Resumen: Si Akane tan sólo supiera que la nieve trae la suerte ¡Pero vaya saber uno si es buena o mala!

Advertencia: OOC –Intentaré evitarlo como me sea posible pero no prometo que lo logre, pero el que avisa no traiciona– y OCs.

Disclaimer: Los personajes Ranma ½ no me pertenece y este fic está hecho sin fines de lucros.


Capítulo V: Templo

La conciencia poco a poco la trajo de vuelta a la realidad, por lo que no fue extraño que tan pronto el último recuerdo que su cabeza pudo registrar llego se sentó de golpe en la cama con una exhalación y el rostro deformado por el terror. El corazón acelerado golpeaba con fuerza, casi podía oírlo latir contra sus oídos y a punto de salir por su garganta. Sin embargo, bajó poco la velocidad cuando notó que estaba fuera de peligro, recostada en un futon.

Parpadeó extrañada. El cuarto era simple con un estilo traduccional, de los que normalmente están vacíos hasta que llegan visitas y carecía de algún objeto característico y personal. Se preguntó dónde estaba y qué había pasado, pero tan pronto la primera pregunta se formuló un aullido, casi como si fuera una protesta, detuvo el tren de pensamiento. Bajó la vista a su regazo, donde una pequeña bolita de pelo rojizo, la miraba fijamente con sus grandes ojos amarillos.

El animal volvió a aullar en reclamo por haberlo despertado cuando Akane lo levanto para mirarlo cara a cara.

— ¿Un zorro? —susurró anonadada.

—Shi~, que sueño, que sueño —se quejó el niño moviéndose de golpe y sentándose. La joven Tendo pasó la vista a él rápidamente, fue cuando notó que al lado de ese chiquillo dormía, toda desparramada, Shuka —. Oh, ya te despertaste.

Los ojos amarillentos del niño, le devolvía una mirada adormecida entre la manta de cabello café que parecía apuntar hacia todas partes, cuando uno de esos mechones rebeldes se movió con un leve temblor totalmente imposible para un flácido y flexible mecho de pelo. Bostezando con un par de lágrimas en las comillas de los ojos, Nobu no notó la mirada de la chica llena de asombro y curiosidad, ni cuando está estiró su mano y tocó el supuesto mechón; este volvió a estremecerse involuntariamente.

Nobu frunció el ceño.

— ¡No hagas eso, shi~! —y de pronto abrió enormemente los ojos, se tocó la cabeza. Horror, esa era la palabra para describir la emoción que se mostraba en la infantil cara — ¡Mi gorro no está! ¡No, no veas! —gritó dándole la espalda tapando su cabeza bajo las mantas, como quien es visto desnudo luego de salir de la ducha.

Demasiado tarde para decirlo; Akane ya lo había visto. El niño tenía un par de orejas, orejas de gato. Y no eran de mentira, eran reales.


Hacía momentos anteriores, cuando el niño gritó asustado escondiéndose en las mantas y ni siquiera había sido capaz de formular alguna pregunta en su cabeza o pensar que hacer, la señora Inori había entrado al cuarto con su expresión imperturbable, mirando la escena que se formará ante ella y suspirando casi en el acto.

—Te responderemos todo después de que haber comido —le había dicho a la pregunta muda que se formaba en los ojos de la Tendo menor, para luego proceder a despertar a Shuka con un certero golpe de su abanico.

― ¡Madre! ―chilló tanteando su frente enrojecida.

Aunque Akane quería respuestas ahora, incluso Shuka se vio callada rápidamente con una mirada de la señora Yoshino por lo que estuvo paciente esperando que se prepare el desayuno, siendo obligada a permanecer en la sala y negándose a aceptar su ayuda cuando la ofreció con el zorro como única compañía. Nobu la había estado mirando desde detrás de Shuka con los ojos grandes y llorosos sin siquiera atreverse acercársele, y aunque Akane le sonrió levemente, este salió huyendo rápidamente.

No se había permitido vagar por la casa, simplemente se movilizó a la parte de Shuka, sintiéndose una invasora por no ser capaz del todo de comprender dónde estaba… o cómo llego. El lugar le recordaba un poco a su casa dado el estilo tradicional que tenía, aunque había ciertos papiros en las paredes o la cabeza de las entradas que le resultaban extraños sin embargo los reconoció, su hermana Kasumi tenía uno en la puerta de su cuarto que, supuestamente, era para la protección de malos espíritus.

Los recuerdos de la pasada noche aún eran un tanto complicados de recordar. Tenía cierta noción del hecho fatídico que le estaba causado malestar y cierto tirón al respirar. Tanteando en la zona, pudo sentir algo de textura gruesa envolviéndole alrededor.

―Akane, ¿no quieres ir al baño a cambiarte? ―le preguntó Shuka entrado a la sala con algo de ropa entre sus manos ―. No sabía qué traerte, así que fui por ropa algo holgada para que no te incomode ―murmuró perdiendo la voz casi al final de la frase asumiendo que no la habían escuchado, Akane le miró con sospecha.

Viendo que no tenía más opción que aceptar la ropa que le ofrecían, agradeció con una sonrisa. Shuka le indicó dónde se encontraba el baño y se apresuró a ir hasta allí, tuvo que subir las escaleras al primer piso de la casa, e igualmente no le hubiera sido difícil encontrarlo dado que en la puerta había un cartel de madera indicándolo como el tocador.

Ingresó cerrando con una pequeña llave que permanecía en la cerradura. Encendió la luz, encontrándose de lleno con su imagen en el espejo. Realmente no era muy alentador lo que se reflejaba; las ojeras debajo de sus ojos contrastaba con fuerza con lo pálido de su piel, sentía que estaba mucho más delgada por la forma en la que sus mejillas parecían pegadas a sus huesos marcándolos un poco más de lo que estaba acostumbrado.

Le pareció extraño pero ignorando lo que el espejo le mostraba, empezó a retirarse las capas de ropa. Efectivamente, tenía una faja envolviéndole todo el tórax. Con cierto cuidado, dado la fuerza con la que había sido apretado, retiró la tela y así mismo lo hizo con el vendaje que se encontraba abajo. Con los ojos fijos en el reflejo del espejo, vio como tras cada capa de vendaje el blanco se tornaba en rosa y luego en rojo.

La nariz le picaba con el olor mezclado de iodopovidona y agua oxigenada… la última vez que sintió ese aroma tan concentrado había tenido un terrible accidente de pequeña durante un entrenamiento quebrándose el peroné, el hueso había quedado por fuera y tuvo que ser llevada al quirófano de urgencia, ese aroma la había acompañado durante el largo periodo de reposo y recuperación, retuvo en aliento antes de retirar otra capa, reconocía tanto ese olor que el pecho se le lleno de angustia. Al dar la última vuelta, un trozo de grasa cayó al suelo, revelando una cortadura hinchada y sangrante que se encontraba recientemente cosida. Se hallaba por debajo de su esternón y cruzaba todo a lo largo hasta su ombligo.

Ahogó un grito contra su mano. Con los dedos temblorosos, tocó delicadamente la herida notando rápidamente el dolor y malestar que su tacto dejaba al pasar. Su cabeza le daba vueltas, se sentía mareada y la molestia en su estómago parecía empeorar. Tomando bocanadas profundas de aires, intentó calmarse y proceder a dejar todo el vendaje en su lugar. Una vez hecho, se vistió con una camisa oscura de mangas largas sin botones y unos pantalones del casi mismo color.

Salió del baño con el resto de ropa en mano. Se sobresaltó al escuchar un chillido a su lado, bajó la vista encontrándose con los ojos amarillos del zorro.

―Ah ―suspiró con una mano sobre su pecho―. No me asustes―murmuró por lo bajo y se dirigió a descender cuidadosamente las escaleras, el dolor aun estaba presente. Le entregó la ropa que se había sacado a Shuka, quien la recibió con una sonrisa, mientras ponía unos platos en la mesa.

Al final terminó conociendo al marido de la joven Yoshino. Se sorprendió al reconocerlo como el hombre que había interpretado el show en el templo, con el cabello largo y marrón atado en una trenza gruesa sobre su hombro y la misma expresión fría que su madre poseía desde que la vio en su casa.

—Buenos días —le había susurrado Akane cuando lo vio entrar a la sala. Sólo recibió un asentimiento de cabeza como respuesta, y se quedó con los ojos pardos fijos en el televisor, viendo el noticiero de esa mañana, que anunciaba la maravilla de que ese día no iba a nevar. Una blanca navidad.

Cuando estuvieron todos en la mesa, no pudo evitar notar lo mucho que se parecían madre e hijo – no sólo físicamente el parecido era impresionante, parecían tener una misma característica de personalidad; silenciosos e inexpresivos –, quienes no decían palabra, y lo mucho que destacaba Shuka que parloteaba en todo momento sin preocuparse que nadie le contestara. Aunque esta vez Akane le hiciera conversación sobre cualquier tema que sacaba. Nobu sólo comía todo lo que sus pequeñas manos lograban atrapar; principalmente las sardinas y el tofu, y sus orejas seguían recibiendo parte de la atención de Akane cuando se movían al compás de los sonidos.

—Bueno —comenzó la señora Inori una vez todos los platos de la mesa fueron retirados, y el té fue servido —… supongo que debes de tener un gran número de preguntas ¿verdad? ―confirmó sin esperar respuesta―. Vamos a tratar de responderte lo mejor que podamos, así que… adelante.

La Tendo pasó la mirada entre los integrantes de la familia Yoshino, uno por uno, hasta que paro en Nobu y lo apuntó con el dedo:

— ¿Realmente tiene orejas? Quiero decir, ¿son de verdad? —preguntó sin poder evitar mirarla a la derecha temblar hacia su dirección y a la izquierda hacía el lado contrario, de dónde provino el sonido de un ave gorgotear en el patio.

—Sí —contestó rápidamente Shuka sonriéndole—, bueno… ¿cómo te lo digo? Nobu es un nekomata, un yōkai, del grupo de hengeyōkai por lo que toma la forma humana, sin embargo es incapaz de ocultar ciertas cosas, por ejemplo; sus orejas, ojos, ¡incluso tiene colmillos! —Nobu sonrió mostrando los dientes puntiagudos con orgullo—. Es por eso que tiene orejas, no es algo raro realmente, hay muchos yōkai que puede sólo modificar ciertas partes de su aspecto, pero no todo —terminó de decir con la tranquilidad de quien te dice que el cielo es azul.

—Ya veo —murmuró serena. Vamos, su prometido se transformaba en mujer cuando le echaba agua fría, conocía a ancianos con más siglos que años ¿Un niño que en realidad es un yōkai? No encabezaba la lista de rarezas con las que se había encontrado.

—Estás demasiado calmada —la mirada entrecerrada y con un brillo de recelo de Kaede la analizó desde el otro lado de la mesa.

Una risa nerviosa burbujeo en su pecho.

—Es que… nada me puede sorprender luego de haber visto al goryo ¿no? —murmuró con una sonrisita.

Emitiendo un sonido con la garganta, Kaede pasó la vista al televisor mientras bebía un poco de su té.

—Buen punto ―admitió.

La señora Yoshino bebió de su té serena mientras dejaba la conversación a los más jóvenes hasta que decidió tomar partido en ella. El reloj de la sala marcaba las siete y media de la mañana, todo estaba oscuro aun. Era temprano todavía pero, si se seguían tardando, la chica terminaría por irse sin saber nada de lo que tenía que saber.

Dejó la taza sobre la mesa en completo silencio y fijó sus agudos ojos sobre la joven Tendo.

—Tendo, ¿recuerda lo último que hizo antes de despertar aquí?

—Sí, recuerdo algo —murmuró sin saber si sentirse aterrada o avergonzada, por lo que sintió ambos y el tono la delató.

Inori lo agradeció, porque se evitaba la complicada explicación del por qué estaba allí y demás preguntas que podría formularse la joven. Asintiendo lenta y pausadamente, bebió de su té.

—Entonces recordará que usted fue atacada por el goryo, la herida que sufrió fue terrible… ―admitió con tal frialdad, que causó un escalofrío en las dos chicas y el pequeño gato ―. No sólo por la gravedad de la herida, sino que el espíritu absorbió gran parte de su energía vital, aun no comprendo cómo es que logró sobrevivir hasta que Shuka la trajo al templo pero sin duda usted es una persona muy afortunada —habló con seriedad, con la mirada fija en la muchacha que poseía el rostro pálido y los ojos enormemente abiertos—. No obstante, hubo un problema mientras era curada aquí.

— ¿De qué está hablando, Yoshino–san? —susurró tan bajo su pregunta, que por un momento temió que no la hubieran escuchado, por lo que volvió a repetirla y agregó —. ¿Qué problema?

—Usted no iba a sobrevivir realmente. Realmente tengo que decir que usted debió haber muerto, Tendo. Tuvo que haber muerto anoche.

— ¡Madre! —exclamó Shuka, regañandola.

— ¿Qué? —preguntó, natural, sin ningún rastro de pena o vergüenza en su voz —. Mejor que lo sepa rápido, así no se tardará en entenderlo.

— ¡Pero, madre, esa no es la mejor manera de decirlo!

Akane no pronunció palabra, podía sentir como toda su sangre se amontonaba en la punta de sus pies, dejando su rostro con un espeluznante blanco. Muerta, ella tuvo que haber muerto anoche. Se escuchaba tan irreal que su mente le costaba procesar la mera idea de que fuera cierto. Le daba vueltas una y otra, y otra, y otra vez en su cabeza como si la idea fuera tan descabellada e imposible que su cerebro era incapaz de aceptarlo. Pero fue entonces que el recuerdo volvió, como un viento frío que le puso la piel de gallina y un escalofrió recorrió toda su columna vertebral.

Ese pequeño pedazo que su mente había dejado de lado hasta el momento; aquellos ojos negros tan cerca, capaces de arrastrarla hacía una oscuridad letal. Aquella asquerosa sensación de algo baboso deslizándose por su garganta, y luego un cuchillo abriéndose paso de adentro hacia afuera. Después oscuridad, un grito tal vez suyo, pero no podía asegurarlo. Sólo podía recordar la absoluta oscuridad y un frío espantoso.

El recuerdo le causó un espasmo que le hizo irritar la zona aun lastimada. Su cara se deformó por las punzadas que tuvo que deslizar su mano derecha allí en un tonto intento de tener el malestar.

—Tenías heridas internas que eran imposibles de curar —la voz de Kaede parecía tan lejana que le había costado prestarle atención, sin embargo, lo hizo —. Te estabas desangrando y dudaba de que si te llevaramos a un hospital en ese mismo instante lograran salvarte, morirías de un modo u otro… por otra parte, no me arriesgaría a que mi familia se viera involucrada en tu muerte, por lo que hubiera tirado tu cuerpo al pozo que está detrás de la casa.

— ¡Kaede! —Shuka le miró con el rostro rojo y el ceño fruncido, a Akane le cayó una gota de sudor… menudo héroe.

— ¿Qué? —el mencionado se encogió de hombros —. Es la verdad.

— ¡Ustedes definitivamente carecen de tacto! —refunfuñó cruzándose de brazos indignada —. Lo siento, Tendo–san —dijo disculpándose con una leve inclinación —. Ellos… ellos pueden ser un poco… rudos al decir las cosas. Cuando fuiste herida por el goryo ―comenzó a explicarse, dudando levemente en cómo empezar a decir las cosas―, te traje aquí con ayuda de Nobu, pensé que Kaede podría ayudarte, pero… tu herida era mortal y, realmente, creo que fue un milagro el que sobrevivieras hasta que llegáramos a nuestro templo. Pero ya no había nada que Kaede pudiera hacer, así que… atamos tu alma a un hengeyōkai —apuntó al zorro negro que dormía en el regazo de Akane —. Te atamos a un kitsune, tienes su joya en tu interior, fue la única forma que encontramos para evitar que —guardó silencio sin saber cómo seguir —... bueno, ya sabes.

— ¿Atarme? —preguntó mientras miraba al animal durmiente—. ¿Cómo es que me ataron?

—Es un método simple, si sabes cómo hacerlo —contestó Kaede calmadamente—. Hacemos un llamado a un dios pidiendo unir el alma de un individuo con su criatura asignada, en tu caso quien contestó nuestro llamado fue Inari Daimyojin por ello tienes un zorro. Muchas veces los dioses no atienden el llamado a la primera vez, así que considérate una chica con suerte. Cuando Inari Daimyojin aceptó unir tu alma con su criatura asignada, introducimos la joya del kitsune en tu interior. Ahora, son uno solo —miró al zorro por el rabillo del ojo—, él vive de ti como tú vives de él… si tratas de separarte de él, morirás.

— ¡Kaede, tu delicadeza es un asco! —chilló Shuka, mirándolo furiosa.

—Nunca dije que la tuviera ―respondió sencillamente, volviendo a tomar de su té.

— ¡Basta! —silenció la matriarca de la familia Yoshino, miró a su nueva e hijo antes de pasar la vista a la joven Tendo que parecía tener la mirada pérdida en algún punto de la mesa —. Muchacha, tener un kitsune como acompañante puede ser complicado y hasta peligroso si no sabes cómo debes de manejar el poder que compartes con él. No podemos permitir que andes por allí a la deriva, salvaste a mi hija y a Nobu siendo que no tenías el deber de hacerlo. Si deseas que te ayudemos no tendremos ninguna queja en hacerlo… pero es tu decisión y mi propuesta no tiene fecha de vencimiento.

Shuka notó la sombras de la duda, inseguridad y miles de emociones más pasar por los ojos café de la chica, hasta que quedó con una mirada en blanco, sumergida en las profundidades de su mente y emociones que la deberían de estar atormentando en ese momento. Miró hacía Kaede en busca de apoyo, y sólo un vistazo bastó para que él le expresara su pensamiento.

—"Déjala asimilar" ―Sin embargo, la mirada turbada de Tendo, no le daba mucha confianza de que lo lograra.


— ¿Qué es eso que tienes allí? —fue lo primero que Ranma le preguntó cuando la vio —. ¿Acaso es una rata?

Definitivamente no esperaba una linda bienvenida, ni mucho menos un prometido muerto de preocupación… ¿pero era necesario que eso fuera justo lo primero que viene a preguntar cuando la noche anterior se fue como terminó yéndose? Suspiró sintiéndose inesperadamente decepcionada.

—Es un zorro… ―aclaró con reproche― no una rata.

—Pues no lo parece —dice mientras picaba al pequeño animal que trataba de dormir entre los brazos de su prometida —. Podría pasar por una rata.

— ¡Ranma, no lo molestes, déjalo dormir en paz!

—Son una pareja rara, ¿cómo es que terminaron juntos? —Kaede los miraba desde el pórtico de la casa con los brazos cruzados.

—De la misma forma que nosotros —Shuka sonrió.

—Toche.

—Yoshino-san —Akane se giró hacia la pareja haciendo una leve reverencia —, muchas gracias por todo.

—No hay de qué —contestó la muchacha jovial.

—Me hablaba a mí ―informó Kaede.

— ¡Soy tu esposa ―le recordó con la cara roja―, también soy Yoshino!

—Eras Tsuyoshi antes.

—Y lo seguiré siendo, ¡que no se te olvide! —afirmó cruzándose de brazos.

La pareja de prometidos se despidieron de los esposos y tomaron camino de regreso al dojō. Ranma podía sentir que a pesar de estar caminando junto a Akane, está se mantenía a distancia perdida en otro mundo y la mirada perdida se lo confirmaba.

Realmente tenía deseos de pedir una disculpa, el perdóname, Akane estaba atorado en su garganta y parecía tener complicaciones para salir. Cuando Kasumi le dijo que aquel pastel había sido hecho para él, un mal sabor le quedó en la boca. Sabía cuánto esfuerzo ponía su prometida en cada platillo, por más horrendo y espantoso se viera y, estaba seguro, el sabor fuera mil veces peor que su apariencia.

Bajó de la barandilla por la cual caminaba, quedando al lado de la muchacha. Con los brazos detrás de su cabeza, miró hacia el cielo.

—Ey, Akane —la llamó en espera que despertara de su letargo.

— ¿Qué? —contestó, parpadeando para luego mirarlo fijamente —. ¿Qué pasa?

—Yo… Yo quería —Ranma suspiró, mientras sentía como su orgullo le atacaba leventemente en el pecho, tenía que hacerlo, debía de hacerlo. Después de todo… el recuerdo de aquel pastel hecho puré en el suelo y siendo recogido por Kasumi para ser tirado a la basura, lo atacó —. Yo quería disculparme contigo.

Akane paró su caminar un segundo y lo miró sorprendida, antes de bajarla al suelo. Ranma aguardó unos momentos, esperando una respuesta de su prometida, se inclinó un poco hacía ella para poder ver su rostro. Mantenía una mirada en blanco, con la vista fija en sus zapatos.

— Yo —suspiró suavemente y abrazó al zorro que le entregó una mirada curiosa —… Yo me voy a ir, Ranma —Sí Akane hubiera levantado la vista en ese preciso instante hubiera podido ver el reflejo del corazón comprimido de su prometido, sin embargo no lo hizo y se dedicó a mimar a la pequeña criatura entre sus brazos —. Algunas cosas… han cambiado. No puedo decir que realmente. Hay algunas que sí puedo, pero realmente no quiero hablar de ellas. Además ¿Y qué más da si hablo o no de ellas? Las cosas, este sentimiento, no cambiarán. Todo volverá a ser lo mismo, todo se repetiré en un ciclo sin fin en el que siempre me sentiré perseguida y perjudicada. Siendo la única afectada, casi.

Los ojos de su prometida, aquellos ojos avellana, le dieron una mirada que no supo descifrar. Una mirada que le decía tanto pero que le costaba tanto el poder saber exactamente lo que trataba de transmitirle. Y el miedo pudo con él, porque realmente no estaba seguro de querer saber lo que esa mirada ocultaba. Esos ojos que se veían de pronto tan tormentosos, tan dolidos, esos ojos que parecían haber visto la muerte. La chica suspiró.

— Ranma, te amo. Realmente, yo te amo —repitió con la leve sonrisa.

Parecía a punto de romperse en llanto, los ojos comenzaron a picarle y podía sentir como poco a poco se aguaban. Guardó silencio en espera de que el mencionado pudiera contestarle, más no le dio el tiempo suficiente para que lo procesara, la sorpresa había podido con el incauto guerrero.

— En otro momento ni siquiera te lo hubiera dicho ―admitió con la voz temblorosa, ya sea por el esfuerzo que estaba haciendo para no llorar o por el frío tenía las mejillas ya sonrojadas ―. Pero, ahora, soy plenamente consciente que no existe un mañana, no existe un seguro de qué sucederá luego de esto ¡Menos aún con el tipo de vida que llevamos! Por eso ―inhaló profundo, conteniendo sus emociones tanto como pudiera―… quiero sentir que no tengo el por qué preguntarme el sí hubiera. Si mañana me llego a morir, sabré que deje todo en claro conmigo misma.

—A-Akane —Murmuró Ranma con el rostro sonrojado, sin ser capaz de todo de dejar que su corazón latiera ―. ¿Qué est–?

— ¡Detente! — protestó con fuerza, estrujando el zorro contra ella —. ¡Déjame, déjame terminar, por favor! Nunca seré capaz de decirlo nuevamente si no lo hago ahora.

Ranma tuvo que morderse la lengua, sentía el fuerte deseo de hacer algo, decir algo.

—A veces —prosiguió retomando su calma inicial—… me pones en duda de tus sentimientos hacía a mí. Tus acciones, tus comportamientos y tus palabras me mezclan tanto que es difícil saber si no lo estoy imaginando o es verdad. Y ya sea si me correspondes o no —volvió a exhalar aire mirando el suelo —, creí… que era muy obvia, porque todo lo que me decías me afectaba, todo lo que te pasaba yo lo sentía. Sí, me moría de celos cuando estaban tus otras prometidas ―aceptó con un tono que bien podría ser arrepentimiento―. Me enfurece cada vez que te veo entre sus brazos, siendo que yo apenas me atrevo a estar siquiera a tu lado, cada vez que me echabas en cara todas sus perfecciones, todos sus atributos, todo lo que yo no tenía… las odié, y te odié, te odio ¡Pero sé que se me es tan difícil hacerlo! —exclamó ahogando un llanto mientras sentía el picor en sus ojos empeorar y dos delicadas lágrimas recorrer los costados de su rostro.

Ranma sintió un fuerte golpe en su pecho, un golpe tan fuerte que le quitó el aire a cada frase que salía de la boca de la llorosa muchacha. Podía sentir un dolor tan intenso que ninguna otra herida que le habían causado antes podía comprarse. Realmente su cabeza, su corazón no podía siquiera hacer una reacción, quería ir y abrazarla, verla llorar así de forma desamparada como una niña perdida entre la multitud le rompía el corazón, pero no podía reaccionar. No hacía nada, sólo se quedaba ahí viendo como la chica se desmoronaba… no, viendo a la chica desmoronada que se escondía todos los días bajo una fortaleza que ya no tenía. Él mismo se había encargado de destrozarla.

—Quiero simplemente sentirme bien, sentir que valgo —sollozó la chica, ignorando el estado de shock de su prometido—. Y tú no ayudas. Nada aquí me ayuda. Yo necesito irme. Es por eso… que luego del Año Nuevo tomaré todas mis cosas y me iré.


Nota:

Sé que me van a odiar porque hace mucho que no actualizo. Tengo que decir que no fue por culpa mía, ni mucho menos. He tenido grandes problemas con mi conexión de internet, no me permitía cargar el capítulo. Si esto llega a subirse es por milagro de Dios jajaja Hay que dar las gracias. (?

Bueno, ¡AL FIN, DIOS TODOPODEROSO! Creo que este es el capítulo más melodramático que he escrito hasta ahora. Realmente me estuve pensando mucho las acciones de Akane; cuando estaba leyendo el manga con todo lo que pasó en la pelea de Jusenkyo, me llamó mucho la atención que Akane no hubiera sufrido ningún reparo en el hecho de que estuvo a punto de morir y asumi que era porque no tuvo ninguna conciencias de todo el hecho antes y durante el tiempo que era una muñeca. Así que para ella fue como que no pasó gran cosa o directamente no sucedió. En este caso, puse a mi favor que la situación no fue muy agradable (vamos, que el bichazo ese no es lo último que quieres ver antes de morir) y realmente tuvo una marca, más allá de lo emocional, fisica que confirmara el hecho.

Si alguien se lo pregunta, no, la batalla de Jusenkyo no a sucedido. Sencillamente porque cuando estaba escribiendo los primeros capítulos del fic, no había llegado hasta ese punto del manga. Pueden tomarlo como una especie de "AU".

¡Gracias a todos los comentarios que me dejan! Son las cosas más lindas que una escritora puede tener, en serio. Si no contesto es porque no puedo responder, sólo me carga para leer sus comentarios. :'3

¡Muchos besos con sabor a caramelo! :D