Dark Temptation

Capítulo 10

Disclaimer: Resident evil y sus personajes no me pertenecen.

Recomendaciones musicales:

Trouble de Taylor Swift

Demons de Imagine Dragons

Titanium de Anna Kendrick

Agradecimientos y Dedicatoria: A Light of Moon 12, mi queridísima y maestra de la maldad Beta. También a mi otra hermana del mal GeishaPax. Y a mi seguidora Elizabeth que si no actualiza El Fruto de lo Prohibido le daré stalkeo.


Casa de los Burton

Eran finales de verano para ese entonces, la familia Burton celebraba el cumpleaños de la mayor de las hijas, Moira. Habían hecho una barbacoa y todos los STARS y algunos amigos de las niñas eran los invitados. Entre ellos estaba Claire, ni un STARS, ni una amiga de la escuela de las niñas. Totalmente fuera de lugar.

Hacía mucho calor y el sol acechaba a todas las personas que estaban al aire libre. Jill y Rebecca aprovecharon la ocasión y se estaban bañando en la piscina de los Burton. La pelirroja hubiera llevado bañador si lo hubiera sabido, se estaba aburriendo mucho sola y de pie.

El jardín de la casa era enorme. Tenía una casita pequeña, convertida en taller por Barry. Allí siempre practicaba la puntería con sus armas y guardaba todo lo necesario para el bricolaje. Detrás de las vallas había la piscina, muy bonita y espaciosa. La casa tenía tres plantas, pero la superior se usaba de buhardilla. En el exterior de la finca se podía ver una propiedad bien cuidada, obra del padre en sus días libres. Sabía que Kathy amaba las plantas y ella cuidaba los parterres, pero siempre era su esposo el que sacaba las malas hierbas.

El padre de familia cocinaba en la barbacoa mientras charlaba con Chris. El mayor Redfield miraba a Valentine en un bikini azul, mojada por el agua de la piscina. Barry le dio una colleja que hizo que sus gafas de sol quedaron chamuscadas en la barbacoa. Claire negó con la cabeza mientras reía. Se tumbó en el césped y se puso a tomar el sol sin quitarse ninguna prenda. Llevaba un top negro de esos cortos enseñando todo el vientre y pantalones cortos, no hacía falta quitar ninguna de sus prendas. Cerró los ojos y puso ambos brazos detrás de su cabeza, pensando en la escuela.

Solamente restaban dos semanas de vacaciones y nada interesante había pasado. Ni un viaje con amigos por la costa, ni un camping en la montaña o un amor veraniego. Solamente un empleo temporal en un bar, muchas tareas y lidiar con clientes borrachos durante la noche.

Solamente le restaban dos días de trabajo en el local de J y ya volvería a la rutina de siempre. De casa al instituto a la biblioteca y de la biblioteca a casa.

Bueno, no era exactamente un amor veraniego, pero a la mente le vino el capitán de los STARS. Sintió su cuerpo arder con más intensidad, sabía que eso no era culpa del sol. Desde que se conocieron, el rubio se había vuelto cliente habitual del bar donde trabajaba. Y eso que quedaba lejos de la estación de policías y le salía más barato ir al de delante de la comisaría. No quería hacerse ilusiones, pero creía que ese hombre era distinto a cualquier aprovechado. ¿Porque no se sentaba en ninguna mesa y siempre iba a la barra, donde estaba la pelirroja? Conversaban durante una media hora y él se iba pitando, según él, siempre se le hacía tarde. Incluso su hermano le había comentado que el capitán acostumbraba llegar tarde cuando era la hora de comer o del almuerzo.

Nadie sabía que lo encontraba atractivo, su hermano a veces hacía algún comentario inocente como:

-¿Porque tantas preguntas sobre el capitán? ¿Estás planeando su asesinato?

Ella por supuesto, no le decía nada a su hermano. Prefería fantasear ella sola y sin que nadie la presionase. Cuando esto sucedía ella le contesta sarcásticamente, sin levantar sospecha alguna:

-Quizás mañana.

En la radio sonó una canción tocada en guitarra y cantada por una chica y un chico, no se acordaba del nombre pero era muy tradicional. Hablaba de las sensaciones de cuando estás enamorado, ¡qué momento más oportuno! Era la más famosa melodía compuesta por Frank Sinatra, cantada por unos aficionados.

¿Cabía la remota posibilidad de tener un romance con el capitán? Besar sus labios se había vuelto su fantasía más ansiada durante el último mes. Cuando la llevó en coche a casa una madrugada, lo único que pudo hacer fue darle un dulce y fugaz beso en la mejilla.

Pero ese olor de loción post-afeitado y su sentido del humor había dejado huella en ella. Cada vez que se acercaba a la barra se ponía nerviosa. Alguna vez las copas habían sido víctimas inocentes de su taquicardia temporal, rompiéndose por algún descuido. Suerte que él nunca había visto semejante escena.

-¿Disfrutando del sol?

Esa voz arenosa la sacó de su trance, haciéndole abrir los ojos. El sol le daba en la cara, pero podía ver como Wesker se sentaba a su lado en el césped. Ella se incorporó, si él supiera en lo que estaba pensando. Se pasó una mano por su melena rojo, revoloteando su flequillo. Esta se acomodó por sí sola en su hombros, unas capas de fuego eterno que cubrían su busto. Con la luz del sol esta se veía mucho más llamativa de lo que ya era.

Claire se quedó sin respuesta, no sabía qué decirle, él solo estaba esperando sentado. Inconscientemente se acercó un poco más a él, como si no estuviera lo suficiente acalorada.

- Aprovecho los últimos días de verano antes de volver al instituto.

Él pareció hacer una mueca de disgusto frente a esa contestación. Esa estación había pasado volando. Sus miradas se encontraron, azules los dos por igual. Ella intentaba descifrar esa mueca de decepción y el porqué de su mirada.

-¿Volverás el verano que viene?

Ella sonrió, así que era por eso. No creía que ese hombre tan frío y sin sentimientos que describe su hermano dejaba a flote sus emociones delante de ella. Asintió mientras se abrazaba una pierna con un brazo, sentandose del todo recta, a su altura. Ella ya había planificado un encuentro casual para no tener que esperar a verle hasta el verano que estaba por venir. Le escondería los papeles a Chris y se los llevaría en el trabajo para poder andar por la comisaría sin causar ninguna sospecha evidente a los ojos de cualquier miembro de STARS.

Había hecho miles de planes para poder pasarse alguna vez por la estación de policías. No debía abusar, pero quería ir alguna vez más. Ella sonrió aún más y añadió:

-No te preocupes, no me perderás de vista.

Claro que no lo haría. Se encargaría personalmente de pasar algún día por la casa del subordinado con alguna excusa ridícula pero creíble. No sabía donde se había quedado ese hombre con autocontrol férreo y mirada intimidante, pero estaba seguro de una cosa: Todo fue por ella.

En ese momento Moira se acercó a la pareja mientras tomaba de la mano a su hermana pequeña. Era extraño que la menor Redfield no jugase con ella, y más en el día de su cumpleaños. El hombre rubio estaba muy cerca de ella, casi rozándola. La fémina estaba sonrojada y parecía feliz. Las chicas susurraron y se rieron, sacando conclusiones apresuradas.

Fueron corriendo hasta el lugar, con unas sonrisas traviesas. Cuando estuvieron delante de la pareja, estos dos no se dieron cuenta ni de su presencia. Estaban mirándose fijamente y Claire parecía respirar agitadamente.

-¿Cuando os casareis?- Preguntó la más pequeña de las hermanas.

Ambos salieron de su trance de miradas, lamentándose por dejase ver así en público. La chica Redfield giró su cabeza hasta donde estaban las hijas de Burton. Una de ellas la abrazó, la pelirroja aceptó el abrazo y le acarició la cabeza tiernamente. Sería una futura buena madre. Ninguno de los dos escuchó la frase que les hizo salir del encantamiento de los ojos del otro. No sabían de qué iba la cosa y eso hizo que el juego de las niñas siguiera.

-¿Podremos ser damas de honor?- Añadió la cumpleañera.

La menor Redfield paró de acariciar a Moira y giró su vista a la más pequeña. ¿Que estaban diciendo? Tuvo un mal presentimiento, de seguro que las pequeñajas ya habían dicho alguna de las suyas.

-¿Cómo?- Cuestionó la pelirroja.

Albert se acomodó el pelo, incómodo. No estaba acostumbrado a estar con críos, solamente con la hija de su mejor amigo Birkin. Sherry le llamaba "tío" y no le resultaba molesto. Pero esas tardes haciendo de "niñera" mientras su padre experimentaba en el laboratorio de Umbrella las hubiera preferido pasarlas en el bar o echando una siesta. Iba agotado, eso de tener doble empleo era cansino.

Las hijas de Barry tenían una sonrisa pícara y los ojos brillantes. La mayor tenía el pelo más oscuro y suelto, complementado con una mirada marrón penetrante y llena de vida. En cambio, la pequeña, tenía el pelo castaño con reflejos rubios atado en dos coletas bajas y aparentaba salud frágil e inocencia pese a estar rebosante de energía todo el día.

La del pelo negro dejó de abrazar a Claire y fue al lado de su hermana pequeña. Las dos miraban al capitán y a la menor Redfield con poco disimulo. Se rieron y empezaron a canturrear:

-¡Son novios, son novios! ¡A Claire le gusta el capitán y al capitán le gusta Claire!

La hermana menor de Chris tomó a la más pequeña, que tenía la voz más escandalosa. La abrazó con fuerza y le tapó la mano con la boca. Le decía que se callase y que era mentira, pero su cara demostraba lo contrario.

Las canciones de las hijas de Barry llamaron la atención del padre. Dejó de asar la carne y se quedó estupefacto con lo que vio. En efecto, Claire y el capitán habían estado muy cercanos últimamente. Quizás solo era una paranoia de sus hijas, a ambas les gustaba emparejar a conocidos.

No le dio importancia al asunto. Desde luego hubiese prestado más atención si hubiera sabido lo que pasaría 15 años después.

Estaba roja, igualando su pelo a la luz del sol. Sonreía de nerviosismo y se notaba que estaba apurada.

La mayor de las hermanas Burton se quedó riendo mientras miraba a su hermana siendo achuchada por la pelirroja. Claire sentía que tenía taquicardias de emoción y unas mariposas bailarinas volaban por su estómago. Estaba quedando como idiota delante del capitán.

-No, eso no es cierto.- Añadió la pelirroja sonrojada y avergonzada.

"Y un pimiento que no es cierto, ya te gustaría a ti que todo fuese mentira".

Él no negaba la atracción que sentía por la hermanita de su subordinado, pero ella era demasiado tímida. O quizás era porque en la vida se había llevado demasiadas decepciones.

Seguro que fantaseaba con él y soñaba despierta todo el día. No era tonto y notaba como cada vez que se acercaba a ella o entraba en el bar, la chica se acomodaba el pelo o a la mínima se arreglaba un poco más. El lenguaje de las mujeres no se le daba mal, pero los sentimientos de la pelirroja se veían desde 3 kilómetros lejos.

Cuando estuvieran en un lugar más privado y en el momento indicado ya jugaría un poco con ella. A ver hasta dónde era capaz de llegar sin resistirse a besarlo.

En la mesa del lado había patatas fritas con formas distintas. El hombre cogió una chip con forma redonda, le demostraría a la chica que quizás sus deseos más imposibles se podrían cumplir.

El hombre rubio atrajo su atención, ella lo miró, un poco más sosegada después de su ataque de risa nerviosa. Él le cogió la mano y sacó el aro de patata frita.

-Las niñas lo han descubierto, dearheart. Cásate conmigo.

A la pelirroja le cayó un balde de agua fría encima de su cabeza. Se rió, poniéndose aún más colorada. Una petición de matrimonio con un anillo de patata frita. Ese hombre tenía un humor muy peculiar.

Ella decidió seguirle el juego, le quitó el improvisado "anillo" de sus dedos. Luego se lo comió, dedicándole una sonrisa amplia. Estaba tentada a abrazarlo pero tampoco quería abusar de la broma. No quería verse como si fuera una fan delante de su músico favorito.

Durante ese verano, los dos pasaron a sentir algo más que "amistad". Sin embargo, después de descubrir la verdad, la chica decidió enterrar sus sentimientos para no resultar herida. Y en cambio, el hombre mantuvo ese deseo ferviente por ella durante años. Sabía que esa Claire también estaba enterrada y debía sacarla a la superficie.


Sede de la BSAA

Burton volvió de su trance, ese momento no fue importante en cierta época, pero ahora que intuían los planes de Wesker…

Leon estaba pálido después de oír esas palabras de la boca del hermano de su mejor amiga. Cuando entró en la sala se veía ojeroso por la mala noche que había tenido con Ada, ahora parecía un vampiro. Un monstruo como él, un bioterrorista… ¿sintiendo algo por Claire? No lo conocía en persona, pero sabía por Ada y otras fuentes de información de que era un tipo voluble y peligroso.

Piers apretaba los puños con rabia, intentando mantener la compostura. No podía creer que eso fuera cierto, no podía resultar posible. Sin embargo, confiaba en las palabras de su capitán, si decía algo era porque tenía motivos.

El silencio se hizo por más de un minuto. Jill tenía la cara tapada con una mano mientras el pelo le caía por el contorno y sus hombros. Rezaba para que Claire no cayese en sus trampas.

-¿Qué evidencias tenemos para pensar eso?

Nivans rompió el silencio haciendo un intento de mantener la cabeza fría. Él no conocía al genocida tan a fondo como los otros presentes en la sala. Solo lo había visto atracar la fiesta y nada más. Si que sabia como era fisicamente y sus historiales y todo, pero no qué límites era capaz de cruzar.

Valentine levantó el rostro de la mesa y encontró su voz, tenía que meditarlo bien. Debían reunir todas las pistas e incidencias necesarias como para tomar ciertas decisiones. De eso dependía el futuro de la hermana de su pareja.

-Bueno, cuando estaba en STARS, había ciertos detalles que hacían sospechar sobre lo que sentía hacia ella. Recuerdo que una noche él quería irse a casa en vez de ir a mirar el fútbol. Pero cuando se enteró de que Claire trabajaba como camarera cambió de opinión.-Suspiró y añadió:-Joder, hasta yo bromeé con él sobre eso.

La morena se sintió mal por haber sido tan tonta sin darse cuenta de eso antes. ¡Ojala hubiera podido hacer algo! En ese momento, todo el personal de la sala estaba siendo carcomido por la culpa, como su hermano mayor. Todos habían cometido algún error, por pequeño que fuera. La culpa era compartida.

Piers no estuvo muy satisfecho con la declaración de Jill. Le daba creencia, pero no era suficiente como para confirmar tales acusaciones. No podría perder el tiempo preocupándose por algo que a lo mejor ni pasaba.

-Sí, esa noche Wesker pasó de ver el partido y se pasó toda la noche en la barra, hablando con Claire. Se reían juntos, el muy hijo de puta se divertía.

Las palabras de Redfield estaban envenenadas de puro odio hacía el ex capitán de los STARS. Apretó sus palmas de las manos con sus uñas hasta que sangraron. Respiró profundo y cerró por un momento los ojos, frotándose las sienes. Todo aquello era demasiado. Sheva le acarició la espalda, dándole una mirada de complicidad a la agente Valentine.

Si esa fijación ya venía desde tan temprano podía significar dos cosas: Había estado loco desde siempre sin cambiar cuando se inyectó el virus. O en realidad Wesker lo hacía porque disfrutaba de la compañía de su hermanita.

¿Pero cómo un monstruo como él podía tener buenas vibras hacia alguien? ¿Y mucho menos enamorarse? Era descabellado, pero parecía lo único que tenía un poco de pies y cabeza.

Su subordinado se rascó el mentón, eso daba un poco más de peso en el argumento, pero tampoco era gran cosa como para confirmar una atracción.

-Necesitamos más cosas, aportad lo que sea. Todo cuenta por muy insignificante que parezca.

La voz del militar estaba inundada de fuerza. Estaba comportándose como un verdadero líder, cosa que a Chris le fascinó. Si algún día tenía que abandonar su puesto, se lo dejaría a él. Sabía que hizo bien el dejar la investigación a cargo de su más fiel subordinado. No se arrepentía de su decisión. Le recordaba a él mismo cuando estaba en los STARS. Lleno de vitalidad, guiado por el sentido de la justicia. Tenía razón con cada palabra que pronunciaba.

-Chris, Jill, ¿Os acordáis de esa barbacoa que hicimos por el noveno cumpleaños de Moira?-El hombre asintió, la morena solamente se lo quedó escuchando.-Pues mis hijas decían que ellos dos eran novios. Recuerdo que los dos estaban sentados en el jardín, apartados del resto. La misma situación que en el bar.

Las hijas de Barry eran solo crías quizás, pero esto ya daba un poco más de sentido al asunto. Siempre era lo mismo, se quedaban apartados de los otros, como si hubiera muy buena química entre los dos. Piers asintió, dando las gracias a Burton, el asesor de la BSAA.

-También… él la había llevado a casa alguna madrugada después de que se cerrase el bar, y eso era muy temprano en la madrugada.- Añadió Chris.

¿Esperarse hasta las 3 de la mañana para poderla llevar a su "enamorada" a casa? Eso era tomarse muchas molestias viendo como era su capitán.

-¿Y todo esto conduce a vuestra conclusión?- Preguntó Nivans sin estar muy convencido.

-Ese hombre era el más temido de la comisaría, no demostraba emociones ni sonreía. Con ella era distinto, hasta se quitaba sus odiosas gafas de sol para mirarla. Le hacía favores, la protegía de borrachos, bromeaba y hasta la acariciaba alguna vez. ¡Yo más evidencia que eso no puedo ver!

Todos los presentes quedaron helados tras las duras palabras de la agente Valentine. Esperaban una respuesta similar proveniente de Chris, pero no de la morena la más sosegada de todas. Había alzado el tono de voz y estaba respirando agitadamente. La fémina no quería que Claire quedase como ella, traumada durante su cautiverio prolongado durante años. Se hizo prometer que no volvería a pasar nada parecido.

Observó como todos los demás la miraban como si no la entendieran, sorprendidos por su aportación. Ella tuvo ganas de justificar sus respuestas.

-Si a mí me hizo tal daño con el P30 sin sentir ningún interés en mí, imagínaos lo que podría hacerle a Claire. Ella es dura y persistente, no dejaría que él la controle. Pero si él quiere algo lo consigue.-Miró a Piers.

- Imagínate lo que le puede estar ordenando a través del control mental. Tu solo… piénsalo. No puedes discutir sobre nada de lo que te ordenan, te conviertes en una marioneta. Lo sientes todo, pero no tienes el control sobre tus acciones.

En vez de hablarle a alguien en concreto parecía que estaba reflexionando para sí misma. Su mirada se volvió oscura y el volumen de su discurso se hizo inaudible. Unas lágrimas cristalinas resbalaron de la cara de la morena, cayendo en la mesa. Necesitaba ir al baño, cuando pensaba en su pasado se ponía sensible y le apetecía llorar un rato. Su psicóloga le decía que era bueno desahogarse, así no se ponía peor. Sin decir nada, dio media vuelta y salió de la sala de reuniones.

Chris hizo el gesto de levantarse, pero Sheva le ordenó que se sentase y fue ella quien siguió a Jill hacia el baño.

La agente Alomar supo en el primer instante, desde que la vio, que ese tirano le había hecho pasar por cosas horripilantes. La compañera de Redfield era la única que podía ponerse en el lugar de una cautiva de Wesker.

Dio unos golpecitos en la puerta de vidrio contigua al pasillo, entró y vio que la morena estaba apoyada en la encimera de mármol. Tenía los ojos cerrados y el grifo de agua estaba abierto. Se acercó lentamente y se puso a su lado.

-¿Estas mejor?

Ella asintió mientras daba un trago de agua colectada con ambas manos. Se giró, de cara a la africana.

-Me he exaltado, no es nada.

Ambas mujeres volvieron a la sala de reuniones. Aparentaba estar bien, pero la morena seguía sumida en sus pensamientos.

En la mansión Spencer, cuando se tiró por la ventana para salvar a Chris...

Ni Jill ni Wesker murieron en aquella ocasión. Herida de gravedad e inconsciente, Valentine sobrevivió gracias a la ayuda de Wesker que, tras someterla al tratamiento médico correspondiente, la criogenizó. Su plan consistía en utilizarla como primer conejillo de Indias una vez finalizado el proyecto Uroboros.

Fue su forma de cobrarse su venganza. Afortunadamente para Jill, la suerte estaba de su lado. El aparato que controlaba sus constantes vitales detectó ciertas anomalías. Algo estaba sucediendo en el interior de su cuerpo y el tirano no pudo evitar saciar su curiosidad.

Al investigar el caso, descubrió que una forma mutante del Virus-T seguía dentro de ella. Se trataba de un remanente de la infección que contrajo en Raccoon City. La cura que recibió debería haber eliminado todos los agentes víricos de su organismo pero, en lugar de eso, hizo que el virus permaneciera en su cuerpo en estado latente.

De alguna forma, al pasar un largo periodo de tiempo criogenizada, el virus se había reactivado. Poco después de la reactivación del virus, este desapareció por completo, aunque dejó algo en su lugar: Wesker descubrió que el cuerpo de Jill poseía ahora anticuerpos extraordinariamente poderosos.

Asombrosamente, durante todos estos años en los que el Virus-T había morado en su cuerpo, la ex-miembro de los STARS había desarrollado un sistema inmunológico milagroso. Este descubrimiento alimentó las ambiciones de Wesker. El desarrollo del virus Uroboros, la clave del proyecto Uroboros, era extremadamente complicado. El virus desarrollado a partir de la flor progenitora había resultado ser demasiado venenoso como para ser útil, ya que, en vez de favorecer la evolución humana, únicamente conlleva la muerte. Albert creía que los anticuerpos de Jill podrían reducir la peligrosidad del virus, por lo que decidió mantenerla con vida para producir los anticuerpos necesarios para la investigación.

Irónicamente, Valentine, la gran detractora de las armas biológicas que había dedicado su vida a erradicarlas por completo, estaba siendo utilizada para desarrollar el arma biológica más terrible. Tras un largo periodo de investigación y experimentación, Wesker consiguió perfeccionar el Uroboros. Su participación en el desarrollo del virus descartó a Jill como cobaya para las pruebas, pues su cuerpo estaba protegido por anticuerpos puros e inalterados. No obstante, Wesker pensó que ya encontraría alguna utilidad para ella en otro momento.

Durante la investigación del virus progenitor, se descubrió la existencia de una nueva sustancia química. Los científicos se refirieron a ella como P30. Los pacientes que la recibían, no solo adquirían una fuerza sobrehumana, sino que, además, se volvían extremadamente vulnerables a la manipulación. El P30 era el potenciador de rendimiento definitivo.

El objetivo del proyecto Uroboros era crear una nueva raza de seres humanos, por lo que el P30 no parecía tener ninguna relevancia. Sin embargo, se llegó a la conclusión de que podría comercializarse como producto para conseguir fondos adicionales.

Se inició una investigación simultánea con Plagas y P30 para crear soldados perfectos que acataran órdenes sin oponer resistencia. Lamentablemente, esta última no dio los resultados esperados. Los efectos del P30 duraban muy poco tiempo. El cuerpo humano metabolizaba y expulsaba el contenido de una inyección de P30 a gran velocidad, por lo que era necesario volver a administrarlo frecuentemente, hecho que redujo la viabilidad del producto para convertirse en un potenciador del rendimiento a largo plazo.

La única solución consistía en colocarle un dispositivo al sujeto que le administrara el fármaco continuamente. Sin embargo, aunque los efectos del P30 eran breves, seguía siendo una sustancia potente y eficaz. Como se desconocían los efectos de una administración continua, se incorporó un dispositivo externo en el cuerpo de Jill. Este iba acoplado a su pecho y le inyectaba el fármaco de forma continuada.

Carente de voluntad, se convirtió en la sirviente de Excella y Albert.

Al cabo de un rato, todos habían vuelto a la convocatoria para terminar de decidir qué hacer. La reacción de Valentine se quedó solo en un susto. No había pasado nada malo, ni tampoco se pondría a llorar desconsoladamente allí en el baño. Todo quedaba en el pasado. Estaban más unidos que nunca y nada horrible volvería a pasar. Ojalá pudiera creerse sus palabras.

-Vale, vuestra teoría tiene mucho sentido y parece ser cierta.- Admitió el subordinado de Chris después de darle demasiadas vueltas al asunto.

Que ese genocida sintiese algo por su pareja era realmente enfermizo. Si la había tocado un pelo juraría que se lo haría pagar. Claire era su amiga, compañera, confidente y pareja y no dejaría que nada ni nadie la hiriera. La protegería con su vida si fuese necesario, fue un juramento que le hizo a Chris, su hermano. Él se había asignado la tarea de protegerla de cualquier mal innecesario y la culpa caía sobre sus hombros. Debían pasar ya a la acción y de cualquier manera averiguar el escondite del bioterrorista.

Piers subió la pantalla de proyección, dejando al descubierto una pizarra donde trazaron el plan para engañar a Ada Wong. Quizás parecía un poco alocado, pero sería una forma muy segura de conseguir lo que buscaban y ella era la única conexión con el criminal. El tiempo era oro y no pensaba malgastarlo durmiendo, debían ir a por la pelirroja ya.

Justo como lo habían acordado, Leon contactaría con la espía de nuevo, cosa que quizás le costaría un poco. Quedarían para cenar o directamente en el apartamento, la mujer de rojo era impredecible. Cuando estuviera con la guardia baja, la sedaría. Con cloroformo o algún tranquilizante. Eso no le gustaba mucho al agente de la DSO, pero si era por el bien de Claire haría cualquier cosa. Luego avisaría a los otros miembros del equipo para saquear el piso de la mujer, en busca de alguna información en su PC o algún papel en su escritorio. Cualquier información sobre el paradero de Wesker era útil. Donde estuviera él, estaba Claire.

Quedaron que en cuanto el rubio supiera algo de la dama escarlata, se volverían a reunir para detallar más el plan.


Fin del décimo capítulo.

Ahora ya sabemos porque Moira y Polly son shippeadoras del Weskerfield. El siguiente capítulo lleva muchísimo Claire x Wesker, os encantará. Miel, miel y más miel de aquí una semana.

Respuesta a los Reviews:

James Anderson: Gracias, siempre intento que mis relatos sean lo más próximos y realistas al lector. Aquí lo tienes.

Yuna- Tidus- Love: ¡Holis! Tan sensual y tan cabrón él… ¿Me compras uno? Va enserio.

Paola Watson (Guest): Si te digo que solo quedan dos capítulos para que llegue el lemmon… ¿Cómo te quedas?

¿Indecente? Nah, eso yo, que escribo estas cosas siendo menor de edad, espero que no sea ilegal. Bueno, tampoco importa, soy malvada y rebelde.

Elizabeth Abertnathy: ¡Mujer¡ ¿acaso no duermes nunca? Agradezco mucho que hayas dejado review en TODOS los capítulos que no pudiste leer antes y te faltaban por comentar, lo aprecio muchísimo. Creo que este capítulo te habrá gustado, las Burton fueron las primeras shippers de Albert y Claire.

Yo también estoy bastante ocupada, si no tuviera escritos los capítulos con mucha antelación la historia aún iría por la cuarta entrega. ¿Qué Romeo y Julieta? Como bien has dicho, es mejor Weskerfield.

¿Six pack? ¿Dónde? Ah, sí, Wesker,.. Maldición, somos lectoras y nos lo tenemos que imaginar, nos toca conformarnos con eso. Dichosa y suertuda Claire, lánzate. No tardará en caer en las redes de Wesker, en el siguiente capítulo las cosas ya se volverán más íntimas.

La escena del piano… Con la alternativa que me has planteado me has inspirado:

Terminó de tocar la canción, sin ninguna errada y con todos los tiempos bien definidos, como una buena profesional. Albert quedó pensativo y un poco decepcionado, pero eso duraría poco, no dejaría que su dearheart se marchara tan fácilmente.

-¿Puedo marcharme ya?

La proposición de su captor ya le pareció extraña y más que ahora la dejaría marchar, ¿tan fácil sería? Albert se levantó y le tendió la mano enguantada de nuevo, queriéndola guiar a un engaño.

-Acompáñame, te mostraré la salida.

La pelirroja titubeó indecisa, algo le olía a chamusquina… Vio como esker suspiró de impaciencia y movió su mano, haciéndole una seña para que aceptase el venir con él. Ella, sin nada que perder, aceptó la invitación y se levantó del piano mientras posaba su mano sobre la palma del rubio.

Él la llevó por pasillos y estancias inmensas de la mansión. Ella solo había contemplado un ala de la mansión, era mucho más grande de lo que creía pensar. Ya decían que las apariencias engañaban, esperaba que ese dicho no fuera aplicable a las intenciones indefinidas del tirano. Finalmente llegaron al recibidor de la mansión, muy parecido a esa tan mencionada Mansión Spencer. El rubio soltó la mano de Claire y se paró delante del enorme portón de madera robusta Sacó una llave antigua de su bolsillo y abrió la tan ansiada salida. Fuera estaba lloviendo y hacía un viento que hacía tambalear a todas las palmeras.

-Hasta pronto, dearheart.

Prácticamente la echó de la casa, empujándola por la espalda. Cerró la puerta delante de sus propios morros y ella se quedó fuera, en la isla, sin ninguna comida ni medio de transporte. Otra jugarreta del tirano… Maldición. Llamó al portón con los puiños. Él no tardó en volver a abrir, su cabeza rubia se asomó al umbral donde Claire ya había quedado empapada.

-¿Si?

-¿Se puede saber cómo volveré a Washington?

Wesker dio una carcajada oscura, su juego había funcionado.

-Yo prometí que dejaría que te marchases, como lo harías no era asunto mío

Y así fue como la pequeña Redfield volvió bajo la protección del genocida más temido de la humanidad. Había jugado mentalmente con ella y la muy estúpida había caído de cuatro patas.

Y mejor no sigo porque se me ocurren ideas romanticonas para la continuación y paso de derramar miel de nuevo, suficiente habrá en las próximas entregas.

Att. Frozenheart7