Cohete a la Luna

Capítulo Veintiséis

Las Cosas Sencillas


. . .

Arnold asiente con entusiasmo cuando le digo que no habrá teatro hoy. Yo me río conmigo misma. Parece que tener que trabajar una tarde de domingo es más fácil de digerir que pasar dos horas en el teatro conmigo. Debería sentirme ofendida.

"Sólo nos tomaría una hora o dos, después de todo." dice.

Asiento con la cabeza. No puedo culparlo. La noche está empezando a sonar... emocionante... por primera vez. Me pregunto si "emocionante" es un adjetivo adecuado para lo que viene. Bajo mi vista para evitar que la sonrisa traviesa que está empezando a formarse en mis labios sea vista por él.

"¿Dick?" dice y mi corazón da un vuelco. Me rio nerviosamente sin importar si me ve ahora. "Estaremos allí en pocos minutos, espero. No, no es necesario. Estamos muy cerca de la oficina..." hace una pausa "Oh... bien... no, no hay problema en lo absoluto, sólo dame tu..." él se vuelve hacia mí y la hace señas como de escribir "Está bien..." No sé cómo le hice, pero aparecí un lápiz y papel en un segundo, casi como por arte de magia. 'Nací para esto,' me digo a mi misma. Casi rio tontamente mientras escribo su dirección. No es necesario escribirla, en realidad, ya que es una de esas cosas que uno sabe que no olvidará pronto... o nunca.


. . .

Quince minutos más tarde estamos de pie enfrente de un pequeño edificio casi perdido entre The Plaza y otra alta estructura. ¡No puedo creer que esté aquí! De todos los lugares de la ciudad en que lo imaginé viviendo, nunca pensé que viviría aquí: con Central Park a su puerta y esos hermosos carruajes tirados por caballos al otro lado de la calle. He estado aquí unas mil veces antes y nunca lo hubiera adivinado. Me doy la vuelta. La ciudad parece más luminosa. La Madre Naturaleza me está guiñando un ojo, puedo sentirlo. O tal vez es sólo que la anticipación me hace ver todo con más calidez.

Arnold prometió en nuestro camino hasta aquí que me compensaría por esto. 'Ya lo hiciste' le quise decir, pero sólo de pensar lo que diría si supiera todo lo que está pasando en mi cabeza me abochorno; me siento culpable ¡De verdad! Creo que me estoy volviendo loca. Pero en serio – pienso mientras le sonrío con recato al conserje y a una mujer mayor que va saliendo - Realmente le DEBO mucho a Arnold. Sé que obtuvimos el apoyo para 'Eyes for US" gracias a él. Sé que llegué a conocer y tratar a todos estos tipos ricos gracias a él. A conocer este lujoso y extremadamente interesante mundo gracias a él; y sobre todo, le debo que estoy a punto de conocer al hombre del que he estado locamente enamorada desde hace unos cuantos meses.

Muy bien, ahora solo tengo que mantenerme calmada y respirar profundamente.

Estamos subiendo ahora; son sólo seis pisos. Siento como si mi corazón hubiera dejado de latir... ¿Es a propósito que todo lo que ocurre va demasiado lento? Cada segundo parece una eternidad. Los ruidos del ascensor, las puertas que se abren, las paredes de mármol que reflejan nuestras formas, el suelo de baldosas donde nuestros pasos hacen eco, el nerviosismo de Arnold...

"¿Por qué estás tan nervioso?" Le pregunto mientras vamos por el pasillo. Arnold ya me había contado la razón de tanta prisa. Dick estará tomando un vuelo a las diez y necesita su ayuda con un contrato.

Arnold se vuelve hacia mí antes de responder con voz baja. "No me gusta toda esta urgencia. Me hace pensar que Dick está de mal humor. Mira-" se detiene repentinamente, tomando mi brazo. "Podía muy bien haber checado el contrato de mañana por la mañana, sabes, y enviárselo cuando estuviera listo, pero-" duda un poco, torciendo los labios.

"¿Dick es quisquilloso?" ofrecí en vista de su vacilación.

"No sabes ni la mitad..." suelta una risita nerviosa. "Es obsesivo," solo mueve la boca sin emitir sonido alguno en la última palabra.

"¿No deberías haber dicho que no, mejor?"

Él se queja. "No es tan fácil."

"¿Por qué no?"

"Porque sería peor. Si me llamó es porque piensa que realmente necesita mi ayuda." Arnold parece bastante incómodo, "Y lo creas o no, la forma más fácil de salir de este asunto es siguiéndole el juego. Sólo lamento que quedaras atrapada en medio de todo esto".

"No te preocupes." Le doy palmaditas en la mano. Él asiente con la cabeza y empezamos a caminar de nuevo.

"Podría ponerse difícil," Arnold me advierte, mirándome de reojo. Yo río en voz baja, restándole importancia.

"Te está pidiendo un favor. Debería estar agradecido, no gruñón."

Le oigo murmurar entre dientes "Espero que tengas razón."

Tomo aire mientras él toca el timbre. Me concentro en mi respiración mientras esperamos, hasta que oímos sus pasos del otro lado, y luego la puerta siendo desbloqueada en tres puntos diferentes. Arnold ríe para sí mismo y me aprieta la mano justo antes de que la puerta se abra revelando a nuestro anfitrión. Le doy un apretón a su mano también, pero el mío es buscando apoyo. Me temo que me voy a desmayar si no me aferro a él.

Todo sucedió tan rápido. Pensé que sería más como en las películas, cuando se siente el movimiento en cámara lenta, pero no es el caso. Antes de que me dé cuenta ya hemos sido presentados y estamos entrando en su hogar. Dejando atrás las formalidades, ellos empiezan a hablar sobre el asunto en cuestión y me quedo atrás, siguiéndolos por el pasillo.

Creo que es ahí cuando empecé a respirar de nuevo. ¡No puedo creer que acabe de estrecharle la mano y que me sonriera! ¡No puedo creer que su mano rozara la mía cuando le entregué mi abrigo! Ahora estoy de pie junto a la entrada de su estudio mientras lo observo a distancia pretendiendo estar admirando el lugar. Es bastante alto; pienso mientras veo su delgado cuerpo inclinado sobre el pesado escritorio donde Arnold está sentado. Lo he visto sólo cuatro veces antes y puedo describir a detalle cada una de ellas - una vez en el baile y tres en las oficinas después, cuando yo andaba por ahí, pero nunca tan cerca, y nunca -por supuesto- habíamos sido presentados propiamente.

Dudo acerca de quedarme aquí. No quiero imponerles mi presencia así que miro a mi alrededor con curiosidad y luego salgo a explorar el departamento, acariciando las superficies que me encuentro en mi camino. Su casa es tal como esperaba que fuera; limpia, espaciosa, con techos altos, y refinada aunque - no me esperaba esto- austera decoración. Sus paredes de colores neutros y sus suelos de madera oscura contrastan con la luminosidad del ventanal que cubre toda la pared frontal. Como una polilla a la llama, me siento atraída hacia él. No puedo creer la vista que se extiende desde aquí. Incluso cuando estamos a finales de otoño y está ya oscuro, todavía se pueden distinguir las pocas hojas de color rojo y amarillo que quedan en los básicamente desnudos árboles. Las hermosas y cálidas luces de Central Park, el Estanque, la Grand Army Plaza y de la animada ciudad allá abajo me hacen suspirar. Ya no llueve y los cielos iluminados artificialmente me hacen sentir que yo estaba destinada a apreciar esta vista.

Aun cuando sé que no puedo verlos desde este lugar, dirijo mi vista a la puerta del estudio de todos modos. Sus voces me dicen que todavía están ocupados. ¿Cuánto tiempo se tardarán, me pregunto? ¿Cuánto tiempo tengo? Arnold dijo que sería un poco más de una hora. Suspiro profundamente. Todavía no puedo creer que esté aquí; en este hermoso apartamento con vista a Central Park que pertenece a no otro que Richard T. Mueller. Me río por dentro. Leí su nombre completo en el diploma que cuelga de la pared de su estudio. Es graduado de la Universidad de Northwestern; un Ingeniero Industrial nada menos. Eso explica el montón de gordos libros y todas esas certificaciones de Toyota Production System que hay por todo el lugar.

Me rio despacito de nuevo y decido continuar mi exploración. Realmente no creo que alguna vez tenga la oportunidad de hacerlo de nuevo, y definitivamente, sentarme en el sofá y ver mi celular sería un desperdicio de la oportunidad. Me muerdo el labio pensando en lo mucho que disfrutaré relatar toda esta aventura a Brenda. ¡Se pondrá verde de envidia! ¡Oh Dios, eso va a ser divertido!

.

Dejo el bolso en el sofá y camino por el lugar de nuevo concentrándome en la decoración ahora. Un árbol de Navidad bellamente decorado en la esquina izquierda es la primera cosa que me llama la atención. Frunzo el ceño porque aunque es de noche las luces están apagadas. Justo después del árbol hay un enorme gabinete de nogal empotrado que rodea a la chimenea que cubre casi por completo una de las paredes. Está lleno de cajones, anaqueles, un televisor oculto y unas pocas figuras decorativas. Algunas revistas de negocios y de automóviles están cuidadosamente apiladas en uno de los estantes más bajos. El resto de los escasos muebles de la habitación, incluyendo sofás y sillones, -o incluso la mesa del comedor de la habitación contigua – están empujados contra las paredes, dejando los amplios centros de las piezas despejados. Todo es tan... alineado, ordenado, simétrico. No hay una mesita de café o un tapete que estorbe en el centro de la habitación; no hay un adorno que no tenga pareja. Frunzo el ceño. Los cuadros que cuelgan de las paredes son un tanto sombríos. Unas fotografías en la superficie de una mesa de rincón llaman mi atención y me acerco para verlas: Henry, una mujer mayor que parece que podría ser su fallecida esposa, otra mujer rubia que claramente es la madre de Dick, y Helga Pataki posan en ellas. Sigo adelante pero no antes de golpear la cara de Helga con mi dedo.

Maldigo en silencio. La foto se cayó haciendo un fuerte ruido y yo me doy prisa para reacomodarla. Debería saber que no sería tan fácil deshacerme de esa bruja rubia. Camino a la cocina entonces, toda cubierta de nogal oscuro y mármol blanco, paredes incluidas. Es impecable. Me pregunto si alguna vez alguien ha cocinado aquí. Sobre la pared que conduce a la cocina hay una litografía que describe una linda escena campirana. Es la única pintura con la que puedo relacionarme. La casa de mis padres en Pennsylvania está llena de ellas.

Después de una rápida revisión del baño –cubierto en más de ese mármol blanco - vuelvo al ventanal. La vista debe ser hermosa a la luz del sol, creo; en primavera, o en verano, o en...

"Hasta hace unos días era un hermoso espectáculo digno de verse, ¿sabes?" Cierro los ojos mientras un escalofrío recorre mi espina dorsal. ¡Esa voz! "El follaje de otoño en su máximo esplendor."

"Sólo puedo imaginarlo." Pronuncio suavemente mientras me vuelvo para verlo. Él está mirando hacia el frente, pero luego voltea hacia abajo y me sonríe. Mi estómago da un salto. Dientes perfectos de color blanco perla, labios delgados, mandíbula cuadrada, ojos entornados. Tiene rasgos duros y el tipo de un antihéroe, lo sé; pero no puedo evitar sentirme atraída por él. ¿Cómo puede ser tan sexy cuando no es convencionalmente guapo? Me esfuerzo por ocultar un profundo suspiro. ¡Contrólate chica! No quieres asustarlo, ¿verdad?!

"¿Cuando... cuando es más atractivo – ¡Bonita! Quiero decir, bonita..." rápidamente me corrijo "¿La vista, quise decir...?"

"¿Bonita?" Él arquea su ceja con diversión. Asiento con la cabeza, mortificada. "Siempre es bonita; incluso en invierno es impresionante. Yo diría, sin embargo, que en otoño es mi favorita."

"Creo que estaría de acuerdo. Todos esos rojos y amarillos..."

"¡Naranjas!" dice él expresivamente "No has visto esos naranjas."

"Sí, supongo..." Me froto las manos para que dejen de temblar "¿S... siempre has vivido aquí?" le pregunto con voz temblorosa. ¡Dios ayúdame! Tengo que reunir todo mi auto-control; no quiero que piense que soy patética.

Él no se voltea para verme en esta ocasión "Ya hace un buen tiempo."

Asiento con la cabeza. "También- también estaba admirando tu árbol de Navidad," mi voz es más firme ahora – ya era hora-. Me vuelvo a mi izquierda "Me preguntaba por qué no lo has encendido aun".

Él da un paso atrás para poder avanzar hacia el árbol en cuestión sin que yo quede en medio de su camino "Todavía no está listo", me informa.

"¿No lo está?" le pregunto "Luce bastante listo para mí." También doy un paso adelante. "¿Qué le falta?"

Él se ríe y mi bajo vientre tiembla ante la profunda resonancia de su risa. "En realidad no lo sé", lo que espero sea un gesto adorable aparece en mi frente cuando me vuelvo para verlo. Él me mira brevemente "Hay alguien que está a cargo de él; una chica. Justo me acaba de decir que no está listo aún." encoge sus perfectamente cuadrados hombros.

"¿Quieres decir que pagas para que alguien haga el trabajo?" Hago lo que puedo para que mi voz suene sexy e interesante también.

"La administración lo hace, en realidad." Afirma llanamente mientras toca un adorno dorado del árbol "Este apartamento tiene la ventana más visible de por aquí, y las personas a cargo del edificio toman sobre ellos la responsabilidad de tener..." vacila un poco "espíritu navideño".

"¿Así que te ahorran el trabajo?"

"Se puede decir que sí." Él deja escapar una sonrisa torcida.

"¿Lo harías tú? Quiero decir, ¿si ellos no lo hicieran?"

Como se toma su tiempo para responder yo me tomo mi tiempo para observarlo. Realmente desearía tener todo el tiempo del mundo, -o la esperanza de tenerlo acostado junto a mí algún día en un futuro cercano- para observarlo a placer todo el tiempo que quiera, pero sé que esta oportunidad es casi un milagro. Lo miro fijamente, con la intención de dejar su imagen grabada en mis retinas por el resto de mi vida.

Bajo la cálida iluminación de la sala de estar soy capaz de apreciar que acaba de hacerse un corte de pelo. Sus cabellos rubios oscuros presumen un pulcro y varonil corte. De alguna manera no puedo imaginarlo sentado en el salón de Sally Hershberger mientras le cortan en cabello. Él es probablemente más en la línea de una barbería pasada de moda. También veo la leve sombra en su mandíbula que me dice que no se afeitó esta mañana. Mirando el hoyuelo en su barbilla me pregunto cómo le hace para afeitarlo. ¿Pone un dedo a cada lado y luego estira la piel para que la máquina de afeitar llegue hasta el fondo? ¿Barre hacia un lado y luego hacia el otro? Me río por dentro con sólo imaginarlo sin camisa frente al espejo de su baño.

Mientras comienza a decir algo en el sentido de que Navidad no es su época favorita del año, yo sigo con mi rápida-pero-exhaustiva inspección. Sus arcos superciliares, esa varonil línea de nacimiento del cabello y sus ojos azul plomo son magnéticos. 'Azul Plomo' –lol- no es una palabra que me saqué de la nada; oh, no. Ya los busqué en Google, ojos azules, desde el primer momento en que posé mis ojos castaños en los suyos. Hay toda una gama de azules, ¿saben? Van desde el "Azul Claro o Baby Blue' -como los de Henry; ' Azul Cielo o Sky Blue'- como los de Stan Wright; o 'Gunmetal o Azul Plomo,' -como los de Dick ... o los de Helga; mis labios arrugan con fastidio. De todas maneras, podría seguir hablando durante horas sobre el tema, pero la verdad es que tengo que seguir por el bien de la Charla del Siglo que pronto estaré teniendo con Brenda.

Muy bien, ¿qué más, ya que el tiempo corre y él está acabando su discurso? ¿Mencioné su manzana de Adán? ¿Esa vieja cicatriz en su sien derecha? ¿El millón de pecas que le llenan las mejillas y los pómulos? No es un millón, lo sé, pero cincuenta mil parece un buen número... mmmm, está bien... tres – cuatro - quizás cinco - cientos de ellas repartidas por todo su rostro. Me ofrezco de voluntaria para contarlas por si alguna vez se interesa en llevar un inventario. Lo prometo.

Cuando reacciono él me está mirando con una expresión extraña. "¿Qué es tan gracioso?" me pregunta.

"Lo siento", borro lo que supongo que era una sonrisa boba de mi cara, "Sé a lo que te refieres. Pensando en mi propia familia, no todas fueron Navidades felices. Hubo momentos tristes también, pérdidas, peleas..."

"Mezquindad, pobreza... Todo es un simbolismo". Deja salir un resoplido fastidado. Una profunda arruga aparece en su frente y no puedo evitar sentirme intimidada "¿Alguna vez has pensado en todos esos niños que no tienen nada, ni siquiera esperanza, por no hablar de un tonto árbol o regalos; quienes se ven obligados a pensar que ellos son los que están mal porque se supone que Navidad es un tiempo de 'dar', incluso cuando nadie está siendo generoso con ellos?"

"Sí, todo parece tratarse de familias felices; sé que es difícil." También dejo salir un suave resoplido "Afortunadamente nosotros no estuvimos entre ellos."

Sus ojos escudriñan mi rostro arriba y abajo.

"Afortunadamente" él asiente con la cabeza, con sequedad.

Algo sobre esta repentina frialdad me hace preguntarme si he sido grosera sin darme cuenta. Me esfuerzo por recordar que pudo ser. Supongo que por ahora lo mejor será disculparme "No quise decirlo en el mal sentido, o sea..." Me detengo un poco "Fue algo bueno que ambos tuviéramos padres que cuidaran de nosotros. Cada uno a su propia manera y – en sus propios medios. No me atrevería a comparar mi situación a la tuya, por supuesto, pero- "

"¿Pero puedes sentir empatía?"

"Bueno, sí, por supuesto, sí."

"Eso es lo que importa." afirma sin ceremonias "¿Entonces supongo que estás de acuerdo con lo que dije?" me mira con recelo y me pongo nerviosa. ¿Me está poniendo a prueba? ¿Sabe que no escuché todo lo que dijo porque en realidad lo estaba viboreando?

"Sí, o sea, por supuesto, digo, no es algo en lo que pienso en todo el tiempo. Quiero decir, es doloroso, a veces simplemente decidimos cerrar los ojos, pero por supuesto que sé que hay pobreza, negligencia, violencia, crueldad... y es aún más pesado tratándose de esta época del año". Tomo una ingesta de aire y luego hago más lento mi discurso "Cuando lo piensas de esta manera es muy fácil ver la vanidad, la falsedad de todo el comercialismo asociado con la Navidad, justo como acabas de mencionar."

"Provoca enojo," hay algo parecido al odio en su voz, y comienzo a sentirme mortificada.

"Es triste, estoy de acuerdo, pero pienso también que es mi tiempo de Navidad después de todo, y creo que me debo a mí misma y a la gente que quiero demostrar que me importan."

"Comprando regalos de Navidad para todos ellos." No fue una pregunta. Arrugo mi entrecejo. Él inclina brevemente la cabeza y sonríe mordaz. Esta conversación no es lo que estaba esperando. Su aspereza está empezando a alterarme los nervios.

"Creo que elijo pensar en ello como una muestra de mi afecto." le respondo y trago saliva.

"Me parece bien, tal vez hacia tus padres o tu novio, pero ¿qué pasa con aquellas personas que apenas conoces? ¿Gente fastidiosa, despreciables compañeros de trabajo, tu Santa secreto?"

No sé cómo sentirme por el hecho de que él ya no esconde esa sonrisa de superioridad.

"Es un convencionalismo social..."

"Que sigues ciegamente a pesar de que habías dicho que puedes sentir empatía..."

"¡Pero es que uno no puede simplemente mantenerse alejado de todo eso!"

"¿De qué exactamente? ¿Ir de una tienda a otra, de comprar regalos de última hora, de pagar por hermoso papel de regalo que se convertirá en basura al día siguiente?"

"Vamos," dejo salir una risita nerviosa "¿No me digas que nunca lo haces?" él se encoge de hombros con una arrogante indiferencia "¿Nunca? - Quiero decir, ¿ni siquiera por tus seres queridos?"

"Una tarjeta de regalo cuando en realidad no puedo evitarlo."

"¡¿Una tarjeta de regalo?!" No puedo evitar mostrar mi asombro.

"De esa manera ellos saben qué esperar de mí. No me gusta cuando la gente se llena de esperanzas por cualquier cosa." dice con desdén "¿Qué vida ha cambiado realmente debido a un regalo de Navidad?"

"Bueno, no puedo decirte ahora mismo qué vida ha cambiado realmente, pero estoy segura de que ha habido regalos de Navidad que..." él sonríe condescendiente. Algo caliente se mueve dentro de mi pecho y no es lujuria. No puedo creer lo que oigo. Incluso cuando estoy bastante segura de que nunca seré una de las personas que a él le importan, no puedo evitar sentirme agraviada. "¿Y nunca has sentido el impulso de dar algo? Digamos, ¿como un regalo?" No pude evitar que eso sonara como una acusación.

"Por supuesto que sí. Eso es exactamente lo que lo hace especial. Hay una gran diferencia entre cuando sientes ganas de dar algo a cuando un convencionalismo social te dice que lo hagas en una fecha determinada."

"No puedo creer que un hombre en tu posición pueda hacer eso."

Él suelta un resoplido y me vuelvo para ver que una sonrisa pícara que le sienta increíblemente bien se ha asentado en su rostro

"Nunca creerías lo que se le permite hacer a un hombre en mi posición."

"¿Oh, en serio?" saco mi barbilla de una manera desafiante. Veo un hueco en su discurso que podría convertirse en su perdición si juego bien mis cartas. No sé por qué, pero siento que sería feliz si pudiera borrar esa sonrisa de satisfacción de su rostro. "¿Cómo toda esta… decadencia... se acopla con tu previo discurso contra el comercialismo exagerado de las festividades?"

Él se encoge de hombros con desinterés mientras se vuelve para ver a su reloj.

"No lo hace."

Mi siguiente comentario mordaz estaba listo para salir, pero su impasibilidad me deja helada "¿Q-qué?"

"No lo hace, en ningún aspecto." Siento un repentino impulso de abofetearlo. ¿Está aburrido acaso?

"Acabas de decir... que a un hombre en tu posición se le permite hacer cosas que están más allá de… mi entendimiento. Y ahora dices..."

"Parece que te lo has tomado muy a pecho." Lo veo ahora escondiendo un bostezo, lo que me hace sentir descorazonada "Veamos, yo dije que se me permite, nunca dije que en realidad vaya y haga cosas malas, depravadas, inmorales, o lo que fuera qué estuvieras pensando."

"N... no, yo..." vacilo entonces mortificada, pero él continúa, ignorándome.

"Tal vez ni siquiera estaba hablando de cosas amorales de hecho. Tal vez me refería a buenas acciones que a una persona como yo también se le permite hacer, pero tu mente femenina y ansiosa se apresura a sacar conclusiones prejuiciadas." Se encoge de hombros de nuevo "No sé qué es lo que hace que una chica tan agradable como tú vaya y piense esas cosas, ¿señorita...?" se inclina ligeramente hacia adelante.

"M... Miller..." Hago una pausa. No sé lo que vino a mí en ese preciso momento que me hizo hablar sin pensar, - probablemente la sensación de que no tenía nada que perder, mezclado con cualquier cosa que haya pasado en el último minuto - pero antes de que tuviera tiempo de corregirme, me encontré pronunciando - "aunque no me importaría si mi apellido cambiara a Mueller," - con la voz más natural que soy capaz de componer.

"¡Ja!" él suelta una risotada. Sus ojos brillan con diversión y un toque de... algo que no soy capaz de identificar.

Estoy demasiado ocupada tratando de ocultar mi bochorno como para tratar de interpretar sus pensamientos. ¡Dios mío! ¡Me siento tan avergonzada! Acabo de decir en voz alta algo que sugiere matrimonio, ¡¿y él se rió de mí?! ¡¿Se rió de mi torpe y estúpido intento de coqueteo?! Dios, ¡¿Qué estaba pensando?!

Él mantuvo esa peculiar expresión en su cara mientras yo estoy segura de que mi cara se puso color rojo tomate. Con la intención de pensar en cualquier otra cosa excepto lo que acabo de decir, volteo a ver mi ropa. Dejo salir un gemido. Me arrepiento de haber elegido unos jeans oscuros, una blusa bastante simplona y un par de zapatos negros. Son Nine West al menos, pero... arrugo mis labios; eso es todo, ningún accesorio, ni siquiera un reloj. Aun así, me gustaría que él me mirara de otro modo. No estoy tan mal después de todo, pero él no lo hace. Me está mirando a la cara. Si acaso me ha echado un buen vistazo ya no lo hizo abiertamente.

"¿Quieres algo de beber?" me sorprende con su repentina pregunta. "Debí haber preguntado antes, lo siento." Su expresión es neutral ahora; como si nada importante hubiera sucedido.

Vacilo un poco. Agua, café, té, cerveza, whisky, tequila...? ¿Por qué estoy buscando lo más complicado?! A pesar de todo, vaya que me siento atrevida. Posiblemente es porque todavía quiero causar una impresión. 'Acabas de coquetear con el tipo, por el amor de Dios!' Mi mente me grita. 'Eso debería decirte toneladas de las cosas que no sabes acerca de ti misma'.

"¿Chocolate caliente?" Me muerdo el labio. Parece que realmente le sorprendió mi respuesta "¿Sería eso posible? Hace frío y no me gusta mucho el café."

'Mentirosa', mi mente grita de nuevo, pero ya simplemente la ignoro.

Él hace una mueca y se da la vuelta "La verdad es que no tengo idea." Luego se dirige a la cocina. Bueno, él está haciendo su parte: actuar como si nada. Esto significa que no está enojado, al menos. Lo sigo, sonriendo como una idiota, ahora que me está dando la espalda y no puede verme. Esta es exactamente la parte que me faltaba; observarlo por detrás.

Lleva un par de Wranglers que cubren de mezclilla de color azul esas perfectas piernas de 36 pulgadas de largo, a diferencia de otros – suelto un resoplido para mí misma girando brevemente hacia la puerta del estudio-. ¡En serio! Sus piernas son dignas de notarse, incluso cuando está usando esos trajes elegantes que usa en el trabajo, pero los jeans son otra cosa. Los jeans te permiten apreciar formas -y traseros también- como diría Brenda. Escondo una risita. Mientras se está moviendo, extendiéndose arriba y abajo en la cocina en busca de polvo de cacao confirmo nuestras sospechas (de Brenda y mías). Dick tiene un cuerpo tonificado pesar de no parece del tipo que va al gimnasio. Es delgado, bastante bien formado, pero no musculoso. De alguna manera parece que sus bien formados músculos le vienen de los genes, de caminar o correr tal vez, pero no de pasar largas horas en el gimnasio trabajando en ellos.

"¡Aquí lo tienes!" Finalmente coloca el cacao en polvo en el mostrador "Sabía que lo había visto en alguna parte."

"Veo que tienes una cocina muy bien equipada." Digo con entusiasmo "Mi madre mataría por algo así."

Él sonríe cortésmente y luego frunce el ceño. "Necesitamos una olla." Antes de que lo adivine él se inclina... y la vision me deja sin aliento...

¡Oh, gloria de las glorias! ¡Oh, divino testamento de la majestad de la creación de Dios!

"¡Me lleva la cachetada!"

Mi mano sube para taparme la boca por una fracción de segundo. ¡¿Qué diablos que acabo de decir?! Él se endereza a toda prisa. Yo ya puse mis manos juntas delante de mí y finjo emoción cuando él se da la vuelta para mirarme.

"¡¿Qué dijiste?!"

Su ceño fruncido es mortífero. ¡Oh Dios! Trago saliva. Culpen de mi muerte a Homero Simpson.

"Lo siento si te asusté." No lo estoy mirando a él, sino al armario detrás de él "Me sorprendió ver que tienes macarrones con queso aquí. ¡Mira!" apunto hacia el armario donde unos cuantos paquetes de los siempre confiables Macarrones con Queso Kraft se asoman.

Ruego a Dios que se lo crea. Él parece confundido por un segundo mientras mira a los paquetes, pero luego se vuelve hacia mí. Decir que la mirada de sus ojos azules es sólo hostil es una fantasía.

"¿Quieres macarrones con queso?" su voz se ha convertido en hielo.

"No, no... Supongo... supongo que es justo como dijiste antes. Yo... nosotros... solemos pensar..." vacilo de nuevo. ¿Qué tal si lo hice enojar? Arnold nunca me lo perdonaría. "Supongo que asumimos cosas equivocadas acerca de gente como tú, como dijiste antes." Me encojo de hombros "Cosas como que tienes cenas gourmet todo el tiempo y... ya sabes..." Dejo escapar una sonrisa de disculpa. "Lo siento."

"Mira-" ël está hirviendo de rabia, pero en ese momento los pasos de Arnold pueden ser escuchados en el estudio. Dick se da la vuelta y se marcha sin decir una palabra más.

¡Gracias Dios! ¿Qué demonios me está pasando?! Me tiemblan las manos mientras lleno la olla con agua y la pongo en la estufa. Me regaño a mí misma. ¡No lo puedo creer! ¿En qué me he convertido? ¿Acabo de soltarle: 'Me lleva la cachetada!' cuando sus nalgas estaban al alcance de mi mano? Pero luego, - ¿alguien podría culparme? ¡Dios mío! Sé que está furioso. No voy a sobrevivir esta noche. Me temo que vaya a decirle a Arnold. ¡Oh Dios! Esto no es bueno. Arnold nunca lo creería porque soy una buena chica después de todo, pero entonces, ¿qué?

¿Quién me mete en estos problemas? Maldigo a Brenda en voz alta. Es su culpa después de todo. Ni siquiera me gustaba Dick Mueller al principio. En realidad me asustó la primera vez que lo vi: todo sombrío y lúgubre; como una tormenta a punto de ocurrir. Pero entonces, ella empezó a hablar de él como si fuera una especie de semidiós y ya nunca se detuvo; y yo empecé a prestar atención. La siguiente vez que lo vi no pude evitar caer redondita. Dick es puro veneno.

En lo que pongo el chocolate en polvo en la cacerola empiezo a calmarme. Por mucho que odie escuchar a los hombres (o a las personas en general) siendo sexistas, no creo que podamos hacer nada para contenernos a nosotras mismas, aunque esto es algo que nunca diría en voz alta. De vez en cuando, las mujeres perdemos la cabeza. Puede ustedes argumentar que soy estúpida -no es el caso-; que soy misógina –nunca lo sería-; que estoy traicionando a mi propio género –nunca en un millón de años-; pero a veces nos sucede. Las chicas simplemente nos volvemos locas. Nuestros sentidos estallan, vemos el mundo a través de lentes del color del amor- no podemos mantener nuestro entusiasmo a raya, e incluso nuestro decoro desaparece. Caemos locamente enamoradas. Nos obsesionamos. El objeto de nuestro afecto - Dios nos proteja - suele ser alguien muy lejos de nuestras posibilidades; un actor o cantante, un atleta, un personaje público. ¿Cómo si no se explica la locura que rodea a gente como Justin Beaver, Two Direction, Jones Brothers, Backstreet Kids, o los iniciadores de esta bandada: The Beetles?

Asimismo, no sé qué lo activa. ¿Las hormonas, el amor, el calor, la lujuria, la estupidez? Lo que sea. No se le puede detener. Es una fuerza de la naturaleza. Todo nuestro amor yace allí, simplemente para que alguien lo tome. A mí me pasó una vez cuando era un adolescente. Me enamoré de Legolas también conocido como Orlando Bloom. Leí todos los libros; me compré la edición del director de cada película; aprendí su biografía de memoria; fui a investigar el lugar donde nació, tanto en la Tierra Media como en Canterbury, Inglaterra; el lugar donde creció; la escuela a la que asistió; todo, aprendí todo sobre él. Pensaba en él todo el tiempo, me pasaba horas mirando sus cálidos ojos castaños en la pantalla del ordenador. Juré que era el ser humano más excepcional en el mundo entero. Sabía que en una noche determinada él iba a venir a buscarme y seríamos felices para siempre...

¿Era un caso perdido o qué? Lamentablemente no. Suspiro mientras apago el quemador. Mi chocolate caliente huele delicioso. Miro alrededor buscando unas tazas. Admito que me ha sucedido de nuevo, sólo que esta vez no me enamoré de un artista. Me enamoré de un hombre real, pero aun así, es el tipo de hombre a quien nunca pensé que podría de hecho conocer - y llegar a tratar.

Supongo que es por eso que estoy actuando de esta manera. Es como cuando conoces a un artista y haces cosas locas sólo para que se dé cuenta de tu presencia. Pero ahora no sé qué sucederá después. Ya hice cosas locas. Ya actué de una manera determinada. Marqué un camino; no puedo volver atrás ahora. ¿Realmente quiero que suceda algo más? ¿Si sucediera? ¿Debería intentarlo con más ganas? ¿Es ésta una de esas oportunidades que la gente dice que suceden sólo una vez en la vida? ¿Debo luchar por ello? ¿Debo dejarlo pasar?

¡Dios mío! No sé qué hacer. Me doy cuenta de que mis manos están frías; estoy temblando. Vierto la bebida en tres tazas y tomo una entre mis manos para beber un sorbo. El líquido caliente y dulce me anima. Cierro los ojos y sonrío. Un par de sorbos más tarde me estoy sintiendo mejor, sin duda. Debería olvidarme de todo el asunto; no hablar y actuar como si nada. Abro los ojos sintiéndome casi relajada. Entonces arrugo el ceño al ver el recipiente que se encuentra en el mostrador delante de mí. ¿Soy yo, o es el mismo tipo de recipiente que Arnold trajo a casa hace unos días? Lo abro y tomo una pieza. Contiene el mismo tipo de galletas que comimos de desayuno durante varios días. ¿Eso quiere decir que era un regalo de Dick? Algo que dice que no. Arnold no sabía la dirección de Dick hasta hoy, ¿verdad? ¿Significa entonces que-?

"¿Qué estás haciendo?" un escalofrío recorre mi cuerpo y mis manos tiemblan. Un poco de mi chocolate se derrama sobre el mostrador. ¡Diablos, no lo escuché llegar! Había esperado que olvidara que estaba enojado conmigo, pero su voz dice lo contrario. Me tomo mi tiempo para darme la vuelta y enfrentarlo. "¿Estás jugando a la casita?" siento frío en mi interior. Hay una expresión de absoluta repulsión en su rostro mientras sus ojos barren la escena, lo que me hace tragar saliva. Estoy bebiendo su chocolate; estoy tomando sus galletas sin permiso; estoy tomando posesión de su cocina...

Dejando la taza sobre la mesa quiero preguntarle por Arnold, pero no puedo decir una palabra. Parece que no capaz siquiera de aclararme la garganta. Algo dentro de mí me dice que debo huir, abandonar el lugar, pero estoy casi paralizada. Nunca me he sentido más humillada en toda mi vida, y lo peor es que ni siquiera puedo moverme. Su dura mirada está fija en mí. Sólo Dios sabe qué está pensando.

"Estás disfrutando esto, ¿verdad? Hasta la última gota," dice con una voz baja que me hace saltar de mi piel y poner de puntas el pelo de mi nuca. "Aprovechándote hasta de la rebanada más pequeña de poder que llega a tus manos, ¿eh? Eso es lo que eres. Extraño. Porque cuando te vi por primera vez pensé que eras esta ratoncita insignificante cuyo padre le dijo que si se portaba bien sería su pequeña princesa para siempre," dice con desprecio "¿Qué pasó? La vida en el castillo de Disney es aburrida, ¿eh? ¿El Príncipe Azul no es lo que te prometen?"

Estoy congelada. Dick camina hacia la puerta, probablemente para ver si Arnold sigue trabajando en la otra habitación mientras yo trato de reponerme, pero simplemente parece ser una tarea imposible. Soy un desastre, estoy congelada, y estoy emocionada. Increíblemente creo que esta es una de las cosas más emocionantes que me han sucedido en la vida.

"¿Qué sucede? ¿De verdad esperas que me sienta halagado? ¿Crees que voy a intentar algo contigo?" se ríe con saña. "Antes de que empieces a fantasear déjame decirte que nadie viene a mi casa para divertirse a mis costillas, ¿escuchaste?" su voz se vuelve amenazadora "Mira lo que va a suceder aquí. Te vas a terminar tu puto café y vas a dejarme en paz por el resto de la noche. ¿Te queda claro?"

Mis ojos están puestos en el mostrador mientras asiento con la cabeza, apretadamente. "¿Puedo llevarle a Arnold un poco de chocolate?" Sólo quiero irme. La mirada que me da es una de completo desprecio.

"Sí. Adelante. Ve y demuéstrale cuánto te importa." Suelta un resoplido "Pobre Arnold. Vaya novia amorosa que debes ser."

Eso duele. No valgo tan poco, quiero gritarle.

"¿Crees que él es perfecto?" Digo en su lugar, mordaz. Puedo ser burlona también. Él está a punto de dejar la habitación, pero luego se detiene brevemente; probablemente solo por esos modales tan arraigados que tiene. "Ya no le importo. Hace unos meses se reencontró con un viejo amor de la escuela primaria y..."

"¿Luzco como alguien a quien le importa? ¡En serio, mujer! ¿Por qué no vas y te consigues una mejor amiga para que tengas a alguien a quien le interesen tus asuntos?"

"¡Ya tengo una mejor amiga-!" le reclamo.

El timbre de entrada suena en ese preciso momento y él no se detiene en esta ocasión; me deja sola. Lo maldigo en voz alta. ¿Qué tipo de patético ser humano piensa que soy? Camino arriba y abajo por cocina. No sé por qué estoy tomando su desdén tan intensamente. Estoy tentada a seguirlo, pero luego me detengo en seco. Una risita seguida de una voz sensual me hace salir de la habitación y detenerme con los brazos en jarras en el centro de la sala. Una bella chica tiene sus brazos enredados alrededor de su cuello y lo está besando.

"¿Por qué no me has llamado?" murmura entre sus besos "Ahora tengo que aparecer de forma inesperada para que no te me escapes, ¿eh?"

Dick se desenreda de sus brazos un tanto bruscamente "Tenemos compañía", le informa fríamente mientras me señala "¿Qué estás haciendo aquí?" le pregunta en voz baja.

Pero él no consigue su respuesta. La chica se ha vuelto hacia mí con una mirada de odio en sus ojos. "¿Quién es ésta?" -pregunta, su voz exigente.

"La Señorita Miller... Regina Brennan." Dick dice sin ocultar su impaciencia. Me sorprende que aun sea capaz de mostrar modales en una situación tan poco bienvenida, pero bueno. Mirándome brevemente, añade "La Señorita Miller es la novia de mi abogado, Regina. Él está en el estudio, ayudándome con unos papeles." Levanta las manos y la mira con insolencia. "Como puedes ver, estamos ocupados. Si hubieras llamado no estarías aquí perdiendo tu tiempo-"

"Oh, no hay problema. Puedo esperar."

"No, no puedes. Pero supongo que vas a hacer lo que quieras de todos modos. Así que si me disculpas." Él se da la vuelta.

"¿No vas a ofrecerme una bebida al menos?" Regina le pregunta.

Sin dar vuelta atrás, le responde. "El café está en la cocina. Apuesto a que no tendrás problemas para encontrar lo demás."

"¿Café?" Regina resopla antes de volverse hacia mí para darme lo que parece ser una mirada más amigable.

Asiento ligeramente, aceptando su silenciosa disculpa. Ya no me ve como rival supongo. Me pregunto qué pensaría si supiera que en realidad hice un intento con su, um, ¿novio? Levanto una ceja para mí misma. Arnold ya me ha hablado de ella. Es la hija del segundo mayor inversionista de la empresa, y lo más parecido a una novia que Dick tiene, de acuerdo con los chicos que viajaron con él a la India.

"Acabo de hacer un poco de chocolate caliente." Pronuncio, tomando la decisión de ser amable también "Necesitaba mantenerme ocupada mientras esperaba."

"Ya sé. Se olvidan del tiempo cuando trabajan, ¿no es así?" ella sonríe.

"Supongo que sí", le respondo. "¿Entonces?" le pregunto, señalando a la cocina.

"No," ella sonríe condescendiente "Creo que necesito una bebida de verdad," lanza su bolso en el sofá y camina calmosamente hacia un gabinete. "¿Quieres algo?" se da la vuelta para preguntarme.

"No, gracias" hago una mueca con mi boca.

Le echo un buen vistazo en lo que ella parece estar buscando algo específico entre el inventario de botellas que se encuentran ahí. La chica es de mi estatura más o menos, flaca-flaca, y tiene el pelo liso y oscuro que cae sobre sus hombros. Está vestida para impresionar, por supuesto, y lleva un perfecto look smokey en sus ojos. Es hermosa en una manera que sólo los ricos pueden ser. Como una Paris Hilton castaña.

Voy a recoger mi bebida de la cocina y vuelvo; tomando el asiento que está más cerca de la ventana frontal. Regina está moviendo un globo terráqueo de aspecto caro y antiguo de su anterior lugar escondido contra la pared hasta el centro del cuarto. Cuando termina voltea a ver mi taza y sonríe un poco con ternura.

"Me haces recordar a mi abuela, sabes...", se ríe suavemente mientras camina a pararse frente a la ventana y mira hacia afuera "Sin ánimo de ofender. También le encanta el chocolate."

"No hay problema" Sonrío. "Supongo que heredamos los hábitos de ellas, ¿no te parece? De las madres, las abuelas."

"Sí, tienes razón." Ella dice mientras sacude ligeramente su bebida de color rojo en el aire "Me pregunto lo que las madres en Florida les transmiten a sus hijas."

"No lo sé." Vacilo un poco. Decido hacerme la tonta. "¿Jugo de naranja?" Abro mis redondos y grandes ojos de manera inocente.

"¡Eres demasiado!" Ella se ríe suavemente de nuevo y luego se dirige a ver la puerta del estudio. Suelto el aire de mis pulmones. Se tragó el anzuelo. Sigo su mirada "¿Qué es tan importante que los tiene trabajando el domingo?" está frunciendo el ceño cuando ella se vuelve hacia mí.

"Él estará tomando un avión esta noche." Me encojo de hombros.

"¿Tu novio - o Dick?" aún frunce el ceño.

"Dick".

"¿Esta noche?" se queja, caminando hacia el gabinete para verter más vino en su copa "¿A dónde? ¿Sabes?"

Hago una pausa "Creo que oí Winnipeg."

"¿Canadá?" sus ojos se iluminan "¡Oh! No tardará mucho, entonces." dice como para ella misma. Permanece en silencio por un rato y luego se vuelve hacia mí y se queja "Nunca está aquí, ¿sabes? Y cuando está, siempre está en la oficina. Es medio adicto al trabajo."

Dejo escapar una sonrisa comprensiva "Supongo que es difícil para ti."

"No tienes idea. Ya nunca lo veo últimamente." suspira y se sienta en el extremo del sofá. "¿Tu novio viaja por trabajo también?"

Niego con la cabeza después de tomar otro sorbo de mi bebida.

"No tanto como el tuyo, supongo."

Ella rueda los ojos. Me doy cuenta de que no niega mi afirmación. Así que es su novia.

... O al menos se considera su novia.

"Es un hermoso globo." Digo señalando el objeto que ella acaba de colocar en el centro de la habitación.

"Lo es, ¿no es cierto? Padre lo compró para él en una subasta de Sotheby's" me informa, radiante. "¡Si supiera que Dick lo mantiene escondido contra la pared no sé lo qué haría! Probablemente vendría por él y se lo llevaría."

"Es una hermosa pieza que merece ser expuesta." Estoy de acuerdo con ella "¿Por qué él hace eso?" Pregunto, toda ingenuamente.

Ella levanta sus manos en el aire con desesperación y gruñe de una manera restringida "¡¿Por qué, en serio?!" echa aire por la boca "Porque es raro; está siempre tan lleno de sus... pequeñas manías" Baja la voz y se voltea hacia el estudio con precaución.

"¿De verdad?" le pregunto, escondiendo una sonrisa.

Ella resopla agitando su delicada mano despectivamente "¡Te lo estoy diciendo!" entonces señala todo el lugar como prueba.

"Mmm... Supongo que te comprendo." Agrego después de echar un segundo vistazo a la decoración.

"¿En serio?" me mira fijamente "¿Por qué? ¿Tu novio también es así?" ella levanta una perfectamente delineada ceja.

"Bueno, Arnold ama el rosa." Sonrío torpemente mientras me da una mirada que indica que continúe "La mitad de nuestra decoración es rosa: paredes, cortinas, cojines, y me refiero a rosa intenso." Ella frunce el ceño, incrédula "¡Es la maldita Pantera Rosa!" suelto una carcajada y ella me imita.

"¡Oh, Dios mío! Nunca había escuchado algo así!" sacude la cabeza y toma otro sorbo "Tiene su lado bueno, supongo."

"Sí. Es muy agradable y atento." Sonrío con cariño "Amoroso; siempre cuento con su apoyo."

"Suena a que va en serio." Ella dice con una sonrisa falsa. Me pregunto si está siendo sarcástica.

"¿Por qué? ¿Dick no es así?"

"Oh, él tiene su lado bueno, por supuesto," exhala por la nariz ", pero también puede ser muy fastidioso."

"¿Fastidioso?" Repito, levantando una ceja. "¿De verdad?" Me pregunto qué ella está bebiendo, porque, en serio, aun cuando es obvio que no es 'un faro de sabiduría' tampoco me creo que sea tan ingenua, en lo más mínimo.

"Ya sabes cómo es. Él siempre critica, juzga a la gente, expresa sus corrosivas opiniones acerca de todo..." de repente parpadea, probablemente dándose cuenta de lo que acaba de decir "Aunque bien, también puede convertirse, así de repente, en el chico más agradable del mundo. Eso es lo que lo hace tan grandioso".

"Hace que se te olvide de su lado molesto."

"Se puede decir así." Ella zumba afirmativamente.

"Y..." Dejo escapar una risita "¿Es bueno en la cama?"

"¡Mira que eres curiosa!" Regina me mira brevemente con una media sonrisa "Pero sí, de hecho, lo es." inclina la cabeza lánguidamente sobre el respaldo del sofá y cierra los ojos. "No me hagas pensar en eso-" gime con voz ronca "porque tendría que seguirlo a Canadá y eso no le va a gustar nadita."

"¡No le gustaría?" Repito sin perder un segundo. Ella asiente con la cabeza "¿Por qué?" lo que sea que esté bebiendo, espero que también la haga olvidarse de esta sesión de preguntas después.

"Odia que lo persiga cuando viaja."

"¿Por qué?"

"Dice que puedo ser un verdadero dolor en el trasero." Ella rueda los ojos "¿Puedes creerlo?"

"A mí me pareces bastante agradable."

"Eso es lo que dice todo el mundo." Ella resopla. "¡Todo el mundo me adora!" Toma un último sorbo y se levanta. Esconde un ligero tambaleo antes de empezar a caminar. "Tengo que ir al baño", dice graciosamente antes de caminar hasta el final del pasillo y desaparecer detrás de una puerta.

Yo frunzo el ceño. Alguien ya se había tomado un par de copas antes de venir aquí, lo apuesto. Me levanto y camino a la cocina para lavar mi taza. Al ver la olla allí recuerdo que tenía que llevarle a Arnold una taza de chocolate caliente. Enciendo la estufa y lavo las tazas y cucharas mientras espero. Escucho pasos detrás de mí y me vuelvo para ver nuestro anfitrión avanzando hacia mí. Coloca la copa vacía de Regina en el fregadero.

"¿Dónde está ella?" no suena como una pregunta, sino como una demanda.

"En el baño," me detengo "Creo que está usando el de tu dormitorio."

"¡¿Qué?!" me ladra, mirándome como si todo fuera mi culpa.

"¡Como si yo pudiera detenerla!" le contestó; a continuación, le señalo la puerta donde la chica ha desaparecido. Dick maldice entre dientes y se va. ¡Esto es exactamente lo que necesitaba! Estar al cuidado de sus novias borrachas. Tal vez es él quien debería conseguirse un mejor amigo.

El chocolate está caliente. Echo un poco en una taza y dejo la cocina. Llego a la sala y me doy cuenta que Dick ya volvió a poner el globo en su lugar anterior. Yo puedo evitar sonreír. Supongo que todos los hombres tienen sus rarezas.

Tomo algunos pasos adicionales para acercarme a la puerta de su habitación esperando oír una acalorada discusión, pero sólo soy capaz de escuchar lo que parece ser un intercambio bastante civilizado. Me voy con Arnold y lo encuentro al borde de su asiento con la vista pegada a la pantalla de una laptop Dell. ¡Pobre chico! Esta visita no ha significado para él nada más que jerga legal. ¡Si supieras que la vida es todo lo que existe fuera de ese extraño idioma que sólo tú entiendes, y que es tan difícil de comprender, mi querido novio!

"Traje un poco de chocolate caliente para ti, amor." Le digo dejando la taza a su lado y caminando hasta ponerme de pie detrás de él. Le beso la parte superior de la cabeza.

"Gracias, cariño." Él responde automáticamente mientras corrige una frase en el documento de Word en el que está trabajando. Cuando termina se vuelve y me sonríe.

"¿Cómo te va?" le pregunto cuando se inclina hacia atrás y comienza a beber.

"Estoy revisándolo por última vez antes de enviarlo a la impresora."

"¿Fue difícil?" masajeo sus hombros.

"Lo normal,"

"Que bien."

Oigo a la otra pareja salir del dormitorio y caminar a la sala.

"¿Estás aburrida?" Arnold me pregunta mientras continúa desplazándose hacia abajo en el documento.

"No" Niego con la cabeza "Estoy bien. Estoy preocupada por ti. ¿Estás bien tú?" Me inclino a hablar suavemente en su oreja. "¿Cómo se está portando Dick por cierto? ¿Es el dolor en el trasero que esperabas que fuera?"

"No, no en lo absoluto" se vuelve para verme de nuevo y sus ojos verdes sonríen "Está siendo bastante agradable," dice en voz baja mientras se vuelve hacia la puerta "De lo más agradable que le conozco."

"Te lo dije." Le beso la cabeza de nuevo y camino hacia la puerta. Por un momento me temo que escucharé los sonidos de un encuentro apasionado entre los otros dos, pero sólo están hablando. Sus voces incluso tienen un volumen normal, lo que significa que no están murmurando. No están a la vista, así que deben estar por el comedor.

"...Quiero decir, el azul te va muy bien." Regina le está diciendo. "Hace resaltar tus ojos."

Él deja escapar un bufido "¿Entonces por qué nunca me lo dijiste antes?"

"Pensé que ya lo sabías." Afirma como la cosa más natural del mundo "Quiero decir, si no lo supieras, por qué entonces renovaste todo tu guardarropa, ¿eh?"

Él deja escapar un zumbido que suena como un gruñido. "No lo hice. Sólo compré algunas camisas. No sé porque haces tanto lío."

"Algunas camisas y un magnífico vestido azul, según vi." La voz de la chica se vuelve áspera. Él no contestó y unos segundos más tarde ella insiste, molesta. "¡Dick! ¡Hay un vestido azul en tu armario y es obvio que no te pertenece!"

Él deja escapar un gemido cansado "Aquí vamos otra vez."

"¿Todavía estás viendo a esa chica?" su voz suena abatida.

"No sé de lo que estás hablando."

"¡Vamos! ¿Cómo se llamaba? ¿Eva? No creo que ese vestido sea de ella, sin embargo. No creo que cubra sus... um... encantos."

"¿Es por eso que entraste a mi recámara?" La voz de Dick es dura "¿Para ver mi armario? ¡No tienes ningún derecho a revisar mi armario?"

"Entré para buscar mi arete." Ella se queja "¿Lo encontraste? ¡Oh, dime que lo encontraste!"

"¿Tu arete?!" él se burla ásperamente "¿Todavía estás buscando esa cosa? ¿Cuándo fue eso? ¿Hace un año o algo así?" Se ríe. La chica se queja ruidosamente. "Tal vez deberías haberlo buscado en la recámara de otro tipo, porque no lo perdiste aquí. "

"¡Que gracioso!" ella lo maldice "Sé que lo dejé aquí!" exclama. Yo sonrío con picardía. Me volteó a ver a Arnold, pero todavía está concentrado en su trabajo. "Tal vez la chica que viene a hacer la limpieza lo encontró y se lo guardó para sí misma."

"¿Oh, en serio?" Dick se ríe "¿Y por qué haría eso?"

"Porque está hecho de diamantes y perlas." Ella le explica.

"Lupita nunca haría eso."

"¡Lupita nunca haría eso!" Regina lo imita. "No sé lo que esa chica te ha dado. Alguna poción inmunda, estoy segura."

"¡No seas ridícula!"

"No soy ridícula. Es una..."

"¡Regina!" él dice a modo de advertencia. "¡Basta! ¡Estás haciendo el ridículo!"

"¡Sí! ¡Claro! ¡Esa chica es una bruja!"

"¡No necesito escuchar esto!" Dick está empezando a sonar impaciente "¿Por qué has venido aquí, en primer lugar?"

Regina exhala sin tratar de ocultar su molestia "Ya te lo dije. Quería verte."

"Seguro", él dice con incredulidad. "De repente te entraron ganas de venir a verme? Después de todo este tiempo-"

"¡Oh, no! ¡No vas a culparme por esto! Si no nos hemos vuelto a ver es porque siempre estás inaccesible. Y cuando finalmente consigo ponerme en contacto contigo, siempre dices que tienes trabajo por hacer".

"Bueno, en caso de que lo hayas olvidado, soy un hombre con responsabilidades. Siempre hay trabajo que hacer."

"¡Pero estás ocupado todo el tiempo!" ella se queja.

"Pero no te quejas cuando recibes tu cheque, ¿verdad?" él replica de inmediato.

"Bueno..." ella hace un pausa. "No estoy diciendo que no aprecie tus esfuerzos." Ella pronuncia sumisa. Dick refunfuña con sarcasmo "De todos modos, ya estamos aquí ahora y yo acabo de escuchar que estarás viajando esta noche. Quiero ir contigo."

"Eso no está abierto a discusión."

"¡Vamos!" ella le suplica en voz baja. Yo me acerco más. Sé que incluso si diera un paso fuera de la puerta del estudio no sería posible que me vieran.

"Ya hemos hablado de eso."

"¡Es sólo Canadá", ella insiste.

"No." su respuesta es contundente. "Tú no entiendes. Crees que voy a divertirme. No puedo creer que después de todos estos años todavía no tienes idea de lo que es."

"Te prometo que no te voy a distraer. No seré una carga para ti."

"No. Discúlpeme pero no te lo puedo creer."

"Vamos, amor, te lo prometo." La chica se queja "Además, va a ser sólo unos pocos días, ¿no? Quiero decir, Acción de Gracias cae el jueves. No vas a trabajar el jueves, ¿verdad?"

"Voy a estar en la casa el jueves" le informa casualmente.

"¿En la casa?" pregunta con decepción "¿Quieres decir en Dakota?" Él zumba una afirmación "¡No puedes ir a Dakota!" se queja "¡Vamos, Dick! ¿Por qué querrías estar en Dakota en Acción de Gracias?!"

Me sorprende escuchar que Dick se ríe de buen humor "¿Estás realmente preguntándome eso?"

"No, quiero decir, entiendo que quieras ver a tu mamá, pero..." la chica parece perdida sin saber cómo continuar.

"¿Pero-?"

"¿Por qué no le pides a Darleen que venga aquí? ¡Hey! De hecho ¿por qué no le pides que se mude? Nueva York es un gran lugar para vivir. Estoy segura de que le encantaría aquí. Me pregunto por qué nunca se mudó antes - como Madre o Helga hicieron. Ellas no querían escuchar ni siquiera una palabra acerca de la posibilidad de regresar".

"¿Qué te hace pensar que la quiero aquí?" su voz sigue siendo juguetona. "¡Vamos mujer! ¡Dame un respiro!"

La chica lo empuja. "¡No seas malo! ¡Es tu madre, por el amor de Dios!"

Él sigue riendo.

"Así que... ¿estás pensando en pasar en Dakota del Norte todo el fin de semana?" -pregunta después de un rato "¡Dakota es muy ABURRIDO! No hay nada que hacer allí. Vamos, Dick. Dile a tu madre que venga. Podemos mostrarle los alrededores. Podemos llevarla a los Hamptons. Habrá tres grandes eventos allí este fin de semana, e incluso tú tendrías que admitir que- "

"¿Por qué quisiera yo ir a los Hamptons?"

"Tu mamá lo disfrutaría. ¡Sería genial! ¡Los Vanderbilt darán una fiesta el viernes! Y los Lewis-"

"Regina..." su voz suena grave "Sabes que no doy un quinto por ese tipo de cosas."

"¿Y qué vas a hacer en Dakota entonces?"

"No vestirme de esmoquin para empezar."

"Debí haberlo supuesto." Ella resopla burlonamente "Supongo que no puedes esperar para meterte en tus jeans, tus camisas de franela, tus botas toscas, e irte corriendo a-" entonces se detiene de repente y suelta una risotada "¡Oh, Dios mío! Realmente te mueres de ganas de estar allí, ¿verdad? Ya estás usando el... outfit para tus actividades al aire libre," se ríe de nuevo. "Déjame ver. ¿Estás usando una franela bajo ese precioso suéter?" el sonido de manos en movimiento, su risa juguetona y las quejas de Dick pueden ser escuchadas. "¡Lo sabía!" ella se ríe de nuevo.

"¡Regina! ¡Alto! ¡Te lo advierto!"

"¡Ya - ya! Está bien. ¿Así que ya tienes planeado tu fin de semana entonces? ¿Qué harás? ¿Irte de pesca? ¿A cazar?" ella se burla "No sé por qué prefieres esas cosas en lugar de irte a los Hamptons!"

"Ya me conoces." Él se pone de pie y yo me retiro al fondo del estudio de nuevo. Observo sus libros en caso de que se le ocurra venir aquí. Me dirijo a Arnold quien no le presta atención a nada. Me dirijo a la puerta, entonces. Parece que ya no viene.

"Sí, te conozco. Son casi veinte años ya." Puedo oír la profunda exhalación de Regina "Y creo que sé exactamente lo que vas a hacer allá. Veamos: sacarás tu camionetota y vas a salir a la carretera tan pronto como pongas los pies allí. Darleen no tendrá tiempo siquiera de darte su bendición cuando ya estarás a un centenar de millas de distancia persiguiendo peces en un riachuelo".

"Me alegra ver que todavía me conoces."

"Nunca vas a cambiar." Hace una pausa "Aunque todavía espero que algún día adquieras el gusto por entretenimientos más, um, sofisticados."

"¿Realmente tienes esa clase de esperanzas?" se burla de ella. La chica vacila.

"No, ya no, a decir verdad." Dice ella con resignación "Serás por siempre el mismo chico al que le encanta el senderismo, y conducir por horas, y cantar-" hace una pausa "Estoy segura de que todavía te gustan las canciones de siempre, ¿no? ¿Cómo iba? ¿Esa de los aros de cebolla?"

"No puedo creer que lo recuerdes." Él dice, hay toque de nostalgia en su voz. Contengo la respiración mientras oigo a Dick aclarándose la garganta antes de comenzar a entonar una vieja canción; el one-hit-wonder de un vietnamita cantando country y no puedo creer que yo también me sepa la letra de memoria.

"I've got the summer breeze, got sixteen cans of 'beers' (peas)
A two-speed window fan when it's ninety-three degrees
So forgive me for not grabbin' your brass ring;
It's crystal clear I'll stay right here and keep the simple things"

"Tengo la brisa del verano, tengo dieciséis latas de 'cerveza' (la letra original dice 'chícharos')
Un abanico de dos velocidades, para cuando estamos a treinta y tres grados
Así que perdonáme por no aceptar tu regalo;
Es claro como el cristal que me quedaré aquí y mantendré las cosas simples"

No puedo evitar dejar escapar una sonrisa boba. Parpadeo cuando oigo sus voces de nuevo.

"¡Seguro! Perdona que me resulte difícil de creer." Regina había estado siguiendo la melodía tarareando por su cuenta, pero luego deja escapar una sonora carcajada. A mí me sorprende darme cuenta de que el tipo no canta mal las rancheras, sin embargo. "Sobre todo cuando te he visto devorar millas en esa monster truck que tienes."

"¡Hey! Mi nena no es camión." Se queja juguetonamente. "Es una Raptor." Tengo que admitir que parecen estar divirtiéndose. Me encuentro sintiendo celos. Me gustaría compartir con él momentos como este.

"¿Una Raptor?! ¡Oh, Dios! Hasta tiene el nombre de un dinosaurio extinto." Ella se ríe. Dick gruñe. Luego murmura algo que no logro entender y Dick se queja.

"Regina, tu aliento apesta," dice en voz baja, pero aun así puedo escucharlo "¿De verdad necesitas beber tanto?" su voz es áspera "¿Has comido algo en serio hoy? No me mientas."

"Yo... um" la chica se detiene.

"Vamos. Levántate. Te voy a hacer un sándwich." Se escuchan ruidos cuando se levantan y se mueven alrededor "Conchita me envió galletas ayer. ¿Quieres una?" Yo frunzo el ceño, su voz suena preocupada.

"Oh, Dick, sé que te tienes que ir en unas pocas horas, pero salgamos a cenar al menos, ¿que tal eso?" la chica casi le suplica.

"¡Claro!" dice con sorna "Sólo déjame llamar a la aerolínea para que le pongan la etiqueta de retraso a mi vuelo sólo porque quieres que te lleve a cenar."

"¡Vamos, Dick! ¡No tienes que ser tan grosero!" se queja "Además, no te estoy pidiendo nada extravagante; cualquier puesto de hamburguesas o lo que sea estará bien."

"¿Y te vas a comer una hamburguesa, en serio?"

"Vas a tener que esperar para ver." Ella le sonríe.

"Está bien. Una vez que terminemos aquí, salimos a cenar, ¿de acuerdo?" ella tararea afirmativamente "Muy bien, entonces ve a refrescarte la cara o algo mientras veo cómo va Arnold."

Me apresuro al lado de Arnold y agarro su taza vacía. ¡Pobre Arnold! No ha estado consciente de nada de lo que está ocurriendo aquí. A veces no puedo creer cómo vive su vida con tanta simpleza.

"¿Quieres más?" le pregunto.

"No, gracias", dice mientras se levanta y extiende sus extremidades. "Creo que estoy listo para imprimirlo," camina hacia la mesa de la impresora y la enciende.

Dick entra justo en ese momento.

"¿Cómo vas?" le pregunta.

"Terminado". Arnold sonríe "¿Quieres checarlo en la pantalla o lo imprimo primero?"

"Vamos a verlo en la pantalla", dice Dick, y ambos caminan hacia el escritorio.

Dejo la habitación y camino a la cocina. Me encuentro a Regina allí. Tiene cierta belleza etérea que no puedo dejar de envidiar. La chica me sonríe y dice que no debería preocuparme por los platos; que incluso cuando Dick saldrá, 'Lupita siempre viene y se hace cargo de todo.' Agrega con una mueca de desprecio.

También siento un poco de pena por ella. No la tiene fácil. Siendo la niña rica que es y poseyendo la belleza y la elegancia que posee, todavía así parece ser incapaz de atraparlo. Ha sido incapaz de hacerlo por casi veinte años, según acaba de decir. Qué esperanza queda entonces para una chica como yo, no puedo dejar de preguntarme.

Entonces me doy cuenta que no me arrepiento de haber sido tan directa hace rato. Aunque tenga que admitir que no conseguí nada con serlo. Si acaso, sólo me gané su desprecio.

Sin embargo, no puedo dejar de apreciar el hecho de que por lo menos me va a recordar más de lo que lo haría si hubiera sido la buena chica que todo el mundo cree que soy. Algo es algo. Todavía puedo soñar que si nos topamos en el futuro y nuestras situaciones son diferentes, podríamos ser capaces de manejar algo.

Muy pronto los chicos terminan y los cuatro nos quedamos a tener una pequeña charla antes de partir. Lo que voy a recordar siempre es que Dick dirige un poco la conversación a un punto en que le es permitido declarar cuán despreciables son las chicas que no respetan a sus parejas. Veo a Regina encogiéndose y me siento de alguna manera reconfortada de saber que no soy la única pecadora. Completamente inconsciente del ulterior significado, Arnold añade su granito de arena al decir que no es un problema exclusivo de las chicas, porque los hombres también lo hacen, a lo que Dick decide prestar oídos sordos.

Cuando Regina toma su teléfono para solicitar su coche sabemos que es nuestra señal. Dick agradece a Arnold sinceramente y finalmente dejamos el lugar. Sé que voy a extrañar esto, pienso mientras esperamos por el ascensor y durante nuestro descenso. Sería tan fácil acostumbrarse a este mundo de fantasía. Dejo escapar un largo suspiro al dejar el edificio y dar un paso al frío exterior. Está empezando a llover de nuevo, señal de que volvemos al mundo real.

"¿A dónde ahora?" Arnold me pregunta cuando llegamos al borde de la acera. Todos los taxis a la vista ya llevan pasajeros. Nos movemos, caminando hacia la otra esquina, lejos de El Plaza, ya que hay una multitud allí.

"No sé," le digo mientras que sigo moviéndome en mi lugar para mantenerme caliente. Sé que necesito unos minutos para volver a mi antigua yo; para volver del lugar de ensueño donde me perdí en la última - me vuelvo a ver a mi teléfono móvil - hora y cuarenta y cinco minutos. ¡Dios mío! ¡Se sintió como una eternidad!

Arnold ve por encima de su hombro y luego frunce el ceño. Sigo su mirada. Dick y Regina están abandonando el lugar. Caminan lado a lado. Regina está extendiendo su mano tratando de alcanzar la de él, pero Dick se apresura dejándola atrás. Él y un joven valet intercambian algo y luego él rodea el coche para tomar el asiento del conductor del elegante Mercedes negro. No puedo evitar sonreír ante la visión de la snob chica rodando los ojos. El valet se dirige a la entrada del edificio, pero luego se regresa para abrir caballerosamente la puerta del pasajero para ella.

"¡Dick es un imbécil!" Arnold suelta con desaprobación.

"Sí, lo es." Le respondo. '¡Pero es guapísimo! ' Gimo interiormente, mordiéndome el labio. Creo que llegar a conocerlo sólo empeoró mi enfermedad. Me siento tan viva, tan emocionada. ¡Tan excitada! Miro a Arnold a mi lado y no puedo evitar sentirme mal. Yo no soy una perra de corazón frío, después de todo.

"¿Por qué te llamó Señorita Miller?" me pregunta con el ceño fruncido.

"Confundió mi nombre, supongo," Me encojo de hombros con indiferencia. "¿Por qué no volvemos a casa?" Ofrezco, dándole una de mis mejores sonrisas. Me acerco a acariciar su mandíbula. No se afeitó esta mañana tampoco y su barba me hace recordar a otra persona. "Podemos pedir una pizza y comerla en la cama mientras vemos la tele. Sólo tú y yo. Como en los viejos tiempos, ¿eh?"

Sus ojos verdes parpadean mientras me mira fijamente. "¿Estás segura de que es buena idea?" me pregunta. "Se supone que sería la cita perfecta. Nada resultó como esperábamos, al final." Termina diciendo, abatido.

"Todavía puede ser perfecta." Murmuro al ponerme de puntillas para morder su mandíbula y empujar mis caderas contra las suyas. Me vuelvo para ver que sus ojos están muy abiertos. Mi voz se vuelve sexy cuando agrego "Podría resultar más que perfecta incluso."

Sonrío mientras se inclina para besarme y apretarme fuertemente contra él. ¡Dios! No tiene idea de lo que se le viene encima, pienso mientras dejo salir un gemido. Después de toda la excitación y la estimulación que he recibido en esta velada me temo que me volveré loca y lo atacaré violentamente.

¡Oh Dios! Creo que no vamos a poder caminar sin cojear por la mañana.


. . .

No soy dueña de Hey Arnold!

Poseo solamente la trama y los OC.

Las MR mencionadas tienen por objeto ilustrar la historia.

Quiero reconocer públicamente todas las hermosas canciones de esta serie. A mí me gustan principalmente The Simple Things (Las Cosas Sencillas) y Smashed (Acabado), pero también hay muchas más que son simplemente geniales: Mi Ultima Reverencia, Vi tu Cara y ¡Wow!, El Blues del Maquinista Loco (la que canta Gerald), La Canción del Maquinista Loco (la canta el maquinista), Look Up (Algo que podría ser traducido como 'Alégrate' (La canta Pookie al piano en la azotea ) , Las versiones de Carmen y Las Valquirias y tantas y tantas otras. Nunca tengo la oportunidad de apreciar como se debe a Craig Bartlett y al grupo de genios detrás de la serie de Hey Arnold. Aquí va mi humilde reconocimiento. ¡MUCHAS GRACIAS, CHICOS!

También quiero dar las gracias a MarHelga y GRIMMM por sus comentarios. ¡Sus palabras me ayudan a seguir con esto, amigos!

30 de octubre 2015