Cohete a la Luna
Capítulo Dieciséis
Grace


...

Las puertas del ascensor se abrieron en el piso veintiséis y Grace descendió. Caminó por el pasillo marcando casillas de verificación en su portapapeles y observando las instalaciones con mirada evaluatoria. Tomaba notas a la vez. Era impostergable programar una cita con mantenimiento del edificio. Las reparaciones no podían esperar más. Continuó su camino observando alrededor todo a la vez que avanzaba con su jovial sonrisa y orgulloso andar.

No era fácil ser la persona responsable de todo. Mantener funcionando a máxima capacidad las oficinas establecidas en dos diferentes edificios de la ciudad podría ser la muerte para la cualquiera, pero para Grace era un placer; era su razón de existir. Conocía a Mueller como la palma de su mano; lo conocía desde siempre, desde los viejos días en que 'Oficinas Generales' era un término que le venía grande al conjunto de oficinas ubicadas en el segundo piso de una tienda de muebles en Bismarck, Dakota del Norte. Había llegado hacía mucho tiempo, cuando la empresa comenzó a tomar forma. Había estado allí cuando se expandió y diversificó. Y había estado allí también cuando se mudaron a Nueva York. No había nada que no hubiera visto antes, Grace pensaba mientras doblaba una esquina.

"¡Hola, hola, Gracie!" Un joven salió de la nada y la tomó en sus brazos, haciéndola girar.

"¡Mark! ¡Cuidado!" Ella se rió, sintiendo que la cabeza le daba vueltas "¡Niño! Muestra un poco de respeto por mis canas".

"Ya, ya," el muchacho se echó a reír, sosteniéndola segura hasta que ella pudo pisar firme sobres sus pies de nuevo.

"¡Eres terrible!", Dijo al joven de Recursos Humanos dándole palmaditas en ambas mejillas.

"Y tú eres mala. ¡Ya no vienes a visitarnos como antes!" El chico se quejó con un pequeño gesto compungido. Grace se rió: "Oye, y qué tal si comes con nosotros hoy, ¿eh?"

"No puedo," ella hizo un puchero "Ya hice planes con Helga."

"¡Fiuuu!" John, el amigo de Mark que estaba detrás de ellos silbó "Ahora veo por qué ya no vienes a nuestro lugar más seguido," dijo "¡Prefieres a tus amigos pipiris nice!"

"¡Oh, vamos!" Grace minimizó su suposición con un gesto de la mano.

"¿El jefe mayor también va?"

"No," les informó "Henry tiene otros compromisos hoy."

"¿En serio?" Mark preguntó, parpadeando varias veces fingiendo asombro.

"¿Compromisos que no incluyen a Helga?" John añadió con escepticismo burlón. "¡Eso sí que es raaaaaroo! Si fuera Helga yo pondría cuidado."

"¡Oh, niños, ¿qué podrían ustedes saber?" respondió la dama con trivialidad.

"Pues me atrevería a decir que él parece bastante posesivo para con ella."

Ella sonrió con indiferencia y se volvió. ¿Estos chicos habían estado aquí por cuánto? ¿Dos años? No había manera de que supieran nada sobre hoy. Henry era un doliente discreto.

"¿Tú crees?" Grace les restó importancia "Podemos ir a almorzar mañana, ¿qué tal eh?" cambió de tema. "Tengo ganas de comer lasaña..."

"¿En Pepe's?", Preguntó Mark.

"¿Dónde más?" Ella sonrió, imitando sus excesivas expresiones.

"¡Es todo!" el estiloso y delgadísimo chico respondió soplándole un beso.

Grace le guiñó un ojo y siguió caminando, subió las escaleras para llegar a la siguiente planta. -¿Tú crees?- Bufó, reprendiéndose a sí misma. ¡Estaba perdiendo su contundencia! Aunque, ¿qué argumentos podía usar cuando el propio Henry parecía divertirse cortejando en público a la rubia? ¡Ya no lo reconocía más! ¡Mira lo que la edad le hacía a un perfecto caballero a la antigua! ¡Si tan sólo Helga pudiera verlo ahora! Esos buenos tiempos se habían ido ya... Grace suspiró profundamente.

Por otro lado, Grace continuó pensando; esta nueva generación de chicos y chicas era diferente a todas las vistas anteriormente. Los chicos de hacía diez años todavía mostraban respeto por sus adultos o superiores, pero estos de hoy en día... '¡Uuuh, Dios nos agarre confesados!', diría su padre. 'Usted los crió, ahora aguántelos'. El viejo adagio nunca fue más relevante que hoy en día.


. . .

"Y entonces dijo que nunca me prometió nada..." dijo una chica y empezó a lloriquear. "¿Puedes creerlo?!" Añadió entre sollozos.

"¡Es un imbécil!" Su amiga maldijo en voz baja.

Grace entró en el sala de fotocopias / almacenamiento y las dos chicas se agitaron incómodas. 'Aquí vamos de nuevo', pensó mientras sonreía con simpatía a aquella cuyo rostro estaba húmedo. Avanzó hasta el fondo del lugar y se agachó buscando manchas de moho en las paredes y checando el estado de los enchufes eléctricos. Movió cajas y cosas alrededor. Después de anotar sus hallazgos se volvió para enfrentarse a las chicas.

La amiga la miró envalentonada, como si estuviera lista para defender a su amiga a pesar del hecho de que no estaban en su lugar de trabajo. Grace rodó los ojos para sí misma. A veces las chicas parecían olvidar que ella era una de ellas. 'Las niñas se apoyan las unas a las otras', ella creía firmemente en ese axioma. Era consciente de la chica llorosa había estado viendo a un tipo de Finanzas; un tipo casado. La chica escondió su rostro de ella mientras atendía la copiadora.

"¿Qué pasó? ¿Ya no te llamó? ", Preguntó ella, empática.

"¡No es eso!" La chica se quejó.

"¿Entonces?", Insistió. La muchacha se limpió las lágrimas mientras Grace esperaba.

"Él rompió con ella; simplemente le dijo que todo había terminado y se marchó." Su amiga interrumpió.

"Ya veo..." A lo largo de sus cuatro décadas de experiencia - ¿Cuántas veces había visto esta misma escena repitiéndose a sí misma? Grace se preguntó. En lo que esperaba que la chica controlara su llanto, ella exhaló.

"¿Es eso cierto?", Preguntó. La chica asintió mientras nuevas y frescas lágrimas salieron de sus ojos "¿Te sientes bien? ¿Quieres tomarte el resto del día o algo así?" esperó pacientemente hasta que finalmente la joven se controló un poco y negó con la cabeza en silencio.

"¿Estás segura?"

"Sí," la chica finalmente dejó escapar en un leve murmullo "Voy a estar bien."

"Está bien, cariño, si estás tan segura..." respiró profundamente. "Entonces ve al baño y arréglate un poco. No le muestres a ese bastardo que te ha hecho daño. No te arriesgues a que trate de ganarte de nuevo..." La mujer mayor abrió mucho los ojos al ver la expresión esperanzada en el rostro de la chica.

"¿Crees que él podría...?"

"Por supuesto que podría y por supuesto que lo va a intentar, pero tú ya no vas a caer de nuevo, ¿me oíste?", Le puso un brazo sobre los hombros "Mira, sé que parece difícil, pero esto tenía que pasar y es mejor así. Es posible que no lo entiendas ahora, pero algún día lo harás. Eres tan joven y bonita. No eches a perder tu vida esperando algo que no va a suceder nunca. Los Mike Davis de este mundo nunca dejan a sus esposas..."

"No se trata de Mike Davis..." gimieron ambas chicas. Grace exhaló.

"Mike Davis, Chris Thompson, Enrique Molinar... Puedo llenar un libro con sus nombres, pero eso no cambiará nada. Los hombres casados nunca abandonan a sus esposas. Eso es algo que la vida me ha enseñado y es algo que también tú tienes que aprender..."

"Pero él es diferente..." la chica comenzó.

"¿De verdad?", espetó "¿Entonces por qué no la ha dejado ya? ¿Por qué eres tú la que está aquí llorando como una magdalena y no él ni su esposa?" La mujer habló sin pelos en la lengua, pero luego se suavizó. Era algo que venía con hacerse mayor; la paciencia se iba desgastando.

Dejó a las chicas por su cuenta diciéndoles que hablaría con su jefe para excusarlas por un rato. A veces se sorprendía a sí misma. ¿Por qué estaba siendo tan empática? ¿Era tal vez...-

Tal vez porque todavía recordaba cómo se sentía el ser joven e ilusa?


. . .

Exhalando y algo sombría después de un viaje rápido al pasado abrió la puerta para entrar en el piso 29. Con pasos firmes mientras caminó por los pasillos, armada solamente con sus ojos vigilantes, una pluma de tinta roja y su confiable portapapeles. Sus labios se fruncieron al ver al rubio al final del pasillo con toneladas y toneladas de papeles cubriendo su escritorio. Sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Espacios… espacios. El piso 29 carecía de espacios suficientes para oficinas. Podrían intercambiar los Departamentos de Operaciones y Legal pero eso significaría mucho conflicto. Tal vez tenía que echar otro vistazo a esa sala de almacén de nuevo. O tal vez deberían enviar a algunas personas al otro edificio situado en la 106 y Madison…

Giró sobre sus talones y al instante se sintió chocar contra alguien que caminaba detrás de ella.

"Ouch" una chica gimió.

"Lo siento", Grace se disculpó. Una mujer más joven estaba delante de ella, tratando por mantener control de sus papeles. "¿Estás bien?", le preguntó Grace; la chica asintió.

"No debí haber estado caminando tan cerca. Lo siento," una pequeña sonrisa apareció en su cara pecosa.

"No te disculpes. Fue mi culpa..." y dirigiéndole una sonrisa forzada se alejó.

Una vez llegando a su destino Grace entró en la habitación y cerró la puerta. ¡Maldita Sea! No podía evitarlo, pero casi odiaba a la chica de las pecas. Y la pobre criatura era absolutamente inocente; ¡de hecho era muy agradable! No era su culpa que se pareciera mucho a ella; a una joven Darleen. Tenían el mismo cabello rubio y ralo; los pálidos ojos azules y esa tez... Bueno, tenía que admitir que esta chica no era la desagradable masca-chicle que era Darleen, ni tenía ese estilo vulgar, pero aun así...

¡En serio! No debería estar pensando tanta mierda acerca de la madre de Dick, Grace se reprendió a sí misma. Puede que haya sido vulgar, e inculta y todo lo que quieras pero ella fue quien lo mantuvo a flote cuando era un niño. Resultó ser una buena madre, después de todo.

Aquellos buenos tiempos, Grace volvió a suspirar. ¿O fueron llanamente malos, viejos y feos? Recordó a la rubia de llamativa figura contoneando sus caderas mientras caminaba por los pasillos de la antigua mueblería. Ella y el resto de las secretarias despreciaban la pequeña e insolente zorra del piso de ventas. El anciano señor Mueller solía burlarse de ellas. "¿Por qué son tan malvadas con ella?" preguntaba. Y su pregunta iba seguida de una risita burlona "Dejen que la pobre chica le ilumine el día a este pobre anciano."

Pero la pequeña señorita Darleen del piso de ventas no subía hasta las oficinas para exhibir su trasero delante del viejo Franz Mueller, ¡oh-no! Todo su espectáculo iba dirigido a no otro que Robert Pataki, el joven, industrioso y diligente Encargado del Almacén Y, sin embargo, para su desgracia, Bob Pataki ignoraba descaradamente todo el acto de la atrevida chica. Él siempre estaba ocupado. Toda su atención estaba dedicada a su trabajo… y sus ojos puestos en un lugar más alto.

Así que, no haciendo el cuento largo, finalmente fue otro Mueller quien terminó disfrutando de los encantos de la rubia y no fue Franz, sino Frederick – el más joven de los dos hermanos y la oveja negra de la familia-. Grace respiró profundamente de nuevo mientras terminaba de tomar notas y medir la habitación al tanteo. Pobre Darleen, nunca imaginó que la devoción de Frederick terminaba cuando el sol salía. La pesadilla comenzaba entonces.

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Piso 30.

La ventaja del piso 30 era que siempre estaba en óptimas condiciones. Al momento que se detectaba una falla esta era arreglada enseguida. Ella nunca pospondría una reparación aquí. Se acercó a la zona central mientras checaba el techo y las paredes. Saludó a las secretarias y les hizo las preguntas habituales mientras se dirigía a la sala de café para conseguir un poco de agua. Cuando ninguna de las chicas respondió a su pregunta gruñó para sus adentros. A veces estas chicas la adoraban y eran sus mejores amigas, y otras veces simplemente no era así. Se preguntó si había hecho o dicho algo "ofensivo" hacia ellas últimamente; algo que actuara en detrimento de su "confort", ya que este grupo de chicas solía pensar que merecían un trato especial.

Actuando como si nada, como si no percibiera su flagrante descortesía, Grace murmuró algo sobre el clima y se dirigió a la puerta de Henry.

"El Sr. Mueller está en una reunión," la voz afectada de su secretaria la detuvo.

"Oh," Grace hizo un alto y se dio la vuelta. "¿Con quién?"

"Bueno", continuó la secretaria en su odioso estilo "No es realmente de tu incumbencia, pero una hora entera está reservada para al Sr. Wilson."

"Ya veo," Grace asintió. Así que Jerry, ¿eh? Entonces no era una cita de negocios sino una charla de amigos.

Jerry Wilson era el socio y mejor amigo de Henry. Se conocieron en la universidad y él fue la primera persona a invertir su dinero en Mueller. Poco después Jerry trajo a Glen Brennan y su dinero viejo consigo. Además de socios también habían sido directivos de la compañía durante décadas hasta que se retiraron justo después de la reingeniería de hacía cinco años. Glen había sido siempre un dolor en el trasero de Henry; siempre cuestionando sus métodos y su mando; siempre prediciendo su fracaso y la consiguiente quiebra de toda la empresa. Afortunadamente sus peores miedos y proyecciones nunca se hicieron realidad. Jerry, por el contrario, siempre estuvo al lado de Henry, secundándolo y apoyando cada una de sus decisiones. Grace casi podía verlos a través de la puerta, hablando de los mismos viejos temas, y actuando de la misma manera , sólo que ahora estaban más viejos, canosos y arrugados:


. . .

"Puedes decir lo que quieras, pero estoy seguro de que idiota está tramando algo. No me gusta la forma en que siempre está susurrando al oído de Dick... "

Y Henry minimizaría sus sospechas:

"¡Mi amigo! ¡Eres un paranoico!" Sonreiría con indulgencia" ¿Qué puede hacer el pobre? ¿Decirle que sigo tomando malas decisiones?" y se echaría a reír "Ya no soy yo quien toma las decisiones aquí."

"¡Mi punto exactamente!" Jerry abriría sus ojos de un modo de advertencia. "No me refería contra ti. ¡Me refiero contra Helga!"

"Glen entrenó a Helga, por el amor de Dios!" Henry se reiría abiertamente. Jerry sacudiría la cabeza.

"A veces me pregunto qué será de esta empresa cuando no estemos más por aquí..." se lamentaría.

Henry le lanzaría unos papeles mientras se inclina hacia atrás en su silla.

¡Tendrás que mirar de nuevo estos números! ¡Te lo digo! ¡Estos chicos nos están poniendo a todos en vergüenza!"


. . .

Grace parpadeó y se volvió de nuevo a la secretaria; una sonrisa en su rostro. ¡La muy perra! Luego señaló a otra puerta.

"¿Qué onda con Dick?"

"Oh..." secretaria de Dick intervino; Grace se rió de su recelosa expresión "Dick está teniendo una entrevista. Una chica de The Wall Street Journal quiere conocer los secretos de uno de los diez mejores COO del año".

"¿En serio?" Grace sonrió cálidamente. La chica asintió con la cabeza, como si el mérito fuera enteramente suyo. "¡Me encanta saberlo! ¡Nuestro Dick no es cualquier cosa, eh?" Exclamó con orgullo "Aunque... Me pregunto cómo se la estará pasando. Dios sabe que nuestro chico no es nada fácil... "

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. . .

"Correcto," una chica pelirroja escribió algo en su pequeño libro y tomó aire profundamente antes de levantar la vista "¿Usted aspira a, por ejemplo, ser el CEO de Mueller Enterprises en algún momento en el futuro?", Preguntó ella, luchando por ignorar el monótono tamborileo de sus dedos sobre la mesa, y siguiendo con su cuestionario sin hacer pausa "¿Planea seguir manteniendo el desarrollo y / o mejoramiento de los procesos de fabricación? ¿Cuánto afecta o beneficia a su rendimiento la interacción que hay entre usted y la titular de Finanzas – la Srita. Pataki? ¿Piensa que...-"

Por la desdeñosa sonrisa que apareció en su rostro era fácil deducir que el hombre frente a ella había dejado de prestar atención a su larga lista de preguntas, incluso cuando cortésmente la dejaba continuar. La chica suspiró. Nunca había estado más avergonzada en toda su vida. No estaba consiguiendo respuestas reales de él, sólo un meticuloso escrutinio de sus preguntas, y probablemente dudas muy serias de su profesionalismo, eso era seguro. Ella estaba convertida en un manojo de nervios y todo por culpa de esa intensa examinación a la que estaba siendo sometida. ¡Maldita sea! ¿Qué clase de tipo raro era él, de todos modos?!

"¿Es de suponer... que deba recordar todo ese interrogatorio?" él sonrió con una mueca.

Ella sacudió la cabeza y sonrió turbadamente "Por supuesto que no..."

"¿Espera una única respuesta? ... Quiero decir, ¿puedo explayarme sobre mi trabajo o está usted ya ansiosa por irse?"

"Sr. Mueller..." ella vaciló, su cara de color rojo tomate.

"Dick", él la corrigió. Hubo una extraña resonancia en su voz que hizo que el corazón le saltara del pecho y le constriñera la garganta. Un gemido nervioso escapó de sus labios y se sonrojó aún más. Cerró los ojos y respiró hondo antes de continuar.

"Sr. Mueller..." comenzó de nuevo con un chillido. La sonrisa de él se hizo más amplia. ¡Mierda!

"Muy bien," él sonrió "Tómese su tiempo. Mientras tanto..." se encogió de hombros y meneó la cabeza, todavía divertido "voy a responder a sus preguntas; las que recuerde al menos," hizo una pausa, reclinándose en su silla giratoria "Pero tengo una pregunta por mi cuenta primero... ¿Alguien entre sus previos entrevistados alguna vez le dijo que... que quiere permanecer en el mismo puesto, o..." se encogió de hombros otra vez "sueña con ser un Presidente de Operaciones para siempre, sin avanzar jamás?" le dirigió una mirada amistosa esta vez "¿Estás entrevistando sólo COOs, verdad?" la tuteó.

Ella hizo un gesto tímido de asentimiento. Él la miró y también asintió, y luego pasó a responder realmente algunas de sus preguntas; las que había hecho al principio; las más inteligentes. Ella se mordió el interior de su boca mientras tomaba notas inferidas. Estaba grabando la entrevista. Dick Mueller tenía una mente aguda, eso podía decir. Respondió generalidades pero nada específico; ni un solo secreto salió de sus labios. Por su discurso se infería que sus procesos mentales eran esquemáticos, lineales.

También se dio cuenta que le estaba dando la oportunidad de recuperar el control, de recomponerse. Sintió que sus mejillas se ruborizaban de nuevo y se sintió avergonzada. Ella no era ninguna ingenua. Había entrevistado a cientos de personas antes. Era bastante inteligente, sofisticada. No podía creer que estuviera actuando como una tonta adolescente llena de hormonas, por el amor de Dios! Se sentía como en el refrito de una mala película; la escena cliché cuando la chica murmura contra los labios del dizque héroe: "Tómame ahora'...


. . .

Grace fue traída de vuelta de su ensueño cuando oyó una puerta que se abrió y pudo ver a Leo dejando la oficina de Helga. Cerró la puerta detrás de él y después de despedirse de la secretaria se vino derecho a encontrarla.

"Gracie..."

Ella lo saludó y caminaron uno al lado del otro rumbo a la escalera. Fue un cambio agradable ver una cara amable. Grace sabía que su presencia era apreciada por la mayoría de directivos y personal pero siempre había alguien lleno de algo que sólo podía llamarse envidia alrededor. Lo sabía que por la mal disimulada molestia en los rostros de las chicas. Bien, tal vez una de esas perras estaría ocupando su lugar algún día en el futuro, pero por ahora ella era la abeja reina y ellas tenían que chingarse.

"Bueno, eso estuvo bien," murmuró para sí mientras Leo desaparecía detrás de la escalera, aunque no antes de besar su mejilla. Grace regresó hasta las berrinchudas secretarias y antes de ofender a alguien más con sus suposiciones se volvió hacia la asistente de Helga.

"¿Helga está...?", Pero se detuvo cuando la chica se levantó de su silla sosteniendo apretadamente una agenda contra su pecho.

"Está tomando una llamada. De Tegucigalpa..." la chica movió la cabeza de arriba abajo, haciendo patente su eficiencia. "Había estado esperándola desde hace un buen rato."

"¡Perfecto!" Grace se rindió. Exhalando con exasperación mientras caminaba a la elegante sala de espera y tomaba asiento. Haciendo caso omiso de las expresiones escandalizadas, ella verificó su portapapeles. Levantaba la vista de vez en cuando. Hacia la puerta de Henry. Se preguntó cómo pasaría la noche del decimotercer aniversario de la muerte de su hijo. Reflexionando una vez más que tan profundamente lo había afectado; si era real que su sufrimiento había quedado atrás. Entonces se dio cuenta de que la presencia de Jerry en este justo momento no era coincidencia. Suspiró.

También lanzaba miradas a la puerta de Helga. Grace fijó su mirada verde en la rectangular pieza de metal que tenía inscrito su nombre. A ella realmente le gustaba la chica. Se había convertido en una parte importante de la empresa en un plazo bastante corto si tomabas en cuenta que de hecho era una extraña. Y había sido aceptada en el círculo familiar aún más rápido. A pesar de lo que podría parecer ella era real y genuina. Era leal; una ayuda inestimable para difunta señora Mueller y para el propio Henry.

Y aun así, a veces Grace no sabía qué pensar de ella. Con respecto a algunos aspectos de su vida la chica era realmente reservada. Uno nunca sabía lo que estaba pasando en esa cabecita rubia. Era una buena chica, aunque a veces tan loca como una cabra...


. . .

Su respiración se agitó. Empujó con fuerza. Lo tenía justo donde quería. Esta era la razón por la que estaba aquí, después de todo, ¿no? En su casa, en su cama. Empujó de nuevo y él gruñó, y el grave y profundo gruñido la volvió loca; la hizo temblar hasta la médula. A pesar de todo lo raro que esto fuera, tenerlo dentro de sí sentía tan bien que algunas veces temía que esta fuera su razón para vivir; la única. Bloqueó todo pensamiento y empujó con más fuerza. Él la agarró de las caderas y contrarrestó su golpe, sin clemencia. Ella gruñó. La suavidad no iba con ellos. Lo suyo era áspero contacto… fricción... hambre... lujuria. Apretó aún más fuerte. Él contra el punto donde sus piernas se unían. Se estaba quemando...

Toc toc toc

Grace parpadeó ante la repentina visión de Arnold llamando a la puerta de Helga. Arqueó una ceja dirigiéndose a la secretaria quien tuvo la decencia de mostrar una mirada de disculpa. Un ruido sordo se escuchó seguido de un gruñido. Grace se puso de pie. Arnold abrió la puerta y desapareció en el interior.

"¡Con un demonio! ¿Quieres provocarme un ataque cardiaco o qué diablos te pasa?!" Se escuchó, la última parte fue amortiguada por la puerta al cerrarse.

La aturdida secretaria se volvió hacia Grace, quien levantó la ceja. '¿Desde cuando Arnold llama a su puerta sin dirigirse a ti primero?' Estaba a punto de preguntarle cuando otra puerta se abrió.

Grace se volvió para ver a Dick manteniendo su puerta abierta para una chica de pelo rojo. Salieron a la sala y después de un intercambio rápido se dieron la mano. Grace se acercó sintiéndose invitada por el gesto de Dick.

"Ah, se me olvidaba," la chica habló de nuevo justo antes de darse la vuelta "¿Cree que podría aprovechar para hablar con la señorita Pataki ahora?"

La expresión cordial desapareció de la cara masculina. Grace movió arriba y abajo sus cejas, aprovechando el hecho de que la chica sólo tenía ojos para él y la ignoraba.

"¿Por qué no le preguntamos a su secretaria?" Dick señaló hacia Kitty, la eficiente, quien estaba de pie otra vez negando con la cabeza y comenzando una perorata acerca de cómo se concertaban las citas aquí y ese tipo de cosas.

"¿Por qué tenía que sacar a Helga cuando todo estaba saliendo tan biiieeeeeennnnnnn?" Grace murmuró en voz baja, burlonamente. Dick resopló.

"¡¿Me lo dices a mí?!", respondió. Le preguntó qué estaba haciendo allí y ella le respondió que estaba esperando a Henry. Luego esperaron hasta que la reportera programó una cita para finales de la siguiente semana, y vino a despedirse de nuevo, con la cara roja, y se enfiló rumbo al ascensor. La mujer de sesenta y tantos años se volvió hacia su compañero.

"¡No creas que no me di cuenta que estabas coqueteando desvergonzadamente!" le dio una palmada en el brazo juguetonamente.

"¿Quién? ¿Yo?" Él abrió los ojos fingiendo ofensa.

"¡Sí - tú! ¡Por supuesto que lo hacías!" Exclamó. "Caramba, te la pasas jugando al gato y al ratón! ¡Que malvado eres!" Ella lo empujó de nuevo. Él sacudió la cabeza con despreocupación, pero Grace vio la embarazosa sonrisa que mostraba que sabía que había sido sorprendido con las manos en la masa. Se encogió de hombros de nuevo y luego se acercó a ella, tomando su mano y llevándola hasta sus labios.

"No seas celosa," murmuró seductoramente contra su piel "Si ya sabes que siempre regreso a ti."

Grace se rió jovialmente mientras se dejaba guiar hacia su oficina. Era puras bravuconadas pero lo disfrutaba de todos modos. Las chicas debían estar que echaban humo. Y el hombre cuyo brazo se apoyaba en sus hombros olía deliciosamente. Ella suspiró. Si tan sólo tuviera treinta años menos.

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Bueno, final de la primera parte de este capítulo. La segunda parte es contada por Arnold, y ya está escrita, pero está sufriendo una importante modificación. Aun así, espero que sea publicada en unos pocos días. Gracias por leer, dejar reviews, favorecer o simplemente por estar aquí. Un agradecimiento especial a MarHelga, Mimi Geraldine, hel201, GRIMMM, Sweet sol y un invitado.

Descargo de responsabilidad: No soy dueña de Hey Arnold!
¡Hasta pronto!
01 de mayo 2015.