Cohete a la Luna

Capítulo Veintidós

Beso Frustrado


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Helga entró en su apartamento y lanzó las llaves al tazón. ¡Dios, sus pies le dolían! Cuando pasó por la cocina se dejó escapar un largo gruñido. Incluso cuando los chicos le habían ayudado a poner un poco de orden, sabía que aún había un par de cosas más por hacer; sacar la basura era una de ellas. Exhalando ruidosamente, entró en la habitación para tomar las dos bolsas de basura y sacarlas por la puerta de servicio, y luego volvió para comprobar que todo estuviera en orden. No había ya más botellas vacías ni basura por aquí. ¡Bien! Vaya que odiaba el olor de la basura en las mañanas.

Se dio la vuelta cuando una ráfaga de aire frío entró por la ventana abierta.

"¿Estás aquí, cariño?"

Un maullido le respondió.

"Así que estás pensando en pasar la noche ahí afuera, ¿eh?" hubo un segundo maullido; más largo esta vez. "Bien entonces, te voy a dejar la ventana abierta." Antes de que se diera la vuelta El Fumador apareció en el alféizar y maulló de nuevo. "¿Beso-beso?" ella se inclinó para que el gato se acercara; su nariz estaba húmeda y fría; su pelaje estaba frío también. Helga lo apretó con fuerza, pero luego lo soltó y exhaló. ¿Cuál era el punto de regañarlo si él amaba estar ahí, con la ciudad bajo sus patas. Le rascó detrás de las orejas antes de darle un último beso. "Nos vemos mañana, amor." Le dijo. Su respuesta fue un suave ronroneo. El gato esperó hasta que ella saliera de la habitación antes de volver a su vigilancia nocturna.


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La rubia dejó su teléfono en la mesita de noche y se dirigió a su armario. Allí, se quitó la ropa y se puso unos pantalones lounge y una blusa de algodón, luego caminó hacia el lavabo para lavarse la cara y cepillar sus dientes. Observó su rostro en el espejo mientras se quitaba el rímel de las pestañas y se ponía su crema de noche.

"¿Sabes?" dijo cuando finalmente entró en su habitación. Se acercó a la cama y apagó la lámpara de la mesita. "Creo que fue una gran noche. Fue agradable ver a los chicos juntos. Realmente la pasé bien. Estoy segura de que Rhonda y Arnold también disfrutaron el ponerse al día con los chismes y recordar el viejo..." hizo una pausa mientras pulsaba el botón home de su teléfono y veía la larga lista de mensajes no leídos. Cierto resquemor subió desde su pecho hasta su garganta. Dejó el teléfono sobre la mesa sin tocar. Entonces exhaló largo y se metió en la cama. "Pero cuál es el punto en contártelo si no lo entenderías." prosiguió con tristeza "¡Es una pena!" estaba demasiado cansada como para enojarse. Se cubrió con las mantas hasta la barbilla y miró al techo. "¡Dios, esto es el cielo!" gimió para sí misma. Permaneció mirando al techo en lo que tomaba aire y exhalaba varias veces hasta que se le aclaraba su mente y se sentía más en paz. Luego se volvió hacia el lado, y observó como la luz de su teléfono comenzaba a menguar. Suspiró largamente otra vez.

"¿Sabes, mi dulce niño, que eres todo un aguafiestas?" resopló suavemente mientras la luz finalmente se apagaba "¿Qué dirías si te dijera que arruinaste mi beso?" sonrió "Sí, escuchaste bien. Arruinaste mi beso. Pasé toda mi infancia y la mitad de mi adolescencia anhelando ese beso. Ese beso que ya me merecía porque ¡vaya que venía con retraso! - ¡Por el amor de Dios, la vida me lo debía!" casi gritó "Incluso estaba lista para besarlo también, pero entonces... - ¿Sabes qué?!... ¡Exacto! ¡Tenías que ser tú! Entraste a mi cabeza para estropearlo todo ¡Demonios!"

Sintiéndose un poco mejor, levantó la vista al techo una vez más y recuerdos de Arnold Shortman llenaron su mente. Era guapo a su manera; y sus brazos se sentían muy bien alrededor de ella. Sonrió. La vieja Helga estaría bailando por todo el lugar... pero eso no era más que viejos deseos de sentimientos muertos... suspiró. No pudo evitar recordar que justo en ese momento se sintió extrañamente molesta a causa de sus ojos; eran verdes, no azules. Él no era aquél; su amante secreto. Suspiró profundamente de nuevo. Luego se preguntó por un momento qué pasaría si en realidad se hubieran besado. ¿Qué haría Arnold a continuación? ¿Qué significaría para él? ¿Estaba buscando algo más? ¿Era su única intención? Ella en realidad pensaba que así era; que al igual que para ella, eso sería sólo un gusto; la satisfacción de un viejo deseo cumplido. ¿La intención? Disfrutar del momento; algo que tal vez estuvo destinado a ser en algún momento de sus vidas. Un beso era sólo un beso. Ella no era el tipo de persona que se aferraba a las cosas; vivía intensamente el presente.

Su presente...

Se estiró para alcanzar su mesita de noche y tomó la fotografía que estaba escondida en el cajón superior.

"Idiota", dijo a la imagen que la miraba con aspereza. "¿Quién crees que soy? ¿Crees que soy tan tonta que no me di cuenta que Arnold lo forzó en la primera oportunidad que tuvo? ¿Que yo no sospeché desde el principio que iba a buscar una oportunidad… Ajá... pero ¿Se te ocurrió por casualidad pensar que tal vez yo también lo buscaba? Quiero decir, era sólo un beso... no tenía nada que ver contigo. No era como si fuéramos a tener sexo…" gruñó "y hablando de tener sexo - ¡En serio! – Parece que no me conoces en lo absoluto, ¿verdad? - ¿De verdad crees que tengo a alguien más? Debes ser más idiota de lo que pensaba si eres incapaz de ver que te soy fiel desde el día en que comenzamos a vernos con más... ¡Hijo de tu madre! Sólo espero que estés consciente de que cuando pides algo es porque tienes la intención de darlo a cambio también. Sé lo que dijiste. Sólo espero que estuvieras siendo sincero...

"Porque si no era así, te juro por Dios..."

Inhaló profundamente de nuevo, y lo miró a los ojos, y así, sin más, sus labios se curvaron en una sonrisa chueca. No era cualquier sonrisa, sino su sonrisa chueca.


. . .

Ella se despertó para encontrarse con sus ojos fijos en ella.

"Buenos días...", le había dicho con una entonación burlona.

"¿Días?!" Su mente gritó. Se volvió hacia la ventana y vio que ya era de día. "¡Maldición! ¿Por qué no me despertaste?!" le gritó. Escuchó su risa mientras saltaba de la cama y recogía su ropa interior en su camino al baño.

¡Esto no está sucediendo! ¡Esto no está sucediendo! ¡Esto no debe suceder! Ella no debía dormir aquí. Cosas feas sucedían cuando dormía a su lado. Okay, puede que haya sido sólo una vez, pero la experiencia había sido lo bastante mala como para jurar ante Dios que nunca más.

Se limpió y se puso la ropa; luego se lavó la cara y se peinó el cabello con los dedos. Por un segundo se sintió tentada a usar su ducha, pero decidió no hacerlo. Sería inadecuado y sería arriesgado. No debía permanecer aquí por más tiempo; el riesgo crecía a cada minuto. El sólo pensar que tendría que salir a hurtadillas del edificio a la luz del día le daba dolor de cabeza.

Regresó a la habitación y cogió su vestido. Se lo puso sabiendo que estaba siendo observada con interés. Levantó la vista para verlo echado en la cama todavía.

"¿Qué pasa contigo? ¿Qué estás esperando?" preguntó mientras se subía la cremallera. "No me creo ni por un segundo que no estés ni siquiera un poco molesto por esto."

"Bueno," dijo él tranquilamente "Esta es mi casa... y me acabo de dar cuenta te ves deliciosa por las mañanas."

"¡Idiota!" ella gruñó. Así que estaba enteramente en ella. "Está bien..." se enderezó después de desarrugarse la ropa con las manos. "Es mejor que me vaya."

"No te estoy diciendo nada." Había impaciencia en su voz y ella sacudió la cabeza "Vamos Helga, no seas así."

El sutil cambio en su voz la hizo enojar.

"¡¿No seas así?!" se dio la vuelta para verlo tumbado en la cama como si nada "¿Cómo exactamente?! Perdona, pero por lo que recuerdo eres tú quien suele comportarse 'así'. Tenemos nuestro tácito acuerdo. Coger y correr. Y eso es exactamente lo que estoy haciendo." Se acercó a su lado de la cama para tomar sus zapatos.

"¿Qué quieres que haga?" preguntó él, tirando de su mano en un movimiento rápido con el que consiguió sentarla a su lado. Ella gimió. El dejó escapar una sonrisa que hizo visibles las líneas alrededor de su boca, luego bajó la vista hasta sus labios y exhaló. "Ya me conoces. No puedo evitarlo." Extendió la mano para apartarle un mechón de pelo de la cara. Ella exhaló por la boca; y luego extendió la mano para acariciar su barbilla. "No hagas eso." Una advertencia. Él apartó su cabeza. Su gesto hizo que se molestara otra vez.

"¿En serio? ¿No puedes evitarlo? ¿Estás seguro de que es sólo que 'no puedes evitarlo'?!" ella se levantó "Estoy harta."

"¡Espera!" le tomó la mano de nuevo, impidiendo que se fuera.

"¿Y ahora qué?" se quejó "No quiero llegar tarde al trabajo."

"Necesito decirte algo," él sonrió incómodo "pero... no sé por donde empezar..."

"¿Por qué no simplemente intentas hablar?" ella se obligó a controlar su creciente irritación. Él ya sabía de su debilidad por esas sonrisas, por lo que significaban, y las utilizaba en su favor.

"Es sólo que... ¿sabes? ... He estado pensando..." tomó aire profundamente "Deberíamos dejar de ver a otras personas."

"¿Eh?" fue lo único que pudo articular. Ella lo miró con asombro; pero luego, luchando por ocultar su shock siendo que tenía que fingir que sus palabras no significan todo para ella, sólo resopló y dijo burlonamente en su lugar "¿Por qué? ¿Vamos a 'hacerlo público'?"

Él se encogió de hombros y su vacilante sonrisa cambió un poco.

"Tal vez..." sus ojos azules estaban fijos en los de ella "¿Lo quieres tú?"

Una cara de póquer era la única respuesta. Él estaba en lo cierto; no era fácil hablar de ello. Sus miradas se mantuvieron fijas en la del otro. Helga no supo cuánto tiempo permanecieron así; sólo mirándose el uno al otro. Ambos estaban entrenados para no dejar salir nada; para no demostrar nada; para no sentir nada. ¡Caramba! Estaba segura de que incluso sus corazones y pulmones restringirían sus latidos y sus respiraciones si lo necesitaran.

No tenía sentido para ellos comunicarse de otra manera porque una vez que llegaban a este punto y lo miraba a los ojos como justo ahora podría jurar que sabía todo sobre él. No había nada que permaneciera oculto. En momentos como éste él de hecho exponía todo, su vulnerabilidad incluida, y ese era un regalo tan precioso ya que sabía que él no lo compartía con nadie más. Era sólo privilegio de ella.

Finalmente soltó el aire de sus pulmones y sus ojos descendieron a la punta de su nariz, a sus labios. Ella se inclinó para darle un beso.

"Me tengo que ir."

"Helga..." él le impidió levantarse de nuevo "Está bien si no estás lista. Yo tampoco estoy listo... pero estamos juntos." Ella tragó saliva. Era la primera vez que eso era dicho en voz alta. "Tú lo sabes, yo lo sé... y el mundo lo va a saber..."

"... En su momento..." dijo sin pensar; terminando por él.

"Pronto." Él asintió con la cabeza "Pero por ahora este es un comienzo, ¿no lo crees?" ella dejó escapar un tímido asentimiento "¿Estás de acuerdo?" De pronto se sintió aturdida. Asintió de nuevo y se volvió para irse. "Hey," la jaló de nuevo. Antes de que pudiera reaccionar yacía en las sabanas y él estaba inclinado por encima de ella "¿Te sientes bien?"

"¿Por qué demonios no entiendes...?" ella sacudió la cabeza y cerró los ojos. No tenía sentido protestar. Parecía que él no estaba consciente de su fuerza y ella no quería reconocer que la encontraba excesiva. Ella no era ninguna flor debilucha que se quejara por todo. Y él nunca escuchaba de todos modos. Había empezado a besarla sin prisa, con una lentitud que terminó rompiendo la tensión que se había estado acumulando en su interior, y que desvaneció todos sus temores y vacilaciones.

"¿Mejor ahora?" ella no respondió. Sus suaves, plácidos besos serían su ruina. No tenía ninguna voluntad; se incendiaba; su cuerpo reaccionaba por su propia cuenta "¿Nada aún?" su grave y sexy risa revoloteó sobre su oreja. Abrió los ojos para mirarlo. Él sonreía y su sonrisa era contagiosa. Ella le echó los brazos alrededor de su cuello y comenzó a besarlo con pasión.

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¡Por Dios! Rhonda estaba en lo cierto. Estaba loca por él; no había otra explicación.


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¡Aquí lo tienen! El capítulo que estaba destinado a no existir. Veintiuno bis ahora mejor conocido como Veintidós.

Hasta pronto. Gracias a todos por leer. Dobles Gracias a los que revisan: José Ramiro, Nep2uune, Carlin, PresleyRox, GRIMMM y MarHelga. Sus palabras significan el mundo para mí. :)

A medio camino del próximo capítulo. Espero no mantenerlos esperando por un largo tiempo, amigos.

No soy dueña de Hey Arnold!

17 de agosto 2015.