Dark Temptation
Capítulo 12
Disclaimer: Resident evil y sus personajes no me pertenecen.
Agradecimientos: A mi maravillosa beta, ¡como la amo!
Advertencia: Contenido Lemmon, si te incomoda sáltate la última parte del capítulo. Paola, agarra pañuelos para tu sangrado de nariz.
Recomendaciones musicales:
Unintended de Muse
Pasión de Sarah Brightman y Fernando Lima (Recomendada por SuzukiMademoiselle)
Ven de Tommy Torres y Gaby Moreno (También recomendada por Suzuki)
Bar de J
Era su último día de trabajo en el Bar de J. Su contrato ya expiraba mañana y estaba feliz por poder descansar bien las siguientes noches. Solo tendría un fin de semana antes de que empezara la universidad y pensaba aprovecharlo durmiendo.
Extrañaría Raccoon City y el verano, no lo negaría. Sirvió un café con leche a un cliente de la barra y volvió a la cocina a decirles a los cocineros los pedidos de las mesas para cenar.
Eran las diez y los clientes ya no pedían tantos menús de comida y ya venían más hombres y algún grupo de mujeres a tomar algunas copas. Aprovechó y le dijo a Cindy que iría un momento al baño, que la cubriese en la barra. Su amiga del mismo curso accedió y le dijo que no se preocupara.
Cuando la pelirroja entró al baño, la campanilla de la puerta sonó, anunciando la entrada de un nuevo cliente. La rubia se puso detrás de la barra y recibió al cliente que era ni más ni menos: Albert Wesker.
Vino antes del turno de noche para tomarse un café, quería ver a la chica por última vez. Sabía que difícilmente se volverían a encontrar hasta el verano que viene. Desde que la conoció, sintió mucha curiosidad, pero algo enfermizo. Le cautivó con su mirada azul y su melena pelirroja. Su madurez y fortaleza, tanto emocional como psíquica.
Buscó a la pelirroja con la mirada y vio que no estaba, sabía que trabajaba, debía estar tirando la basura o en la cocina. Se sentó en el taburete de la barra, esperándola. Vio a la camarera amiga de la hermana pequeña de Chris. No pudo evitar preguntarle por la pelirroja. Esta se agitó y se fue corriendo al baño, diciendo que la traería.
Fue al tocador y se tomó su tiempo limpiándose las manos y aseándose. De repente entró su amiga, muy nerviosa.
-Toca antes de entrar, ¿quieres?- Dijo Claire sin apartar la mirada del espejo.
La chica estaba sonriendo de lado a lado y parecía muy emocionada. Su amiga era así, inmadura y con solo un detalle de nada la hacías feliz. Ojalá ella pudiera ser como Lennox a veces.
-¡El madurito está en la barra y ha preguntado por tí!
Redfield se sonrojó, no era un madurito. Quizás rozaba los treinta años, pero no era para tanto. Exagerar era una especialidad de su compañera de trabajo. Se giró y puso cara seria, intentando serenarse.
-Cindy, no es un madurito.
La chica rubia se cruzó de brazos y suspiró. ¿Porque no dejaba de negar lo obvio?
-Claire, he visto como lo miras. Y como te mira él a ti. Deja de negar que no hay nada entre vosotros. ¿Es emocionante salir con el capitán de un equipo de policías macizorros? Debe tener una tableta de muerte… Y debe ser bueno en la cama… Espera, por favor dime que sigues virgen. ¡Tu hermano te matará si se entera!
La pelirroja no podía hacer callar a la chica, esta parecía que hablaba para sí misma. No la estaba escuchando y se estaba equivocando en todo. Acostumbraba a pensar en posibles fantasías y hablar más de la cuenta. Lo peor era que enseguida alzaba la voz y se ponía a hacer un escándalo. Esperaba que no metiera la pata delante de Albert.
-¡Cindy, para! No hay nada entre nosotros. Deja de montarte paranoias. Y además, ¿tú que sabes si soy virgen o no?
-Lo sé con la mirada. Incluso con los clientes.-Claire alzó las cejas.-¡Te lo digo enserio!
Se volvió a mirar al espejo, arreglándose los mechones de su flequillo rebelde. ¿No podían mantenerse quietos detrás de su oreja?
-Ya, vale.
Cogió un pasador y los abrochó discretamente sin que se viera. Quedó satisfecha con el resultado, se ajustó los zapatos de tacón y se arregló el escote para que se viera más esbelto. Su amiga observaba como la chica -más pequeña que ella por tan solo 13 días- se arreglaba. ¡Seguro que lo hacía por el capitán de los STARS! No importaba que lo negase, ella la había pillado embobada mirándole alguna vez. Sabía que estaba coladita por él.
-¡Te está esperando, debes ir!
La camarera rubia la empujó fuera del cuarto del baño. Impactó contra la esquina de la barra mientras coquetamente su amiga salía con elegancia. Esa Cindy… Se quitó el polvo de la falda y observó con recelo mientras la chica contoneaba sus piernas por delante de algunos clientes del bar. ¡Ojalá ella también pudiera andar de esa manera!
La chica pelirroja hizo su marcha hacia la barra. Era tal y como decía su amiga, él la estaba esperando casi cada día allí. Cuando pasó por una mesa, sintió como detrás de ella un cubierto se caía al suelo. A uno de los clientes más habituales se le había resbalado la cuchara de la mano y había terminado en el suelo. Ella se agachó para cogerla y le dijo que le traería otra.
Wesker echó su mirada en esos tipos. Eran unos moteros de unos 40 años, demasiado maduros para la pelirroja. Vio como habían tirado el cubierto al suelo intencionalmente y disfrutaron de las vistas del trasero de la pelirroja mientras se agachaba. Le hirvió la sangre. Cindy, que también había visto la escena, negó con la cabeza.
-Esos tíos son unos guarros.- Comentó hablándole al capitán.
Este no le contestó, simplemente asintió con la cabeza y se concentró en no perder los nervios. Odiaba a los que tocaban a su preciosa pelirroja. Les partiría la cara si pudiera. Deprisa, observó como la chica iba a cocina y al momento regresaba con una cuchara limpia para sus clientes.
Volvió a la barra y saludó al capitán del escuadrón de su hermano. Vio como Cindy la miraba por el rabillo del ojo mientras hablaban, Claire la ignoró.
-Un café solo.
Mientras ella lo preparaba, la rubia universitaria se metió en medio de la conversación.
-Nuestro último día de trabajo. Nos iremos a la universidad e iremos a fiestas. ¿Sabe? ella tiene mucho éxito con los chic…
La chica calló de inmediato, la pelirroja le había dado un pisotón en el pie que la dejó frita. La rubia hizo una mueca de dolor, se lo tenía merecido. La menor Redfield fingió preocupación mientras su amiga saltaba con un pie. La pelirroja tenía la fuerza de tres caballos juntos.
-Cindy, ¿te has hecho daño? ¿No crees que sería mejor ir a curarte con una friega de Voltaren? Hay en el botiquín del baño, anda.- Dijo con falsa preocupación y una risa forzada.
Fue su turno de empujar a la camarera. Esta fue corriendo como pudo al baño, no sin darle una mirada de reproche antes de irse. Wesker obtuvo su café recién hecho. Se rió internamente, sabía que la amiga de la fémina era muy escandalosa y cotilla. En su parte se lo tenía ganado.
La chica respiró con tranquilidad cuando Cindy se fue. Ya estaba metiendo cucharada en asuntos que no le importaban. ¿Estaba intentando crear celos a Wesker? Se apoyó con los codos en la barra y sonrió de modo coqueto. Debajo de la barra se podía ver como movía los pies nerviosamente. Aparentaba tranquilidad, pero su corazón iba a mil cuando el rubio entraba por la puerta.
-Discúlpala, es muy despistada.
Sabía que él se había dado cuenta del pisotón monumental que le había dado a Lennox, pero le seguiría el rollo. Estaba a punto de iniciar una conversación con el hombre cuando el grupo de moteros fue hacia donde estaban. Eran los mismos que habían "tirado" la cuchara al suelo. Ella se volvió a poner firme y esperó a lo que necesitaban.
-¿Nos cobras? Invito yo.- Dijo el más grande.
"Mierda, Cindy es la que cobra a los clientes. Bueno, me las apañaré."
Se excusó delante de Wesker y fue hacía la caja, que estaba a medio metro de allí. No tuvo ningún problema con las cuentas.Ese grupo de clientes eran los típicos moteros, venían cada noche de los fines de semana. Eran problemáticos, más de una vez el jefe los había tenido que echar del local. Hoy iban borrachos también, no era ninguna excepción. Mientras pagasen el consumo y se fueran sin crear alboroto, le bastaba.
Los 4 otros salieron fuera del bar mientras él más grande se quedó para pagar.
-Son 5 dólares. ¿Efectivo o tarjeta?
"Caray, suenas profesional y todo, Claire."
Rió internamente mientras esperaba al hombre motero, que sacaba la billetera. Le tendió varios billetes para que le diera el cambio. Ella los tomó y con la caja registradora calculó lo que le debía. Cogió el billete de $5 y se lo tendió, ofreciéndole una sonrisa.
Albert miró como el hombre sacaba una navaja con la otra mano, de modo que la pelirroja desde detrás de la barra no lo vio. El capitán de los STARS se levantó guiado por un impulso, la chica corría peligro.
El motero con un movimiento rápido, le tomó de la muñeca que tenía el cambio y la jalo, empotrando a la niña contra la parte trasera de la barra. Luchó por no jadear de dolor, se había dado con la cornisura contra las costillas. Otro impulso nervioso y violento por parte de un borracho, ya estaba acostumbrada a eso. Pero esta vez era diferente.
-Suélteme por favor.
Lo pidió con educación, pero el temor estaba grabado en su voz y ojos azules. Él puso una navaja en el cuello y acercó su rostro al de ella. La chica se quedó en shock, no se esperaba eso.
-Ahora vendrás conmigo al callejón y nos lo pasaremos bien.
De repente, el hombre fue derribado por Wesker. La chica salió pitando de detrás de la barra para ver el escándalo. Justo en ese momento Cindy salió del baño, viendo toda la escena. El madurito había protegido a la pelirroja cuando el borracho la intentó lastimar.
Se estaban peleando los dos en el suelo. El cliente con la navaja le desgarró la camisa por la espalda, dejándole una gran rajada. El rubio le agarró por los brazos y lo pudo inmovilizar, pero este le consiguió cortar en la mejilla.
Obviamente, el capitán llevaba mucha ventaja sobre el motero. Este iba ebrio y tenía más fuerza, pero Albert era un policía experimentado y lo pudo reducir en cuestión de segundos. Lo levantó del suelo y se lo llevó fuera. La camarera rubia fue a abrazar a Redfield, que seguía en shock. Ella solo podía pensar en su héroe, con la rapidez y los reflejos que había actuado. No debía emocionarse, solo estaba haciendo su trabajo fuera de horas.
El jefe salió de la cocina al oír el alboroto que se había formado. Vio como su dependienta abrazaba a la hermana de Chris. Le preguntó qué pasó a la rubia, esta le respondió agitada lo que había sucedido pasados unos segundos.
El capitán de los STARS entró de nuevo, sacudiendo el polvo de sus pantalones. La chica fue hacia a él, respiraba agitado. Le había costado lo suyo echar a los 5 tipos que esperaban en la calle. También había llamado a una patrulla para que los detuviese y dio sus descripciones físicas.
-¿Estás bien?
Con el índice la chica le acarició el corte en su mejilla. Él hizo una mueca de dolor. Sintió unas cosquillas en el pecho al ver que ella estaba preocupada. Él se hizo el macho, no podía quejarse por una pequeña raspadita del filo de una navaja.
-Solo ha sido un rasguño.
-De todas formas, déjame limpiarlo.
El jefe le dio permiso a la pelirroja para ausentarse. Cindy le guiñó un ojo. Claire rezó para que Wesker no lo hubiera visto, pero como que llevaba las gafas de sol puestas no podía saber hacia dónde miraba en ese instante.
La chica lo tomó del brazo y se lo llevó al baño para los trabajadores, donde había el botiquín. Le hizo sentar en el WC, él no rechistó. Vio como la pelirroja sacaba el pequeño neceser con alcohol, desinfectante y algodón para curarle. Ella se sentó frente a él y mojó la gasa con el desinfectante. Le tomó de la babilla y le limpió la sangre que salía. Era cuidadosa, a toques suaves y siempre procurando de no hacerle daño.
La chica quiso ponerle una tirita, pero él se la arrebató de la mano.
-No te preocupes, Claire.
A la chica le recorrió un escalofrío por la espalda al escuchar su nombre de los labios del rubio. Este le quitó el botiquín con las medicinas de las manos y lo guardó en el armario de nuevo. Ella estaba apoyada en la pared, muy incómoda y nerviosa.
Albert se acercó a su musa y la acorraló con sus manos en la pared. Le tocó la mejilla al ver que ella se sonrojaba al tenerle cerca. La tomó de la barbilla y le elevó el rostro, guiándolo hacia sus labios.
Y justo en ese momento, la radio de Wesker sonó por la línea de emergencias.
-Aquí la patrulla K-34, tenemos un accidente en la Ronda Venus. Se requiere apoyo, es urgente.
Claire abrió los ojos decepcionada frente a esa interrupción. Albert guardó la radio en su bolsillo y sacó sus manos de la pared, dejándole espacio.
-Me necesitan.- Ella le miró con ojos de cachorro.-Te prometo que nos volveremos a ver.
Se acercó de nuevo y esta vez le dio un beso muy cercano a la comisura de sus labios. Se fue rápidamente, el deber era lo primero. La chica se quedó en shock, casi temblando. Todo lo que había soñado hacía tiempo se había estado a punto de cumplir.
¡Maldita radio, walkie-talkie o lo que fuera! ¡Todo por culpa del condenado aparato! Se habían estado a punto de besar. ¿Eso quería decir que a él también le gustaba? ¿Sus sentimientos eran correspondidos? ¿O solo sería una presa que terminaría con el corazón roto? Esto último lo dudaba, él era siempre tan frío.
Le quedó su tacto grabado en la piel, haciéndole hormigueos donde la había besado. Estaba tontamente colada por el capitán de su hermano. Y él quizás se había encaprichado de ella.
Entró Cindy, mirando curiosamente. Claire estaba embobada, mirando a la pared. Tenía su mano sobre su mejilla y estaba roja, parecía feliz.
Laguna
El tirano la sacó del agua, tomándola por debajo de sus glúteos. La tumbó encima de la toalla y luego él la aprisionó, tumbándose encima de ella. Observó sus orbes azules, llenos de curiosidad y a la vez temor.
Claire quería besarle, pero no esperaba llegar tan lejos hasta el extremo de pasar toda la noche con su captor. ¿Pero que se podía esperar de él? En el fondo había sabido siempre que su propósito muy seguramente era ese.
Wesker la besó de nuevo, mezclando su lengua con la suya. La chica jadeó y le apartó su rostro, dejando de tocarse. Aprovechó para observar a su cautiva. Su melena roja estaba esparcida por el césped y las rocas, haciendo un gran contraste con la naturaleza. Sus orbes azules como el hielo brillaban al mirarlo y sus labios le tentaban a besarla de nuevo. Parecía pensativa y preocupada.
No lo había pensado bien quizás. ¿Qué pensaría Chris si la viera así? Solo había sido un impulso besarle, él la había encantado con sus palabras dulces. No podía dejarse llevar, luego lo lamentaría. ¿Estaba cometiendo un error? En realidad, ¿acaso tenía elección y podía negarse?
Pero por otra parte, estaban los dos mojados y casi desnudos. Y se sentía profundamente atraída por él.
Estaba en un conflicto interno.
-¿Tienes miedo? Porque esta expresión tuya de inocencia me excita mucho.
Esta vez le lamió el cuello como el depredador que era. Dejó su rastro de saliva por todo el largo y ella se retorció al sentir esa humedad. Le dejó varios besos rápidos sobre su clavícula y mandíbula. Su piel se enchinaba, volviéndose mucho más sensible al tacto. Desde siempre había tenido esa debilidad.
Le hacía enloquecer con sus caricias insanas y sensuales, pero seguía pensando. No podía evitarlo, sería una traidora. No podía permitirse el lujo de acostarse con Albert Wesker, el bioterrorista más buscado del mundo.
-¿Y mi familia?- Dijo ella en un susurro.
Él pasó sus besos de su hombro a su oído, lamiendo el contorno de la oreja. Se detuvo por un momento para contestarle susurrando seductoramente la proposición que desde siempre había deseado preguntarle:
-Puedes formar una nueva familia. Conmigo.
Le atrapó el lóbulo con sus labios y lo mordisqueó, haciéndola estremecer. Sabía que quizás le venía de nuevo a la niña, pero sabía que desde pequeña le encantaban los críos. No se podría negar aunque no le diera una contestación. Sabía que ella si se quedase embarazada no abortaría.
¿Formar una nueva familia con él? Se refería a tener hijos. Ella siempre había querido ser madre de una familia numerosa. Él le estaba ofreciendo esa oportunidad, pero… ¿y qué pasaría con Piers? ¿Acaso con él no podría montar una familia también? ¿Pero qué importaba? ¿Acaso los otros decidían sobre ella?
Ya llevaba bastante tiempo allí y las esperanzas se habían estado agotando. No había ninguna señal de Chris, no sabía ni si estaba vivo. Se había quedado inconsciente antes de que se retiraran de la fiesta. No tenía ni idea de lo que podría haber sucedido.
No le dijo que no ni que sí. Él le decía que se pasaría toda su vida con él y que no lograría escapar de sus garras. Entonces si así era quería tener la experiencia de criar a sus propios hijos. El problema sería si alguna vez tuviera que enfrentarse a Chris o alguno de los suyos, cosa que Wesker dudaba mucho y no daba importancia.
Si alguien de los suyos supiera que se estaba acostando con Wesker a voluntad propia… Estaría muerta.
-Esto será nuestro pequeño secreto.
La chica quedó convencida. No hacía falta preocuparse, eran solo un hombre y una mujer cualquiera. Nadie tenía porqué saberlo. Decidió no dejarse someter por el hombre y se giró. Él estaba debajo y Claire estaba sentada encima de sus pantorrillas. Sus partes intimas se tocaban, la tela de los bañadores era su único obstáculo. Ella se inclinó y le besó mientras pasaba una de sus manos por encima de su pecho, tocando esa piel bronceada.
Se movió ligeramente para que sus sexos se rozaran. Sintió de inmediato como ese bulto en los calzoncillos del hombre quería ser liberado. Wesker la tomó por sus glúteos, apretándolos con posesividad. Su pequeña tigresa era feroz y apasionada como él, desde siempre. Pero él mandaba ante todo, solo le estaba siguiendo el juego de momento.
Le encantaba como sus pequeñas manos le daban masajes en todo el torso, sintiéndose satisfecho. Deseaba más, poseerla, hacerla suya. Que sólo piense en él durante el día, que se enamore perdidamente y le obedezca ciegamente.
Quería hijos para seguir con sus planes de dominación mundial. Desde lo del volcán había cambiado sus pensamientos. Estar cerca de la muerte le había hecho reflexionar, necesitaba herederos para su trono y reino. Y Claire sería la madre de su descendencia.
Le pasó una mano por su pelo rubio, descubriendo lo suave que era. Le agarró la cara con ambas manos y volvió a hundir su lengua rosada en su boca.
Luego coló su mano por debajo de su bañador oscuro, acariciando su duro miembro sin aún sacarlo fuera. Sus manos ágiles y finas le transmitían choques eléctricos al tirano. Era rápida y sus caricias le hacían desearla aún más. Mientras con la otra mano le tocaba la sien y el pelo, con su pulgar transmitiendo ternura.
Ella sacó la mano de dentro de su bañador y le delineó la V que tenía en sus caderas. Lo miró de manera provocativa mientras le depositaba besos por todo su abdomen musculado, pasando sus dos manos por ambos lados de su figura atlética. Pudo deleitarse con la fragancia y perfume de Albert, ese que la hace oler disimuladamente cuando se acerca.
Con un movimiento de caderas siguió rozando su intimidad contra la del tirano, eso les volvía locos a ambos. Hizo todo su recorrido de lamidas y mordiscos por todo su tronco hasta llegar a sus labios de nuevo. Cuando se separaron para coger aire, él la hizo sentarse justo encima de su bulto. Él también se incorporó y le pasó sus manos lujuriosas por sus caderas. Por encima de la tela permeable restregó sus dedos por su zona sensible, haciéndola gemir.
Era toda suya y aún quedaba mucha noche por delante.
Se abalanzó hacia ella de nuevo, aprisionándola contra el suelo y él. Albert volvió a tomar el mando. Le quitó un tirante, deslizándolo lentamente por su piel de porcelana. Quería que ella se concentrara en su toque. La miró mientras con el dedo le quitaba el otro tirante. Ella respiraba agitadamente, con una de sus manos en su espalda fuerte.
Luego volvió a besarle y morderle su cuello, escote y mandíbula. Le arrebató el sujetador, con un brusco tirón. Lo lanzó a un lado sin dudar y le empezó a besar sus senos. Estaba jugando con su pezón mientras ella cada vez se ponía más caliente.
Decidió no quedarse al margen y se agarró a su cuello mientras le besaba su manzana de Adán. Le dio más besos en sus labios de fresa y se sentó de rodillas en el césped.
La obligó a abrirse de piernas y la tiró hacia a él por sus rodillas. La acercó hasta que sus cuerpos encajaron a la perfección. Él le retiró la última prenda de la chica. Alzó su pierna y la apoyó sobre su hombro. Le besó desde el inicio hasta el final, deteniéndose en la parte interior de su muslo. Allí le dio una mordida más fuerte que las anteriores, pero sin dañar su preciosa piel.
Luego le acarició sus labios, con ambos dedos. Metió uno dentro de su cavidad mientras con la otra mano le apretaba las caderas. Ella gimió. Notó su humedad, viendo que ella estaba muy excitada. Sabía que terminaría sometiéndose y no se resistiría a él.
Sacó su dedo y lamió los jugos que quedaron mientras la miraba, hipnotizándola. Le bajó las piernas y le dio un beso húmedo en su sexo, haciendo que gimiera y se revolviera de placer.
Él se quitó la única prenda que llevaba. Se estiró encima de ella, apoyando su codo en el suelo para tenerla lo más cerca posible. Con la otra mano guió su miembro hacia su entrada.
La penetró suavemente para que se acostumbrara a su tamaño, fue algo que ella agradeció interiormente. La besó en los labios mientras empezaba a acelerar el ritmo de sus embestidas. Claire se aferró con fuerza a su cuello y espalda. Le dejó las marcas de sus uñas clavadas mientras él le dio un mordisco en el cuello, dejándole una buena marca que se quedaría en forma de moratón.
-Quiero que grites mi nombre.
Lo más sorprendente fue que obedeció sin rechistar. El tirano rió de lado y la agarró por el pelo, masajeando su cuero cabelludo mientras empujaba cada vez más profundamente.
A la pelirroja le costaba controlarse. Sus besos, caricias y embestidas la hacían disfrutar como nunca lo había hecho. Sentía su mordida presente en su cuello, sería una marca de propiedad. Se había entregado totalmente a él, no había vuelta atrás.
No se arrepentía. Se sentía atraída y lo había cogido mucho cariño pese a sus jugarretas. No era el Síndrome de Estocolmo, era el antiguo enamoramiento de hacía 15 años, volviendo de sus cenizas. No podía negarlo, era amor. No sabía si él lo sentía también o solo era su sed de poder, pero estaba segura de que algo entre ellos dos existía.
La penetraba más rápido de lo normal, con cuidado de no lastimarla. Se estaba controlando y le acariciaba su punto de placer máximo mientras lo hacía. La niña se estremecía de placer y en contadas ocasiones no podía reprimir sus jadeos y respiraciones aceleradas. Él le susurraba que era toda suya y que nadie se la arrebataría.
Ella llegó a la cima del éxtasis y se apegó al cuerpo del rubio con fuerza mientras daba un chillido agudo. Le entró una sensación de cansancio. Él la dejó descansar unos momentos, su respiración estaba acelerada y le encantaba sentir como cogía aire. Le besó la mejilla y deslizó sus labios hacia su oreja.
-Buena chica.- Susurró.
Le retiró cuidadosamente la capa de sudor fino que se había formado en su frente. Se separó un poco de ella, aún sin salir, para poder hacer sus embestidas con más fuerza y rapidez en esta segunda ronda. La historia no terminaría allí.
Se apoyó firmemente al suelo con ambas manos para esta vez concentrarse en él mismo. Sería fácil hacerla llegar a la cumbre del placer de nuevo y sin usar sus manos. La haría derretirse de placer en un chasqueo de dedos.
Amaba su expresión, parecía un ángel, su ángel rojo. Cuando la complació hizo una mueca que le pareció muy atractiva, volvería a deleitarla para que no olvidase esta noche juntos. Seguro que quedaría ansiosa de repetirlo a la mínima ocasión que tuvieran.
- Me debes un orgasmo... y no voy a parar hasta conseguirlo.
Su tono de voz había cambiado a ser más autoritario y estricto. Era parte de su juego de roles. Le sujetó por las muñecas sobre su cabeza para que esta vez no pudiera hacer nada. Ella le siguió el juego y dejó que retomará sus embestidas.
Esta vez eran más profundas, pero gozaba. En cierto punto sentía mal, pero era dolor placentero. Tiró su cuello hacia atrás, entreabriendo los labios, gimiendo bajito. Wesker disfrutó de la sumisión de la pelirroja, por fin suya. Sus caderas chocaban, buscando la satisfacción en sus cuerpos.
Él era un depredador nato, tenía a la presa a su merced. Podía hacerle lo que él quisiera. Era lo que siempre había ansiado. Si Chris la viese… Se moriría de rabia. Hizo un poco más suave el agarre en sus dos muñecas y se centró en hundirse en ella cada vez más rápido.
Entre jadeos y respiraciones aceleradas, él llegó al placer máximo también. Sintió como los muslos de la chica se apretaron en su segundo orgasmo. Le soltó las muñecas y guió sus manos hacia sus hombros anchos y bien trabajados. Él se inclinó para volverla a besar mientras le revolvía su melena pelirroja. Salió de ella despacio y le dio un último beso en la sien.
Los dos se sentaron, cara a cara. Ella se apoyó contra su pecho, preguntando si lo que había hecho era correcto. Él festejó su victoria, pensando en lo que le haría la próxima vez que se acostaran juntos. Ahora ya se había entregado a él y no había vuelta atrás. Eso le hacía inmensamente feliz, su querida cautiva le aceptaba y tenía sentimientos positivos hacia a él.
Esa noche no existió ni el bien, ni el mal. Solo eran un hombre y una mujer amándose, fusionándose hasta llegar a la culminación.
Él le acarició la melena y la abrazó con fuerza. Cogió su camisa que estaba tirada por el suelo. Se la dio a la chica para que no se resfriara. Ella se la puso ya que no sabía dónde estaba el resto de su ropa y no le apetecía levantarse a buscarla. Sin saber porque, le entró vergüenza y sintió cómo se ponía roja y no podía controlar su sonrisa. Él vio su repentina timidez y rió, acariciando la cabeza pelirroja de la niña.
Se levantó para recoger sus cosas y vestirse, mientras Claire se tumbó encima de la toalla y bostezó. Metió todo lo que no necesitaba en la mochila. Solamente necesitaba su camisa, que la tenía la chica. No tenía pensado en devolverle la ropa, quería verla ligera como estaba ahora, con sus prendas masculinas.
Unos minutos después, cuando terminó se encontró que la pequeña Redfield estaba dormida. Se arrodilló con cuidado al lado de su figura angelical y la envolvió en la manta con sumo cuidado. No quería despertarla e hizo movimientos muy suaves. La tomó entre los brazos, ella inconscientemente se aferró a su cuello. Gimió dormida, él la acurrucó contra su pecho.
Y con la bolsa en la espalda y su cautiva en brazos, fue hacia la mansión. No quería que ella pillara un resfriado por dormir al aire libre y casi a la intemperie toda la noche. Gracias a su súper velocidad inhumana llegaron en cuestión de minutos. Se deslizó rápidamente por los pasillos y el pabellón oeste de la mansión, donde estaban los dos alojados. Entró en la habitación de la chica, que antes era la suya. Supongo que ahora no habría problema en compartirla.
Abrió el lecho y despegó las sábanas y el edredón del colchón. Metió a la chica dentro de la cama, con dificultad para que ella le soltase. Ahora representaba que no se quería apartar de su lado. A qué extremos habían pasado. Luego él descargó la mochila encima del tocador y se metió en el otro lado de la cama.
Se apegó contra su cuerpo y la rodeó por la cintura, teniendo la cabeza pelirroja de su chica debajo de su cuello. Sentía su respiración regular y profunda. Aún no se lo podía creer, ella había sido la que había tomado la iniciativa besándolo. Mejor para él, así no le había tenido que suplicarle o forzarla a tener relaciones sexuales con él. Las cosas claras, él conseguía lo que quiere cuando quiere. Si se hubiese negado la hubiera intentado convencer con cosas materiales y palabras dulces. Y si eso no hubiera pasado y ella aún se negase la hubiera obligado a someterse, cosa que seguro terminaría cediendo y no tendría que hacerlo todo sin su colaboración.
Pero todo había salido bien y ahora la tenía durmiendo pacíficamente, entre sus brazos. Sentía el calor que desprendía su cuerpo dormido. Había disfrutado dando placer y complaciendo a su eterno ángel cautivo. No sabía porque se había esperado tanto tiempo para hacerla suya.
Y ahora no la dejaría ir. Si los separaran, él volvería a por ella. Y si se interpusieran entre ellos, los mataría. Había logrado demasiado para soltarla así como así. Sería su presa por toda la vida y la haría suya cada noche hasta no poder más.
Fin del doceavo capítulo
Aquí tenéis el lemmon, ¡pedazo golosas! Y en el próximo también hay un pequeño lemmon… No avanzo nada más.
Respuesta a los reviews:
Nana (Guest): Lloremos juntas de felicidad. ¡Viva el Weskerfield! ¿Claire enamorada de un recuerdo? Podría ser… No descarto nada. En el siguiente capítulo sabremos cómo se conocieron Piers y Claire… Y habrá otro lemmon Weskerfield.
Yuna- Tidus- Love: ¡Hola, querida! Si, a partir de ahora habrá miel Weskerfield… Aunque bueno, por supuesto, los problemas no pasarán desapercibidos.
Sobre tu duda: ¿Él está enamorado o la manipula? Creo que esta es una duda que debo aclarar para muchos ya que es importante. Wesker no está enamorado, al menos no en Dark Temptation –en la secuela ya veremos cómo les irá-. Wesker, lo que está es obsesionado por ella. Y bueno, la manipula un poco a su manera, desde que llegó la está intentando manipular para que se vea atraída hacía a él.
Resumiendo: Wesker está OBSESIONADO por Claire y la manipula.
Paola Watson (Guest): Aquí tienes el lemmon, habría actualizado antes pero está habiendo un problema con los reviews en Fanfiction. En mi correo estaban, pero en fanfiction no están. Si buscas los reviews en el capítulo 11 verás que no hay ninguno cuando en realidad recibí muchísimos. Por otra parte, gracias por dejar triple review.
En cuanto a tu petición sobre un fic de Wesker y tú… Nunca he escrito nada parecido, pero… tampoco quiero dejarte sin regalo, así que aquí te dejo mi propuesta: ¿Qué tal si escribo un lemmon en un jacuzzi en esta historia? Saldría en el siguiente episodio.
Yo empecé en FF gracias a Adry también, soy fan incondicional de Weskerfield por su culpa también.
#CampañaparalemmonWeskerfieldenMalaSangre
GeishaPax: ¡Querida hermana del mal! El Belcebú en persona se ha manifestado. Si, no duermes, pero entonces te vuelves malvada… aún más, si, eso es posible. Aunque bueno, estoy en el segundo lugar de maldad. ¿O quizás he empatado contigo y con Zhines? ¿O solo con Zhines?
Maldito instructor, yo con Beta Senpai y tú con Abraham. *cof cof*
Duerme y descansa, hermana.
#CampañaparalemmonWeskerfieldenMalaSangre
James Anderson: Me alegro que te haya gustado.
Elizabeth Abernathy: ¡Hola amiga! No te mueras por favor, aún nos queda mucha aventura por delante… Y más a Claire *ejem ejem* If you know what I mean…
Ojalá tener un novio tan provocador como Wesker, algunos chicos no entienden que a la mayoría de las chicas nos gustan así, lanzados e irresistibles. Con complejo de gobernadores maquiavélicos del mundo. Y si, Albert tiene el paquete completo, el otro también (si, malpiensa). *Cof cof*
Yo no tengo dinero para regalarte un Wesker. Yo también pedí uno para mi cumpleaños (7 de febrero) y no me dieron ninguno. Ni siquiera lo quería envuelto, me lo podrían haber enviado desnudo. Mejor para mí, me ahorraría trabajo. Y nos podría hacer un Striptease a todas.
Los manoseos, anda que no se notaba que era una excusa. ¿Pero quién es Claire para quejarse si tiene a ese galán a su lado? Quiero uno y también. Pero no, me he de conformar con niñatos infantiles que se drogan y se emborrachan… Y encima que no gustan vestirse formales. Con lo que me gusta a mi ponerme un vestido a lo secretaria sexy y salir provocando un viernes noche.
¿Pareja feliz? Ya… Ahora sí que estarán bien, pero no todo serán flores y violas. Plantéate esto: ¿Qué sucederá cuando Wesker -como que Claire se ha entregado a él- le haga cosas que no quiera? Ese Albert tiene las manos muy largas, no avanzo nada.
No tengo el resto del review, el correo solo envía una parte y está habiendo este problema de que los reviews no aparecen por ningún lado del portal. Espero poderlos recuperar todos.
Att. Frozenheart7
