Hola a todos, como prometí es julio y estoy de vuelta aquí. Espero poder seguir actualizando a razón de dos o tres capítulos por mes, pero esto no significa necesariamente que voy a publicar cada diez o quince días. Si me retraso quiero que todos ustedes sepan que no es porque se me olvide, sino debido a que algunos capítulos no serán fáciles y necesitarán más tiempo.

Ahora, un poco de historia, ya que no hay lugar para aclararlo en el capítulo. Como la mayoría de ustedes ya se dieron cuenta, Arnold es un abogado comercial / empresarial. La pandilla no será vista por aquí y esta historia tendrá un montón de personajes originales, a los que espero que lleguen a conocer bien antes de que comience la acción.

Ahora vámonos directo a leer


Cohete a la Luna

Capítulo Dos

Necesito Recostarme


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Arnold apresuró sus pasos para llegar a la acera de enfrente cuando la luz verde comenzó a parpadear. En un día lluvioso o nevado tomaría el autobús para llegar a su apartamento, pero el resto de las veces solía caminar. Le tomaba apenas unos 20 minutos a pie, después de todo, y además, esta noche quería pasar a comprar un cable para finalmente montar su sistema de cine en casa. Había varias tiendas electrónicas en la calle 116. Se ajustó las solapas de su abrigo para mantener el frío afuera mientras avanzaba.

La incómoda sensación que el encuentro con sus amigos dejó en él no se había ido completamente. El ver cuán ansiosos parecían de querer saberlo todo acerca de él y de su nuevo trabajo; de confirmar sus suposiciones aún lo enardecía. Suposiciones que varias otras personas en AJB & P también se estaban haciendo, él lo sabía; todavía tenía algunos buenos amigos ahí. Por qué a la gente le preocupaba tanto eso él nunca lo sabría. Tal vez era sólo la manera como la gente era. Lo que no le gustaba era ser objeto de examinación sólo porque se cansó de trabajar para una empresa que ensalzaba el mercantilismo muy por encima del resto de los otros 'Valores' que proclamaban en la entrada de sus oficinas generales, junto con su Misión y su Visión, y lo había dicho en voz alta. Ahora él era el 'joven abogado idealista', 'el no convencional', 'el raro', 'el marginado'. Arnold resopló mientras abría la puerta de la primera tienda de electrónicos de la calle.

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Minutos más tarde, el rubio joven gruñó después de salir de la tercera tienda. ¿Qué era esto? ¿Nadie tenía un simple cable para altavoces de 18 pies de largo? Tal vez tenía que ir a un supermercado. Probablemente sería más fácil encontrar lo que buscaba ahí. Contuvo la respiración al entrar a la cuarta tienda en fila. Sin responder el convencional saludo del encargado, le escupió lo que estaba buscando. El chico le pidió un minuto mientras se dirigía al rincón más alejado de la tienda y se perdió allí.

Arnold se volvió para mirar sin ver los mostradores de cristal y las paredes llenas de mercancía mientras dejaba salir un poco de coraje. Después de un rato, parpadeó. Parecía que esta tienda estaba bien abastecida. Con su suerte, seguramente tenían de todo, excepto el cable que estaba buscando, pensó con hosquedad. Extendió la mano para coger un tubo de No Más Clavos, y luego un pequeño paquete de grapas de plástico. Si fuera el caso... ¿cuál funcionaría mejor?

"Aquí tiene, señor," el chico llegó a su lado y le mostró varios productos, cables delgados, de verdad los tenían; uno de ellos era incluso más largo de lo que necesitaba. Arnold levantó una ceja y sonrió para sí mismo con burla, eligió el cable de color crema que hacía juego con las paredes de su dormitorio; luego pidió otro; eran dos altavoces después de todo. Decidiendo que no quería esperar a que el pegamento se secara, tomó el paquete de grapas y alcanzó al chico por la caja registradora, sacando su cartera del bolsillo trasero.

Después de extender un billete de veinte dólares esperó por el cambio; ni siquiera eran caros; eso era lo que le molestaba más; si lo fueran entendería hasta cierto punto la deficiente provisión en los otros almacenes. Mientras esperaba por el ticket que se imprimiera, levantó la vista hacia la pared extrañamente libre de mercancías detrás del mostrador y parpadeó dos veces. ¿Quién lo hubiera pensado? Él conocía muy bien ese logotipo impreso en la pared. No sólo porque lo había visto todos los días allá en Hillwood cuando era un niño, sino porque sabía que la marca había llegado a ser conocida a todo lo ancho y largo del país hoy en día. El emblema había cambiado con los años. Todavía era un círculo de color marrón y verde en que se leía 'Almacenes del Gran Bob', pero ahora tenía una estilizada corona imperial en el centro y una sola letra M mayúscula, en negrita, de color rojo intenso en la parte posterior.

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Arnold salió de la tienda y se dirigió hacia el norte. Dos cuadras al norte y dos más a la izquierda. Durante un rato su mente se quedó en blanco, el desagradable humor previo lo abandonó. Una extraña paz se quedó en su lugar, algo así como nostalgia, por recuerdos pasados . Por el viejo barrio, por sus viejos amigos y su camarilla; por una vida más simple, más fácil...

Sus pies lo llevaron a su calle en automático mientras su mente estaba aún vacía de pensamientos. Se detuvo en la esquina para pedir una pizza, pidiéndoles que la enviaran arriba cuando estuviera lista, a la vez que se movía como un autómata de nuevo. Entonces llegó a casa y subió los pocos escalones de la entrada, se quitó la chaqueta, encendió las luces. El extraño entumecimiento todavía lo llenaba mientras se dirigía derecho a la habitación que compartía con Claire. Era realmente una sensación extraña, casi podía olerla...

El olor de la casa de huéspedes; olor a madera vieja, desgastada; de los tiempos en que sus abuelos estaban todavía alrededor; el olor del sótano, vinieron un montón de recuerdos a su mente. Se acordó de su cama suave y del sofá rojo cuando su mejor amigo pasaba la noche allí. Se acordó de los pasillos de la PS 118, del patio de recreo; de las canchas donde solían jugar al fútbol en la preparatoria. Recordó cuando todo lo que el amor significaba era conseguir una cita para el próximo baile; y tener suerte después. Cuando todavía podía permitirse a sí mismo ser idealista. "Idealista", se burló. 'Idealismo'. La palabra chocó contra él, trayendo de vuelta la atmósfera incómoda. El solía usar la palabra como un estandarte. Era patético. La palabra en sí tenía una definición molesta para él ahora. Era la filosofía de las "ideas bonitas", de los "grandes ideales"... de las "buenas intenciones" que nunca se llevaban a cabo.

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Recordatorios de su anterior concepto del idealismo lo siguieron mientras enchufaba el cable y lo extendía hasta la esquina de la pared y luego a lo largo de la línea del techo. Clavaba una grapa cada pocos centímetros. La nostalgia por el pasado también lo había dejado sin darse cuenta. La incomodidad se instaló de nuevo. Una visión rápida de su vida y de las decisiones que tomó y que lo tenían aquí en este momento nubló su mente. El darse cuenta de sus propios errores. Alzó la vista para mirar a su trabajo. Sí, dieciocho pies eran perfectos. Enchufó el adaptador del otro extremo del cable en el altavoz que ya estaba colgando de la pared posterior y ocultó las pulgadas que sobraban de cable detrás de él. Rápidamente tomó la escalera rosa de tres peldaños y la colocó junto a la pared opuesta. Sería fácil, pero quería terminar el trabajo antes de que llegara la pizza.

Quince minutos más tarde y él ya estaba llevando la escalera de nuevo a la esquina donde pertenecía, la esquina de la cocina, justo detrás de la puerta, cuando hubo un golpe en la puerta. Su mente había viajado con inquietud a través de los últimos años de su vida. Después de graduarse, dejó los Estados Unidos para irse de mochilero y conocer el mundo. Hizo algo de trabajo voluntario al mismo tiempo. Siempre había lugares donde se requería un par de manos extras, para construir casas, para ayudar a algún pueblo a levantarse de nuevo después de sufrir desastres naturales, para ayudar a la gente atravesar un mal momento. Había sido agradable a pesar de su sordidez. Había sido satisfactorio. Luego tuvo que regresar a Estados Unidos porque tenía que conseguir un trabajo de verdad. Sus ahorros no eran eternos. La renta que venía de la casa de huéspedes no podía permitirle el estilo de vida que soñaba para sí mismo, para el resto de su vida. Tenía que empezar en algún momento, y su veinticuatro casi veinticinco años, parecía ser el momento adecuado.

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Fue contratado inmediatamente por una firma dedicada a la Planificación Patrimonial, no era su campo favorito, pero fue un buen comienzo. Luego Anderson Johnson Bailey & Asociados entró en su camino con su actitud refinada y sus impecables oficinas en el elegante distrito financiero. Casi de inmediato cayó en la gracia de uno de los asociados y su carrera despegó, todo el mundo lo decía. Durante tres años fue la mayor promesa de la firma hasta que lo enviaron a Bancarrotas y Concursos. Bancarrotas y Concursos no era su campo, en lo más mínimo. Tratar con la gente que estaba 'perdiéndolo todo' no era lo suyo. Era difícil ser no sólo un testigo de todas las cosas que sucedían allí, sino jugar un papel también, el papel del diablo. La prometedora carrera que había sido etiquetada como estar en un cohete a la luna se fue rápidamente hacia abajo. Él decidió renunciar antes de que todo se estrellara estrepitosamente.

Eso era todo. Él dijo que ya había tenido suficiente y se negó a retomar su puesto anterior. Dijo que tenía que haber un lugar donde su idealismo fuera apreciado. Claire le dio todo su apoyo. Luego se fue derecho a buscar un lugar donde 'ayudar a la gente' fuera aceptable, y lo encontró casi sin esfuerzo. Y comenzó a ayudar a la gente, tal como era su deseo. Pero luego se dio cuenta de que ayudar a la gente no era exactamente lo que pensaba. No era lo mismo ayudar a las personas que no tenían nada, que lo habían perdido todo, que ayudar a las personas cuyas circunstancias y decisiones los habían puesto allí en primer lugar. Bueno, él de hecho ayudó a la gente a legalizar sus propiedades. También aconsejó a la gente para conseguir poner sus negocios en forma; les ayudó a entender sus derechos como ciudadanos estadounidenses y sus obligaciones. Pero también se dio cuenta de que la mayoría de la gente que iba en busca de consejo nunca seguía los consejos y dejaba todo de la misma forma en que estaba antes; su situación no cambiaba en absoluto aun después de saber lo que tenían que hacer. Y se dio cuenta de que -por mucho que quisiera estar ciego al respecto- que la pereza y la resistencia al cambio eran las causas más frecuentes de esa situación. Simplemente no podía entenderlo. Cuando aceptó este trabajo pensó que ayudar a la gente sería más satisfactorio...

Bueno, no lo era.

Entonces, después de ver que esta situación se repetía y repetía, él se volvió más y más decepcionado con su trabajo. Y eso sin tener en cuenta que además de su decepción, sus propias finanzas estaban experimentando problemas. Sus ingresos reales no coincidían con sus gastos. No es que él fuera un gran gastador. Tenía ahorros que durarían aún durante meses, la paga de Anderson fue buena, pero no era lo mismo. Esta situación no debía mantenerse por más tiempo. Necesitaba encontrar un nuevo trabajo de verdad. La idea había estado en su cabeza durante el último par de semanas, pero no había tomado la decisión todavía. Pero ahora que estaba aquí. Finalmente consiguió un poco de tiempo para sí mismo, para pensar en el futuro, para hacer planes. Tiempo para meditar. Estaba tumbado en la cama, después de cenar, escuchando música suave, jazz, había estado mucho tiempo sin escucharla. Sin interrupción debido a las pláticas con Claire, a que veía la televisión, o porque estuvieran recibiendo visitas tardías.

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Agradecía por este rato, él realmente lo hacía. Por fin podía pensar profundamente; llegar a acuerdos. Tal vez esto ya no era lo que quería. Tal vez él no iba a encontrar el trabajo ideal nunca. Tal vez no existiera el trabajo ideal y eso era todo, había que aceptarlo, pero tenía que empezar de nuevo; encontrar un nuevo trabajo, hacer ahorros de nuevo, construir algo de riqueza; empezar a vivir el futuro, a vivir el resto de su vida.

Y esta era la otra cosa que había estado rondando por su cabeza; éste aún por más tiempo que un trabajo insatisfactorio.

Su futuro; su vida; formar una familia...

Pensando en eso no pudo dejar de sentir el aguijón de la envidia. Algo que pellizcaba sus entrañas y le hacía sentir mal. Y se sentía aun peor, porque en realidad estaba muy feliz por su amigo. Gerald tenía una niña de seis meses y estaba extático. Todos los días publicaba una nueva fotografía del pequeño querubín; desde su ordenada habitación de color rosa hasta su rimbombante cochecito; desde su pelo oscuro y rizado hasta sus pequeñas y perfectas uñas de los pies. La bebé era un ángel, y Phoebe era seguramente una excelente madre.

Eso era lo que lo tenía incómodo. Gerald tenía una familia perfecta. Se había estado casado desde hacía casi cuatro años y él no tenía nada. No es que se quejara, era su decisión después de todo, el ser soltero. Había estado comprometido una vez con su novia de la universidad, pero las cosas no funcionaron y ellos rompieron. Eso fue lo más cerca que había estado del matrimonio, pero su relación no sobrevivió su viaje. Había sido la única vez que sintió la necesidad de formalizar, pero ahora que lo pensaba que tal vez era porque era demasiado joven entonces y sus sentimientos por la dulce chica fueron los más puros que jamás sintió. Ahora sabía que no era el verdadero amor; era sólo que él quería sentirse atado a alguien. La pérdida de sus abuelos, su única familia real, estaba todavía reciente.

Después de Amy lo dejó, había pasado por un montón de citas que lo llevaron a nada, hasta que conoció a Victoria. Victoria era la chica que lo acompañó a la boda de Gerald; habían estado saliendo por cerca de un año. Todo el mundo señaló en ese entonces que ella era su pareja perfecta; que él era el siguiente en la línea para caminar por el pasillo hasta el altar y él casi se lo creyó por un tiempo, hasta que las cosas con ella también condujeron a ninguna parte y que se separaron antes de su segundo aniversario. Entonces Claire llegó.

La cosa era que, incluso cuando Claire había sido su novia desde hace casi tres años, no le había propuesto matrimonio todavía. No es que tuviera quejas sobre ella. Claire era perfecta, casi en todos los sentidos. El sexo era bueno. Ellos se divertían juntos. Ella era amable y compasiva por las mismas cosas que él era; era hermosa y era una buena chica. Sería una estupenda madre algún día.

Pero él siempre pensó que la decisión de pertenecer a alguien venía con una necesidad, con una pasión, y sentía que él no había experimentado esa pasión todavía. ¿Era egoísta? ¿Era injusto? ¿Estaba siendo demasiado idealista? ¿Demasiado ingenuo?

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No tenía nada con que comparar. Desde antes de preguntarle a Gerald sabía que no sería justo. Gerald y Phoebe se conocieron cuando eran niños, pero se convirtieron en pareja hasta que ambos fueron a la misma cuidad por la universidad. Ella fue a hacer Pre Med a Brown; él estaba haciendo de Comunicación en la Estatal de Rhode Island. Luego se separaron tres años más tarde, cuando la escuela de medicina de Phoebe requirió toda su atención. Pero una vez que ella regresó a Seattle para convertirse en un especialista en radiología cayeron uno en los brazos del otro como la cosa más natural del mundo; casi como si no hubieran existido los años separados. Así que el caso de Gerald no era el apropiado para hacer una comparación. Cuando se le preguntó cómo se decidió a proponerle matrimonio él simplemente contestó que siempre supo que acabaría con ella.

Arnold nunca sintió eso. Bueno, tal vez sólo cuando estaba en sexto grado y Lila finalmente aceptó salir con él. Tal vez esas dos semanas que compartieron juntos soñó que ella era la chica de su vida. Pero Lila pensaba de otra manera y lo dejó. Tenía doce años y ella ya sabía lo que quería; y lo que quería no era él.

Pero volviendo a él de nuevo, ¿era real que nunca se sintió esa necesidad? ¿Era sólo un sueño que nunca se convertiría en realidad? ¿El sentir que te mueven el piso? ¿El obsesionarse por alguien? ¿El pensar en ella durante todo el día? Él se había sentido de esa manera con Claire... hacía tiempo, cuando la conoció, cuando empezó a salir con ella. Se sentía de esa manera, incluso cuando le pidió que se fuera a vivir con él, después su compañera de cuarto fue trasladada. Era la cosa más natural del mundo, después de todo. Con Claire todo fue siempre tranquilo, natural. Tal vez era el paso del tiempo lo que hacía que las cosas se vieran de color gris.

Pensando y pensando consiguió que darse cuenta que tenía que hacer cambios. Algunas personas decían que tú mismo eres quien ponía las cosas en marcha. Tal vez si él le propusiera matrimonio agitaría su relación y llegarían a ese punto; poner su mundo en movimiento. Treinta años era una buena edad para casarse, para formar una familia después de todo. La niña de Gerald tendría veinte años cuando él tuviera cincuenta. ¿Y él?

Inconscientemente él sabía que necesitaba un tiempo a solas para llegar a este punto. Para tener una vista interior de sí mismo, para tener esta charla de corazón a corazón con el otro Arnold Shortman, el que todavía tenía un poco de optimismo en su interior. Y, finalmente, para llegar a conclusiones y hacer planes. Esta noche era una noche perfecta. Afuera hacía frío y estaba frenético. Se estaba haciendo tarde y Claire llegaría en cualquier momento.

Muy bien, conclusiones: Respiró profundamente. Tenía que hacer cambios. Tal vez había llegado el momento de formalizar su relación con Claire; de empezar a pensar en el futuro, en una familia, niños, un hogar. Por supuesto que no iba a suceder todo en este momento; pero tenía que haber un término, un límite de tiempo. ¿Dos meses... tres? Viniendo junio se debía tomar una decisión. Él tenía tres meses para pensar en los pros y los contras y no más vacilaciones. Si nada realmente importante se atravesara, en junio próximo se estaría proponiendo.

Y en segundo lugar, tenía que conseguir un trabajo, un trabajo satisfactorio si no el trabajo perfecto. Respiró otra vez. ¿Cuál sería el trabajo perfecto? El ladino Arnold dentro de su cráneo le preguntó mientras dejaba la cama y se dirigía a la sala principal para asegurarse de no haber dejado ningún desorden; recoger la basura y cerrar la ventana. Se respondió a sí mismo que tenía que ser un trabajo en el que ayudara a personas necesitadas, personas que quisieran cambiar; ayudar a las personas que estaban ya convencidas. Un trabajo en el que él tuviera el poder de ayudar a hacer la diferencia, porque todavía no se sentía como si hubiera hecho una diferencia en lo absoluto; por supuesto que tenía que ser un trabajo donde pudiera conseguir que le pagaran bien por ello. Ese sería su trabajo perfecto. Se burló. El ladino Arnold volvió a preguntar que si todo se tratara de sueños y fantasías, ¿qué más le pediría a su trabajo perfecto, eh? ¿Cuál sería la cereza del pastel?

Bueno, él resopló de nuevo, pero se permitió fantasear sin embargo. Debía estar ubicado en ese alto y sobrio edificio de aspecto imponente que se encontraba en frente de Anderson; su oficina debía estar en un piso superior y..., canturreó, y tendría que no haber jefe. Y eso era todo. No podía pedir nada más.

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No soy dueña de Hey Arnold! ni de No Más Clavos.

Gracias a todos por leer y mil gracias a GRIMMM, Sweet-sol, Alexamili, Orkidea16, Nova por siempre, Raven Granger y Nimia Forctis por sus comentarios. Saben que me da mucho gusto recibir su retroalimentación. Espero que también disfruten este segundo capítulo.

Todas sus reviews son bienvenidas y contestadas :D

10 de julio 2014.