta lo que habíamos acordado.

Tenía que ser, lo había hecho por eso, por dinero. Seiya vendería a su misma madre si aún viviera...

— ¿De acuerdo?

— Claro, como usted diga, patrón.

— Odio esa palabra. Por favor no la uses conmigo.

— Sí, señor. No volverá a pasar.

— Eso espero. — Sentenció mientras se levantaba de la silla y, ay, sé que no debería decirlo pero es la verdad. Zafiro, mi guau, ¿es en serio? Mi esposo, es un hombre muy, muy varonil y atractivo. Es casi tan lindo como... No, no, no, y no. La idea es olvidar a Darien, no compararlo con los hombres que veo. — Pendiente de tu teléfono, Kou. Tú te vas a hacer cargo de la seguridad de la señorita Serena el tiempo que este aquí. ¿Estamos?

— Claro, no hay ningún inconveniente, señor Zafiro. Lo que sí, si no es mucho atrevimiento pedirle, es que se encargue de informárselo al señor Diamante porque...

— De Diamante y de Rubeus me encargo yo. Hasta más tarde. Te llamaré en cuanto termine de hablar con la señorita.

Seiya asintió una vez más y sí, como un perrito muy obediente, volvió al ascensor para salir de ahí, para dejarnos a solas. Seiya se fue y en cuanto se fue Zafiro llegó conmigo, (que estaba muerta de miedo de estar ahí, en un lugar tan intimidante y bajo su escudriñadora mirada), y se hizo frente a mí, a pocos centímetros de mi roja y asustada cara. No me dio una mirada tan despectiva como la que me había dado el tipo del ascensor pero sí una incómoda. Me miraba de arriba abajo como tratando de entender algo. Deduje que estaba cuestionándose algo porque llevó su pulgar y su dedo índice hacia su quijada mientras entrecerraba un poco los ojos.

— ¿Pasa algo malo, señor?

— Es que no entiendo y por favor, nada de señor. Ya no estamos en México, en la casa de Darien.

— Me disculpa pero me mira tanto que ya hasta me hizo pensar que tengo algo. ¿Tengo algo en la cara? ¿Me ve algo mal o...?

— No, en lo absoluto; toda tú eres hermosa. — Me dijo así, con naturalidad y una gran sonrisa en el rostro— Es que no comprendo. ¿Por qué la "novia" de un tipo como Darien vestiría así?

— ¿Así cómo, señor?

Obvio, me enojé.

— Tan humildemente.

— Como primera medida, fue él quien me presentó como su "novia" ante ustedes aquella noche, no fui yo.

— Nadie dice lo contrario, Serena. — Extraño. Sonrió como si hubiera cometido una travesura, como si se hubiera salido con la suya— Fue él quien lo hizo y es una de las cosas que no entiendo. ¿Por qué?

— ¿Por qué, qué, señor?

— ¿Por qué hizo algo como eso? Todos los que conocemos a Darien Chiba sabemos de la fascinación que tiene por acostarse con prostitutas y, Serena, es evidente que tú eres cualquier cosa menos eso, una golfa, ¿verdad? ¿Estoy en lo correcto?

Lo normal era que hubiera levantado mi mano y que le hubiera dado una fuerte cachetada, una como las que le di a Darien la primera vez que lo vi, pero fue extraño. En vez de cachetearlo, como se lo merecía, me arrojé a su pecho, me prendí fuertemente de él y empecé a llorar. Lloré sobre su oloroso pecho de fino perfume como tanto quería, como tanto lo necesitaba...

— No... No, soy, una golfa. No soy ninguna puta...

— Serena, bella Serena, —me consintió la espalda con dulzura, con amabilidad mientras yo no dejaba de llorar— sé que no lo eres. Por favor no llores que nunca fue mi intención hacerte sentir así, como una de esas, como una de esas mujeres que al imbécil de Darien y a mi hermano les encanta pagar. Por favor, no llores y escúchame, mi propuesta, el motivo por el que estas aquí, es el siguiente.

— No voy acostarme contigo por dinero. Si es eso lo que vas a proponerme.

— ¿De dónde te sacas algo tan absurdo como eso? — Me preguntó indignado mientras me tomaba el rostro en ambas, como siempre hace, y me miraba a los ojos— No, jamás. Yo, bellísima y triste Serena, no tengo necesidad de pagarle a ninguna mujer para que se acueste conmigo, jamás. Lo que quiero de ti es más simple que eso.

Lo miré sin entender, levantando una de mis cejas en señal de confusión.

— No me mires así, lo que voy a pedirte no es nada del otro mundo. Lo que quiero es que, después de que me permitas cortejarte un poco, como cualquier hombre haría con una mujer tan hermosa como tú...

— Gracias. —Dije mientras limpiaba el exceso de lágrimas de mi cara y él, me miraba con genuina diversión— Eso es muy amable de su parte, señor.

— Nada de formalismos, ¿por favor? Si vas a ser mi esposa...

— ¿Su qué?

— Sí, es que de eso se trata todo esto. — Sonrió de nuevo pero esa vez río mientras volvía a su silla, al sillón en donde se encontraba sentado cuando llegamos— Quiero que te cases conmigo a cambio de no arruinar a Darien Chiba.

— ¿Cómo? No entiendo. ¿Cómo podría usted, es decir, como podrías hacerle algo como eso a Darien?

— Sencillo, de hecho es más fácil de lo que crees. ¿Recuerdas cuando fuimos a su casa aquella vez?

— ¿Cómo olvidarlo?

— Perfecto. Ese día nos reunimos para acordar una sociedad, la compra de una nueva empresa que utilizaríamos para lavar dinero. Llevamos casi cinco meses trabajando sin ningún problema pero, ¿adivina? ¿Quién crees que sería el más perjudicado si alguien, no sé, alguien como yo por ejemplo, entregara los libros de contabilidad a hacienda y más, a la policía?

— No.

Negué de un lado al otro sin poder creerlo. ¿Por qué hacer eso? ¿Por qué se tomaría todas esas molestias, además de que perdería dinero, solo por mí?

— Usted, ¡demonios! Quiero decir, tú no puedes hacerle eso a Darien porque si él llegara a caer ustedes, digo, tu hermano y tú, caerían con él.

— ¿Sabes qué no? Increíble. Lo que hizo para garantizar que no nos aprovecháramos de él hoy juega a mi favor; a nuestro favor, quiero decir. Esa empresa es más de Darien que de nosotros. En el papel toda la responsabilidad legal y financiera es de él, no de nosotros. En caso de problemas nosotros nos lavaríamos las manos con él y ya está, no nos pasaría nada.

— ¿Por qué? ¿Por qué tomarse tantas molestias por mí?

— Porque lo vales. — Sonrió y volvió a levantarse del sillón, volvió acercarse a mí. Y cuando llegó conmigo, elevó una mano hacia mi rostro y acariciando la comisura de mis labios dijo...— Bien vales todos los problemas en los que me voy a meter por eso, porque no puedo alejar de mi mente el recuerdo de tu sonrisa.

— Zafiro, creo que deberías pensarlo mejor porque, yo, bueno, no soy lo que crees. Yo, demonios, es que no es fácil decirlo en voz alta.

— No importa porque sea lo que sea no conseguirá alejarme de ti. Sonríes igual que ella. — Dijo de nuevo mientras acariciaba con delicadeza una de mis húmedas mejillas y no dejaba de mirarme con, ¿adoración? No lo sé— Tú sonrisa, es decir, cuando de verdad sonríes, es igual a la de mi querida Petzite.

— ¿Su esposa, verdad?

— Sí. — Dio la espalda y empezó a caminar hacia un cuadro, un enorme cuadro, que tenía en la sala — Mi esposa que, vaya, ¿Cómo se va el tiempo, verdad? El próximo mes va ser un año de su muerte.

— Lo siento mucho, en verdad lo siento.

— No te preocupes, no pasa nada. Serena, quiero que te cases conmigo y me permitas cuidar de ti hasta que Darien me encuentre y me mate porque...

— ¿Por qué dice eso? ¿Por qué cree que va hacer algo como eso?

— Porque es evidente. ¿Qué hombre no enloquecería si perdiera a una mujer como tú? ¿Qué clase de tipo seria Darien si no quisiera matarme por quitarle a una mujer que lo mira como lo miras tú?

— ¿Cómo?

— Con amor. — Dejó de ver la pintura, en donde se veía una bellísima mujer de cabello corto, ojos verdes y labios rojos, para mirarme de nuevo— Yo también mataría al que sea que me arrebatara de los brazos a una mujer como tú. ¿Es un trato? ¿Te vas a casar conmigo a cambio de no arruinar a ese idiota sí o no?

— Tengo sífilis, Zafiro. Darien me la pegó y dudo mucho que quieras estar con una mujer que...

— ¿Y? ¿Qué pasa con eso? Imbécil... Era de esperarse. Es por eso que siempre le digo, es decir, le decía a Diamante, gracias a Dios se casó, que no se metiera con ese tipo de mujeres. ¡Son un peligro! Dime una cosa, Serena, ¿no quieres que lo mate?

Y ahí estaba de nuevo, otro bellísimo hombre en mi vida proponiéndome matar a otro.

— No, no quiero que mates a Darien ni a nadie, por favor.

— ¿Segura? Mira que eso que te... Momento, ¿Cómo puedes estar tan segura de que fue él quien te la pegó?

— Era virgen cuando estuve con él. No he estado con ningún otro hombre en mi vida que no sea él. — Y no pude contener las lágrimas, empecé a llorar de nuevo— Maldita sea la hora en la que todo eso pasó, en la que él me dio todo ese dinero por mi virginidad.

— ¿Qué? No, ven, cálmate, siéntate aquí y cuéntame con más calma cómo fue todo eso, ¿por favor? Te juro que nunca he tenido tantas de ganas de matar a alguien como en este momento.

Zafiro me sentó en uno de sus cómodos y caros sillones para que me calmara, para que le contara con detalle y mucha calma qué era lo que había pasado con Darien. Luego, casi una hora después de haberle contado cómo fue mi lindo e idílico romance con Darien, me ordenó, casi que me obligó a devolverle los dos millones de dólares que él había depositado en mi cuenta por eso, por el pago de mi virginidad.

Me pareció injusto que me hiciera hacer eso porque, vamos, ¿de verdad? Estaba enferma, más sola que la luna y en un lugar en donde no conocía a nadie; a nadie más que a él y Seiya, desde luego. No quería hacerlo pero cuando me dijo que él se encargaría de crear nuevas cuentas para mí, de devolverme ese dinero y de que nada, que absolutamente nada me hiciera falta, pues no me quedó más remedio que aceptar. Zafiro fue por una libreta, un esfero y me hizo anotar el número de mi cuenta bancaria, el nombre del banco en donde la tenía, en fin, un montón de información confidencial mía, para hacerse cargo de la devolución de ese dinero. Me explicó, de una forma muy sencilla y amable, que era indispensable que le devolviera esos dos millones de dólares a Darien porque si hacía uso de él, si llegaba hacer alguna transacción bancaria, lo más probable es que pudiera rastrearme por medio de ellas. Y lo último que quería, por esos días, era ver a Darien. No quería saber absolutamente nada de él.

— Hola, princesa, ¿cansada?

— Un poco, sí, ¿por?

— No, por nada en especial. Solo quería saber si preferías cenar en casa o por fuera.

— De hecho... No tengo hambre. Me gustaría tomar un baño y acostarme a dormir temprano, si no te molesta.

— Serena, bella Serena... Tienes que comer, princesa. Recuerda que es muy importante que tengas altas las defensas. Que tengas un fuerte sistema inmunológico.

.

.

Demonios, demonios y más demonios. ¡¿Cómo fue que algo como esto pudo pasar?! Oh, Dios... Me siento tan culpable, tan mal... No entiendo cómo fue que terminé acostándome con Zafiro Black anoche.

Me siento mal por... Aunque no debería porque sea como sea es mi esposo, ¿no? Digo, legalmente no hice, ni estoy haciendo, nada malo pero, ¡carajo! ¡¿Entonces por qué tengo este sentimiento de culpa?! ¡¿Por qué?! Claro, tal vez sea por eso. Debo sentirme mal porque he traicionado a Darien y peor, he puesto en peligro la salud de Zafiro, de mi protector. Sé que hice mal pero no pude evitarlo. Ayer me sentía tan frágil, tan triste, tan mal... Y él fue tan dulce, tan bello, tan agradable durante todo el día conmigo que terminé cayendo (aunque no quería, Dios sabe lo mucho que me he esforzado por no caer ante la tentación de besar sus provocativos y delgados labios) ante todos sus varoniles encantos. Uy, pensándolo mejor, no me arrepiento de un carajo, de ni madres. Por Dios, que abdominales... Oh, señor de todos los cielos... ¡que brazos! Por un Dios que hay en el cielo que no sé qué fue lo que más me gustó de haber hecho el amor con el hermosísimo (y muy deseado, lo leí en una revista) Zafiro Black, mi amoroso esposo. No sé si quedé fascinada con lo suave y delicados que fueron sus besos, sus caricias por todo mi ya maltratado cuerpo. No sé si era lo que me decía mientras lo hacía, mientras me embestía con cadencia y me miraba a los ojos. No sé si fue él, todo lo que es, o el brillo que veía en sus hermosos ojos azul zafiro mientras lo hacía, mientras se hundía a buen ritmo sobre mí. No sé qué demonios fue pero fue, guau, fue maravilloso. Nunca pensé que podía llegar a sentir algo tan fuerte como lo que sentí anoche cuando llegué al orgasmo con él adentro. Oh, Dios, perdóname. Por favor has que no le pase nada a Zafiro porque no soportaría que se enfermara por mí culpa, no quiero que sufra y todo porque no puedo mantener mis pantaletas puestas.

— Buenos días, princesa.

— Hola, Zafiro. ¿Cómo estás? ¿Estás bien?

— Mejor que nunca. ¿Y tú? ¿Cómo está la esposa más bella del universo, eh?

— Zafiro, yo... Cariño, creo que tenemos que hablar de lo que pasó anoche.

— ¿De qué tenemos que hablar? Bueno, pensándolo mejor... Creo que hay algo de lo que sí tenemos que hablar; es decir, tengo que saber. ¿Cómo lo hice? ¿Lo hice bien?

— ¿De qué estás hablando?

— Bueno, es algo vergonzoso para mí decirte esto pero, Serena, bellísima esposa mía, yo era virgen.

— ¡¿Qué, qué?!

— ¿No me crees? Bueno, pues al parecer sí lo hice bien porque no te diste cuenta de nada.

— Zafiro, cariño, ¿estás hablando en serio? ¿No me estas chingando, verdad?

— No, jamás bromearía con algo como eso. Serena, nunca quise hablarte de eso, porque era muy duro para mí pero yo era virgen.

— ¿Pero y Petzite? ¿Qué hay de ti y de tu...?

— El día que mi Petzite, mi bella Petzite, decidió quitarse la vida, íbamos a estar juntos por primera vez. Según la nota que me dejó dijo que prefería morir antes de decirme que no lo era. Que había perdido su virginidad hacía varios meses atrás, aprovechando que yo viajaba tanto, con un tipo del que ni siquiera recordaba su nombre.

— Zafiro...

— Fue muy difícil aceptar que mi esposa, la mujer que yo amaba, me hubiera engañado de esa manera pero más difícil fue aceptar que se había quitado la vida por mí, por mí culpa.

— No, no digas eso. Tú no tuviste la culpa de nada.

— Gracias. Sé que lo dices de verdad y eso que me estás diciendo... Me lleva a mí a decirte algo. Serena, no tienes que sentirte culpable de haberte entregado a mí anoche porque, mi amor, no has hecho nada malo.

— Pero, Zafiro, yo estoy enferma y podría...

— Tú escuchaste al doctor. Recuerda que muy claramente nos dijo que desde que usáramos protección, que desde que yo usara el condón desde el principio, no tendría por qué haber contagio.

— Pues sí pero, ¿y si se rompe? ¿Y sí...?

— ¿Y si dejas de sentirte mal por algo que fue increíble, maravilloso? Serena, oh, Serena... No sabes con qué gusto me voy a ir al infierno cuando Darien y sus hombres me encuentren para matarme.

— Pero, Zafiro, cariño... No quiero que te...

— No me va a pasar nada; es decir, más de lo evidente. Serena, tú no tienes por qué sentirte culpable por lo que pasó anoche entre nosotros dos porque primero, eres mi esposa. Es más, según mi abogado, nos estábamos demorando mucho en consumar nuestro matrimonio.

— Bien sabes que cuando nos casamos esa no era la idea.

— Pero pasó. Y qué bueno que pasó. No sabes las ganas que he tenido de tenerte como te tuve anoche. Oh, Serena, mi bella Serena... Eres increíble, fantástica...

— Haces que me dé pena.

— Te repito, no tienes por qué. Y en segundo lugar, princesa, si es por Darien que te sientes así, culpable, sí que menos debes sentirte mal. ¿Sabes con cuántas mujeres se acostó ese infeliz antes de conocerte a ti?

— Con muchas.

— Exactamente. Se ha acostado con tantas que te aseguro, te puedo jurar por mi madre que no debe tener la más mínima idea de cuál de todas ellas fue la que lo contagió.

— Viéndolo de esa manera...

— ¿Lo ves? No has hecho absolutamente nada malo y, princesa, ¿Qué dices si me dejas consentirte un poco más antes de salir, eh?

— ¿Salir? ¿Vamos a salir?

— Oh, sí... Sí, mi amor...

— Zafiro, quieto, concéntrate.

— Es que son tan suaves... Y el hecho de saber que debajo de esa sabana no tienes nada puesto me desconcentra tanto que...

— Zafiro...

— Está bien, está bien. Vamos a ir, después de que me dejes disfrutar una vez más de ese bellísimo cuerpo tuyo, a visitar a mi abogado.

— ¿Tu abogado? ¿Y a tu abogado para qué, mi amor?

— A que firmes mi testamento. Voy a dejarte todo lo que tengo cuando me muera. Como ya consumamos el matrimonio, y estamos a punto de consumarlo una vez más...

— Zafiro, cariño, concéntrate por un momento y detente que esto que me estás diciendo es muy serio. ¿Testamento? ¿De qué estás hablando?

— Así, como, lo, oyes. Ummmm, oh, sí... Los tienes tan parados... Me encantan tus pezones, mi amor. Son, deliciosos...

— Zafiro, por favor detente y préstame atención. Dime de qué estás hablando.

— Voy a instruirte, mientras me encuentran y me matan, para que manejes sabiamente toda mi fortuna, mis propiedades. Mi bella Serena, yo soy economista, no mafioso. No quiero que mi legado sea ese, el de un corrupto y un mafioso que se lucró con la tragedia y el dolor ajeno. Quiero hacerte la dueña de todas mis propiedades legales, las que no tienen nada que ver con el narcotráfico, antes de morir.

— ¿Tienes propiedades legales, mi amor?

— Sí y oye, ¿te estas escuchando? Desde hace un buen rato me estas llamando: "Mi amor"

— Oh, no me había dado cuenta. Yo, no sé en qué momento...

— No te preocupes y es más, ¿podrías no dejar de hacerlo? Serena, mi bella Serena...

— Za, Zafiro... No, detente. Detente que...

— Esto, era esto exactamente lo que yo quería, lo que tanto deseaba. Yo quería que una mujer, una tan buena, tan dulce y tan amable como tú, me quisiera. Quería tu amor y por lo que veo, y siento, me lo estoy ganando poco a poco. ¿No es así?

— Zafiro...

— Tranquila, no te preocupes y démonos tiempo. ¿Quieres tiempo? ¿Me darías más tiempo para demostrarte que conmigo puedes ser feliz? Qué bueno, es todo lo que necesito. Ahora relájate, quiero saber si tantas horas de ver pornografía me sirvieron de algo. ¿Qué? ¿De qué te ríes? No manches... No sabía si excitarme o sentirme asqueado por lo que veía. En esas películas muestran más de lo que deberían.

— Lo haces bien, mi amor. De hecho lo haces muy bien...

— ¿Tú crees? Bueno, decidí crear mi propio método.

— Zafiro, cariño... Gracias por ser tan bueno conmigo, por hacer todo lo que haces por mí. Gracias por ser ese maravilloso hombre que eres y más, por haberte entregado a mí, a una persona que está enferma y que puede hacerte daño, por primera vez en tu vida. Gracias, gracias, mi amor.

— Soy yo el que tiene que darte las gracias por todo ese cariño que me das y, princesa, ¿te molesta si te beso y empiezo a hacerte el amor una vez más? ¿No? Qué bueno, no sabes lo desesperado que estoy por volver a sentirte, por volver a estar dentro de ti...

Lejos, muy lejos de la florida de los Estados Unidos y mientras Serena decidía hacerle caso a su esposo, mientras volvía a entregarse a él y era presa de todos sus suaves y electrizantes besos...

— ¡Tiene que estar en alguna parte! ¡¿Cómo es posible que aún no den con el paradero de ese imbécil?!

— Señor, hemos hecho lo que hemos podido. Debe entender que buscar a alguien por todo los Estados Unidos no es algo fácil y que...

— ¡Me vale, me vale! ¡Me importa una mierda! ¡Tienen que ayudarme a encontrar a ese cabrón de Zafiro Black!

— Señor...

— Voy a encontrarlo, con su ayuda o sin ella. Y cuando lo haga, cuando tenga a ese maldito cabrón que se llevó a, ¡mi mujer! frente a mí, lo mataré. Voy a matarlo diez mil veces por haberse llevado a Serena, ¡a mi Serena! Maldito, maldito y mil veces maldito pero le va a pesar. Esta mamada que me hizo no se va a quedar así. Ah, no, se los juro que esto que me hizo no se va a quedar así...


Bueno, creo que les debo una ENORME explicación de por que decidí terminar este fic así, sin ellos dos juntos, ¿verdad? Creo que sí.

Primero empezaré por darles las gracia. Muchas gracias, mis queridas lectoras y amigas, por leer y comentar esta historia (que no iba a ser historia) hasta el final, se los agradezco mucho. Muchas gracias y bueno, les voy a explicar por que dejé a Serena con Zafiro y no con Darien.

¿Quien de ustedes, sinceramente, esperaba este final? ¿Ninguna verdad? jejejeje, esa es una de las principales razones por la que hice esto. Quería cambiar, quería hacer algo diferente a lo que estamos acostumbradas a leer y a lo que estoy acostumbrada a escribir. Sé que no es el final que esperaban, ni mucho menos el que querían pero me parecía un poco mas "real" que terminara así, de esta forma, que de la otra. Es que, ¿en serio? jajajajaja, que risa me da. Prácticamente Darien abusó de una menor de edad. Obvio, en este contexto no se vio así porque tenemos una idea preconcebida de ellos dos como pareja, (y tambien porque lo suavice lo que mas pude) y lo que nosotros vemos es una pareja super kawaii pero en esta trama eso que pasó entre ellos no fue perverso, ¡fue muy perverso! jajajajaja, Darien le pagó para quedare con su virginidad pero igual seguía siendo un abuso; y miren en lo que terminó, con ella enferma, contagiada con una enfermedad de transmisión sexual. Ustedes dirán: "¿Que demonios le pasa a esta loca, eh? O sea... ¿que carajo tiene que hacer una enfermedad de transmisión sexual en un fic "romántico"?" Pues les digo que sí porque eso, aunque a muchas no les afecte, pasa mas de lo que uno cree. En serio les pido una disculpa si no les gustó el final pero, oigan, son libres de imaginar y es mas, de crear un final alternativo ;) jajajaja, tranquilas, yo no me enojo ni las acusaría de plagio si lo hacen, en serio no.

Muchas gracias una vez mas por haber leído y haber comentado esta pequeña historia. Gracias y espero que no me odien, ni se alejen de mí :'( Por haber hecho algo diferente esta vez, algo fuera de lo común. Un beso grande y adiós no, hasta pronto... Hasta ponto porque falta casi un mes para la publicación de: "El caballero de la luna" ;) jajajaja, sé que ese sí les va a gustar.

Beso! Las quiero mucho, muack!