Cohete a la Luna

Capítulo Once

Necesito un Libro


AN. Siento la necesidad de advertir que esta será una historia que se tomará su tiempo para desarrollar la relación amorosa. O quizá deba decir que más que una historia de amor, esta es la historia de un hombre bien intencionado, en sus treinta, que está pasando por una transformación. Está haciendo cambios, algunos de ellos a nivel tan interno que no se da cuenta; algunos otros sí percibe, pero todos ellos terminarían cambiándolo para siempre. Es un hombre que ha estado siguiendo lo que él pensó era su ruta planificada de vida, pero en realidad sólo estaba dejándose llevar por la corriente. Ahora está frente a una encrucijada. Va a ser confrontado con una nueva manera de ver la vida; con una nueva forma de vivirla.

El lector podrá no estar de acuerdo con lo que se presenta aquí; no es la visión de la autora tampoco, no completamente. Sólo sucede que es la historia que quiero contar. Me encantaría que me acompañaran todo el camino y la disfrutaran. Este es sólo un fic que nació como un ejercicio de la imaginación, y es publicado aquí con no otra intención que la de entretener.


Golpeó a la puerta tres veces. "Sala de Reuniones" se leía con letras blancas inscritas en la madera. Arnold contuvo el aliento mientras esperaba.

"¿Qué?" un tipo con una gran nariz abrió ligeramente; Arnold pensó que nunca antes lo había visto. El tipo lo miró de arriba abajo, con cierto desagrado.

"Shortman..." Arnold se presentó. Al ver confusión en la mirada del hombre, añadió "Vengo de Legal." El chico asintió y luego dio un paso atrás.

"¿Así que estarás tomando el lugar de Ralph?" Arnold asintió. La puerta se abrió más ampliamente "Marty Fisher," se presentó, en voz baja "¿Cómo dijiste que te llamabas?"

"Shortman... Arnold Shortman" después de asentir de nuevo le hizo una seña para entrar y se puso un dedo en los labios. Arnold entró al lugar sin saber lo que iba a encontrar en el interior.

Era una habitación amplia con dos ventanas que bañaban el lugar con la luz del sol. Había dos personas sentadas ante la mesa de reuniones mirando de frente a la pantalla sostenida de la pared. La pantalla mostraba un hombre de treinta y tantos años hablando con las personas de aquí que estaban muy probablemente entrevistándolo. Arnold se quedó atrás.

El primer tipo era alguien de Recursos Humanos; Arnold lo conocía de vista. El segundo tipo era Stan Wright, Vicepresidente de Operaciones y mano derecha de Dick. El propio Dick estaba sentado a la derecha de Stan, pero se mantenía ligeramente detrás para no ser visto por el hombre en la pantalla. El resto de las personas en la sala, cuatro chicos más, estaban sentadas o de pie fuera de vista también. Siguiendo la indicación de Marty, Arnold tomó uno de los asientos que habían sido empujados fuera de la mesa. Marty articuló 'Legal' cuando alguien se volvió para ver al recién llegado.

Arnold se reclinó en la cómoda silla viendo la entrevista con interés. El hombre en la pantalla tenía un fuerte acento indio y rasgos exóticos. Arnold pronto se dio cuenta de que era un aspirante para el puesto de Director General de la nueva fábrica. Él iba listando su experiencia y respondía a las preguntas que ambos hombres hacían. Arnold también se dio cuenta que Dick estaba reclinado en su silla mientras escribía en un portapapeles; alzando la vista de vez en cuando para prestar atención a la interacción.

Era la primera vez que Arnold estaba tan cerca del grupo de hombres que estaban a cargo de la operación de toda la empresa. La característica distintiva de Operaciones era que el Departamento era lo que coloquialmente se podía llamar un 'Club de Toby'. Prácticamente no había mujeres en la sección. Probablemente las secretarias de Dick y de Stan eran las únicas dos mujeres en todo el Departamento.

Mirando de cerca los hombres cuya atención estaba fija en la pantalla, Arnold comenzó a distinguir a cada uno de los otros. Vio entonces que no todos ellos eran tan altos y fornidos como se veían desde lejos, cuando los mirabas en montón. De hecho, sólo Stan y otro hombre con el pelo marrón oscuro eran altos y fornidos. El resto de ellos no eran tan grandes. Había uno que era más bajo que él mismo incluso. Eran dos rubios, uno con cabeza de jengibre, un cabeza rapada, y tres hombres de pelo oscuro. Todos ellos estaban en sus treinta, cuarenta y pico tal vez. Todos ellos parecían tan normales e inofensivos ahora.

Marty era uno de los castaños. A decir verdad, Arnold no sabía cuál era el papel que desempeñaba cada uno en el grupo. De lo que sí se dio cuenta, sin embargo, era que todos ellos vestían bien. Gerald aprobaría sus looks sin titubear; sobre todo el de Mike Davis, el proclamado 'Hombre Más Guapo de la Oficina'. Mike era un afroamericano alto y atractivo, de físico impresionante y cuya coqueta sonrisa derretía la mayor parte de los corazones ...

Hmpf! - Arnold se aclaró la garganta dándose cuenta de que sonaba como chica. ¡Esas no eran sus palabras! Era sólo lo que escuchaba y veía alrededor. Lo que sucedía era que su lugar en la oficina era fácilmente alcanzado por voces de todos tipos y orígenes. ¡Diablos, Cabeza de Balón! ... Gruñó de nuevo. A veces esa voz interior en su cabeza sonaba como la de Helga.

Como Helga.


. . .

Habían tenido otra charla interesante durante su visita el día de su 'promoción', una vez que Henry se había ido. Ella lo felicitó, por supuesto, y le hizo recordar que ya le había dicho que era cuestión de tiempo que sucediera.

Ella no le dio otro sermón sobre Dick. "No es más que otro chico '. Pero lo que sí hizo fue preguntarle si ya se sentía más cómodo en su trabajo.

Vaya que se sentía más cómodo ya, a pesar de que todo se trataba 'de dinero y crecimiento'. Pero no se lo hizo saber. Así que continuó quejándose del capitalismo exagerado y la codicia de las empresas - como ésta- y ella no pudo evitar rebatir sus puntos de vista. Respondió a sus dudas con pasión. 'Ya estás aquí, Cabeza de Balón. Disfruta la experiencia. Debe haber una razón para que la vivas. Así que ve y haz tu mejor esfuerzo.' Y al mismo tiempo que refutaba sus principios hablaba sobre su trabajo, sus creencias y su pasado. Probablemente sin darse cuenta, pero también habló de su vida.

Le contó de aquel tiempo en que vendió la compañía de su padre. En vista de gran interés que Mueller tenía en las tiendas, ella pidió casi el doble de su valor. No quería dinero. Quería una participación en su empresa. Después de algunas quejas y aún más negociación, Henry estuvo de acuerdo. Cuando Helga firmó el acuerdo Miriam, Olga y ella eran las propietarias del dos por ciento del valor total de Mueller Enterprises, lo que era - con mucho- superior al valor de Almacenes del Gran Bob por sí mismos. Helga quedó a cargo y aun cuando no tenía derecho a voto en el Consejo, sí tenía algo de poder. Hoy en día la riqueza de las Patakis se había revalorado varias veces desde su valor original.

Era cierto que Helga fue alguna vez la asistente personal de Henry. Pero también era cierto que ella originalmente aceptó el cargo sólo mientras esperaba a que el próximo semestre empezara en Columbia. Pero en lo que Helga llegaba a conocer de cerca la gestión en Mueller y se sentía más a gusto con su trabajo, su interés para volver a la escuela pasó a segundo plano y ella se quedó en la empresa. Muy pronto el puesto como asistente de Henry le quedó corto y tuvo que moverse a posiciones con más responsabilidades al tiempo que entraba en contacto con la familia. Ella en realidad vivió con Henry y su esposa por un tiempo; cuando recién se mudaron a Nueva York. También era cierto que la señora Mueller la quiso como a una hija.

Cuando Miriam finalmente consiguió salir de rehabilitación, para siempre, las dos se trasladaron al apartamento que Helga había comprado en el Upper West Side. Cuando Miriam fue independiente de nuevo Helga se mudó a una de las propiedades que la señora Mueller tenía en la Ciudad para finalmente vivir por su cuenta. Cuando la esposa de Henry murió, víctima de cáncer de páncreas, se acordó de su hija "adoptada" en su testamento y le dejó la propiedad a ella.

Parecía que Helga había tenido suerte y una buena vida. Parecía que se había topado con unos padrinos de cuento de hadas y tenía una vida de ensueño, pensó mientras la veía hablando de su lucha más tarde; cuando Henry finalmente dejó en sus manos y las de Dick el control de la compañía y él dio un paso atrás.

Arnold era lo suficientemente adulto y sabio para saber que la fortuna no llegaba nada más porque sí; es decir, sin ningún esfuerzo por parte de aquellos que fueron lo suficientemente suertudos para ser alcanzados por ella. Cuando tal cosa ocurría, la llegada de la fortuna es decir, sin hacer ningún mérito, por lo general esta se terminaba yendo con el pasar del tiempo.

Helga, por otro lado, había trabajado duro para que la fortuna permaneciera pegada a ella. Por fin había conseguido un título en finanzas, aunque en línea, y había trabajado sin miedo día a día para llegar a alcanzar el asiento que ocupaba ahora. Arnold podía decir que no estaba mintiendo. Él la conocía lo suficientemente bien como para saber todo lo que decía era verdad; aunque él agregaría que la suerte fue un factor importante. Entonces un día determinado, cuando ya era jefa de Finanzas, Henry dejó la toma de las decisiones más importantes en sus manos. Se negó a dar su apoyo o negativa como antes; no hubo consejos ni orientaciones ya más. Ella le confió a Arnold todas las dudas que la asaltaron entonces; cómo sus seguridades e inseguridades surgieron para complicarlo todo. Y el razonamiento que en conclusión la llevó a actuar de la forma en que actuó al final.

¿Su razonamiento? Simplemente hazlo. Avanza. Da un salto de fe y confía en que la decisión que acabas de tomar es la correcta.

. . .

"No hay tal cosa como buenas o malas decisiones, amor," Henry le había dicho más tarde "a final de cuentas todo eso no son más que experiencias."

"Experiencias que te hacen ganar o perder dinero," ella habían añadido, con prudencia "dinero que no es tuyo..."

Conforme pasó el tiempo había aprendido que las experiencias creaban reputaciones; y que incluso cuando ella había tenido éxitos también había tenido su cuota de fracasos, pero el equilibrio seguía siendo positivo porque sus logros habían sido los más.

"Y mis fallas no han sido tan malas, ¿sabes? Es sólo que no fueron la gran mierda." Añadió al más puro estilo Helga Pataki: un tanto grosero; un tanto engreído.

Pero ella probablemente tenía todo el derecho a estar orgullosa de sí misma. Estaba comprometida con la empresa para la que trabajaba. La amaba. Luchaba por ella todos los días. Luchaba incluso contra sus propios copropietarios.

Arnold entendía ahora por qué estaba tan molesta aquella ocasión pasada, en la escena que presenció en la Sala de Consejo, cuando se quejó porque Dick cuestionó sus métodos. La hizo enojar porque sus decisiones involucraban mucho trabajo. Conocer los números de una empresa determinada no era trabajo de un fin de semana o de un mes; era el trabajo de años evaluando las altas y bajas; riesgos y ventajas; posibilidades y proyecciones; eran intuiciones. Las empresas que puso sobre la mesa la primavera pasada estuvieron bajo observación durante años. Dick le pidió explicar este largo y agotador proceso en la reunión; ¡como si estuvieran hablando sobre el proceso para hacer enchiladas!

Arnold frunció el ceño. Tal vez la verdadera intención de Dick no era que explicara el proceso sino hacer que la pasara mal. Cuando se lo dijo ella resopló y le hizo saber que ya lo sabía; ya sabía que esa era su verdadera intención. La verdadera intención de 'ellos', de hecho, porque Dick tenía un plan y un cómplice. Cuando Arnold externó su preocupación -y su curiosidad - ella le dijo que no le diera importancia porque ya tenía años lidiando con los 'tortuosos' planes de Dick para fastidiarla y que éstos nunca consiguieron hacerle daño. Tenía todo bajo control.

Y Arnold le creyó. Se veía tan fuerte; tan segura de sí misma. Su buena estrella debería ser una realmente grande porque parecía indestructible.

Observando la forma como se levantaba y caminaba alrededor, Arnold no podía dejar de admitir que estaba embelesado; Helga lo tenía cautivado. Si ella sabía o no de su condición no podía decirlo. A veces apostaría a que lo sabía y que actuaba en consecuencia y a propósito, como justo ahora; yendo y viniendo por su oficina; presumiendo sus curvas, su belleza. Otras veces, estaba totalmente inmersa en sus propias cosas que simplemente ignoraba su presencia y lo dejaba mendigando un poco de atención. Con todo, Arnold sabía que era no sólo su físico lo que le atraía; era toda ella. Su comportamiento, su sentido del humor, su voz; el poder que emanaba; las reacciones que causaba alrededor. Lo que le hacía sentir.

¿Cómo había llegado a suceder esto? Estaba totalmente obsesionado con ella. Se las arreglaba para levantar la vista para mirar por encima de la pared de su cubículo cada vez que las puertas del ascensor se abrían. Se apoyaba hacia atrás en su silla cada vez que oía su voz en el otro lado del piso. La buscaba siempre que dejaba su piso, en cada esquina; cada vez que iba al piso 30; cada vez que entraba al ascensor; cada vez que salía de él. Cuando ella no estaba en la ciudad todo era monótono; el reloj marcaba el tiempo más lento; el día perdía su significado.

Arnold suspiró. No estaba enamorado de ella. Era sólo un capricho; una obsesión que llenaba su tiempo y vida. Era como un entretenimiento pervertido; uno que lo llevaba a portarse mal de una manera que era totalmente ajena a él, pero que a la vez satisfacía la inextinguible hambre de saber todo sobre ella. De saber lo que pensaba cuando se quedaba en silencio, en su presencia; lo que pensaba cuando no estaba con él. Qué decía cuando estaba con Henry, con Deb, con Dick, con el resto de la gente. La forma en que actuaba; la forma en que sus ojos los miraban; la forma en que sonreía...

Dios, ¡estaba loco! Exhaló.

Al menos nada sobre este nuevo y execrable vicio de mirarla todo el tiempo era conocido alrededor... aún. Tenía que tener cuidado y lo tenía. Deb era la única que podría darse cuenta; pero Arnold ya había comprobado que las sospechas de Deb tenían todo que ver con su historia pasada y nada con el presente. Eso lo tranquilizaba.

La otra persona que podía sospechar era Claire. Afortunadamente ella había estado tan ocupada últimamente que ya no le prestaba tanta atención, aparte de su habitual posesividad o la extrema atención que ponía cuando hablaba demasiado de cierto alguien. Pero él había aprendido a mantener su entusiasmo a raya; a restarle importancia a cualquier comentario mordaz que siguiera a todo lo que tuviera que ver con Helga.

Ya le había dicho que había almorzado con ella. Helga se lo había pedido y no la iba a rechazar. Le contó los detalles del encuentro porque sería extraño que no lo hiciera, aunque no dio demasiados detalles; no de como se sentía, al menos. Le dijo que ella estaba enamorada.

¿Por qué le había dicho tal cosa?

Debido a que eso mantenía a Claire tranquila. También porque parecía cierto.

Pero ahora, semanas y semanas más tarde, ya no sabía qué pensar.

Hacía dos días, en su oficina, ella había recibido una llamada. Se puso de pie y se alejó para contestar, en voz baja. Le dijo a quien quiera que estaba al otro lado de la línea que estaría ocupada esa noche; que asistiría a una reunión con Henry; que él ya sabía que Henry era siempre prioridad...

Todo el mundo lo sabía. Henry era siempre su prioridad. Pero había alguien más. Arnold no podía creer lo que escuchaba. ¿Estaba Helga engañándolo?

¿Quién podría ser? Por la forma en que le hablaba parecía que el otro chico era un extraño, alguien de fuera. Lo que no estaba claro era si lamentaba su elección; ella fue algo grosera con él. Dos días más tarde Arnold ya había llegado a la conclusión de que no podría nunca adivinar quién era el tipo. Se lo había preguntado un centenar de veces. Pero él no sabía todo de sus amigos y conocidos, y mucho menos de probables novios. Pero...

¿Cómo es que ella tenía un novio cuando estaba con Henry?

Le había preguntado. Otra vez. Y ella resopló y rodó los ojos. Otra vez. 'No seas mojigato.' Le contestó, molesta; y luego le dijo que fuera y se ocupara de sus propios asuntos. Y lo decía en serio.

Porque entonces ella le preguntó acerca de Claire. Y le advirtió que estuviera listo.

'¿Para qué?' Le preguntaría.

'Tu próxima reunión con Recursos Humanos, mi amiguito'.

'Buena suerte con tu novia esta noche'. Recordó las palabras de Deb entonces. La reunión no fue problema. Lidiar con Claire era otra cosa.

¿Cómo fue que las dos anticiparon la reacción de Claire? ¿Era su relación tan fácil de leer?

¡Mujeres!

Resultó que había un conflicto de intereses en relación con el apoyo que la empresa ofrecía a Claire. Sólo uno de ellos podría quedarse y ya estaba decidido que sería él. Una hora más tarde se habló con Claire y Brenda. El siguiente par de horas se pasaron en expectante silencio hasta que llegaron a casa; entonces Claire hizo un berrinche; que se exacerbó cuando se enteró que él iba a salir de la ciudad justo 'cuando ella más lo necesitaba'. Arnold no sabía qué hacer. Era una pesadilla.

Afortunadamente Brenda llegó. Arnold decidió salir por un rato. Debía ser algo difícil con qué lidiar, el retiro del apoyo económico. Él había decidido que sería amable; no se trataba sólo de él, después de todo. Cuando regresó encontró a Claire calmada y compuesta; amablemente le ofreció una taza de té. Ella le dijo que lo disfrutó mientras duró, y que sabía que todo era para un bien mayor. Lo felicitó; le dijo que estaba orgullosa de él. Y eso fue todo.

Fue una excelente compañera de cama esa noche, no que él lo esperara. También lo fue la siguiente noche. Arnold no sabía qué pensar; decir que estaba confundido era quedarse corto. Ella había estado actuando de forma extraña: le mostraba su apoyo y sonreía mucho, como una esposa Stepford; y eso era inquietante. Arnold empezó a sentirse desconfiado. Sintió el impulso de buscar un micrófono oculto, una cámara, algún indicio de un complot contra él, pero sabía que era una locura. No sabía que estaba pasando por la cabeza de su novia ya más.

¡Mujeres!

Se encontró a sí mismo deseando unas cuantas semanas para estar solo.


. . .

Algo atrajo la atención de Arnold hacia el hombre en la pantalla. El tipo vacilaba. Stan tenía el portapapeles de Dick en sus manos ahora y su vista estaba fija en el hombre mientras este hablaba, o trataba de hacerlo.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que comenzó a perderse en sus recuerdos? No podría ser demasiado; el de la pantalla era el mismo tipo después de todo. ¿Cuánto tiempo tomaba una entrevista? Se volvió para ver su reloj y se dio cuenta de que apenas habían pasado diez minutos.

¿Esa era la velocidad de la mente? ¿Diez minutos tomaba recordar tantas experiencias? ¿Revivirlas?

Se dio la vuelta. Dick se estaba levantando, inclinándose hacia Stan mientras murmuraba algo, teniendo cuidado de permanecer fuera del alcance de la cámara. Su expresión era desdeñosa. Stan asintió. Entonces Dick se levantó de la mesa y se acercó a ellos.

"¡Vaya pérdida de tiempo!" Marty dijo mientras se acercaba. Dick resopló.

"¿Es una queja? Entraste apenas hace diez minutos. Nosotros hemos estado aquí toda la mañana."

"¿Algo bueno?"

Dick asintió.

"Sí, un tipo, tal vez dos. Uno de ellos, Nirav... No sé qué," se encogió de hombros "Ya veremos luego. Por ahora quiero que estén listos. Tenemos que ver los preliminares antes del almuerzo o Stan se pondrá furioso". Los chicos se rieron por lo bajo. Dick se centró en Arnold "Supongo que eres el chico de Deb, ¿no es así?"

Arnold asintió

"Arnold Shortman," Arnold dudó en extender su mano. El grupo parecía bastante informal. Decidió no hacer nada al final.

"Muy bien señor Shortman," Dick lo miró y dibujó una mueca irónica en su rostro. "Deb dice que eres como una biblioteca andante. Vamos a ver si una biblioteca andante es lo que necesitamos."

"¡Espero que no seas para nada como Ralph!" Uno de los chicos dijo.

"No nos decepciones." Otro añadió. El resto se burló.

Arnold frunció el ceño.

"¿Por qué dices eso? ¿Fue Ralph un problema?"

"Digamos que su chica odia que salga a jugar con nosotros." Mike respondió. Sus palabras trajeron una oleada de risas que les valió una mirada molesta de Stan.

"¡Ya córtalo!" Dick le dijo al enorme tipo, no muy silenciosamente esta vez. Stan lo fulminó con la mirada. Dick bufó haciendo un gesto de obviedad que hizo que todos se quedaran en silencio. "¿Vas a contratarlo? Porque yo no lo haré." Añadió.

Otra persona dijo que era una pérdida de tiempo. En vista de la densa atmósfera el tipo de RH comenzó a guiar la entrevista hacia el final en lo que Arnold se daba cuenta de que la interacción del grupo orbitaba alrededor de Dick. Era él quien daba las órdenes; era él quien establecía los tiempos. Arnold ya lo había supuesto, pero no creyó que lo vería tan claro y tan pronto. Muy pronto la entrevista había terminado. Alguien fue a apagar la pantalla y la cámara. Stan dejó la mesa y se acercó hacia ellos pisoteando como un toro furioso.

"No se puede cortar nada más así," él comenzó, dirigiéndose a Dick.

"Estabas perdiendo el tiempo," Dick respondió mientras caminaba hacia la mesa, haciendo caso omiso de su beligerancia "Si sabes que no vamos a contratarlo simplemente detenlo. No dejes que el tipo se haga ilusiones. Eso es cruel."

"¿Cruel?!" Stan resopló "¿Interrumpirlo cuando está hablando no es cruel?"

"No es nuestro hombre y lo sabías desde el principio."

"Está bien, no es nuestro hombre, pero no puedo simplemente apagar la pantalla. Hay un protocolo."

"Ya está hecho." Dick comentó, dándose la vuelta para señalar la pantalla ahora negra.

Todo el mundo fue a tomar sus posiciones alrededor de la mesa. Marty le mostró a Arnold su asiento. Hubo un momento en que Arnold se preguntó si este tipo de escenas eran usuales. Vio a Stan dudando, mirando a Dick tomar su asiento y empezar su discurso. Arnold estaba expectante, observando la estresante escena, esperando a que se desarrollara o se disolviera.

"Vamos a trabajar. Tenemos menos de una hora para ver las generalidades de la situación antes de que todo el mundo se ponga de mal humor."

Stan finalmente se dio la vuelta y se dirigió a su asiento. El tipo de Recursos Humanos terminó de recoger sus papeles y se volvió hacia Dick.

"Entonces... ¿qué te pareció?"

"Sólo estoy interesado en los números dos y cuatro...", dijo "A ver si te es posible tenerlos aquí para el viernes."

"¿Aquí?" el hombre levantó la ceja. "¿Pensé que querías reunirte con ellos en la India?"

"No, quiero conocerlos aquí. Para cuando pongamos nuestros pies en la India ya tendremos nuestro hombre."

"¿Cuándo te vas?"

"El Martes..." se encogió de hombros, poniéndose impaciente.

"¿El Martes? ... ¿Por qué no el Lunes?"

"Sólo porque sí," Dick miró al hombre, confrontándolo. El hombre estaba a punto de responder, pero pareció pensarlo dos veces y lo dejó pasar.

"Muy bien", dijo "te haré saber cómo van las cosas", y con eso dejó la oficina.

"¿Qué se le habrá metido a éste?"

Dick seguía mirando con desdén a la puerta cerrada.

"¿Ahora cuestiona tus decisiones?"

Arnold miró sus propios papeles al tiempo que el grupo de chicos creaba el ambiente para la reunión. Como había dicho antes, el liderazgo de Dick se volvía obvio ante sus ojos, que se mantuvieron fijos al frente, delante de su escritorio. Él era el macho alfa. El grupo parecía una bola de matones siguiendo los preceptos de su líder. Todos ellos siguieron murmurando comentarios despectivos y triviales sobre el hombre que acaba de salir de la oficina. Lucían como algo que Arnold había visto antes, pero no podía determinar exactamente qué era ...

"¿Tiene algo que ver con Helga, tal vez?"

Arnold levantó la vista para ver la escena, pero el hombre a la cabeza de la mesa no reaccionó. En su lugar, se enderezó y llamó al orden.

"Vamos a comenzar."

Y comenzaron. Planos de la distribución de la empresa; la mención de los diferentes departamentos; producción, transporte, almacenamiento, oficinas... Había aspectos que Arnold entendía y otros que no. Cada uno de ellos parecía saber su parte. Un par de videos de la planta en sí y otro de la línea de producción se mostraron en pantalla, mientras seguían hablando de la fábrica a detalle. Era obvio que era la primera vez que estaban en contacto con la información, y por lo menos en ese sentido estaban todos iguales.

Pero ese fue el único aspecto en el que estaban iguales, porque ellos parecían conocer bien su trabajo y Arnold se sentía como un espectador. Dick y Stan comenzaron con las introducciones pero pronto cada uno de ellos se centró en su propia parte. Marty parecía ser la persona a cargo de la logística, y Mike y el pelirrojo se centraron en los sistemas de producción. Arnold se sintió perdido por un momento. No era agradable estar viendo a la gente trabajar mientras no se hacía nada. El hombre fornido de pelo oscuro parecía ser el que iba a estar a cargo del personal y Arnold se acercó a él porque sus trabajos eran similares.

Woody Stevenson tenía una muy clara idea de los procedimientos y acciones para la situación en cuestión, pero recibió de buen ánimo la ayuda; Arnold amplió sus conocimientos acerca de las regulaciones de empleo en la India. Se sentía bien ayudar. Después de un rato Marty le preguntó acerca de leyes comerciales también. Los chicos estaban apenas familiarizándose con la empresa. Era la primera vez que iban a hacerse cargo de una empresa ubicada en la India y pronto Arnold se sintió más a gusto siendo útil. Stan enumeró varios aspectos en los que necesitaría más información luego y Arnold escribió todo con detalle.

Arnold se reclinó en su silla cuando un plano de la empresa con la ubicación física de los casi ochocientos trabajadores llegó a sus manos. Estaban divididos en equipos de trabajo. Era interesante ver que la zona de producción se dividía en dos partes porque las oficinas estaban instaladas en el centro del lugar. Arnold se preguntó si esa era la forma habitual de hacer las cosas. No había estado nunca en una planta de fabricación. Siempre había trabajado en las edificios de oficinas. Puso el plan sobre la mesa notando que Mantenimiento y el Departamento de Envíos estaban en el fondo de la ubicación cuando hubo un golpe en la puerta.

"Toc, toc, toc," Una suave voz acompañó al sonido; un segundo después la puerta se abrió y una figura esbelta se pudo ver de pie allí.

"Helga... ¡Qué sorpresa!" Stan se levantó de su silla. "Por favor, pasa. Ya te extrañábamos", su amplia sonrisa y extravagante cortesía eran tan falsas que Arnold frunció el ceño. Algo raro pasaba ahí. Se dio cuenta de que el resto de los chicos estaba muy atento a la interacción aunque siguieron trabajando.

"¡Oh, qué amable de tu parte, Stanley!" la voz de Helga también sonaba falsa. Hizo una graciosa reverencia y mostró una sonrisa boba. "Gracie me dijo que ustedes tomaron un libro que necesito." Miró alrededor. "Control y Regulaciones en..."

"... la India." Woody habló. "Ten." Se enderezó y dejó su lugar, caminando hasta el final de la sala, donde tomó un grueso libro de la mesa de la esquina "¿Realmente lo necesitas?" hizo una mueca "Porque todavía lo estoy..."

"Sólo una consulta. Necesito comprobar algo." Ella respondió. Abrió el libro y levantó la vista para encontrar ocho pares de ojos fijos en ella. "¡Por Dios Santo!" -exclamó, divertida "¿Por qué tanta hostilidad?!"

"¿Qué es lo que realmente quieres?" Preguntó Stan, inexpresivo.

"Necesito un libro. Uno que ninguno de ustedes está usando, por cierto." Ella utilizó su dedo como separador de libros y lo sostuvo en el hueco de su brazo. Caminando hacia la puerta, añadió "Mejor me voy."

"¿Por qué lo necesitas justo en este momento?" Esta vez fue Mike quien preguntó.

"¡Caramba!" se dio la vuelta "Hmmm... No sé si lo sabes ya, niño bonito, pero acabamos de comprar una empresa en la India," Ella habló lentamente, como si estuviera hablando con un niño "y todavía estoy trabajando en..."

"¡Vamos!"

"¡Helga!"

"¡No seas mamona!"

"¡Pues tú no te hagas pendejo!" ella contraatacó. "¡Dios mío, vaya montón de idiotas!" todo el grupo se quejó "No lo entiendo ¿Cuál es su problema? Cualquiera diría que se sienten amenazados por una chica; que no pueden tolerar un poco de estrógeno en su mundo alimentado por testosterona."

"¡Vaya que sólo es un poquitín!"

"Típica respuesta de escuela primaria." Ella se burló "¿Sabes cuántas veces la he oído? Siempre viniendo de idiotas como tú, del tipo de matones de hockey."

Matones de Hockey. Arnold escondió su sonrisa. Esa era exactamente la palabra que había estado buscando.

"Te aprovechas de que eres una chica,"

Helga rodó los ojos. "¡Doi, por supuesto que lo hago, baboso!" Marty maldijo; el resto de los chicos protestó.

"¿Qué necesitas saber?" Woody finalmente preguntó, tratando de calmar los ánimos.

Helga vaciló, y luego exhaló.

"El tipo de empresa que somos..." ella se detuvo cuando los chicos la abuchearon "Quiero decir, teniendo en cuenta el número de trabajadores, ¿obtendremos mayores beneficios fiscales a partir de...?" Se detuvo "¿Cuántos?"

"¡O-oh!" alguien exclamó "¿Así que quieres contratar a más trabajadores?"

"¡No hay lugar para meter a más personas allí! ¡Ya es una lata de sardinas!"

Helga sacudió la cabeza con desdén e ignoró sus quejas. Se volvió hacia Woody para que le respondiera. Cuando el hombre lo hizo ella continuó preguntando cosas relacionadas. Arnold estuvo atento. Era su campo de experiencia después de todo, y hubiera querido que ella hubiera acudido a él en busca de información en lugar de someterse a esta incómoda escena. Hubo un momento en el que Woody vaciló que Arnold utilizó para unirse a la conversación. Helga asintió al escucharlo explicar un tecnicismo sin demostrar que ya se conocían. Arnold le siguió el juego. Probablemente era mejor de esta manera para que los chicos no lo acosaran después. Él estaba terminando su explicación cuando Stan volvió a hablar desde su asiento.

"Helga... estás distrayendo a mis chicos," dijo con evidente impaciencia.

"Sí, sí. Helga Mala. Es mi culpa que tus chicos se distraigan tan fácilmente." Ella se volvió a Woody "Aun así, me gustaría echarle un vistazo." Ella señaló el libro. "¿Puedo tenerlo yo mientras...?"

"¿Sabes?" Dick se enderezó desde su posición inclinada sobre la mesa; sonrió con un gesto de suficiencia en su rostro mientras le ponía la tapa a la pluma que había estado usando. Luego habló con deliberada lentitud, "Henry tiene una..." se tocó el codo "... picazón... en su brazo," sonrió "y no hay nadie alrededor que lo atienda..."

"¿Henry ya está aquí?" -preguntó asombrada, levantando la cabeza y empujando el libro descuidadamente contra el pecho de Woody "¿Por qué no me lo dijiste antes? Y yo perdiendo mi tiempo aquí" y con eso avanzó. Desde la puerta se dio la vuelta para agregar "Gracias, Goody-Woody... Cabeza de Balón..." y cerró la puerta.

"¡Ese es mi jefe, sí!"

Stan celebraba dando una palmada a Dick, cuya petulante expresión se había esparcido a toda su cara. Los chicos aplaudieron. Arnold sacudió la cabeza con incredulidad. ¡Todos ellos eran hombres crecidos, por el amor de Dios!

"¡Dios! ¡Está loca!"

"¿Por qué tardaste tanto en reaccionar?" preguntó el pelirrojo.

"Quería saber que se traía entre manos...", dijo Dick, inclinándose de nuevo hacia su trabajo.

"¿Qué se traía entre manos?"

"¿Más personal?" Mike preguntó, visiblemente interesado.

"La palabra clave aquí es de cuanta gente estamos hablando..." Stan reflexionó.

"Chicos," Dick llamó al orden "Yo me encargo de eso más tarde. Todavía tenemos trabajo que hacer. Me está dando hambre."

A medida que los chicos se reunieron de nuevo en torno a la mesa, Marty se acercó a Woody y Arnold.

"Así que ahora eres Goody-Woody, (el Buenazo Woody) ¿eh?" y luego volteando a ver a Arnold añadió, soltando una risotada "y tú, ¿Cabeza de Balón? Lo siento amigo. Esa es Helga Pataki para que la conozcas, ¿Qué tal?"

"Ya tuve el placer" Arnold sonrió con indulgencia. Recordando que no se suponía que fueran amigos, añadió por si acaso "Vaya que es sexy."

Woody le dio un codazo y Marty se aclaró la garganta. Arnold se confundió.

"Será mejor que te mantengas alejado de ella, amigo. Ella podrá ser sexy, pero es el diablo."

'¿Ella? ¿El diablo? ¿Helga? ¡Debes estar bromeando!' Arnold miró a su alrededor y vio que un par de chicos le lanzaban miradas de advertencia. Se volvió a Woody quien se limitó a sacudir la cabeza.


. . .

Más tarde, cuando por fin salieron de la reunión después de fijar una nueva para la mañana siguiente Woody y Arnold se fueron a almorzar juntos. Era más tarde que de costumbre y sus compañeros usuales ya se habían ido a almorzar. Woody le explicó que Helga era algo así como un tema tabú para ellos. Nunca hablaban de ella si no era a decir que era una perra. Nunca se reían de sus chistes; nunca le ofrecían su ayuda; y nunca, pero nunca, decían que era hermosa o sexy, ni le reconocían que fuera inteligente o divertida.

"¡Eso es ridículo!" Arnold rió. Al darse cuenta de la solemnidad de Woody, le preguntó "¿Por qué?"

"Es muy pesada." El hombre de pelo oscuro se encogió de hombros. "Además, Dick la odia; así que todos nosotros la odiamos también."

"¿En serio?" Woody asintió. Arnold siempre pensaba que llevar las cosas al extremo era la peor manera de lidiar con cualquier cosa. Muy bien, Helga podría ser odiosa, pero él habría pensado que Dick era un tipo inteligente. "¿Qué tan pesada puede ser?" le preguntó de nuevo.

"Vamos, Arnold." Su nuevo amigo se quejó: "¡Déjame disfrutar de mi comida en paz!"

Y mira que era el equipo de hockey quien hablaba, ¿eh?

.


No soy dueña de Hey Arnold!

No soy dueño de ninguna otra MR mencionada aquí. Poseo sólo la trama y los PO.

Y una vez afirmando que no sé nada acerca de regulaciones comerciales podemos seguir. Gracias a todos los que leen y marcan esta historia para seguirla o como favorita. Mil gracias a los que dejan reviews. GRIMMM. Turquoise Girl, Mar Helga, Mimi Chan (una disculpa porque no te he contestado personalmente) y Geraldine Hatch además de quienes han comentado antes. Chicos, son los mejores! Hacen que todo este trabajo valga la pena.

También quiero que sepan que NO voy a abandonar esta historia; es sólo que la vida real consume la mayor parte de mi tiempo y energía. No puedo prometer actualizaciones frecuentes, pero basta con decir que este fic está todo el tiempo en mi cabeza y que es cuestión de tiempo para verlo completamente escrito y desarrollado aquí.

¡Feliz y exitoso 2015 para todos!

11 de enero de 2015.