Dark Temptation

Capítulo 9

Disclaimer: Resident evil ni sus personajes me pertenecen. Solo la trama enrevesada.

Recomendaciones musicales:

Moonlight Sonata de Beethoven.

Lacrimosa de Mozart, la adaptación de Liszt en piano.

¡Empecemos!


Mansión

Ella no podía dormir, eran casi las tres de la mañana y seguía despierta. Estaba teniendo otra racha de insomnio y eso la ponía de mal humor. De seguro que era provocada por pensar demasiado, no podía parar de reflexionar las palabras del hombre. Nada parecía tener sentido ni encajar. No sabía ni que pensar. ¿Porque tenía que ser tan bipolar? ¿No podía ser normal y tranquilo? Primero la trataba mal, después muy bien y después la tira en medio de un lago y parece volver a tratarla… mal no, distinto.

¿No podía simplemente decirle porque estaba allí? Decía que no era nada malo. Además, si fuera por matarla, ya lo hubiera hecho de primera instancia. Experimentar con un virus era poco probable también, le parecería extraño. Pero...

Cerró los ojos, intentando conciliar el sueño por quinta o sexta vez, ya no lo recordaba. Esperaba que sus pesadillas no la volvieran a despertar. Lo estaba consiguiendo. Con cada segundo que pasaba se notaba más dormida. Se acomodó bien y se abrazó a la almohada. Entró en trance, dejó la mente en blanco y bostezó.

Estaba dormida, o eso creía, cuando empezó a escuchar un piano. Claire vaciló.

-¿Un piano?- Se preguntó su voz interna.

Después descubrió que en realidad no estaba durmiendo, sino que Wesker había empezado a tocar el piano, seguramente el de la biblioteca. Se sentó en la cama, enfurecida. ¿No podía descansar en paz? Necesitaba un sitio donde no pensar y poder dormir. Ajeno a las preocupaciones y cambios de comportamiento del rubio.

-¡Oh, venga ya!- Se quejó.

No es que odiara el piano, pero ¿Qué ser normal empezaba a tocar el piano a las tres de la madrugada? La respuesta era: nadie.

No iba a quedarse cruzada de brazos mientras no podía dormir, iba a decirle cuatro cosas. Había reunido el coraje suficiente para decirle que la dejara dormir. Se levantó con unos pasos seguros y fue por el pasillo. Agradecía profundamente que la puerta de su habitación estuviera abierta.

Mientras se dirigía al estudio repasaba su discurso mental. Vio que la puerta estaba entreabierta, dudó un momento en entrar. La sonata Claro de Luna se oía más fuerte. Extrañaba tocar el piano también y su casa. Y los echaba de menos todo, su vida anterior, las tardes, barbacoas con los Burton, los cafés con Leon, las noches con Piers, la sonrisa de su hermano. Rezaba cada noche para que estuviera bien y no herido o peor, lo mismo para los otros.

Entró lentamente y nadie le dijo nada. Ella decidió pasar ya que no escuchó refunfuñar al tirano. Se quedó cerca de la puerta, no quería cabrearlo tampoco. Ya había pasado su límite de paciencia cuando ella se puso a la defensiva antes de ir a dormir. Pensar tanto la estaba volviendo loca y paranoica.

De pronto, el coraje y la valentía se esfumaron y no sabía qué decir. Tenía muchos dilemas internos, tantos buenos y malos momentos con el hombre. No sabía en qué bando clasificarlo, malo o bueno.

-¿Qué sucede? ¿Quieres que te lea un cuento antes de dormir, dearheart?-Se mofó el hombre sin dejar de tocar el piano.

Claire se cruzó de brazos. Ya empezaba otra vez con sus bromas pesadas, aunque en el fondo la hacía reír. Hizo un esfuerzo para poner cara seria, pero en realidad no era necesario fingir. Lo hacía para mantener su muralla, una fortaleza mental. No quería encariñarse con él. Suficiente daño había hecho a su familia y al mundo.

-No es eso.- ella bufó.- No veo muy normal que te pongas a tocar el piano a las tres de la mañana.- Él rió ligeramente.

-Yo no soy normal.- Ella rodó los ojos y se acercó un poco más, apoyando sus codos en la cola del piano.

Claire se quedó escuchando hasta que la canción terminó, nunca se cansaba de oír la sonata de Beethoven. Él tocaba de maravilla. Ojala no se hubiese dedicado al bioterrorismo y se hubiera hecho pianista. Lo mismo pensaba ella, ojalá nunca hubiese pasado la tragedia de Raccoon City. A lo mejor ahora podría estar trabajando de mecánica de motos en algún taller. Pero eso solo pasaría en un universo alterno, un mundo sin preocupaciones, irreal. Por mucho que quisiera, la cruda realidad era esa.

Wesker la miró y se echó a un lado, dando golpecitos al asiento para que ella se sentara a su lado también. Ella dudó unos momentos pero luego aceptó y se sentó dejando reposar sus manos sobre su regazo. Intentó guardar las distancias, pero el banco no era tan amplio como para separarse. O se acercaba o se caía.

-¿Sabes tocar?-Ella se mordió el labio.

No sabía qué contestarle. Su madre de pequeña tocaba el piano y le enseñaba. Ambas eran buenas para la música, en cambio Chris, no. Al morir ambos padres, ella dejó de practicar y apartó la música de su vida. El piano de pared quedó olvidado, en un rincón del feliz hogar que había sido una vez. Pero un día cambió. Jill fue a vivir con los hermanos Redfield después de Raccoon City. Allí Valentine vio el viejo instrumento. Se interesó mucho y sin pedir permiso empezó a tocar. Estaba un poco desafinado, pero no lo suficiente para que sonara mal. Si nadie lo había tocado durante tantos años se mantenía mejor. Al escuchar la melodía del piano, a Claire se le despertó un chip. La melancolía la invadió y de repente recuperó todo el interés en la música.

Habló con Jill, decidió volver a aprender a tocar el piano en sus ratos libres. Algunos sábados las dos se sentaban y aprendían nuevas melodías. La pelirroja no estaba a la altura de la novia de su hermano, pero era hábil con la música. Disponía de poco tiempo y no había aprendido gran cosa. Alguna sonata y unas cuantas canciones populares clásicas. El hombre esperaba una respuesta ella titubeó:

-Más o menos…

El tirano suspiró y decidió volver a poner de los nervios a la chica. Estaba un poco incómoda y tensa, lo notó sin mirarla siquiera. Se notaba su nerviosismo desde detrás de las paredes.

-Eso no es una respuesta, si alguien te pregunta si un cadáver está muerto tú no le puedes responder más o menos, ¿verdad?- Ella asintió. – Pues con esto es lo mismo.

Ella decidió ceder, el mundo de la música no era desconocido para ella. Pero se arriesgaba a tener que tocar el piano con él o sufrir alguna de sus bromas, como la del lago.

-Bueno… Digamos que sí.

Albert tuvo una idea brillante, se sentía con ganas de jugar un poco con ella. La pondría a prueba, a ella, a sus nervios de acero y a su orgullo. A ver cuál era su límite. Sonrió maliciosamente, la chica lo vio y puso mueca de miedo. ¿Qué idea macabra se la había pasado por la cabeza? Eso le pasaba por contestar afirmativamente, tonta, tonta, tonta.

-Ya sé, hagamos un trato.- Él sonrió malévolamente.

Ella lo miró interesada a pesar de que le recorrieran escalofríos, se sentía en peligro.

-¿Qué trato?- Preguntó temorosa.

Dejó unos segundos para darle tensión al momento, por si no hubiera poca. Se aclaró la garganta y la miró. Ella alzó las cejas, esperando respuesta y alguna explicación de lo que quería proponerle. Él le sonrió.

-Tú tocas cualquier canción que quieras… Si te equivocas responderás a cualquier pregunta que te haga y harás lo que te diga durante un día…-ella iba a protestar, pero él le cortó- Si no te equivocas… te dejaré marchar.

La pelirroja no se lo podía creer, debía ser un reto trampa. Era demasiado bueno para ser cierto. Tenía que fijarse bien en lo que decía, quizás solo le estaba diciendo un juego de palabras y cuando lo lograra le diría que él no le había dicho eso. Volvió a repetir su frase en su mente y se dio cuenta de que no se trataba de ninguna broma, ni nada por el estilo.

-¿Me lo dices en serio?- Preguntó incrédula.- ¿Marcharme de la mansión?

-¿Crees que estoy bromeando? Piénsatelo bien querida, porque no te daré otra oportunidad.

Ella estaba tentada a decir sí, pero si perdía habrían consecuencias terribles. Sospechaba de las intenciones de Wesker y no sabía hasta qué punto podría llegar. Ella se ponía nerviosa tocando delante de alguien que no era Chris o Jill y con solo pensarlo las manos ya le temblaban. Pero una oportunidad era una oportunidad, lo intentaría.

-Está bien.

Él sonrió ladinamente y se burló de ella mentalmente. Ella se pondría nerviosa, seguro que no había tocado nunca con público. Además, si ella no fallase, él la haría fallar. La tocaría y entonces se pondría tensa y perdería concentración. La cuestión era que ella no se marcharía y él obtendría lo que quería.

-Eso esperaba de una Redfield. Muy propio de tu especie el querer seguir siendo valientes cuando tienen todas las de perder…

Ella estuvo tentada a contestarle, pero prefirió no discutir ni malgastar tiempo ni saliva. ¿Él se daba cuenta de que no era un espécimen de laboratorio?

Él se levantó del taburete del piano, dejándole todo el espacio necesario a la chica para tocar con comodidad. Ella ojeó las partituras que estaban en el atril, no sabía que canción elegir.

Moonlight Sonata era la que se sabía mejor, pero Albert también se la sabía así que el mínimo error podría ser detectado por él. Se la estaba jugando y quería hacer bien su elección. En cierto modo quería "impresionar" al tirano y superar sus expectativas.

-Pues… voy a tocar…La adaptación de Liszt de Lacrimosa de Mozart.

Albert asintió y colocó sus grandes manos en sus hombros, masajeando la espalda lentamente. Ella se tensó. Ya se estaba poniendo más nerviosa de lo normal. Ese masaje era fuerte, pero no brusco. Por donde pasaba sus manos desprendía un calor que hacía que la chica se estremeciera un poco ante el contacto. Pasó sus pulgares por su clavícula.

-Tienes tenso el cuello.- Dijo Wesker mientras le masajeaba esa zona.

Le apartó el pelo rojo a un lado, guardando esa textura de terciopelo en su memoria, era tan suave. Parecía seda, pasaba sus dedos entre el pelo y este se deslizaba sin problemas.

Claire suspiró ¿Por qué ese hombre tenía la manía de tocarla? Se sentía como una cobaya de laboratorio, presionaba sus botones para ver cómo reaccionaba… pues no.

-¿Pero se puede saber qué haces ahora?- Preguntó la chica mientras sus dedos se posaban en la parte baja de su espalda.

-Dicen que masajear la espalda de un pianista antes de tocar ayuda a concentrarse… ¿A ti te relaja… o te pone nerviosa?

Le dijo la última parte susurrándole en la oreja, cosa que le puso los pelos de punta a la chica. Wesker vio como la piel se le enchinaba por donde pasaban sus manos. Sonrió internamente. Esta vez él le dio un apretón demasiado fuerte con el pulgar en el trapecio, ella brincó.

-¡Ay! Ya es suficiente de masajes.

Él sonrió, ya estaba pensando en que mandarle a hacer cuando ganase la apuesta. Entonces ella no podría poner ninguna objeción a nada que le pidiese. La tendría vulnerable y sumisa. ¡Cómo disfrutaría!

-Cuando pierdas ya podré hacerte lo que quiera.

A ella se le enchinaron los pelos al escuchar eso. No era normal, algo pasaba dentro de su malvada cabeza. No le gustó el tono con el que él lo dijo. Se arrepintió de haber aceptado, pero recordó que si ganaba podría volver a casa y ver a sus amigos y única familia. Solo era cuestión de aislarse del mundo y concentrarse en la música del piano. No perder los nervios y relajarse, sería fácil si se lo tomaba en serio. Recuperó fuerza en su voz y le miró con determinación.

-¡Sí, eso ni en tus sueños!- Y un poco insegura, al pensar en su interés por ella preguntó: -¿Y qué pasaría si no te hiciese caso?

Él se rió en voz alta, causando que un veloz escalofrío viajase por la columna vertebral de la fémina. Puso su boca sobre su oído y ronroneó:

-Haría lo que quisiese contigo, con o sin tu colaboración. Tienes que complacerme por un día.

La chica se puso pálida y cerró los ojos cuando él se apartó de su oído. Respiró hondo, era la hora de la verdad. No podía ni imaginarse que le podría hacerle, se arrepentía de haber dicho que sí sabía tocar el piano. No pediría redención o piedad, no era su estilo. Tenía que apañárselas ella sola.

Albert se rió ante su reacción y le acarició la cabeza, poniendo mal la melena pelirroja. Ella se acomodó los pelos de nuevo y se los tiró atrás para que no la molestaran. Tenía que concentrarse y no pensar en que él la estaría mirando todo el rato. Eso tuvo el efecto contrario, aún se puso más nerviosa. Sentía un huracán en su estómago, tentándola a abandonar e irse a su habitación. Él cogió la silla de su despacho y la puso al lado del taburete del piano, quería estar cerca de ella para alterarla. Observó como Claire miraba la partitura antes de empezar. Lacrimosa no era difícil, pero se hacía falta tacto, sensibilidad y mucha expresión para que sonara bien. Primero investigaría cuanto sabía y después ya pasaría manos a la obra.

-¿Lista?- Ella asintió y se mordió el labio.

Con las manos temblorosas, colocó sus dedos sobre las primeras notas. No era la primera vez que tocaba esta pieza, pero no era experta. Interrogantes aparecieron en su subconsciente, auto-preguntándose si se acordaría de la melodía o erraría al tocar la primera armonía.

Wesker sonrió ante los temblores de Claire, por su respiración podía notar que estaba nerviosa. Ella se miró la partitura otra vez, ya le empezaban a venir las dudas. Pensaba en ser libre y marcharse, pero si fallaba… Demasiada presión.

El rubio también conocía esa pieza a la perfección, era la favorita de su hermana Alex. Cualquier error se lo cobraría después.

Ella empezó con la introducción, usando el pedal de sostenido. Las corcheras fueron tocadas con delicadeza y mucha sensibilidad, los acordes suaves, pero no inaudibles. Él estaba sorprendido.

Entró el tema principal, ella parecía concentrada, tenía el ceño fruncido, quizás solo por expresión. El tiempo era el correcto, hacía los valores bien, quizá no sería tan fácil hacerla fallar. La había estado subestimando un poco, pero no se olvidaba de que era su diosa, no una mujer cualquiera.

Hizo la parte del crescendo muy fuerte, justo como decía la partitura de Albert. Luego volvió al tema principal un poco más suave. Volvió la reseña a la introducción y otra vez el tema principal. Ni un solo fallo tanto como en notas y en tiempo, todo correcto.

Se estaba terminando la canción, ella estaba totalmente integrada con la melodía, nada le parecía distraer, ni siquiera su mirada atenta.

Llegaban los acordes finales, ella estaba convencida que ganaría el trato, pero todo le parecía demasiado fácil, realmente no creía que podía dejarla ir por las buenas. Aunque ese hombre era impredecible. Notaba cómo la miraba mientras tocaba, no le gustaba eso, pero no la desconcentraría.

Él dejó de apoyar su mano en la silla y la levantó ligeramente, sin ser detectada por la vista audaz de la pelirroja.

Ya llegó el último acorde, cuando la mano de Albert se posó en la cintura de la joven Redfield. Ella dio un brinco y falló todas las notas haciendo que estas resonaran y causarán una disonancia muy fea. Solamente quedaban esas tres, su sueño se había ido por la borda por culpa de él.

-¡Oye! ¡Me has asustado! Eso es jugar sucio.

Estaba muy enfadada, furiosa. Con él y con ella misma. ¿Cómo podía transmitirle tales escalofríos el toque del tirano? ¿Porque la sacaba tan fácilmente de sus casillas? Había metido la pata, ahora tenía que cumplir el trato, no tenía elección. Pero no pensaba desperdiciar la oportunidad de discutir la jugada con el tirano. No era justo.

-No es jugar sucio, eres tu quien se ha equivocado.- Contestó fríamente.

Ella se indignó, por ahí si que no pasaba. Daba por supuesto que no se debía tocar al pianista cuando tocaba, pero el hombre era tan manipulador que no aceptaba esa condición.

-¡Por tu culpa! ¡Has hecho trampa!

Ella se quitó su mano de la cintura, estaba furiosa y sentía como tenía ganas de golpear algo. Era un comportamiento muy cruel jugar con los sentimientos de las personas a la ligera, como hacía él.

-No cargues tus propios errores a los demás. Si has madurado sabrás que eso es muy infantil.

-¡Todo era una trampa! ¡Eres un…!

Ella alzó la mano, no sabía porque, pero tenía el impulso de pegarle una bofetada. Si que la había salvado en más de una ocasión de la muerte, pero esto no tenía perdón. No sabía si haciendo eso empeoraría su situación o haría que él no fuera tan duro con ella. El buen rollo que los dos tenían ayer mientras paseaban en la isla se desvaneció.

Él le agarró la muñeca, apretándola para hacerla ceder. Entendía la reacción de la chica, lo había hecho a propósito, pero no se arrepentía. Quizás había dañado un poco su confianza con ella, pero se encargaría de recuperarla mañana. Le diría lo que quiere de ella y lo obtendría.

-¡Claire, no me repliques!- Ella arrugó la frente.-Me tienes que hacer caso, ¿sí?

Redfield bajó la cabeza y musitó un sí. Ya sabía ella que ese tirano no dejaría que se fuera, solamente la quería destruir. Albert le agarró la barbilla e hizo que la mirara en las gafas de sol. Era normal que estuviera así de enfadada, pero ya se le pasaría durmiendo.

-Vete a dormir, tienes cara de cansancio.

La cautiva no pronunció una sola palabra y salió de la biblioteca cabizbaja. Maldijo al traidor. Él cerró la puerta cuando ella se fue. Se puso a pensar en cómo revelarle todo lo que necesitaba de ella. Cada vez que pensaba en esas curvas, esa voz, su carácter dulce… Estaba enfermo, literalmente, enfermo por ella. Loco por su culpa.

Con o sin esta apuesta, él tampoco habría aguantado mucho sin tirarse encima de ella. Era demasiado atractiva y no se podía quitar de la cabeza su rostro enrojecido y su sonrisa tímida ayer en la laguna cuando bromeó. Mañana sacaría a esa Claire y la conquistaría.


Sede de la BSAA

Chris tenía permiso de salir del hospital, llevaba muletas para compensar la pierna fracturada en dos. En principio, los doctores le habían dicho que no se moviera de la cama, pero él se rehusó. Su hermana era más importante que su dolor. Con la ayuda de Valentine, caminó por el largo pasillo de la oficina. Cada pequeño movimiento que hacía lo pagaba con una punzada lastimera. Era el precio por levantarse y luchar por su única familia.

Tenía que informarle al equipo sus conclusiones y posibles planes con la pelirroja. Estaba en peligro, estaba loco y le podría hacer cualquier cosa. No podía creerse aún que ese enfermo sentía "algo" por su hermanita.

Seguramente en sus planes involucraría un nuevo virus, descendencia o experimentos ilegales. No podía permitir eso, Claire estaba en peligro y él no aceptaría quedarse en una cama mientras las enfermeras cuidaban de él.

Jill notó que su compañero pensaba demasiado y se ponía nervioso. Le acarició el brazo y le miró a los ojos mientras esperaban al ascensor. Entendía el papel de su pareja, debe ser duro sentirse tan impotente. lo único que podía hacer ella era apoyarlo y trabajar duro para dar con alguna pista, pero era difícil atar los cabos dentro del mercado bioterrorista.

-Tranquilo, la traeremos de vuelta.

Él asintió aún intranquilo y agradeció los ánimos de su amada. Entraron el el elevador y pulsaron el botón que los llevaba a la sala de juntas.

Chris llevaba yeso por toda la pierna y tenía inmovilizado el pie, no podría andar hasta unos meses después. Las muletas y el brazo de Jill eran el único soporte que tenía y a duras penas podría andar con eso. Las puertas metálicas se abrieron y fueron a otro pasillo. Entraron en la sala de reuniones, Sheva y Piers ya estaban allí. Barry había ido a buscar un café y Leon no había llegado aún.

Los presentes se sorprendieron al ver al mayor Redfield allí. Era increíble la fortaleza de ese hombre. Su subordinado fue hacía él y le estrechó la mano. Tomaron asiento, Piers en la cabeza de la mesa, Chris y Jill a ambos lados y Sheva al lado del moreno.

Barry también entró, con varias bebidas en mano. Había estado buscando más reseñas sobre donde podría ser la guarida de Wesker y seguía sin encontrar nada. Era el que más entendía a Redfield, si a él le arrebataran sus hijas, haría cualquier cosa para recuperarlas.

Saludó a Chris y se sentó al lado de Valentine. Solamente faltaba el agente de la DSO, esperaron pacientemente alrededor de una hora. Avanzaron sobre algunos temas menos importantes y falsas pistas que podrían seguir. Aunque en el fondo, todos esperaban la llegada de Kennedy y las noticias sobre la espía.

El susodicho entró en la sala, parecía cansado y tenía círculos morados debajo de sus ojos. Tenía muy mal aspecto. No reaccionó ni al ver a Chris, estaba ausente de mente. Planeaba cómo volver a ver a Ada.

-¿Y bien? ¿Has averiguado algo?- Preguntó Barry.

Él se apoyó en la mesa con un mano y con la otra se tapó los ojos, negó con la cabeza. Parecía deshecho, Piers se ablandó un poco al verlo así. Supongo que había hecho todo lo que había podido, pero no debían tirar la toalla.

-Ella se fue antes de decirme nada. No piensa colaborar con nosotros, al parecer teme a Wesker.

Jill se masajeó las sienes mientras suspiraba, no les quedaba ninguna otra alternativa. Solamente perseguían fantasmas y nada parecía fiable. Ni una fuente de información ni ningún recorrido que seguir. Era como si se los hubiera tragado la tierra.

Sheva miró preocupada a Chris, este apretaba el puño encima de la mesa. Parecía muy afectado y lleno de ira, tenía sed de venganza.

Piers se rascó la barbilla mientras reflexionaba el siguiente movimiento del equipo. Leon lo había intentado y se veía horrible. Dejó atrás sus conflictos infantiles y pensó con mente fría. Además, su capitán estaba presente y él debía actuar como el líder de la operación, tenía que estar a la altura.

-Comprendo…

Chris apretó mucho más su mano, clavando sus uñas en la palma. De seguro Kennedy podría extraer algo útil, lo que fuera, pero alguna pista. Hacía semanas que no sabían nada de la pelirroja y el tiempo se les estaba tirando encima. La respuesta del rubio no fue suficiente para él. Ese hombre había compartido alguna noche con Wong, tenía que conseguir algo. No podía creer que no tuviera nada.

Dio un golpe en la mesa que hizo temblar toda la esa. Los presentes miraron al hermano mayor de Claire, estaba enfurecido. No permitiría que se rindieran tan fácilmente. Un fracaso los llevaría a la victoria.

-Kennedy...Debemos volver a probarlo.

Él asintió, no tenía fuerzas de discutir y se sentía culpable por todo lo ocurrido. Nivans se levantó y trazó un plan para engañar a la dama de rojo. Leon la llamaría para pasar una noche con ella, iría a su apartamento y se metería en la cama con ella. Luego le preguntaría por la chica, si seguía sin responder, él la adormecería con cloroformo. Sonaba muy bestia, pero era una manera eficaz. Cuando estuviera inconsciente registrarían el apartamento en busca de algo de utilidad.

El rubio no estuvo muy de acuerdo con el plan de Nivans, pero también accedió. Haría cualquier cosa para encontrar a Claire. No le gustaba la idea de aprovecharse de la mujer que "amaba", pero debía hacerlo.

Cuando la reunión estaba dándose por concluida. Chris interrumpió a su subordinado y habló muy seriamente. Todos callaron.

-Hasta ahora no tenemos ni idea de cuáles son las intenciones de ese malnacido, pero sí que sabemos algo.

Todos miraron con asombro y curiosidad al hermano de la pelirroja, atentos a cada una de sus palabras o movimientos. Eso era verdad, todos se habían concentrado en una posible ubicación, pero nadie en los futuros planes del tirano. Jill sabía que el hermano de la secuestrada tenía una de las claves más importantes del caso. Sería un elemento muy importante en la operación. Ayer estuvo llorando, pero hoy parecía hecho de hierro, sin expresión, frío y fuerte.

-Claire no fue un rehén al azar. Él realmente está "interesado" en ella.

La sala entera quedó en shock. Algunos no sabían de dónde habían sacado esas conclusiones, pero el ex miembro de los STARS tenía una mínima idea de lo que se refería Chris.


Mansión

Eran las ocho de la mañana y Wesker ya estaba bien vestido e iba camino a la habitación de la chica. Llevaba una camisa negra y unos pantalones iguales, se había duchado para empezar bien el día y se puso una cantidad generosa de su loción habitual. Esa que Claire olía discretamente cuando se acercaba a ella.

Llamó a la puerta, no obtuvo respuesta. Entró sin hacer mucho ruido. Encontró a la chica durmiendo, de espaldas a él. Llevaba una camiseta blanca de tirantes y unas mallas negras cortas. Estaba descubierta y sentía ganas de despertarla de una manera peculiar… Desechó la idea, ella aún estaría enfadada con él. Prefería no hacer cosas innecesarias. Rio de lado y se acercó a la cama. Se sentó de rodillas a los pies de la cama y le susurró en el oído:

-Dearheart, despierta.- Su voz seductora haría derretir con facilidad a cualquier helado.

La chica botó en la cama al escuchar la voz de Wesker en su oído, casi cayéndose del colchón.

Ella hizo una mueca, lo apartó con una mano. Luego cogió el edredón y se cubrió enterita. ¡Qué buena forma de empezar la mañana! El día que le esperaba… Aún estaba furiosa por lo de ayer, prefería quedarse encerrada una semana a pasar por alguna humillación del tirano.

Él se apartó un poco y pensó. Necesitaba quitarle el enfado de buenas maneras, pero no podía conseguirlo si la chica no se levantaba de la cama.

-Está bien, si no te levantas, lo haré yo.

La destapó, echando las mantas al suelo. Ella gimió y se tapó la cabeza con el cojín, no quería participar en ninguno de sus juegos sádicos. Él la agarró con ambos brazos por la cintura y la levantó.

-¡Eh! ¿Qué haces?

La chica pataleó para que la pusiera de nuevo en el suelo. Intentó quitarse sus brazos del abdomen, arañando. Él la llevó hasta la puerta del baño. La posó sobre el parquet y la encaró.

-Ahora vete a duchar como haces cada mañana, ¿o te tengo que bañar yo?

Ella frunció el ceño y cogió aire para evitar contestar alguna blasfemia. Contar hasta diez no le servía, lo había intentado más de una vez.

A Albert no le parecía mala idea duchar a la menor.

Tomó una toalla del armario y sus zapatillas. Se imaginó esa imagen por un momento y cerró los ojos, ni en sus sueños. Sería mejor tenerlo contento por un rato que no hacerlo enfadar. ¡Vaya día le esperaba!

-Dame media hora.

Él asintió y la tomó de la barbilla. Le dio un beso en la mejilla, así rompería el hielo de buena mañana. No quería poner más nerviosa a la chica. Ya estaba pasando su límite con solo cinco minutos que llevaba despierta.

-Sonríe un poco, estás mejor.

La chica mantuvo su expresión severa, pero se le subieron sus colores. Antes de que él pudiera notarlo, se encerró en el baño, respirando agitadamente apoyada contra la pared. Iría deprisa duchándose y no tardaría mucho en arreglarse. Quería que este día pasase tan rápido como se había ido la noche anterior.

El tirano notó como su humor había mejorado con solo un simple cumplido. Ya se estaba ablandando, iba por buen camino. La chica era fuerte y se hacía la dura, pero nadie se resistiría a él. Y aún menos su diosa. Se sentó en la cama deshecha, esperando a que la chica terminase. Luego iría a la cocina a prepararle un almuerzo inolvidable. Le encantaba el jabón de nueces de macadamia, lo había elegido especialmente para ella. Solamente su fragancia le hacía enloquecer.

Sería un día muy emocionante.


Fin del noveno capítulo

Bueno, tengo la excelente noticia de que gané los dos premios de literatura en mi instituto. Mi enemiga quedó hecha pedazos, la muy creída iba diciendo que con el dinero del premio se compraría libros. ¡Ja! ¡En la cara!

Y también participé en un concurso de catalán en la TV y gané. Cuando hayan subido el programa a internet pasaré el link.

Respuesta a los Reviews:

Suzukimademoiselle: ¡Hola! Yo me comería a Wesker, enterito, con nata montada por sus pectorales, a oscuras… Mejor paro o te traumaré.

¿Drama y salseo? Pues habrá, y mucho de ambos. El lemon no tardará mucho en llegar y será bueno y no el único.

Yuna-Tidus-Love: ¡Hola amiga! ¿Acercamiento? En este capítulo sí que ha habido acercamiento. El hombre es goloso y posesivo, no tiene remedio.

¿Wesker? Ya veremos que planea…

¡Hasta la próxima actualización.

Big fan of Optimus Prime: ¡Hola de nuevo! Sí, eso de la laguna era muy Wesker, sería raro que no hubiera tenido la tentación de tirar a un Redfield adentro. ¿No te gusta el Nivanield? La verdad es que a mí tampoco mucho, pero quería poner que Claire tuviese un novio antes del secuestro para crear más salseo. No te preocupes por Piers, no tendrá un papel muy protagónico.

Podré añadir una referencia Pirry a uno de los capítulos finales. Si, ya te he hecho feliz. Lo haría antes, pero la historia ya está escrita hasta el capítulo 20 y la estoy a punto de terminar. Para los fans de Pirry (creo que solo estamos, tu, yo y MariposaVioleta) XD

Att. Frozenheart7