Resumen: Si Akane tan sólo supiera que la nieve trae la suerte ¡Pero vaya saber uno si es buena o mala!
Advertencia: OOC –Intentare evitarlo como me sea posible pero no prometo que lo logre, pero el que avisa no traiciona– y OCs.
Disclaimer: Los personajes Ranma ½ no me pertenece y este fic está hecho sin fines de lucros.
Capítulo II: Shows de invierno
Las semanas pasaban volando, Akane las sentía así. Pero, sobre todo, las sentía aplastante; tan pronto llegaba el viernes caía rendida sobre su cama. Nada de comida, una ducha y a la cama. No había pasado nada fuera de lo normal, lo típico de todo los días. Las otras prometidas saliendo hasta desde bajo de las piedras; Kuno siendo… bueno, Kuno; P-chan aparecía cada tanto y volvía a desaparecer; algún de los ya conocidos contrincantes de Ranma haciendo desastres, de vez en cuando veía a su fiel amigo Ryoga pasando por la ciudad. Sin duda un día típico para Tendo Akane.
Tan típico que se sentía aburrido.
La semana empezaba de vuelta. Despertar a Ranma, le costaba sin importar lo que hiciera y por lo tanto terminaba llegando tarde, no tuvo tiempo de desayunar pero por lo menos se llevó el bento que Kasumi había preparado. Algo era algo. Llegó a tiempo, casi cinco minutos antes de que cerraran las puertas y dos antes que el profesor, Ranma la seguía de cerca. Akane se acomodó en su asiente y se limitó a copiar lo que había en la pizarra durante las próximas horas.
A la hora del almuerzo, Akane siente que es un calvario. Odia ese momento del día, por lo que a veces suele escaparse con sus amigas o simplemente se escapa. Porque odia cuando llega Shampoo en su bicicleta, tan coqueta como siempre con sus trajes chinos; odia cuando Ukyo corre al lado de Ranma en un santiamén, tan fresca y confiada, segura de su posición; odia cuando aparece Kodashi, y a pesar que está más loca que una cabra, no tiene vergüenza en hacer o decir lo que quiere… aún que, también puede ser gracias a esa locura que tuviera tal facilidad. Odia aún más ver a Ranma rodeado de ellas tres y esté no parece hacer nada para evitarlo… sí, lo odia.
Akane llegó a un punto que no necesita de Ranma para hacer comparaciones. Ella lo hace solita. Su mente lo maquinaba todo, susurrando cada palabra, cada comentario, cada frase con un tono venenoso y malicioso que le sorprendiera que no fuera alguien parado a su lado murmurando a su oído.
Para ser honesta, Akane cayó en cuenta que dirige el mínimo de palabras de lo acostumbrado a su prometido. No es lo mismo, ella no se siente igual. Hace como si no fuera nada, ella está ocupada con otras cosas, tiene otras cosas que hacer; la escuela, por ejemplo, y sus entrenamientos.
—"Mentira" —susurró una voz en su cabeza, mientras que por el rabillo Akane ve a Ranma siendo estrujado por la amazona contra su pecho y así empezaba otra pelea entre las prometidas. Quiso ignorar con todas sus fuerzas aquella astilla en su pecho. Lentamente, sin que nadie lo notara, levantó su mano apoyándola donde sentía la molestia en un intento vano de auto aliviarse — ". Sólo es la escuela, tus entrenamientos casi no existen ¿De qué sirve cuando no tienes alguien dispuesto a enseñarte y mostrarte tus errores, y lo haces sola? No llegas a ningún lado"―como si su cerebro confabulara en su contra recordó el estilo de pelea de Ukyo y Shampoo comparándolo con su nivel. La voz en su cabeza susurró compadeciéndola; ―". Ya te diste cuenta."
Suspiró y debió la mirada hacía la ventana del patio, ignorando el barullo que era todo el aula.
Su padre quería tener un varón, dos niñas era suficiente. Tuvo una tercera niña y su madre murió a los años. Sin duda, tener tres hijas no era el plan; un hombre debía heredar el dojō, no una mujer. Le irritaba que su padre no quisiera darle la oportunidad y además le dolía. Significaba que no era suficiente, ni siquiera para su padre.
Desde pequeña quiso poner en pie los sueños que su nacimiento había acabado. Robando los rollos antiguos de artes marciales que su padre escondía en el dojō y entrenando día sí y día también en mejorar y demostrar que ella capaz, sin importar cuál fuera su sexo. Incluso, desde pequeña, había aprovechado cuanto curso de pelea se pusiera enfrente, siempre viéndose apoyada por Kasumi… nunca vio el apoyo que tenía de Kasumi en su padre.
¿Pero es que él no veía lo que Shampoo o Ukyo, o incluso Kodashi, eran capaces de hacer? ¿Por qué ella, por qué Akane era diferente? ¡Las mujeres podían, sí que podían! ¿Pero era acaso que Akane no puede? ¿No es lo suficiente fuerte, no es lo suficiente capaz? ¿Había algo que le faltaba para lograrlo?
Akane estaba cansada de nunca ser buena en algo. Se sentía una completa inútil. ¿Cocinar? No, definitivamente era un asco cocinando ¿Bailar? Era como un tiranosaurio rex con dos pies izquierdo ¿Cocer, bordar? No, lo intentó, muchas veces, pero nunca sale bien, siempre es el mismo resultado ¿Cantar? Le gustaba, pero no, aun sonaba como alarma de coche ¿Luchando?... no quería hablar de eso, no quería pensarlo. Pensaba y pensaba, pero nada. Quería ser buena en algo, quería sentirse capaz de algo.
—Algo, lo que sea —susurró al aire.
Estaba a punto de retirarse de la ventana, con la idea de irse a comer su bento tranquila en cualquier otra parte, pero se detuvo en seco cuando reconoció a alguien: Yoshino Shuka. Parpadeó sorprendida al verla vistiendo el uniforme de la escuela Furikan, era la primera vez que la veía desde la nevada y eso había sido hace… ¿Cuánto, dos o quizás tres semanas atrás? Ese día también había nevado durante las primeras horas de clase, el patio estaba impecablemente blanco y parecía ser la única en todo el colegio que había salido.
La vio hacer movimientos extraños y reírse a carcajadas, como si hablara con alguien. Akane notó que había empezado a nevar, pero Shuka no parecía haberlo hecho, seguía hablando sola y riendo cada tanto. No pudo evitar pensar que se iba a resfriar.
Miró sobre su hombro hacía su banco, ella había traído el kit completo de invierno; el gorro, los guantes, la bufanda y además del enorme abrigo amarillo patito también tenía otro en la mochila. No era tan enorme, pero calentaba bastante. Se puso su kit de invierno y agarró el abrigo extra, saliendo disparada por la puerta del aula.
No fue consciente en ningún momento de los ojos de Ranma que la habían estado vigilando todo el tiempo.
Curioso de lo que había llamado la atención de su prometida se asomó disimuladamente por la ventana, encontrándose con la misma escena que había visto Akane. Shuka riendo y hablando completamente sola, no obstante no paso mucho para que Akane apareciera en la escena ofreciéndole el abrigo extra a la chica. No pudo ver más de lo que pasaba pues se vio jalado por el grupo de locas que eran sus prometidas.
Shuka parecía sorprendida cuando Akane pareció ofreciéndole el abrigo, más lo aceptó y agradeció con una sonrisa, poniéndoselo casi enseguida.
— ¡Muchas gracias, Tendo-san! No me había dado cuenta que estaba nevando —murmura mirando hacia el cielo con los ojos bien abiertos.
Akane imitó su acción, y miró de forma perdida el cielo nublado del que caía nieve.
—Es verdad, para y luego sigue de repente —pasaron un momento en silencio contemplando el cielo nublado hasta que Akane decidió romperlo—. ¿Con quién hablaba, Yoshino-san?
La chica bajó la vista del cielo hasta el rostro de la otra joven, escrutándolo pero la expresión de Tendo estaba en blanco.
— ¿Me viste hablando?
—Sí —contestó, mirándola por un momento antes de volver a mirar hacia arriba—. Desde la ventana del aula.
Shuka asintió y volvió la vista hacia el cielo nublado.
—Tendo-san… ¿tiene clases después del receso? —preguntó con tranquilidad, evadiendo la pregunta.
—No —admitió con honestidad. Tendría que tener biología, pero lastimosamente la profesora tuvo un percance por lo que, por un tiempo, cancelaría esa hora hasta tener reemplazo.
— ¿En ninguna de las siguientes clases? —volvió a curiosa.
—Tengo matemáticas más tarde —lo pensó un momento antes de decir—, pero realmente no quiero ir.
Ambas chicas parecían están hipnotizadas por el lento baile que los copos de nieve parecían estar ejecutando. Movimientos suaves, delicados y poco precisos, uno de tras de otro sin parar de caer. Una coreografía descoordinada pero encantadora sin duda alguna. Las nubes seguían oscuras, el frío seguía presente, pero la nieve era preciosa.
Blanca, pura, limpia, perfecta. Definitivamente hermosa.
—Bien —susurró por lo bajo Shuka, como si temiera alzar la voz en mitad de un recital —. Busque sus cosas, yo iré por las mías. En la bodega en diez minutos, Tendo-san.
Akane asintió, sin decir palabra alguna. Se quedaron un rato más antes de que decidieran que era suficiente y fueran por sus cosas a sus respectivas aulas. Akane entró a su clase sin ver a Ranma o a cualquiera de las prometidas alrededor, por un momento se preguntó en dónde estaría Ranma pero sintió el ardor de los celos quemar en su interior y decidió que no era importante.
—Seguro que debe de estar con alguna de las tres —resopló por lo bajo —. No importa.
Tomó sus cosas y salió de clases, sin llamar la atención de ninguna que estaba allí. Se fue rápidamente a la bodega, la puerta estaba cerrada con candado, siempre estaba con candado, y Shuka todavía no aparecía.
Esperó con la mirada puesta en algún punto del cielo. No había parado de nevar, seguro mañana estaría completamente blanco, aún más que ese instante. Habían pronosticaron nieve entrada la noche.
— ¡Tendo-san!
Akane se vio sacada de golpe de sus cavilaciones. Shuka apareció corriendo con su bolso colgando de un hombro, un gorro rojo sobre su cabeza, manos enguatadas y garganta protegida por una bufanda.
—Lo siento, Tendo-san, aún tengo puesto su abrigo. —se disculpó con una sonrisa penosa.
—No importa —contestó desechando su disculpas—, Yoshino-san ¿A dónde vamos?
Shuka sonrió con las mejillas rojas por el frío.
— ¡Vamos a ver un show, Tendo-san! —exclamó con emoción.
—Yoshino-san, no creo que eso sea…
— ¡No te preocupes! —interrumpió —. Detrás de la bodega hay un agujero, podemos pasar por allí y salir. Nadie lo notara.
Akane arrugó el entrecejo. Dudando de si ir o dar la media vuelta y volver a clases, los ojos de Shuka le miraban brillantes y expectantes por una respuesta. Guardó silencio por un largo rato, sopesando los pros y los contras de cada decisión.
— ¿Qué clase de show? —preguntó al fin, mirándola fijamente.
—Es más como un teatro donde narran historias ¡Dicen que es increíble! —contestó con emoción —. Hoy harán una presentación, todos los días narran algo diferente sobre leyendas o cuentos yokais o sobre fantasmas. Esta como a treinta minutos en tren, nos deja bastante cerca. Vamos, Tendo-san ―la animó nuevamente, cuando vio la duda y la desconfianza florecer en los ojos de la chica―, dijo que no quería quedarse en clases de matemáticas, no es como si desde ahora faltara todos los días. Sólo hoy ¿Qué le parece?
Viéndose rendida y un poco curiosa sobre el show de máscaras. Akane aceptó ir, ganándose un chillido de emoción por parte de Shuka. Fueron detrás de la bodega, tuvieron que correr una lona que tapaba el agujero que llegaba apenas al suelo, Akane no dudo que alguna de las prometidas fuera la responsable de tremendo agujero.
Una vez afuera de las paredes de la secundaria y habiendo tapado el agujero con la lona nuevamente, ambas jóvenes fuero a la estación de tren. Sorpresivamente, lograron llegar a tiempo para tomarse el tren que recién paraba en la estación. Durante el transcurso del viaje no dijeron palabra, sólo miraron la nieve caer por la ventana del transporte, sentadas una al lado de la otra.
—Tendo-san —habló Shuka, luego de un rato de silenció, ya habían abandonado el tren hacía tiempo —. Mire, es allá —apuntó al templo que parecía escondida entre arboles pero gracias a la altura de la montaña era perfectamente visible parte del arco de entrada.
— ¿El show es en un templo? —inquirió.
—Sí, durante invierno hacen shows para que la gente vaya a verlos. Últimamente no muchos van a los templos, pero las funciones de este templo siempre atraen la atención de la gente —Shuka sonríe —. Es bastante popular.
Una vez que estuvieron enfrente de las largas escaleras del templo, pudieron notar un grupo grande de personas habiendo. Muy seguramente para ver el show al igual que ellas. Y pancartas colgando desde lo alto anunciando los horarios de la exhibición, decoradas con imágenes de onis o yokais flanqueados en los costados por dos tengus bajo un fondo anaranjado cual atardecer.
—Me preguntó que interpretaran —Akane miró las pancartas con atención.
—No tengo idea —le contestó Shuka honestamente—. Pero espero que sea interesante ¡Sino, no habrá valido la pena!
—Me olvide de preguntarte ¿Cobran entrada? Igual, tengo algo de dinero conmigo.
—Sí, cobran. Yo también tengo dinero ¡Si no hubieras traído, no importaba! Yo te invite, yo pago.
Subieron los últimos escalones y se reunieron con las demás personas en el interior del teatro que había cerca del templo. Una vez compradas sus entradas a un par de jovencitas que estaban en la puerta del teatro, buscaron unos asientos que les resultaran cómodos para poder ver la interpretación a gusto. Los asientos estaban en forma de ronda y en gradas, dejando un enorme espacio oculto tras un telón rojizo carmín que parecía de terciopelo. Una vez encontrados los asientos, sólo quedó esperar que el resto se acomodara también. Akane notó con asombró cuánta gente había ido a ver el show del templo, aun con la amenaza de una fuente nevada, no tardó mucho para que el teatro estuviera completamente lleno y las luces se apagaran.
— ¡Ya va a empezar! —chilló en un susurró Shuka, parecía a punto de saltar en su asiento.
Desde los costados y desde las puntas del teatro luces iluminaron el escenario con las cortinas aun sin moverse de su sitio. Una voz de mujer, empezó a hablar:
Hacía siglos, los yokais gobernaban estas tierras,
Dueños absolutos de cada pedazo de ella…
Vivian en una paz normal entre sí.
El telón se abrió, cayendo hacía abajo y perdiéndose en la oscuridad. Akane no pudo evitar agrandar los ojos hasta el punto que parecían pelotas de pingpong. Figuras, yokais de todas las formas y tamaños salieron de detrás del telón flotando por el aire de teatro. También pudo ver con claridad a un niño de lluvia flotar por su cabeza y seguir de largo hasta el fin del teatro y devuelta.
Diferentes yokais parecían danzar por encima de la cabeza del público. Algunos causando ternura, otros eran cómicos y algunos daban algo de miedo. Cada uno parecía rondar por todo el teatro logrando captar la atención de los espectadores.
Pero con la llegada del ser humano,
Los yokais decidieron relacionarse con los humanos…
Akane tardó en notar al hombre parado en mitad del escenario de madera. Con una máscara tapando parte de su rostro, vestido con una yukata y sandalias. El cabello del hombre, largo, estaba atado para que no le molestara. Se preguntó cuándo fue que apareció allí.
El hombre estiró la mano lentamente con la palma hacía arriba y la mitad de los yokais de la sala no dudaron en acercarse a al personaje. Flotando y jugando a su alrededor, con completa normalidad.
Pero no todos encontraron agradable la idea.
Considerando a los humanos inferiores,
No dudaron en ponerse en su contra…
El resto de los yokais que no se había acercaron al hombre con anterioridad, estaba vez no dudaron un sólo segundo en atacarlo, a diestra y siniestra.
Akane y la mitad de los espectadores ahogaron más de un grito cuando vieron como los yokais enemigos no dudaban en atacar al hombre, quien esquivaba los ataques como si fuera una simple danza. Algunos soltaban exclamaciones de asombro viendo los actos de acrobacia; vueltas, piruetas, saltos mortales.
Pero pronto los humanos aprendieron a cómo defenderse,
Los sacerdotes y las sacerdotisas, aparecieron
Instruidos para proteger a los humanos de la maldad.
Los yokais de que habían empezado a atacar al hombre, se unieron poco a poco convirtiéndose en una enorme masa oscura que mientras más yokais absorbía más grande se hacía. Un par de ojos rasgados brillaban en rojo aparecieron en la enorme masa oscura y la boca se despejo soltando un horrible alarido.
Más de una mujer y hombre no pudieron detener el chillido desde el fondo de su alma.
Akane miró con atención al protagonista del show, notó que en brazo derecho un rosario de perlas rojas estaba envolviendo su mano.
Lo vio acercarse el rosario a la boca. Cuando el yokai se lanzó contra el hombre, él atacó rápidamente con la mano envuelta en el rosario en un puño certero. El yokai explotó, estallando en hermosos brillos y una onda expansiva que empujó a los espectadores hacía atrás mientras los brillos seguían cayendo. El hombre ya no estaba en la tarima.
Las luces se fueron de pronto y el teatro empezó a brillar con colores invernales, como pequeñas bolas de fuego flotantes por todo el lugar bailando al compás de una canción que no existía.
¡Que empiece los shows de invierno del Templo!
Nota:
¡Shows de invierno! ¡Shows de invierno! JAJAJAJAJA
Jojojo, nuestra querida Akane se ratio de la escuela (en Argentina se dice ratio… no sé, como le digan en sus países), y tiene una obsesión con la nieve poco sana. (?) Bueno, Akane se escapa de la escuela, habla poco y nada con Ranma… Creo que nuestra niña tiene un caso severo de autoestima baja y por si fuera poco está deprimida. (Creo, no soy psicóloga, si lo fuera ¡Me pagarían!)
Este capítulo lo iba a subir el 16 de enero, pero me iré por unas mini vacaciones y no sé si tengo wifi allí. :'v Además que estaré entretenida comprando cosas para mis mini vacaciones y probablemente olvide que tengo que subir capítulo y de que tengo que tener contacto con el resto de seres vivos a través del internet... me sucede seguido, por eso mismo... ¡Se los dejo con una semana de anticipación! =3 (Y no tengo ninguna culpa durante mi viaje JAJAJAJAJAJA) ¡Espero que hayan disfrutado el capítulo, cualquier cosa deja un comentario y te responderé con gusto!
PD: ¿Soy la única que siente que el pedazo del final me quedo al estilo "The Hunger Games"?
¡Que empiece los juegos del hambre!
Y que la suerte este siempre de su lado.
¡Besos con caramelo!
