Cohete a la Luna
Capítulo Trece
Viaje de Negocios Parte Uno
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… '¡Pórtate bien!' decía la burbuja blanca. Él sonrió al leerla. Por enésima vez.
. - '¿Por qué dices eso?
. - Tú sabes que siempre me porto bien," fueron sus respuestas. Envueltas en una burbuja azul cada una.
No había habido ya más contestación.
Fue la segunda vez que Helga lo dijo eso; el mismo día; el lunes antes de su viaje. Dos semanas y media después, y Arnold finalmente comprendió su significado. El chico rubio sonrió levantando la vista para ver que sus amigos ocupaban su tiempo con sus propios dispositivos electrónicos.
La primera vez que había sucedido en el piso 29. Arnold fue a hacer unos mandados. Deb y Helga estaban hablando en el pasillo frente a la escalera. Habían estado en ello por algún tiempo ya. Cuando Arnold regresó se detuvo a su lado para hablar con su jefa. Después de que terminó Helga le preguntó si ya estaba listo para el viaje.
"Tan listo como puede ser posible," fue su respuesta. Helga había sonreído con una mueca.
"Realmente espero que así sea."
Y entonces empezaron a hablar de viajes. Viajes de negocios y viajes de placer. Deb no era una gran viajera. Decía que sólo era una chica de Dakota del Norte que ahora vivía en Nueva York City. ¿Qué más podía desear? Arnold admitía que ella tenía cierta razón. Mientras tanto, él que había sido mochilero alguna vez ahora gustaba de irse lejos para disfrutar de sus vacaciones. Helga era un viajero frecuente que había acumulado tantas millas que nunca volvería a pagar por un viaje personal en su vida.
Cuando él había terminado de platicarles acerca de sus últimas vacaciones se volvió hacia Helga, que lo miraba con una expresión extraña.
"¿Qué?" él le había preguntado.
"Pórtate bien," había un toque de advertencia en su voz.
La gente estaba trabajando alrededor como siempre; siguiendo sus caminos; haciendo sus cosas. Pero Arnold sintió como si ella quisiera decirle algo más; como si sus palabras tuvieran un ulterior significado. Así que decidió preguntar.
"¿Por qué dices eso?"
Pero su pregunta pasó desapercibida porque en ese mismo instante Dick Mueller y Mike Davis salieron de la escalera.
"Hola Helga, hola Deb." Dick se dirigió a ellas con su saludo personal de marca registrada. Con un ligero movimiento de cabeza él saludó a Arnold también. Se había olvidado de su nombre, probablemente. O tal vez eran demasiados nombres para un matinal saludo informal. ¿Quién podía saber?
"Hola Dick, Mike..."
"Roderick... Mikkel-O"
"Chicos," Arnold escondió su sonrisa. Helga siempre había tenido sus fórmulas para molestar a la gente. Parecía que llamarlos por otros nombres no perdía su eficacia; Mike apenas tuvo tiempo para recomponerse un poco cuando dejó salir un apresurado y algo vacilante:
"Inga"
Helga rió ante la falta de imaginación de su burla mal llevada a cabo. Dick, en cambio, se volvió a verla con ese aire impasible que demostraba que a él las interrelaciones humanas le importaban una mierda. Enseguida los dos hombres siguieron con sus propios asuntos al tiempo que la mayoría de las chicas del piso se estiraron en sus asientos para seguir con sus ojos las figuras mientras se alejaban por el pasillo.
Arnold sonrió al ver esto, pero luego frunció el ceño cuando el dúo llegó a la esquina y se volvió para ver al grupito de la escalera. Deb y Helga estaban de vuelta a su conversación anterior, por lo que era solo Arnold quien aún seguía mirando.
Arnold se sintió algo incómodo bajo sus miradas. Dick era todo un personaje. Ahora que estuvo trabajando cerca de él por fin entendió de qué se trataba todo ese lío acerca él. Recordó a Deb diciendo Dick era "especial". Bueno, Arnold todavía creía que "difícil" encajaba mejor.
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Para empezar, Dick odiaba ser interrumpido. Odiaba cuando parecía que no estabas prestando atención; odiaba que preguntaras algo de lo que ya se había hablado; odiaba incluso que bostezaras. Sus reacciones eran singulares e iban de simplemente levantar la voz hasta hacer comentarios cáusticos o avergonzarte en frente de los demás. Era impaciente, irascible y tenía el más peculiar de los humores.
Arnold había atestiguado por sí mismo ya un par de escenas. La primera vez fue Henry el que puso a Dick de mal humor. Les hizo una visita a la Sala de Reuniones y después de ver su trabajo y de hacer algunas preguntas se despidió y se marchó. Dick lo siguió. En oposición a su sobrino, Henry era todo un caballero. Dick regresó minutos después con un humor de perros; se hicieron un par de cambios menores al plan de operación mientras se quejaba con Stan murmurando en gruñidos bajos. Arnold sabía que podía ser lento, y denso, pero cualquiera podría darse cuenta del poder que Henry todavía ejercía sobre él y su trabajo, algo que probablemente no hacía a Dick nada feliz ya que todo el mundo sabía que su tío le daba a Helga carta blanca.
Otra ocasión una chica fue llamada a la Sala de Reuniones, una becaria. Se le pidió traer bebidas y aperitivos al grupo. Era una chica bonita y dulce, muy joven. Su único pecado fue anunciar alegremente su llegada y preguntar qué hacer con las cosas en la bandeja que sostenía en sus manos.
Dick dejó lo que estaba haciendo para aplaudir y sonreírle con amabilidad, y luego, sin cambiar su expresión, le preguntó sarcásticamente "¿Qué te parecería tirarlos por la ventana?" Luego se dio la vuelta y siguió trabajando.
La chica dio un paso hacia la ventana, pero luego se detuvo y sonrió, pensando que se trataba de una broma, esperando que en cualquier momento alguno de ellos se riera y le dijera qué hacer en realidad. Arnold se quedó perplejo al principio, pero luego entrecerró los ojos. Dick solía ser hosco, pero por alguna razón sintió como si esta conducta escondiera algo más. Como de costumbre, algunos chicos sonrieron celebrando la acritud de su jefe, pero el resto de ellos ignoraron la escena. Descortésmente, todos siguieron con sus cosas como si nada.
Arnold esperó por un tiempo prudente hasta que se dio cuenta de que era real. Nadie iba a dirigirse a ella. Para este momento la chica ya se había dado cuenta que por alguna razón desconocida estaba siendo castigada. Lo peor era que su verdugo no era otro sino uno de los mismos dueños; incluso Arnold lo pensó dos veces antes de actuar.
Pero aun así, el chico se acercó a ella y tomó la bandeja de sus manos señalándole que le ayudara a quitar algunas cosas que estaban encima de una mesa pequeña. La chica obedeció con manos temblorosas; sus pestañas estaban húmedas. Arnold le sonrió antes de darle las gracias y señalar la puerta con discreción. Ella le devolvió la sonrisa y desapareció en un segundo, cerrando cuidadosamente la puerta detrás de ella.
Arnold se volvió hacia la mesa. Marty, Ben y Woody estaban mirándolo. Arnold le sostuvo la mirada a Woody, pero ignoró a Ben y a Mike; no queriendo reconocer su desdén. No se volvió a ver a Dick tampoco. Tomando aire se dirigió a su lugar en la mesa diciéndose a sí mismo que había hecho lo correcto; recordando que él también había sido becario alguna vez; el chico nuevo de la oficina, el que no sabía nada de nada. Recordó que era un infierno, pero incluso entonces, él nunca se había visto obligado a soportar a un montón de bastardos que vertían en la atmósfera de la oficina su extraño y retorcido código machista como una forma de aliviar sus frustraciones.
...
Pero Dick no era duro sólo con los extraños; su propio equipo padecía sus cambiantes estados de ánimo y su impaciencia. A Ben le tomó un rato encontrar la respuesta a una pregunta determinada y consiguió una humillante reprimenda. Mike no vino con ninguna idea para resolver un problema y fue ignorado el resto de la reunión. Stan y Dick no se hablaron entre sí durante todo el día el lunes previo a su salida y nadie nunca llegó a saber por qué.
Toda esa tensión hacía mella. Las reuniones eran agotadoras. Arnold llegaba a su casa todas las noches sintiéndose exhausto.
"Woody dice que con el tiempo me acostumbraré." Había dicho a Claire, quien lo escuchaba con paciencia.
Pero luego hubo una escena totalmente diferente cuando Dick recibió una llamada para responder a una encuesta telefónica en medio de una reunión. Se tomó su tiempo, jaló su silla y se sentó aparte y comenzó a responder un montón de tonterías a preguntas acerca de productos para la limpieza del hogar. Casi contra su voluntad Arnold reía; todo el mundo lo estaba haciendo. El humor de Dick era corrosivo; y a pesar de todas las tonterías que decía algunas de sus respuestas sonaban hasta cierto punto lógicas. Además, había una especie de alegría malsana involucrada. Cierta venganza contra esas detestables personas de los call centers que te molestaban a toda hora sin consideración a tus ocupaciones. La chica en el otro lado de la línea debía estar sintiéndose frustrada pero Dick no la dejaba colgar. La cosa se prolongó durante unos veinte minutos y cuando finalmente colgó, se volvió para seguir trabajando con renovado vigor.
...
"¡Oh, Dios mío! ¿Realmente le dijo que la saliva era lo mejor para limpiar las manchas de cochambre de la estufa?" Claire se rió ruidosamente.
"O para eliminar el moho de baño. Algo por el estilo. No recuerdo exactamente." Arnold se encogió de hombros "También llamaba a las cosas por otros nombres así que tardaban eternidades en asumir que estaban hablando de la misma cosa. La estaba volviendo loca. La chica estaba teniendo ya dificultades para controlarse... para no contestarle de mal modo."
"Yo hubiera estado riendo como loca de haber estado allí."
Arnold soltó una risita.
"Sí, ya lo sé, fue divertido." Se carcajeó "Aunque debo admitir que fue un tanto perverso también."
"Quizás..." vaciló. "Aun así, creo que debió haber sido algo digno de ver..."
"Sí, lo fue; un bálsamo inesperado entre esas sesiones de estrés innecesario."
"¡Ooooh, pobres, pobres muchachitos!"
"¡Pobres muchachitos en verdad!" Arnold exhaló "¿Pero sabes qué es lo que me parece más extraño en todo esto?"
"¿Qué?" Claire lo miró en suspenso.
"Creo que les gusta."
"Explica,"
El rubio se detuvo. Era una especie de revelación decirlo en voz alta.
"A ellos realmente les gusta todo eso; les cae bien él. Quiero decir, ellos celebran su sarcasmo; lo imitan. Siempre están buscando su apreciación. Se transforman en él cuando están con otras personas. Incluso… Woody..." Arnold meneó la cabeza "Es todo un fanfarrón cuando está por su cuenta, y sin embargo, cuando Dick está alrededor sólo uno más de los cachorritos."
"¡Wow!" Claire parpadeó y se quedó pensativa. "¿Y cuál es la razón, según tú?"
"Realmente no lo sé..." se volvió hacia ella "¿Tú que crees?"
"¿Admiración?" aventuró con una pequeña sonrisa. "¿Respeto?"
Arnold se encogió de hombros. "Puede ser." Él no era el mejor leyendo a la gente.
"Tal vez es sólo que es el jefe." Añadió, pero luego se encogió de hombros también. "¿Cómo te sientes con ellos a tu alrededor?"
"No es muy cómodo."
"¿Es el mismo sentimiento de tiempo atrás cuando renunciaste a la firma?"
"No. No, en lo absoluto. Aquello fue una cuestión de integridad."
"¿Y ahora?"
"Ahora lo que pasa es que no sé si seré capaz de querer lidiar con esos cambiantes estados de ánimo."
Claire pensó por un momento; entonces exhaló.
"Bueno, Deb es tu jefe, no él... Y al menos ya dejaste muy en claro que no eres ningún baboso, ¿verdad?"
Arnold dejó escapar un gruñido bajo. Él ya le había mostrado al grupito de Dick que él no era ningún blandengue. ¡Pero a qué costo!
...
La participación del rubio abogado en las reuniones había sido delimitada a señalar la ley cada vez que le pedían que lo hiciera, cada vez que él considerara necesario hacer una mención al respecto y siempre que algún procedimiento oficial estuviera involucrado. Pero después de unos días cuando la planificación estaba casi terminada y se estaba estableciendo el sistema operativo, se empezaron a enfocar en algunos detalles específicos que no habían sido resueltos. Arnold observó su discusión pero se quedó atrás, hasta que Dick de repente se volvió hacia él y señaló la mesa con un leve movimiento de su cabeza.
"¿Tú qué harías?" le preguntó. "Deb confía en que eres el hombre más capaz bajo su mando. No me hagas pensar que está equivocada."
Arnold parpadeó; y recordando los consejos de Deb empezó a hablar sin titubear.
"Bueno, una cosa que debe ser considerada, es que de acuerdo a la ley se debe ajustar..."
"No quiero oírte recitar todas esas leyes, artículos o enmiendas de mierda," dijo Dick en tono retador; mostrando cierta satisfacción al ver que él resultara ser tan predecible. "Quiero que uses tu criterio como lo hiciste cuando ayudaste a esa chica pastelito de fresa el otro día."
Con el orgullo picado Arnold contuvo el aliento, y no se permitió sentirse intimidado. Así que usar su criterio él hizo. Avanzó hasta la mesa y tocó el bosquejo que tenían allí al tiempo que enunciaba lo que pensaba. Lo primero se tenía que hacer, sin importar lo que costara. Lo segundo tenía que ser replanteado.
"... Y en cuanto a los contratos de trabajo, los de las nuevas contrataciones quiero decir, yo diría que nos esperemos a estar allí y comprobar si los del viejo personal se observan al pie de la letra. Los que nos mostraron podrían haber sido manipulados para dar una buena impresión. En cualquier caso, estoy bastante seguro de que podemos hacer cambios a nuestro favor. Vamos a firmar más de un millar de nuevos contratos. Tenemos la sartén por el mango. Podríamos redefinir nuestra propia tabla de sueldos, salarios y prestaciones. No pueden oponerse ya que asumirán que así esa es la forma usual en que nosotros hacemos las cosas. "
Dick soltó una sonrisa sesgada que le iluminó hasta los ojos.
"¡Lo sabía!" le palmeó la espalda. "¡Sabía que lo tenías dentro de ti!"
Pero Arnold no oyó nada más mientras el resto de los chicos actuaba como de costumbre. Algunos sonrieron; algunos otros lo miraron con recelo, pero él estaba demasiado sorprendido como para ponerles más atención. ¿Acaba de decir que debían buscar una manera de afectar a los salarios de los trabajadores? ¿Él, Arnold P. Shortman? ...
¿En qué había convertido?
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"Tal vez eso es lo que los convierte en tipos duros", dijo Claire hablando como para sí. Luego inhaló profundamente "Tal vez esa es la manera cómo la gente se hace dura."
"Entonces tal vez no es una buena idea que me quede mucho tiempo con ellos." Él pensó en voz alta.
"Tonterías" Ella hizo una mueca juguetona con los labios; dirigiéndole una de esas sonrisas. "Los tipos rudos tienen su encanto."
Entonces ella vino hacia él y lo hizo olvidarse del mundo. Hubo acción enérgica y no mucha más platica esa noche. En los últimos días el entendimiento de Claire sobre sus necesidades masculinas se estaría volviendo sospechoso... si tan sólo él se preguntara por qué.
Pero preguntarse ese tipo de cosas no era algo que él hiciera voluntariamente. Y no lo hacía porque no estaba listo para dedicar tiempo consciente a pensar por qué después de esas apasionadas y alucinantes sesiones regresaba a la realidad para sorprenderse con el hecho de que su pareja tuviera el cabello rizado. Y castaño.
Tomaría una profunda inspiración y acallaría sus exhaustas entrañas; elegiría no pensar si lo mismo le sucedía a ella; si también ella sentía que algo estaba mal con su pareja; si en lugar de un chico rubio esperaba ver a alguien más; a su compañero maestro de preescolar por ejemplo; o a uno de esos modernos chicos de su nueva pandilla caritativa.
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Arnold pensaba en abstracto mientras se deslizaba a través de su página de inicio de Facebook y seguía esperando con el resto de los chicos para irse luego "a festejar" esta noche. Fotos, fotos y más fotos; comentarios superficiales disfrazados de verdades profundas; y el toque ocasional de verdadera sabiduría que pululaba allí. Se preguntó sobre la cantidad de imágenes por día que las personas vertían en ese sitio; en un solo día. Lo había leído alguna vez, pero no lo recordaba ahora. Era una cantidad absurda, inconcebible.
Y ninguna de esas fotos era de Helga. Suspiró.
Helga no era una gran usuaria de las redes sociales. Ella daba clic ocasionalmente en 'me gusta' en las fotografías de otras personas y comentaba muy poco y muy de vez en cuando; casi como él lo hacía. Su perfil tenía unas cuantas fotos. Amigos comunes como Rhonda y Phoebe tenían unas cuantas fotos que la incluían, pero Arnold ya las había visto todas. Su página de perfil no mostraba su verdadera vida en absoluto, sólo que ella existía. No había fotos de la familia ni de Henry. No Deb, Dick o cualquier otra persona del trabajo. Pero había una de ella y Luke. Él la tomaba por la cintura de una manera claramente posesiva. Arnold recordó su declaración acerca de que él era sólo un buen amigo.
Ahora lo dudaba.
...
El domingo por la tarde Arnold y Claire fueron a celebrar su tercer aniversario y algún tipo de festejo de despedida también. Todo comenzó con un paseo por Central Park, que sería seguido por una cena y un espectáculo. Se encontraron con Helga y Luke que también estaban paseando por el parque. En realidad no los saludaron. La otra pareja caminaba por delante de ellos, paseando a su perro; un shih tzu que era una pequeña y linda bolita de pelo blanco y marrón.
Se veían relajados, vestían pantaloncillos cortos y zapatos tenis a juego. El cabello de Helga estaba atado en una cola de caballo. Arnold pensó que nunca la había visto así, tan calmada y tan casual. No dejaban de hablar y reír todo el tiempo. Él no la había visto vistiendo shorts, al menos no desde la infancia. Sus piernas eran largas y perfectamente torneadas, y bronceadas, y...
Su única mancha era ese hombre cuyas manos iban a tocarla cada vez que tenía la oportunidad. Cada vez que ella se agachaba para ayudar al pequeño perro a seguir andando. Lo odiaba. Y se puso peor luego, cuando de repente ella se inclinó y el tipo se puso detrás de ella y le acarició las caderas de una manera muy íntima. Arnold sintió la cabeza arder. Helga se levantó con el perro en sus manos, y lo empujó. Juguetonamente. Luego le plantó un beso rápido en los labios. Arnold contuvo el aliento.
Claire también estaba observándolos con atención. Ella se rió después del beso.
"Él es tan gay!" exclamó. Arnold se volvió hacia ella con una cara que no podía ocultar su furia.
"Mmph... por... mmm..." hizo una pausa. Incluso articular palabras le era difícil en ese momento.
Claire lo miró, divertida.
"¡Por el amor de Dios!" se rió "No seas tonto. No hay razón para estar celoso." y terminó dándole un codazo.
"¡No estoy celoso!" Arnold resopló.
"Seguro..." Claire rodó los ojos, pero no dijo nada más.
Arnold se estaba muriendo por escuchar cualquier otra cosa que ella tuviera que decir acerca de Luke, pero no se atrevió a retar su suerte. Claire podía convertirse en una perra celosa cuando quería y él no deseaba estropear su penúltima noche en casa. Dieron media vuelta en dirección al restaurante; y Arnold volvió la cabeza una vez más para verlos comprar una manzana de caramelo como cualquier pareja de adolescentes.
...
Aquel último día en la oficina, cuando Arnold finalmente dirigió su atención de nuevo a las chicas ellas estaban hablando de sus cosas de nuevo. Se marchó y las dejó solas. Más tarde ese día Helga llegó hasta su lugar y lo jaló para envolverlo en un apretado abrazo. Siendo que no la había visto llegar se quedó paralizado por la sorpresa y la cercanía.
"¡Eres tan abrazable!" ella se rió con voz ronca casi contra su oreja "Oh Arnold, me tengo que ir ya, pero no quiero hacerlo sin decirte adiós." Él se tornó de un color rojo intenso cuando lo besó. "Que tengas un buen viaje, Cabeza de Balón. Nos veremos entonces."
"Yo..." Arnold reunió todo su autocontrol para contenerse y ser capaz de soltarla, para no besar sus labios en su lugar. Sus compañeros en los otros escritorios estaban mirándolos, lo supo por todas esas risitas que se oyeron. "G... gracias."
"¿Vas a estar bien?" preguntó ella; su cara todavía estaba demasiado cerca. Él asintió con la cabeza.
"Sí," exhaló, tratando de controlar su respiración. Ella era casi de su misma estatura. Esos increíblemente ojos estaban llenos de chispitas. "Por supuesto que voy a estar bien."
Ella le dio golpecitos en la mejilla entonces.
"Es bueno escucharlo."
Sabía que estaba sonriendo como un idiota, pero luego se sintió como un idiota de verdad cuando ella dio un paso atrás y pudo ver a Henry de pie al final del pasillo, que lo miraba con una expresión divertida. Saludó a Arnold con un solo movimiento de su mano en lo que Helga se acercaba a él. Luego se fueron juntos; él puso su mano en el codo de ella. Arnold los vio irse sintiéndose abrumado, perdido. Preguntándose quién sería el que compartía la cama de Helga; ¿Henry o Luke?
¿O los dos?
...
Gracias a todos por leer y por dejar reviews. Agradecimientos especiales a MarHelga, José Ramiro, GRIMMM, TurquoiseGirl18 y a Geraldine Hatch por sus comentarios. Hasta pronto.
No soy dueña de Hey Arnold! No soy dueña de Rosita Fresita, Facebook ni ninguna otra marca registrada mencionada en esta historia. Soy dueña del plot y los OC.
Hay otro par de capítulos que ya vienen y también cubren a Arnold en este viaje de negocios. Están medio escritos, serían tan largos como este y todavía necesitan una buena cantidad de trabajo para estar listos. Aun así espero publicar el siguiente en una semana más o menos. Sus comentarios podrían alentarme a escribir más rápido. ;)
11 de marzo 2015.
¡Feliz Viernes Trece!
