Cohete a la luna
Capítulo Veintisiete
Besuqueo en The Village
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NA: Para esta hora creo que ya todos escucharon o leyeron de que van a hacer la película!
Si quieren comentar o compartir sus impresiones al respecto por favor vayan al fórum 'Bienvenidos a Hillwood'. Estaremos más que felices de escuchar todo lo que deseen comentar al respecto.
Ahora empecemos…
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"¡Te lo dije! ¡Debimos haber dejado el coche en casa!" Arnold se quejó mientras circulaban por la misma calle por tercera vez sin haber podido encontrar un lugar vacío para estacionarse todavía. Paciente como solía ser, hoy ya se estaba exasperado.
"Vamos Arnold! Necesitábamos el coche. No sabemos a qué hora va a terminar la fiesta. Puede que dure hasta que amanezca." dijo Claire emocionada mientras miraba hacia el edificio donde se celebraba la fiesta.
Arnold rodó los ojos "Estamos en Nueva York. Podríamos encontrar un taxi a cualquier hora." dijo secamente.
"No estés de mal humor, cariño" Ella puso su mano en el brazo y le sonrió dulcemente "Te divertirás, te lo prometo... y vamos a encontrar un lugar pronto, ya lo verás."
Él sacudió la cabeza. Su amabilidad no lo suavizaría.
"No vamos a ser los último en irnos, ¿me escuchaste?" Arnold anunció, lanzándole una mirada dura. Claire sonrió como si nada. Él gruñó para sus adentros.
Ella iba a una fiesta de Navidad para los grupos de voluntariado y él la acompañaba casi contra su voluntad. Tal vez debería poner más de su parte para disfrutar de la noche, pero la verdad es que en los últimos tiempos ya casi no les tenía paciencia a sus amigos.
Pasaron varios minutos y a cada momento le parecía más improbable que encontraran un maldito lugar. Arnold ya estaba fuera de sí.
"¿Qué te parece si voy con Jenna y le pregunto si sabe de -?" Claire comenzó cuando él la interrumpió.
"¡Usted no va a ninguna parte, señorita!" le advirtió mientras giraba en la esquina para salir de la cuadra en lo que se sentía que era la enésima vez.
"¡Vamos, Arnold!" ella hizo un mohín.
"Si te bajas del auto me voy a dar la vuelta y regresaré a casa. Llámame cuando se acabe la fiesta. Si estoy de buen humor puede que venga a recogerte." Él la miró a través del espejo. "Es tu fiesta. Ni siquiera quería venir en primer lugar."
"¡No seas así!" ella se quejó "¡Vamos! Vas a ver que te divertirás. ¿Sabes que Andrew va a estar aquí? Arthur también."
"Yay! La triple A." Arnold exclamó con sarcasmo. Sacudió la cabeza. Sólo porque pasó una noche platicando con ese par de perdedores ahora ya todo el mundo pensaba que eran sus compinches para las fiestas. Se quejó de nuevo. Si estuviera en él, prefería irse de fiesta con sus compañeros de trabajo. Se rió entre dientes. Incluso los chicos de Operaciones serían más divertidos.
Pasaron una vez más por el edificio de apartamentos donde se celebraba la fiesta y Claire miró arriba con entusiasmo. Siguió diciendo que quería ver esto y hacer esto otro. Pero en general, Arnold sabía que se moría por conocer al tipo con el que Brenda había estado saliendo últimamente.
"¿Sabes que ya quiere llevarla a conocer a sus padres?"
"¿De verdad?" Arnold preguntó desinteresadamente. "Eso es bueno. Supongo."
"¿Bueno?" Claire volvió a verlo, aparentemente sorprendida. "¿Crees que es una buena idea que conozca a sus padres tan pronto?"
"Bueno, me has dicho que él es rico y guapo; y siendo que ella es tu mejor amiga supuse que le deseabas lo mejor-"
"¿Guapo? ¡Sí, seguro!" ella resopló.
Arnold se volvió a reprenderla, pero luego su vista volvió al camino. La verdad era que no quería oír lo que fuera que ella se moría por decir. Tomó la misma calle una vez más, detuvo el coche en mitad de la calle de repente y dijo: "Está bien, te puedes ir."
"¡¿Qué?!" ella pareció sorprendida por un largo segundo, pero luego se apresuró a salir del coche "Vas a venir, ¿verdad?" -preguntó con cautela mientras salía.
"Sí, tan pronto como encuentre un lugar", él exhaló ", pero no sé cuánto tiempo me tomará. Supongo que no tiene sentido que los dos nos perdamos la fiesta."
"¿Estás seguro?" ella vaciló, inclinándose sobre el hueco sin cerrar la puerta.
"Sí", él asintió con la cabeza "Ahora vete." Él le hizo señas para que se marchara cuando el coche detrás de él tocó la bocina. "Vete ya."
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Unos diez minutos más tarde estaba de nuevo a la misma calle. No había lugares vacantes y eso que había conducido por un radio de cinco cuadras alrededor. Maldijo en voz baja, aunque la verdad era que no estaba tan enfadado ya. Iba llegando al final de la calle cuando las luces traseras de un coche aparcado se encendieron y se paró en medio de la calle, esperando que saliera. No le importaba ahora si se parecía a esa gente que solía despreciar; esos que esperaban neciamente hasta que un determinado espacio de estacionamiento se desocupara.
Después de un minuto, varios bocinazos y dedos del medio mostrados, Arnold aparcó su Camry de color beige en la maldita calle. No podía creer su suerte; encontrar un lugar aquí, casi frente al mismo edificio donde se estaba celebrando la fiesta. Checó el entorno y los otros coches aparcados alrededor antes de irse. Todos eran buenos carros. Esperaba que su coche estuviera a salvo aquí. Recordaba vagamente a alguien contándole de los lugares más seguros para aparcar en Greenwich Village cuando su vista cayó sobre el coche blanco aparcado dos lugares por detrás de él.
Era una SUV Land Rover blanca en cuyas placas se leía OLD-BTSY. Una risita involuntaria salió de su garganta. Entonces recordó. Fue Helga quien le habló de lugares para aparcar en Downtown. Hablaba en serio y él que creyó que sólo estaba platicando nimiedades para justificarse. Arnold se dio la vuelta, reconociendo el lugar. Esto significaba que la heladería que visitaron la otra noche estaba en la siguiente calle. Sonrió al ver el pequeño parque donde jugaron a la pelota aquella noche, cuando aquel anciano los persiguió llamándolos hooligans. Así que aquí estaba. Sonrió mientras tocaba el brillante exterior de la camioneta blanca al pasar por su lado.
Eso significaba que estaba de vuelta en la ciudad. Helga había estado mayormente ausente en el último mes. Henry le dijo que estaba en "Temporada de Caza", lo que significaba que estaba rastreando empresas comprables en todo el mundo para la próxima primavera. Él apenas tenía idea de lo que su trabajo en realidad era. Ver los números de las empresas y tratar de leer en ellos proyecciones, perspectivas y probabilidades de éxito o de fracaso estaba más allá de su comprensión; probablemente de la misma manera que la terminología legal era como el idioma coreano para algunas personas.
Dejando escapar una exhalación de anhelo, Arnold se apresuró a la fiesta. ¿Podría ser que estuviera ahí, se preguntó? Tenía que estarlo. ¿Por qué otra razón su coche estaría estacionado aquí? Era grandioso. Eso significaba que venir hasta aquí no iba a terminar siendo una pérdida de tiempo después de todo; venir a la fiesta valdría la pena. No sabía por qué encontraba ahora este tipo particular de fiestas insoportables. No era así antes. Hubo una época en la que disfrutaba el humor y la camaradería en estos eventos, pero ya no.
Se preguntó si tenía que ver con los invitados a la fiesta. Los amigos de Claire estaban entre las personas más fastidiosas que jamás había conocido. 'Vamos a terminar ya con esto", había estado aferrándose a ese pensamiento con respecto a la mentada reunioncita, pero si Helga estaba aquí entonces sería un panorama completamente diferente. ¿Podría ser posible que Jenna o cualquier otro de los organizadores la hubieran invitado?
Llegó a la cuarta planta y se metió en el lugar sin problema. Saludó a algunas personas mientras caminaba peinando la zona en busca de ella, pero después de varios minutos de búsqueda infructuosa salió descorazonado. Ella no estaba aquí. Tendría que haberlo asumido. ¿Qué estaría Helga haciendo con estas personas, especialmente después de haber pasado casi un mes fuera de la ciudad? Seguramente tenía cosas más importantes que hacer en un sábado por la noche. De repente parpadeó. Tal vez estaba en la heladería. O caminando alrededor. Por qué no se le ocurrió eso antes de subir, se reprendió a sí mismo. Miró a su alrededor hasta encontrar una ventana con vista hacia la calle. Estaba detrás de la mesa de bocadillos. Encontró su camino hacia la pared y luego miró hacia fuera hasta el final de la calle. La SUV estaba todavía allí, aunque sólo parcialmente visible porque un árbol y un poste de luz con una pancarta que colgaba de ella la bloqueaban. Su Camry, por otro lado, era completamente visible desde este lugar. Suspiró. Estaba condenado.
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¿Dónde podría estar ella ahora?
Se preguntó una media hora más tarde. Tomando una cerveza y algunos aperitivos se dirigió a grupo de Claire tratando de convencerse de que no podía eludirlos más. Reunió toda su paciencia porque sabía que la iba a necesitar. Era extraño darse cuenta de que antes de que él considerara la posibilidad de que Helga podría estar presente, parecía que la fiesta sería aburrida pero tolerable; pero ahora que sabía que no era posible la idea de pasar las próximas horas aquí era una tortura.
No podía precisar el momento en que se había vuelto tan intolerante. Ni siquiera era capaz de decir si era él quien se volvió intolerante, o ellos quienes se volvieron desagradables. Sabía que no debería hacer una declaración radical acerca de este tipo de personas porque siempre había agradables excepciones, pero realmente encontraba a la mayoría de ellos siendo falsos, huecos y poco sinceros. Era como si, al mismo tiempo que mostraban interés en el bienestar de otras personas ellos manejaran su propia agenda; sus propios intereses. No debía culparlos, por supuesto. Todo el mundo tenía derecho a ganar su dinero y a buscar la felicidad de la manera que quisieran, pero si fuera propenso a creer los cuentos que Claire y Brenda contaban, había algunas historias de terror acerca de personas que se involucraban románticamente con la gente de estos grupos, sólo para descubrir que su historia de amor se había convertido en una escalofriante pesadilla antes siquiera de darse cuenta.
Podía tomar Brenda como ejemplo. Ella estaba saliendo con un chico que - hasta ahora había oído - era rico y agradable y guapo, pero como él mismo había atestiguado ya, el tipo era también, digamos, bastante corpulento. Por supuesto este hecho no le quitaba al chico tantos méritos como el hecho de que encontrara a Brenda 'atractiva' lo hacía. Arnold resopló para sí mismo. Tal vez no debería menospreciar a Brenda tampoco. Tal vez ella era una chica agradable a pesar de que él no había sido capaz de encontrarle ninguna encantadora cualidad durante todo el tiempo que la había conocido.
De todos modos, exhaló; no sabía por qué se había vuelto tan gruñón últimamente. Él no era así, pero lidiar con todas las tonterías de Claire y Brenda relacionadas con su trabajo "voluntario" lo ponía de mal humor. Ya no era paciente y no podía entender por qué; sobre todo ahora que había llegado a conocer de cerca el trabajo que las grandes fundaciones benéficas hacían. Tal vez era precisamente por esto era intolerante. El trabajo caritativo tenía poco que ver con lo que hacían Claire y Brenda, al menos en el aspecto relacionado a la apreciación que ellas pensaban que merecían por ser tan 'buenas niñas', o por ser 'personas oh tan pero tan caritativas'; como si fueran una especie diferente y superior de gente sólo por esto.
Arnold frunció el ceño. Tal vez se trataba efectivamente de que era él quien había cambiado; tal vez se había convertido en un... pedante. ¿Que lo llevaba creer que era moralmente superior? Sacudió la cabeza. Tal vez lo mejor que podía hacer era dejar de juzgar a la gente y tratar de disfrutar la noche.
Miró a su alrededor y se quejó consigo mismo de nuevo. Luego resopló. ¿Era él o se estaba convirtiendo en un viejo gruñón?
. . .
Después de esa decisión consciente de no convertirse en una versión más joven de Walter Matthau haciendo el rol del Sr. Wilson en la película de Daniel el Travieso, Arnold cambió su actitud y se encontró disfrutando de la fiesta. Había bailado y platicado nimiedades, se mezcló con la gente; evitó disertaciones filosóficas y se tomó un par de cervezas con Andrew y Arthur, 'sus amigos de parrandas'. Todo parecía bien. De vez en cuando había caminado hacia la mesa de bocadillos para echar un vistazo a la calle. Sonrió para sí mismo cuando oyó a su anfitriona, Jenna – la amiga de Brenda que los invitó al Baile la pasada primavera –platicándoles de un viejo vecino que solía quejarse de todo, quien estaba ahora quejándose por el ruido y amenazaba con llamar a la policía para que los callara. Arnold estaba casi seguro de que era el mismo viejo que él y Helga había conocido la otra noche; el hombre que Helga había supuesto sabiamente que tal vez amaba el ruido solo para tener algo de qué quejarse.
Helga.
Suspiraba cuando pensaba en ella. Como que la echaba de menos. Se había acostumbrado a saber que ella estaba alrededor; que podía encontrarse con ella en todo momento, en cualquier pasillo. Siempre sonriéndole con esa sonrisa tan suya; siempre llamándole con sobrenombres cuando no había gente alrededor. Helga. Su corazón daba un vuelco cada vez que se la encontraba. Después de tanto tiempo que ya había admitido ante sí mismo que estaba enamorado de ella y lo lastimaba saber que no había posibilidad de que sus sentimientos fueran correspondidos en el corto plazo. La forma en que se comportaba con él le decía que ella no albergaba sentimientos por él. E incluso cuando la había atrapado lanzándole miradas extrañas sabía que eso no significaba amor.
Afortunadamente para él, el comportamiento de Henry había cambiado y ahora ya no era tan jactancioso acerca de su relación. No hablaba demasiado sobre ella tampoco, pero cuando lo hacía siempre se dirigía a ella con respeto y adoración. Henry también le había estado lanzando miradas extrañas. Se preguntaba si él, Arnold, era tema habitual de conversación entre ellos dos; si sabían que él tenía sentimientos por ella y si fuera así, si sabían de la intensidad de esos sentimientos.
Intensidad. Su respiración se aceleró.
A menudo Arnold se preguntaba cómo reaccionaría si de pronto anunciaran su compromiso. ¿Qué se sentiría? Helga era una mujer soltera, pero el que estuviera soltera hoy no significaba que iba a permanecer soltera para siempre, ¿verdad? Algo que no era capaz de imaginar era a Helga estando casada con otra persona, y mucho menos con alguien como Henry. Simplemente no podía imaginarlos juntos. La verdad es que no la imaginaba casada con él tampoco. Helga parecía muy por encima de esos tontos anhelos de juventud. Sus ilusiones sobre ella se limitaban a tenerla entre sus brazos; a tenerla, en el total significado de la palabra. A que el mundo supiera que era suya.
Suspiró. No había duda de que había madurado mucho últimamente. Ilusos sueños acerca de blancas bodas de ensueño, lunas de miel perfectas y ese tipo de cosas ya no eran para él.
Alguien de quien Henry hablaba mucho era, de hecho, de su sobrino. Henry estaba aparentemente muy orgulloso de él, pero al mismo tiempo parecía que el chico le había decepcionado en no pocos aspectos. Arnold tenía la impresión de que esos eran los aspectos en los que Dick contravenía los deseos de su tío.
Sin embargo, Arnold pensó mientras miraba por la calle por quincuagésima vez esa noche, viendo que el coche de Helga seguía aparcado en la ahora más desolada calle, no iba a pasar la noche pensando en ellos. Se dio la vuelta para hablar con los otros dos chicos cuya inicial era A quienes le hacían compañía y quienes también, como él, miraban hacia afuera aunque probablemente su intención no era checar cierto coche. Pasó el rato. Eran las tres pasadas la medianoche y la fiesta no parecía estar a punto de perder su apogeo en el corto plazo.
Sus ojos buscaron entre la multitud en busca de Claire. Él había estado manteniendo un ojo en ella. Admitía que al mismo tiempo que buscaba algo que indicara que ella pensaba que ya era hora de irse, también buscaba discretamente algún indicio de que a ella le gustara otro chico, pero no parecía particularmente incitada hacia alguien especial. Tal vez era sólo su subconsciente tratando de encontrarla culpable de la misma transgresión que él. Claire, de hecho, parecía bastante mucho más interesada en el novio de Brenda, pero Arnold realmente no creía que se debiera a algún interés personal tanto como no fuera como fuente de chisme jugoso. Arnold sacudió la cabeza. En cualquier caso, fue en busca de ella para hacerle saber que estaba listo para irse.
"¡Por el amor de Dios Arnold! ¿No puedes esperar un poco más?" ella resopló, rodando los ojos minutos más tarde. Parecía que el grupo de amigas estaba teniendo una charla subida de tono por las caras rojas y las carcajadas. Arnold sacudió su cabeza. Se dio la vuelta sólo para toparse con Brenda y su novio, August. Una inusualmente amigable Brenda le pasó la responsabilidad de entretener a su voluminoso novio.
Arnold se volvió a verla con la boca abierta mientras ella se alejaba. Tenía la impresión de que había perdido su capacidad de reacción. O tal vez era sólo que él era un tipo amable de cabo a rabo, y no había nada que pudiera hacer al respecto; no iba a luchar contra su naturaleza. Se volvió hacia el tipo en lo que lo guiaba de regreso a su grupo. Afortunadamente, August resultó ser agradable, inteligente y con ese sentido del humor nerd que él ya había aprendido a disfrutar con el A-pack. Comenzaron a platicar de videojuegos. August también era un entusiasta de Forza Motorsport y Arnold se encontró charlando con entusiasmo por primera vez en toda la noche.
El joven rubio logró mantener sus amigos alrededor de la ahora casi vacía mesa de aperitivos mientras aprovechaba la oportunidad de seguir mirando por la ventana. Después de unas horas de vigilancia inconstante nada había cambiado. Bueno, había menos coches en la calle cada vez que echaba una mirada hacia fuera, pero la Evoque blanca todavía estaba en su lugar. Arnold y el grupo no paraban de hablar. Andrew contó al grupo una de sus últimas experiencias en la línea de ayuda del centro en que trabajaba; y luego August les preguntó si les parecía correcto que su nueva novia conociera ya a sus padres en la próxima reunión de Navidad de la familia.
"¡De ninguna manera!" Andrew exclamó.
"¿No es demasiado pronto?" Preguntó Arthur.
"¿Cuánto tiempo has estado saliendo con ella?" Preguntó Arnold.
Pero cualquiera que fuera la respuesta que August estaba a punto de pronunciar murió cuando la atención de los chicos fue robada por algo que sucedió en la calle. El profundo rugido de un potente motor hizo que se reunieran alrededor de la pequeña ventana.
"¿Qué es?" Arnold preguntó mientras se paraba en puntillas, empujando para conseguir aunque fuera un hueco y poder echar un vistazo por la ventana.
"¡Mira eso!" Arthur exclamó con admiración.
"¿Que es-?" Arnold repitió pero luego se detuvo cuando vio de lo que estaban hablando.
"¡Amigo, oh, amigo! No puedo creerlo. Yo soy un buen chico. ¿Por qué Dios no recompensa todas mis buenas acciones con algo así?" Andrew silbó.
"Güey, ¿Te refieres al auto o la chica?"
"¡Al auto, idiota!" se rió "Concedo que no le diría que no a la chica."
Arthur se rió y le dio un golpe con la mano abierta a la nuca de su amigo. "¡Yo tampoco lo haría!" anunció. Arnold suspiró quedamente mientras sus ojos seguían la sofisticada y femenina figura que salió casi violentamente del lado del pasajero en cuanto el lujoso coche se detuvo justo detrás de la Evoque. "¿Qué es?" vaciló "¿Es un..."
"¿Una rubia?" Arnold sugirió.
"...Carrera?" Arthur terminó.
El otro chico se rió.
"Nop. Es un Porsche 911 Turbo S." August respondió, también cautivo con la visión ahí abajo. Todos se quedaron en silencio mientras la chica se dirigía hacia el vehículo de adelante y sus pasos hacían eco en la calle vacía.
"¿Cómo lo sabes?" Preguntó Arnold. "No hay Porsches en Forza."
"Por esa cola de pato," ahora fue Andrew quien señaló, dibujando una curva en el aire "Porque está escrito allí atrás, y porque es mi coche favorito en todo el mundo. ¿Cómo podría no saberlo, eh? Incluso tengo un cartel en mi pared".
"¿Tienes un poster de un carro en tu pared?" Arthur resopló. "¿Como un niño chiquito?"
Andrew se volvió hacia él con una expresión burlona.
"¡Amigo! ¡Tú tienes un cartel de la Princesa Mononoke!"
"¡Cierra la boca!" Arthur le advirtió.
"Oye, oye, no te estoy criticando." El otro chico se echó a reír.
"Déjenme ver." Arnold los empujó para hacerse de un mejor sitio para ver. Ellos continuaron burlándose el uno del otro, pero a Arnold no le importaba. Algo se sintió pesado en su estómago cuando el conductor del carísimo auto salió tan pronto como pudo y siguió a la rubia.
Sus amigos aullaron.
"Creo que yo preferiría a la rubia en su lugar", dijo August.
"¿A la chica?! ¡Seguro?!" Andrew dijo burlonamente "Yo prefiero el coche."
Arnold quería que se callaran para poder oír algo, pero sabía que pedírselos sería ridículo... y sospechoso.
"En América, primero consigues el dinero; luego tienes el poder; luego tienes las mujeres." Arthur citó fingiendo acento italiano.
Andrew se rió de su imitación, pero August resopló.
"¡Créanme, chicos! Tony Montana no sabía lo que estaba hablando." Hizo una pausa mientras bebía de su cerveza "No es tan fácil conseguir mujeres. Al menos no a una mujer así." Señaló hacia abajo con su cerveza, al lugar exacto donde el árbol y la bandera protegían a la pareja desde su punto de vista. "Parece que ese güey también lo sabe ya que corrió tras ella."
Arnold maldijo entre dientes. '¡A una mujer así!', Él resopló. Sus amigos estaban ahora silbándoles y aullando como gatos. El tipo había convencido, evidentemente, a la chica y ahora estaba compensándola por lo que sea que la hizo enojar en primer lugar. Las sombras vagas de la pareja que vestía pesados abrigos y se besaba ahí abajo eran parcialmente protegidas de las miradas indiscretas por un banner publicitario.
Se sintió eterno. Para los chicos, la chica que acompañaba al propietario del auto era sólo cualquier desconocida, una hermosa y rubia neoyorquina; una chica del medio oeste, probablemente, que se mudó a la gran ciudad para sacar provecho de su belleza, pero él sabía más; sabía quien era ella, Helga Pataki, quien no era una chica al azar en lo absoluto, sino la matonesa del patio de recreo de la PS 118; la chica que dejó la educación pública para irse a una preparatoria privada hacía quince años; y la que ahora era la extraoficial CEO de Mueller Enterprises.
Arnold podía sentir su corazón latiendo contra su caja torácica mientras disminuía su respiración con deliberación, tratando salir de su asombro, de su shock. La casi CEO de Empresas Mueller estaba besuqueándose descaradamente en medio de la calle a horas impías. El ímpetu de sus caricias hacía que la Evoque se balanceara ligeramente.
Bueno, ¿qué otra cosa podía hacer que seguir mirando como los demás? ¿Debería darse la vuelta y dejar la ventana? Arnold miró hacia la habitación. Todo seguía igual. Los otros tres chicos no dejaba de mirar lo poco que pudieran ver de la escena que se desarrollaba en la calle. ¿Qué estaba pensando Helga, por el amor de Dios? ¿No se daba cuenta que-?
Las luces de la camioneta finalmente se encendieron. Los habituales ruidos de puertas de automóviles y motores que vuelven a la vida se escucharon. La oscura sombra que pertenecía al chico volvió a su suntuoso coche blanco, entró y esperó hasta que la SUV arrancara. Entonces la siguió. Arnold exhaló lentamente. El azar y la oscuridad habían sido sus aliados. Si él no conociera a Helga tan bien como la conocía nunca hubiera imaginado que era ella. Su amante era otra cosa, sin embargo. No se veía como alguien a quien Arnold hubiera conocido antes, pero por otra parte, en realidad nunca lo vio, así que no era capaz de ponerle un nombre a la sombra; pero una cosa era segura, sin embargo…
No era Henry.
…
Gracias por leer. Mil gracias a los que dejan comentarios o la ponen como favorita. Nos leeremos pronto! :)
Diciembre 5 de 2015
