Cohete a la Luna

Capítulo Doce

Helga sé Amable


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"En China, por ejemplo, son más abiertos a negociar. Su política es más clara..."

"¿Te refieres a que en la India no es así?" -preguntó ella, un tanto apática.

"Bueno, la India está haciendo algunos cambios. Creo que con el tiempo se han dado cuenta ..." y continuó mencionando las similitudes y diferencias entre ambas economías, incluyendo los antecedentes culturales y políticos y cómo afectaban estos sus políticas.

Helga asintió mientras su vista volvía a la pantalla de su ordenador portátil.

"... Así que depende del nivel de exportaciones. Por ejemplo, ¿cuánto crees que estarías vendiendo al exterior?" Preguntó Arnold.

Helga se apoyó en el respaldo de la silla. Su respuesta al correo estaba lista, pero en el otro lado del globo el reloj marcaba las tres de la mañana. Ella solía manejar sus comunicaciones para que se recibieran en el momento adecuado. Exhaló. Hablando de excentricidades. Debía enviarlo de una vez y ya.

"¿A cuánto ascenderían?" Arnold insistió. Ella levantó la vista.

"Casi toda la producción se destina al exterior, Arnold." Soltó aire, enmascarando su exasperación.

"Sí, pero ¿de cuánto estamos hablando?" insistió. Ella todavía estaba reticente a dar demasiada información.

"¿Es realmente tan importante?"

En vista de su reserva, él continuó.

"Nuestro rango depende de ello." Helga sonrió. Allí estaba. La palabra clave. Su "nuestro" hacía que este impaciente retraso valiera la pena. ¿Por qué se tardó tanto en admitirlo? ¡Ese Cabeza de Balón! Si tan sólo tuviera tiempo para restregárselo en la cara - ¡Oh, Dios! - Cuanto disfrutaría haciéndolo admitir que ya sentía Mueller como su propia casa. "Muy bien", continuó "Digamos, cien millones." Hizo una pausa, atento a sus reacciones "¿Me quedé corto?" se encogió de hombros "¿Me fui muy por encima?"

"Corto. Por mucho," ella finalmente reveló, luego exhaló. "¿Cuál es la diferencia?"

"Bueno, si ese 'por mucho' es el doble no podemos decir que hay mucha diferencia; si te refieres a diez veces más, entonces estamos hablando de..."

Helga asintió; su vista cayó de nuevo a la pantalla mientras él seguía hablando. Ya había advertido a Arnold que estaba respondiendo su correo. El icono del messenger parpadeó ella lo tocó.

= "¿Te fue bien?"

Ella respiró profundamente.

- - "Sí", escribió y envió de vuelta.

Levantó la vista para ver al chico frente a ella, quien seguía hablando de los límites de rango entre otras cosas. Helga sonreía y asentía de vez en cuando, repitiendo sus palabras. No quería ser grosera, pero el chico estaba agotando su paciencia. Había un par de cosas que ella debería estar haciendo en este momento y esta entrevista seguía y seguía. Tenía que pararla en algún momento; no había opción.

Estaba a punto de hacerlo cuando él levantó la vista; y sonrió. Ella le devolvió la sonrisa. ¡Estúpido Cabeza de Balón! ¿Crees que no tengo otra cosa que hacer que mirar tu linda cara?! Gimió para sus adentros; sus ojos brillaban y ella no tuvo valor para interrumpirlo. Aún. Levantó la vista para ver el reloj en la pared. Eran casi las cinco.

Tomó una decisión. Dos minutos más. Le daría dos minutos más y ya estaba.

Se volvió hacia el messenger de nuevo.

= "¿Alguna contraoferta?"

- - "X sup. Estn a ms órdns. Vy a escbrles est noch. Esp q contestn mñn". - ¡Oh, como odiaba el 'texting'!

= "¿Así que estás decidida?"

- - "Dsde prmr mment."

Ella sonrió; luego levantó la vista y mantuvo la sonrisa para Arnold quien la devolvió. El chico tomó un lápiz y empezar a dibujar filas y columnas en el papel. Ella rodó los ojos y dejó escapar un suspiro de nuevo.

= "¿Ya hablaste con Dick?"

Ella gruñó para sus adentros.

- - " :/ "

= "¿Por qué?"

Luego levantó la vista.

- - "El Cbz d Blón est tdvía akí?"

= "¿Por qué está ahí, me lo puedes explicar de nuevo?"

- - "Me ofrció venr a explcr todo sob los proceds en India"

Como esperaba, Henry hizo una pausa. Helga dejó escapar una sonrisa torcida. Arnold continuó sin darse cuenta, dibujando felizmente líneas en el papel. Entonces vio la elipsis que indicaba que Henry estaba escribiendo de nuevo.

= "Pero cariño, ¿no sabes ya todo sobre procedimientos en la India?"

- - "Ya seee – pero A. no sab k sé"

= " ? "

- - "Se tomó demasiado en serio mi visita a Dick esta mañana"

= "¿En serio?" Helga asintió

... "Y él caballerosamente vino a ofrecerte su ayuda?

- - "Está bien- anda- ríe todo lo que quieras."

= "Ya me estoy riendo :D"

- - "¡Idiota!"

Levantó la vista y exhaló. "Es todo." Cortó a su invitado "Creo que lo tengo, Arnold"

"¿Lo tienes?" Él la miró, sorprendido "¿Qué tienes?"

"Eso ... la cosa de la clasificación, por supuesto," trató de ocultar su exasperación, pero no sabía si lo logró "Quiero decir que ahora entiendo la cosa del ranking."

"¿Cómo?" frunció el ceño "Apenas estoy empezando a explicarte cómo funciona." Se contuvo antes de rodar los ojos. ¿Podría ser más despistado?

"Oh," ella parpadeó "Quiero decir que yo entendí lo que necesitaba entender. No quiero convertirme en experto, ¿verdad?" ella dijo, forzando una sonrisa. Arnold se reclinó en su silla luciendo complacido, y luego inclinó hacia delante, señaló algo en la hoja y comenzó a hablar de nuevo.

Sin que él se percatara, Helga soltó la respiración poco a poco y lo observó. El bueno y confiable Cabeza de Balón. ¿Qué tan tonto podría ser? ¿Realmente pensaba que sus intenciones no eran obvias? Recordó que siempre fue un buen chico,- y amable, y atento, y todo lo que quieras-, pero - resopló por dentro- ¡Sólo mírenlo ahora! ¡Tan atento! ¡Tan dispuesto a ayudar! ¡Sus verdes ojos brillaban y su sonrisa no podría ser más grande!

¡Bah! Helga se burló en su interior. Si tan sólo hubiera actuado de esta manera cuando tenían diecisiete años la hubiera elevado por los aires y la hubiera enviado directo al cielo donde ella pensaría que vivirían felices para siempre. Que suerte que no lo hizo, pensó con cinismo, de lo contrario sería ahora una aburrida ama de casa con un montón de niños bajo el brazo y, muy probablemente quebrada, borracha y odiándolo en silencio; encontrando consuelo a su amargura en un mundo de fantasía...

Helga sacudió la cabeza. Se estaba haciendo tarde. El chico rubio frente a ella estaba presumiendo su gran sonrisa y dentadura perfecta. Pobre Cabeza de Balón; nunca dejó de caer por las caras bonitas. Se preguntó que si todavía tuviera su fea nariz o trabajara como cajera en la tienda de la esquina seguiría siendo tan atento.

= "¿Todavía está allí?"

- - "Sí, así es."

= "Me preguntaba... ¿Qué hizo que te enamoraras de él?"

Helga se rió. Arnold se volvió a verla con el ceño fruncido.

"Sólo un segundo," le dijo ella. Arnold asintió.

- - "¿Estamos celosos?" tecleó y envió de vuelta.

"Bueno, Arnold Gracias. De verdad gracias por venir ..."

"¿Con quién estás hablando?" Arnold preguntó con una sonrisa laxa. Helga sonrió divertida. '¿Estamos celosos?' escribió en su mente. Luego sacudió la cabeza. Su mente lucía como un viejo pizarrón verde.

"Henry", respondió ella, encogiéndose de hombros.

= "Sólo curiosidad", respondió Henry. "¿Entonces?"

"¿Estoy interrumpiendo?"

- - "Él...", escribió ... y dijo. "Me está preguntando cosas relacionadas con todo esto," señaló los papeles esparcidos sobre el escritorio "Lo siento Arnold, pero todavía estoy un poco ocupada. Y aún tengo que hablar con Dick antes de que se vaya. Realmente aprecio tu..."

"¿Sabe Henry que estoy aquí?"

= "¿Alguna vez me vas a contármelo?" La pantalla parpadeó.

... ¿De nuevo?"

¡HOMBRES!

Helga quiso gritar. Esperaba que Arnold no se diera cuenta del fuego en sus ojos. Respiró dos veces antes de continuar.

"No. Kitty le dijo que tenía compañía," negó con la cabeza.

"¿Es él... celoso?" preguntó con vacilación.

"No, él no es..." Helga se detuvo dándose cuenta de que su mecánica respuesta no estaba del todo bien. Puso las manos sobre la mesa. "Mira Arnold, te agradecería que dejaras de preguntarme ese tipo de cosas. ¡Se está haciendo viejo! Y nadie aparte de ti lo pregunta ya. De hecho, nadie - más- que- tú se atreve a preguntarme nada acerca de Henry del modo que tú haces. "

"¿En serio?" dijo él, un tanto resentido. "Nunca me has dado una respuesta adecuada".

Helga resolvió ser paciente, una vez más.

"Es porque es complicado..." se detuvo "No sólo me inmiscuye a mí, ¿de acuerdo? Es sólo que no puedo hacer... un comunicado oficial. Supongo que entiendes lo que quiero decir."

"No, no lo entiendo, de hecho." Arnold insistió "Es sólo que - ¡hombre! - que te veo y creo que es un ..."

"Arnold, no," dijo con firmeza "Ya detente", sus ojos lo advirtieron. Tomó aire y se levantó. "Gracias. En verdad agradezco que te hayas venido a… ayudarme. Es un poco temprano aún. Te haré saber después cómo va este asunto aunque supongo que se te informará en la junta de mañana."

"¿Dick ya lo sabe?"

"Está a punto de saberlo," asintió. "Y sólo hasta después de hablar con él es que puedo hablar con alguien más, ¿de acuerdo?"

Arnold asintió, entendiendo "Lo imagino"

"Sí," Vino de detrás del escritorio y se detuvo a su lado. "Entonces..."

Casi gimió cuando vio que él se tomaba su tiempo para levantarse y seguirla hasta la puerta.

"Bueno, Arnold. Creo que te veré el lunes antes de irte," lo palmeó en el hombro.

"¿En verdad lo crees?"

"Estoy segura."

¡Buen viaje! - ¡Pórtate bien! - ¿Cómo está tu novia tomando la noticia? - ¿Cómo te va con la pandilla de Dick?

Y otro montón de frases y preguntas vinieron a su mente, pero se fueron sin ser pronunciadas. Cualquiera de ellas podría traer una respuesta que no tendría fin. Resopló cuando él finalmente se dio la vuelta y se dirigió hacia el ascensor. Su secretaria atrapó su mirada y Helga señaló la puerta de Dick. Kitty asintió y movió sus ojos de una manera como de advertencia.

¡Ya me imagino!

Antes de devolverse a recoger los papeles de su escritorio echó una última mirada a Arnold, deseando que desapareciera antes de que Dick alcanzara a verlo dejando su oficina. Lo último que necesitaba era que Pito se pusiera suspicaz acerca del Cabeza de Balón. Deb la odiaría; la chica realmente esperaba que llevaran bien. El mencionado chico estaba esperando el ascensor. Volvió la cabeza hacia atrás y agitó su mano.

¡Estúpido y sensual Ned Flanders!

Resopló con fastidio volviendo a su oficina. ¡Ese pequeño imbécil! ¿Pensaba que era irresistible o qué?! Aunque, a decir verdad, Arnold no estaba nada mal. Sabía que si quisiera... ¡Gah! ¿Cuál era el punto? El chico era guapo ¿y qué?! No necesitaba más complicación. Su vida amorosa estaba hecha un lío. ¡Tenía una relación que ni siquiera podía ser llamada propiamente 'relación'! Gimió.

Además, Arnold tenía una novia estable, y ella ya no era tan traviesilla, no. Ahora era una 'niña buena'. Casi hizo una reverencia cuando lo dijo.

Tocó la pantalla de su ordenador y éste volvió a la vida. La pantalla mostró el correo listo para ser enviado a la gente con la que estaba tratando en el Departamento de Asuntos Económicos de la India. ¡Qué demonios! Hizo clic en el botón 'Enviar'. Luego procedió a cerrar el navegador cuando el cuadro del messenger parpadeó con el último mensaje de Henry.

= "¿Alguna vez vas a contármelo?

... ¿De nuevo? "

.

.

... "¿Ocupada o enojada?"

Helga miró a su alrededor buscando sus papeles y los puso en una carpeta, a continuación, colocó el resto de ellos en una pila ordenada. En cuanto vio la carpeta cambió de opinión y decidió que no necesitaba nada, así que con esta resolución la puso encima de la pila. Exhalando, se inclinó para utilizar el teclado.

- - "Ocupada" envió. Luego volvió a leer su pregunta anterior. "¿Qué hizo que te enamoraras de él?"

Jaló la PC hacia ella

- - "Él fue amable conmigo un día extremadamente horrible." Escribió: "Siempre fue un chico amable. Realmente creo que sigue siendo uno de los mejores chicos de alrededor."

Henry debía estar holgazaneando sin hacer nada porque la respuesta llegó de inmediato.

= "Así que te gustaban los 'niños buenos', ¿eh?

- - "¡Hey, me siguen gustando los niños buenos!

= "¿En serio?"

- - " | : ( "

= "Me encanta tu ceja ;)

... ¿Supongo que ya se fue?"

- - "Sip"

Helga se enderezó, pero en eso llegó otro mensaje. Dudando un poco, se inclinó.

= "Es guapo."

Ella resopló, acomodándose la blusa y aplanando su falda.

... ¿Todavía te gusta?" Henry volvió a preguntar

- - "Nop," se detuvo

- - "Aunque he de admitir que tiene un buen trasero."

= "Es bueno ver que sabes apreciar las 'coli-dades' adecuadas "

- - "¡Oh, muchas gracias, señor!" ella se rió. Estaba empezando a escribir otra vez "Ya me voy a..." cuando llegó otro mensaje.

= "Está loco por ti"

- - "Jaja"

Helga se mordió el labio

- - "Me preguntó acerca de nosotros...

- - ... Otra vez "

= "¿Qué le has dicho?"

- - "No es asunto tuyo...

- - ... Suyo, por supuesto, no tuyo"

Helga tomó aire mientras esperaba

= "Lo sé"

... Parece que no le gusta verte como mi mujer..."

- - "Supongo ...

= "¿Te molesta?"

- - "No,

... De hecho, es medio divertido "

= "¡Traviesa!

... Yo también lo encuentro divertido. "

- - Ya somos dos "

- - ... Me tengo que ir

- - ... Te hablaré más tarde

= "Helga,"

- - 'Travieso',

= "Hablando de traviesos,

= ... Sé amable".

"¿Amable?" soltó un bufido.

= ... Y paciente "

- - "Paciente y amable?" ella movió la cabeza, sin dar crédito a lo que veía

= "¿Por favor?"

- - "¿Te das cuenta de que me lo estás pidiendo

- - OTRA VEZ?

= "Parece ser necesario...

- - "¿Por mi causa?

- - Ayer fue... "

= "Si me amas por favor sé paciente"

- - "¡Maldita Sea!

- - ¿Tenías que mencionar la palabra que empieza con A"?

= "Ya sé que es un tonto"

- - Tonto ni siquiera empieza a...

= Oh, cariño, lo sé

... Pero me siento mal por él. No es su culpa después de todo

... Simplemente no puede evitarlo

... He estado allí

Helga suspiró profundamente.

- - "No puedo pensar en ti siendo un imbécil

- - No importa lo mucho que lo digas,"

= "Pero lo fui

... alguna vez

Helga observó a las palabras en la pantalla durante casi un minuto.

... Creo que ella te lo dijo, ¿no es así? "

- - "Sí, lo hizo.

- - Es sólo que...

- - Hel... "

Un estruendo repentino la sacudió.

"¿Puedo saber a qué PUTA HORA planeabas ir a VERME?!"

La puerta se abrió de golpe; su corazón saltó a la garganta. Helga se dio la vuelta de prisa, y se apoyó contra el borde de la mesa.

"¡Por Dios Dick!" dijo sin aliento.

"¿Crees que todo mi MALDITO tiempo es tuyo O QUE?"

Helga tomó un segundo o dos para controlarse. 'Sé amable' tomó aire. Su lengua se estaba muriendo por responderle en el mismo tono al tipo que estaba de pie frente a ella, pero su condicionada respuesta la obligó actuar calmada

"Pensé que estos encantadores..." aspiró con fuerza "... encuentros... ya habían quedado atrás," luego dejó escapar una pequeña risita.

"¡He estado esperando por Horas para que me concedas un poco de tu Pinche tiempo!"

Procrastinación... Se llama procrastinación...

"Maldición ... - maldito ... puto ... pinche ... ¿Por qué todo tiene que estar condenado contigo?" caminó alrededor de su escritorio y abrió un cajón, tratando de actuar como si nada "No han sido horas." Levantó la vista para enfrentar su feroz mirada y entonces sus ojos se centraron en la puerta parcialmente abierta detrás de él. Había un alboroto ahí afuera "Te fui a buscar a eso de las cuatro."

"¡Estaba en mi oficina a las cuatro en punto!"

"Supongo que me ocupé entonces." Ella se encogió de hombros.

"¿Y no hay esas cosas llamadas prioridades?"

"Por supuesto que sí." Hizo una pausa "Pero ésta no era una de ellas."

"¿No lo era?" Helga sacudió la cabeza. Exhaló por la nariz, ignorando el peligro en su voz. "Así que ahora mi todo mi Maldito Trabajo tiene que esperar hasta que Su Alteza se digne en dirigirse a mí..."

"¿De verdad crees que me intimidas?" se volvió a verlo. "Muy bien, ladra todo lo que quieras, pero por favor, cierra la puerta. No quiero que las chicas se asusten por culpa de tus gritos."

"No estoy gritando," él se acercó a la puerta, y efectivamente dejó de hablar tan alto.

"No estás gritando ahora, pero no hay duda que lo hiciste antes. ¡Caramba! ¿De verdad crees que luces amenazante? Porque realmente creo que te pareces a mi sobrino de cinco años cuando hace una rabieta." Ella se volvió a cerrar su pc, sabiendo que estaba tocando sus fibras sensibles. "Estaba esperando cierta información por eso no fui a verte, ¿está bien?" Hizo una pausa "Y es sólo porque te respeto mucho que no quise ir a hacerte perder el tiempo."

"Oh ¿En serio?!"

"¡En serio!" ella lo enfrentó. Él resopló no creyendo una sola palabra. Era sólo una excusa, pero no importaba. Dick no iba a creerla que de todos modos. Ser incrédulo era uno de sus rasgos, se podría decir. Descartes era un principiante comparado con él. Ella tomó el ordenador portátil en sus brazos.

"Y ahora, ¿a dónde chingados vas?" frunció el ceño mientras la veía avanzar hacia la puerta.

"A tu," chingada "oficina, por supuesto." Ella lo miró, luciendo falsamente sorprendida "Necesitaremos tu pizarrón. Pero me detendré un momento para ir por un café." Añadió con entusiasmo. Desde la puerta se dio la vuelta "¿Quieres un poco?"

"¿De café?"

De Prozac.

Ella asintió con la cabeza, candorosamente.

"¿Quieres un café justo ahora?!"

"Lo necesito."

"¿Por qué no simplemente se lo pides a tu secretaria?"

"Porque no me gusta su café." Bajó la voz e hizo una mueca. "Ten," empujó su laptop contra su pecho cuando la alcanzó. "Estaré contigo en un minuto", y con eso ella siguió caminando, dejándolo en su propia puerta.

Hubo un tiempo cuando hubiera temido que él arrojara con fuerza su laptop al suelo y empezara a patalear sobre ella, pero ahora sabía mejor. Lo conocía mejor. El idiota podría hacer una de dos cosas: o iba a estar mucho más molesto cuando por fin lo alcanzara en su oficina; o iba a estar más tranquilo. Últimamente era esta última la costumbre, a pesar de que siendo sinceros no había una gran diferencia entre una y otra.

Helga suspiró mientras dejaba su marcador rosa en la mesa y se servía café en su taza. Odiaba que todavía reaccionara de esta manera ante sus arrebatos. Ya debería saber que cuando una conmoción se soltaba no era porque hubiera una emergencia; era simplemente Dick siendo un imbécil.

Sin embargo, tenía que admitir que hoy podría haber estar retrasando su encuentro a propósito. Esperaba que cuanto más tiempo lo retrasara menos durara. No era que ella realmente le temiera - sus reuniones solían durar eternidades, de hecho, una vez que comenzaban - pero era simplemente que a veces no tenía ganas de pasar tiempo con él y hoy era uno de esos días.

Salió de la habitación y se dirigió a su oficina ignorando las apenadas slash expectantes slash ansiosas miradas de las secretarias. La puerta estaba abierta y Dick estaba esperando en el fondo del lugar. Su oficina era tan grande que podría ser fácilmente dividida en dos espacios ejecutivos. Tenía forma de L y él había hecho poner otra mesa y un par de pizarras blancas en la parte de atrás, que estaba parcialmente oculta por una mampara decorativa plegable. Cuando trabajaba en la planificación, diseño o distribución de las empresas y necesitaba concentrase solía refugiarse en aquí; en este agradable y escondido espacio.

Haciendo evidente su impaciencia él tomó su asiento, y Helga no dilató más el asunto, no por su impaciencia, sino porque ya era hora de terminar con esto. Comenzó a dibujar un esquema general del parque industrial donde se encontraba la nueva empresa; teniendo cuidado de marcar en color rosa de las características que al final explicaría. Luego dibujó la planta en sí - diseños que ya le había proporcionado - a la vez que explicó la información general. Qué producían, los diferentes tipos de prendas de vestir que hacían, cómo los hacían; quiénes eran sus clientes; desde dónde se enviaba la mercancía, y ese tipo de cosas; hasta que al final se fue a sentar a su lado para mostrarle su especialidad: los números.

Dick ya los había visto, pero nunca tan de cerca. Como ella supuso él se sorprendió. A pesar de ser una "modesta y vieja fábrica" la empresa tenía el potencial de ser una mina de oro. Sus dueños anteriores eran tres hermanos que después de la muerte del padre nunca se llevaron bien. Luchaban entre sí por el control y sus peleas terminaron afectando la producción. Cuando una propuesta interesante les llegó terminaron por tomar la salida fácil, -de la misma manera que le había sucedido a ella hacía mucho tiempo. Pero como sucedía tanto en el Este como en el Oeste, el dinero siempre era dinero.

"Entonces, ¿cuál es exactamente tu plan?"

Y así tanto el dinero seguía siendo dinero que ante el menor vislumbre de que Mueller estaba dispuesto a gastarse unos millones extra consiguieron algunas propuestas interesantes. Uno de los hermanos habló con un amigo, que habló con un primo, que habló con su – quienquiera que fuera – quien conocía a alguien del gobierno. Una proposición fue hecha...

"¿Dónde está?"

Helga se levantó y se acercó a la pizarra.

"Es –justo- ésta," su mano tocó la nave industrial adyacente. "Está vacía y ha estado vacía desde hace casi dos años. Solían hacer cables, pero se trasladaron a Corea donde la planta automotriz para la que trabajaban se encuentra."

"¿De qué tamaño es?"

"Un poco más grande que la actual," se detuvo "Me ofrecieron derribarla y levantar una nueva, que se adjuntaría a esta, pero realmente no veo ningún problema si son dos plantas separadas; como las de Colombia, ¿no crees? Por supuesto, me gustaría conocer tu opinión antes de tomar una decisión..." se mordió el labio, porque ya había aceptado.

"No veo ningún problema en que sean dos plantas." Dijo. Helga asintió, no mostrando felicidad por su consentimiento. Él estaba calmado, con el estado de ánimo adecuado para esto y ella no quería desencadenarle un nuevo ataque. Con Dick tenías que empezar de cero cada día; necesitas moverte con mucho cuidado, casi como si estuvieras caminando entre arenas movedizas. Nunca sabías cuando una nueva explosión se acercaba. "De esa forma no tenemos que esperar hasta que el nuevo edificio esté listo."

"Sí, contaba con que me dijeras eso," Helga asintió mientras abría un diseño del almacén y algunas fotos en la pantalla de su PC. "Así que de esto se trata. ¿Qué te parece?"

"Es más grande de lo que pensaba"

"Lo sé,"

"Parece estar en excelentes condiciones"

"Sí, lo está. Listo para ser llenado con máquinas de coser."

"Está bien... ¿Qué onda con esta nueva inversión? ¿De cuánto estamos hablando?" se inclinó en su silla para mirarla directamente a la cara.

"¿Cuánto necesitas?" ella movió sus cejas.

"No tengo la menor idea..." Sacudió la cabeza "Ilumíname."

"Estoy abierta a lo que requieras." Ella se echó hacia atrás también. Ahora estaban llegando al punto. "¿La mitad para empezar? ¿A máxima capacidad?" al ver su incredulidad, continuó: "Si hablo de mil nuevos puestos de trabajo..." se volvió a la pantalla", que es el estimado de personas que caben en el lugar... -"

"Te prometen la luna." Terminó por ella.

"Bueno, en realidad la tierra. El terreno." Ella movió las cejas arriba y abajo "Y un montón de beneficios adicionales," cruzó los brazos sobre su pecho "¿Qué te parece?"

"Muy bien, vamos a pensar que te digo 'Llénalo'... ¿hay clientes para el nuevo nivel de producción?"

"Leo me dijo que los hay. Ya están esperando."

"¿Leo sigue ahí?"

Ella asintió con la cabeza "Estará allí hasta la próxima semana. Vas a verlo."

Dick asintió; y luego jaló el equipo hacia él y estudió el diagrama. Helga se echó hacia atrás, observándolo. Por mucho que lo evitara en el trabajo, admitía que Dick era un genio. La organización y funcionamiento de las empresas no podían estar en mejores manos. Su obsesividad llegaba a todo; desde el sistema de producción hasta el detalle más insignificante. Operaciones le venía natural.

Luego suspiró, acomodándose en su asiento. Recordó cuando lo conoció por primera vez. Ella estaba en las oficinas de los Almacenes del Gran Bob en Hillwood cuando su secretaria lo anunció. Ella ya sabía quienes eran Henry y Dick Mueller, pero no tenía idea de qué demonios querían con ella. Debía confesar que lo primero que pensó fue que el joven Mueller iba a ofrecer un producto o servicio de su propio stock.

Así que imaginen su sorpresa cuando el alto, rubio, poco amistoso y mal educado joven –añadan a la bolsa que tuvo dificultades para expresarse en la entrevista, - tiró sobre su escritorio un papel con un número de siete cifras escrito en él.

"¡Por el amor de Dios!" Ella se burló.

Ella lo envió de vuelta derechito por el mismo camino pueblerino por el que vino. ¡El muy idiota! ¿Cómo se atrevía... siquiera a intentar?!

La siguiente vez de nuevo no estaba preparada. Eran ocho cifras ahora. No es que hubiera una gran diferencia entre nueve y medio y diez y medio, ¿verdad? La idea de vender las tiendas ahora jugaba en su mente, aunque muy de vez en cuando. Después de todo la proposición de Mueller no era tan mala; sólo necesitaba que ajustaran un poquito el precio, - PERO

El solo pensar que ese insufrible tipo poseyera lo que era única y exclusivamente propiedad de los Pataki! ¡Semejante idiota! ¡Vaya cretino! ¡Sólo pensar en lo que diría su padre! El Gran Bob Pataki se revolvería en su tumba si lo supiera.

Pero entonces, la tercera vez fue Henry quien cruzó su umbral. Sin Acompañante. El siempre sonriente, amable, gentil, comprensivo, paternal Henry. El Taimado Henry... Para no hacer larga la historia, fue cierto que él utilizó todo su encanto, pero también era cierto que ella ya estaba medio convencida. Sólo necesitaba que él pronunciara la cifra mágica. No lo hizo. Ella lo hizo y Henry se echó a reír. Cuando se dio cuenta de que ella estaba hablando en serio se puso serio también. Por supuesto, hubo un interesante estira y afloja. Y por fin llegaron a un entendimiento. Helga ahora era capaz de aceptar que actuó como una mocosa malcriada cuando pidió a Henry que no quería que Dick pusiera alguna vez sus manos en su propiedad. 'Ex-propiedad", señaló él. Henry le ofreció que viniera y viera por sí misma entonces.

Con el correr del tiempo Dick puso finalmente sus manos por sobre toda la propiedad Pataki y Helga tuvo que vivir con ello. De hecho, ella lo dejó hacerlo. Se estaba convirtiendo en el jefe de Operaciones después de todo. Sin embargo, él tuvo la amabilidad de consultarle en cada paso del desarrollo. Las tiendas fueron un éxito. A Helga le gustaba pensar que fueron sus ideas. Pero al final de cuentas fue Dick quien las llevó a cabo.

Helga lo observó mientras escribía en su cuaderno de bocetos forrado de cuero. El bloc de notas brocado parecía algo que el Papa usaría. Estaba lleno de sus dibujos y notas. Ella sacudió la cabeza. Allí estaba él, tan concentrado en su trabajo. Este era el Dick con el que le gustaba trabajar; el ecuánime, relajado, creativo tipo que estaba sentado a su lado; no la diva insoportable en que podía convertirse a veces.

Se levantó y caminó por la habitación. En el lado opuesto de la mesa había unos papeles. Ella los miró. Currículums, planos, diseños y un montón de notas estaban allí además de la información que ella había compartido con él el día anterior.

"Veo que ya tienes mucho trabajo avanzado,"

"Sip,"

"¿Cómo está Stan? ¿Todavía está enojado conmigo?"

"Ya lo conoces," él siguió enfocado en su trabajo.

"Fue muy grosero esta mañana."

"¡Hey!" él se rió, levantando brevemente la vista para mirarla "Eres un dolor en sus traseros. Existe una razón por la que te odian."

Ella gruñó.

"Me odian sólo porque no saben qué hacer conmigo. No puedo culparlos, sin embargo,"

"Stan no comparte tu opinión."

"Stan me desea... ¡Pobre perro!"

Dick resopló. "Si tú lo dices"

Helga rió. Después de dejar los papeles en su lugar y dirigirle una mirada rápida, volvió a hablar.

"Sabes?"

"¿Dime?"

"No sé por qué insistes en usar camisas de color gris; no van con tu tez."

"Ajá"

"Sí." se detuvo "Quiero decir, sé que ustedes no la tienen fácil considerando que su guardarropa va de los grises a los azules y eso es todo. El café es para perdedores y el negro es demasiado formal. Pero gris no te va, ninguno de sus tonos. La chaqueta no es el problema, sabes, pero ¿gris – sobre - gris? es demasiado... monótono". Ella terminó con un soplo.

"¡Oh, por Dios, no puede ser!" él resopló. Helga rió de su divertida expresión.

"¿Crees que sólo te estoy tomando el pelo?"

"Nop. Creo que pasas demasiado tiempo con Rhonda."

"No, no es demasiado, te lo aseguro" recordó entonces aún tenía que planear una reunión nocturna con Rhonda y el Cabeza de Balón. Sería un bonita reunioncita en su casa o la de Rhonda, pero no había comenzado nada sólo porque no sabía si tenían que invitar a la novia de Arnold a que se les uniera. "De todos modos,"

"¿Los trabajadores son en su mayoría mujeres?"

"Sí, lo son." Helga asintió. "Visten de modo occidental por cierto."

"¡Es una pena!"

"¡Dímelo a mí!"

Dick le dirigió una mirada inquisitiva. Ella se encogió de hombros con desdén. Él continuó trabajando y después de un rato volvió a hablar.

"Creo que podrían ser mil cien; más o menos."

"Ese es un buen número", ella asintió. "Te necesitaré para cuando lo hagamos público, sin embargo."

"¿Henry no va?"

Ella negó con la cabeza. "Vamos a ser solo tú y yo."

"Está bien, supongo. Estaré allí unas tres semanas."

"10.4. Voy a hacer los arreglos."

Ella se sentó de nuevo mientras él continuaba escribiendo. Esperó porque él le debía dar un esbozo rápido de su plan inicial, de esa manera tendría la base para iniciar el presupuesto. Además estaba expectante también. Acababa de sacar a colación un tema en el que había estado pensando durante algún tiempo, pero del que no se había hablado hasta ahora.

Dick era la una de las caras públicas de la compañía, y no estaba nada mal, de hecho todo lo contrario, pero a veces estaba demasiado ocupado haciendo sus cosas y siendo el jefe que no se acicalaba a sí mismo con el adecuado cuidado y atención. Odiaba ver a Mike Davis actuando como si él fuera el rey de la montaña. No era como si quisiera ver a un metrosexual Dick de repente, pero ponerse un poco de cuidado extra no estaría de más. Se preciaba de conocerlo bien, aaaassiiiiií queeeee… era cuestión de tiempo que preguntara.

"Sabes," comenzó. Helga le prestó plena atención "¿Qué me estabas diciendo acerca de mi ... semblante?"

"Oh, - ¿eso?" ella respondió, fingiendo irrelevancia, pero de hecho esperaba que no levantara la vista porque la hubiera sorprendido con una sonrisa más grande que la del gato de Cheshire. En ese momento él levantó la vista y ella puso una expresión muy formal. "Gris no es tu color, sabes, deberías probar con el..."

"¿Por qué no?"

"Yo que sé, yo no inventé esa cosa de los colores, tú sabes, pero tengo ojos y veo, y me doy cuenta de que el gris simplemente no te luce. Deberías usar más azul."

"¿Azul?" ahora la miraba con atención, dejando de lado el cuaderno de bocetos. Un ceño fruncido adornaba su frente.

"Sí, azul." Ella lo miró con curiosidad, dada su expresión "¿Por qué el escepticismo? ¿Es sólo porque sabes que el azul te va muy bien? Bueno, ¡al diablo con la modestia! El azul se ve muy bien en ti. Azul sobre azul se ve grandioso y gris sobre azul no es aburrido en lo absoluto. Y si no me crees, sólo tienes que ir a tu casa y probarlo en frente de un espejo. No estoy bromeando".

"¿Por qué nunca me dijiste esto antes?"

"Nosotros nunca tenemos tiempo para hablar de cosas como esta, supongo. Tú siempre estás de mal humor y yo siempre estoy fastidiándote." Se encogió de hombros mostrándole una sonrisa de disculpa y continuó "Pero luego de repente vengo, y te veo sentado allí, e incluso cuando luces, digamos, bastante bien, y es obvio que tu ropa es cara, simplemente no te sacas el mejor partido."

"No sé si debería sentirme ofendido" él sacudió la cabeza de un lado a otro, "Y no digas que nunca..."

"¡Oh, vamos!" de repente sintió pesadez en el pecho "No somos esa clase de amigos, ¿Está bien? Punto."

"Pero..."

"Simplemente no lo hagas." ella pronunció, expresando advertencia.

"Está bien. Ni una palabra. Pero no fui yo esta vez." Y con su habitual expresión de que no podía importarme menos volvió a su libreta de nuevo. Helga tomó su computadora y fue a revisar sus archivos.

"¿Sólo azul?" De repente volvió a preguntar. Helga resopló.

"¿Así que sí te importa, después de todo?" él dejó escapar una antipática sonrisa de auto satisfacción. Helga sacudió la cabeza. Esa extraña expresión siempre la hacía sentir raro. Hoy la hizo sentir incluso un poco culpable por meterse a jugar con su cabeza de esta manera. "No. No sólo azul. Bueno, no soy una experta, pero creo que el verde oscuro se te vería bien... y el amarillo."

"¿Amarillo?" él frunció el ceño "Creo que nunca he tenido algo amarillo en toda mi vida."

"Deberías probarlo..." ella se encogió de nuevo y luego pasó a ver la pantalla, mordiéndose el labio "¿Sabes?" levantó la vista para mirarlo. Él la observaba con esa penetrante mirada que la hacía sentirse incómoda. No quería sacar algo incorrecto de ello, así que empujó el pensamiento al fondo de su cabeza. "El rojo está bien también. Es... intenso. Levanta mucho tu apariencia... llama la atención."

"¿Y eso es algo bueno?"

"Pruébalo y me dices luego."

"¿Qué tono de rojo crees que es mejor?"

Ella sonrió abiertamente.

"No lo sé. Todos ellos. Aunque rojo Mueller se ve particularmente bien en ti."

"¿Rojo Mueller? ¿En serio?"

Ella asintió con la cabeza.

"Pero no pierdas tu tiempo. El azul es suficientemente bueno." Una sonrisa traviesa apareció entonces en sus labios "Tiene más de cincuenta sombras, por cierto... muchísimas más."

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No soy dueña de Hey Arnold!

No soy dueña de ninguna MR escrita aquí. Poseo sólo la trama y los PO.

Gracias por leer y por seguir o 'favoritear' esto. Para los que dejan comentarios envío mi amor y un abrazo de oso. ¡Gracias a Geraldine Hatch, Sweet sol, GRIMMM, Hel201 y MarHelga; además de Nep2uune, José Ramiro, CarlinJ83, Anónimous Latina y Presley Rox!

También quiero darle las gracias a aquellos que siguen marcando como favoritos o revisando mis trabajos anteriores. Realmente los aprecio.

30 de enero 2015.