Cohete a la Luna

Capítulo Veintinueve

Sra. Mueller


. . .

"¿Qué tal te suena? ...Helga Mueller... Tu sueño, ¿verdad?"

"¿Eh?"

"¿Estás lista para ello?"

"No...Quiero decir... no lo sé... –No sería la primera."

.


. . .

"Oh, no; no es nada de eso." Arnold se quejó casi en contra de su voluntad "No estoy tan mal, quiero decir... Creo." concluyó

"Pero, ¿sigues viviendo con ella?" La mujer preguntó mientras tomaba otra caja para archivos. "¿O te mudaste? No estoy segura si te he entendido."

"Me acabo de mudar...", admitió de mala gana mientras colocaba otra caja de archivos en el carrito. "Hace dos días."

"Te tomó bastante tiempo, ¿eh?" Ella insistió, notando cómo el chico evitaba su mirada. Grace sonrió sabiamente. Ella siempre supo que Arnold era un todo un caballero. No era alguien que hablara abiertamente de sus problemas; o de sus ex novias, como en este caso.

"Yo - había estado durmiendo en el sofá últimamente, de todos modos." Soltó a regañadientes.

La mujer lo miró brevemente mientras colocaba una tercera caja en el diablito, y luego se volvió para terminar de sellar su propia caja. Este interrogatorio era incómodo para él, lo sabía. Pero también sabía que el chico lucía como alguien que tenía la imperiosa necesidad de sacar algo muy pesado de su ronco pecho. Ella podría ser un mejor paño de lágrimas que cualquiera de sus chismosos de compañeros de piso, ¿verdad? Además, a ella realmente le simpatizaba Arnold. El muchacho se había ganado por derecho propio su lugar en el entorno de la oficina. Ella no iba a traicionar su - si es que alguna vez cedía, - confianza.

"¿Y dices que ella no te dio ninguna respuesta?" Grace volvió a un punto anterior en la conversación. Arnold la miró brevemente antes de sacudir la cabeza. "¿Nadita de nada?"

"No", gruñó mientras enderezaba las cajas "Ni una sola palabra. Ella no admite ni niega nada." se quejó.

"Parece que es dura, ¿eh?" Por toda respuesta Arnold levantó las cejas. "¿Y no puedes ir de vuelta con la persona que te dio la pista y preguntarle qué quiso decir?"

Arnold dirigió su hermosa y verde mirada hacia la puerta cuando Stan Wright y Mike Davis pasaron de largo no sin antes lanzarles una mirada curiosa.

Él sacudió la cabeza. "Eso no es posible." dijo cortante.

Grace zumbó mientras pensaba. "¿Y qué crees que él quiso decir?" Insistió. "Porque - debes tener alguna idea, ¿no?"

"Si, la tengo." Él se acercó a recoger la pequeña caja de archivo que ella acababa de sellar con cinta adhesiva. Después de que la colocó encima de las otras, continuó diciendo: "Creo que, o lo interrogó acerca de algo-" él se encogió de hombros "o ella fue muy indiscreta". Grace frunció el ceño por lo que le ofreció más detalles "Claire es así, ¿sabes? Ella asume cosas y luego va y habla de ellas como si realmente supiera de lo que está hablando."

"Le gusta el chisme, ¿eh?"

"No tienes idea." Arnold rodó los ojos.

"Entonces, ¿qué vas a hacer ahora?"

"Bueno, por un lado, estoy bastante ocupado acostumbrándome a mi nuevo apartamento." Hizo una mueca "Se siente extraño. Quiero decir, ¡incluso acostumbrarte a guisar en una nueva sartén puede ser la muerte!" exclamó. Grace sonrió. Parecía que al chico no le gustaba sentirse solo.

"¿Es por eso que esperaste tanto tiempo? Es decir, han pasado más de dos meses desde que este problema inició. Cualquiera hubiera pensado que la dejarías antes."

Arnold todavía parecía tener dificultades cuando se pasó las manos por el cabello. Luego exhaló con impaciencia.

"No es tan fácil." Frunció el ceño y la miró con impotencia "Quiero decir, yo tenía planes con la chica. La amaba. Pensé que..." se detuvo "Pensé que nosotros-"

"¿Pensaste que iban a ser felices para siempre?" se burló ella.

Arnold hizo un gesto. "No." Hizo una pausa "En realidad, hace ya tiempo que me di cuenta que no éramos el uno para el otro." Admitió "Pero aun así... no sé... es difícil darse cuenta de que todo eso ya no va a suceder, ¿sabes? Incluso cuando-"

"¿Incluso cuando se sabes que ella no era la elegida?" Grace terminó por él "Lo sé. Créeme, lo sé."

Luego dejó escapar un suspiro de nostalgia. De hecho, ella también sabía cómo se sentía cuando tú sabías quien sí era el elegido, pero el chico en cuestión no parecía pensar del mismo modo.

'Probablemente fue sólo porque él ya estaba casado ', su mente le recordó.

"Sí." Su respuesta la sacó de su revuelta mente "Que ella no es la elegida." Él asintió. Se quedaron en silencio durante un rato hasta que él le preguntó "¿A dónde se va todo, eh?" tenía una mirada extraña en su cara "¿La recepción de boda que ya nunca va a suceder? ¿La idílica luna de miel? ¿Los hermosos bebés que no van a existir jamás?"

"Parece que realmente estabas enamorado," Ella le lanzó una mirada de comprensión.

"No lo estaba, en realidad. Pero eso no quiere decir que uno deje de preguntárselo

"¿Los 'Qué pasaría si…?'" Grace pronunció en voz alta, casi como una queja. "¿Qué sería de nuestra desesperación sin todos esos 'qué pasaría si…'?" exhaló. Mirando de nuevo al muchacho, agregó "Es demasiado reciente, Arnold. Supongo que es normal que después de tantos años juntos ahora estés experimentando cierto nivel de duelo." Le sonrió con simpatía "No sería normal si no lo resintieras."

"Supongo que tienes razón," dijo él finalmente dejando escapar una sonrisa triste.

Grace le devolvió la sonrisa.

"Agradezco la confianza", dijo ella.

Arnold le palmeó el brazo y se alejó al otro extremo de la habitación. Los albañiles que habían estado trabajando allí justo acababan de irse, dejando un desastre detrás. Eran casi las tres de la tarde y siendo un viernes eso quería decir que la gente de la oficina estaba más excitada de lo habitual; preparándose y esperando a que el reloj marcara las cinco para finalmente irse a disfrutar de su fin de semana.

Ya había logrado encontrar un lugar para dar cabida a Arnold en el piso 29, pero primero algunas modificaciones debían ser realizadas. El lugar solía ser un cuarto de archivo y copiado. Las máquinas de fotocopias iban a ser reubicadas bajo las escaleras donde el escritorio de Arnold solía estar. Los archivos que habían estado almacenados aquí debían ahora ser reubicados en el edificio situado en la 106ª y Madison.

"¿Y qué tal tu nuevo hogar? ¿Es bonito?" ella le preguntó.

"¡Es pequeñísimo!" Arnold se rió "Pero sí, está padre y es... no sé," subió y bajó sus rubias cejas con fingida arrogancia "-muy mundano".

Ella se rió de su expresión "Está en Soho, ¿verdad?"

"Así es." El chico no pudo evitar que la sonrisa de satisfacción permaneciera en su rostro.

"¡Felicitaciones!" dijo con sinceridad "¿Cómo le hiciste para conseguir un lugar allí? ¿Con quién tuviste que acostarte?" Bromeó "Dicen que hay una lista de espera para conseguir un lugar en toda esa parte de Downtown."

"Estoy en términos amistosos con un tipo que posee algunos edificios por ahí, de hecho," dijo sin el menor atisbo de presunción en su voz. Éste realmente era un chico especial y encantador, pensó Grace. Estaba feliz de que Henry hubiera desarrollado cierto gusto por él también. Arnold se lo merecía.

"¿En serio? ¿Y cuál es el nombre de tu amigo? ¿Donald Trump?" bromeó.

Arnold rió de buen talante "¡Sí, claro!" resopló "¿El-que-quiere-ser-nuestro-futuro-Presidente quieres decir?" levantó los ojos hacia el cielo.

"¡Dios mío, protégenos!" Grace se santiguó rápidamente. Arnold la miró con ojos divertidos y ella lo desafió con su mirada a comentar sus principios católicos. Él no lo hizo, como ya suponía. Como había dicho antes, Arnold era un buen chico. Continuaron con su trabajo.

Bueno, era trabajo de ella, a decir verdad. Arnold había ofrecido caballerosamente su ayuda cuando se dio cuenta de la cantidad de trabajo extra que éste cambio trajo para su ya de por sí pesada carga. Él tenía el ceño fruncido de nuevo cuando ella decidió continuar.

"Y entonces... ¿la echas de menos?"

Arnold se encogió de hombros sin volverse para verla.

"Supongo." Finalmente dijo "Es extraño. Echo de menos detalles raros, ¿sabes? Su peso en el otro lado del colchón, por ejemplo." Exhaló "Su olor. La forma en que organizaba las cosas alrededor..."

"¿Ella se quedó en el viejo apartamento? ¿O también se fue?"

"Se lo quedó." Le informó "Su mejor amiga se mudó con ella."

Grace asintió. El tono nostálgico que Arnold estaba usando la hizo recordar cuando ella dejó su antigua casa en Dakota para venirse a la gran ciudad y no volver jamás. Exhaló. Había tanto alboroto en aquel entonces con todas las personas que se mudaron al mismo tiempo que ella no prestó mucha atención al hecho de que estaba en realidad abandonando su ciudad natal. De hecho, habían sido muchos los que dejaron su ciudad natal en aquel entonces, por lo que probablemente todo el mundo tuvo que lidiar con eso de alguna manera. Helga había sido alguien a quien la mudanza hizo especialmente feliz, Grace recordó. A ella le había encantado dejar Dakota y venirse a Nueva York. Su ferviente entusiasmo y esperanzas en el futuro la ayudaron a superar su propia melancolía bastante rápido.

Helga Geraldine...

Grace no pudo evitarlo. Evocó su rostro; sus rasgos duros... y cómo éstos escondían una bondad y una inteligencia extraordinaria. No todas las personas que la conocieron llegaron a conocer a la verdadera Helga. Aquellos que lo hicieron nunca se olvidarían de ella. El corazón de Grace se llenaba de tantas emociones siempre que pensaba en ella. Culpabilidad era el que más rondaba; muy por encima de los otros. Incluso cuando éstos incluyeran sentimientos más ligeros como el aprecio y la amistad; o algunos más oscuros, como los celos o la envidia.

"Creo que estamos listos." La optimista voz de Arnold la trajo de vuelta desde el fondo de su mente. Señaló el extremo de la habitación donde ya había puesto orden en el resto de las cosas que iban a permanecer allí. Por ahora.

"Oh, Arnold, Gracias." Ella lo abrazó y lo besó en la mejilla. "¡Eres el mejor!"

Arnold resopló, divertido. "Sólo puse un poco de orden."

Grace agitó la mano y luego se dio la vuelta para buscar su tablet.

"¿Sabes? Esos chicos de mantenimiento nunca respondieron mi solicitud." Levantó la mirada "Creo que nos tocará llevar esto al vestíbulo y luego a la camioneta." Ella le lanzó una mirada de disculpa.

"No hay problema." Él se encogió de hombros. "Al menos nos trajeron este carrito."

Sintió ganas de besarlo "¡Siempre viendo el lado positivo!"

"Alguien tiene que hacerlo," él respondió con entusiasmo. Grace rió. Algo acerca de este chico hacía que las cosas se vieran más brillantes.

"No estamos dejando nada olvidado, espero." Dijo mientras caminaba por delante de él para salir de la habitación y, luego encaminarse rumbo al ascensor mientras Arnold empujaba el carrito detrás de ella. Eran las tres y cuarto ya. La oficina estaba en su apogeo. Ellos hicieron tiempo mientras ella se aseguraba de que tuviera todas sus cosas con ella y Arnold fue a recoger su mochila tipo mensajero de su escritorio. Luego esperaron un poco más mientras ella ratificaba que el transporte los estuviera esperando en la planta baja cuando bajaran. Una vez confirmado, se dirigieron al piso 26 donde se encontraba la salida oficial.

Al ser una tarde soleada casi al comienzo de la primavera, un fin de semana y un día de pago además, hizo que Grace fuera consciente del agradable ánimo que reinaba en el lugar. Mientras esperaban en el pasillo la gente agitaba sus manos al despedirlos, les hacían bromas porque se iban temprano y otras cosas por el estilo. Luego esto se repetía una y otra vez mientras esperaban al guardia de seguridad a que diera el visto bueno al «paquete» que sacarían del edificio. Ella rodó los ojos cuando ella y Arnold se miraron a los ojos después de enterarse que el tipo estaba "realmente muy ocupado" y que tenían que esperarlo un poco más.

"Creo que te debo una cena después de todo el trabajo por que te he hecho pasar." ella le dijo.

"¡Me suena como a una cita! Estoy volando en solitario ahora, como ya sabes." Le guiñó un ojo. Grace le siguió la corriente echándose aire en la cara con las manos y fingiendo recato.

"¿Así que la furgoneta ya está aquí?" Arnold le preguntó después de una pequeña pausa.

"Viene en camino." Ella asintió con la cabeza "Dijeron que estarán abajo a las 3:35 exactamente." Informó en lo que veía la pantalla de su Tablet una vez más; luego, le hizo señas para que evitara un montón de gente de Recursos Humanos que iba saliendo de su sala de reuniones.

"El ascensor sigue viniendo y viniendo ahorita que estamos atorados aquí." Arnold se quejó. Grace se volvió hacia él con una sonrisa indulgente.

"Lo sé. Cuando queramos irnos no vamos a volverlo a ver otra vez, te lo aseguro." Ella gruñó "¿Y sabes lo que es peor? A las tres y media sale toda esa gente de los pisos de más abajo." Le recordó, levantando sus cejas con fastidio.

Arnold hizo una mueca, pero eso fue todo. Aparte de eso él no parecía preocupado en lo absoluto por tener que estar pegado a una vieja como ella por el resto de la jornada, y probablemente por unas cuantas horas en la noche además.

Esperaban de pie y con paciencia; tratando de mirar a cualquier lugar, excepto a la sala, donde la gente todavía estaba trabajando. Ella lo miró mientras él se entretenía con su teléfono celular.

"Gracias por escucharme." Dijo él un minuto más tarde; en voz baja. "Creo que realmente necesitaba hablar de algunas cosas."

"No hay necesidad de agradecerme, cariño." le sonrió "Como te he dicho antes. Agradezco tu confianza". Se detuvo "Sabes dónde encontrarme siempre que sientas que necesitas quien te escuche."

"Gracias," él asintió.

"¿Tienes algún amigo...? Quiero decir... ¿Amigos con quienes puedas hablar de esto?" le preguntó entonces.

"Sí, los tengo." asintió con la cabeza, mirando brevemente hacia el pasillo. "Pero él vive en Washington. Está casado y tiene una bebita." sonrió. "Es un poco difícil hacer coincidir nuestros tiempos libres."

"Ya veo," Grace asintió con comprensión. "¿Qué hay de Helga? ¿Hablas con ella, aunque sea un poco?"

Arnold se volvió hacia ella.

"Ajá." Asintió firmemente "Aunque no le he platicado de toda esta situación... con Claire." Dijo con cierta amargura.

"¿Por qué no?" Grace frunció el ceño.

Él resopló. "Bueno, ella parece bastante ocupada con todo su propio trabajo..."

"Oh, vamos. Es una gran chica. Estoy seguro de que encontrará tiempo para ti. Son buenos amigos después de todo, ¿no es así?"

"Sí, sí, lo somos, por supuesto." Arnold levantó las cejas "Pero... bueno..." vaciló "tú sabes..." Parecía inseguro acerca de cómo continuar. "Apuesto a que tiene su propia cuota de problemas. Ella no necesita más cosas por las que preocuparse."

"Ya veo," Grace se mordió el labio. "Me parece que te enteraste de la fea discusión que ella y Dick tuvieron el lunes pasado, ¿verdad?" Arnold le lanzó una mirada entendida.

"¿El lunes pasado también?" él se burló.

"Está bien." Grace dejó escapar un gemido de derrota. "En su defensa diría que esos dos siempre están en desacuerdo; en todo momento. Desde el mismo día en que se conocieron. Creo que van a terminar sus días peleando por algo estúpido. Y se van a morir contentos." Añadió con frustración "Son como niños, y Henry no les ha hecho ningún bien jugando la parte del padre indulgente que incita la competencia en lugar de la camaradería."

"Pero Henry no es su padre." Arnold resopló.

"Pero ambos lo ven como un padre." Ella restó importancia a sus palabras.

"¿En verdad?" Arnold dijo burlón de nuevo. Ella frunció el ceño, sorprendida al ver al buenazo de Arnold mostrando una áspera emoción por primera vez. "Dick siempre lo está incordiando a propósito..."

"Tal como un hijo lo haría." Ella inclinó la cabeza mostrando su parcial acuerdo.

"Y Helga..." él dijo con resentimiento "Realmente dudo que Helga lo vea como a un padre. En lo absoluto. Ellos están... ¡están juntos, por el amor de Dios! Ellos son-" bajó la voz.

"¡Arnold!" Grace se apresuró a detenerlo antes de que dijera algo que lamentaría "Henry y Helga no son pareja." Ella lo tomó por el brazo lo que le obligó a mirarla. "No están juntos." le aseguró.

"¡Sí, cómo no!" Arnold rezongó. "Henry está siempre-"

Grace sacudió la cabeza al ver su incredulidad. Ella sabía muy bien por qué pensaba de esa manera; por qué algunas personas pensaban de esa manera, en cualquier caso. Siempre supo que esto no iba a terminar bien. Era culpa de Henry después de todo; él podía ser muy terco cuando una idea le venía a la mente. Resopló. Si tan sólo no fuera ella la que tuviera que hacer frente a las consecuencias de las acciones del viejo.

"Arnold. Escucha. Conozco a Henry. Lo conozco desde hace más de cincuenta años. Te puedo decir con seguridad que él nunca ha visto a -"

Se detuvo. Los dos se volvieron hacia el pasillo donde un murmullo agitado se levantó.

Entonces se olvidó de los alrededores y de todo lo que ellos encerraban, Grace se encontró sonriendo radiante e instintivamente al hombre que se acercaba, dejando toda una estela de excitadas risitas nerviosas a su paso.

"¡Oh, mi Dios!" ella aulló, sintiéndose invitada por su sonrisa petulante. Dando un paso adelante, ella lo observó de arriba abajo abiertamente; evidenciando que su mirada se tomaba su tiempo para admirar sus largas y perfectas piernas masculinas. Con deliberación, se acercó a mirar con embeleso su plano abdomen y el resto de su cuerpo bien formado, cubierto con una camiseta ligera y pantalones cortos de tenis. Las manos le hormigueaban por tocarlo, pero la verdad era que temía su reacción. Se conformó con tomarlo por el brazo. "¿A dónde con tanta prisa?" ella lo apretó.

Dick hizo su teléfono a un lado para prestarle a ella toda su atención.

"Elija usted, mi señora." Murmuró con voz ronca y travesura en sus ojos.

"¡Dios mío!" ella casi se ahoga "¿Qué pasará si decido algo que sencillamente no puede decirse en voz alta?" Dijo lo suficientemente bajo como para ser escuchada solamente por él. Se dio la vuelta mientras fingía que se abanicaba el sonrojado rostro. Con la intención de echarle una buena mirada, algunas de las chicas se habían reunido por el pasillo y en todos los lugares posibles desde donde el ascensor fuera visible. Ella les sonrió. ¿Cómo podía culparlas? No era una diaria ocurrencia que un hermoso ejemplar masculino se paseara por la oficina mostrando tanta piel. Grace frunció el ceño y movió la cabeza fingiendo regañarlas. Luego provocó una nueva ola de envidiosas quejas cuando su brazo lo rodeó por la cintura y lo atrajo con fuerza hacia ella.

"Estás tan calientito," ella gimió "Pero bebé, ¿sabes que todavía está muy frío ahí afuera?"

Dick soltó una risita. Se dio la vuelta entonces. Como si les hubieran avisado, las chicas volvieron rápidamente la cabeza para otro lado y se hicieron las tontas. Grace se burló. Luego miró hacia Arnold y lo atrapó echándole a Dick una rápida mirada evaluadora.

Grace se rió en voz baja. Era toda una sorpresa darse cuenta de que Arnold poseía sentimientos similares al resto de la población masculina; que él también se ponía celoso cuando otro hombre acaparaba la atención de las chicas. Ella se quedó mirando al joven rubio que tenía su atención fija en la pantalla del ascensor mientras fingía indiferencia. No sabía por qué había supuesto que Arnold era diferente, pero entonces se dio cuenta de que el hecho de que no lo fuera, en realidad, era una noticia reconfortante. ¿Qué clase de hombre sería si no sintiera envidia al menos de vez en cuando?

Estaba a punto de decirle algo al chico cuando otro entendimiento la golpeó. Miró a los dos con atención. Dick estaba de pie, de buen talante, mientras sacaba su iPhone color plata de nuevo, pero estaba haciendo un extraño puchero. Un Arnold demasiado consciente de sí mismo estaba revisando las cajas apiladas. ¿Qué estaba pasando aquí? ¿No estaban en buenos términos? ¿No era Arnold el abogado de Dick, de hecho? Ella alzó la vista con el ceño fruncido. '¿Qué has hecho esta vez'? Le preguntó en su mente al rubio más alto.

Dick la miró y movió las cejas arriba y abajo. Ella resopló. Luego, a regañadientes, lo liberó de su abrazo. Había estado pasado por alto que éste era un gesto bastante inapropiado para la oficina. Hubiera enrojecido de vergüenza si la mirada en los ojos azules no fuera amable, pensó mientras lo veía tomar su teléfono y llevárselo a la oreja. Suspiró con deleite. Era agradable verlo de tan buen humor.

"¿Dónde demonios estás?" preguntó imperiosamente en el teléfono. Grace rodó los ojos. Habló demasiado pronto. Al menos lo había disfrutado mientras duró. "Estoy esperando por el ascensor. Trae tu trasero aquí abajo ahora mismo. El coche ya-"

Fue interrumpido cuando la puerta de la escalera se abrió y Helga Pataki salió por ella.

"¡Con un demonio!" ella se quejó "¡Cálmate ya, Roger Federer!" le apuntó al pecho con su teléfono celular "Algunas personas están en verdad ocupadas, ¿sabes?"

"El chofer ya nos está esperando."

"Ya, ya, ya." Ella lo minimizó con una sacudida de su mano "Puede seguir esperando." lanzó su teléfono a su bolso y luego se acomodó todo lo que traía en sus manos. "Ten." le entregó una chaqueta que hacía juego con su conjunto. "¡Guau!" se detuvo para echarle un buen ojo "¡Se ve usted muy bien, Sr. Molinero!" silbó burlonamente.

Dick resopló. "¿Estás lista para patear traseros?"

"¡Tan lista como se puede estar!"

"Bien." Él asintió con la cabeza. "¿Qué vas a hacer con todo eso?" Dick le preguntó entonces mirando con disgusto su mochila para el ordenador portátil y su enorme bolso.

"¿Qué te parece que voy a hacer?!" Ella respondió "¡Trabajar! ¡Doi!"

"¡¿Ahora?!" él preguntó con incredulidad.

Helga giró los ojos y le sonrió brevemente a Grace antes de pulsar el botón del ascensor que ya estaba encendido.

"Sí, justo ahora. Aquí mismo, en el ascensor." Ella señaló las cajas "Encima de las cajas de Arnold, ¿qué te parece?"

Dick dejó escapar una exasperada exhalación. "Te necesito enfocada." Exclamó con fastidio.

Helga pulsó el botón de nuevo. "Como usted ordene!" Replicó, girándose y apoyando su espalda contra la pared. Se volvió luego a ella. "Gracie..." le lanzó una sonrisa sesgada "¿No vienes a echarnos porras?"

"Nop." Grace sacudió la cabeza en tono de disculpa "Tenemos que llevar estas cosas al antiguo edificio" señaló el carrito. "Pero sabes que les deseo lo mejor. ¿Qué hay de Henry?"

Helga encogió sus pequeños hombros con gracia. "Dijo que nos alcanzaría allá." le lanzó una mirada cautelosa a Dick mientras el rubio se ponía su chaqueta.

"Este es un bonito uniforme." Grace señaló su ropa. La falda plisada de tenis en colores rojo y blanco le llegaba apenas a la mitad del muslo, y también exhibía sus piernas largas y tonificadas. Helga hizo una reverencia fingiendo coquetería "¿Tú los elegiste?"

"No", Helga señaló a Dick "Kaitlin lo hizo. ¿La chica tiene buen gusto o qué?" la rubia se dio una vueltecita mientras las puertas del ascensor se abrían y ella entraba en él una vez que estuvo vacío. "Ni se les ocurra." Les advirtió a un par de chicos que llegaron justo entonces y tenían la intención de abordar junto con ellos. Luego mantuvo la puerta abierta para que ella, Dick, y un demasiado callado Arnold y su carrito entraran.

"¿Qué onda con las raquetas?" Helga le preguntó a Dick una vez que las puertas se cerraron.

"Están en el coche." Él respondió casualmente. Helga iba a preguntar algo de nuevo cuando él respondió "Por supuesto que traje tu favorita." Ella le hizo un gesto de agradecimiento. Su mano se deslizó en su bolsa para sacar su teléfono cuando él la miró ferozmente "¡Por el amor de Dios! ¡Dame eso!" Quitándole el pesado bolso de sus manos la censuró "Pensé que te ibas a tomar el resto del día libre."

Helga se quejó sin entusiasmo "Estoy teniendo problemas con un maldito informe."

"Olvídalo. No vas a arreglar el mundo esta noche, Helga. Cuando no es un estado financiero es un presupuesto o cualquier otra cosa. El trabajo nunca se acaba. Tú lo sabes."

"Pero,"

"Todos lo sabemos." Grace se metió en la conversación "Dick tiene razón, Helga. Relájate. Piensa en la competición. Haz tu mejor esfuerzo. Sin importar el resultado creo que ustedes deberían irse a algún lugar agradable a celebrar, ya saben, después del partido." Les sugirió.

Ambos resoplaron burlones. Dick murmuró algo en la línea de que el resultado no podía ser visto como si nada.

"¡¿De verdad?!" Ella los reprendió. "¿Y qué si pierden? ¿A quién le importa? Nadie va a extrañar otro trofeo en la Sala de Trofeos. ¡Vamos! ¡Tómenlo con calma y disfrútenlo! Tómense un par de copas. Nada va a suceder. Sus montones de trabajo van a seguir aquí el lunes por la mañana, esperando por ustedes, se los prometo".

Ambos se agitaron incómodos. Grace refunfuñó mientras sacudía la cabeza. Estos dos nunca cambiarían. Preferirían morir antes que compartir un buen momento juntos socialmente. Luego señaló a Arnold.

"Arnold y yo vamos a cenar juntos." Ella dijo con deleite "Hemos trabajado muy duro. Nos lo hemos ganado."

Arnold confirmó sus palabras al darse la vuelta y dar una pequeña inclinación de cabeza.

"¡Ese va a ser un cambio agradable!" Dick murmuró con desdén.

Grace se volvió hacia él con una mirada interrogante, pero él la ignoró.

"Oye, Arnold!" Helga trinó "No sé cómo o por qué, pero juro que te he visto andando por ahí a donde quiera que voy."

"¡¿Qué?!" Arnold frunció el ceño.

"¡Sí! Al principio realmente creía que eras tú, y me parecía extraño que nunca lograra alcanzarte. No sé. Supongo que estaba viendo cosas." Ella se rió suavemente. "La semana pasada sucedió en la planta de Tijuana. Claramente te vi hacia el final del pasillo, y me arranqué hacia allá determinada a atraparte de una vez por todas, pero cuando llegué al lugar y le pregunté al chico que andaba ahí me contestó que no había ningún 'gringo' en la planta. Bueno, otro que no fuera yo, quiero decir." Ella entrecerró los ojos "¿Seguro que no has estado en Tijuana últimamente?"

"No". Arnold la miró con el ceño fruncido, pero luego sonrió con travesura "No desde la universidad, si acaso eso cuenta." Se encogió de hombros casualmente. "¡¿Qué?!" Sonrió al ver la expresión de Helga "Era un triste y solitario estudiante de primer año."

Dick se rió divertido. "Que pena que yo estaba en el lado opuesto del país." dijo.

Helga rodó los ojos. "¡Hombres!" gimió.

"¿Qué?" ambos respondieron con humor.

Grace vio a Helga dándole un codazo a Dick en broma, y luego a él empujándola en respuesta. Ocultó una sonrisa de satisfacción. A través de las puertas de espejo se quedó con un ojo pegado a la pareja que vestía de blanco y rojo; quienes se apartaban lo más lejos posible el uno del otro. Helga jadeó de repente y se volvió hacia su compañero.

"¡Maldición, Dick!" exclamó con humor "Fuiste tú, ¿verdad? Por fin arreglaste esa maldita máquina del tiempo, ¿no es así?" lo empujó juguetonamente. "Es por eso que estoy viendo Arnold por todas partes, ¿verdad?"

"No." Dick respondió con una seriedad extrema. "Lo que arreglamos fue la máquina de clonación. Pensé que te lo había dicho".

"¿Y ahora estás haciendo clones de Arnold para enviarlos a todo el mundo? ¿Esclavos con cabeza de balón que trabajan gratis?"

Grace rió ante el apodo. Arnold se limitó a sacudir la cabeza con resignación; como si ya estuviera acostumbrado a ser llamado así. Dick lo miró brevemente antes de responder.

"De hecho gastan toneladas de lubricante." Se quejó con un gruñido. "¡Pero bueno! ¿Me puedes culpar? Necesitaba un modelo que fuera eficiente." Se encogió de hombros con fingida inocencia.

"Siendo así..." Helga le lanzó a Arnold un rápido vistazo. Añadió entonces, medio convencida "Creo que pudiste haber escogido a alguien mucho peor."

"¡Ya sé! ¡Pudiste haber sido tú!" Dick puso una expresión de terror "¡Dios nos libre!"

Las puertas se abrieron en ese mismo momento y Helga empujó a Dick fuera del cubículo y hacia el congestionado vestíbulo. "¡Largo de aquí, bucko! ¡Ya quisieras!" se dio la vuelta para mirarlos "¿Pueden creer que sea tan idiota?!"

"Oooh, Helga." Grace dejó escapar una expresión encantada "Es sólo su forma de expresar que le importas." La mujer mayor oyó a Arnold resoplar a su lado. Helga solamente puso los ojos en blanco.

"¡Si seguro!" se quejó mientras salía detrás de él.

Grace también salió. Ella y Arnold les desearon suerte después de que Helga se despidiera con una sacudida de su mano. Sus viejos y sabios ojos siguieron a la pareja mientras Dick tomaba a Helga por el codo y la guiaba a través del atestado pasillo rumbo al vestíbulo principal; y luego hacia el conjunto de puertas dobles que conducían a la calle 45, donde el Mercedes estaba esperando para llevarlos hasta Flushing Meadows, Queens; donde la Cámara de Comercio celebraba su Torneo Anual.

Sonrió con orgullo al ver que la pareja de altos rubios atraía las miradas en su camino de salida. Dick se inclinó hacia Helga mientras le hablaba. Ella asentía divertida justo antes de que se perdieran de vista. Grace suspiró profundamente sintiendo el aire fresco que acaba de inhalar llegaba hasta el último de sus alvéolos. Era una sensación maravillosa.

"Pareces muy satisfecha de ti misma el día de hoy." La un tanto resentida voz de Arnold la hizo parpadear dos veces. El chico había conseguido sacar el pesado carro al pasillo y todo por sí mismo. Ella sintió una punzada de culpabilidad que la hizo dirigirle una gran sonrisa de agradecimiento.

"Realmente aprecié mucho tu ayuda y compañía hoy, Arnold." le dijo.

El muchacho rubio asintió mientras le dirigía una sonrisa amable. Luego dirigió su mirada a las puertas de entrada y suspiró profundamente.

Grace recordó a Henry diciéndole que sospechaba que Arnold estaba enamorado de Helga. '¡Es una lástima!' Henry había pronunciado con tristeza. Sospechaba que el enamoramiento de Arnold, con toda probabilidad, había comenzado una vez que vio en lo que se había convertido la chica que había dejado ir cuando era muy joven e inexperto. Todo lo que había perdido en los viejos días cuando valoraba cualidades más superficiales en lugar de la sorprendente fuerza de la naturaleza que estaba frente a él.

Pero, ¿quién podría decirlo, ¿verdad? ¿Quién podría saber si a Arnold realmente le interesaba la chica? Y si acaso era así, ¿hasta dónde llegaba ese interés?

"Se ven tan bien juntos, ¿no te parece?" Ella no pudo contenerse. Tal vez sólo quería ver su reacción. O tal vez fue sólo que finalmente se atrevió a decir en voz alta algo que había estado queriendo decir sin tomar en cuenta cualquier incómodo sentimiento que el chico a su lado podría estar experimentando. Él siguió mirando a la distancia. No hubo respuesta. Sólo dejó escapar un leve encogimiento de hombros. Grace continuó.

"El verlos así me hace viajar en el tiempo. Es una pena que ella nunca llegara a verlos así. Helga. Ese era su sueño, ¿sabes? Siempre decía que estos dos iban a terminar juntos..." se detuvo "Que era solamente cuestión de tiempo que los dos se dieran-"

"¡¿Su sueño?!" Arnold resopló con escepticismo. "¿Ese era el sueño de Helga?!" Ella sonrió observando esa poco vista impaciencia ponerse de manifiesto una vez más. No pudo evitar sonreír. Era realmente extraño verlo así. No parecía de verdad. De hecho parecía como un niño malcriado "Tendrás que disculparme aquí, Grace, pero creo que estás totalmente equivocada. Por lo que conozco a Helga, sé que jamás ha-"

"¡¿QUÉ?!" ¡No podía creer lo que oía! Él se detuvo probablemente a causa de su expresión. Ella se había colocado las manos en las caderas y lo miraba con esa sonrisa de quien lo sabe todo. ¡Vaya descaro de este chico! Soltó el aire. Señalando hacia la puerta, ella dijo con la mayor tranquilidad que pudo. "Esa no es la Helga de la que estoy hablando."

"¿No la…?" Él se detuvo, después siguió con su mirada hacia donde su dedo índice apuntaba "Ella no es… ¿Entonces qué -? ¿Quién? - Quiero decir" Grace fue capaz de leer en sus ojos la confusión de que era presa "¿De quién estás hablando entonces?" Con el ceño fruncido y la voz débil finalmente logró preguntar.

"¿De quién crees que hablo?" preguntó arrastrando las palabras "¡Por Dios!" rodó los ojos "¡De Helga Mueller por supuesto!"

"¿Helga Mueller?!" Arnold se ahogó. Grace resopló burlona a pesar de notar su estado de shock. ¡No había manera de que no lo supiera, por Dios!.

"¡Vamos Arnold! ¡Te pasas los días con la nariz pegada a esos viejos libros!" Ella ladró "¿No me digas que nunca viste el nombre de la esposa de Henry ahí?" notó que la miraba con ojos muy redondos "¡¿Helga Geraldine Mueller?! ¿Te suena el nombre?!" Sus ojos verdes se volvieron tan enormes que resultaba gracioso. Su mandíbula cayó hasta el suelo "¡Así es! ¡De ella hablo!"

"¿Helga tiene el mismo nombre que la esposa de Henry?!" le preguntó casi sin aliento.

"¡Exacto!" le palmeó la mejilla juguetonamente "¡Apuesto a que esta fue la exacta expresión en la cara de Henry cuando la conoció!" se rió de nuevo. "Quiero decir, ¡Sólo imagínalo! ¡Enterarte, así de repente, que el Gran Bob Pataki le puso a su niña el nombre de TU MUJER?!" Ella rodó los ojos "¡Tuvo que haber sido un gigantesco sacón de onda!"

. . .


I do not own Hey Arnold!