Cohete a la Luna
Capítulo Tres
De Ojos y Príncipes
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Después de salir de la ducha Arnold se estaba preparando para su día de trabajo. Otro día más de trabajo. Todavía no eran las ocho de la mañana y ya tenían visita: Brenda. Podía oír su voz y la de Claire en la cocina, pero no se preocupó por escucharlas. Seguro que estaban hablando de su trabajo de ayer en el centro comunitario. Bueno, del trabajo de Claire, porque la ausencia de Brenda fue la causa que tuvo a su novia trabajando hasta tan tarde en primer lugar.
Al salir de la habitación, entró a la cocina, donde la charla de las chicas no decayó a causa de su presencia.
"¿Crees que funcionará?" vio a Claire morderse el labio "Quiero decir ... ¿no es demasiado ...?" ella vaciló, mirando a la chica delante de ella, y luego a Arnold, quien llenaba su plato de cereal. Parecía titubeante, pero al mismo tiempo sus ojos brillaban con emoción. Brenda ni siquiera se molestó en responder a su saludo. No era un hecho aislado. Brenda casi vivía con ellos. Si no eran visitas tardías entonces serían visitas mañaneras. Todos los días.
"¡Vamos Claire! ¿Crees que me mantuve ocupada toda la tarde por nada? Todo está listo ya."
"Es sólo que... ¿estás segura que será correcto? Quiero decir. ¿No es muy pronto?"
"¡Por supuesto que es correcto! ¡Te estoy diciendo yo!" Brenda dijo con su vocezota de nuevo. Arnold exhaló ruidosamente para hacerle recordar que él también estaba allí, y luego colocó la botella de leche en el centro de la mesa. Solía mantenerse aparte, lejos de sus asuntos, pero odiaba ver a Brenda presionar a Claire de esta manera. "Sé que también deseas esto. Hemos trabajado muy duro y nos lo merecemos. Este podría ser nuestro momento de brillar; lo que nos llevara al siguiente escaño."
"No es el fin lo que estoy cuestionando, sino los medios ..."
"Tenemos los mismos derechos que todas las otras organizaciones, y no se te olvide que ya tengo la invitación ..."
"¿Organizaciones?" Arnold interfirió, riendo con burla "Ustedes no son una organización. Son apenas un par de chicas que trabajan duro para..." Arnold se detuvo al ver a Claire. Sus oscuros ojos abiertos al máximo.
"Somos una organización, Arnold." Brenda dijo, a lo que Claire asintió lentamente.
"¿Desde cuándo son una organización?" preguntó con cautela entonces. A su novia, pero la otra chica respondió.
"Desde ayer por la tarde..." Brenda exclamó con un amplio movimiento de cabeza, sus rubios cabellos se movían arriba y abajo. Él frunció el ceño.
"¿Cómo le hiciste...?" se detuvo de nuevo. Necesitaba volver a formular la pregunta. "¿Consultaste a Claire antes de hacerlo?"
"¡Por supuesto que lo hice! Ella estuvo totalmente de acuerdo. ¿Verdad, Claire?"
"¿Lo estuviste?" preguntó ahora a Claire. Al ver a Brenda vacilar le hizo darse cuenta que no estaba del todo mal en su suposición de que todo había sido idea de Brenda y que probablemente todo fue hecho por su cuenta.
"Yo ..." Claire tartamudeó. Él se volvió hacia Brenda entonces.
"¿Sabes que no tienes ningún derecho a actuar según tu propio...?"
"Arnold ..." Claire lo detuvo para hablar con firmeza "Está bien. Brenda no preguntó, pero de haberlo hecho yo hubiera dicho que sí. Ella lo sabe. Espero que no tengas ningún problema con eso porque yo no lo tengo; en lo más mínimo. ¿Está claro?" ella lo miró a los ojos.
Arnold inhaló profundamente antes de asentir. Luego exhaló; lentamente. Bien. Si ella estaba tan segura...
"Bien. Si estás tan segura..." estiró el cuello y luego se encogió de hombros, mirando alrededor, buscando sus cosas. Ni siquiera sabía por qué le importaba, después de todo.
"Lo estoy", respondió ella, aún firme. "Y también quiero que me apoyes. Te necesito conmigo en esto." Añadió luego, conteniendo la respiración.
"Si eso es realmente lo que quieres cuentas con mi apoyo. Tú lo sabes." Dijo con frialdad mientras exhalaba de nuevo. Sintiendo que su interrogante mirada seguía fija en él, se volvió para preguntar "¿Qué es exactamente lo que necesitas que haga?"
"Necesito que vengas a la fiesta con nosotras."
"¿Por qué?" él protestó "Sabes que no me gusta ese tipo de cosas ..."
"Porque te quiero a mi lado, y porque sé que a pesar de todo, también apoyas esta causa. Como dijiste antes, somos sólo un par de chicas ahí... Dos chicas solitarias. Te necesitamos."
"Además, tú tienes este... aire bohemio." Brenda intervino. "Luces elegante. Eres honesto; la gente siempre se da cuenta. La gente te ve y sabe que eres digno de confianza. Harías a nuestra organización lucir más... auténtica, más honorable."
Arnold frunció el ceño. ¿Brenda lo estaba halagando? Al parecer lo necesitaban con urgencia. Pero más que su elogio lo que a Arnold le llamó la atención fue el discurso de Claire, sus palabras. Parecía que ella ya sabía que algo andaba mal con él, pero estaba siendo discreta. Eso significaba Brenda no sabía nada. Su respuesta a Claire fue un asentimiento, pequeño pero conciso. Él no quería que presionar el tema por ahora. No insistir. Hablarían de eso más tarde. Los castaños ojos de Claire le dijeron que estaba en la misma sintonía.
"Está bien."
La sonrisa de Claire intentó recompensarlo. Él no sabía cómo sentirse. Tenía que irse ya.
"¡Te lo dije! ¡Fue tan fácil!" Brenda chasqueó la lengua y Arnold maldijo para sus adentros. Esa chica se estaba volviendo más insoportable entre más la conocía. "Apuesto a que ni siquiera tenías planes para ese día, de todos modos."
Arnold se tomó su tiempo antes de contestar.
"Por un momento pensé que realmente me necesitaban."
"Y te necesitamos. De verdad. Pero le dije a Claire que ella se preocupaba de más. Estaba segura de que irías con nosotras."
"¿Y por qué estabas tan segura?"
"Porque vaya que será el Baile del Año. Será en el Centro, quiero decir, en el Bajo Manhattan. ¿ Quién se lo perdería?"
"¿Aquellos que no recibieron una invitación ...?"
"Bueno, pero nosotros tenemos invitaciones..." Brenda rebuscó en el interior de su voluminoso bolso. "Y no maté a nadie para conseguirlas, ¿verdad?" Finalmente sacó unos pequeños papeles que lucían delicados en sus manos grandes y medio masculinas, y los puso sobre la mesa. Arnold tomó la leche para retirarla, temeroso de que su humedad pudiera dañar las elegantes invitaciones en color dorado con blanco. "¿Tienes idea de lo difícil que es conseguir UNA sóla de estas preciosuras? Bueno, yo lo conseguí, y no sólo una, ¡sino TRES!"
"¿Y cómo las conseguiste?" Arnold preguntó sin demasiado interés mientras colocaba su plato en el fregadero. Brenda volvió a verlo con una mirada tan emocionada que lo hizo lamentar haber preguntado. Se dio la vuelta para ver el reloj que colgaba de la pared de la cocina.
"¡Esa, mi amigo, es la pregunta del siglo!" ella comenzó con su voz fuerte y entusiasta "¿Recuerdas a Jenna? ¿La chica del Soho de la que les conté, hace como dos meses? ¿A la que ayudé cuando aquel músico que contrató no llegó a su fiesta...?"
Arnold se encogió de hombros, sin preocuparse de recordarlo, pero era sólo porque Brenda no esperaría por su respuesta. Ella nunca lo hacía. Brenda tenía una vida por demás interesante. Ella era el tipo de chica que siempre estaba involucrada en toda variedad de aventuras y desventuras; siempre envuelta en extraños, sospechosos, cuestionables episodios. Todo le sucedía siempre a Brenda. Era como el personaje de Kramer de la serie de televisión Seinfeld.
Y ella era de alguna manera la mejor amiga de Claire, pero era la clase de mejor amiga que siempre estaba dando órdenes a su alrededor. Desde el punto de vista de Arnold, Claire tenía algunas otras amigas que podrían hacer un mejor trabajo siendo su mejor amiga; amigas con las que ella podía pasar tiempo cuando no todo se trataba de reunir fondos o hacer trabajo voluntario.
A veces pensaba que Brenda utilizaba a Claire porque era más bonita. Brenda era atractiva en su propio estilo, pero todo en ella era grande. Era demasiado alta, demasiado ruidosa y demasiado expresiva; sus rasgos no eran particularmente femeninos. Pero lo que a Brenda le faltaba en feminidad, lo compensaba de más en el departamento de personalidad. La chica era un torbellino; era una fuerza de la naturaleza; tenía un millar de ideas revoloteando siempre en su cabeza. Ella guiaba a un grupo de chicas, como Claire, que solían hacer trabajo voluntario. Ella les indicaba directrices y objetivos. Ella siempre estaba empujando detrás de ellas, asegurándose de que hicieran el trabajo; que consiguieran sus metas. Por alguna razón desconocida, parecía haber desarrollado un vínculo especial con su novia, que Claire parecía corresponder.
"... Y esto es la puesta en práctica de esa idea." Brenda seguía hablando con él, aparentemente sin darse cuenta de que su mente había estado lejos "Así que, esperan, Arnold, que éste baile se convierta en un éxito y que llegue a ser el primero de muchos en su tipo. Es la primera vez que el ayuntamiento de la cuidad convoca a todas las corporaciones cuyas oficinas principales se encuentran en el Centro. Ya sabes, como GE, Great Buy, Channell, McMart, Green Insurance Inc. ... Quiero decir, lo siento, pero sólo empresas en verdad grandes, gigantes; no firmas pobretonas como ese lugar de mierda donde trabajabas antes..." ella se expresaba con aspavientos, como si estuviera hablando a un público "Entonces estaremos también nosotros, las organizaciones sin fines de lucro que prestan asistencia a los diferentes tipos de necesidades... "
"Ya entiendo." Él la interrumpió "¿Entonces esto va a ser como algún tipo de Draft?
"Un… eh... ¿Draft?" ella frunció el ceño.
"Tú sabes, un Draft, donde los equipos comercian a sus jugadores... Sólo que aquí, las organizaciones, como ustedes, se va a vender a sí mismas al mejor postor," ironizó "Debo admitirlo. Los ricos saben cómo entretenerse, ¿eh?"
"Vamos, Arnold ..."
"Es por eso que dijiste que estabas indecisa acerca de los medios, aunque no sobre el fin, ¿verdad?" -le preguntó a Claire.
"Bueno," Claire comenzó "Es una gran oportunidad... lo que me hace vacilar es que todavía no me siento como si fuéramos una organización, pero eso es todo. No porque crea que no merecemos recibir un poco de ayuda para, por ejemplo, llevar "Ojos para Todos" a todo el distrito. Tal vez incluso a soñar y llevarlo a todo el Condado...o al Estado incluso. Cualquiera de esas empresas nos puede ayudar a realizar ese sueño. Estoy dispuesta a trabajar duro por eso. Si todo lo que tengo que hacer es estar allí y 'venderme' bien, lo haré sin dudarlo." Allí estaba la respuesta de Claire a su sarcasmo. Arnold resopló por dentro "Lo que necesitamos de ellos es dinero. Y dinero es lo que ellos están dispuestos a dar, si es que se aparecen, ¿no es así?"
Bueno, esa era Claire cuando quería dejar su punto en claro para todos aquellos que no la conocían. Arnold todavía admiraba su fervor, incluso cuando no podía compartirlo ya. Tendría que haberse ido hacía mucho rato, ahora era incómodo estar allí. Algo estaba definitivamente mal con él.
"¡Es una gran oportunidad! ¿Puedes verlo también tú, Arnold? Nos podría ayudar a conseguir el apoyo que necesitamos ..."
"Bien, bien," Arnold finalmente aceptó. "Sólo dime cuándo para no hacer ningún plan..."
"El próximo jueves"
"El próximo jueves, ¿eh? ... Bien" se dirigió a la habitación de nuevo para recoger su chaqueta. "Considéralo un hecho."
"Voy a llegar tarde esta noche... otra vez..." Claire dijo cuando volvió a la cocina y se inclinó para darle un beso de despedida.
"¿Otra vez?" Arnold se quejó. ¿Eso significaba otra noche en blanco? ¿Nada de sexo? ¿Era abiertamente un castigo ya o qué?
"¡Tenemos que encontrar nuestros vestidos!" Brenda fue quien habló ahora, con entusiasmo, moviendo las cejas arriba y abajo. "Vamos a superarnos a nosotras mismas," entonces ella se puso de pie y dio un pequeño giro. Arnold parpadeó. ¿Brenda actuando como chica? Caminó hacia la puerta como si fuera una exquisita modelo "Tenemos que lucir elegantes...-hermosas. Todos los Príncipes del Reino estarán allí."
"¿Príncipes del Reino?" Arnold resopló ruidosamente "¡Esto difícilmente es un reino!" él se burló de ella.
Brenda parecía molesta por haber sido despertada tan bruscamente de su ensueño y lo miró con disgusto.
"¡Bueno, aquí en Harlem difícilmente es un reino!" señaló el piso de la cocina con vehemencia. "¡Pero el Centro es otra cosa! Eso es el verdadero Nueva York! Y allí, Arnold querido, viven algunos hombres que podrían ser fácilmente considerados Príncipes!"
Arnold negó con la cabeza, riendo. Ella debía irse a vivir al Centro si le gustaba tanto.
"Deberías irte a vivir al Centro si te gusta tanto." Claire vocalizó sus pensamientos. Arnold le sonrió con amor. "Tal vez incluso podrías encontrar a tu príncipe azul allí."
"¡Ay, chica! ¡Lo haría si pudiera!" Brenda se desinfló "Pero tú ya sabes que ese es mi sueño. Muchas chicas lo han hecho antes, ¿por qué no podría yo? ¡En serio, Claire! Te lo juro. Te juro que algún día voy a conocer a mi media naranja allí! ¡No importa como lo haga! "
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Arnold decidió irse entonces y las dejó en paz para que disfrutaran de su tiempo. Por supuesto, se mordió la lengua antes de decir algo que lamentara después. Algo en la línea que tal vez todos los proyectos de recaudar fondos y demás actividades de caridad de Brenda eran sólo una fachada para ocultar su verdadero interés: encontrar un marido rico. Tal vez debería dejarlo todo ya y poner todo su esfuerzo en la tarea en cuestión. De esa manera dejaría Claire en paz y ellos podrían volver a ser lo que fueron antes de la que ella entrara a escena, cuando Claire practicaba caridad sólo en su tiempo libre. Ahora era diferente. La caridad tomaba la mayor parte de su tiempo. Se había convertido en una prioridad en su vida.
Mientras caminaba por la calle se dio cuenta de que sus resoluciones del día anterior eran un tanto ingenuas ... apresuradas ... o tal vez sólo llanamente estúpidas. Para empezar, no contemplaban la opinión de Claire. Y la opinión y prioridades de Claire no estaban tan claras para él como solían serlo.
Al principio de su relación ellos solían compartir todo, solían hablar del futuro. Era cierto que no hacían planes a largo plazo, pero al menos los dos eran siempre optimistas. Tenían largas, amenas conversaciones compartidas acerca de sus trabajos, sus intereses, sus planes y sueños; disfrutaban pasatiempos y actividades al aire libre juntos; se confesaban el uno al otro lo mucho que amaban a los niños y ambos soñaban con un futuro en los suburbios donde tendrían una vida maravillosa, plena. Ahora sus conversaciones se reducían a las pláticas rápidas, huecas que tenían en la mesa de desayuno en la mañana y, a veces en la cena.
Mientras Arnold seguía avanzando, se preguntó si estaba celoso de la disminuida atención que estaba recibiendo de su novia. No era la primera vez que la pregunta le venía a la mente. Y él siempre pensó que él no lo era. Celoso, quería decir. Pero para ser sincero, se estaba cansando de tener siempre a Brenda en casa. Se sentía como si ya casi no tuvieron tiempo para ellos mismos. Era cierto que todavía iban al cine o a cenar un par de veces al mes, pero no era lo mismo. Tal vez estaba realmente celoso... o tal vez más que celoso, él estaba... se miró a sí mismo en un espejo ventana mientras esperaba la luz verde del semáforo... vio fijamente sus propios ojos verdes, esos ojos verdes que no eran tan admirados hoy en día como lo fueron en el pasado. Se quedó quieto... entonces inhaló profundamente para sacudirse el súbito estupor mientras cruzaba la calle y giraba a la derecha en la esquina opuesta.
Tal vez más que celoso lo que sucedía era que estaba insatisfecho. O más que insatisfecho el tal vez estaba...
¿Él estaba qué? Arnold se preguntó de nuevo. Cuando él estaba sólo en casa no extrañaba mucho a Claire. Él podía quedarse en la casa a ver la televisión, salía a pasear, a comprar comestibles. Ella solía hacer lo mismo cuando se trataba de ella.
Y cuando ambos estaban en casa cada quien se dedicaba a sus propios asuntos: a cocinar, limpiar un poco, a leer, navegar por la red, ver televisión. Luego había momentos en los que podían ser una pareja, ir a caminar juntos, salir a cenar, hacer el amor ... Pero esos momentos empezaban a ser menos frecuentes cada vez ... ¿o era sólo su percepción?
¿Era sólo su percepción de que su rutina se estaba tornando aburrida? ¿Su… rutina ...? ¿Estaban empezando a ser aburridos? Arnold negó con la cabeza. ¿Qué había cambiado? Él era el mismo, estaba seguro... y Claire también era la misma, por supuesto. Ella todavía disfrutaba de su trabajo como maestra de preescolar; todavía se preocupaba mucho por los niños, y aún dedicaba su tiempo y esfuerzo para ayudar al centro comunitario. Y él... y él ya no.
Arnold exhaló. Él ya no lo hacía. Ya no era lo mismo.
Ellos habían cambiado. Ya no eran los mismos. Ya no compartían los mismos ideales. Ya no seguían los mismos preceptos de antes. Su relación se estaba volviendo aburrida. Ni siquiera el sexo era lo que solía ser.
Arnold se dio cuenta de que por dentro él culpaba a Brenda de eso, porque ella estaba en casa tan a menudo que a veces para el momento en que ella se iba él no ya no tenía el ánimo adecuado. Pero tal vez ese no era el único motivo. Tal vez había algo más.
Tal vez...
El joven rubio suspiró cuando se dio cuenta de que se había detenido en medio de la acera, luego parpadeó cuando vio el lugar exacto en que se encontraba. Era la calle 116 de nuevo, justo en frente de los Almacenes de Big Bob. Arnold respiró profundamente mientras se puso en marcha de nuevo, dejando la ventana escaparate detrás. Sacudió la cabeza, confundido. Era cierto que él solía tomar diferentes caminos a través de las calles para ir y volver todos los días del trabajo, pero no era habitual que tomara la misma calle dos veces seguidas.
Cuando llegó a la esquina, volvió la cabeza para echar un último vistazo a la tienda. Localizadores de Big Bob se llamaba Almacenes de Big Bob ahora. Ese era el legado del Sr. Pataki, algo para recordar al alto y bravucón hombre a lo largo y ancho del país, aun cuando él ya no estaba aquí. Las tiendas ya no vendían beepers y celulares como en los viejos tiempos, sino componentes electrónicos, altavoces, baterías, cables, auriculares, chips, ese tipo de cosas electrónicas. Era una tienda de electrónica, no una tienda beepers ya; y ahora no era propiedad de los Patakis, sino de una corporación multinacional.
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No era la única cosa de Hillwood que había cambiado, pero era lo que le hacía recordar su ciudad natal. Él se fue cuando se dio cuenta de que no quedaba nada ahí para él. Él quería convertirse en alguien, soñaba con el éxito, y Hillwood era un pueblo relativamente pequeño. Soñaba con venir a la Gran Manzana y ser próspero. Hillwood era en alguna forma una ciudad en decadencia.
Todo había cambiado; incluso la gente con la que creció no era ya los mismos; habían tomado caminos separados. Por supuesto que todos ellos eran diferentes; nadie esperaba de aquellos niños seguir siendo los mismos veinte años después. A medida que crecieron desarrollaron sus propios intereses y gustos. Stinky regresó a Arkansas para convertirse en agricultor; Sid disfrutaba tanto juntarse con la pandilla del Gran Gino, que ahora estaba escalando posiciones en su mundo de crimen. Harold de alguna manera terminó siendo el propietario de un negocio de jardinería y se especializaba en crear jardines verticales y en las azoteas.
Su amor platónico de la escuela primaria, Lila, se había casado hace mucho tiempo con el hijo del jefe de su padre y era una feliz ama de casa hoy en día. En cuanto al resto de las chicas, Arnold no sabía casi nada acerca de ellos. No había visto a Nadine ni a Sheena desde aquellos viejos veranos de los años de la universidad. La única con la que en realidad todavía se mantenía en contacto era Phoebe, y era sólo porque ella se había casado con su mejor amigo. Después de años sin hablar con ella, Arnold estaba feliz de darse cuenta de que ella era la misma chica bonita, inteligente y tranquila de su infancia.
Y era debido a Phoebe que sabía que Rhonda Lloyd se había mudado a Nueva York apenas entrando en los veinte. Arnold nunca la había vuelto a ver. Tal vez porque ella se mudó al Centro, tal como Brenda haría si pudiera permitírselo, pensó con burla, y él vivía más al norte. Phoebe y Rhonda seguían siendo amigas cercanas. Después de la Secundaria, cuando los entonces adolescentes empezaron a tomar caminos separados Rhonda, Phoebe y Helga, cada una en su propia, y decepcionada manera, -ya fuera debido a la falta de clase, de reto o de amor-, dijeron: "¡Jamás me verán ahí!" a la posibilidad de ingresar a Hillwood High, la escuela preparatoria del distrito a donde la mayoría de los chicos de la pandilla asistirían, y se inscribieron en una preparatoria privada. Ellas no fueron vistas con frecuencia después, sólo aquí y allá de vez en cuando; en fiestas que no podían evitar. A partir de entonces ellas se movieron en un círculo muy diferente al de él y del resto de la pandilla.
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Después de desarrollar lo mejor de ellas mismas en esa lujosa escuela durante cuatro años, él trío dejó el pueblo para dirigirse solo a universidades de la Liga de la Hiedra o Ivy League. Rhonda fue a Princeton como siempre lo gritó a los cuatro vientos; Phoebe fue a Brown y Helga a Columbia.
Pero el destino siempre encuentra una manera de cambiar los planes de la gente. Phoebe fue la única que siguió sus planes al pie de le letra. Ella se convirtió en médico y ahora era una radióloga especializada que trabajaba en el principal hospital de Seattle. Rhonda terminó cambiando su especialización de diseño a comunicación y ahora estaba forjando su camino al ascenso, trabajado duro para convertirse en parte del equipo de élite de Ann Vinteurs. Y Helga... -Arnold tomó un inspiración profunda- ...Helga fue aquella cuyos planes cambiaron de la manera más drástica.
La rubia tenía veinte años y estaba disfrutando al máximo de ser una de los mejores estudiantes en Columbia, cuando justo durante el receso de Acción de Gracias de su segundo año Big Bob sufrió un ataque cardiaco y falleció. Afortunadamente Helga estaba en la ciudad cuando todo esto sucedió y tuvo la oportunidad de despedirse de su padre, pero la vida nunca fue la misma para ella.
Arnold recordó haberla visto con la mirada perdida cuando fue a presentar sus condolencias. –Tú siempre tan gentil, Cabeza de Balón- fue la respuesta ante sus palabras de que todo volvería a estar bien eventualmente. Ella no había derramado una sola lágrima; al menos no en público, pero Phoebe, que ya estaba saliendo con Gerald en ese entonces, la conocía mejor y le dijo que estaba devastada.
Helga se encontró, de repente, a cargo de la empresa de su padre que comprendía seis tiendas de celulares y localizadores en un área que incluía a Seattle, Hillwood, Tacoma y Oregón. Ella nunca volvió a la escuela.
Hasta donde Arnold sabía, aunque a regañadientes, ella batalló por un par de años para mantener la empresa a flote, liberándola de sus deudas y manteniéndola nivelada a pesar de la desconfianza de acreedores, banqueros y clientes. Ella cambió su naturaleza de beepers a electrónicos; parecía estar finalmente desarrollando el gusto por el legado de su padre, y había llegado incluso tan lejos como hasta abrir una nueva tienda en Dakota del Norte, cuando, inesperadamente, ella vendió todo. Almacenes de Big Bob fue a formar parte del Conglomerado Mueller y Helga Pataki desapareció de la faz de la Tierra.
Fue hasta varios años después de que ella fue vista de nuevo en la boda de Gerald y Phoebe. Helga volvió para estar al lado de Phoebe como su dama de honor y lo hizo muy bien acompañada por un hombre moreno y apuesto, con los dientes muy blancos y una actitud arrogante. Cuando Arnold tuvo la oportunidad de hablar con ella le dijo que no tenía que preocuparse por ella; que no estaba perdida, sino que vivía en Europa ahora y trabajaba como camarera en uno de los cruceros más exclusivos que vagaban por el Mediterráneo; y que Lucca, el tipo que casi lo estaba cegando con su resplandeciente sonrisa, era el capitán de la nave. Arnold nunca hubiera imaginado algo así de ella, pero se encogió de hombros. Se veía feliz y saludable, ya pesar de estar todavía extrañamente fresco en su mente el recuerdo que él fue el único que alguna vez retuvo su corazón, él supuso que finalmente ella lo había superado y ahora era feliz de la misma manera que él lo era.
Pero luego, cuando la fiesta había terminado y la pandilla se volvió a ver en los días posteriores, se dieron cuenta de Helga había mentido descaradamente a todo el mundo. Lila les dijo que ella le contó que había pasado tres años en prisión después de haber participado en un robo a mano armada; Patty Smith dijo que a ella le contó que era bibliotecaria en un pueblo pequeño y tranquilo en Texas; e Iggy dijo que él supo que era una aspirante a actriz que apenas sobrevivía y pasaba los días sirviendo mesas en un bar de mala muerte en Los Ángeles. Alguien más dijo ella practicaba ciclismo extremo.
Él debió haber sabido que no sería tan fácil.
Cuando Arnold fue a Phoebe ella sólo sonrió y murmuró para sí misma que era bueno ver que todavía tenía una vívida imaginación. Durante un tiempo, el recuerdo permaneció en su cabeza, pero luego con el tiempo también se fue olvidando. A lo largo de los años sólo una vez Gerald la mencionó y en esa ocasión todo lo que dijo fue que no se preocupara porque ella estaba bien.
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¿Por qué estaba reflexionando sobre todo esto ahora? ¿Precisamente ahora? ¿Precisamente ella? Entrando en la calle donde se encontraba su oficina se preguntó si el hecho de ver su antigua tienda trajo esos recuerdos a su mente. La 116 no era una de las calles que usaba más a menudo, pero pasaba por ahí a veces, sin embargo, y nunca antes eso trajo recuerdos de ella a su mente. Específicos recuerdos de su figura espigada; recuerdos de su largo y suave cabello rubio.
Tal vez pensar en el amor fue el gatillo que detonó los recuerdos. Reflexionar acerca de lo que el amor era en realidad y acerca de lo que él pensaba que era el amor en aquel entonces. Acerca de aquella confesión de sus sentimientos hacia él en el último día que compartieron en la escuela. En la última clase; octavo grado...
Él le dijo que se sentía honrado, pero que él no sentía de la misma manera. Ella dijo que estaba bien; que sólo quería que él lo supiera. Luego compartieron las tardes de ese verano en compañía del resto de la pandilla. Más tarde, en otoño, cuando comenzó la escuela de nuevo ella no apareció, ni Rhonda, ni Phoebe. Ellas comenzaron una nueva vida en una nueva escuela y con nuevos amigos. Su ausencia fue evidente. Las chicas extrañaban a Rhonda; Gerald extrañaba a Phoebe. Nadie parecía extrañar a Helga, a decir la verdad, pero tal vez ella era la más extrañada de todas. Por él, al menos. Llegó a la oficina donde algunas personas ya se encontraban en la sala de espera y aún no eran las nueve. Se dirigió a su privado y cerró la puerta.
Pero en realidad él no se dio cuenta en ese entonces que cuanto la echaba de menos; no se dio cuenta durante años. Ahora sí se daba cuenta, de vez en cuando. Cuando pensaba en el amor y no había nada en la vida real que se comparara con el tipo de amor que sus palabras prometían; con la clase de amor que ella prometía; con la clase de amor que el azul de sus ojos, más azules que el cielo, prometían.
No soy dueña de Hey Arnold!
No soy dueña deSeinfeld, Kramer ni ninguna otra MR mencionada aquí.
Soy dueña de esta historia y de los Personajes Originales (todos ellos).
Perdón por tan larga espera. Ha sido un mes muy ocupado; problemas de trabajo y de salud incluidos. Le aseguro que el próximo capítulo estará aquí la próxima semana. Será corto y y está a medio terminar.
Gracias por estar aquí. Dobles gracias a ustedes que me hacen saber su presencia al dejar comentarios o al seguir o favorecer la historia; especialmente GRACIAS a Nova por Siempre, GRIMMM, MarHelga, Orkidea16, Sweet Sol, Raven Granger y Alexamili. Ustedes saben que aprecio cada una de sus palabras.
También quiero agradecer a KillaCAD, y un invitado que dejaron reviews para Navidad en Brooklyn. A Sol y Luna 0428, Linda, Ale 0104 yCard Captor CRYSTAL7 por revisar Amor Correspondido. A AnonymousLatina por Reciprocated Love et Life Goes On.
Que tengan un buenfin de semana.
02 de agosto de 2014.
