Datos:

✖ Título: "Mañas"

✖ Autor: HotaRu YaOiGirL

✖ Advertencias: Slash/Yaoi - groserías - ¿OoC?- escenas perturbadoras - Shotacon - Two-Shot - la siempre presente falta de ortografía...

✖ Parejas: Sasuke&Naruto

✖ Disclaimer: Por mucho que patalee, grite y llore, los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Hago esto por puro goce y diversión personal combinada con un poco de ocio. Sin fines de lucro, claro está.

~¤~¤~¤~ Mañas ~¤~¤~¤~

Tú y tus mañas, Naruto Uzumaki.

¿Sabes? Todavía recuerdo aquellas tardes cuando éramos tan solo unos niños… y yo tenía la mala suerte de cruzarte al menos una vez por día. Mala suerte, porque te odiaba. Tus gestos groseros, tu personalidad torpe y exasperante, el maldito don que tenías para armar escándalos y la manera en la que alardeabas tus escasas cualidades, eran suficiente para sacarme de mi casillas. Lo peor de todo era que con esa patética actitud, lograbas ganarte el corazón de la gente. Incluso el mío.

Irónico que acabara tan enamorado de un payaso sin gracia como tú. Todos los días eran aguantar tus bufonadas y los constantes impulsos que tenías para hacer las cosas, tanto en las misiones como en la vida cotidiana. Situaciones que se entremezclaron cuando yo huí de la aldea. Pretendía, con ello, dejar atrás todo sentimiento que me debilitaba y me hacía dudar de mi destino como vengador; porque estando a tu lado comencé a ver luz. De repente, mi vida se había tornado colorida, los problemas no eran más que una broma de mal gusto, sin embargo, sabía que sólo era una manera de escapar de ellos y que la felicidad no me acompañaba en esta vida. Pero un tonto como tú nunca entendería esos pensamientos y, por ello, me buscabas perseverantemente, alegrando mi corazón cada vez que la esperanza se reflejaba en tus ojos.

En aquellas épocas era un niño ignorante y tú lo sabías. Me esperaste hasta que tomé las riendas de mi vida nuevamente y me recibiste con los brazos abiertos, entregándome tu amor sin dudar siquiera un momento.

Desde entonces mis días desbordan de dicha, la vida junto a ti es despreocupada y tan tranquila que parece irreal... ¿Qué habré hecho para merecerla? Me trae sin cuidado, pues me limito a disfrutar cada magnífico momento a tu lado. No hay más nada que pueda pedir.

Me sorprende como, a pesar de ser una persona trasparente, cada día me muestras aspectos diferentes de ti. Tienes la personalidad de un niño pero, a la vez, eres la persona más madura y determinada que he llegado a conocer. Eres berrinchudo a la hora de comer, vivirías a cuencos de ramen instantáneo toda tu vida pese a que siempre acabas comiéndote cada plato que preparo. Tienes una extraña manía de garabatear cuando estás triste y de ordenar la casa cuando estás molesto; al principio, éstas cosas me ponían los pelos de punta pero al final terminé acostumbrándome y comprendiéndote. Por alguna razón, a veces te encuentro acariciando esas marcas en tus mejillas con nostalgia, como si quisieras taparlas, aunque a mí me gustan tanto… me gusta tu cabello radiante y esos dos pedazos de cielo que tienes por ojos, me vuelve loco la manera que tienes de caminar y cómo se te forman hoyitos en las mejillas cuando sonríes. Y, aunque me gustaría cambiarlo a veces, mi forma de demostrártelo es asaltándote constantemente. Mientras me preparas los matutinos cafés, cuando te cepillas los dientes, cada vez que te cambias de ropa, todo el tiempo en el que se me presente la oportunidad de meterte mano. Tu cuerpo es mi debilidad. Cada vez que te entregas a mí siento que puedo tocar el cielo con las manos y mientras más lo hacemos, más sacas a flote tus diferentes rasgos y actitudes, de las cuales me he hecho adicto.

Aunque de ellas hay una parte tuya que me excita en sobremanera como también me da fuertes escalofríos, pues te pones como un furioso animal en celo, rayando lo sicótico. A pesar de que nadie lo crea, tienes un lado desquiciado, Usurantonkachi.

- ~Sádico.~ -

Caminaba a paso lento por la oscuridad de las calles de la aldea. El aire frío del invierno me obligaba a esconder el rostro bajo una gruesa bufanda de lana. Los comercios de a poco cerraban sus puertas al público y la calle principal de la Hoja se iba apagando a medida que la gente regresaba a sus respectivos hogares. El cielo estaba despejado, era unas de esas extrañas noches sin luna en las que el pálido brillar de mil planetas adornaban palpitantes el cielo nocturno.

Doblé en la esquina divisando nuestro hogar de lejos, las luces estaban encendidas. Sonreí, ya estabas en casa esperándome. Apresuré un poco el paso, la humedad me calaba los huesos sin piedad y había dejado de sentir los dedos. Subí las escaleras, que me hicieron recuperar un poco de calor corporal, y abrí la puerta.

—Ya llegué.— anuncié.

El estrepitoso ruido de un objeto de vidrio estrellándose contra el piso fue mi bienvenida. Me quité los zapatos y apresurado llegué a la cocina. Al asomarme, te encontré observando fijamente los fragmentos de lo que alguna vez fue mi taza favorita. Me sorprendió que pasados unos segundo no salías de la estupefacción, ni habías notado mi presencia.

—Naruto, ¿estás bien?— te pregunté. Diste un pequeño salto por la sorpresa y volteaste a verme. Tu sonrisa fue mi alivio.

—¡Sasuke, llegaste ´dattebayo!— afirmaste lo obvio. —Perdón, te estaba preparando café y golpeé la taza sin querer.— me explicaste, apenado. —Era de las pocas cosas que conservas de pequeño, ¿no es así?

—Sí…— dije, vi el logo del clan Uchiha hecho añicos. —No importa, es solo una taza. Tenemos tres más en la estantería.

—Pero esa era especial…— susurraste compungido, haciendo un puchero infantil que respingaba tu nariz.

Unas ganas incontenibles de besarte me movieron hasta ti. Esquivando las astillas de vidrio que se esparcían por el suelo de la cocina, mis manos fueron a parar a tu contorneada cintura, girándote para captar la atención de tus azules. Con el dedo índice levanté tu mentón y besé esos dulces labios que tanto me empalagaban.

—Es solo una taza, Dobe.— te aclaré, de nuevo. "¿Por qué me haces repetir las cosas?"

Tú me miraste todavía apenado pero al final, una risilla se te escapó entre dientes.

—No me digas Dobe, Teme.— reprochaste. Tus ojos fueron a parar otra vez a la taza. —De verdad lo siento.

—No hagas tanto drama por una taza, Naruto. Está bien.— dije ya algo aburrido de la situación. —Ve a buscar la escoba mientras yo recojo los vidrios.

Obediente, saliste de la cocina con ese paso destartalado que tanto denotaba tu falta de concentración y coordinación. Tomé una bolsa plástica y tiré los fragmentos más grandes que encontré dentro de ella. Al los minutos regresaste con la escoba y la pala en mano, comenzando a barrer el suelo con mucha dedicación.

—Sasuke, te sangra el dedo.— me avisaste señalando mi índice derecho.

—Es verdad…— confirmé. Estaba a punto de llevármelo a la boca para detener el sangrado y de paso no manchar mi ropa, cuando tus manos me detuvieron. Vi como apresabas despacio mi dedo sangrante, concentrado en la forma que ésta brotaba sutilmente de la cutícula. Me pareció extraño. —¿Naruto?

No me respondiste, te limitaste a continuar viendo la herida como si se tratase de la cosa más fascinante, lo que me preocupó un poco. Desde que había entrado a casa parecías estar en otro mundo, más despistado y torpe de lo normal. "¿Le habrá pasado algo en la última misión?"

—¿Pasó alg-…?— comencé pero me interrumpí cuando engulliste la magulladura en tu boca. El calor de tu cavidad y la suavidad de tu lengua comenzaban a despertar mis intenciones más impuras. —No es necesario que hagas eso.— te dije procurando retirarlo para ir a desinfectarlo.

Pero tu lengua comenzó a moverse alrededor de mi dedo, haciendo círculos, lamiéndolo en toda su longitud con devoción. Lo metías y lo sacabas, abarcándolo y sosteniéndolo con tus dientes. Sentí cómo mi deseo por ti despertaba y se manifestaba entre mis piernas, haciendo que el pantalón me molestase de sobremanera. De repente, la habitación se había puesto calurosa y tú emanabas una sensualidad alarmante. Quité mi dedo algo brusco ya que te negabas a soltarlo y sobre tus carnosos labios suspiré:

—Si vas a hacer eso, hazlo en el lugar adecuado.

Despacio, te alejaste unos centímetros y fue entonces cuando en tus ojos pude reconocer, de manera muy sutil, cómo tus pupilas se habían alargado, parecidas a las de un animal. Un recuerdo fugaz atravesó mi mente; el recuerdo de una noche tanto aterradora como excitante, en la que había conocido una parte de ti que me ponía los pelos de punta. Y todo había comenzado con esos ojos.

"Esta va a ser una larga noche..."

Te acercaste a mí con movimientos felinos, deslizándote por encima de mi cuerpo hasta llegar a mi boca. Tu mirada me hipnotizaba a tal punto que me veía sumido en tus iris azules, mientras tus manos tomaban rienda suelta de la situación, aprovechándose de mis bajas defensas. Descendiste a mi cuello besándolo con hambre, lamiéndolo como si pretendieras alimentarte de él. Estaba seguro que tus chupetones me dejarían marcabas púrpuras para el día siguiente que tendría que esconder para evitar comentarios indeseados.

Tus dedos recorrieron mi pecho rasgando la tela a arañazos en un acto de lo más descontrolado, dejándome marcas en la piel también. Si bien no era tan doloroso, pues había pasado por cosas peores, no pude evitar apretar los dientes para tragarme los quejidos.

—Oye Naruto, no rompas así mi ro-…— pero regresaste a mis labios, esta vez saboreándolos a mordiscones.

Bien, no me estabas escuchando y hacías lo que se te entraba la gana de una manera perturbadora. Por lo que, entre excitado y molesto, te tomé de las muñecas empujándote fuertemente hasta que golpeaste tu espalda contra el suelo. De entre tus labios surgió un sonido erótico pudiéndome una media sonrisa. Por lo general, de manera coherente, no te gusta que sea bruco contigo, prefieres que nuestras rondas de sexo sean apasionadas y desbordantes de cariño, que te acaricie y sea suave con tu cuerpo. Sin embargo, sé también lo mucho que gozas que te maltrate cuando me muestras esta curiosa parte de tu personalidad, con la que los juegos sexuales se convierten en escenas algo enfermizas y masoquistas, pero que a mí me parecen bien de vez en cuando.

—Oh… veo que por fin reaccionas, Sasuke.— te burlaste, tu sonrisa tétrica y tu mirada de soslayo me provocaban. —Vamos, muéstrame cuán encantador puedes ser.

Fruncí el entrecejo y sin cuidado tomé tus cabellos, halando lo mechones. Te quité la ropa a tirones hasta verte desnudo bajo mi peso, mi mano libre fue a parar a tu miembro erecto y mi boca a tus pezones. No pasó mucho hasta que tus gemidos lascivos inundaron el lugar, rogándome por más mientras te retorcías y te mordías los labios. Un fuerte sonrojo pintaba tus mejillas y las gotas de transpiración se resbalaban hasta perderse por tu mandíbula. Sentí varias líneas de fuego en mi espalda y cómo la carne palpitaba al aire libre, sólo entonces caí en cuenta de lo profundo que habían llegado tus arañazos en mi piel. Quise devolverte el gesto y me ensañé aún más con los puntitos rosados de tu pecho hasta dejarlos hinchados.

—Sas…suke…— me llamaste con la voz entrecortada. Mis ojos de inmediato se encontraron con los tuyos a forma de respuesta pero tú solo respirabas agitado sin lograr forjar palabra alguna.

Me preocupé inevitablemente, si bien todo lo que hacía parecía gustarte tal vez me había excedido un poco.

—¿Estás bien?— te pregunté. El agarre de mi mano en tus cabellos cedió y con mi dedo pulgar acaricié tu pómulo.

De pronto, a una velocidad que me tomó por sorpresa, me empujaste e invertiste nuestras posiciones. Abrí los ojos, que con la inercia del movimientos se me habían cerrado solos, y miré cómo tus comisuras se curvaban y formaban una mueca desquiciada.

—De maravilla.— respondiste.

No alcancé a reprocharte nada cuando sentí un calor abrasador rodeando mi miembro, apretándome y dándome un deleite de otro mundo al comprimirme con vehemencia. Vi en tu rostro la personificación del placer, con tus dedos apretabas mi cadera para mantener el equilibrio mientras te enterrabas mi miembro en lo más profundo de tu cuerpo, de tu labio inferior se deslizaba una fina gota de sangre desde un corte que habías hecho al apretar en desmedida con tus dientes. Las piernas te temblaban tanto que me daba la impresión que iban a desfallecer en cualquier momento. Sin siquiera esperar a que tu cuerpo se adaptara lo suficiente luego de la intromisión, comenzaste a moverte de manera frenética, sacudiendo tus mechones en el proceso. El calor abrumarte y la manera en la que subías y bajabas me nublaron la vista, el cuerpo me pesaba y ya no podía pensar en nada, mi mente sólo concentrada en aquellos libidinosos movimientos que me transportaban al paraíso. Tu garganta temblaba al emitir gritos entrecortados entre dolor y placer, pues tus precipitadas acciones parecían estar cobrándote las cosas. Pude notar como de entre tus piernas, desde tu entrada para ser exacto, se deslizaba el liquido rojo, claramente te habías lastimado al no haberte preparado antes. Suspiré resignado en mi interior, "cuando esto termine no podrás caminar por un tiempo y me gritarás disparates toda la mañana…"

—Sa-sasuke…ahh… házmelo m-mas fuerte…— rogaste sin parar de moverte.

Dudé un momento, si seguíamos así, tu cuerpo tardaría en recuperarse. Mis ojos recorrieron con detalle la imagen que me otorgabas, desde la unión de nuestros cuerpos empapada por la mezcla de fluidos, hasta tu mirada obnubilada por el placer… tan erótica e irresistible que me permití ser egoísta como tantas veces.

Te empujé y salí de tu interior con tosquedad, lanzándote contra la mesada de espalas a mí, todo en una fracción de segundo. Doblé tu brazo izquierdo sobre tu espalda, inmovilizándote mientras que con la otra apretaba con fuerza la base de tu cuello. Sin pensarlo mucho, te penetré brutalmente escuchando tus alaridos desesperados y viendo cómo intentabas aferrarte a algo. Mis estocadas no tardaron en sacudir tu cuerpo y los gruñidos de placer se me escapaban entre los dientes.

Quizá, la situación se nos estaba yendo de las manos. Quizá, no debería seguirte el juego. Quizá, pareciera un acto de lo más descontrolado. Quizá, estuviésemos un poco enfermos.

Pero ambos sabíamos que por más demente que pareciera, nuestro amor nos ahogaba hasta hacernos perder la razón. Sabíamos que nuestra debilidad, nuestra alegría y nuestra vida le pertenecían al otro, pues ambos estábamos entregados tanto en cuerpo como en alma. Y cada vez que nos uníamos podíamos deshacernos y transportarnos hacia un lugar efímero más allá del paraíso. Porque eso nos ataba eternamente, un amor desbordante que nos hundía de forma inevitable.

Sentí las leves convulsiones previas al orgasmo, ya no quedaba mucho más. En tu cuerpo noté los mismos síntomas mientras tus gemidos desesperados subían el tono de las notas. Continué embistiéndote como poseído hasta que el tan esperado clímax llegó a ambos: tú, exclamando y corriéndote con fuerza sobre la mesada, manchando tu estómago en el proceso, y yo, dejando escapar un gruñido de pura satisfacción al acabar en lo más profundo de ti.

Extasiado, te abracé procurando normalizar mi respiración mientras apreciaba mi cuerpo relajarse luego de la intensidad.

—¿Cómo estás, Naruto?— te pregunté cuando mis pulmones dejaron de buscar aire exasperadamente.

No me respondiste. Sólo te volteaste, sacándome de dentro tuyo en el proceso, y fuiste directo hacia mis labios con suspiros entrecortados, filtrándoseme el aire caliente que emanabas en mi boca.

—Quiero más…— susurraste incitador.

Y fue inevitable para mí que los colores se me subieran. Tu risita burlona confirmó mi reacción y volteé el rostro, intentando salvar un poco de dignidad.

"¿Más?, estoy seguro que le desgarré el recto, ¿y quiere más? ¿Acaso es un animal en celo?"

Tu mirada expectante fue mi contestación. Todavía lucías aquellos rasgos salvajes que te alargaban las pupilas y te proporcionaban una lujuria divina. En ese momento, sentí que estaba a merced de la criatura más peligrosa en el planeta, que sólo tenían en mente exprimirme hasta que toda la energía me abandonara el cuerpo. De repente, todo parecía desaparecer de a poco; las paredes, las puertas, los muebles… la habitación se teñía de negro y yo caía indefenso en ese vacío, viéndome así, atrapado entre tus garras.

—C-creo que ha sido suficiente por hoy…— tartamudeé de una manera que me pareció patética.

Tu sonrisa se ensanchó hasta deformar tus facciones y sin más, saltaste sobre mí.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

—Naruto, te traje el desayuno.

Cerré la puerta y me acerqué hasta la cama, depositando la bandeja con dos tostadas y una taza sobre la mesita de luz que te correspondía. Sonreí al verte todavía sepultado en las sábanas, seguramente con el sonrojo más furioso jamás visto.

Habíamos dormido tan solo unas dos horas luego de la locura que pasamos gracias al descontrolado chakra del Kyubi. Con mucho esfuerzo, finalmente logré calmar tus instintos hasta el punto en que ambos caímos rendidos sin poder siquiera hablar. Fueron las diez horas más salvajes de toda mi vida, en las que llevé los límites de la resistencia humana más allá de los extremos.

—Dobe…— te volví a llamar, no parecías dar signos de querer salir de tu escondite. —Vamos, sino comes luego de tanto agotamiento físico te sentirás mal. Una fiera necesita alimentarse.— burlé, sabiendo que esa era la única manera de hacerte reaccionar.

—¡¿Puedes dejar de repetirlo?!— exclamaste destapándote con el impulso. Tus mejillas parecían dos tomates bien maduros. —¡No fue mi culpa! ¡Kurama se volvió loco ´datteba-…!— rápidamente llevaste tu mano hasta tu espalda baja, quejándote mientras te sobabas y volvías a recostarte. —Me duele, Sasuke desgraciado. ¿Por qué no paraste?

Tomé asiento a tu lado y acerqué mi rostro hasta hacer nuestras narices rozar, encarnando una ceja, te dije:

—Es que escucharte pidiéndome a gritos que te la meta más fuerte, que te destroce hasta que no puedas caminar, mientras llorabas y me provocabas de esa manera tan sádica… fue algo con lo que no me pude contener.

Observé de lo más entretenido cómo tu rostro se desfiguraba con cada palabra de mi explicación, pasando de la sorpresa a la mismísima vergüenza, convirtiéndose en cólera absoluta.

—¡Tú…!- apretaste con fuerza el cuello de mi camisa. —¡Te voy a castrar, maldito bastardo violador!

- M*A*Ñ*A*S -

El recuerdo de aquella vez es algo contradictorio, pues si bien fue una de las mejores noches de sexo jamás vividas, los constantes porrazos que me regalaste luego me dolieron durante semanas. Aún así, no me arrepiento de nada e incluso cada día desde entonces espero con ansias otra oportunidad. Gracias a un estudio al que te sometiste logré entender que para que la situación vuelva a repetirse debe haber dos condiciones:

Una noche sin luna y el olor a sangre.

Al parecer, la combinación de ambas cosas en cierto periodo provoca que el chakra del Kyubi descontrole y tome posesión de tu cuerpo, nublándote el pensamiento con instintos animales. Por eso estoy pendiente de las fechas todos los meses, maquinando un plan para que de alguna u otra formas acabes oliendo sangre y descontroles para saciarme. Cuestión de la que no puedes enterarte porque me aterra solo imaginarme tu posible reacción.

Aunque, obviamente, soy el único que conoce esa parte tuya y me encanta sacarle provecho cuando se me presenta la ocasión, tienes otra parte de ti que hace que termine arrastrándome a tus pies. Una parte que me obsesiona de tal manera que se me es imposible controlarme, tus gestos y la manera que cumples mis caprichos a raja tabla hacen que pierda la cordura, mientras tú sólo te dejas hacer bajo mi dominio.

- ~ Sumiso ~ -

Una húmeda caricia mimaba mi rostro, trazando un camino de besos desde el pómulo hasta el borde de mi mandíbula. Sentía levemente tu peso sobre mi cuerpo, mientras tu respiración cálida me acariciaba la piel, una de tus manos rozaba mis cabellos despacio.

—Sasuke… despierta…— tu susurro bailó en mi tímpano, cadencioso.

Un gruñido flojo se me escapó de los labios, rezongando al verme ante la obligación de abrir mis ojos. Rodé sobre el colchón, cazando tu cintura y pegándote a mi cuerpo, una sonrisa zorruna decoraba tu rostro mañanero. Con suavidad envolviste mi cara con tus manos y tus labios cayeron sobre los míos.

—Feliz cumpleaños, Teme.— dijiste con cariño luego de separarte de mi boca.

Fruncí el ceño por el insulto, pero luego no pude evitar que una de mis cejas se alzara al repasar lo que habías dicho.

"¿Feliz cumpleaños? ¿Ya estamos en la fecha?"

Tu carcajada socarrona me lo confirmó.

—Por tu cara veo que ni siquiera te acuerdas de cuando cumples los años.

—No es algo que me importe mucho, Dobe. Además suele ser más una molestia que otra cosa.— me defendí. Festejar los cumpleaños resultaba ser exasperante, desde organizar los aperitivos a ir por la calle invitando conocidos, sin contar que encima al día siguiente había que limpiar y ordenar. Simplemente tedioso.

—Anda Sasuke, no es para tanto. Deberías ser más agradecido, tienes gente que te quiere y que es feliz de acompañarte en tu día.— me reprochaste mientras te alejabas de mí. El frío que reemplazó al calor de tu cuerpo desnudo me erizó los cabellos de la piel. Acomodé la almohada para poder quedar un poco más sentado, pues ya no podía reconciliar el sueño. Mientras buscabas por la habitación tus prendas y continuabas con tu monólogo, yo me comía con los ojos tu figura desnuda. —Encima ayer Sakura-chan me dijo que ella y Hinata se ofrecían a acomodar y decorar todo, lo único que hay que hacer es comprar las cosas de la lista que me dio… —te quedaste unos segundos inspeccionando la suciedad de un pantalón hasta que te encogiste de hombros y optaste por ponértelo. —¡Ah! Y Kiba me dijo que él iba a hacer el pastel, eso me sorprendió mucho `dattebayo.

—¿Kiba sabe cocinar?— te respondí sólo para que continuaras hablando despreocupado y danzaras frente a mí, tu energía matutina me otorgaba las mejores vistas.

—No lo sé, pero lo dijo tan decidido que me dio pena decirle que no, además nos hace un favor. Solo espero que no acabemos todos intoxicados por ello.— reíste y tu alegría me contagió. Te pusiste la chaqueta verde oscuro y, en cuanto llegaste al marco de la puerta, volteaste hacia mí. —Haré el desayuno, te espero en el comedor.

Vi como desaparecías alegre por el pasillo tarareando una canción que se te había pegado hace unos días y luego mi mente regresó al inconveniente. Sinceramente el hecho de celebrar mi cumpleaños me parecía innecesario, lo menos que me apetecía era tener el bullicio de más de veinte personas en mi casa, estorbando mi plan de pasar la noche en vela contigo, aparte de que no podría pasar desapercibido en ningún momento ya que la causa del evento era yo. Sin embargo, tú eras consciente de que a cambio de que yo sonriera y me comportara toda la velada, tendrías una deuda bastante cara. Y esa deuda se pagaba con sexo, claro está. Quizás la idea no era tan fastidiosa después de todo.

Suspiré para tomar fuerza de voluntad, me paré y comencé a vestirme. Elegí ropa casual ya que era mi tan esperado día de descanso, acomodé la cama estirándola y arrojando luego unos almohadones a la cabecera. Salí de la habitación cerrando la puerta a mis espaldas y me pasé por una de las pequeñas bibliotecas esparcidas por la casa, tomé un volumen y entré en el comedor. Observé entretenido como correteabas de aquí para allá buscando cosas con las que acompañar las tostadas y armando la mesa, mientras cocinabas unos huevos y preparabas mi café.

—¿Por qué no haces una cosa a la vez?— te pregunté quitándote los cubiertos de la mano para acomodarlos yo mismo.

—Porque tengo prisa, mis genin-demonios me esperan en veinte minutos.— me dijiste resoplando. —Me había despertado con tiempo pero alguien tiene el sueño pesado en los momentos menos oportunos ´dattebayo.— puse los ojos en blanco ante tu tono acusador.

Luego de echarte una mano para terminar de preparar el desayuno nos sentamos a comer. Tú devoraste la comida tan rápido como pudiste, atragantándote varias veces en el proceso. Cuando terminaste, tomaste tus cosas a las corridas, me diste un fugaz beso en los labios y saliste gritando de la casa.

—¡Me voy! ¡Nos vemos más tarde, Sasuke!

—Adiós, Usuratonkachi.

Lo último que escuché fue un portazo y todo se sumió en un profundo silencio. Exhalando, comencé a hojear el libro que había dejado a mi lado sintiendo el vacío que dejaba tu presencia haciendo que, de repente, nuestro hogar pareciese más grande de lo normal.

oOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOo

—Gracias por todo, Sasuke-kun, Naruto. Estuvo muy divertido.

Sakura se acomodaba el abrigo mientras caminaba hacia la entrada, Sai y Kakashi la seguían. Cuando finalmente estuvieron los tres parados fuera del umbral de la puerta, hice un último esfuerzo y respondí:

—Gracias a ustedes por venir.

Ella sonrió de una manera que no logré descifrar, se acercó un poco más a mí y apoyó una de sus manos en mi hombro.

—Sí que has cambiado, estoy tan feliz de que les esté yendo bien…— dijo, aunque en su tono de voz denotaba algo de tristeza. Aún así aprecié el comentario.

Mi contestación fue una sonrisa sutil, al fin y al cabo ella parecía esforzarse por olvidar esos sentimientos que de cierto modo la hacían sufrir. Sin más echaron a andar los tres juntos. Esperé a que desaparecieran en la oscuridad y cerré la puerta, mientras caminaba hacia la cocina para encontrarte iba acomodando alguna que otra cosa tirada por el living. Cuando me asomé te vi terminando de secar unos platos, haciendo círculos con el cuello para intentar descontracturarlo. Pensé que tú también habías cambiado en lo que a la cotidianeidad respecta, al fin te habías acostumbrado a realizar algunas tareas de la casa y a ser más ordenado, aunque ello me había costado meses de adiestramiento.

Me acerqué a ti y te abracé suave por la espalda, tú recostaste la cabeza en mi hombro.

—Ahh… estoy tan cansado.— expresaste cerrando los ojos, los indicios de unas profundas ojeras comenzaban a notársete.

—No te quejes, fuiste tú el que dijo que quería hacer esto.— dije refiriéndome al festejo. Como esperaba, había resultado más largo de lo previsto ya que ninguno de los presentes se dignaba a irse así que, de alguna u otra forma, tuvimos que echarlos.

—No me estoy quejando, Teme.— frunciste el ceño aún sin abrir los ojos.

—Pues bien, porque aún te queda darme mi regalo de cumpleaños.— ronroneé sobre tu oreja sonriendo al ver cómo tu cuerpo reaccionaba y se tensaba.

Mis manos cobraron vida y se deslizaron por debajo de tu camiseta holgada, acariciando tu bajo vientre y tu cadera. Tu cuerpo comenzó a temblar levemente bajo mi tacto cosa que contribuyó a mi excitación, a medida que mis caricias aumentaban tus quejidos rompían el silencio.

—Sasuke… no… hoy n-no…— hiciste un mohín y me paraste al tomarme por las muñecas. —¡Te digo que estoy cansado! Dejémoslo para mañana, te lo suplico.

Miré de reojo el reloj en la pared y me crucé de brazos.

—Bien, pero mañana no te salvas.

—¡Te lo prometo, mañana haré lo que me pidas!— exclamaste alegre de mi compasión.

Fue entonces cuando el sonido eco del reloj retumbó por la casa, marcando las 00:00 hrs. Observé como tu cara se deformaba cuando caíste en cuenta de lo que eso significaba, surcando tus rasgos la firma del terror.

—Verás, Naruto…— comencé a explicarte, dejando que una amplia sonrisa curvara mis comisuras. —Ya es mañana.

Me pareció que tu cara se ponía azul y que tus ojos se desencajaban, emprendiste la huida que yo anticipé tomándote precipitadamente del brazo, atrayéndote a mí y alzándote para que no puedas escapar. Ignoré tus pataleadas y tus gritos dramáticos, era gracioso ver cómo hacías parecer la situación como si fuese un homicidio, aunque fuera bastante exagerado. Instintivamente, emprendí la marcha hacia nuestra habitación.

—¡Sasuke maldito bastardo infeliz, eso es trampa! ¡Te digo que no quiero ´dattebayo! ¡Auch…oye!— te quejaste a los bramidos cuando te lancé a la cama.

—Me importa muy poco lo que tú quieras, me comporté como querías y ahora me las vas a pagar.— dije mientras me deshacía de mi camisa, arrojándola a algún rincón. Te apresé con mi cuerpo para que no pudieras fugarte. —Además, sabías que al final esto iba a acabar así, ¿no? Anda, admite que me quieres toda la noche entre tus piernas.

—¡C-claro que no, pervertido!— un sonrojo pintaba con furia tus mejillas. —Quiero… dormir.

—Pues que mala suerte tienes.— antes de que pudieras reprocharme alguna otra cosa tomé tus labios adentrándome en tu boca con fuerza en un beso que enredó ambas lenguas.

Pero antes de poder hacer nada me vi obligado a separarme cuando atinaste a golpearme con tu puño, y vi con ello, como lo último de paciencia que me quedaba del día se esfumaba. Así que bastante cabreado, te quité a tirones la ropa enredándotela en las manos para que no pudieras moverlas y dejaras de revelarte cada vez que yo hacía algo. Si no querías colaborar cuando te ponía las cosas a las buenas, entonces tendrías que asumir las consecuencias de que optara hacerlo por las malas, con o sin tu consentimiento.

—Como estas tan rebelde haré las cosas a mi manera. —te advertí, hastiado.

Saboreé la piel de tu cuello y el salado gusto de tu transpiración me pareció exquisito, mis dedos bajaron hasta torturar tus pezones, pellizcándolos y tironeándolos como a ti tanto te gustaba. Coloqué una rodilla entre tus piernas haciendo círculos con la intención de despertar tu excitación que no tardó en aparecer al de tu boca escaparse gemidos. Cuando me aburrí de jugar a manosearte decidí pasar al siguiente paso, separé tus piernas tomándote desde los muslos internos y, ansioso por escuchar aun más tu voz, engullí tu miembro de una sola vez. Me deleité con tus gritos de puro goce, sintiendo cómo balanceabas suavemente tus caderas para marcarme un ritmo de arriba abajo. De a poco, tu espalda comenzó a arquearse dando los indicios del final y lamí con más fuerza hasta hacerte acabar. Tragué todo lo que habías derramado en mi boca, limpiándome con el dorso de la mano algunos rastros de saliva, regresé a tus carnosos labios que ahora soltaban suspiros y te besé con furia de nuevo, sólo que esta vez me respondiste con la misma intensidad, invadiendo el interior de mi boca.

—Sasuke m-me rindo… haré lo que me pidas, así que suéltame…— me rogaste con aquella voz tan incitadora.

Tu tono sumiso me convenció y desaté tus manos, haciendo el bulto de ropas a un costado. Inmediatamente, tus brazos fueron a rodear mi cuello atrayéndome a ti hasta que tus dientes alcanzaron mi clavícula, tus dedos trazaron un pecaminoso camino hasta el borde de mi pantalón bajándolo a medida que buscabas el tacto de mi trasero.

—Naruto…— te llamé, oí un murmuro como respuesta. —Hay algo que quiero que hagas por mí.

—¿Qué es?— preguntaste, aún concentrado en terminar de quitarme la prenda.

—Quiero verte prepararte tú solo.

—¿¡Qué?!— y allí va el ambiente que por fin había logrado crear, "eres tan condenadamente malo para dejarte llevar."

—Lo que escuchaste, Dobe. Quiero verte tocarte.— especifiqué. —¿O prefieres que vuelva a atarte?

Tragaste en seco y de inmediato te resignaste cumpliendo a raja tabla mi capricho, pronto te tuve frente a mí de piernas abiertas, tocándote insistentemente mientras chupabas tres de tus dedos, soltando quejidos de placer con el sonrojo más provocante que hubiese visto. Las miradas necesitadas de soslayo que me echabas de vez en cuando hacían que las ganas de saltar sobre ti se intensificaran, concentrándose éstas en mi erección. Mis ojos siguieron hipnotizados el trazo descendiente que recorrían tus dedos en busca de tu entrada, hasta que se perdieron uno por uno dentro de tu cuerpo y la manera que tenías de moverlos se me antojó irresistible.

—Sasuke…— susurraste después de unos minutos. —Ya e-estoy listo.

Sin poder resistirme más e ignorando a mi autocontrol, te tumbé de un empujón hasta verte acostado sobre el lado izquierdo de tu cuerpo. Un jadeo de sorpresa fue tu respuesta pero no parecías quejarte ante la iniciativa, por lo que, sin pensarlo y con cierta desesperación, puse una de tus piernas sobre mi hombro y me adentré en tu cuerpo de una estocada. Esperé unos segundos a que te acostumbraras pero cuando comenzaste a moverte por ti mismo entendí que ya estabas listo para continuar y encantado comencé a embestirte. Me aferré a tu muslo con fuerza para tener un punto de apoyo entre los balanceos que hacían la cama chocar persistentemente contra la pared, mezclándose el golpeteo seco con nuestras voces. Mi vista se perdía en tus expresiones y en la manera que estas convertían tu rostro en objeto de mi adoración, tus labios entreabiertos e hinchados por el juego de nuestras bocas, tus mejillas sonrosadas relucientes por el sudor, tus ojos cielo embriagados por el placer, los mechones que golpeaban a mi compás contra tu frente… era una escena que me convertía en adicto. Un adicto a ti. Mi excitación parecía no tener límites cuando te tenía sometido ante mí, jadeando como loco por la pasión que desprendía el acto de hacernos uno. Porque de ello se trataba, sentirnos mitades compatibles de un mismo ser que parecía haberse quebrado en dos y que nosotros lo completábamos al enredarnos en cuerpo y alma con el otro. Las emociones me llevaron hacia un éxtasis explosivo el cual fue secundado por ti con un alarido extasiado, arqueándote para recibirme por última vez. Exhausto, caí rendido a tu lado escuchando como nuestras respiraciones agitadas se sincronizaban.

—Eres un bastardo.— me dijiste aunque en tu tono de voz no había enojo ni burla.

Me rodeaste posesivo con uno de tus brazos y recostaste la cabeza tan cerca de la mía que podía sentir tu aliento en mi oreja.

—Lo sé.— reconocí.

—Pero te amo.

—Yo también te amo, Dobe.

Tus ojos se cerraron y de a poco fuiste quedándote dormido, tomé las sabanas para cubrirnos a ambos previniendo el helado comienzo de una lejana madrugada. Sentí la humedad pegajosa que me bañaba la ingle y a ti el estómago, pensando que en cuanto despierte te arrastraría a tomar un baño juntos. Te devolví el abrazo y antes de sumirme en sueños una reflexión fugaz cruzó mi mente:

"Los cumpleaños no eran tan malos después de todo…"

- M*A*Ñ*A*S -

Aquel día de otoño permanece grabado en mi memoria como un efímero y cálido recuerdo, en el que tu amor se manifestaba con gestos que me hacían perder la cordura. Cada vez que soltabas esos suspiros incontenibles cargados de voluptuosidad y te aferrabas a mí de aquella manera tan obediente, hacían que acabara por dudar si mi amor por ti tenía algún límite, pues parecía no encontrarlo.

Todas las veces que conseguía tomar tu cuerpo siempre me sabían a gloria, pero hubo una noche en especial que las remembranzas bulleron hasta hacerme perder el control, tomándote incansablemente en una mezcla de nostalgia y morbo que me supieron tan embriagadores como nunca antes en mi vida.

-~ Adorable ~-

Levanté la vista del libro cuando una sutil presencia llamó mi atención, detuve mi respiración unos segundos para confirmar mis sospechas. Me pareció, cerca de la habitación de huéspedes, sentir el ruido de una ventana deslizándose acompañada de un ligero chakra que pasaba casi desapercibido, me puse alerta. "¿Un robo?"

Apoyé con cuidado el texto sobre la pequeña mesa en la que reposaba mis pies y emprendí una sigilosa caminata por la casa, atento ante cualquier movimiento ajeno. Me asomé en la cocina pero ésta estaba vacía, así que continúe hasta llegar a las escaleras subiendo con cuidado escalón por escalón. Cada vez que me acercaba podía sentir como la sensación de incremento de aquella presencia me activaba los nervios del cuerpo. Al verme ya en el segundo piso continúe la marcha silenciosa hasta una de las puertas del pasillo, reconociéndola como la entrada a la habitación de donde había provenido el ruido. Preparado para cualquier circunstancia, giré el picaporte y abrí grandes los ojos cuando un bulto de telas oscuras cayó de sopetón frente a mí.

Elevé una ceja, extrañado. La intriga me movió a inclinarme y tantear aquello, notando al levantar un poco lo que reconocí como el uniforme Shinobi, una cabellera rubia que me resultó muy familiar.

—¿Naruto?

—Sasuke Teme, ¡eso dolió ´dattebayo!— tus murmurios quejumbrosos contra el suelo me confirmaron que se trataba de ti.

—¿Qué haces entrando por la ventana del cuarto de huéspedes, Dobe? ¿Te golpeaste la cabeza?— te reprendí, cada día me impresionabas más con tus payasadas. —¿Y por qué parece que tu ropa es cuatro talles más de lo que deb-…?— las palabras se me atascaron en la garganta cuando te vi lentamente ponerte de pie.

Y ahogué una carcajada.

Justo varios centímetros por debajo de mi barbilla te erguías cruzado de brazos con un mohín que me resultó encantador. Tu cuerpo pequeño escondido entre las extensas prendas daba una imagen tan adorable como irresistible, mientras tus ojos más grandes de lo normal se desviaban en un gesto avergonzado. Mi mente viajó y recordé tu figura de hace unos ocho años atrás, cuando aún éramos niños de academia.

Y comprobé que, evidentemente, frente a mis ojos se encontraba un Naruto Uzumaki de doce años de edad.

—Teme, tienes sangre en la nariz.— me dijiste señalándome el lugar en tu propio rostro. Tus mejillas tomaron un tono carmín.

Me llevé un par de dedos a ella, comprobando tu observación al verlos manchados y tapé el orificio sangrante. Bufando molesto, te sacaste prenda por prenda hasta sólo vestir la camiseta negra que, ahora, te llegaba poco más arriba de las rodillas. Me llevé amabas manos a la nariz, tapándola con ímpetu.

—¿Por qué tienes esa forma?— tuve que sacrificar parte de mi ropa para calmar el persistente líquido rojo que se me escapaba a cantidades alarmantes.

—No lo sé.— me respondiste tomando con ambos brazos y mucho esfuerzo el desorden de prendas por el pasillo. Comenzaste a caminar tambaleante mientras yo te seguía detrás, deleitándome con la vista. —Estaba en una misión cuando perdí la conciencia, lo último que recuerdo es que desperté con esta forma. Fui a ver a baa-chan y me dijo que no era nada grave, sólo un "desorden de chakra" y que no iba a durar más de treinta y dos horas.— arrojaste la pila dentro del lavadero y te volviste hacia mí. Tus enormes ojos resplandecientes me encogieron el pecho. —¡Al menos tengo algo de tiempo para descansar hasta que me recupere!

—Eres tan dobe, Naruto. Mira que desmayarte y echar a perder la misión, encima cambias de forma y te vuelves un estorbo.— aunque a mí más bien se me hacÍa un milagro.

—¡Cállate bastardo! ¡Ni que hubiese elegido estar con esta forma ´dattebayo! Ya de por sí es peligroso estar contigo ahora.

—Deja de decir tonterías, Usuratonkachi.

—¿Te has visto al espejo? No sé si llevarte al hospital a que te den una transfusión de sangre o molerte a golpes por pervertido.

Te miré sin esconder mi desacuerdo ante tu comentario y me adentré en el baño para limpiarme la sangre que comenzaba a secarse en mi cara. Escuché tus pasos revoltosos adentrándose en la cocina y sonreí pensando en que siendo grande o pequeño, tu apetito nunca cambiaría. Me quité la camiseta para enjuagar las manchas rojas que todavía estaban frescas y así después no me tomara más trabajo quitarlas, no quería tener que tirar otra después de haberme deshecho de tantas. La arrojé en el canasto y salí a tu encuentro cuando escuché que gritabas mi nombre.

Pero me congelé apenas te vi, pues de nuevo la escena que se me ofrecía en frente hacía que me cuestionara mi sanidad mental.

Estabas intentando coger un envase de ramen instantáneo que no lograbas alcanzar gracias a tu corta estatura, obligándote a estirarte sobre la mesada para llegar a la alacena. Comprobé que también habías dejado atrás tu ropa interior, notándosete gran parte de tu hermoso y redondo trasero que parecía invitarme descaradamente a tomarlo y… ¡joder, acababa de terminar de limpiarme!

—Sasuke, ¿puedes alcanza-…? ¡Ahh! ¡Teme! ¡Estas sangrando mucho ´dattebayo!— chillaste mientras me señalabas con un dedo acusador. —¡Sabía que no tenía que venir a casa hoy! ¡Tuve que haberme ido con Sai! ¡Estás enfermo, idiota!

—¡Deja de hacer tanto escándalo, Dobe! ¡No es mi culpa que cada vez que te veo me…! Espera, ¿con Sai?— caí en cuenta de lo que entre tu enojo me habías gritado sin cuidado. ¿Había escuchado bien?

Tú pusiste tus bracitos en jarra intentando demostrar tu irritación, pero tus rasgos infantiles lo hacían ver más como el berrinche de un niño que no consigue lo que quiere. Regresé la seriedad a mi rostro al afilar mis ojos, dispuesto a escuchar tus excusas, pues el hecho de que hubieses pensando en pasar la noche en casa de otro hombre me pareció de lo más desagradable, sin contar que justamente se trataba de la maldita copia barata. Frunciste aún más el ceño cuando adopté mi casual fría expresión.

—Fue lo primero que pensé cuando me vi con esta forma. Si venía a casa seguro tú me obligarías a hacer cosas sucias y tengo el presentimiento que con este cuerpo me va a doler horrores, pero luego pensé en lo mucho que iba a sufrir tus celos maniáticos después, cuando te enteraras que me fui a dormir a casa de Sai.— me explicaste. Finalmente te relajaste y acercaste una silla hasta la mesada, donde te paraste para alcanzar tu tesoro el cual admiraste entre tus manos con ojos brillosos. —En fin, como me toques te dejo estéril ´dattebayo.

Vi el chakra escarlata del Kyubi bullir a tu alrededor, dejando en claro tu amenaza. Bufé entre decepcionado y molesto, alzando las manos en señal de tregua.

—Vale, vale. Ya entendí, Usuratonkachi.

La tarde se me hizo eterna. Mientras yo agonizaba, tú te paseabas semidesnudo por la casa con esa pequeña figura que me nublaba la mente de pensamientos insanos y deseos carnales, mandándome estos directo hacia un infierno en el que la excitación de verte desfilar ante mí me torturaba como nunca en mi vida. Sin embargo, haciéndole horna a mi apellido, mantuve la compostura en todo momento, ignorando las sonrisas burlonas y los gestos obscenos con los que intentabas provocarme cada tanto, no permitiría que te divirtieras a consta de mi sufrimiento.

Finalmente el crepúsculo acabó y el cielo nocturno había tomado su lugar, mandándonos entre bostezos hacia el tan anhelado descanso. Yo me arrastré hasta la habitación donde me despojé de cualquier vestimenta y me introduje en la suave comodidad de las sábanas, entrando en un estado de entresueño. Me había tomado tan en serio el trabajo de disipar mis deseos sexuales que acabé agotándome y perdiéndolos por completo.

El colchón cedió un poco cuando te acostaste junto a mí, apagaste la lámpara de tu lado y murmurando me diste las buenas noches a lo que yo respondí sin mucho entusiasmo.

Los minutos pasaron y poco a poco los músculos fueron relajándoseme, junto con mi respiración que se volvió acompasada. Podía sentirte revolviéndote en tu lado de la cama, de un lado a otro y tapándote y destapándote, pero al presente de nuestra relación ya me había acostumbrado a ello, pues eras inquieto hasta cuando dormías. Entre uno de tus retorcijones acabaste abrazado a mi espalda, apoyando una de tus diminutas manos en mi cadera y rozando con la fría punta de tu nariz mi espalda. Era un gesto mimoso tan común en ti que no despertó en mí nada más que ternura, a lo que suspiré dormitando sintiendo tu calor acunándome. Pero pareciendo insatisfecho con ello, comenzaste a restregar tu rostro sobre mi piel como si se tratase de un animalito que disfruta el contacto de algo suave, pegándote aún más si se quiere, y pasando la otra mano por debajo de mi cuerpo hasta rodearme en un abrazo. El contacto de tu boca sobre el sobresaliente de las vértebras no me lo esperé al igual que tus dedos curioseando dentro del bóxer, acto provocante de una corriente eléctrica que me recorrió de arriba abajo. Entreabrí los ojos cuando mi miembro dormido fue apresado y acariciado insistentemente, obligándolo a levantarse de manera inevitable al acariciar la punta de aquella forma que me volvía loco. Me giré y me encontré con tu expresión de falsa inocencia.

—¿Qué estás haciendo?

Tu contestación me llegó segundos después, con un tono algo apenado.

—Es que… me entraron ganas.

Esa confesión me pareció de lo más sugerente. De repente las ganas de saltar sobre ti reaparecieron como el apetito voraz de un depredador que no logra saciar su hambre nefando, pero haciendo de lado los instintos y optando por mi orgullo, te di la espada de nuevo.

—Yo no tengo la intención de tocarte, lo dejaste muy claro hace unas horas.— te respondí sabiendo que ello no te agradaría para nada. —Duérmete de una vez, Dobe.

Instantes después de mi réplica las sábanas volaron por los aires, destapándome y aprovechaste el momento para colocarte a horcajadas. Estiré un brazo y prendí la lámpara a mi lado, buscando una fuente de luz que pudiese ayudarme a volver más nítida la situación. Mis ojos fueron a parar a los tuyos que, redondos y expresivos, me transportaron a épocas oscuras y el sentimiento de incomodidad junto a una fuerte punzada se me instalaron en el pecho. No pude sostenerte la mirada.

—¿Sasuke?

Te escuché, pero los sentimientos comenzaban a enredarme las palabras y éstas parecían taponarse en mi garganta haciendo que el respirar se volviese tortuoso.

Desde que habías entrado con aquella forma me las arreglé para evitar el aflore de emociones innecesarias y que a la fecha ya no tenían importancia, pero que se arraigaban a mí como la oscuridad de las sombras más aciagas. Estaba consciente de que tu intención al entrar por la ventana, además de evitar mis acosos, era para impedir recrear la escena de mis remordimientos, tu amabilidad se me incrustaba como una daga. El recuerdo de tu expresión desahuciada se me había grabado a fuego en la cabeza y ahora parecía materializarse entre el juego psicótico con el que solía atormentarme diariamente.

Alcé los brazos hasta ocultarme los ojos que amenazaban con rebalsarse, aunque mi tembloroso labio inferior mandó el disimulo al demonio.

—¿Sasuke?

Otra vez. Tu voz se distorsionaba y el eco de un grito desgarrador hizo que el agarre de mis brazos aumentara.

"¡Sasuke! ¡No te vayas, por favor!"

No me llames con esa voz. No me mires con esa expresión. No me hagas recordar el dolor.

—¡Sasuke!

No puedo soportarlo…

El escondite se me fue arrancado con un impulso, tus zafiros fueron mi salvación.

—¡Estoy aquí ´dattebayo!

Y todo se detuvo. La sorpresa me descolocó y no pude evitar que esta se colara en mi rostro reflejándoseme, pero tu sonrisa compresiva me devolvió la calma e inmediatamente regresé a la maravillosa realidad. Rodeaste mi cuello con delicadeza y amor de tal forma, que no pude reprimir algunas gotas transparentes que se deslizaron por mis mejillas, correspondiéndote el gesto y sintiendo tu cuerpecito entre mis brazos. Acariciaste mi cabello para intentar calmarme mientras me susurrabas:

—Estoy aquí, Sasuke, siempre estaré contigo… te perseguiré hasta los confines del mundo y haré cuanto sea necesario para que nunca te alejes de mí… eres todo lo que tengo y lo que más me importa… te amo.

Eso fue suficiente para reavivar el fuego que comenzó a propagarse en mi interior, levantándome y acomodándote con facilidad debajo de mi cuerpo. Tus manos fueron a parar a mis mejillas limpiando los rastros húmedos que habían dejado las lágrimas y luego me atrajiste hasta que nuestros labios se fundieron en un profundo beso. Podía sentir la mezcla de sentimientos y pasión de una forma embriagadora que me anuló el razonamiento, dejando que mis manos vagaran por tu figura hasta desprenderte de a poco de las escasas prendas que llevabas. Las caricias aumentaron por ambas partes y me deshice de la ropa interior que estaba matándome mientras tú te aprovechabas del momento y asías mi miembro para continuar lo que habías dejado a medias, uniendo ambos sexos y masturbándolos con tus dedos pequeños de una manera exquisita. Te besé el cuello con hambre marcando un camino desde el borde de tu mandíbula hasta la clavícula, escuchando y sintiendo de cerca los jadeos que se escapaban de tu boca con un tibio aliento. Pronto, las corrientes eléctricas previas al orgasmo comenzaron a recorrerme e impaciente llevé una de mis manos para acompañar tu movimiento, los gemidos extasiados inundaron la habitación cuando ambos acabamos en el estómago del otro.

Ataqué tu boca de nuevo, invadiéndola y disfrutando el contacto delicioso de tu cavidad cuando tu lengua recibió a la mía, enredándose en una danza apasionada que me llevaron a ponerme duro de nuevo. Me aparté en busca de aire y contemplé tu cuerpo de niño desnudo, esparcido por la cama, manchado de una mixtura de semen que me otorgaba una vista demasiado sugerente y algo morbosa.

Te tomé hasta sentarte sobre mí entre más besos y mimos, por más malsano que suene, se me hacía excitante tener el control de poder llevarte de aquí para allá a mi gusto, pues tu complexidad de niño me lo ponía muy cómodo. Chupé tus pezones hasta dejarlos hinchados y de un color carmín que combinaba a la perfección con el tono de tus mejillas mientras tú revolvías mis cabellos entre los dedillos y gimoteabas sin pudor alguno. Volví a besarte pero esta vez tres de mis dedos se interpusieron entre nuestro lascivo embrollo de labios, lengua y saliva, siendo humectados al instante. Los llevé hasta tu entrada que entre el roce de nuestros cuerpos y la excitación del momento se había dilatado como si estuviese aguardando por mí, enterré el primero y el calor de tu cuerpo viajó hasta proyectarse en mi parte baja que se endureció aún más gracias a la imaginación. Te escuché gemir incómodo y con la mano libre te acaricié y lamí tus labios junto a aquellas tres marcas en tus mejillas para intentar relajarte, cometido que logré y enterré el segundo dedo que le siguió el tercero poco después.

Estuve tocándote un largo periodo de tiempo en el que te abrazaba intentando trasmitirte el descontrolado remolino de emociones que tu persona me provocaba, procurando, a la vez, acostumbrar tu nuevo cuerpo a una intromisión mayor de la que este podía soportar.

Te recosté de nuevo sobre el colchón y separé tus muslos mirándote interrogante.

—¿Está bien…?

—Hazlo, Sasuke… te quiero… dentro.— me respondiste con tu voz entrecortada por los jadeos.

Sin más miramientos, comencé a introducirme con la mayor calma que mi autocontrol me permitió, siéndome inevitable apretar los dientes con fuerza para no penetrarte de una estocada, pues la estrechez de ese pequeño cuerpo estaba llevándome más allá del paraíso. Tú te revolvías debajo mío apretando las sábanas y buscando con desespero el aire que parecía escasearte los pulmones. Empujé un poco más hasta verme dentro por completo, tus ojos cegados por la pasión fueron mi ratificación para empezar a moverme. En ese momento el mundo entero pareció dejar de existir, sólo el golpeteo de la cama y el calor abrumador acompañaban el placer de verte retorciéndote de puro goce al recibirme cada vez que me introducía en lo más profundo de ti.

—¡Ahh…Sas-sasuke!... ¡Te amo! ¡Ahh…! ¡Te amo, Sasuke!

Diez minutos, cinco horas, tres años… el tiempo se distorsionaba cuando hacíamos el amor, nada más que nuestras almas fundidas importaba. Te amaba. Te amaba de tal forma que era inhumano y me volvía loco, ya no podía vivir sin ti.

—Naruto… yo tamb-… ah… yo también te amo.

Te abracé mientras seguía hundiéndome una y otra vez, viéndome próximo al final. Busqué tu boca en el momento justo de la culminación en la que ambos llegamos al éxtasis, ahogando los gritos en la garganta ajena. El balanceo fue cediendo hasta que dejé de moverme pero permanecí en tu interior, sin querer salirme y deseando permanecer así por lo que me restaba de vida. Ese era mi único deseo.

Sentí que el cansancio hacía mella y me guiaba directo hacia un mar de sueños. La felicidad y el embelesamiento de amar y ser correspondido con la misma intensidad iban más allá de cualquier cosa que pudiese pedir.

Me ahogaba en tu entera existencia...

- M*A*Ñ*A*S -

Aquellas tres noches fueron la condena que me llevó a ser preso de tu cuerpo… Nunca tuve duda alguna que serías exquisito entre caricias pero siempre con un parecido, cuando en realidad eres diferente cada noche y no tienes problema en demostrarlo.

Tú, mi sádico, sumiso y adorable Dobe.

HYG~¤~¤~¤~HYG~¤~¤~¤~HYG~¤~¤~¤~HYG

¡Bien! Si les salen caries después de esto lo entenderé y les pagaré el dentista, lo juro. (?

Gracias por haber leído la segunda parte de esta pervertida y empalagosa historia. Al principio sostuve que sólo se trataría de un One-Shot pero después, gracias a algún que otro comentario, dije ¿por qué no hacer un Two-Shot? Y esto fue lo que salió.

Repito: el POV no es lo mío y dudo muchísimo volver a repetirlo, ni hablar del POV de Sasuke con quien no me llevo muy bien para narrar.

¡En fin! Esta segunda parte va especialmente dedicada a ambu780 quien, en aquel año en el que comencé a escribir, me apoyó con sus bellos reviews en cada una de mis historias. Prometí dedicársela y nunca olvido una promesa por mucho tiempo que pase (dos años para ser exactos). También va para todos los usuarios que me dejaron sus alentadores comentarios: NSTF, xyuixkawai, winny-wika3, selakama, Roys y nicky-chan.

De nuevo, gracias por leerme. ¡Nos vemos en la próxima historia!

»"Me basta mirarte, para saber que con vos me voy a empapar el alma."«

HotaRu YaOiGirL