Después de festejar un rato con Phichit, éste le dijo que debía asistir a la reunión, pues era el asistente de Yakov y sería imperdonable que no estuviera presente. Yuuri le prometió esperarlo el tiempo necesario; quería hablar con su amigo y tenía muchas preguntas por hacerle, referentes al trabajo y su vida en Tailandia. Phichit le aseguró que no tardaría más que unos cuantos minutos, los cuales se volvieron 3 horas interminables.
El sol empezaba a ocultarse y Yuuri se había cansado de esperar fuera del edificio. Fue entonces que vislumbró la silueta de su amigo saliendo por la entrada principal.
—Discúlpame, Yuuri —lloriqueó, sin ganas—. La reunión se extendió porque Yakov empezó a regañar a todo mundo.
—No te preocupes —le dedicó una sonrisa a su amigo—. ¿Quieres ir a comer algo? Debes estar hambriento.
—No más que tú, supongo. Vamos, hay un puesto de comida muy rica y barata cerca de aquí.
—¿Asumes que no tengo dinero para pagar? —arqueó una ceja, dubitativo.
—No es por eso —Phichit soltó una carcajada—, pero supongo que será mejor así. Podremos hablar con calma y tendido.
El japonés lanzó un suspiro al aire y se dejó guiar por su ex compañero de universidad.
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Al llegar al local varios de los cocineros saludaron alegremente al tailandés. Aparentemente el lugar era frecuentado por él, y eso le daba buena espina. Su amigo era de gustos finos y la comida debía ser deliciosa.
Ya instalados en una mesa ambos charlaron de cosas sin sentido. Recuerdos, anécdotas y muchas risas resonaban por el establecimiento. Pronto, las cosas se tornaron a algo más serio.
—¿Y cómo fue que empezaste a trabajar para Nikiforov Co.? —Yuuri siempre había sido así, directo y conciso.
—La verdad es que empecé desde lo más bajo, trabajando en una tienda "History Maker" de mi localidad —la empresa Nikiforov manejaba sus productos bajo la marca "History Maker", encargados de comercializar tanto el equipo deportivo como la línea de ropa y calzado—. Fue así que me decidí a probar suerte en el área de distribución, pero la sede en Tailandia estaba repleta de aspirantes, por lo que me rendí en su momento.
—No sabía que tenían sede en Tailandia.
—De hecho la sede tailandesa acaba de ser clausurada, ya que la sede de China se agrandó y se decidió que sería dicha central la encargada de distribuir toda la zona cercana —el chico lanzó un suspiro bajo—. Muchas personas se quedaron sin empleo, ya que pocos aceptamos la reubicación en otros países. Para ese entonces yo ya había ingresado como auxiliar del jefe de ventas, gracias a mi promedio, pero no sentía que ese fuese mi lugar. Al aceptar el reacomodo me ofrecieron un puesto como auxiliar en la sede principal, que está en Rusia. Yo acepté, esperando escalar a un puesto más alto, lo que conseguí unos meses después tras la aceptación del señor Yakov.
—Entonces… ese tal Yakov puede ser alguien agradable —la mente de Yuuri divagaba entre la narración de su amigo y sus ganas de correr a casa a dormir.
—Sí, incluso me pidió que viniera con él a la sede de Japón como su asistente. Al principio dudé, pues sería regresar a algo parecido al puesto de auxiliar, pero me convenció diciendo que el puesto sería temporal y que al terminar su estadía aquí podría regresar a mi puesto habitual en Rusia.
—Espera —el sueño que sentía se había esfumado por completo—, ¿se irá? —la noticia lo ponía más feliz de lo que debería.
—Sí, solo estará hasta que la empresa se estabilice y pueda ser manejada al cien por el señor Viktor.
Los ojos de Yuuri se iluminaron como luceros. No tendría que lidiar con Yakov por mucho tiempo. Claro, si es que lo aceptaban.
Estuvieron hablando por un largo tiempo, intercambiaron direcciones y teléfonos, y después de un rato cada quien partió a su hogar. No cabía en la cabeza de ninguno cómo es que estuvieron tanto tiempo sin comunicación, pero no volvería a pasar.
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Y así, pasaron 6 meses. Yuuri fue llamado a una segunda entrevista dos semanas después de dejar su currículum ante Yakov, y al hablar con éste más calmado y desahogado logró que le ofrecieran un puesto en el área de negocios. En sí, a Yuuri le encantaba la idea, pues solo debía dedicarse a entablar relaciones comerciales con tiendas deportivas, dado el hecho de que aún no se abría una tienda "History Maker" y los productos debían distribuirse entre los locales ya existentes. Eso sí, pronto abriría una pequeña tienda en un centro comercial de renombre, lo que se agradecía entre la localidad nipona.
La empresa ya estaba totalmente establecida; mientras que el área de distribución yacía en un edificio ubicado en el centro de la ciudad, la de producción se encontraba en un área de maquiladoras, a las afueras de Tokio. Aunque la distribución se hacía directo del área maquiladora, las oficinas servían para gestionar todo el proceso y pasar la orden al jefe de la planta productora. Sí, a Yuuri le parecía una pérdida de tiempo que ambas plantas estuviesen tan alejadas, pero así se manejaba el negocio y no le quedaba otra más que observar.
Pero entre todo el monto de trabajo y el ajetreo de la empresa, se dio cuenta de algo que lo tenía a la expectativa… Viktor Nikiforov no se había dejado ver en todo ese tiempo.
Tenía una oficina con su nombre grabado a la entrada, pero dicha oficina estaba vacía todo el tiempo. Yakov entraba de vez en cuando, pero solo a dejar papeles importantes. Empezaba a dudar de si conocería al famoso jefe en algún momento de la vida.
Mientras tanto, la fama del joven Katsuki no tardó en salir a la luz. "El chico por el que todos mueren". Sí, TODOS. Hombres y mujeres; casados y solteros… y claro que todos se mostraban celosos de Phichit, el asistente del jefe provisional Yakov y mejor amigo del joven más famoso de la sede.
Dicho joven tailandés se encontraba vagando por los pasillos del 3er piso, cuando un ruido peculiar captó su atención. Puso los ojos en blanco al reconocer el acto que se suscitaba a unas puertas de distancia. Su amigo poseía otra fama… muy distinta a la que todos conocían. Pero claro, no todos lo sabían.
Se acercó y tocó la puerta disimuladamente, a lo que Yuuri no tardó en contestar.
—¿Phichit?
—¿Quién más, sino? —respondió a través de la puerta. Ambos se las habían arreglado para reconocer la presencia del otro, más que nada por la manera en que tocaban la puerta.
Un murmuró se escuchó dentro de la habitación, y segundos después salió una guapa secretaria. Phichit la miró con semblante severo. La chica estaba recién casada y le parecía una tontería que se encontrara allí, en ese momento. Pero sabía perfectamente por qué una chica como ella estaba con él. La chica bajó la mirada y salió disparada al baño más cercano.
Yuuri salió unos instantes después, acomodando su corbata y peinando sus cabellos. La mirada seria de Phichit no se hizo esperar.
—¿En serio? —sentenció, molesto—. Ésta es nueva.
Durante esos 6 meses Yuuri no había perdido el tiempo. ¿Su objetivo? Personas casadas, comprometidas o en una relación; imposibilitadas a revelar lo que sucedía en aquellos rincones oscuros, donde nadie los veía; a lo que agradecía que fuera su amigo el único capaz de encontrarlos, aunque fuera casualidad. ¿La razón de por qué lo hacía? Eso solo Phichit lo sabía.
Durante el tercer mes Yuuri planeó perfectamente el cómo revelarle a su amigo su deseo de conocer a Viktor Nikiforov, así como su objetivo de cautivarlo. Al principio el chico se mostró molesto ante la confesión del japonés, jurando que de haberlo sabido no lo hubiera recomendado… pero al final terminó por comprenderlo. No lo aceptaba, pero respetaba las creencias de su amigo. Durante los primeros meses Yuuri mostró un gran desempeño en su área, por lo que pensó que, hiciera lo que hiciera, todo estaría bien siempre y cuando no dañara a nadie. Le habló también de sus ganas de disfrutar lo que le quedaba de juventud antes de amarrarse a una persona que quizá no sea de su agrado. Ya sea con Viktor Nikiforov o con alguien más, el chico planeaba conseguir una vida cómoda, y todo apuntaba a que el "afortunado" o la "afortunada" no sería nadie de buen ver. ¿Por qué? Porque siempre suele ser así.
Pero nunca le dijo que "disfrutar la vida" significaba enredarse con cuanto hombre y mujer se topase… y menos comprometidos. Según Yuuri "solo así se aseguraría de no dañar la reputación de la empresa", al estar con personas quienes no tenían la necesidad de ventilar sus aventuras.
Fue en este punto que el tailandés creyó que la vida de su amigo se estaba yendo por el caño.
—Yuuri —su voz sonaba suave y cansada—. ¿Es necesario que sigas con esto?
—Lo lamento, pero sí —la mirada de Yuuri estaba cargada de entusiasmo. ¿Desde cuándo se había vuelto así?
—Sabes que no lo apruebo.
—Y sabes que solo es temporal —palmeó su hombro, sonriendo—. De verdad, relájate un poco.
—Tú eres el que está demasiado relajado, Yuuri —tomó la mano del mayor y la quitó de donde la había colocado.
—Sigo sin entender por qué te molesta tanto.
—Si te los llevaras a un motel otra cosa sería… pero insistes en meterte con ellos aquí. ¿Eso es algo que debería aceptar? Como asistente del señor Yakov yo debería…
—¿Y qué deberías hacer como mi mejor amigo?
Lo sabía, sabía perfectamente que esa mirada de Yuuri lo convencía de todo, incluso de lo peor. Suspiró, no le agradaba la idea de sermonear a su amigo, que era mayor que él.
—Solo quiero entenderte… entender por qué has cambiado tanto —su semblante cambió a uno lleno de sentimiento, al igual que el de Yuuri.
—Las personas cambian, Phichit. Los gustos y prioridades también. ¿Necesitas una razón?
—Si se trata de ti, sí, necesito una y mil razones para entender por qué eres así… eres mi mejor amigo, y te conozco; o eso creo.
Las palabras de Phichit le dolían. ¿Cómo explicarle el fracaso en que creía se había vuelto su vida? ¿cómo explicar el hecho de que quería dar rienda suelta a aquellos instintos que reprimió durante su vida de estudiante? Tal vez siempre había sido así, pero no se había dejado ver por miedo al qué dirán. Y si planeaba dejar su libertad por un plan de vida cómodo, los sacrificios eran necesarios. Claro, no sin antes aprovechar la libertad y el tiempo que le restaba.
—Bien, trataré de moderarme un poco…
—¡Yuuri! —el menor saltó y se abrazó al cuello de su amigo.
—¡Pero no te prometo nada!
Por ahora tenía contento a su amigo, y no planeaba volverlo a enfadar pronto. Todo era cuestión de esconderse mejor, ¿no es así?
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Un mes más había pasado desde el sermón de Phichit y las cosas no podían ir mejor. Yuuri dejó de frecuentar aquellos puntos donde había sido descubierto por su amigo, esperando que nadie más lo tomara por sorpresa. Aunque, a esas alturas daba igual si era Phichit o alguien más, sea quien sea que lo descubriera estaría acabado.
Caminaba con rumbo a la oficina de Yakov para dejar unos informes que necesitaban su firma urgentemente. Sus pasos eran lentos y desganados. El altero de papeles era lo suficientemente pesado como para desear trasportarlos en un montacargas.
Después de dejar los documentos en la oficina del ruso, se dirigió a la cafetería. Estaba hambriento, y no podía esperar a que fuera la hora de la comida.
Estaba a punto de doblar la esquina próxima a la cafetería, cuando escucho un ruido provenir directamente de los comedores.
—Wow! Amazing! How do you just call this thing? (¡Wow! ¡Asombroso! ¿Cómo llaman a esta cosa?)
Pudo distinguir, por el acento, que la persona no era de allí. La mayoría se comunicaba en inglés debido al gran número de empleados extranjeros que había, pero, aparte del señor Yakov y Mila, no había escuchado a nadie más con un acento ruso.
Se aproximó a los comedores, intrigado por aquella voz que denotaba tanta felicidad y armonía. Para su sorpresa, un joven alto, de cabello largo y plateado, ojos azules y sonrisa deslumbrante se encontraba picoteando los botones de la increíblemente complicada y moderna cafetera.
—Es una cafetera —el joven estaba acompañado del auxiliar de cafetería, quien le hablaba entre risas.
—Really?! (¡¿En serio?!)
—Sí, ¿no tienen de esas en tu país?
—Claro que sí, pero no son para nada como éstas.
Ambos siguieron charlando, hasta que el chico auxiliar notó la presencia del japonés y carraspeó un poco.
—Señor Katsuki —hizo una leve reverencia.
—No vengo a quitarles el tiempo, solo tomaré un bocadillo de la nevera y me iré.
Los ojos del joven peli plateado se posaron sobre los suyos, logrando que desprendiera un leve sonrojo en sus mejillas. ¿Se podía ser tan atractivo en esta vida?
—Mucho gusto —dijo acercándose al menor y extendiendo una mano en espera de un saludo, a lo que éste correspondió dubitativo. Le recordó a la vez en que conoció a Yakov—. Mi nombre es Vitya, y soy el chico nuevo. Si necesita que haga algo por usted solo dígamelo, yo haré los mandados que me pida.
Sintió que el aire le faltaba por un momento. Ciertamente, el último chico encargado de los mandados había renunciado por exceso de trabajo, lo que le había generado problemas a los ejecutivos y personal laboral de su nivel. ¿Ya no tendría que llevar los informes personalmente a Yakov? Eso era una suerte tremenda. Yuuri le mostró una amplia sonrisa al momento que soltaba su mano del agarre.
—Mucha suerte, chico de las copias —su sonrisa cambió a una expresión un tanto más seria—, la necesitarás.
El rostro sereno del joven ruso se transformó a uno lleno de júbilo. ¿Acaso era un reto por parte de su superior? No lo sabía, pero esperaba que sí. Sería un motivo más para estar cerca de él. Yuuri Katsuki no pasaba desapercibido, ni siquiera para el chico nuevo.
Dayfer, muchas gracias por comentar :)
Invito a los demás lectores a que me dejen su opinión respecto al fic, se agradecería demasiado ^^
Sin más que decir, nos leemos luego
Bye~
