El día estaba resultando muy aburrido. Fuera de conocer al nuevo chico de las copias, nada parecía ser realmente extraordinario. Pero ya estaba acostumbrado a ese ritmo de vida, lo cual lo hacía lamentarse. Además, su aburrimiento se esfumaría pronto.
Yuuri se lavaba las manos con pesadez, mientras veía su reflejo en el espejo del baño. Pasado un rato se escuchó la puerta abriéndose. El joven dio un respingo y volteó hacia la entrada, sorprendiéndose. En vez de ver a quien suponía acababa de entrar, vislumbró al auxiliar de cocina con el que había charlado poco antes.
—Señor Katsuki, hola —saludó amablemente mientras lavaba sus manos en el fregadero.
—Oh, hola —el japonés le dedicó una sonrisa cálida, pero ansiosa, al tiempo que se preguntaba por qué el chico iría hasta el baño del último piso—. ¿Ya terminaste de instruir al chico nuevo?
—En realidad no lo estaba instruyendo, él solo llegó y comenzó a hacerme un montón de preguntas acerca del funcionamiento de la empresa.
—¿En serio?
—Sí —soltó una risilla—. Le dije que era el menos indicado para eso, pero él insistió en que le mostrara la cocina.
—Qué dedicado —Yuuri se rio de igual manera—. Por cierto, qué nombre más raro tiene, ¿no lo crees?
—Ni que lo diga. En un principio, dudó si decirme su nombre o no; si no fuera por el señor Yakov que llegó gritando "Vitya", probablemente me hubiera quedado sin saberlo.
—¿Yakov, gritando? Que novedad —ambos rieron al unísono. Eso explicaba el por qué Yakov estaba tan molesto cuando le entregó los informes.
—Sí, se veía molesto con él, pero al final solo le pidió que se comportase y no diera problemas.
—Vaya… —hizo una breve pausa, sopesando cómo continuar la conversación sin sonar forzado—. Por cierto, ¿ese chico es ruso?
—Al parecer, sí.
—Tal vez Yakov lo trajo consigo.
—No lo sé, pero parece un buen chico, será bueno tenerlo rondando por la empresa.
—Tienes razón.
El joven hizo ademán de despedida, dejando a Yuuri solo en el baño. Pero él no podía irse, no aún. Unos segundos después entró un chico alto, de cabello negro y ojos grises. La última adquisición extranjera que había tenido la empresa en el área de negocios.
—Jean… —canturreó al momento en que se colgaba de su cuello y besaba detrás de su oído— tardaste mucho.
Jean Jacques Leroy, comúnmente conocido como JJ. Profundamente enamorado de su prometida, quien se mudó con él de Canadá a Japón en espera de contraer nupcias en dicho país. Ese chico ahora se encontraba encerrado en el baño del último piso, con nada más y nada menos que el hombre más atractivo del lugar.
Se odiaba, se odiaba profundamente… y aun así, no podía evitar desear al joven japonés que tenía enfrente. Lo tomó por la cadera y lo elevó para colocarlo encima de los lavabos. En un segundo sus labios se habían apoderado de los de su acompañante, dejándolos rápidamente sin aliento.
—Ese chico de la cafetería no se iba, qué molesto —el canadiense siguió besando los labios del joven que, aunque mayor en edad, era más chico en estatura.
—¿Cerraste la puerta? —continuó con los besos.
—No… será más divertido así, ¿no lo crees?
—Jean… —el japonés intentó objetar al respecto, pero el de ojos grises lo detuvo volviendo a tomar prisioneros sus labios.
—¿Qué ocurre? —cuestionó, entre jadeos— ¿tienes miedo?
Yuuri esbozó una ligera, pero pícara sonrisa.
—Yo no tengo nada que perder, ¿y tú?
JJ se detuvo un segundo, dubitativo, hasta que llevó sus manos al cuello de su camisa, aflojándose levemente la corbata.
—La vida es un riesgo… y JJ no le teme a nada.
-/-
[Flashback]
Hacía 2 meses que JJ había llegado transferido desde la sede estadounidense. El joven trabajó aproximadamente medio año en la empresa hasta que le llegó la orden de traslado. Su juventud no fue impedimento para que ingresara, pues siempre destacó por su excelente desempeño. A pesar de prometer a su novia que regresaría de Estados Unidos a Canadá en cuanto pudiese, todo resultó diferente a lo planeado; pero ella le demostró su amor mudándose al otro lado del mundo junto a él.
Era un amor muy bello, joven y puro… es por eso que a JJ le carcomía el alma y la conciencia cada vez que, junto a Yuuri, juntaban sus cuerpos en ese deseo carnal que ambos abrigaban. Sabía que el japonés no sentía nada por él, así como sabía que no era el único con quien intercambiaba besos, caricias… y algo más; entonces, ¿por qué arriesgaba su vida y su futuro por estar con él?
Todo comenzó en la tercera semana desde que llegó a Japón. Durante los primeros días intentó dar una buena impresión, pero todos le rehuían debido a su presencia intolerable. Todos menos Yuuri, quien se ofreció a enseñarle lo necesario para estar al corriente en la oficina. Un día, saliendo del trabajo decidieron ir a beber para establecer un plan de compra-venta con el que JJ había estado teniendo problemas. Hablaron de la empresa, los contratos, cosas de la vida… y de su prometida. Yuuri lo escuchaba atentamente, y eso le confortaba.
—Bien, gracias por todo, Yuuri —la confianza entre ambos había crecido tanto que ya se llamaban por sus nombres de pila.
—No te preocupes, Jean.
—¡It's JJ style!
—Prefiero Jean —soltó una risita discreta.
Ambos se dirigieron a la salida del establecimiento, y fue cuando JJ notó que el japonés se tambaleaba con torpeza.
—Has bebido mucho —afirmó, tomándolo de la cintura para prevenir una caída—. Déjame acompañarte a tu casa.
Yuuri no dijo nada, solo asintió y sujetó a JJ por la cadera.
Tomaron un taxi que los llevó hasta el frente del edificio de departamentos donde se hospedaba. Su aspecto era preocupante, por lo que el canadiense lo acompañó hasta la entrada. En un momento de torpeza y descuido ambos tropezaron, dejando a Yuuri pegado a la puerta del departamento, mientras su acompañante lo sostenía por lo hombros.
—Gracias —hipó—, Jean.
Ambos estuvieron así por unos cuantos segundos, en los cuales JJ rehuía la mirada del más pequeño, hasta que éste lo invitó a pasar. Seguía muy mareado, por lo que el de ojos grises optó por llevarlo hasta la cama. "Solo lo dejaré y me iré rápidamente" pensaba, recordando que su novia estaba sola en casa y aguardando por él. Isabella era muy buena, nunca lo hostigaba y él en verdad lo agradecía.
—Te ayudaré a llegar a tu habitación, pero no te preocupes, me iré en seguida; solo promete que te prepararás adecuadamente para dormir, o te resfriarás.
El joven intentó responder con una afirmación, pero fue interrumpido por un leve mareo que casi lo tumbó en el acto. JJ lo sostuvo en seguida, rodeándolo por la cintura.
—¿Seguro que estás bien?
Yuuri estrechó los ojos, al momento que dirigía los brazos alrededor de su cuello.
—¿Quieres comprobarlo tú mismo?
No se lo veía venir, en verdad no. Algo dentro de él le decía que huyera. Tal vez era el alcohol, tal vez el estrés, pero ese no era el mismo Yuuri Katsuki con el que había estado trabajando todo ese tiempo.
—Yo… debería irme ahora —se soltó suavemente del agarre de Yuuri, teniendo cuidado de no desbalancearlo.
—¿Qué ocurre? —puso cara de puchero, alcanzando la manga de su camisa— ¿te molesta que sea hombre?
JJ se llevó una mano a la frente, claramente angustiado.
—Tengo novia… una prometida, Yuuri. Una linda chica que me espera en casa.
—Oh, pero… no te molesta el hecho de que sea un chico, ¿verdad?
Ni siquiera Yuuri sabía cuándo comenzó a gustar de ambos sexos. Fue algo que solo se dio, sin romanticismo ni un trasfondo rebuscado. Simplemente comenzó a sentirse atraído por cualquier persona atractiva que llamara su atención. Y vaya que JJ lo había hecho.
—Yuuri, por favor… —el de ojos cafés se acercó lentamente para sostenerlo de los hombros, al momento que lo forzaba a verlo, tomando su barbilla y girando su cabeza en dirección a él.
—Solo dime que no te gusto ni un poco… y entonces te dejaré tranquilo.
Se odiaba. Se odiaba por ser tan débil, tan ingenuo y tan estúpido. Había sido atrapado en una telaraña controlada por un hombre del que no estaba seguro si quería alejarse. Y es que esa era la habilidad oculta de Yuuri, algo con lo que contaba y de lo que ni él mismo tenía control absoluto; una ventaja de la cual había estado huyendo por mucho tiempo: el lograr que cualquiera cayera completamente rendido ante él. ¿Era su apariencia, su carácter, su amabilidad… o un conjunto de todo lo anterior? No había forma de saberlo.
Y así, como si decidiera encender sus sentidos y apagar su razón, JJ se lanzó sobre el japonés, derribándolo sobre la cama y aprisionando sus labios en un salvaje beso que duró hasta que los dos se quedaron sin aliento.
—Esto no significa nada —murmuró JJ después de separarse, más para él mismo que para el mayor.
—No te preocupes —lo besó nuevamente, pero ahora más suave y dulce—. No significa absolutamente nada. Así que no te sientas mal, ni por Isabella, ni por ti… mucho menos por mí, ¿de acuerdo? Yo no diré nada, y tú tampoco, así que todo estará bien.
De pronto, la embriaguez que denotaba el japonés se vio casi esfumada. El canadiense asintió, agitado y con un notorio sonrojo en su rostro.
—Si sigues hablando me iré —depositó otro beso en los labios de Yuuri, con algo de rudeza.
—No… no te vayas… Jean…
[Fin Flashback]
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Lo habían hecho. Se habían aventurado sin cerrar con llave la puerta de los baños… y nada malo ocurrió. Nadie entró ni los descubrieron. Vaya que tenían suerte.
Pasó un buen rato para que recuperaran el aliento de manera propicia y así poder regresar a sus puestos de trabajo. Sus encuentros siempre eran rudos, tanto que Yuuri terminaba con moretones y mordidas por todo el cuerpo. Claro, que si lo hacían en la oficina solo terminaba con un tremendo dolor de espalda.
—Ahora duraste menos, Jean —se rio por lo bajo—, ¿qué pasó?
—Cállate —bufó—. Eras tú quien estaba más caliente de lo normal.
Ambos terminaron riendo mientras acomodaban sus ropas y peinaban sus cabellos. Ese tiempo que habían pasado juntos le sirvió a JJ para darse cuenta que, a pesar de todo, el japonés no era mala persona. Nunca intentó revelar nada de lo sucedido, ni chantajearlo. A pesar de que no tenía nada que perder y que podía intentar hundirlo, simplemente se limitaba al sexo. Todo seguía igual con ellos, su relación de trabajo no cambió y aún eran capaces de ir a comer algo juntos sin que tuviera resultados sexuales. Eran dos simples amigos… compañeros que saciaban el libido del otro. Solo había un problema para él, y era el porqué de pronto había desarrollado un apetito tan grande hacia Yuuri, aún teniendo a su novia en casa, esperando por desfogarlo de sus presiones y deseos.
E no tardó en notar un deje de pesadez en la mirada de su acompañante. Lentamente se acercó y posó una de sus manos sobre su hombro.
—Jean, en serio, si quieres lo dejamos.
JJ suspiró y tomó la mano de Yuuri entre las suyas, formando un ovillo.
—Todo está bien, no te preocupes.
—No me gusta verte tan… preocupado —de todas las personas con las que había salido en esa empresa, él era quien más le pesaba. Había aprendido a estimarlo, y eso le recordaba el por qué no salía con nadie que fuera apreciado para él. No quería lastimarlos.
—Todo está bien —repitió antes de revolver sus cabellos y salir por la puerta.
Yuuri bufó, molesto pero aliviado. Molesto porque le había costado acomodar su cabello para que tuviera un aspecto decente, y aliviado porque confiaba en las palabras de su compañero.
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El joven Katsuki caminaba por los pasillos que llevaban directo a los cubículos donde se ubicaba su área de trabajo. No supo si fue obra del destino o un encuentro fortuito, pero Vitya apareció frente a él, luciendo esa gran sonrisa con la que lo había conocido hacía unas horas atrás.
—¿V-vitya? —el joven de cabello largo amplió su sonrisa ante la sorpresa del peli negro.
—Me sorprende que recuerde mi nombre —extendió su mano hacía enfrente, en señal de saludo—. Por cierto, no nos presentamos correctamente. ¿Me podría decir su nombre? Señor…
—Yuuri Katsuki—correspondió el saludo, ya más calmado—. Pero llámame Yuuri, ¿quieres? Señor me hacer sentir muy viejo —ambos soltaron su agarre en un gesto simultaneo.
El más alto escaneó con la mirada al más chico, cruzado de brazos y haciendo un gesto dubitativo.
—Estoy seguro de que soy mayor que tú, Yuuri —el joven se sorprendió de lo rápido que el peli plata se acostumbró a llamarlo con familiaridad. Definitivamente tenía una cultura muy diferente a la suya.
—Probablemente —suspiró, cansado. Sentía como si ese chico le drenara toda la energía solo de verlo. Su aura era tan brillante que incluso podría jurar que era capaz de dejarlo ciego—. Y bien, ¿qué te trae por aquí? ¿un encargo?
—Solo recorro el lugar; en realidad no conozco nada de por aquí.
—¿Y así quieres servir como ayudante? —soltó una risilla por lo bajo.
Las fuertes manos de Vitya se posaron en los hombros de Yuuri, haciendo que éste cesara con el tono hilarante de su voz.
—Yuuri —lo miró directo a los ojos, causando un cierto grado de nerviosismo en el menor—, ¿serías mi entrenador?
El joven permaneció en silencio por un momento, sin dar crédito a las palabras que salían de los labios de su acompañante. Tomó aire y escupió su respuesta de manera tajante.
—Me niego —afirmó con aplomo—. Pídeselo a alguien más. De todos modos, ¿de dónde salió eso tan de repente?
—Ya me presenté ante media empresa y nadie me toma en serio —balbuceó, haciendo un puchero que Yuuri consideró de lo más lindo y molesto a la vez.
—Aún te queda media oficina para intentar, ¿no?
—Por favoooooor… Señor… Yuuuuuriiiiiiii —aún le sorprendía la familiaridad con la que le hablaba. Era, en cierto modo, funesto—. Anda, si no lo haces… Yavok… el señor Feltsman me correrá de la empresa… dice que soy un bueno para nada… por favor…
Yuuri bufó, visiblemente molesto. Estuvo a punto de apartarlo con brusquedad, cuando recordó la manera en que Phichit intervino por él cuando no parecía tener oportunidad de entrar a la empresa. Por un momento se vio reflejado en ese ser que yacía frente a él. Tal vez era una equivocación lo que estaba a punto de hacer, pero sentía que era lo correcto… probablemente.
—No seré tu entrenador ni nada por el estilo, para eso existe el departamento de recursos humanos —el mayor bajo la vista, desalentado—. Pero… puedo mostrarte el lugar, y enseñarte a usar tanto la copiadora como la cafetera, ¿te parece?
El peli plata sonrió de tal manera que Yuuri no pudo evitar sentirse conmovido. No era júbilo, ni alivio, era más como satisfacción… la manera en que sonreiría una persona plenamente convencida de que existen personas buenas en el mundo.
Fue en ese momento que algo en su interior se removió y lo hizo sentir incómodo. Esa sensación; tan dulce pero amarga, tan cálida y aterradora… tan desconocida, que solo podía preguntarse, ¿qué era?
Dayfer, gracias por comentar ^^ y no te preocupes, las dudas se disiparán pronto (quiero creer que pronto xD) ten paciencia :)
Gracias por leer :'D
