Cohete a la Luna

Capítulo Dieciocho

El Fumador


. . .

Hacía unos minutos que había llegado a la puerta principal del edificio y ya sabía que algo andaba mal. No había intercomunicador. Golpeó la puerta varias veces, pero no hubo quien respondiera. Estaba empezando a preguntarse si debía llamar a Helga cuando una pareja salió diciendo algo sobre el portero luciendo indispuesto. Ellos le permitieron entrar. La pareja lucía deslumbrante, vestida para ir a la ópera o algo así, lo que lo hizo agradecer interiormente a Claire por sugerirle cambiar de atuendo. Él no era de los que estaban interesados en ropa de diseñador, pero tampoco quería lucir como un vagabundo. Llegó al ascensor y apretó el botón del último piso.

El nerviosismo que había estado creciendo sin cesar desde el momento en que salió de su casa estaba ahora probablemente en su punto máximo. Exhaló. ¿Por qué se sentía como un ladrón? Inhaló de nuevo. Mirando a ambos lados del pasillo Arnold dudó un segundo, Luego optó por la derecha, donde se escuchaban voces indistintas. Exhaló una vez más cuando se detuvo frente a la puerta marcada 17B. ¿Debería llamar? La puerta estaba entreabierta. Vaciló de nuevo, sin saber qué hacer. Entrar al edificio sin previo aviso no sonaba tan buena idea ahora.

Levantando su mano para llamar a la puerta y se detuvo de nuevo. Las voces eran claras ahora. Sonrió para sí. ¡Esa voz! Incluso si no supiera que estaba a punto de ver a Rhonda Lloyd reconocería esa altiva voz donde fuera. Así que, de pie junto a la puerta, medio adentro y medio afuera, permaneció en silencio. Sería interesante escuchar cualquier cosa que la otrora 'Princesa' tuviera que decir.

"Y sí, tenías razón. Llamó hoy. ¡Precisamente hoy de entre todos los días! ¿Puedes creerlo?" expresó con su pizca de soberbia.

"¡Hombre! Vaya que es malo para elegir el momento más conveniente." Helga respondió. Había pequeños ruidos de cocina que amortiguaban las voces. Arnold tenía que esforzarse para seguir escuchando. "Pero ese tipo siempre se aparece en un mal momento. De hecho, creo que ese fue exactamente el modo cómo lo conociste, ¿no?"

"No puedo creer que lo recuerdes." Rhonda dijo en un murmullo.

"¡Tengo una memoria prodigiosa!" Helga se jactó "De todos modos, ¿qué dijo cuándo le dijiste que tenía planes para esta noche."

"¡Qué crees que dijo?"

"Déjame adivinar, mmm. Se enojó." No era pregunta. Arnold frunció el ceño. Rhonda gruñó una respuesta afirmativa. "¡Hombre, no sé por qué todavía lo aguantas! ¡Es un idiota!" la sabelotodo respuesta de Helga pareció molestar a Rhonda. Ella dejó escapar una exhalación.

"¡Muy bien! Parece que quieres hablar de idiotas, entonces vamos a complacerte," ella resopló. "Perdona, pero creo que no soy yo la que podría estar embarazada sólo porque no me atreví a decirle a mi hombre que 'sin protección no hay amor'."

"¡Hey! ¡No estoy embarazada!" Helga se quejó en voz alta "Además, sí teníamos 'protección', es sólo que..." corrió con algo ininteligible.

Los oídos le zumbaron a Arnold. No debería estar husmeando. Esto era mucho más que lo que alguna vez quiso saber, pero en vez de golpear la puerta de una buena vez sus pies se quedaron quietos.

"¿Cómo es que alguien como él no trae preservativos a una 'booty call'?"

"No era una invitación sexual," la rubia se quejó "pero ya sabes que nunca sabes qué esperar cuando se trata de él..."

"Pues deberías haber encontrado ya una manera de adivinarlo," La voz de Rhonda sonó amortiguada mientras se escuchaba el sonido de sus tacones moviéndose alrededor del lugar "Podría estar embarazada este mismo momento, y todo por culpa de una calentura."

"¿Qué? ¡Espera! Nop. ¡De ninguna manera!" un golpe se escuchó seguido por el quejido de Rhonda. Arnold exhaló. El mundo comenzó a moverse de nuevo. "¡Por el amor de Dios, Princesa! ¿Qué diablos tienen que ver 'quedarse sin condones' con 'estar embarazada'?! "

"¡He-llou!" fue la respuesta sarcástica de Rhonda. Helga se burló.

"Yo no sabía que veías esas ñoñas telenovelas que Bob solía ver, princesa. ¿Cuál sería la reacción de tu jefa si lo supiera, ¿eh? ¿Su discípula favorita perdiendo el tiempo viendo un barato drama brasileño?!"

"¡¿Su discípula favorita?!" Rhonda resopló "¡Ojalá!" se detuvo, pero luego continuó "Aun así, no me voltees el asunto. La negligente aquí - eres tú."

"Sí, sí, lo que sea." Helga suspiró "Pero henos aquí; El siglo 21 y 'la ciudad que nunca duerme" Tienes que ser muy estúpida para quedar embarazada. "

"¿Es 'la ciudad que nunca duerme" y tú tienes sexo sin protección?!"

"Bueno, no fue precisamente sin protección... ¡Y no es como si él fuera un extraño después de todo!" La voz exaltada de Helga se tornó de disculpa. "Ya sabes cómo es. Se aparece en mi casa sin previo aviso. No me digas que nunca te ha sucedido. Pensé que sólo quería hablar, no esperaba que llegara con tan... altos espíritus..." exhaló.

"¡Estás loca por él!" La voz de Rhonda llegó débil por los ruidos del cristal. La burla desdeñosa de Helga pasó fácilmente. "¡Vamos, sólo admítelo de una buena vez!"

Lo que fuera que siguió a la demanda de Rhonda fue ahogado bajo el sonido de la licuadora rugiendo a la vida. Cuando el ruido estridente se acabó era ella quien estaba hablando de nuevo.

"Henry se volvería loco si resultara que estás embarazada."

"¿Qué te traes ahora con los bebés?!" Helga le preguntó asombrada "¡No estoy embarazada! Conozco mi ciclo."

"¿Te gustaría? ¿El ser mamá?"

"En serio Rhonda..." Helga comenzó pero el sonido de vasos siendo llenados se escuchó. Ella tomó un sorbo de algo.

"¿Y dime?" Preguntó la chica de cabello oscuro.

"Estas mejorando y mejorando." Silbó "Casi al nivel de Miriam."

"¡Te lo dije!" Rhonda exclamó y luego ella también bebió su bebida. Arnold pensó que ya era hora de anunciar su llegada, ahora que las voces y los ruidos se detuvieron a la vez, pero luego la voz de la chica de pelo oscuro volvió a hablar. "¿Sabes?" se detuvo "Por lo menos nadie se atrevería a decir que estás con él sólo por su dinero." Hizo una pausa "Quiero decir, a pesar de él que es extraordinariamente rico y todo eso..."

Después de una inspiración larga Helga habló.

"Supongo que tienes razón. Aunque no estoy tan segura." suspiró "Lo siento."

"¿Por qué?" cierta amargura llenaba la voz de Rhonda.

"Porque te han llamado así."

"No fuiste tú quien lo dijo," era obvio Rhonda estaba fingiendo indiferencia. "... sino el mismo cerdo."

"¡Hey! ¡Esta es nuestra noche!" Helga la interrumpió "No pienses en él. Es un idiota y me alegro de que estés finalmente dándote cuenta. Tuvo suerte de tenerte por un tiempo. Te tuvo y te perdió. ¿Quién es el perdedor ahora?"

"Lo sé", Rhonda exhaló "Pero todavía siento que mi sangre hierve cuando me acuerdo,"

"Ya sé lo que quieres decir." Helga exhaló. Las voces eran más cercanas ahora. "Juro que si lo vuelvo a ver voy a presentarle a la Vieja Betsy".

Rhonda se rió en voz baja. "Olvídate de él."

"Eso es lo que te he dicho desde el principio."

"Mejor vamos a hablar de ti. De ti y esos nueve meses de feliz espera."

"Gah!" Helga casi se ahogó en su bebida. El humor de Rhonda se podía oír en su risa mientras la rubia tosía.

"Te verías linda con tu enorme barriga" se rió. Estaban a punto de salir de la cocina.

"¡Cielos Rhon!" la rubia finalmente pareció recuperarse. Se alejaban, de acuerdo al sonido de sus pasos. "Si no te conociera bien pensaría que eres tú quien se está muriendo por lidiar con pañales apestosos y..."

Eso era todo. Arnold levantó la mano...

Toc toc toc ...

"¡Ya era hora, con un demonio!" La voz molesta de Helga llegó desde algún lugar dentro del apartamento.

Arnold abrió la puerta lentamente cuando está se abrió de golpe.

"¡Arnold!" antes de que pudiera reaccionar se encontró en brazos de Rhonda. Ella lo abrazó con fuerza y luego le besó ambas mejillas.

"Rhonda..."

"Arnold Shortman..." ella se detuvo, dando un paso atrás para verlo. Arnold se dio cuenta de sus ojos lo estaban observando detenidamente. Hicieron una pequeña pausa en sus brazos y una sonrisa traviesa apareció en sus labios. "¡No me dijiste que es precioso!" Rhonda gritó por encima del hombro. Helga se burló desde algún lugar en el interior. "Ven." finalmente ella tiró de su mano y cerró la puerta tras de él.

"Es bueno verte también, Rhonda. ¡Dios mío! ¡Eres hermosa!" Arnold logró decir.

"¡Vaya, gracias señor!" Rhonda le guiñó un ojo y se dio una graciosa vuelta, como una modelo, y terminó su acto dirigiéndole una sonrisa de millón de dólares.

"Aunque no sé por qué estoy sorprendido. Siempre has sido hermosa." Arnold miró de nuevo sus jeggings negros de falso cuero y su blusa semitransparente. Su cabello era diferente de como Arnold recordaba. Caía en ondas largas y llegaba al centro de su espalda.

"Oh, Arnold. ¡Es tan bueno volver a verte!" asió su brazo con ambas manos y siguió caminando, dejando la cocina y el vestíbulo detrás. "No puedo creer que no nos hemos visto desde..."

"Creo que desde la boda de Phoebe y Gerald" él dijo.

"¡Oh Dios! ¿De verdad? ... Pero se sintió eterno."

"Bueno," Helga pronunció y Arnold volvió a verla inclinada sobre la chimenea. "No creo que en realidad hayamos visto mucho de la vieja pandilla en la boda. Era un lugar muy grande y había demasiada gente."

"Sí, puede que tengas razón..." después de ver Helga agitar el fuego Rhonda se volvió a verlo. Era una noche de octubre, pero ya hacía frío. La hoguera era un toque acogedor. "Pero no recuerdo haberte visto en lo absoluto"

"Bueno, estuve allí", pronunció él después de aclararse la garganta. Helga se enderezó de su posición y pudo ver que llevaba un par de leggings de color canela que la hacían lucir como si no llevara nada, absolutamente nada puesto. Una blusa beige y un 'echarpe' estiloso completaban el número. Era una vista para quitar el aliento.

"Por supuesto que estuvo allí," Helga respondió viniendo a ellos "Fue el padrino del novio, ¿recuerdas?"

"¡Claro!" Rhonda finalmente habló "¡Dios mío creo que estuviste de hecho en mi mesa!"

"Sí, así fue."

"Arnold..." Helga los interrumpió señalando las bolsas todavía estaba sosteniendo. "¿Por qué no llevas tus bolsas a la cocina?"

"Claro."

"Siéntete como en casa." Ella gritó mientras él se encaminaba de vuelta a la entrada, siguiendo sus indicaciones. "La nevera está escondida detrás de la puerta. Ten cuidado porque El Fumador siempre está acechando.

¿El Fumador? Debe ser el perro, pensó. Habían pasado años desde la última vez que Arnold había oído ese nombre.

La cocina estaba por la entrada, a la izquierda, por eso es que pudo escucharlas desde fuera. Arnold entró y se quedó sorprendido por el tamaño de la habitación y por todos los gabinetes que cubrían las paredes, desde el suelo hasta el techo. En el fondo de la habitación había una pequeña ventana que daba a la calle 58; la cual estaba abierta. Arnold suspiró mirando hacia abajo. Se acercó de nuevo a la nevera y colocó las cervezas en el estante superior. En la isla de mármol negro había una licuadora, una botella abierta de tequila, limón, sal y otros ingredientes. Dejó la nueva botella allí y se dio la vuelta para volver antes de que las chicas comenzaran a preguntarse sobre su paradero. Antes de salir Helga llegó.

"¿Quieres una margarita, Arnold?" -preguntó con amabilidad mientras se lavaba las manos.

"No, gracias. Supongo que tomaré una cerveza."

"Hay cervezas ya frías allí", dijo acercándose. Ella se agachó para pasar bajo su brazo y se paró frente a la nevera.

"No sabía que te gustaba la cerveza." Dijo mirando la cerveza importada que ella tenía allí.

"No es mi elección favorita, pero..." se encogió de hombros "ten" le entregó una botella.

Él le dio las gracias y abrió la bebida. No se movió. Estaba de pie muy cerca de ella, invadiendo su espacio personal de hecho, pero ella había sido quien se puso a sí misma en esa posición, ¿no es cierto?

"¿Alguna otra cosa que te apetezca?" -le preguntó con una sonrisa socarrona, obviamente consciente de su posición. 'Demándenme, pero yo voy a retroceder ", pensó él. Sus ojos estaban a pulgadas de distancia. Él los observó con atención. Siempre le gustó su especial tono de azul; ojos azul oscuro con un aro negro rodeándolos. Hacían juego con sus cejas oscuras... y curiosamente contrastaban con el luminoso rubio de su cabello. Él siempre se maravilló...

"Siempre me maravillé ..." habló sin pensar.

"¿No tuviste problemas para encontrar el lugar, espero?" ella se aclaró la garganta interrumpiéndolo. Ella había estado en silencio también. ¿Lo había estado observando?

"No... fuiste clara con la dirección." él respondió. "Pero de hecho tuve problemas para entrar..." Luego se procedió a hablarle del portero desaparecido y de la pareja de residentes que lo dejó entrar.

"¿En serio?" Helga frunció el ceño y cerró la nevera. "¿Está Teddy enfermo o algo así?"

"No tengo ni idea. No vi a nadie allí."

Diciéndole que los aperitivos estaban en la mesa de café ella lo acompañó fuera de la cocina y luego regresó para usar el teléfono. Parecía preocupada, pero él la dejó en paz. Rhonda estaba sentada en el sofá viendo su teléfono cuando él llegó a la sala de estar. Arnold se dio la vuelta para observar el lugar. Era un enorme y espectacular apartamento; el tipo de lugar que te hace voltear a verte los zapatos para comprobar que están presentables. Podía ver a otro par de habitaciones más allá de la amplia sala de estar. Parecían ser galerías de algún tipo.

No sabía que Helga fuera tan extrovertida y sociable. Por lo que sabía de Nueva York, lugares como éste eran propiedad de personas con una vida social muy activa. Esos hermosos muros, los techos altos y la cuidadosa decoración gritaban opulencia. Caminó hacia las ventanas de enfrente. Allá abajo estaba Park Avenue en pleno apogeo. Si estuviera de pie en la calle justo frente al edificio se podría ver el Helmsley. Arnold frunció el ceño. Meses atrás Helga le había dicho que vivía en Chelsea y aquí estamos ahora, pensó, en Midtown.

"¡Hey chicos! ¿Podrían... mmm... empezar sin mí?" Helga gritó desde la cocina. "Voy abajo, pero volveré en un abrir y cerrar de ojos". Arnold se dirigió al vestíbulo y se asomó, pero la puerta de entrada ya estaba cerrada. Se volvió a Rhonda quien tenía un ceño fruncido posado en la frente.

"¿Qué pasó?" preguntó. Arnold abrió los ojos mostrando su confusión. Le contó lo que le había dicho a Helga. Rhonda asintió, comprendiendo.

"Es un buen grupo de personas viviendo aquí". Ella dijo simplemente.

"¡Ni quien lo dude!" Arnold sonrió y sacó sus brazos mostrando el lugar. "¿Cómo puedes no serlo cuando vives en un lugar como éste?" se rió.

"Lo sé", Rhonda estuvo de acuerdo, colocando su teléfono celular sobre la mesa.

"Es raro." agregó "Yo siempre pensé que tú vivirías en un lugar como este, no Helga."

"Mmmm" Rhonda vaciló "No sé si debería sentirme ofendida", dijo lentamente.

"¡Por favor no!" Arnold se apresuró a decir: "De hecho era un cumplido. Recuerdo tu casa en Hillwood."

"Correcto", ella sonrió "Eso es lo que me supuse. Eres Arnold, después de todo".

Una carcajada repentina procedente de su garganta congeló su brazo con la cerveza en el aire.

"Ahora soy yo quien no sabe si debería sentirse ofendido."

La sonrisa de Rhonda creció. Tomó un sorbo de su bebida.

"No quise decirlo en el mal sentido," eso parecía una disculpa. Ambos sonrieron.

"Parece que estamos a mano ahora."

"Sí," Rhonda asintió. Si acaso, su mutuo descuido pareció funcionar como un rompe hielo. "Así que... ¿dónde vives, Arnold?" ella preguntó. El chico rubio vaciló. ¿Estaba todavía haciéndole pagar por su resbalón o... simplemente ésta era Rhonda en su mejor faceta?

"Hacia el norte", dijo "En la 119 y... Saint Nicholas?"

"¿Por Columbia?"

"Sí, justo al otro lado del parque", asintió. Se mordió el labio.

"Dicen que Harlem está de moda."

Arnold se rió. "Downtown está de moda." Él le corrigió con una sonrisa "De eso no hay duda. ¿Dónde vives tú, Rhonda, si no te importa que te pregunte?"

"Claro que no," ella dijo "En Soho".

"Por supuesto," él sonrió "Downtown".

Ella se encogió de hombros "Es un barrio agradable..."

"Bohemio, según dicen" él agregó. "Lleno de artistas y gente cool."

"Bueno, tal vez. Pero el mío es, sabes, sólo un pequeño y acogedor apartamento," Ella levantó su vaso y señaló a las paredes "Nada que ver con esto. Aquí es..."

"¿Opulento?" Arnold terminó por ella.

"Bueno," Ella asintió con la cabeza. "De hecho sí."

"Nunca esperé que Helga viviera en un lugar como este." dijo como para sí mismo.

"¿En serio?" preguntó "¿Qué esperabas? - si no es mucho preguntar, por supuesto." la esquina de sus labios se curvó hacia arriba. Arnold sonrió por reflejo. Ella era realmente una mujer hermosa. Elegante, refinada, graciosa... ¿Estaba corrigiéndolo?

"No sé, no tan excesivo, eso es seguro. En realidad, yo pensaba que ella era más... del tipo bohemio". Se encogió de hombros

"Bueno, supongo que tienes razón. Helga es menos convencional que esto, pero sabes, este lugar le fue legado por testamento." Se volvió a verlo "No sé si ya lo sabías" Arnold asintió "La esposa de Henry lo decoró ella misma y creo que a Helga le gusta recordarla así. Fuera de la cocina ella no ha hecho prácticamente ningún cambio."

"¿La conociste?" preguntó él "¿A la señora Mueller?"

Ella se acercó al final de la habitación y tomó una fotografía de un estante.

"Por supuesto." Rhonda dejó escapar una sonrisa agradable. "Era una mujer muy amable, muy inteligente."

"¿Lo era?"

"Ajá" La chica de pelo oscuro asintió y le entregó la foto. "Era encantadora. No se le podía negar nada, no importa lo que te pidiera. De la misma manera que no le puedes negar nada a Henry."

Ella procedió a contarle que los conoció a todos ellos cuando se mudaron a la ciudad alrededor de seis, siete años atrás. Ella ya era una neoyorquina por derecho propio.

"Helga y yo no teníamos este arreglo en aquel entonces, sabes, por lo que no la veía mucho, pero sé que eran muy cercanas, casi como madre e hija. Hicieron gran parte de la mudanza juntas, buscado apartamentos y todo eso..."

Arnold medio la escuchaba mientras observaba la foto. Esta mostraba a Helga y a la señora Mueller en un abrazo lateral en lo que sonreían al fotógrafo. La señora Mueller tenía el pelo blanco, pero era obvio que había sido rubia. Tenía la misma estatura de Helga, tenían constituciones similares y de no saberlo habrías pensado que era su madre.

Rhonda continuó hablando mientras él daba un vistazo rápido al resto de las fotos. Helga y Miriam estaban en la segunda. Como había dicho antes, Helga se parecía más a la señora Mueller que a su propia madre. Olga y sus hijos estaban en la tercera foto. La última mostraba uno al lado del otro a su 'actual' familia: Helga, Henry, su esposa y Dick.

"¿Sabes?" él habló cuando Rhonda hizo una pausa "Yo... en mis viejos recuerdos, Helga es un poco..." vaciló y levantó la vista para ver los ojos oscuros de Rhonda fijos en él-

"¿Un poco?"

"Bueno," él parpadeó deliberadamente "lo contrario de suave. Quiero decir, ella alejaba a la gente. Le gustaba tener la guardia alta..." colocó la foto en su lugar y le lanzó una última mirada al resto de ellas antes de caminar con Rhonda de vuelta a la sala. Se sentaron una junto al otro en el - ahora que se ponía a pensar – extremadamente cómodo sofá "Encuentro un poco extraño que ella haya... bueno... 'adoptado' a una familia."

"Bueno, sí," Rhonda suspiró profundamente "Pero Helga no siempre fue así. Ella cambió con el tiempo..."

"¿lo hizo?"

Rhonda asintió "Cuando estábamos en la secundaria, en el último año, ella era mucho más agradable. Era extrovertida, tú sabes, la estrella regular en la pista de baile, tuvo un par de novios y todo eso." Hizo una pausa "Cuando estábamos en la universidad, incluso pensé que iba a casarse antes que todos nosotros."

"¿Casarse? ¿En serio?" Arnold parpadeó.

"Bueno, sí, tenía un novio muy posesivo. Pero entonces, su padre falleció y ella volvió a su concha. Phoebe estaba muy preocupada por ella."

"¿Por qué? He oído que lo hizo todo bien cuando estuvo a cargo de la compañía de su padre."

"Le fue bien, sí, en el campo de los negocios." Rhonda tomó otro sorbo de su bebida y Arnold pensó que parecía incómoda "Pero en el interior estaba hecha un desastre."

"¿Cómo es eso?"

"Oh, Arnold... Me siento un poco incómoda hablando contigo acerca de esto." Rhonda se levantó y se dirigió a la cocina, donde sirvió nuevamente ingredientes en la licuadora para hacer otra mezcla. Arnold siguió sus movimientos. Cuando terminó llenó un nuevo vaso y se volvió a verlo. "Ya sabes cómo es Helga, le gusta mantener sus cosas privadas, -pero por otro lado," exhaló "Quiero decir, tú eres Arnold, después de todo, y yo no sé por qué, pero siento que puedo confiar en ti. Tú tienes siempre esa... aura... Además," resopló "Helga dice que sigues siendo el mismo pendejo bonanchón de siempre... "

Arnold rió y Rhonda dejó escapar una sonrisa de disculpa.

"Lo siento."

"No te preocupes. Sé que esas serían las exactas palabras de Helga." Se encogió de hombros con indiferencia. "Y está bien. Entiendo que desees respetar su intimidad." Abrió la nevera para tomar otra cerveza.

Rhonda negó con la cabeza. "De todos modos, ella cambió una vez más," ella dijo, continuando su conversación anterior. Arnold se preguntó si hubiera sido capaz de contenerse. "Después de conocerlos a ellos, a los Muellers, volvió a ser como era. Sucedió en un abrir y cerrar de ojos. Yo no lo vi venir. Ella me llamó un día para decirme que estaba vendiendo las tiendas y que iba a tomar unas vacaciones después de encargarse de Miriam. Pero luego, un mes más tarde me llamó de nuevo y ya era completamente una nueva persona. Parecía feliz, libre... y ya estaba demasiado involucrada con ellos. "

"¿Qué crees que pasó?"

Rhonda se encogió de hombros.

"¿Ellos se la ganaron? ¿Con amor y atenciones?" ella lo miró a los ojos. Regresaron a la sala de estar. Rhonda tomó aire profundamente antes de continuar "Creo que Helga estaba en extrema necesidad de un descanso. Antes de que Bob muriera él... él se aseguró de poner sobre sus hombros la responsabilidad de la familia. Ella era sólo una chiquilla, pero Bob dejó a su cargo a una madre alcohólica, una hermana débil y una empresa en expansión".

"¿Por qué sentía que tenía que hacerse cargo de todo? No podía decir... ¿no?"

"Él se lo pidió, Arnold."

"¿Bob?"

Rhonda asintió. "En su lecho de muerte..."

"¿Cómo en una última... voluntad?"

Arnold no apartó sus ojos de la cara de ella. Rhonda hizo una mueca. "Bob Pataki no murió el día del ataque cardiaco." Rhonda continuó "Él sobrevivió un par de días y en esos días se aseguró de que Helga entendiera que alguien tenía que tomar la iniciativa y ese alguien tenía que ser ella. Ella era la fuerte. Miriam era incompetente... Olga nunca superó su baja tolerancia a la frustración; no funcionaba bien cuando el ambiente no era perfecto. Además, de que estaba lidiando con un embarazo difícil".

"Eso tuvo que ser duro", Arnold reflexionó.

"¡Y que lo digas!" Rhonda exhaló.

"¿Así que piensas que los Muellers la ayudaron a superar todo esto?"

"¡Claro que lo hicieron!" Rhonda agitó la mano. "Si somos capaces de verlo desde lejos, Arnold; quiero decir, piensa en esto por un segundo." Rhonda señaló el sofá solo vacío delante de ella "Helga está justo allí, en su oficina. Le ha sido colgada una carga que – si bien se ha convertido en su razón de vivir, al mismo tiempo se siente como en una trampa; como en una prisión. Ella ha llegado a amar lo que hace, pero al mismo tiempo es tan agotador. Está cansada, drenada, se siente culpable, así es como la recuerdo...

"Y por el otro lado, tienes a los Muellers, quienes son viejos, y más sabios. Han perdido a su único hijo. Se sienten solos... y Helga simplemente entra en sus vidas. Se convierte en su rayo de sol. La ayudan a quitarse la carga de sus hombros. La aceptan como es y la aman por eso. Respetan su necesidad de darle reconocimiento al legado de Bob. Entienden lo que está detrás del problema de Miriam. Ellos conocen su pasado, estuvieron allí...

"Fue como un ganar-ganar". La boca de Arnold se contorsionó cuando pronunció la pujante expresión.

"Tú lo dijiste." Rhonda suspiró "A veces me pregunto si fue idea de Henry o de ella, el acogerla. Si ellos lo planearon desde el principio, o si sólo pasó."

"Helga está realmente involucrada con ellos, ¿verdad?"

Rhonda asintió. "Ella ya es uno de ellos." Arnold se quedó pensativo. Nunca lo había visto de esta manera. Helga era, de hecho, uno de ellos. Por eso hablaba de ellos como si fueran familia; por qué se veía a sí misma como parte de ellos. Era solamente cuestión de recordar esa última foto en el estante. "Sólo le falta el apellido..." Rhonda interrumpió el hilo de sus pensamientos "pero eso es algo que puede ser arreglado fácilmente."

El chico rubio abrió grandes los ojos recordando las palabras de Greg de la semana pasada; había dicho casi lo mismo. Estaba a punto de dejar salir sus pensamientos cuando la puerta se abrió y Helga entró. Se quitaba la chaqueta de cuero color café mientras se acercaba.

"Lo siento," se disculpó "pero resulta que Teddy tiene que ser llevado al hospital. Acabamos de llamar una ambulancia. La Administración está enviando a alguien más para cubrirlo."

Se sentó en frente de ellos. Rhonda le ofreció una bebida. Helga la tomó.

"¿Qué le pasó?"

Ella sacudió la cabeza. "Parece que se cayó y se golpeó la cabeza. El Dr. Mortimer dijo que es una ligera conmoción cerebral y que espera que vaya a ponerse bien."

"¿El doctor Mortimer es...?" Preguntó Arnold.

Helga asintió. "Mi vecino. Duodécimo piso." Exhaló "De todos modos, siento haber tenido que irme. Pero estoy aquí ya," les dirigió una sonrisa y extendió sus brazos "Espero que ustedes dos ya hayan roto el hielo"

"¿Cuál hielo?" Rhonda se rió, palmeando el hombro de Arnold "¡Somos los mejores amigos ya! Se siente como si nunca dejamos de vernos", se volvió hacia él, con una sonrisa, y luego su sonrisa se volvió maliciosa mientras su mano se deslizaba hasta tentar su brazo. "Mmmm delicioso," Ella se rió entonces y se volvió hacia Helga "¿Sabes que Arnold vive a la vuelta de la esquina de tu antigua casa en Columbia?"

"¿En serio?" Helga había estado siguiendo el manoseo de Rhonda con una sonrisa de complicidad. Se volvió a verlo en lo que se recostaba en su silla. "Yo me alojaba en el campus. ¿La 114?"

Arnold asintió. Resultó que ella alguna vez había vivido al otro lado del parque en un área que pertenecía a la universidad. Hablando de alojamiento e instalaciones universitarias los llevó a hablar sobre universidades. Los buenos y viejos tiempos. Arnold no tenía idea que Rhonda hubiera estudiado Negocios y Comunicación, y no, digamos, Moda. Helga ya le había dicho que ella comenzó Literatura en su primera vez. Luego se cambió a Finanzas.

"¿Así que has sido un abogado feliz?"

Varias cervezas y margaritas después, el rubio estaba apoyado cómodamente en el sofá individual.

"Se puede decir que sí", sonrió. No había sido 'feliz' precisamente, pero no lo dijo. Hasta hacía siete meses o algo así había estado casi entre los subempleados. Renunció a su último trabajo con algo que podría ser visto por cualquier departamento de recursos humanos como una excusa poco convincente.

"Y qué es lo que tienes que decir acerca de su trabajo actual, ¿eh?" Rhonda continuó su interrogatorio.

"No me quejo."

"¿Quejarte?" Helga burló "Ha tenido dos promociones en los últimos meses, ¿qué te parece eso?! ¿Alguna vez has visto una carrera más meteórica?"

"¿En serio?" Rhonda lo miró sorprendida.

"Como ya dije, no me quejo." Arnold luchó para ocultar que en realidad estaba muy orgulloso de sus logros. Junto a los logros llegaban más responsabilidades, era cierto, pero también recompensas. Sus ingresos estaban a un nivel completamente nuevo. Podría irse a buscar un nuevo apartamento si quisiera, pero estaba feliz donde estaba. Era un barrio agradable. Mudarse significaba un montón de cambios y no estaba seguro de querer pasar por algo así en este momento.

Suspirando profundamente, se volvió para ver a Helga. Estaba sentada en la alfombra delante de él. Hasta el momento no había dejado escapar ninguna señal de que estuviera interesada. Rhonda estaba sentada en el sofá detrás de ella. Había platos y cubiertos en la mesa de café. La cena había llegado hacía un rato y fue colocada sobre una mesa lateral donde podían servirse por sí mismos cada vez que les diera la gana. Como la anfitriona había dicho, había sushi, sándwiches y ensaladas para alimentar a cerca de diez personas. Todo era tan delicioso que Rhonda le preguntó a Helga por los datos de la empresa de catering.

Un zumbido inesperado lo sobresaltó y él se dio la vuelta. Todo lo que pudo ver era una bola de pelo gris en movimiento. Se volvió hacia el otro lado. Profundos ojos azules lo miraban atentamente.

"El Fumador, también conocido como Smokey" Helga lo presentó. El gato había terminado su examen visual y ahora estaba procediendo a usar su nariz en él. "¡Fumador!" Helga lo llamó "Deja a Arnold en paz y ven aquí." Ella palmeó el lugar a su lado. "Tenemos sushi."

"¿Fumador?" Arnold rió.

Sin prisa, el gato le obedeció y desde su nuevo lugar en el regazo de la chica miró a Arnold con desconfianza y desdén. Ojos maliciosos; ojos de gato. Helga le contó cómo se lo encontró en la calle después de ver un episodio muy especial de Los Expedientes X. A ella le gustaba el nombre y parecía encajar con el gato.

. . .

La velada continuó. Para esta hora ya habían hablado de comida, de sus restaurantes y paseos favoritos, de la vieja pandilla de Hillwood, o lo que sabían de ellos hoy en día. Parecía que Rhonda era todavía La Reina del Chisme. Ella les contó que Sid fue condenado a seis meses por posesión de cocaína. Tuvo suerte. Fue condenado como un drogadicto habitual, no como un criminal, lo que en realidad era. Él no era un adicto a las drogas de hecho. Se sospechaba que la droga fue plantada en su coche para tenderle una trampa.

Pero suficiente de noticias oscuras. En el lado positivo, Lila tenía otro bebé, ¡el cuarto! Rodar de ojos de todo el mundo, incluso de Ojitos Maliciosos, Arnold resopló. Parecía que la felicidad rodeaba a la ex chica Sawyer. ¿Qué más? Ah, sí, la esposa de Harold lo había corrido de la casa hacía poco, justo después de enterarse de que estaba teniendo una aventura con no otra que Patty Smith, su antigua compañera de clase.

"¡Oh-oh! ¡Una decepción!" Helga se quejó "Siempre pensé que la Gran Patty no era tan tonta como nos hacía pensar"

"¡Ella no era tonta, Helga!" Arnold se quejó.

"He-llou!" ella rodó los ojos "Ella ha estado haciéndoselo a Harold Berman ?!" hizo una mueca. "¡Asqueroso!

Rhonda se agitó incómoda. "¿Y tú vas a decirnos quien es un buen acostón y quién no?" dejó escapar una sonrisa torcida mientras preguntaba directamente a la rubia.

"¡Por Dios! ¡Te gano cualquier día!" Helga gruñó y sus ojos se veían amenazantes. Arnold escondió su sonrisa. ¿Estaban peleando? Se preguntó si se trataba de un efecto del tequila, o si tenía algo que ver con la charla que había espiado antes. ¿Acerca de tener relaciones sexuales sin protección?

El sexo sin protección no era la gran cosa, siempre y cuando conocieras a tu pareja, pensaba. Él no había usado protección en años. Claire estaba tomando la píldora... Oh oh... Una alarma sonó en su mente.

Pero no había tiempo para pensar en ello, además, porque la charla escalaba rápidamente con estas chicas. Sólo había visto algo así antes con Claire y Brenda, quienes no podía dejar de platicar aunque la vida se les fuera en ello. Hablando de Claire y Brenda, no había manera de que les contara todo esto.

"Ah, cierto Princesa. Creo que recuerdo a Harold diciendo algo acerca de un beso en el paseo en bote, en el viejo Festival del Queso, ¿eh? Y ¿te acuerdas de tu 'hija' huevo, Courtney? ¡Sólo admítelo! Te gustaba Harold, punto".

"¡Habrase visto!" Rhonda gritó, poniendo sus manos en sus caderas "Ah, ¿sí? ¿Así que esta es la forma en que quieres jugar? ¡Porque yo también recuerdo la escuela primaria!"

"¿Oh, en serio?"

"¡Por supuesto! Por ejemplo, vamos a empezar con el montón de poemas anónimos que siempre nos leían en clase. Recuerdo que Stinky solía decir que 'Anónimo' comenzaba con una 'H' muda."

Helga se volvió para verlo brevemente con ojos divertidos antes de responder.

"Siempre fue claro que ese pelmazo tenía mala ortografía, pensé que lo sabías."

"Tal vez sí. Pero sabes, una vez que estábamos jugando este tonto juego... Verdad o Reto... ¿Por casualidad lo recuerdas?"

"¿Cómo olvidarlo? ¡Era el principal entretenimiento en tus fiestas!" ella se carcajeó.

"¡Oh, Dios, éramos tontos o qué?" Rhonda dejó escapar una risa burlona. Arnold frunció el ceño. ¿Estaban realmente tirándose piedras la una a la otra? Decidió esperar un poco más antes de meterse.

"De todos modos, en cierta ocasión Stinky reveló..."

"¿Su secreto para cultivar calabazas gigantes?"

"¡No!" La voz de Rhonda se volvió aburrida "ese lo sigue manteniendo en secreto en Arkansas. Dijo que una vez alguien de hecho le pagó para que fingiera ser su novio."

"¿Y crees que fui yo?" Helga le preguntó con los ojos abiertos.

"Digamos que eras la única que no estaba presente."

"Eso debe significar que fui yo entonces."

¿Qué tienes que decir sobre eso, ¿eh?"

"Que tenía mal aliento. Que era una tortura hablar con él; obligarlo a que hiciera algo bien"

"¡Caray! ¿No vas a negarlo siquiera?" Rhonda se inclinó hacia ella.

"¡Vamos, princesa! ¿Cuál es el caso?" Helga se encogió de hombros "Todos sabían que yo estaba loca por este cabezón." Helga le lanzó una tira de cáscara de pepino "Es tan estúpido como si yo quisiera burlarme de él por, digamos," ella pareció pensar "Oh, Dios mío!" Helga esbozó una sonrisa "¡Me había olvidado totalmente de esto! Hey Arnold, ¿te acuerdas cuando invitabas a Lila al cine pero ella no paraba de decir que no, porque tú no eras ese alguien oh-tan especial que estaba buscando?"

"¡Dios!" Rhonda también se rió "Recuerdo que ella decía que no 'le gustabas – le gustabas'; sólo le gustabas."

Arnold gruñó. "Ustedes no tienen idea de cómo me frustraban esas palabras ."

"Sí, y luego la tonta chica va y se enamora de ese raro primo tuyo. ¡Hombre! ¡No me lo podía creer!"

"¡Eso fue divertido de ver! Cayó redondita por sus 'encantos'. ¿Cuáles eran esos, por cierto? ¿Coleccionar pelusa?" Rhonda rió.

La mente de Arnold volvió a esos viejos tiempos. "¡Oh Dios mío!" -dijo en voz alta, dirigiéndose a Helga "Y luego él va y la corta, diciendo que estaba enamorado de ti!"

"¡Listo el chico!" ella chasqueó la lengua; pero luego gimió. "¿Sabes que me envió por correo 'cartas de amor' por meses?" Helga hizo comillas en el aire "¡Ni siquiera podía entender sus garabatos, gracias a Dios! ¡También enviaba paquetes de goma de mascar y pelusa!"

"¿Él hizo qué?" Arnold casi se ahogó con su cerveza.

"Era extraño. No me hagas volver a recordar los detalles, ¿de acuerdo?"

"¡Asqueroso! Eso es terrible Helga!" Rhonda hizo una mueca "¿Qué hiciste?"

"Devolver al remitente." Ella se encogió de hombros levemente "Bob terminó pidiendo a Harvey el cartero que dejara de traer toda esa mierda."

"¡Dios mío!" Arnold parpadeó "Nunca supe eso."

"No era asunto tuyo." dijo con indiferencia.

Se volvió para ver a Helga haciendo una cara. Luego levantó la vista para ver Rhonda que también parecía estar alterada.

"¿Estás bien Rhonda?"

"Sí, es sólo que me hicieron recordar a mi propio acosador."

"¿Quién? ¿Curly?" sonrió "El chico estaba loco por ti"

"No fue Curly. Curly era inofensivo. El otro, sin embargo, vaya que estaba enfermo." Rhonda se estremeció.

"Quién fue?" Arnold preguntó

"No me acuerdo de su nombre." dijo con disgusto. Arnold frunció el ceño

"No fue nada divertido." Añadió Helga.

"¿Cómo es eso?" Arnold mantuvo su ceño "¿Qué tan malo podría ser?" preguntó "Quiero decir, tú solías acecharme."

"Lo sé, y cuando pienso en eso me dan escalofríos." Helga dijo, seria. "Después de lo que pasó con Rhonda..." ella sacudió la cabeza "Quiero decir, oyes acerca de una niña que acecha a un niño y la gente piensa que es divertido, lindo."

"¿Pero un chico acosando a una chica? ¿Apareciéndose en su dormitorio? ¿En su cuarto de baño?" Rhonda se enderezó en su asiento. "Es espeluznante, más que espeluznante."

"¿Por qué nunca lo supe?" Arnold se volvió para ver a las chicas y se preguntó por todo el montón de cosas que nunca llegó a conocer. Y él que siempre pensó que sabía todo sobre su ciudad natal, pero la verdad era que realmente se habían distanciado. Cuando salieron de la PS118 nunca volvieron a ser los mismos. Y luego Hillwood se volvió un lugar peligroso.

Las chicas se movieron. Rhonda fue al baño y Helga volvió a la cocina por refrescos. Arnold vagó por el lugar queriendo deshacerse de esos pensamientos. Amaba a Hillwood.

. . .

Entró en habitación de al lado y como él había supuesto, era una galería, una habitación sin sofás ni asientos de ningún tipo, sino aparadores, mesas, pinturas y decoración que presumía sofisticación. La última habitación de esa ala era completamente diferente. También era un salón social, pero éste era más acogedor. Era una habitación de paredes de madera con cómodos sofás y una iluminación cálida. Se dirigió hacia las puertas francesas al fondo del mismo y vaciló. Tomó otro trago de su cerveza y miró hacia afuera. Central Park estaba a pocas cuadras de distancia pero no podía ser visto debido a los edificios vecinos. Desde esta altura se veía todo tan tranquilo. Sus ojos volaron de un lado a otro, tratando de distinguir edificios y lugares que conocía.

. . .

"¡Buu!"

Un escalofrío lo recorrió tangiblemente desde la parte posterior de su cuello.

"¡Mierda!" Arnold saltó. Ella se rió en voz baja. Murmurarle al oído parecía haberlo tomado por sorpresa.

Entonces él se rió nerviosamente, inclinándose hacia adelante. "¡Jesús Helga!, casi me haces gritar."

"Esa era la intención." Ella le sacó la lengua y avanzó con una sonrisa burlona. Abriendo las puertas francesas ella salió al balcón. Él la siguió. Ella acarició los arbustos de hojas brillantes que tenía allí. Estaba orgullosa de ellos.

"¡Este lugar es genial!" por el rabillo del ojo vio a Arnold acariciar las plantas también.

. . .


Lo siento, tenía que cortarlo en algún lugar. :) Por ahora eso es todo. Vuelvo alrededor del miércoles.

Empecemos con el acostumbrado: No poseo Oye Arnold!

No soy dueña de ninguna MR mencionada aquí. Sólo poseo la trama y los OC.

Gracias por leer. Todos sus comentarios son bienvenidos. Un agradecimiento especial a MarHelga, Sweetsol, Turquoise Girl, GRIMMM y Luly Helga. Gracias por esperar.

Escrito durante todo lo que va de junio. Luego paso a corregir errores.

Publicado: 28/06/2015