Resumen: Si Akane tan sólo supiera que la nieve trae la suerte ¡Pero vaya saber uno si es buena o mala!

Advertencia: OOC –Intentare evitarlo como me sea posible pero no prometo que lo logre, pero el que avisa no traiciona– y OCs, necrofilia, una mini escena homo lesbi –insignificante estas dos últimas realmente, tranquilos esto sigue siendo un RanmaxAkane [un Raane o tal vez un Ranane o ¿qué tal un Rane? (?] –, algo de terror – la verdad que a mí no me da miedo, pero quién sabe por los demás, así que aviso por si acaso–.

Disclaimer: Los personajes Ranma ½ no me pertenece y este fic está hecho sin fines de lucros.


Capítulo IV: Navidad de pesadilla

Izquierda, derecha, arriba, abajo. Por donde se viera había un tumulto de gente comprando, yendo y viniendo para lograr tener los mejores precios o para evitar que el objeto que estaban buscando se acabara. Hombres y mujeres cargando bolsas con juguetes, ancianos y ancianas en la mismo posición, las jovencitas parecían ser flashes que las veías en un momento y al otro ya no estaban ¡Y pobre sean sus novios! Criaturas incautas que no lograron escapar de las garras de las compras navideñas había en todas partes.

Sin dudas, navidad era la época en donde parecía que la gente se agrupaba en los centros comerciales. Casi como si todos se pusieran de acuerdo, hora y tienda, y se amontonaran en frente del local para arrasar con todo lo que encontraban. Haciendo millonarios a los vendedores que, con sonrisas de oreja a oreja, les deseaban felices fiestas.

Había que vender y había que comprar. Esa era la regla de oro no escrita.

Akane pasaba por vidriera, tras vidriera. Buscando algo, ya sea simple u ostentoso, eso no importaba realmente aunque preferiría que no fuera tan caro; tenía un presupuesto limitado para comprar todos los regalos de esta navidad. Había ido por esa misma razón al shopping, en una escapada rápida que pudo hacer gracias a Kasumi, que necesitaba comprar algunos ingredientes para la cena navideña.

Había logrado conseguir tres reglados, pero la lista era larga. A Kasumi le había conseguido un nuevo delantal con un muy bonito bordado en el pecho; a tía Nodoka una peineta cuya punta tenía un rosario de flores de cerezo adornado con pequeñas perlas blancas de bijouterie; con Nabiki fue un poco más complicado, pero logró conseguir una cámara nueva, aunque se le fue gran parte de su dinero en ello y tuvo suerte de que hubiera un quince por ciento de descuento ese día. Para su padre y el tío Genma fue un regalo para los dos, un nuevo tablero de shogi. Para sus amigos había conseguido chocolates ¡Incluso P-chan tenia de regalo un nuevo pañuelo! La última vez que lo vio había sido hace tres o cuatro semanas ,pero ya volvería.

Sólo una persona no tenía regalo. Y no era como sí ella quisiera darle algo al idiota de Ranma, aunque…

— ¿Akane, ya terminaste? —Preguntó con dulzura Kasumi, distrayéndola de sus pensamientos sin notarlo.

Miró de reojo las bolsas de compras que su hermana mayor tenía colgando de sus brazos. Notó casi de inmediato, que algunas eran de tiendas que no tenían nada que ver con la venta de comestibles.

—No —murmuró antes de soltar un suspiro profundo, prefiriendo ignorar las bolsas —. Me falta uno, pero…

— ¿Qué pasa? ¿No puedes encontrar algo que puedas darle a Ranma? ―cuestionó ladeando la cabeza, con cierta sorpresa.

—Es que no encuentro algo. Lo que pasa —callándose de repente y tornándose roja, miró a su hermana abochornada—… ¡No es para Ranma!

—No te preocupes, Akane ―la tranquilizó dándole pequeñas palmadas en el hombro con una sonrisa―. ¿Por qué no le das unos guantes? Ya sabes, para que combine con la bufanda que le regalaste.

Bufanda que nunca más volvió a usar, por lo que podía recordar. Ignorando el pequeño pinchazo en su pecho, le sonrió a su hermana.

—No importa, Kasumi ―contestó en una exhalación―. Ya después veré qué hacer.

La tormenta de nieve parecía haber parado de repente. O por lo menos en un corto periodo de tres días. En los cuales hacía tanto frío que Akane prácticamente vivía envuelta en su frazada, no nevaba pero la térmica había bajado tanto que se sentía en la casa, incluso aunque tuviera calefacción. Lo habían catalogado como uno de los inviernos más frío que Nerima haya visto en años, no podían tener más que razón.

Para esos momentos, el calentador de agua era ahora el objeto más preciado en la casa, junto a Kasumi y la cocina. Por cuestiones obvias, claro está. Un buen baño de agua caliente desentumecía los músculos congelados y les permitía dormir cómodamente. Además, tanto Akane como Ranma aprovechaban al máximo el dojō haciendo todo el ejercicio posible y no sentir tanto el frío invernal. Sin embargo, nada parecía contrarrestar el frío mortal.

El alivio llegó en navidad, el frío pareció tomarse un descanso para la fecha en especial. El árbol ya se encontraba decorado, sin embargo, no era uno enorme, sino uno más pequeño que entraba perfectamente en la sala. Decorado desde la punta hasta las ramas final, el árbol navideño brillaba con las luces de colores a un ritmo descuidado y sin música, las guirnaldas estaban colocadas descuidadamente alrededor de las pequeñas esferas de diferentes colores y bastones de caramelo. La sonriente y sonrojada cara de Santa, un reno bailoteaba en vueltas y un duende abrazado a una esfera navideña parecía reír ante el espíritu navideño que había en la casa.

Akane lo miró con los ojos brillantes, mientras acomodaba los paquetes de bajo. Esta vez, prestó más atención a un paquete en especial. Había batallado, además de haber prácticamente destruido la mitad de la cocina, pero con ayuda de Kasumi y la tía Nodoka, logró hornear su primer pastel… luego de haberlo intentado unas cinco veces. El primero, no supo cómo, pero terminó tenido pimienta en vez de azúcar; el segundo se le pasó y quedó hecho carbón; el tercero, no estaba segura de lo que sucedió… porque explotó dentro del horno, estuvieron un largo rato quitando las costras negras del pastel de las paredes del horno; el cuarto y el quinto no quería ni mencionarlos, mucho menos recordarlos, habían quedado o muy diluido a tal punto que parecía una masa chiclosa poco sabrosa o un mazacote seco de engrudo. El sexto, no obstante, fue el mejor.

Habían aprovechado los momentos que la familia no estaba para practicar ¡Y vaya que hicieron todo un esfuerzo para que nadie se enterara! Akane estaba agradecida con su hermana y la tía Nodoka. Al final de tanto esfuerzo, dentro de aquel papel colorido, estaba su más grande logro hasta ahora. Con el nombre de Ranma escrito en la etiqueta.

— ¡Akane, querida! —escuchó la voz de la tía Nodoka, llamándola desde la cocina.

— ¡Voy, tía! —se apresuró a contestar y levantarse al mismo tiempo.

La sonrisa amable de su futura suegra la recibió, casi podía ver un rastro de pena surcando en su rostro.

— ¿Podrías ir a comprar algo de salsa de soja? ―pidió amablemente―. Se nos acabó, Kasumi y yo estamos ocupadas con la comida.

— ¿Por qué tanto trabajo? —preguntó extrañada —. Pensé que sólo éramos nosotros.

—Bueno… ya sabes cómo son sus amigos —se rió —. Estoy segura que terminaran viniendo a verlos. No podemos quedarnos con poca comida, además piensa que Ranma y mi esposo comen como por dos.

—Claro, tía —contestó devolviéndole la sonrisa, mientras la mujer le entregaba el dinero. No quiso mencionarle que, aquel grupo de catástrofe humano, no eran amigos suyos.

—Gracias, querida ¡Abrígate bien antes de salir! —logró decir antes de que Akane pasara por la puerta de salida con un abrigo en mano y sus guantes en la otra.

A pesar apenas las seis ya había anochecido, la pequeña de los Tendo no obstante sentía que era más tarde, aunque las repetidas veces que reviso el reloj de su muñeca le afirmaba lo contrario. Luego de haber comprado la salsa de soja en el primer comercio que encontró, volvió sobre sus pasos hacía el dojō.

Parpadeó sorprendida cuando volvió a empezar a nevar y un copo cayó justo sobre su nariz. No esperaba que empezara a nevar tan pronto.


Nabiki miraba indiferente el desastre que era la sala de su casa. Ranma, se la había pasado huyendo durante todo el día de sus prometidas, y ahora se encontraba en la sala siendo apretujado por las tres locas. Ukyo lo jalaba del brazo izquierdo con la determinación de quien se encuentra en mitad del mar con tan solo un salvavidas. Shampoo peleaba con la cara del muchacho entre sus pechos, prácticamente ahogándolo, y parte de su brazo derecho. Kodashi tenía las piernas entrelazadas con su lazo. Parecía una especie de tortura china.

— ¡Suéltenlo, locas! —rugió la cocinera con espátula y tirando para su lado —. ¡Están lastimando a Ran–chan!

— ¡Suéltalo tú! —gritó la amazona, haciendo más fuerza para evitar que se le escapara de las manos el pedazo del cuerpo del muchacho —. ¡Ranma pasara la navidad conmigo!

La joven Kuno rio, con la característica gracia de una cortesana, pero la risa de un demente.

— ¡No sean tontas! ¡Ranma se quedara conmigo! —aseguró y tiró de las piernas del chico.

Se pudo escuchar al torturado balbucear algo, pero los pechos de la china acallaban cualquier sonido. Posiblemente estaba pidiendo aire por la forma errática en que movía los brazos. Del otro lado, abrazaba un jarrón, Mousse parecía estar rodeado por una extraña aura brillante y cursi que no contractaba en nada con el de pelea de las otras tres.

— ¡Mi querida Shampoo! —exclamaba el joven chino —. Deja a ese estúpido de Saotome y pasa la navidad conmigo.

La mencionada le mandó una mirada de molestia desde donde estaba y le lanzó una de sus armas directo a la cabeza del aludido, dejando al pobre inconsciente en el suelo, para luego volver a su pelea titánica con las otras dos rivales.

—Shampoo —sollozaba desde el suelo.

Las puertas que daban al patio se abrieron mostrando a Ryoga que miraba extrañado la escena.

— ¿Qué haces todos ustedes en mi casa?

Nabiki rodó los ojos, suspirando con fastidio.

—Sólo falta que aparezca —se vio interrumpida cuando se abrió la puerta que estaba a su espalda.

— ¡Chica de cabello de fuego! ¡Mi amada Akane Tendo! — Kuno Tatewaki hizo su presentación, con un enorme saco sobre el hombro y con un ridiculo traje de Santa, Sasuke lo acompañada con tan sólo un gorro navideño y arrastrando una cesta navideña absurdamente grande—. ¿Dónde están, mis bellas criaturas? —entonces notó la presencia de su hermana menor allí —. ¿Kodachi? ¿Qué haces aquí?

—No dije nada —terminó por decir la joven Tendo en un suspiro —. Falta que se asomen de debajo del tapete. Este lugar siempre termina siendo una plaga de gente.

—Vamos, Nabiki —Kasumi le sonrío viniendo detrás de Kuno —… es navidad. Además, las chicas trajeron comida.

—Yo lo tiraría ―aconsejó ácida―, vaya uno a saber lo que tienen.

— ¿Tirar qué cosa? —la menor de las tres Tendo, preguntó entrando con la bolsa de compra en mano.

Al estar a sólo pasos de la sala y Nabiki moverse un poco a la izquierda, Akane fue capaz de ver a su prometido atrapado entre los feroces brazos de las muchachas. La ira hizo acto de presencia en aura oscura, en un parpadeó Akane blandeó su mazo y, sin dudar en usarlo, fue en contra del grupito que se había formado en su sala; saliendo como único perjudicado el chico de la trenza, pues las chicas no dudaron en esquivar el golpe de la Tendo.

— ¿¡Pero qué te pasa!? —gritó Ranma, luego de desenterrar la cara del suelo de madera dañado, con el rostro enrojecido por el golpazo —. ¿¡Por qué sólo me golpeas a mí!?

— ¡Cállate, idiota! ¡Siempre es lo mismo contigo! —contestó furiosa.

— ¿Y yo que hice? —preguntó indignado.

— ¡Nada, como siempre! ¡Eres un imbécil! —cerrando sus manos en un puño, con el mazo nuevamente desaparecido, y la cara roja de ira, Akane sentía la furia estallar en su interior—. ¿¡Por qué no maduras un poco y haces algo con esas locas que cada vez que aparecen en mi casa la dejan en ruinas!?

— ¡No es culpa mía! —negó, Ranma fruncía el ceño lleno de frustración y a medida que elevaba la voz, también lo hacía el sentimiento —. ¿¡Pero por qué tengo que darte explicaciones de todo lo que hago!? ¡Siempre das todo por asumido y jamás preguntar mi versión de los hechos, marimacho!

— ¡No necesito ninguna versión de nadie cuando lo veo con mis propios ojos, tarado! ―le rugió prácticamente en la cara. Ninguno de los dos supo cuando se quedaron frente a frente, gritando a todo poder.

Todos sabemos que las bombas son peligrosas, que cuando comienza el conteo final estamos a sólo momento de buscar refugio o simplemente rezar a dios que se encuentre en el cielo que tenga piedad por nosotros, también están los osados que creer lograr desactivar la bomba a costa de su propia vida. Pero lo que pocos saben es que los seres humanos somos bombas andantes, listo y preparados para explotar como si tuviéramos un conteo regresivo que nadie puede ver o saber. Una pequeña acción, un pequeño golpe, una simple palabra, lo que fuera; puede activar la bomba y hacerla explotar.

Ranma y Akane son dos bombas constantes, las fricciones entre los dos podían llegar a ser peligrosas. Resentimiento, ira, celos, ignorancia, y por más estúpido que sea o lo cotidiano que fuera, la acción podía desencadenar una reacción explosiva. Sin embargo, lo que ellos no pueden ver que a la vez que se llevan uno al otro al precipicio, empujan a terceros con ellos.

Por lo que mientras ellos discutían a gritos sordos. Gritando incoherencia que ni siquiera escuchaban. Los demás jóvenes a su alrededor parecían imitar su acción sin notarlo, casi como si los sentimientos de esos dos fueran tan fuertes que podía envolver a los demás y llevarlos al mismo final.

Kasumi miraba desde su posición, estupefacta, como de ser Akane y Ranma los únicos que discutían, se sumaban los otros. Incluso Nabiki se vio envuelta, discutiendo como sólo un buen político puede discutir, con ira saliendo por sus ojos y veneno por su boca. La joven Tendo batallaba verbalmente con Kodachi cuando escuchó a la chica decir algo sobre su familia; Ukyo y Shampoo eran puros gritos sin sentido que nadie sabía diferencia quien decía qué, hasta que se hartaron y empezaron a pelear una contra otra sin medir palabras. Kuno hacía rato había quedado semi inconsciente en el suelo por Ryoga que, de algún modo que Kasumi no supo decir por qué, estaba peleando con Mousse; Sasuke se apresuró en atender a su señor caído.

— ¿¡Pero qué está pasando aquí!? —exclamó la tía Nodoka, siendo atraída por la evidente discusión que se había formado, con un plato hondo de pescado que había traído terminando en el suelo al Kasumi ser empujada por Mousse.

El chino ni siquiera lo notó y volvió a la carga contra Hibiki.

— ¡No lo sé, empezaron a pelear de pronto! —logró decir la joven mujer, luego del empujón.

— ¡Genma, querido —tomando a la muchacha y arrastrándola consigo fue en busca de su esposo y el amigo del susodicho —, señor Tendo!

Akane sentía los oídos como si estuvieran llenos de algodón, podía ver a Ranma contestarle, podía sentir su boca moverse, pero no tenía ni idea de lo que decía. Perfectamente podía estar cantando o soltando gritos erráticos e incomprensibles y daría lo mismo. Pero de pronto ella se detuvo, Ranma también, uno a uno comenzaron a callarse.

Algo era diferente, todos lo podían sentir, algo estaba fuera de lugar. Algo estaba mal, ¿acaso habían oído un objeto caer y romperse? Todos, sincronizados, giraron en busca del sonido y lo encontraron. El, alguna vez, lindo árbol navideño había caído al suelo, rompiendo varios adornos. Los regalos habían sido aplastados y machacados, el papel colorido brillaba tristemente todo arrugado y roto. Los lazos igual ¡Y ni hablar los regalos! Akane deslumbro el pastel que había preparado como regalo echo un pegote en la alfombra y en el delantal que habría sido para Kasumi. Todo estaba roto y estropeado.


Desde fuera del dojō, a tan sólo unas cuantas cuadras, Akane se apresuraba a alejarse de allí tan rápido como sus piernas le daban. Cuando su padre y el tío Genma aparecieron, salió huyendo de allí, conteniendo las lágrimas y la impotencia.

No era por el árbol, no era por la navidad, no era por un simple regalo. Era por el hecho que en aquel pastel había depositado, sin darse cuenta, una pequeña esperanza de sí misma. La idea de que podía lograrlo, de que podía mejorar estaba guardada en aquel obsequio. Pero aquella pequeña esperanza, tan pequeña como una semilla, jamás logró germinar como debía… no llego a nada, había sido destruido antes de que pudiera florecer.

—"Está bien" —susurró en su cabeza —". Está bien, porque ni siquiera me lo creí."

No estaba bien, aunque se dijera lo contrario en su cabeza. No estaba bien, no.

Corrió, corrió tanto que empezaron a dolerle las piernas. Ni siquiera miró hacia atrás, ni siquiera se preocupó por recordar el camino que estaba tomando, sólo quería escapar aunque no supiera de qué o de quien. Después de todo, uno no podía escapar de sí mismo. Cuando quiso darse cuenta ni siquiera sabía dónde estaba.

La nieve seguía cayendo, en ningún momento paró. Ahora prácticamente tenía que hundir todo el pie en la nieve, hasta el tobillo, para tocar suelo firme. Bufó formando una figura con vaho en el aire que se disipo rápidamente.

—Genial… simplemente genial.

Vagó por cada calle, en espera de que alguna le fuera familiar y pudiera tomar el camino, capaz y no a su casa, pero por lo menos algún lugar que le fuera conocido. Aunque no supiera donde; Yuka se había ido con su familia de vacaciones a Kyoto y Sayuri probablemente estuviera en la casa de su novio. Podría ir a la casa del Dr. Tofu, aunque sería el primer lugar en el buscarían y dudaba que el doctor aceptara no decirles a su familia que estaba allí para un poco de paz mental.

No tenía dinero suficiente en su cartera, había salido con lo poco que le había quedado de vuelto de lo que le había dado tía Nodoka, que no era suficiente para pagar un cuarto por una noche. No sabía a donde iba a parar, pero seguro que no iba ser en su casa. No quería estar allí, por más navidad que fuera, no quería.

De pronto, un grito captó su atención. Y guiada sólo por su instinto de auxiliar, buscó de dónde provenía el chillido. No pensó en el peligro, no pensó directamente, sólo se dejó ser. Tardó hasta que al fin encontró de donde venía.

— ¡Corre, shi~! ¡Corre más rápido! —un grito ahogado, que parecía entrecortarse por el llanto que amenazaba con salir en cualquier momento —. ¡Viene para acá, shi~!

— ¿A dónde piensas que podemos escapar? —contestó una segunda voz entre exaltación y desesperación —. ¡Nos ha estado siguiendo todo el rato!

— ¡Quiero a Kaede-dono! —chilló llorando la primera voz.

Un grito de asombro y espanto entremezclado hizo que Akane corriera hasta que al fin llegó a la escena. Un escalofrió recorrió el cuerpo de la muchacha cuando vio a Shuka tendida en la nieve abrazando a un pequeño niño, no mayor de cinco años, ambos mirando con horror el pie atrapado de la joven entre las manos de lo que parecía ser una mujer vestida el un hermoso kimono, sin embargo la belleza del kimono perdía interés ante la cara con piel putrefacta digno de un cadáver de la doncella. Los ojos hundidos en sus cuentas, los labios apenas una franja amarillenta que mostraba los dientes, la piel de su mejilla derecha no estaba y podía verse los maxilares y los molares. Los cabellos rojizos sucios colgaban sin vida, ni brillo del cráneo, casi calvo en la parte de enfrente.

¡NO! ¡No es justo! —exclamaba la doncella—. ¡Mi vida, mi vida! ¡No! ¿Por qué esa mujer? ¡No, no quiero!

— ¡Vete, Nobu! —logró decir la chica empujando al niño hacía adelante, liberándolo de su abrazo, justo a tiempo para evitar que fuera atrapado por las feroces manos de la mujer.

El niño corrió hasta esconderse detrás de un conjunto de bolsas de basura, temblando y con ojos abiertos cual borrego a punto de ser degollado, chocó miradas sin querer con la Tendo; y movió los labios en un mudo susurró que la chica consiguió entender.

―Ayúdanos ―la mirada temblorosa y acuosa que le entregó le causo un desosiego en el pecho. Desvió rápidamente la mirada hacia la entidad y la chica tendida en el suelo.

La criatura parecía trepar el cuerpo de la joven, rápidamente, poniendo sus manos con dirección a su cuello. Shuka la tomó de las muñecas evitando que lograra su cometido, mientras se empujaba con los pies, arrastrándose, para alejarse de la mujer cadáver. Intentaba darle patadas en el pecho o empujarla con las piernas, pero nada parecía lograr que se moviera ni un mísero centímetro.

Antes de que pudiera razonar lo que iba hacer, Akane sacó su enorme mazo y, empleándolo con la destreza que sólo da el constante uso, golpeó a la criatura haciendo que se estrellara contra la pared más cercana, alejándola de la muchacha. Shuka la miró con la boca abierta, más sorprendida que agradecía.

La Tendo menor le tendió la mano para ayudarla a levantarse, la cual fue aceptada luego de unos segundos.

— ¿Estas bien? —le preguntó mirándola preocupada.

—S –Sí —contestó con la voz temblorosa y una sonrisa que parecía caer y volver aparecer—. Gracias por la ayuda. Siempre me encuentras cuando estoy a punto de morir horriblemente.

¡No! ¡No, no! ¿Por qué, por qué? —los chillidos incoherentes de la mujer cadáver hicieron que ambas se pusieran en alerta.

Akane no dudó y se puso enfrente de Shuka, como escudo entre esa cosa y la chica.

— ¿Qué es esa cosa? —susurró mientras miraba con la criatura se contorsionaba en el suelo lastimosamente.

—Es un goryo —reveló, sin quitarle la vista al ser —. Pero no sé qué le pasa, normalmente con algunos rezos y canticos quedaban en paz y se iban… pero este no parece querer el descansó… no entiendo qué sucede.

¡Mi vida, dio mi vida! —seguía aullando —. ¡No es justo, no! ¡No merezco esto! ¡Este dolor, no, no! ¡Esa mujer!

El alarido que soltó la criatura a continuación parecía perforar los tímpanos como si fuera pedazos de vidrios incrustados en ellos. Se vieron obligadas a taparse los oídos, en el caso de Akane no le quedo de otra que dejar caer su mazo.

— ¡Mi rosario! — dijo tan alto como podía la joven Yoshino, para que la otra chica la oyera —. ¡Necesito mi rosario!

— ¿En dónde está? —Buscó con los ojos el objeto, pero no consiguió encontrar nada.

— ¡Se perdió en la nieve cuando logró agarrar mi pie!

Chasqueando la lengua, miró sus guantes, ni siquiera había logrado sacárselos cuando llegó a casa. Tenían unas pequeñas pelotitas de lana de decoración que siempre encontró molestas, increíble que hoy le encontrara un buen uso para no habérselos sacado antes. Las arrancó con los dientes, casi sin quitar sus manos de orificios y rápidamente se los puso en los oídos.

Volvió a blandir el mazo y se giró hacía Shuka.

— ¡Yo me encargo de ella, encuentra el rosario rápido!

Recibiendo un asentimiento y una mirada de terminante, Akane se lanzó contra la goryo, azotándole un certero golpe con el mazo en la cabeza. Se escucharon huesos crujir, y el intenso chillido parar. La criatura se giró lentamente para encontrarse cara a cara con quien la había golpeado. Odio, ira, desprecio, tantos sentimiento que hicieron a la joven temblar se reflejaron los ojos de la mujer.

Golpeó una, dos, tres, golpeó a la goryo tantas veces como se le fuera imposible, sin siquiera contar cuantas ocasiones lo había hecho. Prácticamente era una acción sin sentido, golpeado a la criatura tantas veces como le era capaz de asentarle un golpe, sin darle tiempo a moverse. Se detuvo un momento, con la respiración agitada y sintiendo el sudor cálido por el constante movimiento en su espalda, y se movió para atrás viendo qué tanto el daño le había causado; La mujer cadáver estaba desparramada en el suelo, sin moverse o contorsionarse, miró por el rabillo del ojo a la joven Yoshino y al niño buscar desesperados el rosario mientras intentaba normalizar su respiración.

Volvió a prestarle atención a la goryo. Basto un parpadeo para que estuvieran cara a cara, tan sólo en tres dedos podrían entrar entre el espacio de sus caras. El aroma a la carne putrefacta, la ausencia de una respiración chocando contra su piel y los grandes y fijos ojos negros, profundos, que casi parecían tragarte con su negrura, eran terriblemente perturbadores y espeluznantes. Akane sintió que le estaba dando la cara a la muerte.

La criatura abrió la boca, mostrando un conjunto de dientes negros. Manchados en algo que parecía ser sangre.

No es justo… ella… ella… —horrorizada, Akane se vio incapaz de moverse cuando los fríos y esqueléticos dedos de la goryo se apoyaron contra sus mejillas, sosteniendo su cara —. No… nada, no… ¿Por qué?… ¿Por qué?… esa mujer… esa… no… no… ¿Por qué te eligió a ti?

— ¡Lo encontré! —chilló victorioso el niño levantando el rosario entre sus pequeñas manos.

Y los gélidos labios de la mujer cadáver hicieron contacto con los suyos.

— ¡Akane! —escuchó el grito de Shuka.

Para su completo asco, sus labios fueron entre abiertos dejando paso a que algo baboso y gélido diera paso a su boca. Le temblaba la respiración entre jadeos de pánico, los ojos abiertos fijos en los de la otra que le regresaba la mirada como una muñeca sin vida. Aquello gélido y baboso contra su lengua se deslizo por su garganta… y lo sintió detenerse cerca de su corazón; no sabía cómo, no sabía si era así. Pero igual a cuando comes un pedazo de carne demasiado grande y sientes su viaje hasta que llega a tu estómago.

Shuka desde su posición podía ver el cuerpo de Akane en frente del de la mujer cadáver. Fue sólo un momento, capaz segundos, Yoshino no sabría decirlo pues para ella fue como si estuviera en cámara lenta; primero fue un pequeño punto negro que se vio en la espalda del abrigo amarillo de Tendo. El punto poco a poco, fue creciendo hasta convertirse en un pedazo de cristal negro atravesando el pecho de la joven y sangre... sangre goteando y formando un charco en el suelo.

— ¡Shuka! —El llamado del pequeño niño logró despertarla de su estupor — ¡Agárralo y prueba otra vez!

El rosario fue lanzado al aire hasta sus manos que, temblorosas, lo apretaron con fuerza tan pronto sintió el característica forma esférica de las perlas. Tomó aire y, mirando fijamente el cuerpo atravesado del Akane, soltó el primer verso:

—Que todas las divinidades atiendan mi llamado sagrado —susurró casi sin fuerza en la voz, mientras sus ojos empezaban a picar.

Apretó los dientes cuando vio sangre goteando del cristal negro hasta chocar contra la blanca y pulcra nieve en el suelo, la criatura ni siquiera parecía prestarle atención, demasiada concentrada en su víctima como para darle importancia.

—Que todas las entidades espirituales ―se le entrecortó la voz cuando escucho el sonido húmedo de la sangre chocar contra el charco carmesí―, oigan mi pedido.

— ¡Con más fuerza, shi~! —gritó el pequeño pasando la mirada entre Shuka, a la goryo y Akane —. ¡No lograras nada sólo susurrando! ¡Has que te escuchen!

—Mis antepasados, entidades supremas y dioses que honro —trató de poner más fuerza a su voz pero la imagen del cuerpo de Akane no parecía ayudarla en lo absoluto—… Que las máculas e impurezas rogamos que se purifiquen.

Entonces la criatura comenzó a separarse del cuerpo de Akane dejando que cayera al piso, como si fuera una muñeca rota, sin vida. Los ojos del ser fueron hacía el rosario, mirándolo curioso de querer saber que esa aquello que había empezado a tomar un color azulino alrededor, como si nunca lo hubiera visto en su vida y ahora le pareciera el objeto más interesante del mundo.

—Dioses del cielo y la tierra, entidades espirituales que hoy oigan mi pedido —Shuka sintió pánico y comenzó a hablar con fuerza cuando el goryo la miró directamente—, rogando con humildad y que sea vuestra voluntad.

La mujer cadáver se lanzó hacía ella, Shuka sólo tino a bajar la mirada asustada, alzó la mano con el rosario y gritó:

— ¡Abran las puertas para que esta alma corrompida encuentre paz!


— ¡Vamos, falta poco, shi~! —aseguró por decimoctava vez, poniendo una fuerza de voluntad que logró sacarle una pequeña sonrisa a Shuka.

Sobre su espalda se encontraba Akane inconsciente, podía sentir la corta y casi débil respiración de la chica contra su oído mientras subían por las escaleras hacía el templo. Sólo conocía una persona que era capaz de ayudar a Tendo, ahora rogaba que estuviera en casa porque realmente dudaba le quedara mucho tiempo a la chica.

Luego de que hubiera logrado exorcizar al goryo el cristal en el pecho de Akane explotó en pequeños fragmentos de nieve que se derritió al instante, como si nunca hubiera estado pero la abertura de piel era la clara muestra de que estuvo allí y perforó carne. La herida estaba muy por debajo del esternón por lo que podía ver, por lo que estaba casi segura que pulmones y corazón estaba bien, pero no podía asegurar el resto de los órganos. Consiguió detener la sangre rompiendo la tela de su falda y usándola como venda, lo verdaderamente complicado fue conseguir ponerla sobre su espalda.

Con ayuda de Nobu, había usado lugares poco transitados para no llamar la atención, lo que menos quería era terminar en la policía o en un hospital explicando el estado de Akane. El niño usaba su nariz, levantándola hacia arriba y oliendo encontrando así un camino con casi nadie caminando por ahí, exceptuando algún gato callejero, usaban ese para deslizarse hasta llegar al templo.

—Es más fácil cuando hay viento, los aromas vienen solos —miró arrugando la nariz hacía las dos chicas — y el olor a sangre no nubla mi nariz.

Ahora lo único que tenía que hacer era subir todas esas escaleras… ¿costaría mucho poner ascensores? Porque realmente era un rompe piernas y espalda subir todos esos escalones hasta el templo con un cuerpo encima. Comenzaba a admirar a los ancianos que subían todos los días sólo para recibir la purificación y sanación de Kaede.

— ¡Shuka, Nobu! —levantó la cabeza en busca de saber quién la llamaba, encontrándose con Inori caminando furiosa hacía ella —. ¿Dónde han est –? —ahoga un grito cuando nota el cuerpo inerte sobre su nuera y la sangre que manchaba el hombro de la misma.

— ¡Madre, ayúdame! —rogó desesperada.

Sin dudarlo ni un solo segundo, la mujer ayudó a la chica a subir los últimos escalones hasta pisar suelo plano.

—Nobu, corre a avisar a Kaede que necesitamos curar a alguien —le dijo mientras se encaminaban, cada una de un lado del cuerpo de Akane, hacía la casa —. ¡Rápido! —le exigió cuando lo vio dudar.

El pequeño niño terminó por asentir y correr rápidamente hacía la casa en busca del mencionado, con una clara determinación en el rostro.

—Dios mío —susurró la mujer sobrecogida, mientras se apresuraban a llegar a la casa, notando como el pecho de la joven Tendo estaba cubierto de un oscuro rojo carmín de la sangre que había brotado de la herida —. ¿Qué fue lo que le paso a esta chica, Shuka?

— ¡Ahora no, madre, por favor! ―suplicó llega de angustia, conteniendo el llanto. Sentía una terrible ansiedad por la sensación del peso muerto de Akane aun presente en su espalda, la sangre aun estaba tibia allí.

— ¡Está bien, está bien! ―refunfuñó apretando los dientes ―. Pero te aseguro que vamos a querer una explicación.

Al entrar en el pórtico el rostro estoico de un hombre joven les dio la bienvenida. Pasó la mirada desde Shuka hasta la chica que estaba siendo arrastrada hacía dentro, pidiendo una explicación sin palabras y jurando en silenció que querría oírla después de haber atendido a la herida.

Tomando el lugar de las dos mujeres, levantando a la Tendo menor entre sus brazos con facilidad llevándola hasta un cuarto de la primera planta, la recostó en un futon simple. Nobu estaba allí, poniendo todo lo que Kaede le había pedido que llevara hasta el cuarto; entre lo que se encontraba toallas, vendas, una jarra de agua, un kit de primeros auxilio, guantes y demás objetos que Shuka no prestó atención. Estaba más atenta al estado de la inconsciente muchacha que ni siquiera reaccionó ante el cambio de posición o cuando la venda rústica fue prácticamente despegada de la piel herida… eso tuvo que haber causado alguna mueca.

Kaede la miró fijamente mientras limpiaba la zona herida luego de haberse puesto los guantes de látex, algo de sangre se había congelado en la herida y había detenido la hemorragia. Sin embargo, no era bueno que permaneciera allí como tapón.

—Me vas a tener que ayudar, ¿entendido? —le hizo saber con un tono tan firme, que no parecía dispuesto a escuchar reproche —. Lávate las manos y ponte los guantes, no podemos permitir que la herida se infecte, ¿de acuerdo?

Shuka asintió, siguiendo rápidamente las instrucciones de su esposo. No dijo palabra durante el resto del tiempo que pasaron curando a Akane, pero los ojos se le nublaban cada cierto tiempo de las lágrimas que se querían escapar.


Yoshino Inori se vio con la obligación de llamar a la familia de la chica que estaba siendo atendida por sus hijos en el otro cuarto, darles el aviso de que la muchacha estaba allí… ¿pero cómo hacerlo y asegurar al padre de la chica que estaba bien, qué estaba sana y salva? ¿Cómo? Le tembló la mano cuando sus dedos hicieron contacto con el plástico del aparato. Marcó el número que hacía tiempo la habían llamado para avisarle del estado de Shuka. Ahora le tocaba a ella dar un aviso sobre la joven… ¿pero qué decirles? ¿Cómo explicar algo que ni ella sabía? El sonido que le asegura que estaba entrando la llamada hizo que un pequeño temblor le recorriera la espalda.

—Casa Tendo, ¿hola? ¿Quién habla? —la dulce voz de una joven muchacha un tanto angustiada hizo que Inori sentirá deseo de cortar el llamado, pero no podía hacerlo.

—Buenas noches —saludó con la cortesía que le habían inculcado durante años —, habla Yoshino Inori, suegra de Shuka. No sé si se acuerda de ella.

— ¡Oh, sí! —contestó apresurada —. Me acuerdo, me acuerdo.

—Quería comentarle que —tomó aire antes de continuar—… la jovencita —Shuka se asomó por el corredor acompañada por Kaede, este último con toallas llenas de sangre y ella la jarra de agua. Se miraron un momento, la cara de la chica no parecía decir nada por lo que pasó la vista hacía el muchacho. Un asentimiento por parte de su hijo hizo suspirar aliviada a la mujer.

— ¿Habla de Akane? —la pregunta inesperada sobresalto a Inori, trayéndola de vuelta.

—Sí, ella… se encuentra en nuestra casa ―sintió como poco a poco cada nervio que hasta hace momentos estaba tenso comenzaban a relajarse―. Mi hija la encontró y la trajo a casa, queríamos avisarles por si las dudas.

—Oh, dios. Gracias —susurró agradecida la joven del otro lado del teléfono —. ¿Está bien? Podemos ir a buscarla ahora, si es una molestia.

—No tenemos problemas en que se quede realmente —le aseguró Inori —. Sólo queríamos avisarle que se iba a quedar, Shuka parece estar muy emocionada porque Akane se quede hoy ―trató de que un poco de humor se reflejara en su voz para relajar a la muchacha del otro lado, un sopló contra el parlante del teléfono le hizo notar logro―. Sé que es noche buena pero… el clima no es precisamente bueno para que anden por la calle, en cualquier momento puede comenzar una tormenta, prefiero que se quede ¿Sería un problema?

—No, no hay problema. Yo le avisare a nuestro padre que Akane está en la casa de una amiga, gracias por llamar ―correspondió Kasumi hablando con su típica voz amable―… estábamos tan preocupados, se había ido de repente y no teníamos idea de hacía donde se había ido.

—No se preocupe ―desechando su agradecimiento, Inori se permitió sonreír levemente―, es normal, a veces Shuka me hace lo mismo. Por eso les llame.

Inori terminó rato después la conversación sintiéndose un poco mejor consigo misma. Cuando paso por enfrente de un espejo que estaba en el corredor, noto la mancha de sangre en uno de sus costados. Del lado que había usado para apoyar a la jovencita y ayudarla a entrar a la casa. Tocó la mancha, notando enseguida que estaba seca, miró hacía el techo y se mordió el labio inferior.

—Madre.

Parpadeó sorprendida mirando a su hijo enfrente suyo, como preguntándose desde cuando estaba allí.

— ¿Qué pasa, Kaede? —la curiosidad la inundo al notar el ceño fruncido en el rostro de su hijo, indicio de que algo preocupante pasaba. El recuerdo de Shuka con la joven Tendo a espaldas apareció en su cabeza.

—… vera —el joven pareció dudarlo un momento antes de continuar—, creo que tiene que saber que la herida de la chica era mortal, en realidad estoy sorprendido que siguiera viva durante el camino que hizo Shuka hasta acá; El problema es que… tuvimos que atar su alma.

En el cuarto donde Akane descansaba, la joven Yoshino acaba de cambiar la ropa húmeda, rota y manchada en sangre de la chica por algunas prendas suyas que serían más cómodas y secas. Luego la dejó descansar tranquilamente en el futon tapándola hasta el cuello con una gran cantidad de mantas que permitirían conversar el calor, no fue hasta ese momento que volvió a clavar la vista en la bola de pelos oscura que se acomodaba en el pescuezo de la dormida; seguramente buscando la fuente de calor más cercana a su disposición.

Le dio una ligera caricia en la frente antes de taparle un poco con la frazada. Al lado del futon de Akane, había otro que Shuka había puesto para dormir allí esa noche. No sabía cuánto iba a tardar en recuperar la conciencia, pero por lo menos quería estar segura que iba a descansar tranquila y sin problemas… sólo era una forma de agradecimiento. Esa chica se había arriesgado a protegerla sin siquiera saber a lo que se enfrentaba, y ella muy tontamente se lo permitió; Estaba decepcionada de sí misma, muy decepcionada.

Los pasitos rápidos y la puerta de biombo al ser abierta la despertaron de su ensoñación.

—Shuka —la llamó Nobu mientras se rascaba un ojo con su mano echa un bollito y un gorro con forma de orejas adornaba graciosamente en su cabeza—, ¿por qué tengo que usar un gorro para dormir, shi~?

La muchacha le sonrío y abrió los brazos para el niño, quien no dudo en correr hasta ellos.

—Nos quedaremos a dormir con Tendo, por hoy quédate con el gorro ¿bien? —acunó al pequeño contra su pecho, mientras la chica tomaba una pequeña goma para el pelo, atándoselo en una coleta. Apenas le llegaba a mitad de espalda, no era muy largo, pero se le hacía incómodo dormir con el cabello suelto.

Sólo recibió un bostezo y una cabeza balanceada como respuesta. Una vez acostados, tapados hasta nariz, Nobu exigió la atención de Shuka una vez más.

—Al final… navidad es una fecha horrible —murmuró con los ojos cerrados—. No sé por qué a los humanos les gusta festejarla si pasan cosas malas como estas.

Sin poder hallar fuerzas o razones para contestarle, se limitó a cerrar los ojos y secretamente darle la razón al chiquillo.

El viejo reloj que colgaba en el pasillo principal de la planta baja movía sus manecillas lenta y tortuosamente, permitiendo que los segundo fueran segundos; los minutos, minutos; y las horas, horas. Parecía que el tiempo era mucho más largo de lo acostumbrado y que la noche no iba a tener fin jamás. Todo era silencio, la casa Yoshino estaba en paz por esa noche, pero de esas paz que son tortuosas, que atormentan y molestan más que el ruido. Esos silencios que causan incomodidad y esa sensación de que algo estaba mal. En la tercera habitación del lado derecho, subiendo la escalera la señora Inori se había perdido mirando su kimono manchado en sangre pensando es tirarlo mañana por la mañana, y en cuarta pieza del lado izquierdo, Kaede miraba el techo sin emitir palabra alguna.

Por otro lado, en la casa Tendo; todos ya se habían ido. Nabiki estaba encerrada en su cuarto, sin querer dirigirle palabra a nadie. Kasumi y tía Nodoka habían limpiado la sala del desastre que había quedado, mirando con cierta lastima los obsequios arruinados y el pastel que con tanto empeño Akane había hecho. Soun y Genma se dispusieron a ayudarlas, con lo que podían, barriendo o recogiendo cosas que iban, sin dudar, a la basura.

—Ay, Saotome —suspiró el patriarca Tendo con pesar—… ¿qué vamos hacer con nuestros muchachos?

—No se preocupe, Tendo, ya verán que dentro de poco se arreglaran —contestó el otro con seguridad—. No será la primera discusión que tendrán.

—Es verdad, pero —elevó la vista hacía el techo—… a veces me pregunto si lograran superar sus diferencias.

— ¡No dude! ―exclamó enérgicamente Genma ―. ¡Sé, con toda confianza, que así será! Sólo es cuestión de tiempo.

— ¿Papá, tío Genma? —el dulce rostro de Kasumi se asomó por la puerta —, ¿terminaron aquí?

—Oh, sí, hija —contestó el segundo mencionado con una sonrisa—. Ya acabamos.

La sonrisa cálida de la muchacha, relajo un poco la preocupación que atosigaba a su padre. No obstante, revivió otra inquietud.

—Kasumi —la aludida miró curiosa a su progenitor —, ¿crees que este bien haber dejado a Akane en casa de desconocidos? —mira hacia el patio con la nieve amontonándose cada vez más y más mientras el viento parecía moverse con una fuerza atroz que aseguraba con llevarse todo lo que encontrara a su paso.

—Tranquilo, papá —dijo mientras tomaba la escoba que antes usaba tío Genma—. Mañana vamos a ir por ella… además sería peligroso si salimos con esta tormenta. Por cierto, ¿dónde está Ranma?

—En su cuarto —contestó el cabecilla Saotome, sentándose de brazos y piernas cruzados—. Ese muchacho realmente no sabe tratar a las damas.

Kasumi suspiró.

—Realmente este día no fue el mejor. Espero que mañana no sea peor.

Los dos hombres mayores asintieron dándole la razón. Lo que ninguno vio fue la figura de cabello trenzado escuchando a escondidas desde las escaleras y que no dudo en escapar al poco rato. Una vez devuelta en su habitación, Ranma suspiró cerrando la puerta de biombo. Su plan de ir a buscar a su prometida y disculparse con ella había terminado en el traste tan pronto Kasumi recibió el llamado de la señora Inori.


Nota:

Goryo: Son fantasmas provenientes de la mitología japonesa, son los vengativos fantasmas de aristócratas, especialmente, de aquellos que fueron martirizados en vida. Fueron muy comunes en el período Heian. La creencia popular dice que son capaces de realizar venganzas catastróficas, desde destrucción de cadáveres, hasta la invocación de tifones y terremotos. [Lo modificare para que también cree ventiscas y nieve]

Primero que nada; Normalmente Akane saca su mazo sólo y exclusivamente cuando se pelea con Ranma, lo cual me hace pensar que o ella no es consciente de que puede sacarlo o que simplemente tiene un gusto sádico de golpear a Ranma. Así que me quedo con la opción que ella lo hace instintivamente cuando entra en modo de batalla y por lo tanto en esta ocasión pudo sacarlo de donde sea que lo esconde. (?

Ahora, no tengo excusa para haberle hecho eso a Akane, lo sé, ¡y menos en navidad! [La verdad es que me cae mal la navidad desde que descubrí me suben los precios de la comida en diciembre… vivir sola es muy duro T-T (?] pero tenía que poner algo de picante a la salsa. (? Espero que hayan disfrutado del cap, cualquier comentario, o corrección ortográfica, es bien recibida. :D

¡Besos de caramelo!