-Es hermoso- dió un sorbo a su té. -¿Hace cuánto tiempo que no ves el amanecer?-

-La semana pasada, un día antes de mi examen de razonamiento judicial.-

Ambas rieron.

Dos horas pasan volando cuando tienes agradable compañía y diversión. Los besos, las caricias, el sexo, todo fue tan bueno que ninguna de las dos quiso dormir por temor a olvidar lo que pasó esa noche. Era la primera vez que Soi Fong se acostaba con un extraño, pero la conexión que sentía con su compañera no se comparaba a ninguna otra experiencia anterior. Había salido con un par de mujeres, pero en esas 'relaciones' Soi Fong no desarrolló sentimientos suficientes para considerarlas como algo más Sin embargo con Yoruichi; Yoruichi la hizo sentir dispuesta a cualquier tipo de compromiso.

Ridículo, pero así era.

A través de la ventana del hotel cielo iba adquiriendo tonalidades más vivas, a medida que pasaban los minutos el brillo del sol se reflejaba tenuemente en sus pieles. Jamás había visto semejante espectáculo de colores.

Sentadas en la cama sin ninguna preocupación en el mundo. Solo veían el amanecer. Yoruichi preparó un té de menta para aliviar la resaca; encantadas en el ambiente que creó el aroma, dedicaron su tiempo para disfrutar de sus compañías. Reían, de vez en cuando hablaban, una que otra caricia o tal vez un beso sorpresa. Cualquiera que fuera, Soi Fong deseaba atesorar cada momento.

Yoruichi encontraba fascinante los delicados rasgos en el rostro de Soi Fong; su nariz pequeña, grandes ojos rasgados y labios color melocotón. El amanecer era hermoso, pero prefirió ignorarlo para admirar las facciones de su compañera. Tenía una belleza tan peculiar y es como si ella lo ignorara a propósito.

-¿Qué?- Preguntó avergonzada. Yoruichi tenía una mirada tan intensa, que las defensas de Soi Fong se volvían polvo, la derretía.

Sintió los dedos de la mujer recorrer sus hombros, lentamente bajando por sus brazos y entrelazando sus dedos como destino final. Endemoniadamente abrumadora, pero a la vez tan gentil. Pensó.

-Te ves linda.-

Un comentario tan simple fue capaz de avivar el rubor que tenían las mejillas de Soi Fong. Intentó bajar la mirada, pero Yoruichi no se lo permitió. Colocó su mano libre bajo la barbilla de la joven, queriendo contemplar aquellos ojos unos minutos más.

Eran oscuros, pero si mirabas de cerca los tonos grises no pasaban desapercibidos. Brillaban tanto que parecían estrellas.

Deslizó un pulgar hacia sus mejillas. Acarició el lugar donde el carmín era más intenso. Su piel era suave. Los ojos de la morena se desplazaron en la misma dirección. Quería memorizar el contraste de sus pieles, la tersa sensación bajo sus manos, cada poro en el rostro de Soi Fong.

La atmósfera que nacía entre era extasiante. El olor a alcohol que anteriormente acaparó la habitación fue reemplazado por un sutil aroma a menta que emanaba del té. Apartó su agarre de la mano de Soi Fong y subió en dirección a su espalda; sintiendo la ligera tensión de sus músculos, recorrió repetidas veces el camino que marcaba su columna vertebral intentando calmarla.

Los delicados movimientos de Yoruichi aturdieron a Soi Fong. Hipnotizada con cada roce. En una noche todos sus sentidos habían caído bajo la merced de una completa desconocida; le había dado todos sus derechos a una mujer que conoció hace cuatro horas en la barra de un bar. Tomó una loca decisión y por primera vez no se arrepentía. Dispuesta a todo, aceptaría cualquier consecuencia con tal de pasar unos minutos más junto a ella.

No pensaba, su cerebro simplemente había dejado de razonar. Quería era sentir, sumergirse en Yoruichi; con el toque de sus dedos, con toda su piel; soñaba con pasar el resto de su vida besando, adorando cada parte de esa mujer.

Con timidez acarició sus muslos; sus manos fueron subiendo por sus caderas, cintura, rozaron su plano vientre y terminando su destino en la curva de sus pechos. Insegura de ir más allá, sus ojos buscaron aprobación de Yoruichi.

Un beso apasionado fue suficiente. Yoruichi entró en la boca de Soi Fong sin algún aviso, devorando todo a su paso con una intensidad que le arrebató el aire.

Su lengua exploró cada rincón con vehemencia, la mezcla de sabores en su boca creaba una sensación explosiva que la incitaba a querer más y más. No podía detenerse, la necesitaba; tenía que probar cada parte de Soi Fong. Su cuerpo estaba en llamas. La temperatura aumentaba con el roce de sus lenguas. Rogaba por escuchar sus gemidos otra vez, sentirla por todos lados otra vez. Quería tenerla a su merced, pero también quería ser de ella. Todo. Quería todo a la vez.

Fue cuestión de minutos para que las dos mujeres quedaron tendidas en la cama. Por instinto entrelazaron sus piernas, intentando calmar el mortificante hormigueo con sus muslos. Estaban muy húmedas, lo sentían perfectamente en sus pieles. Las manos viajaban por cada rincón, esta vez sin duda o inseguridad. Yoruichi acariciaba los pechos pequeños de Soi Fong, deleitándose al ver su cuerpo reaccionar al tocar ciertos lugares en especial. Y más que nada, disfrutó como esta se deshizo de su timidez, permitiéndose recorrer cada esquina con seguridad, pues en ese momento, Yoruichi también era de ella. Sus piernas, muslos, glúteos. Después de haber explorado lo suficiente, sus caricias terminaron enfocándose en ese lugar.

Yoruichi estaba reaccionando. En un par de horas, Soi Fong se las arregló para encontrar sus lugares favoritos. Aprendía demasiado rápido.

Querían devorarse una a la otra, con sus lenguas, manos y el resto de sus cuerpos. La entrepierna de Yoruichi imploraba por algo más, estaban en la posición perfecta para ello.

Con un último beso, Yoruichi se separó. Esperando que su respiración se apaciguara un poco, admiró los finos labios de la menor; ahora entreabiertos y adornados con una coloración carmín.

Se apoyó en la cama, levantó su torso. Con una mano separó las piernas de Soi Fong, dedicando unos segundos para admirar cada detalle de su intimidad; no había parte de la chica que no le pareciera fascinante.

Cuidadosamente descendió sus caderas, sintiendo aumentar la temperatura de sus entrepiernas a medida acortaba la distancia. Finalmente se tocaron.

La sensación iba más allá de lo maravilloso.

De Soi Fong escapó un gemido. Fue muy erótico, su dulce y sobria voz se había mezclado con lujuria y necesidad.

Apoyando su agarre en la pierna de Soi Fong, Yoruichi lentamente comenzó a empujar sus caderas; estaban tan húmedas que fue suficiente lubricante para deslizarse una contra la otra. Una nueva posición entre todas las de anoche. Ligeramente difícil comparada con las demás, pero maldición, valía la pena. El incesante y húmedo roce de labios, sus clítoris al chocar, tener la completa visión de tu compañera al retorcerse de placer. Lo que la morena no entendía era por qué no lo habían hecho antes.

Con la tenue luz del día, Yoruichi observó a detalle el cuerpo de Soi Fong; definitivamente ejercitaba, los músculos en su vientre y en el resto del cuerpo eran prueba de ello. Características que siempre halló sensuales en una mujer, especialmente en aquellas que demostraban una personalidad fuerte y firme en el exterior. De esas que rápidamente se desvanecen en la cama. Hace cuanto tiempo no encontraba una mujer así.

Soi Fong no tenía palabras para lo que veían sus ojos. Yoruichi estaba prácticamente sentada sobre ella, moviendo las caderas en círculo sobre su entrepierna, intensificando la fricción; era excitante ver como luchaba para no perderse en el placer. Soi Fong no creyó poder estar más abrumada, pero así lo era. Ante ella estaba el majestuoso cuerpo de Yoruichi brillando con los rayos del sol, tenía la figura de una diosa. Su vientre, su cintura, sus pechos, no consiguió encontrar una sola imperfección.

Estaban cerca. Soi Fong apoyó una mano en el cuello de la mujer; agarre suficiente para poder empujar sus caderas de la misma manera. Al igual que Yoruichi, su entrepierna imploraba por más, por suerte ninguna estaba dispuesta a detenerse. Sus clítoris estaban tan duros que al chocar un espasmo eléctrico asaltaba sus cuerpos, como si se tratara del más doloroso placer. Gemían sin inhibición, ambas en total abandono; no necesitaban pensar cuando lo único que querían era sentir. Tener sexo jamás se había sentido tan bien.

Las estocadas se habían vuelto tan fuertes que la cama empezó a temblar; ambas estaban a al límite y necesitaban sentir más, desesperadas por mucho más.

El orgasmo no tardó en llegar.

Una oleada de placer recorrió el cuerpo entero de Soi Fong, sus caderas se arquearon y dejó escapar un grito. Segundos después, Yoruichi fue la siguiente en acabar.

Sin aire, quedaron tumbadas una sobre las otra. Agitadas, en silencio, disfrutando en la merced de aquel maravilloso orgasmo.

El tiempo voló.

Los últimos minutos fueron preciosos para la mujer más joven. Yoruichi descansaba encima de ella, sin preocupación en el mundo. Soi Fong solo la abrazaba; acariciando su nuca, perdiendo sus dedos entre los oscuros y largos cabellos de la mujer. Deleitándose en el nuevo aroma que creó su perfume, junto a las hojas de menta.

Ya era hora.

No sabía exactamente cuánto pasó, pero sí lo suficiente. Esta fantasía debía llegar a su final.

-Debo irme.- Susurró en el lóbulo de su oreja.

Yoruichi inmediatamente levantó la cabeza. Sus ojos demostraban decepción, pero también reproche. Muy en el fondo, ella también esperaba pasar el día entero hablando y teniendo sexo con Soi Fong. No podía creer que se tenía que ir.

-Lo lamento, de verdad.- Trató de excusarse, no soportaba esa mirada en Yoruichi. -Es que… Tengo esta, um, reunión con unos sujetos.- Sacudió su cabeza ante lo mal que debió haber sonado. -E-Es importante para mi padre, ¡P-para el negocio de mi familia en general!-

Quería ser tragada por la tierra, los nervios la habían atacado por la espalda y ahora estaba haciendo el ridículo por hablar antes de pensar. Sintió como repentinamente era atravesada por la intensa mirada de su compañera, ¿Había dicho algo que la enojara?

Pero su ansiedad se calmó un poco cuando esta bajó la cabeza resignada.

-Está bien.- Finalmente habló la morena, sin mostrar intención en despegar la cabeza de su pecho. -Ve y haz lo que tengas que hacer.-

Soi Fong la observó expectante.

Pero nada pasó.

Suspiró. Yoruichi rodó al lado de la cama para dejarla salir. El cansancio había llegado por ella y si esperaba unos minutos más, seguramente iba a quedar dormida encima de Soi Fong. Tal vez su pecho era pequeño, pero era jodidamente cómodo. Cerró los ojos intentando conseguir algo de paz, por suerte Soi Fong buscando su ropa era lo único ruido en la habitación. 'De seguro ella también debe estar cansada' Pensó. La resaca se fue, pero haber estado despierta hasta más allá de las seis probablemente sería un problema, pobre chica.

Volteó a verla. Solo faltaban tres botones de su camisa y estaría lista para salir por la puerta.

¿Acaso debía decir algo?

Tal vez no tenía la mayor experiencia, pero Soi Fong entendía cómo este tipo de situaciones funcionaban. Una noche, nada más. Sin ningún tipo de sentimientos de por medio. Solo dos personas que buscaban algo casual y simple.

La realidad era que conocía a Yoruichi lo suficiente como para desarrollar tanto interés; claro, se trataba de una persona interesante y hablar con ella le resultaba particularmente fácil, ¿Pero qué tal si todo lo que dijo fue mentira? ¿Qué tal si estaba casada o era una estafadora en realidad? Honestamente la personalidad de Yoruichi encajaba para cualquier tipo de situación, buena o mala.

Para empezar, ¿Qué le hacía creer que Yoruichi también quería más allá? Consiguió lo que buscó al llegar a esa barra, no tenía sentido seguir. Era ridículo. Se sentía ridícula. Pero no soportaba la idea de no volver a verla, necesitaba saber más de ella. Aun si probablemente terminaría lastimada.

Un segundo de valentía fue suficiente.

-Yoruichi-san, yo…- Titubeó mirando al suelo. -Yo, um, quisiera…- Se balanceaba sobre sus pies inquieta, las palmas de sus manos le sudaban. Estaba vuelta un espectáculo y lo último que quería imaginarse era la expresión que Yoruichi debía tener, seguramente se veía ridícula. -¿Poder verte otra vez?-

Al final no fue más que un murmullo, un permiso más que una invitación.

Yoruichi la había escuchado, pero por más cruel que sonara, se tomó una buena cantidad de tiempo para considerar lo que podría traer esa invitación.

Soi Fong sintió la espera eterna.

-Palacio Coreano, ¿Puedes a las nueve?-

Ok, en serio disculpen la demora, este año ha sido medio complicado para mí y hasta ahora encuentro tiempo para evadir mis responsabilidades y escribir el capítulo. Tampoco esperaba que esto se me saliera tanto de las manos, dije que no escribía lemon y sin embargo aquí estoy ja ja… ja. Espero que les haya gustado, y que mi intento de escenas sexuales no hayan incomodado a nadie, juro que traté de hacerlas lo menos explícitas posibles.

Gracias por leer y dejar sus favs y comentar. Y de verdad disculpen la espera.