Dark Temptation
Capítulo 11
Disclaimer: Resident evil y sus personajes no me perteneen.
Recomendaciones musicales:
Fly me to the Moon la cover de Olivia Ong
Agradecimientos: A todos los fickers que siguen leyendo, comentando y apoyando Dark Temptation. También, por supuesto, a mi maravillosa Beta Light of Moon 12.
Mansión
Cuando ya se había aseado, vestido y secado su melena, fue guiada por el riquísimo olor de algo cocinándose. Su humor había mejorado después de la ducha, pero sabiendo el día que le esperaba no quería hacerse muchas ilusiones.
¿Porque Wesker tenía que ser tan bueno… en todo?
Llevaba el pelo acomodado en una coleta baja, reposando en su hombro derecho. Vestía unos jeans de mezclilla y una camisa de color negro. Estaba empezando a usar la misma ropa que él, pero no quedaban más prendas coloridas así que le tocaba apechugar con lo que tenía. No se quejaría por su vestuario siendo presa de ese tirano jodidamente loco.
Obviamente, cuando abrió la puerta de la cocina, vio de espaldas a Wesker. Preparaba algo delicioso a juzgar por el aroma. En la encimera había chocolate y fresas. Ella se quedó en el borde de la puerta apoyada cruzada de brazos. Hasta por debajo de su camisa negra se podían ver sus músculos definidos. Transparentaba un poco… quizás lo había hecho intencionalmente. Cualquier cosa podría esperarse de él.
Le gustaba mostrarse dominante, tener todo bajo control, sentir el poder bajo la palma de su mano. Era de esa manera y nada podría cambiarlo. Cuando estaba de buenas no le disgustaba la actitud del rubio, hasta podía ser agradable. Al principio la convivencia había sido muy complicada, pero se estaba acostumbrando. No le quedaba nada mejor que hacer mientras su hermano o amigos no daban señales de vida.
La estarían buscando, eso seguro, y no se darían por vencidos.
-No conocía esta faceta tuya de acosadora, corazón.
La chica dio un brinco. ¿Sabía que estaba allí desde hacía unos minutos? Por supuesto, con el oído superhumano que tiene. ¿No podría haberle tocado un secuestrador normal? Pero eso no se elige, ni el ser secuestrada. Se hubiera dado una palmada en la cara.
Además, el acosador era él. Ella solo esperaba a que terminase de preparar el almuerzo. No tenía por qué ser una mirona por estar allí de pie. No supo qué contestarle, prefirió no decir nada y así no provocar ninguna segunda respuesta burlona por parte de Wesker. Pero siquiera hacía falta una contestación para que él siguiese el juego.
-Ven, no seas tímida.
Albert invocaba el espíritu flameante Redfield, saldría al acecho si seguía así. La pelirroja no tenía tanta paciencia y sabía que esos comentarios la hacían rabiar. Ella de mala gana dio unos pasos hasta ponerse a su lado, a una distancia prudente. A veces, por cómo le hablaba, parecía que estuviera charlando con una mascota o un perro, no con una persona normal y corriente. El rubio era muy raro, en todos los aspectos. Pero también tenía una faceta misteriosa, que le hacía querer descubrir cosas.
Observó lo que cocinaba, estaba friendo una masa hecha de huevo, harina, leche y azúcar. Debería tratarse de algún pastel o dulce. Era extraño verlo así, horneando pastelitos como una princesa. Se lo imaginó por un momento con delantal y dos trenzas rubias. Ahogó una risa, el hombre la miró de reojo detrás de sus gafas de sol.
-¿Que te hace tanta gracia, dearheart?
Ella negó con la cabeza y apoyó un brazo en la encimera de mármol. Mientras la mezcla se cocía, él le iba dando forma redonda. Tenía una pinta buenísima. Sacó el primero de todos y lo metió en un plato. Luego hizo el siguiente y después otro más. El resultado de su cocina fueron tres crepes bien definidas y con un sabor seguramente espectacular. Ella iba a meter mano en el plato, pero él se lo apartó.
Apagó el fuego y guardó la paella donde había cocinado. Se giró hacia la pelirroja, con el sirope de chocolate en las manos. La chica tragó saliva, iba a darle una de sus lecciones de habilidades talentosas que solo él poseía. Con mucha destreza, él puso la cantidad justa de chocolate en la masa frita. Luego cogió el tazón de fresas para cortarlas en trozos. Vio como la chica babeaba, era ser un poco cruel hacerla esperar. Le tendió una fresa entera. Ella le miró desconfiadamente, incrédula por si se trataba de una broma.
Él insistió de nuevo, ella decidió tomar la frutilla con los dedos. Él se la apartó, la chica hizo una mueca de fastidio. Ya sabía que nada bueno iba a salir de ese hombre. Él alzó la fruta y la aproximó a sus labios, si dejarle la opción de comérsela ella misma.
-Abre la boca.
La chica titubeó y accedió, se sintió como una niña pequeña por unos segundos. El sabor dulce de la fresa le invadió toda la boca. No se arrepintió de haber tenido que hacerle caso al tirano para poder comer un poco. Terminó de masticar el fruto y siguió mirando lo que hacía el hombre.
Con mucha habilidad, cortó rápidamente las fresas en muchos trozos. Las tiró por encima del chocolate, combinando el contraste de colores. La cocina era un arte y si se valoraban todos los campos -sean: la vista, el gusto, el olfato y el tacto- se potenciaban los resultados.
Por último, arrancó un par de hojas de menta de la plantita que estaba en la isla de la cocina. Las dejó encima del dulce con mucho cuidado y tendió el plato a la pelirroja. Abrió un cajón y le dio un cuchillo y un tenedor a la chica. Ella los aceptó, alucinada. El hombre se sentó en un taburete. Creía que Wesker le haría ser su chacha por un día, o su mascota, o algo peor. Pero resultaba no ser cierto. Era muy impredecible, cambiaba de actitud tan rápido que no te darías ni cuenta en la mayoría de los casos.
Ella se sintió mal al ver que él no probaba nada, sabía que al menos una comida al día debía cumplirla. Se sentó a su lado, en un taburete de la isla. Extrañamente se sentía mal por él. ¿Porque se tomaba esas molestias? Estaba tentada en darle las gracias o directamente un beso en la mejilla. Prefirió sacar otro par de cubiertos más del cajón que él había abierto antes y tenderlos para que los cogiera y compartieran el almuerzo. Él la miró, sorprendido. Se molestaba en ser amable incluso delante de su propio secuestrador ¡Que chica tan admirable! No esperaba menos de la reina de su futuro imperio.
Él le acarició la cabeza y aceptó los utensilios. La chica aún no se había acostumbrado a sus caricias en el pelo, en la mejilla… ¿Qué clase de secuestrador hacía eso? Quizás uno que se acordaba de cómo eran ambos en Raccoon City. ¿Podría alguien como él, conservar esas memorias dulces?
Comieron en silencio, Claire estaba incómoda mientras comían del mismo plato. En cambio, Albert estaba investigando cómo reaccionaba la chica frente a algún roce accidental.
-Sigue pendiente lo de enseñarme a cocinar. Quizás esta tarde…-Él la interrumpió.
-Tengo planes para esta tarde.
Por una vez que le preguntaba y pedía un favor y él le decía que estaba ocupado. Pues después de esto tendría que esperar para volver a escuchar una petición de la boca de la pelirroja. Se cruzó de brazos y lo miró con una mueca severa.
-¿Así? ¿Con quién?
No podía creerlo, la chica se estaba poniendo celosa, de ella misma de hecho. Él se rió, esa muchacha tendía a ser tan temperamental.
-Contigo.
A Claire se le cayó un balde de agua fría por encima y mostró cara de arrepentimiento. Eso le pasaba por sacar conclusiones tan apresuradas. Volvió a mirar al rubio cuando notó que había recuperado su color original.
-¿Y qué haremos?
Esa era la mejor parte. Ayer por la noche el tirano tuvo la mejor idea del mundo. Sabía que a la chica le daban miedo las alturas. Aún recordaba el primer día que estuvo aquí encerrada. Estaban en el balcón y él amenazó con tirarla. Esa vez ella se aferró a él como un gato que no quería bañarse. No podía decirle que fueran al balcón a repetir eso, pero tenía una excusa mejor. Irían a la laguna de nuevo, a la parte más profunda de las cuevas. Allí de noche se encendían unos focos que estaban dentro del agua y el paisaje era muy bonito. Había un acantilado natural, de unos 10 metros.
No quería perderse la oportunidad de ver a Claire aferrándose a él y con poca ropa. Y si estaba mojada mucho mejor. Además, a él los saltos de trampolín se le daban de maravilla, podría dejarla boquiabierta.
-Iremos a hacer clavados en la laguna subterránea.
La pelirroja palideció ¿Saltos? ¿Otra vez esa laguna? No gracias. Además eso implicaba ir en bikini o en poca ropa y no le apetecía nada mostrar su cuerpo al tirano, y menos sin depilarse antes. Wesker vio reflejado el temor en la cara de la menor Redfield, sonrió internamente.
-Yo… mejor me quedaré mirando.- "Qué contestación tan patética"- pensó ella.
Él negó con la cabeza mientras acortaba la distancia con la chiquilla. No ir o quedarse mirando no era una opción. Y menos teniendo una excusa para ver su cuerpo de musa griega en escasa ropa. Con tan solo pensar en esa piel, su pelo y sus curvas…
-Vendrás y punto.-Sonó un poco brusco, se retracto siendo más suave y tocándole la mejilla.-Venga, yo te enseñaré, será divertido.
Ella suspiró, tenía que seguirle el juego sí o sí. Estaba entre la espada y la pared. Solamente esperaba un bañador decente, no pedía nada más. Viendo su mala suerte, el tirano de seguro que jugaría con ella. Como no, ya se estaba acostumbrando. Hay cosas que nunca cambian.
-Supongo que no tengo otra opción. ¿Verdad?
-No, no la tienes.
¡Qué amable que es este hombre! Pensó la chiquilla. Le sonrió sarcásticamente y dejó los platos usados y sucios en la encimera, para lavarlos.
¡Odiaba a ese hombre! ¡Lo odiaba, joder! ¡Sabía que no le gustaban las alturas! Suspiró desanimada y sin decir nada más se fue de la estancia. El rubio se quedó allí plasmado, arreglando todo el material de cocina que había usado.
Ese día era el indicado, ya llevaba más de un mes de cautiverio y su carácter -pese a tener algunos cambios de humor por su culpa- se había endulzado un poco más.
Cuando estuvieran en la laguna, después de tirarse unas cuantas veces, él se lo diría. Le diría que la quería como diosa del nuevo mundo, que su lugar no podría ser substituido nunca por ninguna otra mujer.
La besaría y se tumbaría encima de ella, si se resistía le diría que le hiciese caso, que no le podía desobedecer. De todos modos, le convencería de acostarse con él por su propia voluntad. No quería que la chica se quedara rencorosa porque no sería la primera ni la última vez que eso sucedería. Pero estaba seguro que ella no rechistaría, sabía que la niña seguía teniendo los recuerdos de esa noche en Raccoon City donde casi se besaron.
Obtendría lo que quería y ella no se podrá negar.
Isla
Cuando ya se hacía de noche, él la pasó a buscar para partir a la laguna. Ella se había aseado bien y llevaba el pelo suelto.
Después de comer, Wesker le había entregado su traje de baño, si es que se podía llamar de esa manera. Era un bikini negro, los tirantes estaban hechos de pequeñas tiras de tela negra. No era el vestuario más apropiado para practicar saltos desde un lugar, por supuesto, alto.
Se lo había estado probando, mirándose en el espejo. Le quedaba bien, era su talla y todo eso. Su cuerpo era esbelto y no había grasa acumulada en su vientre, gracias a la rutina que solía hacer de entrenamientos. Hasta parecía una modelo. Hacía un contraste con su melena pelirroja. Durante estos meses de cautiverio se había acostumbrado a vestir con colores oscuros. No le extrañó que el color del bikini fuera ese.
No iría por la isla solamente en bañador, así que se volvió a poner los jeans de mezclilla y la camisa oscura.
Por suerte, cuando volvieron del laboratorio hace unos días, él le había dado un neceser con productos de higiene íntima. Entre el maquillaje y varias cosas más, había una cuchilla. El tema depilación ya estaba resuelto. No todo era malo.
¿Se estaba arreglando para él? No, lo hacía para sentirse más segura con su cuerpo… delante de él. A ver, lo que no podía permitirse era parecer una adolescente con hormonas disparatadas poniéndose guapa para su primera cita.
Pero el problema no era su cuerpo, el problema era Wesker. ¿Porque siempre la ponía en esos aprietos?
Para su gusto, enseñaría demasiado. ¡Era como ir en ropa interior! Y encima tendría que andar así delante de ese pervertido. Se moría de vergüenza con solo de pensarlo. Estaba segura que había elegido ese traje de baño a propósito. Sabía que cuando se girase, él le pegaría un par de miradas de arriba a abajo.
Caminaron unos 10 minutos. Él le estaba contando como de magnífica era la laguna de noche y en su parte más profunda. Ese día solo habían visto la parte externa, pero el lugar seguía más adentro. Hoy irían hasta el fondo de la caverna, donde se hallaba la parte más bonita.
Decía que había estalagmitas y estalactitas. En algunas paredes de la cueva había cuarzo de varios colores. Según él, eso debía ser una mina de minerales. La chica escuchaba fascinada a sus relatos. Se moría de ganas por ver el sitio.
Llegaron al hueco donde ese día él la tiró. Se apartó del borde para que no sucediera lo mismo, él le sonrió. Se arrodilló, poniendo sus manos por detrás de su espalda. La chica se quedó derecha, sin saber qué hacer. Llevaba una mochila con una toalla enorme para dos personas en la espalda y pensaba que era el burro de carga, pero ahora veía que el que cargaría con ella sería él.
-Venga sube. No tenemos toda la noche.
Ella con cuidado subió a su espalda. La levantó sin esfuerzo, pesaba como una pluma para él. Sintió como sus piernas se enredaban por su abdomen, ¡como amaba tenerla pegada a él! A Claire le vino el recuerdo de Chris, cuando de pequeño la llevaba a caballo de esa manera.
-Agárrate bien.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y se pegó un poco más a su cuerpo. Ver que no le costaba ningún esfuerzo físico el cargarla, le aliviaba. Apoyó su cabeza contra su espalda y cerró los ojos. Él dio un salto y aterrizó debajo del hoyo, en el césped, la única zona a la que daba el sol cuando era de día. Aprovechó para oler la chaqueta del hombre, olía tanto a él.
Corrió a una velocidad fugaz durante tres minutos hasta llegar a su destino. La pelirroja se preguntaba cuál era su límite físico. ¿Podría correr a esa velocidad durante horas con ella cargada en su espalda? Muy seguramente, la respuesta sería favorable.
La bajó y estiró los brazos. Claire se quedó fascinada con el lugar y dejó la mochila en el suelo. Hasta era mejor que su descripción de antes. En el fondo del estanque subterráneo había unas luces, contrastando lo cristalino del agua de la cueva. Se acercó a la orilla y se arrodilló. Mojó sus dedos, el agua estaba muy fría, ella siempre había sido muy sensible a las bajas temperaturas.
A un lado del lago, había una subida inclinada que terminaba en una especie de trampolín natural, hecho de rocas por la naturaleza propia. Era un lugar muy íntimo y cautivó todos los sentidos de la chica. Solo se escuchaba el sonido puntual de alguna gota de agua caer desde alguna estalactita o el techo mismo.
La cueva no estaba demasiado oscura, pero tenía un ambiente tenue y cálido. Caminó hasta llegar a una pared que estaba recubierta de cristales blancos que brillaban. Pasó su mano por ahí, sintiendo el tacto rugoso de la superficie. Terminaban en formas afiladas, como pirámides de cristal. Algunos eran translúcidos y otros tenían un tono más pastel, tirando a rosado.
-Sabía que te encantaría.
Giró su cabeza para ver que Wesker ya se había quitado toda su ropa e iba en bañador negro. Incluso no llevaba las gafas. Tenía los ojos azules, buena señal. Hizo un esfuerzo enorme para no mirarle las abdominales y la "V" que tenía en su pelvis. Desplegó la toalla en el suelo y agrupó toda su ropa a un lado. Se acercó peligrosamente a ella, por su espalda. Ella siguió mirando las piedras semipreciosas. El rubio cogió una de las más grandes, en forma triangular alargada que sobresalía de la pared. Con solo girar un poco la mano hacía abajo, pudo separar esa parte de mineral de la pared. Se la dio a Claire, para que lo observara de cerca y se lo pudiese quedar.
-¿Está bien si me lo quedo?
La piedra rosada daba un brillo blanco cuando la guiaba a la luz, como la caña de azúcar de la otra vez. Pero no se trataba de un mineral cualquiera y Wesker lo sabía, lo había hecho a propósito también. Cuando se trataba de Claire, todo lo que hacía era porque tenía un motivo oculto.
-Es cuarzo rosa, los indios creían que atraía el buen amor.- Luego contestó a su pregunta.- No te preocupes que esta cueva no es de nadie.
La chica miró la pequeña joya que tenía en mano. Ocupaba casi toda su palma y era preciosa. Se la guardó en el bolsillo de los pantalones. Pensaba en las palabras de "atraer el amor", ¿había sido una indirecta?
Se estaba quedando sin estrategia para retrasar lo inevitable, tener que tirarse desde 10 metros. El rubio podría mandarle hacer cualquier cosa hasta las doce de la noche. Quedaban tres horas que ocupar y ya se había quedado sin ideas.
-¿A qué esperas?
La chica titubeó y se mordió las uñas de la mano derecha, mientras que trazaba pequeños círculos en la arena usando sus pies. Notaba como se ponía roja, no quería quitarse la ropa delante de él. Fue hacía el estanque y se sentó de rodillas, mojando su mano una vez más. Exageró un poco para ponerse a discutir con Albert.
-Está helada.
Él se sentó a su lado también. Puso su mano dentro del agua cristalina, no estaba tan fría como decía. Sabía lo que le pasaba a la pelirroja y no iba a consentir que le hiciese perder tiempo de esa manera.
-No está tan fría, además…-Hizo una pausa y le sonrió.- con los focos abiertos, de aquí a un rato el agua estará más caliente.
¡Cierto! Con la luz de las bombetas iría subiendo la temperatura. Quizás solo hacía poco que se habían activado y por eso no estaba tibia. Pero eso no le quitaba el otro problema. Tendría que aguantarse, el rubio sería capaz de quitarle la ropa él mismo. Dudaba en sacarse la camiseta, él la miraba atentamente. Estaba tentada a decirle que se girase, pero no serviría, la vería tarde o temprano.
-¿A qué esperas? ¿A que haga un Striptease?
El rubio sonrió ante la broma de la pelirroja, ojalá hubiese sido una proposición real. Su turno de hacerla poner nerviosa. ¿Porque no podía quitarse la ropa ya? ¿Cuál era la razón para la inseguridad de Claire? ¿Era porque él estaba allí?
-Eso no suena nada mal.
Volvió a acortar las distancias con la chica, que hacía un esfuerzo para no dar un paso atrás. Quizás se había pasado con el comentario de antes, ahora lo había provocado. ¡Mierda! El hombre agarró el borde de la camisa negra de la chica y desabrochó el primer botón mientras la miraba en los ojos, consumiéndola. De seguro que ella no aguantaría la presión demasiado tiempo más.
Claire miró al hombre delante de ella. Tan atlético, culto y bastante irresistible. No podía pensar en eso, no debía. Chris la mataría si se enterase de lo que acababa de pasar por su traviesa mente. ¡Tenía que odiarlo! ¡No podía cogerle cariño a ese genocida! Temía que ya era demasiado tarde.
Antes de que pudiera quitar el segundo botón, ella cedió.
-¡Vale! Ya me las quito, pero no metas mano.
Rápidamente se quitó los pantalones y la camisa, quedándose con el bikini negro solamente. Él sonrió satisfecho mientras notaba la inseguridad de su hermosa cautiva, intentando cubrir su cuerpo con ambos brazos. La agarró de la mano y la arrastró hacia el acantilado. Ella lo siguió de malas ganas, con solo ver la altura considerable que había a medida que subían ya le temblaban las piernas. Desde la distancia pudo ver todo el lugar, parecía sacado de un cuento de hadas. El agua era tan limpia que se veía con claridad el fondo del estanque, y eso que debía haber 2 metros de agua por lo menos.
Llegaron a la cima y él le enseñó la caída, haciendo abrir los ojos como naranjas a la pelirroja. No se aproximó al borde para evitar que él la pudiera empujar. Él sabía que era capaz y ella también. Se retiró un par de pasos y miró al hombre, cruzándose de brazos para cubrir un poco su cuerpo.
-¿Y como se supone que debo saltar desde aquí?
Él le hizo tomar asiento a un lado para que no se mareara y pudiera caer al vacío. Era tan gafe que sería capaz de que le sucediera alguna cosa así. Ella agradeció poder tocar el suelo con el trasero.
-Déjame que te enseñe como lo hace un profesional.
Di tres pasos hacia atrás, cogió carrerilla y se tiró al agua. Antes de caer dio una voltereta al aire y entró en el lago totalmente recto y sin salpicar siquiera. La chica se asomó al borde, apoyando sus brazos justo donde terminaban las rocas para ver mejor el salto.
-Será presumido…
Obviamente, él tenía que lucirse delante de ella, como hacía con todo. Después de unos segundos, no vio a Wesker saliendo del agua. Hizo una mueca de preocupación, no se veía por ninguna parte. Estaba a punto de gritar su nombre porque estaba inquieta.
-Te he oído Claire.
La chica puso cara de susto y dio un grito que resonó por toda la cueva cuando se lo encontró detrás de ella, empapado. No lo había visto salir del agua ni subir hasta allí. ¿Había ido tan rápido? ¿cómo era posible que hubiese escuchado su comentario? si justo en ese momento estaba en el agua… Se quedó callada y se levantó, vigilando cada movimiento del hombre. Él se acercó hasta tenerla al frente y la hizo girar mirando a la caída. La empujó por la espalda para que se acercarse más al borde, ella intentó alejarse, pero él estaba detrás de ella y no podía retroceder.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡No pienso tirarme!
Él la agarró por la cintura y puso su cabeza apoyada en su hombro, hablándole justo en el oído. No se podía concentrar porque notaba sus dos manos tocando su cintura, estaban calientes pese a encontrarse mojadas.
-He decidido darte la oportunidad de presumir tú también… Va, es tu turno...presumida.
La chica tragó saliva y se maldijo a sí misma, por hablar demasiado y no ir con cuidado. Recordó el salto de su secuestrador, era estiloso y fino, lo contrario de lo que sería el suyo. Intentó imitar la pose de las manos que hizo él. El hombre le dejó espacio para que se pudiera desenvolver a su aire. La repasó de arriba a abajo mientras no miraba, ahora estaría distraída un rato.
Tenía un cuerpo equilibrado y de infarto. Piernas delgadas pero con carne, no como esos palillos que andaban por las calles. No quería ser maleducado, pero su trasero era tremendo. Su cintura era finísima y delgada, la podía cubrir de sobras con las dos palmas de sus grandes manos. Y por último su pelo, largo y que suelto le llegaba casi hasta el ombligo.
Vio que ponía los brazos de forma errónea para tirarse. Con mucho gusto le corregiría la pose. Se volvió a acercar y le bajó los brazos. Hizo que se girara para encararse.
-Los brazos relajados.
Si, como si eso fuera posible, tenía que tirarse desde allí y se relajaría. Ese hombre estaba borracho si pensaba que lo haría bien. Vio como aún hacía mal el gesto de los brazos. Se los tomó y los acarició para que no estuviera tensa. Eso hizo justo el efecto contrario, se puso más nerviosa.
La quiso llevar de nuevo hacia el borde pero ella no quiso.
-Venga, es fácil, déjate llevar. Prometo no tirarte hasta que sepas hacerlo bien.
Ella cedió y decidió confiar en Wesker. La colocó con los dedos de los pies saliendo del borde, como si se fuera a caer. Ella se tambaleó con solo ver las vistas, el rubio aumentó su agarre, proporcionándole una sensación de falsa seguridad. Él la agarró por la espalda y la hizo ponerse firme y recta. Con la excusa le pasó las manos por el cuerpo, corrigiendo la pose de la niña.
Claire respiraba entrecortadamente, el tacto del hombre rubio estaba haciéndola enloquecer. Era suave pero firme, como sus manos fuertes. Le creaba una sensación de calidez y cosquilleo por allá donde sus manos vagaban. La piel se le enchinaba con un solo roce y sentía que estaba cayendo en tentación.
Albert observó divertido como la chica estaba nerviosa. Tenía los pelos de punta por donde él la tocaba. Estaba imaginando que otro efecto tendría si la tocaba en alguna parte un poco más íntima. Ya lo experimentaría después.
-Eso es. Ahora déjate caer.
Se apartó de su cuerpo, dejando un enorme vacío emocional dentro de la pelirroja. Se estaba volviendo adicta a su toque. Con solo una pequeña dosis le bastaba para hacerla pensar en él durante horas. Era el momento de tirarse, no podía ni quería. Miró abajo, demasiada altura, se giró para correr hacia abajo, pero se topó con el rubio que la miraba atentamente. Se abrazó a él con urgencia hundiendo su rostro en la piel de sus pectorales.
-¡Me da miedo!
Su estrategia funcionó, estaba pasando lo mismo que pasó en el balcón de la mansión. Además, tocarla de esa manera había incitado las ganas de la pelirroja para acercarse a él. Se rió un poco, ella le miró interrogante.
-Venga Claire, no hay ningún cocodrilo que te vaya a comer...
Se sintió incómoda y como una niña pequeña. Esas eran dos sensaciones que él le acostumbra a provocar. Intentó romper el hielo porque se sentía sin excusa como para abrazarlo. Se separó, sin dejar de tocarlo con las manos y bromeó:
-Bueno estás tú, que es lo mismo.
Él alzó las cejas y sonrió maliciosamente, la chica retrocedió. Le había vuelto a provocar. Él tiró unos pasos atrás y se preparó para saltar y cogerla para que cayera con él. La niña puso cara de terror cuando vio sus intenciones. No había marcha atrás.
-Te lo has ganado a pulso.
-¡Ni se te ocurra!
Corrió y la cogió en brazos mientras lo hacía. La chica se agarró con fuerza a su espalda como pudo. Cerró los ojos muy fuerte para no mirar su destino. Sintió el viento mientras caían. Luego vino el agua ya no tan fría como recordaba. Pensaba que el rubio no sería capaz de tirarse con ella. Otro error, ese hombre estaba loco, no lo podía haber subestimado tan deprisa.
Salieron de agua tan rápido como entraron. La chica llevaba los pelos mojados por la cara, por lo que Albert no pudo ver su expresión de enfado. Amaba que ella lo regañase. Pero no podía resistirse a provocarla un poco. Decían que los hombres que hacían reír enamoraban, ¿no?
La chica no se soltó de él, ni siquiera podía. La tenía alzada, con sus brazos debajo de su trasero. No se notaba la diferencia de altura, estaban cara a cara. Respiró profundo por no darle una paliza allí mismo. Se apartó el pelo de la cara y cuando lo tuvo acomodado como siempre le gritó:
-¿¡En qué demonios pensabas!?
En el fondo le divirtió el acto espontáneo. Terminó sin poder disimularlo y se rió. Apoyó su cabeza en su hombro para que no viese su reacción. Cuando se dio cuenta de que estaba abrazándolo, su risa cesó. Notó como el tirano la sujetaba por debajo de sus glúteos con solo un brazo y con su otra mano le acariciaba la espalda. Se quedaron en silencio los dos. La chica no sabía qué decir, solamente tenía la respiración más agitada de lo normal. Por culpa de la adrenalina de sus caricias. ¿Cuando había pasado a ese extremo? Le gustaba abrazarse a él, una extraña sensación de confort la invadía cada vez que se tocaban.
¿Era el famoso síndrome de Estocolmo? ¿O era porque esa vez que los guardias intentaron abusar de ella, él la abrazó y la consoló? Quizás solo se trataba de una sensación inducida por un recuerdo. No sabía la razón, pero ella sentía cierto cariño por Wesker.
Supongo que no pudo olvidar lo que pasó en Raccoon City, ese verano de 1997. Donde todo andaba normal y el bioterrorismo solo era un argumento en películas de ciencia ficción. No podía negar lo que su corazón sentía. Sus latidos se aceleraban cada vez que él aparecía y un cosquilleo era transmitido con cada caricia que le daba.
¿Podría ser que el viejo capitán de los STARS no hubiera desaparecido del todo? ¿Acaso el infectarse cambió algo? Seguía siendo el mismo hombre, pero con diferentes intereses.
Quería saber si en realidad él la había secuestrado para ganarse su afecto. ¿Qué más podría ser entonces? Era el momento indicado de confirmar sus sospechas, de saber si Albert Wesker, pese a tener el virus en su sangre, había cambiado sus sentimientos.
Después de pensarlo mil veces, la pelirroja finalmente se animó a preguntar sobre una duda que le había carcomido las entrañas por años:
-¿Porque me llamas Dearheart?- Dijo con voz más baja de la normal.
Él sonrió, no sabía si con sarcasmo o espontaneidad, simplemente como siempre lo había hecho, y con voz ronca respondió:
-Porque posees el corazón que más deseo.
Así que era verdad. Él estaba "enamorado" de ella. Dejó de apoyar su cabeza encima de su hombro y sus manos pasaron a su cuello, rodeándolo.
Quería dejarse llevar, recuperar el hombre que de adolescente había estado encaprichada. Volver a escuchar sus comentarios sarcásticos y bromas verdes. Comprobar que era el mejor usando el doble sentido en la mayoría de sus frases. Tocar el piano junto a él hasta la madrugada. Sentía ganas de besarlo.
En ese momento no pensó en Chris, Piers o el resto de sus amigos. Estaban solo ellos dos, nadie más. No tendrían que saberlo nunca. Ya rozaba los dos meses de cautiva y nadie había venido. Descubrió que estar de su parte había sido mucho más provechoso de lo que pensaba. Y no le había salido nada mal el no resistirse e insultar.
Se encaró con el tirano, ¿pasaría algo si decidía besarle? Miró a sus ojos azules, probando descifrar que pensaba. Se acercó a sus labios, cerrando los ojos en el acto.
Por su parte, el tirano celebraba el triunfo para sus adentros. Esos labios que durante años había ambicionado, casi tanto como su sed de poder, ahora lo estaban invitando a que los probase. La tenía allí, a su merced. Pensaba que sería más difícil enamorada, pero Claire era una persona sentimental. Ella se dejaba llevar por los recuerdos y sentimientos, era lógico que no se pudiera resistir a él.
Él terminó de acercarse y la besó como si no hubiera un mañana. Tomándose su tiempo para saborear el dulce elixir de sus labios de cereza. Ella le tocó una de las mejillas mientras con la otra mano le acariciaba su cuello. Él tocó su pelo mientras mezclaba su lengua con la suya. Como un baile de una pareja, se fusionaron en un dulce y apasionado beso.
Fin del onceavo capítulo.
¡Por fin se han besado! Ya no podían resistir más la tensión sexual. En el próximo ya hay lemmon *baila*.
Respuesta a los Reviews:
Elizabeth Albertnathy: ¡Hola querida! Gracias por comentar cada episodio, eso lo aprecio mucho. Los Flashbacks son bastante buenos, siempre son escenas divertidas que se me ocurren cargadas de romance, digamos que aprovecho el pasado de los personajes para hacer escenas que no giren entorno al bioterrorismo y a la traición del ex capitán de los STARS.
¿Cosplay de Wesker a tu novio? No estás loca! Yo también se lo pediría! Una vez le pedí a mi ya ex novio que se pusiera una camisa negra (como las que lleva Albert en RE4 en los mercenarios) y me dijo que no le gustaban las camisas… Nadie está a la altura del gran Albert Wesker.
¿Un beso en el pasado? Mujer, creo que leerme te está haciendo adivina, pero no fue un beso, fue… Bueno, ya lo verás en el próximo capítulo, que es justamente cuando hay el Flashback.
Si, aconsejo hacer lo de escribir con antelación. Un foro de fanfickers lo recomendaba y yo lo hice. Ya tengo escrito hasta el capítulo 22 (casi el final del fic) y me va muy bien para poder compaginar los hobbies que más quiero y los estudios. Así no debes preocuparte por actualizar y puedes escribir cuando tu musa vuelve de las vacaciones.
Paola Watson (Guest): Mujer, usted deja reviews muy extraños y golosos *ríe* me recuerdas a mí. ¿Eres una de las que reclama Lemmon Weskerfield en Mala Sangre? Me uno a tu causa y mi hermana GeishaPax dijo que también. Debemos stalkear a Light of Moon 12 para conseguirlo. Lo único que sé es que habrá Weskefield seguro, necesitamos conseguir que escriba lemmon. Irene hará la campaña en su fic del reto de la guerra del foro FF: DSTLO.
Si, en el siguiente capítulo ya es el lemmon, agarra pañuelos para el sangrado de nariz. Y es cierto, Claire es solo de Albert aunque él se pueda llevar a cualquiera a la cama.
GeishaPax: ¡Debemos hacer complot con Paola para que Ana ponga Lemmon Weskerrfield en Mala Sangre! En el siguiente tendremos lemmon vicioso (y no es ese de los hielos que te pedí ayuda, es otro inédito para ti).
Jill y Sheva amiguitas… Pues hueles bien, hueles bien. Joderé a Leon con mucho gusto, ya sabes que las hermanas malvadas amamos hacerlo sufrir, como tú en FITY.
¿Cómo puedes irte a dormir tan tarde y no tener ojeras? Yo durmiendo 8 horas parezco un fantasma.
James Anderson: A parte del Flashback del capítulo siguiente solo habrá otro más y en este caso será diferente, nos contará la relación de Piers y Claire. Pero eso en otro capítulo será. Creo que profundizar en el origen de los hechos está bien.
Suzukimademoiselle: ¡Me alegro que te haya gustado! En este ha habido romance, lo siguiente será el lemmon salvaje.
Att. Frozenheart7
