Dark Temptation

Capítulo 6

Disclaimer: Resident evil ni sus personajes me pertenecen. Tampoco el detalle: Patch del libro Hush Hush. No he podido evitarlo.

Recomendaciones musicales:

Hell Frozen Rain de Mary Elizabeth McGlynn del OST de Silent Hill

Memories de Within Temptation

¡Que empiece la lectura!


Mansión

El día siguiente pasó deprisa. Claire pasó la mañana encerrada en la habitación leyendo. Wesker se fue al laboratorio durante unas horas. Confió en la pelirroja, sabía que después de lo de ayer no le traicionaría. Sabía que la chica probablemente se sentía en deuda con él.

Por la tarde, Claire fue al despacho de Albert para leer los libros que había escogido la última vez que estuvo en la biblioteca. Se estiró en el butacón de cuero rojo. Era tan grande que ella, horizontalmente podía tumbarse. Pasaron dos horas sin dirigirse la palabra allí. Ella estaba inmersa en la lectura y el tirano trabajaba intensamente. Le habían quedado asuntos que resaltar en la reunión que fue interrumpida el día anterior.

Se hizo tarde, Wesker encargó cena para su cautiva. Necesitaba cuidarla bien y mucho más después de esa experiencia traumática. Le gustaba estar en su compañía, daba igual si no se decían nada, pero era agradable.

-¿Quieres que encienda la chimenea, dearheart?- Preguntó suavemente.

No obtuvo respuesta. Él alzó la vista del portátil. Su ángel estaba plácidamente durmiendo en el sillón. Se sentó a un lado, verla tan relajada le inspiraba tranquilidad. Su pecho subía lentamente arriba y abajo. La melena de fuego estaba esparcida por el apoya-manos del asiento. Su rostro estaba pálido y daba una imagen serena. En una mano tenía el libro y la otra sobre su cabeza.

Con la punta de sus dedos rozó ligeramente la mejilla rosada de la chica. Ella gimió y se acomodó en su lecho improvisado.

Los días que pasó ingresada y sedad en el laboratorio había podido hacerle lo que quisiera. Solamente la acariciaba mientras dormía y parecía que eso no le molestó ya que ella no le rechistó, ni durante el sueño ni al encontrarse con él de nuevo.

Le encantaba acariciarle el pelo mientras estaba descansando plácidamente en la cama de las instalaciones. Aprovechó para observarla y acariciarle las manos, pelo y rostro. También se había encargado del cuidado de su herida, que ya estaba mucho mejor. Disfrutaba masajearla con el aceite de rosa mosqueta, un cicatrizante. Mientras estaba bajo el efecto de los calmantes, se reía ligeramente cuando la tocaba. Eso debía ser porque tenía cosquillas. Un día lo comprobaría.

Incluso una vez que entró a la sala y le dio la mano para calentarla con su aliento, ella estrecho sus dedos en su palma. Eso para él eran grandes avances. Ansiaba tocarla y poder hacerle lo que quisiera.

Al tenerla cerca su corazón se desbordaba y poderla sentir era algo increíble. Se quedó allí vigilando su sueño como un ángel de la guarda.

Eso le hizo recordar la primera vez que la vio dormir.


Bar J

Eran más de las once de la noche. Raccoon City estaba despierta, los coches circulaban por las calles y el ruido incesante de los motores inundaba la ciudad. El aire de la noche era frío pese a ser verano. El cielo estaba despejado y una brisa refrescaba el ambiente recargado del transporte público.

Claire tenía un trabajo temporal en el Bar J. Había conseguido el puesto gracias a su amiga Cindy Lennox, que también iba al instituto con ella. Ya hacía unas semanas que estaba allí por el turno de noche. Por la mañana estudiaba, por la tarde cuidaba de la casa e iba de compras y hasta que cerraba el lugar estaba atendiendo a los clientes.

No le desagrada el empleo, a veces tenía que lidiar con clientes pesados intentando ligar, pero el jefe ponía orden al mínimo incidente. Se sentía bien sirviendo bebidas y comidas, la paga era generosa y no desperdiciaba muchas horas en el empleo.

Era hora punta, pero el local no estaba demasiado lleno. Cindy se frotaba las piernas mientras descansaba sentada detrás de la barra. Parecía que un lunes por la noche no mucha gente se animaba a salir de copas.

-Que suerte que ya han marchado los de la mesa siete.- Exclamó la camarera rubia.

Lennox se refería a la panda de moteros que habituaba el bar. Eran clientes fieles, pero a la mínima se emborrachaban y montan jaleo. Esta noche habían estado gritando demasiado, pero se fueron temprano.

-Sí, menudo ajetreo.

La chica Redfield aprovechó el descanso y el hecho de que el bar estaba vacío para llamar a su hermano. Si no se equivocaba, ya había terminado su turno y no había cenado. Invitaría a todo el equipo que fueran allí a comer. Les harían descuento. Se excusó delante de su amiga y fue a la terraza trasera a llamar con tranquilidad.


Comisaría

El equipo entero de STARS salió de la comisaría. Ninguno de ellos había cenado nada y se morían de hambre. El equipo Bravo hacía el turno de madrugada y ellos habían terminado por hoy. A Jill le rugió el estómago, no había ni merendado. Chris y Barry querían ir a tomar un par de copas y a ver el fútbol en algún bar. Insistían a su capitán que fuera con ellos, pero el rubio se negaba.

-Redfield, te he dicho que no quiero ir a ver el fútbol.

El subordinado insistió una vez más, no estaba en la comisaría y representaba que no podía regañarle, fuera de horas de trabajo no era su jefe. Para él, Wesker era su modelo de vida. Le admiraba, quería ser como él. Era su ídolo, como cuando un crío quiere ser igual que su jugador de su equipo favorito.

Albert nunca perdía el control de ninguna situación y mantenía la mente fría ante las operaciones más arriesgadas. No cambiaba su expresión ante las dificultades, las supera sin despeinarse. Era respetado y temido por la mayoría de trabajadores de la estación de policías. Incluso el mismísimo Irons estaba un poco intimidado ante la presencia del estoico líder del equipo Alfa.

El mayor Redfield sabía con certeza que él le consideraba el mejor hombre del equipo y el mejor tirador de la estación. Reconocía los talentos de cada miembro y los utilizaba por el bien de todos en las misiones.

-Oh, venga capitán. No sea así. Estamos fuera de horas de trabajo, podemos salir como colegas.

El mayor suspiró y se acomodó el pelo. Se dobló las mangas de la camisa negra hasta el codo y sacó las llaves del coche con la intención de irse a su casa. Observó como su mejor soldado ponía cara de decepcionado y mientras Burton le daba golpecitos en la espalda.

El móvil de Chris sonó, en el identificador de llamadas ponía que era su hermana. Wesker paró de andar de inmediato y se acercó a su subordinado. Tenía curiosidad, esa chiquilla le cayó bien cuando la conoció por primera vez. El moreno atendió a la llamada.

-¡Hola Claire!- Hizo una pausa.-Sí, ya hemos terminado el turno y no hemos cenado.- Hizo otra pausa más para escuchar lo que decía su hermana.-Sí, me parece bien. A ver ahora se los digo. Nos vemos.

Colgó el teléfono y miró al equipo. Wesker fingió indiferencia, no podía dejar que nadie sospechara nada. Era solamente atracción, nada serio.

-Claire nos ha invitado al bar J, es donde trabaja durante el verano. Dice que nos hará descuento si vamos a cenar. ¿Quién viene?

Los integrantes del equipo se entusiasmaron. Todos dijeron que si. Brad por supuesto, fue el primero en aceptar la propuesta. Ese joven se había dejado cautivar por el encanto de la pelirroja desde el primer momento. No podía permitir no ir allí. Todos lo miraron expectantes por su respuesta.

-Está bien, yo también iré.

Algunos se alegraron y otros no tanto. Brad mostró un poco de decepción en su rostro. No quería que el capitán fuera una barrera para conseguir un poco de atención femenina, ni que fuera por una sola noche.

El local quedaba cerca, no tanto como el bar de la esquina, solamente estaba dos calles arriba. Empezaron a andar hambrientos, Jill se puso al lado de su capitán, que andaba detrás de todos ellos.

-¿Y ese cambio de mentalidad tan sobtada, eh?

Valentine le miraba con cara y sonrisa pícara. Tal y como decía su apellido, hacía de Cupido para todos sus amigos. Y ella siempre estaba sola, aunque la compañía masculina venía sola hacía ella. Él se mantenía firme y decidió ocultar la verdadera intención por la que iba allí.

-No me apetece cocinar.- Sonó cortante.

Ella sonrió aún más ampliamente y le miró curiosa. Siempre tenía esa actitud tan fría y dura hacía todo el mundo, menos con la hermana menor de Chris. En casa de su amigo se mostró cuidadoso, algo raro en él, incluso fuera del trabajo.

-Wesker, no seas tan… tan tú. Podrías ser más sociable, podrías empezar por quitarte las gafas de sol, ahora es de noche.

La chica intentó arrebatarle las lentes, pero Wesker se apartó.

-Valentine, métase en sus cosas.

Los dos se reagruparon con todos los integrantes del equipo Alfa. Wesker no necesitaba distracciones, sus planes con Umbrella prometían. El empleo doble lo dejaba cansado, pero de tanto en tanto podría darse un capricho. Como por ejemplo, observar a la preciosa hermanita de su mejor hombre.


Bar J

Claire terminó su descanso y volvió a entrar al local. Vio como su compañera tomaba los pedidos de una pareja de enamorados que se sentó en una mesa lejana. Los dos clientes parecían muy enamorados. Era algo que ella nunca tuvo la oportunidad de sentir.

Todos los chicos del campus y del instituto buscaban lo mismo. Una noche de diversión y nada de compromisos. Se emborrachaban en las fiestas y se comportaban de manera infantil. Ella siempre había sido más madura que el resto de gente que la envolvía. Algunos dicen que es por la muerte de sus padres y sus abuelos, quizás tenían razón.

Cómo le gustaría tener una pareja estable, con Chris vigilándola tampoco era algo que pudiera permitirse. Su hermano a veces se pasaba y terminaba actuando de guardaespaldas. En fin, nunca había tenido la oportunidad de encontrar su media naranja. Ella siempre había querido tener una familia, un esposo, dos hijos y una mascota. Ese era su ideal de vida futura. Quizás era demasiado alto. Pero ¿nada era imposible, no?

Su amiga chasqueó los dedos delante del rostro ausente de su amiga. Se había quedado absorta pensando. La pelirroja reaccionó a tiempo y volvió al trabajo detrás de la barra. Su amiga la miraba sonriendo.

-¿En qué pensabas?- Preguntó la rubia mientras preparaba dos refrescos.

Nada, mi hermano vendrá ahora con todo el equipo.- Cindy la miró con las cejas arqueadas.

-¿Tu hermano? Ese tío tan buenorro…-la camarera se mordió el labio inferior mirando al techo.- Me lo comería.- Añadió luego.

La pelirroja dio una carcajada estrepitosa que resonó por las cuatro paredes del bar. La pareja de enamorados -hasta ahora los únicos clientes- ni se dieron cuenta, estaban demasiado ocupados besándose. La colegiala volvió a la mesa con la pareja y les dio sus pedidos.

Claire se fue a la mesa más grande y cómoda que tenían y la preparó. Puso un mantel sobre la madera gastada y luego las servilletas. Fue a buscar los cubiertos y también los dejó cuidadosamente, pensando en cada integrante del equipo al contar cuántos debería poner.

Su mente colapsó al pensar en Albert Wesker. Ese hombre era extraño, pero había algo… que le hacía temblar cada vez que estaba cerca. No sabía si se trataba de algo bueno o algo malo, pero no le dejaba concentrarse cuando oía su nombre. Esa colonia que llevaba le gustaba, ojalá también su hermano usará ese tipo de artículos de higiene. Los domingos siempre olía a mofeta muerta.

Era algo inusual usar gafas de sol dentro de algún edificio, y menos cuando estaba oscuro. Pero parecía que nunca se las retiraba. Su hermano le contó que sus ojos azules intimidaba a toda la comisaría, siempre que tenía que regañar a alguien, se quitaba las gafas y los intimidaba con la mirada. A Chris se lo hizo una vez y dijo que no quería repetir la experiencia, su compañera Valentine opinaba lo mismo.

¿Pero que tenía ese hombre que la hacía estremecer cada vez que se topaban? Sí, era muy atractivo físicamente, pero… ¿porque esos temblores y esa respiración acelerada a cada encuentro?

Decidió olvidarse, le estaba entrando dolor de cabeza. Por pocas veces que lo veía no hacía falta romperse el coco. Dejó las cartas con el menú sobre la mesa y caminó hacía la barra.

Justo en ese momento, los miembros del equipo Alfa entraron al bar. El sitio era acogedor. Tenía una barra con unas estanterías de cristal con muchos licores y bebidas alcohólicas. Un mini-escenario para hacer las noches de Karaoke los viernes y por si había algún evento especial algún día. Las luces eran amarillas y tenues, dándole un toque íntimo a ese simple bar. Las mesa estaban hechas de madera viejo, pero resistente. Había algunas mesas más pegadas al vidrio que daba a la calle. Esas estaban acompañados de bancos acolchados, como los que había en los restaurantes de comida rápida.

Según la mayoría de clientes, lo que más les gustaba del bar eran los uniformes de las camareras. Eran bonitos, pero un poco demasiado cortos para el gusto de la pelirroja. Constaban de una pajarita negra, una camisa blanca con rayas grises. Un chaleco color ceniza y una falda de tubo negra. También se tenía que llevar talones negros no muy altos y el pelo recogido con una coleta alta. Lo único que le resultaba un problema a la pelirroja era andar con esos zapatos de vértigo.

Se acostumbraba, pero en la taquilla llevaba deportivas para ir a casa, el recorrido era largo. También llevaba sudadera y mallas para andar más rápido. Si no estaba muy cansada a veces iba a casa corriendo. Se tardaba unos 45 minutos andando, el bar estaba al otro lado de la ciudad. Como que Chris usaba el coche ella quedaba sin transporte y prefería volver a pie.

Ella les dio la bienvenida y les señaló el lugar donde debían sentarse. Barry, Chris y Brad se sentaron de cara al televisor que transmitía el partido de fútbol. Sin preguntar, Cindy fue a tomar el pedido. Le dio la orden al cocinero para que preparase la comida. Claire se quedó en la barra fregando copar con un trapo. De vez en cuando echaba una mirada al fútbol y a su hermano… y porque negarlo, al capitán.

-Hagamos una porra. Yo digo que ganará el Madrid, dos a tres.- Inició Burton.

Chris se rió, él siempre había sido del Barça y no se dejaría humillar por el viejo Barry otra vez. Apostaría por su equipo y ganaría las apuestas, no se permitirá perder de nuevo. él sacó su billetera y sacó veinte dólares a la mesa. La pelirroja llevó la comida a la mesa, mientras repartía los platos, estaba escuchando que apostaba cada uno.

-Veinte dólares a que gana el Barça, tres a dos.-Le echó una mirada entrecerrada a Burton.

Claire bufó y volvió a la barra, retomando la tarea de limpiar cubiertos. Esa noche estaba siendo aburrida, si no dieran el partido por la televisión de seguro estaría bostezando y durmiendo.

Pasó alrededor de una hora. Ella seguía limpiando el montón de cubiertos que estaban en el friega-platos. Los STARS ya habían terminado la cena y estaban esperando que diera el fin del partido. Cada vez se agitaban más con cada gol. Iban empatados, dos a dos. Incluso Claire estaba pendiente de si su hermano ganaría la porra.

Ella se giró de cara los estantes para guardar los platos que ya estaban secos en el armario de debajo. Su amiga estaba tomándose el descanso, fumando un cigarrillo en la parte trasera del bar. Ella era la única dependienta del sitio en ese momento. Los cocineros ya estaban yéndose, el turno de comidas ya había concluido y no tenían más trabajo allí.

Ella se levantó después de acomodar toda la vajilla limpia para el día siguiente. Se giró y vio que Wesker estaba sentado en la barra en un taburete. Ella saltó del espanto.

-Me asustó.-Rió ligeramente.- ¿Necesita algo?

Él también le sonrió y apoyó los codos en la madera. Ella siguió secando las últimas copas que quedaban.

Desde la mesa, Jill estaba espiando a la pareja atentamente. Le dio un golpe en un hombro para llamar la atención del hermano de la chica. Este descuidadamente le respondió:

-¿Qué pasa?

Ella le hizo callar con un dedo y con disimulo señalaba a Claire y su capitán. Chris miró con asombro a su lado, hacía un momento Albert estaba sentado allí. Ese hombre era un ninja.

-Mira, está sonriendo. Ambos, de hecho.- Susurró Valentine.

En la barra, Wesker hablaba animadamente con la chica. Se hacía ver misterioso, aunque no hacía falta provocar la actitud taciturna. La conversación iba avanzando a un ritmo bueno. La chica era muy sociable y observadora. le había preguntado que porque era el único que no bebía. Incluso ella no había tomado el pedido y se había fijado. Muy observadora y lista.

-Prefiero no beber delante de mis hombres.

Ella sonrió ligeramente y también apoyó los codos en la barra, encarando mejor al capitán de su hermano. Se sentía muy curiosa respecto a él. Le interesaba ese hombre y no sabía el porqué. Se le hacía agradable hablar con él. Se podía conversar con cualquier cosa. Ese hombre no era el tipo intimidante que toda la estación de policía pensaba.

-Tan profesional como siempre, capitán. Incluso fuera de horarios laborales.

No era la primera vez que le decían eso.

Los gritos del equipo STARS llenaron el lugar. Barry ganó la apuesta. En el último minuto el Madrid marcó un gol que deshizo el empate. Vickers se rió en la cara de Chris. Burton exigió sus veinte dólares por ganar la apuesta. Él a desgana pagó la deuda. Su hermana se rió mientras negaba con la cabeza.

-Nunca aprenderá.-Comentó Wesker.

-Apuesto veinte dólares a que en menos de un mes volverá a meter la pata.

-El mundial de Francia sólo está a unas semanas, no hace falta poner tanto plazo.

Los dos compartieron unas risas. Cindy terminó el descanso y saludó al capitán de los STARS, dándole una mirada coqueta. El partido se terminó y los STARS empezaron a levantarse del sitio y cada uno fue a pagar. La compañera de Claire atendió a los policías. Ella siempre había sido más de lenguas, no de números.

Ellos fueron los últimos clientes, ya cerrarían el bar, eran casi las dos de la mañana. Entre charlas y cambiarse Claire llegaría a casa a las tres con un poco de suerte. Antes de irse, Chris retrocedió y le dijo a Claire:

-Tendrás que ir andando, me voy a tomar más copas en otro bar con Barry y Brad.

A la chica le sentó como si le hubiera caído un balde de agua fría. Esta vez sí que llegaría a casa a las cuatro de la madrugada. Chris se despidió. Cindy fue al taquillero de la parte trasera del bar y se cambió. Después sería el turno de Claire y ambas cerrarían el bar.

-Nos vemos, dearheart.

Albert se despidió y ella quedó como estatua plantada en medio del local. Le esperaría una madrugada muy cansada. Ya tenía suficiente con los zapatos de tacones vertiginosos. Ahora remataría la jornada andando unos cincuenta minutos hasta casa. Fue demasiado tarde para pedirle a alguien de STARS que la llevara a casa, tampoco conocía mucho a los otros integrantes y no quería parecer una aprovechada. No tenía otro remedio, le tocaría patear media ciudad.

Lennox salió del vestuario cambiada con ropa deportiva, muy parecida a la que solía usar la pelirroja. La miraba con cara pícara.

-¿Qué?

Ella le golpeó el hombro contra el suya mientras alzaba las cejas. Claire se cruzó de brazos. Esa chica nadie la entendía. La rubia al ver que Redfield no tenía ni idea de lo que le avisaba decidió hablar:

-Veo que has ligado con un madurito.

A la pelirroja le cayó otro balde de agua fría encima. Si su hermano pensase lo mismo, le caería bronca. No estaba ligando, solamente conversando. Su amiga tendía a confundir el comportamiento amable con el coqueto. Ligar no era la intención de la chica. Ella se sacó el delantal y se lo tiró a la cara.

-¿¡Qué dices loca?! Estas para que te encierren.

Albert estaba esperando en la calle del bar con el coche aparcado allí. Le supo mal que la pequeña Redfield tuviera que andar a su casa. Debía comportarse como un caballero. Se lo pensó y fue a buscar el coche mientras sabía que la pelirroja estaba recogiendo las últimas cosas del bar.

Cindy fue a recoger la mesa donde los STARS se habían sentado y le indicó que mientras lo hacía que Claire aprovechase para ir a cambiarse. Tardó menos de tres minutos, se había dejado el pelo semi-recogido y llevaba su habitual sudadera vieja de Guns n' Roses que usaba para ir a correr. La diferencia con la sudadera de Chris era que ella las lavaba. Se repasó una vez más en el espejo y rezó que por el barrio de Raccoon City no hubiera borrachos pesados intentando buscar diversión o perseguir a chicas colegialas.

La rubia ya terminó de guardar todo en su sitio para cuando la hermana menor de Chris salió del vestidor. Claire salió por la puerta trasera y la cerró con llave. Cindy se ocupó de la puerta principal y bajó la reja. Allí cerca, en una esquina, estaba el tipo alto y fuerte con el que hablaba Claire en la barra.

-Sí, sí, ¿no habías ligado, eh pilluela?- Se dijo a sí misma.

A ella también la estaban esperando, su novio Patch vino a recogerla con la moto. Los dos se fueron hacía un apartamento.

La pelirroja cerró y comprobó que todo estaba bien y salió al callejón de la parte lateral del bar. Dio gracias a dios que ningún drogadicto, borracho o mendigo estuviese por allí. Cuando se giró vio que el capitán de STARS estaba allí mismo, de nuevo.

-¡Me volvió a asustar!- Gritó la chica riendo.

-No lo pretendía… por segunda vez.

-De todos modos, ¿qué hace aún aquí?

Él se sintió incómodo por la pregunta, ¿y si la jovenzuela lo consideraba un acosador? Él trató de disimular.

-Es muy tarde y no puedo permitirme dejarte andando por aquí sola. Sé que vives lejos del bar. ¿Te llevo?

Vio un coche negro aparcado en la esquina. Ella asintió, ese hombre era muy amable. Los mocosos de su clase solo la llevarían en coche para tener un poco de diversión y ya, pero ¡qué diferencia con Wesker! Eso sí que era un hombre.

¿Estaba pensando en el capitán de su hermano como posible candidato como pareja? ¡De ninguna manera! Él debía estar casado, no parecía viejo pero suponía que rozaba los 35 años. A parte, era el capitán de Chris. Se intentó borrar la idea de la cabeza mientras caminaban hacía el Audi del rubio.

Le abrió la puerta y la detuvo por un momento antes de que pudiera entrar. Ella se sentía el rostro rojo, de seguro que estaba sonrojada. ¡Qué vergüenza! Eos la hizo ponerse más colorada.

-Corazón, ¿tienes fiebre?

Él le tomó por las mejillas y le puso los labios en la frente para comprobar su temperatura corporal. Ella se quedó helada, pero en el fondo estaba ardiendo. Esperaba que no le preguntase en qué pensaba unos instantes atrás.

Él se alejó de ella y un frío la envolvió. Frunció el ceño, mirando bien a la chica. No sabía qué decirle. Necesitaría un termómetro para saber con exactitud si tenía décimas.

-Deberías cuidarte más, querida. No quiero que enfermes.

Ella asintió y subió al asiento del copiloto. Si seguía así él se daría cuenta de que algo le sucedía. Maldecía a las hormonas revolucionadas de adolescente. Todo por un mísero pensamiento.

Él le cerró la puerta y subió al volante. Arrancó el coche y fue en dirección de la casa de Chris. Ella terminó de soltarse todo el pelo. Se secó la frente mientras respiraba hondo y descansó los ojos por un momento.

-¿Una noche larga?

Ella sonrió suspirando y se acomodó en el asiento, poniéndose el cinturón de seguridad. No quería que él la arrestara por saltarse una norma de seguridad vial. Solo le faltaría eso.

-Demasiado, me duelen los pies.

Cuando la estaba observando en el bar, él ya se fijó en que tenía alguna dificultad con caminar en tacones. Parecía un pato y no una supermodelo. ¿Cómo podían ser tan distintos ella y Chris de físico? De carácter si que eran igual. Toda la vida de la pelirroja pasándola al lado de su hermano como la única compañía estable debe unir mucho a dos personas.

Se paró en un semáforo. Vio que en su cuello llevaba una cadena de algún metal precioso, plata u oro blanco quizás. Como que llevaba pajarita y el uniforme de camarera no se debía haber dado cuenta.

Ella se sacudió el pelo mirándose en el espejo de delante y se terminó sacando el colgante en forma de corazón de dentro de la sudadera. Quedó al descubierto esa joya en forma de corazón. Creyó ver que era uno de esos que se abría por dentro. La cadena era larga, le llegaba casi por la cintura. Por preguntar no perdía nada.

-¿Que foto hay dentro?

Ella se extrañó delante de la pregunta. Eso fue el último regalo que le dio su madre antes de morir. Llevaba grabado los nombres de los hermanos detrás de la medallita y dentro ella había puesto una foto de sus padres. Pasó sus manos por detrás de su cuello y se desató la cadena, dando el accesorio de plata a Wesker. Este lo abrió y vio unas fotos antiguas.

La primera era de una mujer pelirroja, con ojos azules y el pelo rizado, se parecía muchísimo a Claire. Y la otra era un hombre con el pelo oscuro y los ojos aún más negros. Este se parecía un poco a su subordinado.

-Son nuestros padres.

Volvió a observar a la chiquilla. Ella era mucho mejor que su madre, su piel pálida y pulcra destacaba sus orbes verdemar. Él tomó el colgante, lo cerró y se lo devolvió.

-Guárdalo bien.

Pasaron el resto del viaje callados, la chica estaba apoyada en el cristal con los ojos cerrados. Su respiración se volvió uniforme, se había quedado dormida. Él aparcó delante del hogar de los hermanos Redfield y apagó el motor. Se quedó un momento observando a la chica. Sus labios entreabiertos lo tentaron. Seguro que él y Brad no fueron los únicos que se cautivaron con su belleza.

Se notaba que era más madura y asentada que los otros adolescentes de su edad. Cualquiera de su instituto seguro estaría en la discoteca o drogándose en vez de trabajar y ayudar a su hermano a pagar las facturas.

Deseó volver a encontrarse muy temprano a la chica. Ojalá Chris se dejase los papeles en casa y ella se los tuviera que traer a la comisaría.

Sacudió ligeramente a la chica y la despertó suavemente. Ella reveló sus ojos marinos y se sentó bien.

-Gracias por llevarme capitán.

El acto seguido pasó muy deprisa. Ella se desabrochó el cinturón y se acercó a él. Le besó en la mejilla y salió del coche sin decir nada más. Cuando ella entró por la puerta de su casa, él seguía allí plasmado. Tenía la tentación de quedarse y observar qué hacía la chica o utilizar cualquier excusa para quedarse, pero prefirió no forzar las cosas.

Se estaba volviendo loco, loco por ella.


Fin del sexto capítulo.

Aquí están los orígenes del Weskerfield. Este no será el único Flashback que habrá en los siguientes capítulos. Si os fijasteis bien, en el anterior capítulo escribí que una vez Moira y Polly bromearon con Wesker y Claire diciéndose que se casarían… Pues esto también está por escrito.

Vale, ya paso a responder vuestros maravillosos comentarios.

Respuesta a los reviews:

GeishaPax: ¡Me alegro de tenerte de vuelta, lo sabes! ¡Te extrañé hermana mayor!

Lo del rescate no será lo único que te suene. Creo que alguien enviará cierto video a cierta persona en un momento clave de la historia. No digo nada más, bueno, ya estás un poco spoileada. Es lo que tiene estar en el chat de las Hermanas Malvadas. Yo ya me sé lo de FITY.

Yo también me voy a derramar miel en un rincón.

Big Fan of Optimus Prime: No te preocupes por los reviews, sé lo que es la pereza *ríe*. Con que te guste la historia me conformo.

Whiteyes13: La ilusió que em fa tindre't aquí, nena. Ja saps que encara que al principi em costaba, ja deixo que llegiu tota la meva bogeria. Siusplau no et traumis, ja et vaig advertir que si continuaves llegint tot era sota la teva responsabilitat.

Traducción: Me hace mucha ilusión tenerte aquí, nena. Ya sabes que aunque al principio me costaba, ya dejo que leáis mi locura. Por favor no te traumes, ya te advertí, si continuabas leyendo era bajo tu responsabilidad.

xIfYouSaySox: Vaya, vaya, alguien ha estado haciendo los deberes… y esa no soy yo. Esperaré las conclusiones de tu investigación por PM. Que ilusión tener una lectora que se tome la historia tan en seri y me haga teorias locas jajaja.

Yuna-Tidus-Love: ¡Hola mi niña! Mil gracias, me alegro de que te haya gustado. Yo también quiero un Wesker personal para que me ayude en los examenes y me proteja de los matones. Me alegro que te haya gustado mi OC.

Debes esa actualización desde hace años... Más te vale escribir algo. ¡Besos!

Att. Frozenheart7