Cohete a la luna
Capítulo Diecisiete
Greg
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Lamento que me tomara tanto tiempo. La primera parte del capítulo fue escrita hace casi un mes. La última parte apenas antier. Fue escrita a la carrera. Espero no haber olvidado nada importante. Recordemos en qué íbamos.
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Toc toc toc
Grace parpadeó ante la repentina visión de Arnold llamando a la puerta de Helga. Arqueó una ceja dirigiéndose a la secretaria quien tuvo la decencia de mostrar una mirada de disculpa. Un ruido sordo se escuchó seguido de un gruñido. Grace se puso de pie. Arnold abrió la puerta y desapareció en el interior.
"¡Con un demonio! ¿Quieres provocarme un ataque cardiaco o qué diablos te pasa?!" Se escuchó, la última parte fue amortiguada por la puerta al cerrarse.
La aturdida secretaria se volvió hacia Grace, quien levantó la ceja. '¿Desde cuándo Arnold llama a su puerta sin dirigirse a ti primero?' Estaba a punto de preguntarle cuando otra puerta se abrió.
Grace se volvió para ver a Dick manteniendo su puerta abierta para una chica de pelo rojo. Salieron a la sala y después de un intercambio rápido se dieron la mano. Grace se acercó sintiéndose invitada por el gesto de Dick.
"Ah, se me olvidaba," la chica habló de nuevo justo antes de darse la vuelta "¿Cree que podría aprovechar para hablar con la señorita Pataki?"
La expresión cordial desapareció de la cara masculina. Grace movió arriba y abajo sus cejas, aprovechando el hecho de que la chica sólo tenía ojos para él y la ignoraba.
"¿Por qué no preguntamos a su secretaria?" Dick señaló hacia Kitty, la eficiente, quien estaba de pie otra vez negando con la cabeza y comenzando una perorata acerca de cómo se concertaban las citas aquí y ese tipo de cosas.
"¿Por qué tenía que sacar a Helga cuando todo estaba saliendo tan biiieeeeeennnnnnn?" Grace murmuró en voz baja, burlonamente. Dick resopló.
"¡¿Me lo dices a mí?!", respondió. Le preguntó qué estaba haciendo allí y ella le respondió que esperaba a Henry. Luego esperaron hasta que la reportera programara una cita para finales de la siguiente semana, y vino a despedirse de nuevo, con la cara roja, y se enfiló rumbo al ascensor. La mujer de sesenta y tantos años se volvió hacia su compañero.
"¡No creas que no me di cuenta que estabas coqueteando desvergonzadamente!" le dio una palmada en el brazo juguetonamente.
"¿Quién? ¿Yo?" Él abrió los ojos fingiendo ofensa.
"¡Sí - tú! ¡Por supuesto que lo hacías!" Exclamó. "¡Caramba, te la pasas jugando al gato y al ratón! ¡Que malvado eres!" Ella lo empujó de nuevo. Él sacudió la cabeza con despreocupación, pero Grace vio la embarazosa sonrisa que mostraba que sabía que había sido sorprendido con las manos en la masa. Él se encogió de hombros de nuevo y luego se acercó a ella, tomando su mano y llevándola hasta sus labios.
"No seas celosa," murmuró seductoramente contra su piel "Tú sabes que siempre regreso a ti."
Grace se rió jovialmente mientras se dejaba guiar hacia su oficina. Era puras bravuconadas pero lo disfrutaba de todos modos. Las chicas debían estar que echaban humo. Y el hombre cuyo brazo se apoyaba en sus hombros olía deliciosamente. Ella suspiró. Si tan sólo tuviera treinta años menos.
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Sorprendido, abrió la puerta para oír a Helga maldecir. Estaba inclinada hacia abajo jalando la silla. Su cabello estaba revuelto. Arnold corrió a su lado mientras ella se acomodaba la ropa y se peinaba sus cabellos rubios con los dedos.
"¿Qué pasó?" -preguntó, ayudándola a enderezar la silla.
"¿Qué crees que pasó?!" ella respondió, señalando la silla "¡Esta mierda se cayó!"
"¿La silla?" el chico rubio preguntó con sorpresa. Era una pesada silla giratoria... con una base de cinco patas "¿Cómo?"
"¡¿Cómo?!" eso pareció lograrlo. Finalmente explotó. "¿Cómo voy a saberlo?!" Casi le gritó "¿Qué es lo que te parezco, Arnold? ¿Un ingeniero de sillas?"
Arnold se agachó para echar un vistazo al objeto, pero ella lo tomó de la parte posterior de la camisa y apuntó a la otra silla.
"¡Ve a tomar tu asiento!" gruñó, empujándolo con fuerza. Arnold tropezó. "¿Qué estás haciendo aquí?" Al doblar la mesa una sensación extraña se apoderó de él... ¿Alivio? ¿Alegría?! Arnold frunció el ceño. ¿Sólo de verla actuar como la vieja Helga?! ¡Dios, vaya que soy raro! Escondió una sonrisa. ¿Y por qué estaba tan irritable de todos modos? Miró hacia arriba. El ceño fruncido lo hizo viajar de vuelta al viejo patio de juegos; a ver a la matonesa vestida de rosa. Era divertido. Como que la echaba de menos.
"¿Qué estabas haciendo?" no podía dejar de reír "¡Hombre, es una silla giratoria!"
Helga gruñó mientras caía pesadamente en su asiento.
"Pensando" resopló "Duh!"
"¿Pensando?"
"Yo pienso, Cabeza de Balón, pienso. Así es cómo trabajo. Y cuando pienso -o trabajo- me recargo en la silla, ¿ves?" ella de hecho lo hizo. Se empujó hacia atrás contra el respaldo. "Tal vez empujé muy fuerte, no sé, tal vez hay un bulto en la alfombra..." se inclinó para mirar al suelo.
Arnold la observó mientras buscaba un bulto probablemente imaginario en la alfombra. Tenía las mejillas ruborizadas. ¿Qué estaba haciendo antes de que él llegara?, se preguntó de nuevo, y luego frunció el ceño. Viéndola así no podía dejar de imaginarse teniéndola toda sudorosa y sonrojada entre sus brazos. Con su pelo suave revuelto y cubriéndole la cara como lo cubría hacía sólo un minuto. Muy bien... tenía que admitirlo. Se estaba volviendo raro a un nivel completamente nuevo.
"De todos modos," ella comenzó de nuevo levantando los ojos para verlo. Sus ojos parecían diferentes, más azules. Arnold tomó aire, sosteniendo su mirada y apoyándose cómodamente en su silla. "¿Qué quieres?" ella preguntó.
"¡Caray!" se rió "¿Por qué estás siendo tan ruda?"
"Tengo mucho trabajo que hacer Cabeza de Balón. Toneladas de trabajo de hecho," ella empezó a hurgar en los papeles sobre su escritorio "y tú estás aquí haciéndome perder mi valioso tiempo." hizo un mohín "¿Qué es tan importante que no podrías decírmelo por teléfono?"
"Lo siento," se sintió culpable de repente, pero la culpabilidad duró sólo unos segundos. Helga era una experta en mortificar a la gente. Pero entonces, mirándola de nuevo se dio cuenta de que parecía realmente mortificada. "¿Estás bien?"
"¡Con un demonio, sí!" gorjeó con impaciencia "Por el amor de Dios, ¿vas a decirme qué diablos quieres o no?"
Él asintió con la cabeza.
"Sólo quería decirte que sí voy ..." en vista de su confusión, añadió como buena medida "a tu fiesta con Rhonda".
"Ah, eso," ella por fin asintió "Muy bien," entonces se echó hacia atrás en su silla y lo miró con una media sonrisa "Parece que esa bonita novia tuya se tomó su tiempo para otorgar su permiso, ¿eh?" ella ladeó la cabeza.
"¡No necesito su permiso!" Arnold resopló. Ella se rió entre dientes.
"¿A qué le teme?" Helga hizo caso omiso y comenzó a rascarse distraídamente su clavícula, tirando a un lado su blusa color rosa y exponiendo la piel de su hombro. "¿A que tratemos de robarle su perfecto novio con cabeza de balón?" Cada vez más la piel, más a cada segundo...
"¡Gah!"
Sigue haciendo eso y tal vez lo consigas, pensó él, dejando su asiento como una manera de detenerse a sí mismo de seguirla mirando con la boca abierta. Sueña, Cabeza de Balón sueña... sacudió la cabeza. Su Helga interior tenía afición por burlarse de él. Por lo menos se siente lo suficientemente cómoda en mi presencia como para rascarse el hombro, pensó.
Mientras caminaba hacia la puerta volvió la cabeza para mirarla. Ella se estaba volteando en su silla giratoria siguiéndolo con la mirada, inclinándose hacia atrás. Era cierto, ella empujaba hacia atrás con demasiada fuerza. Tal vez él entendía ahora por qué se cayó en primer lugar.
"¿Te vas ya?" ella levantó sus cejas.
"Dices que estás ocupada" él se encogió de hombros "¿Tengo que llevar algo? ¿A la fiesta?"
"Mmmm" Helga tarareó, luciendo de repente adormilada "¿Tus bebidas?"
"Muy bien," asintió "¿Qué onda con la suyas?"
"Rhon-Rhon suele hacerse cargo de las bebidas... La comida va por mi cuenta."
"¿Qué vamos a cenar?"
"Sushi... comida china..."
"No india, ¿verdad?" él abrió los ojos mostrando preocupación.
Ella sonrió "No india, lo prometo" levantó la palma de la mano
"Está bien ... Ya estoy deseando que llegue el próximo viernes" habló de nuevo una vez llegando a la puerta.
"¡Yay!" Helga levantó ambos pulgares pero ya estaba buscando algo en su escritorio. Arnold cerró la puerta. Empezó a pensar en el tipo de trabajo que Helga realmente realizaba. Estaba en lo cierto. Su trabajo tenía mucho que ver con pensar. El suyo, en cambio, era algo parecido, aunque mayormente su trabajo era poner en papel sus...
"¿Quién te crees que eres yendo directamente a la puerta de Helga de esa manera?!"
Arnold parpadeó. Kitty, la secretaria de Helga estaba de pie frente a él; con los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada furiosa en sus ojos. Frunció el ceño. La mujer solía ser más agradable.
"Ella... ella me envió un mensaje. Me pidió que viniera."
"¿En serio?! ¿Así de simple?! ¡Te lo pidió y tu viniste?"
Kitty andaba buscando pleito, lo que era una novedad para él. No sabía cómo reaccionar ante su beligerancia. "Mmmm, ¿sí?"
"¡Arnold!" tanto Arnold como Kitty levantaron sus miradas para ver a una Deb de aspecto atormentado caminando hacia su oficina con las dos manos ocupadas con un maletín en cada una. "¡Ven aquí!"
Arnold se olvidó de Kitty y se apresuró al lado de Deb sin dudarlo. La ayudó a cargar la bolsa con su laptop y la siguió a su despacho. Un par de minutos más tarde salió de la habitación después de haber sido encomendado con un montón de trabajo extra y la impresión de haber sido contagiado de un mal humor que no le pertenecía. Gruñendo, llegó a su escritorio y dejó los papeles pero luego caminó derecho a la habitación privada de Greg.
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"¿Tienes un minuto?" -preguntó desde la puerta. Greg levantó la vista y asintió.
"¿Qué pasa?" preguntó su amigo. Arnold se sentó frente a él y exhaló. No sabía por dónde empezar. No quería ser entrometido, pero la verdad no sabía mucho de la jefa de ambos, de sus demonios. La chica había estado actuando diferente últimamente y eso le preocupaba. No era fácil dejar atrás los viejos hábitos, después de todo. Greg lo escuchó sin interrupciones y sin levantar la vista de su trabajo, la verdad sea dicha.
"Bueno, Arnold," Greg finalmente dejó su silla y se acercó a la estantería que estaba ubicada en la esquina de su oficina. "No sé si yo soy la mejor persona para contarte algo, pero supongo que alguien tiene que hacerlo," hizo una pausa ", y siendo que te estás convirtiendo en alguien, digamos, cercano..." se detuvo de nuevo y lo miró a los ojos. "Pero esto es sólo para sus oídos, ¿okay?"
"Por supuesto", asintió con la cabeza "¿Qué es?"
"Hoy es... No sé si ya has escuchado algo acerca de este día, pero...". Se detuvo de nuevo y se acercó a su ventana para mirar afuera por un rato "Creo que tengo que ir más atrás... traer un poco de historia de fondo." Después de una breve pausa, comenzó de nuevo "Aquí en Mueller tenemos un grupo muy cerrado, supongo que ya te diste cuenta. Quiero decir, la gente de arriba." Señaló el techo "Henry es el dueño; Dick del sobrino, Helga es la hija..."
"Helga no es de la familia." Arnold lo interrumpió.
"Para efectos prácticos, ella 'casi' lo es'" Las comillas en el aire que hizo Greg llamaron la atención de Arnold pero lo dejó ir "Deb es algo así como..." Greg hizo una mueca "ante los ojos de Henry, Deb es la chica que estaba destinada a casarse con Roger".
"¿Qué?" ésta afirmación llamó toda la atención de Arnold "¿Estaban ellos juntos?"
"No, de hecho nunca fueron pareja. Deb fue esta chica, ya sabes, que creció al lado de Roger... la que siempre estuvo enamorada de él. La hija del jardinero. Su compinche, su compañera de juegos. Roger siempre fue denso, con la cabeza en otro lado... él nunca se dio cuenta. O tal vez lo hizo, pero ¿quién sabe? Tal vez a él también le gustaba, pero no sabía qué hacer..." Greg se encogió de hombros demostrando el sinsentido de seguir especulando.
"Eso es tan..."
"Cliché"
"Yo iba a decir 'triste', pero sí, eso también."
"Bueno, es triste." La historia hizo a Arnold recordar otra, de hecho; una muy similar, mucho más cerca de casa. "Supongo que la muerte siempre lo es." Aunque excluyendo eso.
"¿Nunca le hizo caso, entonces? ¿Nunca correspondió a sus sentimientos?"
"Bueno, ella siempre fue su mejor amiga. Recuerdo que él se apoyaba mucho en ella. Se llamaban todo el tiempo, pero fuera de eso ..."
Arnold asintió.
"Hoy es su cumpleaños, supongo" intervino. Greg sacudió la cabeza.
"El aniversario de su muerte." corrigió.
"¿Cuánto tiempo ha pasado?"
"Trece años,"
"¿Trabajó aquí?"
Greg resopló.
"Podría decirse que sí, pero en realidad no lo hacía. Roger era un rebelde. Solía venir por un tiempo y luego se peleaba con su padre y se iba, desapareciendo durante largos períodos. Sucedió tantas veces que se hizo aburrido. Henry no era el mejor padre del mundo en aquel entonces, era muy estricto, controlador. La temprana muerte de Roger lo destruyó... a su esposa, a Deb... Es una historia realmente triste."
"¿Qué edad tenía?"
Greg se encogió de hombros "Casi la mía... tendría cuarenta hoy en día."
"¿Cómo pasó?"
"Un accidente de avión en Australia." Greg dijo sin emoción "Fue un momento difícil para todos. Era tan joven. La vida es injusta."
Arnold se echó hacia atrás y tomó aire a profundidad. Sólo podía imaginar la magnitud de semejante y desafortunado evento. La forma en que debió afectar a todo el mundo.
"¿Qué onda con Dick? ¿Fue difícil para él también?"
"Dick no estaba por aquí en ese entonces." Greg continuó "Él es más joven. Debe haber estado en la universidad o algo así. No eran cercanos, los Muellers. Creo que en realidad nunca hablaban entre sí fuera de reuniones familiares, si acaso."
Greg continuó. Parecía que una vez empezando era más fácil seguir desentrañando los secretos y misterios de la familia. Después del malogrado suceso Deb se acercó más a los afligidos padres, pero con el tiempo ella trató de dejarlo atrás y se fue a buscar pareja. Exteriormente al menos. En menos de dos años se había casado y divorciado de Brad Tilly.
En ese entonces fue que Dick arribó al círculo. Su tío y su tía lo colmaron de amor, regalos, atenciones, y – por supuesto –responsabilidades, pero Dick luchó contra ser considerado el reemplazo de Roger. Toda la excesiva atención por parte de la familia, toda esa presión, no sabía cómo tomarla; no fue fácil para él; no estaba listo. Así que simplemente consintió con estar presente y permanecer en la empresa para trabajar junto a ellos, pero era todo lo que estaba dispuesto a hacer.
Trabajar junto a ellos fue algo que sí hizo, y lo hizo bien. Por supuesto que todo el mundo sabía desde un principio que Dick no era sólo un empleado más. El suyo fue un entrenamiento intensivo para que se convirtiera, algún día, en la cabeza de Mueller Enterprises después del periodo de su tío. Periodo que, por cierto, había estado siempre marcado por las luchas de poder entre él y Glen Brennan. Entre otras cosas, para Henry Dick significaba continuidad; la perpetuación de su legado.
Pero esta idea se mantuvo sólo hasta la llegada de Helga.
Henry tenía a su favor que ni Glen ni Jerry, los dos principales inversores, tenían un heredero por su cuenta. Jerry tenía dos hijas a quienes no les importaba el negocio familiar. Se habían casado con tipos europeos y vivían en el extranjero. Lo mismo ocurría con Glen. Pero el principal interés de su única hija era el jet set, la vida social y recibir a tiempo de la empresa el cheque con su parte de dividendos.
Cuando Helga Pataki llegó nadie imaginaba que se convertiría en una amenaza para el plan. Ella trabajó sin tregua para conseguir colarse en el círculo familiar y se convirtió en alguien con poder en un período relativamente corto de tiempo. También estuvo dispuesta a recibir todo el amor y atenciones que Dick despreciaba. Estaba hambrienta de ello. Los Muellers cayeron redonditos por sus encantos y su dulzura. Todo el mundo la consideraba una caza fortunas, pero el tiempo había demostrado que era auténtica.
"¿Sabes?" Arnold finalmente habló de nuevo: "Cuando éramos niños Helga nunca fue la cosa más dulce de alrededor."
"¡Ya me imagino!" Greg resopló "Bueno, yo nunca voy a atrevería a decir que lo es, de hecho." se echó hacia atrás en su silla "Por supuesto que no me refiero a que sea una mala persona. Todo lo contrario. Creo que ella es, de hecho, uno de los activos más grandes de esta empresa."
Cuando Arnold preguntó acerca de la opinión de Greg con respecto a la sucesión, un tema de conversación que todavía se podía oír aquí y allá, su jefe sólo se encogió de hombros.
"Yo sé nada al respecto y no es de mi incumbencia." Declaró "Aunque independientemente de eso..."
Independientemente de eso, Greg pensaba que Dick era un excelente operativo pero su comprensión del gran panorama estaba lejos de ser ideal. Helga era realmente buena en eso, pero su experiencia en Operaciones era nula. Suponía que era complicado. Formaban un gran equipo juntos, pero cada uno por su lado...
"Creo que sólo estoy feliz de no ser yo el que finalmente va a tomar la gran decisión."
Arnold no podía estar más de acuerdo. Decidió cambiar de tema.
"Mencionaste algo sobre Helga siendo como una hija para Henry. ¿Eso significa que no compartes la opinión de que son pareja?"
Greg tomó aire.
"Mira, ya sé lo que parece, pero estoy casi seguro de que no lo son."
"¿Por qué estás tan seguro?"
"Porque yo los conozco desde hace años. Es decir, yo entiendo que el futuro es algo que preocupa a Henry. Quiero decir, su legado, todo lo que ha construido durante años, por su familia, por sí mismo, por su apellido. Eso es importante. Y, por supuesto, la gente en la posición de Henry quiere un heredero. Pero su heredero ya no existe. Más allá de todo el dolor por su perdida yace el dolor de que Roger no está aquí ahora. No hay heredero ya. Entonces Dick entra en escena. Pero Dick no es exactamente lo que un padre quiere, él es frío, tiene el corazón duro... Helga se ajusta más propiamente al molde, pero... ".
"Pero Helga no es de la familia"
"Sí." Greg tomó aire "Sé que Henry la adora. Estoy seguro de Helga también." se detuvo "Helga, sabes, Helga...", se rió suavemente "Es como una ironía del destino. Y sin embargo..."
"¿Y sin embargo...?"
"Bueno, debo confesar que... tengo algunas teorías por mi cuenta.
"¿En serio? ¿Tales cómo?"
"Es un poco complicado. Por ejemplo, todo el mundo piensa que Henry está cortejando a Helga para que ella pueda -eventualmente- darle un nuevo heredero, pero yo pienso diferente."
"¿Qué piensas tú?"
"Creo que Henry finge que está cortejando a Helga para darle a Dick una advertencia, para asustarlo."
"¿Para asustarlo?" Arnold parpadeó. "¿Si Henry tiene un heredero propio Dick puede decirle adiós a la herencia?"
"Bueno, básicamente. Pero también puede funcionar como..." Greg hizo un alto y se reclinó en su silla, tomando una bocanada de aire. "No, creo que es demasiado descabellado."
"¿Qué quieres decir?"
"Creo que lo que has dicho tú es más probable." exhaló "No sé por qué estamos hablando de esto. No es como si nos pagaran por ello, después de todo"
"¿Así que crees que tiene todo que ver con eso? ¿Con Dick estableciéndose? ¿Consiguiéndose una esposa y un heredero por su propia cuenta."
"Algo así," se encogió de hombros "O comprometerse con la familia y dejar de andar merodeando por ahí."
"¿Merodeando?" Arnold se perdió de nuevo.
"¿Merodeando… codeándose con gente del otro lado de la mesa?" Probablemente el rostro de Arnold mostró su confusión porque Greg continuó "Ya sabes, coqueteando con Glen y sus luchas de poder."
"Creo que me perdiste".
"Digamos que si Dick toma el lado de Glen luego ambos pudieran igualar el poder de Henry. Los dos juntos pueden poner a Henry en una situación incómoda."
"¿Y?"
"Teniendo a Helga de su lado debe conseguir que Dick se dé cuenta de que cualquier esfuerzo sería inútil."
"¿Debido a que Helga lo hace fuerte?"
"Bueno, también esta Jerry. Pero Helga ayuda mucho. Como te dije antes, Helga es un activo importante de la empresa." Terminó con convicción.
"¿Crees que Helga está consciente de todo esto?"
"¡Vamos!" Greg se rió "¡Ella no está toda esperanzada, sentada en una ventana de princesa y esperando que llegue su príncipe azul, eso es seguro!"
Arnold asintió. Greg tenía un punto.
"¿Así que todo esto tiene que ver con poder?"
"Por supuesto que todo tiene que ver con poder… y con política." Greg se echó a reír con una cierta frialdad. "El dinero gobierna el mundo."
"Eres frío" Arnold afirmó al ver su extraña mueca. Se puso de pie.
"Soy abogado Arnold. Sólo soy práctico".
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"No llevarás puesto eso, ¿verdad?"
"¿Qué?" Arnold se dio la vuelta para ver su imagen en el espejo, su atención fija en la camisa blanca "¿Por qué no? Es una bonita camisa."
"Vas al Downtown; a un maldito pent-house en Park Avenue!" Claire se dirigió al armario y empezó a hurgar. Un segundo después sacó una camisa de color verde oscuro que él ni siquiera recordaba que poseía. Le sacudió el polvo inexistente y la olió aunque la camisa estaba limpia. "Ésta y tus pantalones negros estarán bien."
"¿No es demasiado formal?"
"¿Una reunión con tus 'amiguitas elegantes'?" ella citó. Él había usado el término antes. "¿Necesito decir más?"
"Bueno," comenzó Arnold. La cosa era que no tenía intención de competir. Su objetivo era pasar una noche agradable volviendo a conectarse con una vieja amiga, con dos viejas amigas en realidad. Una de ellas no había visto en mucho tiempo; la otra no era más que una compañera de trabajo a quien sólo le conocía algunas pocas cosas personales. Aparte de la reunión en Luna Nueva, no había habido tiempo para reconectarse en realidad. Hablaban de trabajo, de ideologías de negocios y de los nuevos amigos, pero nada demasiado personal. "Ambas saben que no soy tan rico..."
"No se trata de estar forrado en billetes. Se trata de tener estilo." Claire lo interrumpió. "¿Recuerdas a Helga en el parque el otro día? Ella no perdía el estilo ni un segundo, ni siquiera cuando estaba paseando a un perro feo... Y dices que la otra..."
"Rhonda..."
"Rhonda... bien," Claire continuó mientras colocaba sus pantalones negros en la cama "es una fashionista quien casualmente trabaja en Vogue?!" ella levantó sus cejas "Créeme, no estás demasiado formal."
"Muy bien," Arnold asintió decidiendo darle el beneficio de la duda. Además, era un buen atuendo, ahora que lo veía de nuevo. Se quitó la camisa blanca y los vaqueros y comenzó a ponerse la ropa nueva, todo bajo mirada crítica de la Claire.
"¿Qué?" escupió. No le gustaba la forma en que lo miraba.
"¿Estás ganando peso?"
"¿Por qué?" se volvió a ver a su abdomen "¿Estoy gordo?"
"No gordo... pero te ves... diferente." Claire hizo una mueca. "Quiero decir, mira tus brazos..."
"Ya sé" Arnold se quejó. Tal vez estaba trabajando en exceso en el gimnasio. No era tan alto y esos músculos pudieran ser demasiado para él, demasiado notables. Tal vez debería preguntar al entrenador de nuevo.
"Pero, ¿sabes? De hecho no se te ven nada mal, sólo..." ella vaciló.
"¿Diferentes?" –preguntó él, haciendo un gesto.
Se volvió hacia el espejo para ver su imagen mientras se abrochaba los pantalones y se subía la cremallera. Se veía bastante bien, sobrio, y los músculos extra en sus brazos lucían bastante bien. Claire le lanzó su cinto nuevecito.
"Tus zapatos están encerados, ¿verdad?"
"Sí", frunció el ceño y se volvió a verla a través del espejo. "¿Por qué estás siendo tan... comprensiva?"
Claire resopló.
"Arnold," ella comenzó "Tienes una amiga que vive en un último piso en Park Avenue. Ella te ha invitado a una fiesta. Sólo tú, ella y su mejor amiga." Casi rodó los ojos "Estamos en el mismo barco. ¿Qué más quieres que haga? ¿Plancho tus calcetines? Lo haré si me lo pides."
"¡No! ¡Por el amor de dios!" resopló, dando un paso atrás.
"¡Estoy segura de que harías lo mismo por mí!" replicó ella.
"Bueno, cuando lo pones de esa manera." Se encogió de hombros. Definitivamente la apoyaría. Eran un equipo, después de todo, socios. Aunque a decir verdad no sabía cómo se sentiría si ella le pidiera consejo para ponerse toda bella antes de encontrarse con un tipo que viviera en la parte más bonita de la ciudad. Incluso cuando él no era el tipo celoso... Mejor no pensar en ello.
Arnold echó una mirada extra al espejo y le gustó lo que vio. Tomó su chaqueta y su cartera y salió de la habitación.
"¿Así que me veo bien?" -le preguntó al entrar en la cocina. Ella asintió con la cabeza.
"Guapo", se mordió el labio "un tanto robusto..."
"¿Robusto?" su rostro decayó "¿Quieres decir que me veo gordo?" caminó de regreso a la habitación y alcanzó el espejo.
"No, no gordo... pero no no-gordo tampoco" Claire venía detrás de él, una pequeña sonrisa en su rostro.
"¡Dijiste robusto!" señaló.
"Robusto significa fuerte... de sólida construcción..." ella sonrió más ampliamente, con cierta burla.
"¿Pero no gordo?"
"No, no estás gordo. Estás guapo." le lanzó un beso "tal como a mí me gustan."
Vio a su imagen una vez más antes de salir de la habitación.
"Pero no gordo, ¿verdad?"
Claire sonrió "¿Te llevarás el coche?" preguntó a su espalda.
"No... Helga dijo que el anfitrión suele hacer el... reparto de invitados." Claire murmuró algo para sí misma. Él la ignoró y tomó sus llaves "Bien, creo que me voy."
"Muy bien", se le acercó para picotear sus labios "Vas a contarme todo el chisme cuando estés de regreso, ¿verdad?"
Arnold sonrió nerviosamente y dejó escapar un indeciso "Supongo", cuando el timbre sonó. Claire le dio una palmada en el trasero y se rió alejándose para checar la puerta. Él se apresuró a volver a la habitación para ver si no olvidaba nada. Una última mirada al espejo no hacía daño a nadie, ¿verdad? No gordo, bien. Salió de la habitación dándose cuenta de que se estaba poniendo nervioso.
Brenda pasó por delante de él en su camino a la cocina, llevaba unas bolsas de plástico de aspecto pesado.
"¿Qué es esto?" preguntó
"¿Claire no te lo dijo?" ella respondió: "Vamos a tener nuestra propia fiesta."
Brenda movió sus cejas arriba y abajo mientras sacaba botellas y otras cosas de las bolsas.
"¿Qué? ¿Acaso te crees que eras el único que iba a pasársela bien esta noche?" Añadió Claire.
"¿Viene alguien más?" preguntó con cautela.
"Sólo el chisme... cuando regreses..." Brenda le guiño un ojo.
"¡Nah!" Claire minimizó sus dudas con un gesto de su mano "Somos solo nosotras dos. ¿Qué podría ser más divertido?" preguntó desde la puerta. Ella la mantenía abierta para él. Arnold la tomó de la mano cuando la alcanzó.
"Ustedes dos no van a invitar a algunos chicos para que vengan en mi ausencia, ¿verdad?"
Claire lo miró inocentemente y luego rodó los ojos.
"¡Mira quién habla!" ella se rió "¡Arnold Shortman, eres tú el que tendrá dos muñecas para él solo esta noche!"
Y con eso ella lo empujó y cerró la puerta.
Arnold se agarró a la barandilla de hierro. Se sintió tentado de abrir la puerta y dejar claro que lo que ella implicaba no era cierto, en lo absoluto, pero entonces recordó que ella ya lo sabía.
Y también él sabía que ella no iba a traer a nadie más a su casa. Eran sólo ella y Brenda. Las dos solas podrían tener la mejor de las veladas. Bajó las escaleras y siguió arriba por la calle. Había una tienda de licores a la vuelta de la esquina. Compró dos six-pack y una botella de tequila. Luego tuvo problemas para manejar el cambio. Dos monedas se fueron rodando por el suelo de baldosas y los billetes no querían entrar en su billetera. Se rió para sus adentros. ¿Por qué estaba tan nervioso? ¡Sus manos sudaban por el amor de Dios!
Respiró hondo un par de veces disfrutando de la frescura del aire que le tocaba la cara mientras se dirigía hacia el sur. ¿Por qué se estaba poniendo tan nervioso? se preguntó de nuevo. ¿Era por encontrarse con Rhonda después de tantos años sin verla? No creía que fuera por eso. Era como si le hubieran dicho que iba a ver a Lila, Nadine, Ruth o cualquier otra de las chicas de la escuela primaria. Sería agradable, pero nada más.
¿Era por ver a Helga? ¿En un entorno privado? ¿En su propia casa? En un lugar donde nada ni nadie relacionado al trabajo iba a ser discutido, sólo cosas privadas, personales. Recordó entonces que Rhonda solía ser la reina de los chismes y un escalofrío le recorrió la espalda. Él debía estar dispuesto a revelar algunas cosas personales si esperaba aprender algo nuevo de ellas. Debía estar preparado.
Pero en cambio, lo que realmente esperaba era... se detuvo. Probablemente era sólo el verla, observarla. Intentar saber si ella se sentía algo de lo que él sentía. Si ella también se sentía atraída hacia él, si se sentía nerviosa en su presencia. En la intimidad de su casa, incluso si Rhonda estaba presente, sería más fácil descubrir alguna pista, alguna idea de sus sentimientos hacia él. Quería reunirse, reconectarse. Ya era hora de dejar de lado las dudas.
¿Para qué? preguntó su mente.
Un claxon se escuchó seguido por un chirrido de neumáticos. Un taxi se detuvo en la esquina y él corrió a alcanzarlo antes de que alguien más se le adelantara.
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No soy dueña de Oye Arnold! Craig Bartlett y Viacom lo son, según sé. ¡¿Por qué no hace Paramount la película de la selva de una vez?!
No soy dueña de ninguna otra MR mencionada aquí.
Pido disculpas de nuevo por la larga espera. Voy a hacer mi mejor esfuerzo para actualizar en dos semanas. Rhonda aparecerá en el próximo capítulo.
Gracias por leer y gracias muy especiales a Mar Helga, Turquoise Girl y Sweet-sol. Me da mucho gusto leer su retroalimentación.
Hasta pronto.
24 de mayo de 2015
