Cohete a la Luna
Capítulo Veinticinco
Con Vista a Central Park
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Mi primer intento de escribir en primera persona. Debut y despedida espero. Luego vengo a corregir typos y errores.
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Aquí vamos. Una salida en domingo, ¡Yey! Ha pasado ya tiempo desde la última vez que salimos en una cita. ¡Apenas puedo contener mi emoción! Ruedo los ojos sarcásticamente. 'Supuestamente' somos una de esas parejas a las que les gusta salir y caminar. Platicar, soñar despiertos, filosofar, eso es lo nuestro, no ir de tienda en tienda o a elegantes restaurantes para pasar horas perdiendo nuestro tiempo y dinero. Paseo, cena y un espectáculo. ¿Qué más puede pedir una chica? Hago todo lo que está en mi poder para mantener una cara circunspecta mientras seguimos caminando por la atestada acera.
No puedo evitar el gemido de disgusto que sale de mi boca. Estamos empezando con el paseo... sólo eso hoy no es una tarde soleada. Es gris y está nublado; está lloviznando y está ya oscuro. Y no hay suficiente melancolía en las canciones de Ed Sheeran; ni belleza en el Distrito de Broadway para convencerme de que es una buena idea estar afuera. Exhalo, con cierta impaciencia; recordando lo diferentes que somos ahora de como fuimos en aquellos viejos tiempos al comienzo de nuestra relación, cuando la lluvia o un día gris no eran una molestia, sino todo lo contrario. Era excitante, y la emoción estaba en su punto máximo. Podía estar nevando incluso, y yo no podía ser más feliz.
Mi novio piensa que salir en una cita como las de los viejos tiempos ayudará a reparar nuestra dañada relación, pero simplemente no somos los mismos. ¿Y de quién es la culpa? ¿Del tiempo que pasa? ¿De las peleas por nimiedades? ¿De la rutina? ¿Del daño que hemos estado infligiendo a nuestra relación? ¿Del desinterés? ¿De la falta de amor? Levanto la vista para verlo caminar a mi lado. Él está tratando... o por lo menos finge que lo intenta - o tal vez incluso se la cree que lo intenta - pero en realidad no lo hace. Él está aquí, pero su mente está en otra parte. No se puede negar que le importo sin embargo, aunque sé que él ha dejado de amarme desde hace un tiempo.
Exhalo dolorosamente. ¿A quién estoy engañando? No es como si me siguiera doliendo mucho. Yo he dejado de estar locamente enamorada de él también; desde hace meses. Fue algo que comenzó a decolorarse poco a poco hasta que de repente fue ya una cruel realidad. Él no confía en mí. No comparte su vida actual conmigo. No me comparte sus sueños ya. Desearía que yo fuera otra persona. Es un poco humillante estar en mi posición. Exhalo profundamente otra vez... bueno, exhalo en la forma comedida que uno hace cuando se está a 4 ° C.
Bueno, con el fin de poner otra palomita a la lista de intentos de sanar nuestra relación -como si esto pudiera realmente sanar algo- heme aquí, sufriendo bajo el inclemente clima de noviembre; tratando de volver a conectarme con nuestros inicios más que con mi pareja real. Una sensación extraña llena mi pecho. A continuación, una brizna de viento helado me hace temblar hasta los huesos y ajusto más mi abrigo alrededor de mí.
Un par de minutos más tarde y vuelvo a gruñir. Parece que estamos vagando sin rumbo, sin un destino definido. No hemos decidido dónde vamos a cenar todavía. Teníamos una idea de la obra que queremos ver y - si acaso - estamos vagamente dirigiéndonos a la calle 45, lo que es un signo en sí mismo de que Arnold no está del todo convencido de la elección. Nos hemos detenido un momento para ver una ventana con discos de vinilo y yo fijo una mirada hueca en mi propia imagen en el reflejo de la ventana mientras espero pacientemente como la buena novia que soy – hasta que él termina su búsqueda visual. Afortunadamente, pronto empezamos a movernos de nuevo.
Lo oigo hacer un ruidito con su boca, y luego se aclara la garganta. Aquí vamos. Ruedo los ojos de una manera que sólo mis pies podrían ver, si tuvieran ojos por supuesto, y luego me preparo para lo que va a suceder en ...
5 ... 4 ... 3 ... 2 ... 1 ...
'Entonces, ¿A dónde te gustaría ir a cenar?'
"¿A dónde te gustaría ir a cenar?" pregunta con voz suave y yo suprimo una risa burlona.
'¡Al jodido McDonald's!' Me gustaría gritarle, pero me encojo de hombros simplemente. Para nosotros, este es el tipo de decisiones que pueden crecer estúpidamente fuera de proporción, así que empecemos por limitar las opciones.
"¿Qué te parece italiana?" Levanto mis ojos para encontrar a sus amables ojos verdes fijos en los míos. Verde, el color de su paraguas favorito. Amables. Casi me convence, si no fuera por esa sonrisa ausente que estoy empezando a odiar. Dejo escapar una exhalación lenta.
"¿Italiana...?" murmura. "Creo que hay un restaurante italiano en la 48ª y..."
Sí, sí, Lo-Que-Sea.
Me pregunto si ya fue allí con ella. Su nuevo amor. Helga Pataki, la chica que solía estar enamorada locamente de él cuando eran niños; 'solía' siendo la palabra clave aquí, por supuesto. Dejo escapar una risita abatida. ¡Así se hace, Helga! ¿No es la venganza más dulce conseguir que se enamore de ti en una de esas vueltas que da la vida?
Porque él está enamorado de ella; eso es algo que no se puede negar, bueno, por nadie que no sea el mismo Arnold, por supuesto. ¡Es tan jodidamente irritante! No sé si está en franca negación, o si está tratando de volverme loca. ¡Él lo niega! Dice que imagino cosas; que nada de lo que supongo es un hecho real. ¿Qué se cree que soy? ¿Ciega? ¡Dios!
Sé que debería haberme dado cuenta desde hace mucho tiempo; desde la noche del Baile. Yo estaba tan feliz de que hubiéramos encontrado a un patrocinador tan rápido que no le di importancia al hecho de que él se hubiera encontrado con una vieja conocida. Muy bien, sí me di cuenta de que algo estaba raro, pero nunca pensé que 'raro' escalaría de esta manera.
¿Quién hubiera adivinado que Arnold encontraría trabajo allí? ¿Quién hubiera imaginado que seguiríamos viendo a esta gente a diario? Yo no, eso es seguro. De la misma manera que nunca hubiera imaginado que Arnold dejaría de ser el chico amable y atento que yo había conocido y amado por tanto tiempo. Y que todo lo que sucedería en un abrir y cerrar de ojos.
Confieso que estaba tan emocionada y abrumada con nuestro proyecto y todo el trabajo que hacer: los planes, la implementación, el posible éxito y, me aclaro la garganta - otros intereses- que no pude ver lo que estaba justo en frente de mí. Brenda me lo advirtió. "Arnold está actuando de manera extraña". Ella también me dijo que había 'algo raro' en la manera en que Arnold había sido contratado. "¡Es una enorme empresa, por el amor de Dios! Las personas no son contratadas tan fácilmente. Confía en mí. No quiero echar a perder tu felicidad. Sólo te estoy pidiendo que mantengas los ojos abiertos. "
Como aprendí pronto, mantener los ojos abiertos no impedía que las cosas sucedieran. Si acaso, hacía más doloroso el ser testigo consciente de la forma en que tu pareja y tú están separándose más y más, con cada día que pasa. Es un proceso incesante y continuo. Un día agradeces que te deje en paz porque tienes mil cosas más importantes por hacer, y al día siguiente no lo encuentras por ninguna parte. No hablemos ya de conseguir que te eche una mano.
Pero eso es sólo el comienzo. Después de eso te das cuenta de que él está ausente más tiempo del que solía estar. Comienza a tomar paseos en solitario. Ya no se detiene compartir contigo nada acerca de sus asuntos diarios, sean relacionados al trabajo o no. ¡Es como si él no se preocupara por ti ya más! De repente empieza a hablar y a reírse consigo mismo, e incluso después de que le preguntas qué es tan gracioso él sólo se encoge de hombros y sigue con su humor silencioso.
Y entonces está esa otra cosa: sus humores silenciosos. Es una entera y completamente nueva personalidad que te hace cuestionarte si el tipo que conoces y con el que vives es el mismo chico de hace un mes. De repente temes que puedas estar viviendo con un extraño.
Entonces, como si no fuera suficiente, se produce el evento de hace unos quince días. El día en que salió de la casa después de una discusión en la que te acusa de que no respetas su espacio ni su privacidad ya más, y que él no puede vivir así. Él sólo se marcha y te toca a ti quedarte en la casa y esperar que no se haya ido para siempre.
Es una sensación horrible. Aunque has estado confundida acerca de tus sentimientos por un tiempo, y ya has admitido ante ti misma que tu relación podría estar viviendo sus últimos días, no estás preparada para ser enfrentado con la posibilidad de que estás siendo abandonada. Es terrible. El miedo, el pavor, la angustia, o como sea que elijas llamarlo, te paraliza. Te llenas de miedo. Hace que quieras estar acurrucada en tu cama, meterte bajo las mantas y rehuir del resto del mundo.
Empiezas a pensar en los peores escenarios; empiezas con idealizar a tu pareja. Luego empiezas a preocuparte, empiezas a preguntarte qué va a decir la gente cuando se sepa que te abandonaron; entonces empiezas a enojarte...
¡¿Quién se cree él que es?! Simplemente se larga mientras uno se queda a seguir esperando. ¿Qué haría si fueras tú la que se marcha? ¡Maldita sea!
¿Dónde diablos está? Se está haciendo tarde, y es peligroso allá afuera. Estás temiendo que en el próximo minuto alguien llame para hacerte saber ha habido un accidente... Uno se acurruca en la cama de nuevo; enterrado bajo las pesadas mantas.
Pero también existe la posibilidad de que él pudiera haber ido en busca de ella, y que ahora estén retozando en su acogedor – y delicioso - hogar encantado; disfrutando de la vida, de la juventud y de una copa de vermut dulce, mientras hablan y ríen y recuerdan los viejos tiempos; completamente ajenos a ti y a tus tontas preocupaciones. E incluso cuando todo comienza como un juego inocente, un tanto coqueto, todos sabemos lo fácil es que una cosa lleve a la otra y que terminen en la cama juntos. Casi puedes verlos, regocijándose en su cama rosada, rodeados de vaporosas cortinas blancas que se mecen al soplo de la brisa tropical; el aire se llena con sus gemidos, sus gritos y la brillante luz de un pueblo con playa...
Un bocinazo me saca de mi pesadilla y me hace soltar un bufido. ¡Por el amor de Dios! ¿Qué clase de patética novia soy?! ¿Dónde -en toda el área de Nueva York – puede uno encontrar una brisa tropical y esa luz tan brillante? ¿En esta época del año?
No, no, me equivoco. Exhalo fuertemente por la boca. Sé que estoy equivocada. Mi peor pesadilla es fútil. Él es capaz de haber ido en busca de ella, y sólo Dios sabe cuáles pudieran haber sido sus intenciones, pero sé que incluso cuando Helga G. Pataki le pone cuidado a Arnold P. Shortman, - cualquier día y a cualquier hora- ella no está interesada en él de manera romántica simplemente porque ella ya está tomada. Ella ya ha sido tomada; ¡y de qué manera!
Exhalo largo pensando qué se sentirá estar en su posición. ¿Será una jaula de oro? Pero muy pronto mis pensamientos vuelven a su carril porque me dispongo a volver a esa fatídica ocasión en que él llegó pasada la medianoche, tarareando una alegre canción, y trayendo galletas caseras, -signos que cualquiera asociaría a la visita de la chica en cuestión, - y como si esa no fuera prueba suficiente, luego él comienza a actuar aún más extraño.
Ahora llega más tarde de lo habitual; siempre está encerrado en el dormitorio, trabaja en su computadora portátil. Cuando entro al cuarto invariablemente bloquea la pantalla o llanamente la cierra. No tiene caso preguntar, no me lo va a decir, ya he aprendido eso. ¿Dónde está el chico que me contaba todo?, no puedo dejar de preguntarme.
No sé qué demonios él le prometió... -¿y a quién?
¿A Helga G. Pataki? Esa es mi primera conjetura. 'Cherchez la femme', dicen los franceses, ¿no es cierto? Pero parece demasiado fácil...
¿A Dick Mueller tal vez? Está trabajando para el tipo, después de todo, ¿no es así? Pero sé que Arnold no es muy amigo de Dick así que es un poco difícil de creer que esté trabajando tiempo extra en su nombre. Aun así, el apellido de Dick es Mueller, y él podría estar utilizando su poder sobre él.
Bueno, esos eran mis pensamientos hasta el - llamémoslo - Incidente del Mercedes. El martes pasado Arnold llegó a casa en una lujosa SUV Mercedes-Benz, que trajo a mi mente la idea de que Henry Mueller pudiera estar involucrado ...
Pero Arnold no compartiría nada acerca de eso.
De todos modos, para este momento casi considero que he sido reducida a ser un compañero de piso, bueno, 'casi', si no fuera por el asunto del sexo. Experimento esa sensación de movimiento de tripas de nuevo. ¿Por qué el sexo es importante? ¿Por qué no puedo negárselo, como Brenda me vive sugiriendo? Me quejo conmigo misma, pero es porque sé la respuesta.
No se lo 'no-niego' a él, sino a mí misma. No sé lo que me pasó, yo nunca fui la típica adolescente con las hormonas desbordadas, nunca, ni siquiera en la escuela secundaria. Yo solía ser 'recatada' y 'bien portada', pero apenas cumplí los treinta años y el sexo se convirtió en una compulsión más que en una necesidad. No puedo engañarme a mí misma. Nunca lo he hecho. Sé qué lo causó. No sé cómo deshacerme de ello sin embargo, pero a decir la verdad, no quiero que se me pase, no todavía. Aun así, a veces me pregunto cuando me irá a durar.
Arnold llama mi atención. Hemos llegado al Teatro Plateado y hay una larga fila en la taquilla ya. Vacilante, Arnold lidera el camino hasta atrás de la fila y yo lo sigo. Mientras estamos de pie esperando, sé que él no está de humor para ir el teatro. Sé que yo no estoy de humor para el teatro tampoco, pero dos horas preocupándonos por los problemas de otra gente suena mejor que preocuparnos por los propios, en serio, porque ¿y qué tal si no? ¿Qué vamos a hacer? ¿Seguir caminando sin rumbo bajo este clima tan frío? ¿Ir a cenar tan temprano? ¿Volver a casa y admitir que algo está definitivamente mal con nuestra relación?
La fila se mueve hacia adelante. Alzo la vista para ver su rostro, y tengo que morderme el pulgar con fuerza para evitar la risa que amenaza con escapar de mis labios. Su hermoso rostro demuestra su miseria. Me doy la vuelta. Debo hacer algo - exhalo largamente, pero luego miro a mi alrededor y el paisaje de la ciudad es tan sombrío que simplemente no hago nada. Seguimos avanzando en la fila. ¡Caray! Sé que voy a terminar por detener esto, pero no parezco ser capaz de encontrar mi propia lengua.
Reuniendo todo mi valor me aclaro la garganta y él se vuelve para mirarme. "¿Sabes-?" al sonido de esa simple palabra sus ojos se iluminan. "Tal vez deberíamos-"
Un timbre me interrumpe y parpadeó confundida. Arnold se disculpa mientras mete su mano dentro de su abrigo para sacar su teléfono celular.
"Hola," se da la vuelta. ¿Salvado por la campana? Frunzo el ceño mientras tomo su lugar en la fila que sigue avanzando. Estamos en el tercer lugar en la fila ahora. Me volteo a ver a Arnold quien también está frunciendo el ceño.
"Entiendo..." hace una pausa "Cielos, no lo sé..." cierra los ojos luciendo un tanto perdido "Lo que sucede es que no estoy en casa en este momento y... sí, no puedo revisar mi correo electrónico." Hace una pausa de nuevo y me mira con una expresión vaga en sus ojos. "Puedo checarlo... tengo mi celular, pero no voy a ser capaz de hacerle correcciones..." realmente suena apenado. "¿A qué hora dijiste que sale tu avión?" otra pausa "Ya veo."
¡No puedo creer lo que escucho! Mi corazón comienza a latir enloquecido. No puedo respirar. Sé quién es. Sé lo que significa la mirada que Arnold me está dirigiendo; está casi suplicando. ¡No sé cómo mi mente es capaz de procesar todos estos pequeños detalles mientras mis sentidos están bajo el peor asalto que han sufrido en su vida!
"Mira, la verdad es que salí... sí - con mi novia, sí - y estamos a punto de entrar en el... sí," él suelta una risita bastante expresiva. Mi corazón ha duplicado ya sus latidos.
Hay una pausa. Vacilante, avanzo una posición más mientras me muerdo el labio. Trato de ignorar sus ojos y decido mirar mejor a la taquilla y luego a las puertas de entrada. ¿A quién diablos le importa el teatro cuando-?
"Siéntete libre de ir," me las arreglo para murmurar al tiempo que me salgo de la fila. Arnold frunce el ceño mientras se vuelve para verme de nuevo, sus ojos muestran sorpresa, pero también hay un atisbo de esperanza allí. Debería sentirme ofendida de que él elija su trabajo por encima de mí un domingo por la noche, pero ¡¿en serio?! Además, todo se trata de mí al final, ¿no es así? No de él. Yo soy la que está a punto de conseguir lo que quiere; la oportunidad que he estado esperando durante tanto tiempo. Mi corazón está en mi garganta. Estoy segura de que mis latidos son visibles en el hueco de mi cuello cuando me vuelvo para verlo.
"¿Puedes darme un segundo, por favor?" Arnold dice en el teléfono y se vuelve hacia mí "¿Qué pasa? ¿Por qué dejaste la fila?" me pregunta.
"Eres libre de irte- a donde quiera que tengas que ir." Me encojo de hombros, señalando el teléfono "No tengo ganas de ir al teatro de todos modos," pongo una cara con la que finjo-que-finjo indiferencia, pero añado una pizca de tener mis sentimientos lastimados sólo porque sí.
"Claire, no tengo que estar en ningún otro lugar, pero-" se detiene, porque no sabe qué más decir. "Habíamos planeado pasar todo el día juntos..."
"Pero te necesitan ahora." Salgo hacia la acera, para que la gente en la fila deje de escucharnos. Arnold se mueve detrás de mí. "Y no es como si no tuviéramos el resto de la noche, ¿no? Todavía tendremos la cena… sólo nos saltaríamos el teatro de todos modos."
Él asiente con la cabeza con entusiasmo. Yo me rio conmigo misma. Parece que tener que trabajar una tarde de domingo es más fácil de digerir que pasar dos horas en el teatro conmigo. Debería sentirme ofendida. "Sólo nos tomaría una hora o dos, después de todo."
Asiento con la cabeza. No puedo culparlo. La noche está empezando a sonar... emocionante... por primera vez. Me pregunto si "emocionante" es un adjetivo adecuado para lo que viene. Bajo mi vista para evitar que la sonrisa traviesa que está empezando a formarse en mis labios sea vista por él.
"¿Dick?" dice y mi corazón da un vuelco. Me rio nerviosamente sin importar si me ve ahora. "Estaremos allí en pocos minutos, espero. No, no es necesario. Estamos realmente muy cerca de la oficina..." hace una pausa "Oh... bien ... no, no hay problema en lo absoluto, sólo dame tu..." él se vuelve hacia mí y la hace señas como de escribir "Está bien..." No sé cómo le hice, pero aparecí un lápiz y papel en un segundo, casi como por arte de magia. 'Nací para esto' me digo a mi misma. Casi rio tontamente mientras escribo su dirección. No es necesario escribirla, en realidad, ya que es una de esas cosas que uno sabe que no olvidará pronto... o nunca.
. . .
No soy dueña de Hey Arnold!
Poseo solamente la trama y la OC.
Las MRs sólo intentan ilustrar la historia.
El siguiente capítulo tiene diez mil palabras y estará aquí el jueves.
24 de octubre 2015.
