Cohete a la Luna
Capítulo Treinta y Uno
Uno de Esos Días

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N de A. Gracias por estar aquí. Muchas Gracias por su visita, por favorecerme y por sus comentarios. Los aprecio mucho en verdad.

Este capítulo está dedicado a todos ustedes. Pero de una manera especial lo dedico a PrettyKaoru por su reciente cumpleaños y porque me animó a seguir adelante a pesar de mi bloqueo; y a Anonymous Latina, quien me ayudó con algunas expresiones en Inglés que frenaban mi progreso.

Lo publiqué despues de sólo dos revisiones, así que estaré viniendo a checar por fallas de ortogrfía, preposiciones mal colocadas o tiempos verbales q no coinciden.

Empecemos... No sin antes advertir que se recomienda discreción por lenguaje soez (creo que es la primera vez que uso esa palabra en mi vida) y situaciones de adultos.


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"¡Qué idiota!" Arnold se quejó; no prestando atención a los otros comensales en la cafetería "¡¿Cómo es que no lo vi?! ¡Estaba justo en frente de mí!" soltó impaciente.

"Justo en frente de tu redonda narizita." Rhonda canturreó, apuntando a su nariz. Su cara descansaba con delicadeza en su mano derecha y lo miraba con ojos comprensivos.

El desayuno del sábado por la mañana con Rhonda llegó según lo prometido. Él había elegido el lugar; un agradable café situado en la misma calle donde ahora vivía. Nunca pensó que habría tantos nuevos descubrimientos en el curso de tan sólo una semana. Sólo una semana desde el día en que se enteró de donde venía un nombre tan anticuado como 'Helga Geraldine'.

Miró a su alrededor aun teniendo problemas para procesar todo lo que había sucedido la noche anterior. Entonces exhaló y se pasó las manos por la cara con exasperación. No había comenzado el viernes, de hecho. Todo había comenzado el día anterior. Jueves. Temprano en la mañana.

El jueves del cumpleaños de Helga para ser más exactos.

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"Arnold-"

¿O había sido antes? Bueno, vamos a seguir adelante. Tenemos que empezar en algún lugar de todos modos...

Arnold levantó los ojos y frunció el ceño.

"¿Ahora qué?"

La chica se encogió, sorprendida por su rudeza. Se sintió un poco culpable. No solía ser así, pero no tenía ni un minuto que perder. No ahora.

"¿Qué sucede, Daphne", preguntó de nuevo; de una manera más suave.

"Pareces estar ocupado…"

No rodó los ojos sólo porque no tenía tiempo para hacer frente a las consecuencias de un rodar de ojos. Era en serio. La muchacha habló desde su lugar aún por la puerta.

"Es porque estoy ocupado" la miró brevemente. En vista de su vacilación, continuó "¿Me vas a decir-?"

"¿Quién...?" hubo otra vacilación "Mañana por la noche... ¿A quién vas a llevar al baile?"

"Todo información falsa será considerada bajo pena de perjurui..." un subrayado rojo apareció bajo la última palabra. Arnold golpeó la tecla de retroceso, pero por alguna razón el maldito cursor se apareció al comienzo de la línea, así que eliminó el doble espacio en lugar de las últimas dos letras. Maldijo mientras oprimía "deshacer" un par de veces y luego aceptó la sugerencia de la palabra "perjurio" en lugar de "perjurui'.

"¿Perdón?" levantó la vista.

"¿El Baile?" la chica preguntó de nuevo; mordiéndose el labio "¿Ya elegiste con quién vas-?"

"No" Él la miró. "Es una invitación personal. No estoy autorizado a llevar acompañante." Hizo una mueca "Sabes que me gustaría llevarte si pudiera, pero-" se encogió de hombros como disculpa, antes de volver a su documento.

"¿Es eso cierto, Arnold?" Ella se sonrojó. Arnold levantó la vista al oír que se aproximaba. Toda su actitud tornándose coqueta de pronto "¿O sólo lo estás diciendo porque te pregunté?"

"¡Diablos no! Eres una muy buena amiga." Se aseguró de poner énfasis en la última palabra. '¿Dónde está Matt?' le debió haber preguntado, sin embargo.

"¡Oh!" la chica sonó decepcionada.

"Daphne..." hizo una mueca "Estoy muy ocupado en serio..."

"Lo sé." Ella hizo un mohín, mirándolo de arriba a abajo. Entonces le advirtió "Se te está haciendo tarde, Arnold. Tal vez deberías dejarlo para luego".

"No". Él respondió, moviendo la cabeza de un lado a otro "Sólo necesito un par de minutos más y ya está."

"No creo que esperen que les presentes este proyecto en la reunión de hoy. Te dieron hasta la próxima semana, ¿recuerdas?"

"Sí, pero quiero darles una sorpresa."

Este Contrato se regirá e interpretará de acuerdo con las leyes del Estado de Nueva York.

"¿Dar-les una sorpresa, o dar- le una sorpresa a él?" Arnold detectó una pizca de burla en la voz de la chica "¡Vamos, Arnold! Ya eres su favorito. ¿Quieres que dependa de ti y sólo de ti o qué? Podrías conseguirle unas flores también, ¿Me parece recordar que las lilas son sus favoritas? "

Él se quejó de su burla.

"¡Daph-NE!"

"¡Está bien, está bien!" Se rió mientras se daba la vuelta para dejar su oficina "Buena suerte con tu nueva conquista." Frunciendo su nariz con gracia, ella desapareció.

Arnold maldijo entre dientes. Se estaba cansando de todas esas bromas en torno a su relación con Dick. Si sólo supieran... Dejando escapar una larga exhalación vio el reloj de pared señalando las 09:45 antes de volver su atención al trabajo.

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Mientras tanto, al otro lado del piso 29...

"¡Eh, tú! ¿A dónde crees que vas?" preguntó el impaciente superintendente a la primera mujer de limpieza que se le atravesó en el camino.

"A la bodega del conserje. Tengo que poner un poco de orden. ¡El chico nuevo nada más aventó todo allí y ahora está hecho un desastre!"

"Eso puede esperar. Ve al piso de abajo. Necesito la Sala de Reuniones lista y brillante en quince minutos o a alguien le estará dando un ataque. Luego quiero que vayas a ayudar a Lucy en el piso 30".

"¡Ese no es mi trabajo!" Se quejó la mujer "Y ellos nunca me ayudan a mí".

"¡Por Dios! Te lo estoy ordenando yo, mujer! ¡Ahora ve!" dijo apuntado al piso de abajo "¡Volando!"

"Pero…"

"Sin peros." El hombre señaló hacia las escaleras con autoridad.

La chica finalmente obedeció, pero no sin dejar de mostrar su molestia.

Viéndola irse, el hombre se quejó consigo mismo "Ya no se consigue buena servidumbre. ¡Demonios!"

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Su teléfono celular sonó por enésima vez. Lo miró brevemente. Era un mensaje de su ex, Claire. De nuevo.

Claire: "¿Entonces?"

Arnold dejó el teclado de su ordenador portátil y exhaló con exasperación. Solo era una palabra; ocho letras, ¡pero cómo le irritaban! Sabía que no iba a dejar de molestarlo.

¿Qué tan difícil para ella era entender lo que 'Ocupado' significaba? Tomó su teléfono.

Arnold: "No sé Claire. Cuando quieras. Tú elige."

Dejando apenas su teléfono a un lado, éste sonó de nuevo.

C: "¿Mañana por la tarde?"

A: "No puedo."

A: "Voy a ir a-"

Arnold hizo una pausa. De ninguna manera le contaría sus planes para el viernes por la noche. Suprimió las dos últimas palabras.

A: "Voy a estar ocupado."

C: "¡Arnold! ¡Siempre estás ocupado!".

C: "¡Estoy harta de esto! ¡Si no llegas mañana por la noche para recoger tus cosas las voy a mandar al Ejército de Salvación!"

C: "¡Estoy segura de que les encantará recibir todas esas cosas de color rosa!"

Arnold soltó una risita. ¿Cómo diablos escribía tanto y tan rápido? Sacudió la cabeza.

A: "El sábado" envió.

C: "¡Asegúrate de estar aquí antes del mediodía!" ella advirtió.

A: "Ok."

Y poniendo el teléfono en modo silencioso reanudó su trabajo. Miró con aprensión la pantalla de su laptop; luego al viejo reloj de bolsillo del abuelo que guardaba en su escritorio. Sonrió al verlo. Bueno, era uno de los muchos relojes de bolsillo que el abuelo alguna vez tuvo. Con un suspiro, volvió a su trabajo. Tenía unos diez minutos para terminar esto. Se alegró consigo mismo.

Hacía tres días le habían pedido hacer un tipo de contrato que nunca había hecho antes. Nadie había hecho nada como esto antes aquí. Había empezado desde cero esta vez, y prácticamente no recibió ayuda de Deb. Sin embargo, menos de setenta y dos horas después ya estaba listo. Sólo estaba dándole un estilo profesional. Dick iba a quedar sorprendido; gratamente sorprendido más bien. Y él obtendría la satisfacción de un trabajo bien hecho.

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"¿Qué quieres decir con 'No tienes ninguna mujer'?" Grace repitió mientras caminaba al lado de David McMahon y se dirigía hacia las escaleras.

"¡Exactamente lo que dije! Ninguna mujer." El hombre de cuarenta y tantos años respondió, un poco molesto "Todavía no hay ni una mujer confirmada para asistir al Baile de Caridad mañana en la noche. ¡Me declaro incompetente en ese campo!"

"¿Quieres decir que no habrá mujeres en nuestro grupo o-?"

"¡Sí-íí!" pronunció con fingido entusiasmo. Moviendo las manos expresivamente, agregó. "¡Será como un festival de la salchicha!"

"¡No necesitas ser tan gráfico!" Grace lo censuró.

"Grace. Lo siento. ¡Pero estoy un poco desesperado aquí! ¿Te imaginas la impresión que vamos a dar? Mueller: el lugar donde el sexismo es inexistente."

La mujer exhaló al darse cuenta de su predicamento. "Y ¿qué es lo que quieres decir con ninguna? ¿Qué acaso Helga no va?"

"Nop. Fuera de la ciudad o algo así." dijo Dave.

"¿De verdad? Escuché que está siendo esperada hoy en el piso 30".

"¡Sí, sí! Pero sólo va a volver para asistir a la cena que Henry estará haciendo en su honor." El hombre informó "Pero luego estará volando de regreso a Pittsburgh, Portland o en cualquier endemoniado lugar del que vino."

"¡Imagínate!" Grace bufó; casi rodando los ojos. Dejaron la escalera y entraron en la planta 28. "¿Y Deb? ¿Qué hay de Deb? "

"Deb no quiere asistir y simplemente parece que soy incapaz de convencerla."

La mujer mayor hizo un ruidito con la garganta mientras pensaba. "¿Y qué onda con las 'espectaculares' amigas de Dick? ¿No consiguió una hermosa bimbo cabeza hueca a tiempo esta vez?"

"No cuentes con él." Dave exhaló "Dick no quiere oír una palabra de esto. Sólo va a asistir debido a que Henry lo está obligando a hacerlo".

David se volvió hacia ella con los ojos suplicantes "¿Quieres venir, Gracie? Si puedo convencer a Henry para que acepte que te traiga, ¿podrías venir aunque te invite de último minuto?"

"¡No! ¡David! ¡Por favor! ¡No me pidas eso!"

"¿Por qué no? Como un favor personal, ¿eh? Vamos, Gracie!"

"No. ¡No cargues eso en mi cuenta! Además, yo ya tengo una cita. "Se detuvo al ver su expresión asombrada.

"¿Una cita? ¿En serio?"

Ella le dio una fuerte palmada en el hombro a la vista de esa velada ofensa.

"Sí. Seremos yo y mi verdadero amor, el Capitán Steve Rogers. Prometí que nada me impediría esta vez, finalmente, ir a verlo en la pantalla grande." Suspiró "Me dijeron que pusiera especial atención a una escena con un helicóptero, ¿Tienes idea de por qué?" sonrió con fingida ingenuidad.

"¡Por el amor de Dios, Grace! ¡No seas ridícula!" Dave se burló de ella "¿En serio?! ¿Eliges ir a ver una tonta película en vez de ir al Baile del Año? "

"¡El Baile del Año!" resopló con desprecio "Ya he ido a miles de Bailes así. Absolutamente olvidables".

"Yah." David McMahon gruñó, pero Grace dejó de prestarle atención al hombre a cargo del Departamento de Asistencia Social ante la vista del corpulento tipo que entraba al pasillo y bloqueaba prácticamente toda la la vista.

La ropa cara y esa respetable presencia de Stan Wright no la engañaban. Ella sabía que el hombre era el mismísimo diablo.

"Stan..." ella lo saludó cortésmente. Sus ojos verdes no se apartaron nunca de él.

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Y al igual que la luz en un espejo se refleja; sus ojos azules no se apartaron de ella.


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"Señora," respondió con una leve inclinación de cabeza y una falsa sonrisa. 'Vieja bruja metiche. Apuesto a que todavía piensas que estás bien buena, ¿verdad? Vuélvete a mirar en el espejo, perra. Eres sólo un saco de pellejos ya; toda caída y reseca; bruja bocona'. "Siempre es un placer." Él pronunció con su voz más ronca y se volvió hacia el pasillo.

Grace Devine...

¿En los asuntos de quien tienes tu nariz metida hoy? se preguntó. Grace era el tipo de mujer que amaba los problemas sólo porque de esa manera tendría algo de que ocuparse; algo de lo que encargarse; algo donde fuera necesaria. Si no fuera así la gente empezaría a preguntarse qué demonios estaba haciendo aquí todavía. ¿Qué clase de vida era esa? ¿Vivir a través de los demás? Tal vez la gente llegaba a esos extremos cuando nunca se conseguían una vida propia; o porque nunca se casaron y tuvieron hijos quizá. No por falta de intentos por supuesto; al menos no en el caso de nuestra encantadora Gracie. El cielo fue testigo de que trató duro y sin piedad de alejar a Henry de su esposa. Pero Henry no caería por ese juego. Henry era un hombre inteligente y los hombres inteligentes se casaban con esposas inteligentes. Mujeres que pudieran encargarse de la familia y del negocio si fuera necesario.

Su propia esposa, Lauren, era una ingeniera que trabajaba para la compañía líder que proporcionaba electricidad a todo el noroeste del país. Ella se encargaba de su trabajo y de sus hijos y lo hacía parecer como si fuera la cosa más fácil del mundo. También se las arreglaba para tenerlo bien atendido. Stan sonrió para sí mismo. Tenía que admitir que ella era increíble.

"Mi esposa es una 'chingona'", murmuró en voz baja. Pasando por el pasillo de nuevo, estaba a punto de llegar al primero de sus destinos cuando su atención se perdió a causa de una morenaza de fuego que ocupaba el escritorio delante de la máquina expendedora. Se detuvo por el aparato sólo para echarle un buen vistazo a la chica que llevaba un numerito rojo y usaba lápiz labial barato aún más rojo.

Siguió caminando mientras buscaba en sus bolsillos algo de cambio, mirándola directamente. Ella conocía muy bien su negocio, pensó al verla inclinarse para presumirle su escote. '¡Oh sí! Mujeres como ésta nunca serían buenas esposas, Dios las bendiga; pero ¿qué tal tenerte, pedazo de trasero jugoso, ahí abajo? Apuesto a que estás toda apretada. Si yo fuera tu hombre te tendría tendida en mi escritorio y te comería toda. Después haría que llevaras tu linda carita ahí abajo; tus preciosos labios rojos rogándome para probarme de nuevo...'

"¿Necesita algo de cambio?"

Stan fue obligado a dejar sus preciosos pensamientos cuando el sueño se convirtió en pesadilla.

"¡Oh, el horror!", Gruñó para sí. '¿Qué te he hecho, mi Señor, para que me castigues así?' No se molestó en decirle "Hola" a la cosa más horrorosa que había cruzado su camino en toda la mañana. No pudo evitar fruncir el ceño. 'Mira que poner este esperpento delante de mí! Perdóname Señor, pero cosas como estas no merecen ser llamadas personas, y mucho menos pisar el mismo terreno que yo piso. Merecen estar bajo tierra, y no ver nunca la luz del día, para que así los merecedores como yo no nos lastimemos los ojos debido a la horrible visión que representan. Dios, te lo juro. Este mundo sería un lugar mejor sin cosas como éstas'.

"Acabo de perder el apetito."

Le respondió murmurando indistintamente; mirando a la esquelética chica que parecía a un palillo de dientes. Sabía que su repulsión era evidente. La morena le dirigió una sonrisa ladina y eso fue suficiente para hacerlo olvidarse de la escuálida tipa vestida con un horrible numerito en color lavanda. "¿Quién diablos se atrevía a vender esas cosas? Deberían ser puestos en la cárcel'.

"¡A un lado, puta!", Murmuró por lo bajo al pasar junto a ella. Stan le devolvió la sonrisa a la chica de rojo y apresuró sus pasos tratando de deshacerse de la sensación de que la chica con aspecto de perro galgo iba pisándole los talones.

"¿Stan?" Se dio la vuelta al oír la voz. No se había dado cuenta que ya había llegado a la oficina de Mike Davis.

"Hola Mike," le hizo señas para que se acercara. "Camina conmigo." Le ordenó "¿Tienes algo de cambio?" Mike asintió, buscándose los bolsillos. Stan lo llevó a la máquina expendedora. "Y bien, ¿cómo te fue con esa lluvia de ideas? ¿Algo bueno que podamos llevarle al jefe?"

"Nah! Lo mismo de siempre. ¡No lo puedo creer! Hablé seriamente con el equipo ayer. Quedamos en que nos reuniremos hoy más tarde, y-"

"¿Reunirse? ¿A qué hora?"

"Inmediatamente después de la reunión. ¿Por qué?"

"Quiero estar ahí. Llévalos a mi oficina. Ya es hora de que tomemos una decisión. No quiero que Dick nos tome desprevenidos un día de éstos".

"¡Oooooh!" Mike se estremeció "¡No eches la mala suerte, güey!" Stan le dirigió una mirada fría y de censura "Cálmate". Mike levantó las manos delante de él "¿Y cómo te va a ti, a propósito? ¿Dick todavía está enojado contigo?"

Stan resopló molesto. "Bah," empezó a caminar más despacio al ver que había personas formando una fila delante de la máquina expendedora. "Ya lo conoces. No toma muy bien el darse cuenta de que tú tienes la razón y él no".

"¿Qué vas a hacer ahora?"

Stan hizo una mueca cuando se dio cuenta de que la chica buenota estaba observando a Mike. La chica le lanzaba atrevidas miradas con la esperanza de que la notara. Stan gruñó burlón. Si Chica Buenota fuera inteligente lo elegiría a él en su lugar. Él le daría más tiempo de calidad; también era más travieso en el petate -a diferencia de Mike, quien sólo se tiraba ahí esperando a que le hicieran todo- y estaba mejor posicionado en el organigrama de la empresa.

"No sé." se quejó "No tengo nada que darle; ni siquiera una buena idea. Denver se está yendo al infierno".

Experimentó un poco de alegría malsana ver a Mike encogerse. Producción era su campo y todo el montón de ideas que se le habían ocurrido hasta ahora habían sido sonados fracasos. Le tomó un par de segundos a Mike reaccionar.

"¡Ten!" Le entregó uas cuantas monedas de 25 centavos. "¿Y para qué las quieres, de todos modos?" le preguntó con irritación.

"Para comprar chocolates," dijo Stan con deleite. "¿Qué?!" le ladró, notando que Mike le dio un rápido vistazo a su cuerpo. Mike no le hizo caso y miró hacia el pasillo, finalmente detectando a la sonrisa coqueta de Chica Buenota.

"¿Qué es esto?" Preguntó Mike en voz baja "¿Carne fresca?" Respondió a la sonrisa de la chica.

Stan miró con desdén a la chica entonces. Por supuesto, la idiota elegiría al Guapo Mike y no al Mantecoso Stan.

Resoplando, se dio la vuelta y siguió caminando. Sólo había dos idiotas ya junto a la máquina expendedora. Se puso de pie detrás de ellos. Recursos Humanos tenían un patrón consistente para elegirlos.

"No creo que te esté sigiendo..." Uno de los burros dijo: "¿Quién? ¿Te refieres al chico de Legal? Arnold... ¿Cuál es su apellido?"

"Shortman."

Stan prestó atención. Parecía que era Shorty de quien estaban hablando.

"¿Shortman? ¿Estás seguro?"

"Yo estaba allí cuando Deb lo contrató."

"¿Y por qué dices que hay algo sospechoso en torno a él?"

"¿No me escuchaste la primera vez que lo dije?" El primer chico se quejó "Fue contratado en el ascensor." Tonto se volteó hacia el otro y arqueó las cejas para darle énfasis a la revelación "¡Sólo una semana después de que habíamos contratado un montón de abogados! Ahora trabaja de cerca con Dick y Henry; ¿y adivina qué más?"

"¿Él es el único de los mortales que va a asistir al baile de caridad?" Respondió Retonto.

"A-já." El chico no dijo más porque estaba ocupado empujando monedas en la máquina. Ya habían tomado varios artículos.

'¿Tienen fiesta allí abajo o qué?' Stan se preguntó. No dijo una palabra porque no quería que dejaran de platicar.

"¿Y qué quieres decir con 'algo sospechoso'?"

Stan rodó los ojos. '¿Era este niño retardado o qué?'

"¡¿A quién contratan así?!" El otro tipo respondió. Stan reprimió un bufido.

"¿Entonces, qué piensas?"

"Alguien lo quería en la empresa." Tonto dijo en voz baja.

"¿Quieres decir que alguien del piso 30?" El otro aventuró, bajando mucho la voz. Stan tuvo que esforzarse para poder escucharlos. Se dieron la vuelta para comprobar que nadie los oyera. Stan fingió que estaba texteando en su teléfono. El otro chico lo hizo callar. "¿Mark?", Retonto continuó "Pero, ¿quién?" Se detuvo "¿Por qué?"

"Esa - mi amigo es la pregunta de los sesenta y cuatro mil."

"¿Quién crees que es?" Retonto siguió, imprudentemente "¿Henry?"

Tonto se limitó a encoger sus escuálidos hombros "Él ... o Pataki ...", agregó con precaución.

"¿Helga?" Retonto pareció sorprendido "¿Pero por qué? ¿Qué tiene que ver ella con esto?"

"¡Idiota! Realmente no escuchaste nada de lo que dije - ¿verdad?!"

"Estaba tratando de recordar todo lo que nos pidieron," eso sonó como a una disculpa. Puso su sonrisa más tonta - algo que logró sin dificultad - y preguntó "¿Y entonces?"

Exhalando con fastidio, Tonto reveló "Él era su amorcito". Stan parpadeó sintiéndose tan embotado como ellos. '¿Qué?'

"¿QUÉ?!" Tal vez no era tan tonto ese Retonto después de todo.

El otro rodó los ojos. "Arnold..." se enderezó con los brazos llenos de comida chatarra. Su amigo le ayudó con un poco de su carga y empezaron a alejarse "Fueron a la escuela primaria juntos o algo así. Todo lo que sé es que ella estaba loquita por él..."

"¡Whoa! ¡Esto es oro molido!" Stan no se había dado cuenta de que había permaneció inmóvil viendo alejarse a la versión delgada de Tweedledee y Tweedledum hasta que Mike se puso delante de él con una amplia sonrisa estampada en su rostro. Arqueando las cejas se volvió hacia él "Allí tenemos nuestra distracción."

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Piso 30.

"¿Qué tenemos aquí?" Una Kitty (la secretaria de Helga Pataki) luciendo acosada salió de la oficina de su jefa y gimió "¡Más flores, yay!" Gritó sin emoción. "Me temo que Helga no podrá poner un pie en su oficina cuando llegue."

"Oh ¿a quién le importa? ¡Estas son tan preciosas… y lucen bastante caras también!" Kaitlin (la secretaria de Dick Mueller) dijo caminando hacia una de sus mejores amigas "¿Quién las envía?"

Kitty inhaló profundamente mientras olía las flores del arreglo. Leyó en voz alta la tarjeta:

"'Devoto de todo lo que es hermoso, te amo querida porque eres la 'più bella' de todas ellas.'"

La chica rodó los ojos "Luke Briaschi."

Tanto Kitty como Kaitlin compartieron una mirada burlona. La secretaria de Henry, Thelma, las reprendió.

"Ustedes dos sólo están muriéndose de envidia."

"¡Seguuuuuroooo!" ambas bufaron.

"¿No me digan que no les gustaría tener un pretendiente que las considere la mujer más hermosa del mundo?." Thelma continuó.

"Yo me conformaría con el dinero" Hill, la secretaria de Deb se entrometió.

"¿Quién no lo haría?"

"Déjame hacerlo," Kaitlin se ofreció tomando el 'elegantioso' florero. "Te ves hecha trizas." Estaba a punto de llegar a la oficina de Helga cuando la puerta de Dick se abrió. La chica se dio la vuelta, sobresaltada. Se podría decir que casi le da un infarto. Dejando las flores sobre un mostrador, se apresuró a volver a su escritorio en lo que Dick recorría el lugar con ojos fríos y escrutadores, y se abotonaba su saco. El corazón de la chica se había detenido por completo.

"No sabía que te pagaba para repartir flores." Dijo él con sarcasmo.

Kaitlin dejó escapar una risita nerviosa. "Sólo estaba admirándolas." Ella tomó un expediente de su escritorio y se lo entregó. Sus ojos la amonestaron incluso cuando él no abrió su boca. "Hubo otra reunión en Sala de Juntas del Piso 28 más temprano," le informó "pero ya debe estar lista para tu junta."

El asintió. "¿Está todo aquí?" sacudió la carpeta en el aire. Ella asintió rígidamente "¡Pero que egoísta soy!" ironizó "Agradezco que dediques parte de tu tiempo para hacer mi tonto trabajo cuando estás tan ocupada ayudando a los demás. Lamento mucho molestarte."

Kaitlin mantuvo la sonrisa de plástico y sólo volvió a respirar cuando él desapareció detrás de la escalera. Borró la estúpida sonrisa de su cara.

"No lo escuches." Thelma se acercó a ella y le palmeó el hombro suavemente. "Ya lo conoces. Simplemente no puede evitarlo".

"¡Qué gran alivio escuchar eso!" Kaitlin resopló. Luego regresó a su asiento sintiéndose sin fuerzas.

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"¿Qué?" Deborah Tilly se detuvo en seco. Su asistente la observó mientras hablaba por teléfono. "Espera un segundo." Se volvió hacia él "¡Consígueme a Greg!" le ordenó y volvió al teléfono.

"Greg se tomó el día libre," le recordó. Ella vaciló antes de asentir

"Entonces a Arnold... o a quien sea."

"Pero,"

Deb levantó la mano para silenciarlo "¡Te oí bien la primera vez!" su jefa gritó en el teléfono. Luego tomó una ingesta profunda de aire y continuó, más calmada "Déjame ver qué puedo hacer."

Cerrando los ojos por un momento mientras murmuraba algo para sí, Deb entonces miró brevemente a la puerta de madera de la Sala de la Corte por la que debían entrar ya. Se dio la vuelta hacia él, y dirigiéndole una sólida mirada le dijo.

"Ya tengo que entrar ahí, así que necesito que hagas algo por mí".

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Después de arreglarse la corbata, Arnold echó una rápida mirada hacia la silla de la esquina de su oficina; hacia una bolsa de plástico negro que descansaba sobre ella específicamente. Parecía una bolsa plástico común, del tipo no transparente, pero contenía su regalo. Después de buscar durante días y días, finalmente le consiguió un regalo. Realmente esperaba que le gustara.

Se dirigió a su escritorio para checar su reloj: 9:59 am. Ya sólo tenía que llegar a las escaleras y bajar un piso. La sala de reuniones estaba justo al lado de la escalera.

Toc toc toc

"Adelante."

"¡Arnold!" Daphne parecía aliviada. "¡Todavía estás aquí!"

"Oh, eres tú de nuevo", dijo burlonamente. Tomando sus papeles se dirigió a la puerta. "Daphne Lo siento mucho. Mi situación no ha cambiado desde que estuviste aquí hace unos minutos. Todavía no estoy autorizado a llevar..."

"No es por eso que estoy aquí. Vine a decirte que no debes ir".

Arnold se burló. "No puedo decirle 'no' a Henry."

"No eso tonto. Me refiero a aquí. Tienes que permanecer aquí." Ella pisoteó en su lugar. "No vayas a la reunión."

"No puedo hacer eso."

"Sí puedes."

Él resopló otra vez. "Creo que sé muy bien cuáles son mis responsabilidades."

"Aun así, he venido a detenerte," insistió ella, terca.

"Daphne... lo que estás haciendo no tiene sentido." Miró su reloj "No tengo tiempo para esto. ¿Podemos hablar después?"

"No, Arnold. Tú no entiendes. Simplemente no puedes ir. Tienes que esperar aquí." Ella lo había tomado por el brazo. "Me dijo Tina que en ningún caso debería dejarte ir."

Arnold movió la cabeza con diversión. Se había prometido jamás olvidar que no importaba qué tan útil Daphne pudiera ser a veces, ella todavía era una de las chicas más platicadoras de toda la oficina "Tina puede decir que sea que - ¡Espera un segundo! ¿Tina?" Se rió "¿Por qué Tina diría algo así?"

Salió de la habitación e hizo un movimiento para que ella lo siguiera, dado que se había quedó atrás.

"Arnold... te lo advierto..." su voz sonaba muy chillona. Como un último recurso, la chica lo tomó del brazo y añadió "Ella dijo que las cosas se podrían poner muy feas."

"Si no consigo llegar a la Sala de Juntas en cuestión de segundos..." movió sus cejas arriba y abajo mientras le lanzaba una mirada de circunspección "-eso sí se pondría feo."

"Arnold ..."

"Te veo más tarde, Daphne,"

La chica se quedó atrás.

"Arnold! No digas que no te lo advertí." le gritó.

El rubio la despidió con un gesto de la mano y se dirigió a las escaleras.

La chica se mordió el labio con nerviosismo, y quedó de pie en medio del pasillo. "¡Oh, Dios mío!" exhaló angustiada. Pero muy pronto su expresión se tornó excitada "¡Por nada del mundo voy a perderme esto!" Y corrió tras él.

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Después de haber empujado al fondo de su cabeza su encuentro con Daphne, Arnold alcanzó el último escalón y se precipitó hacia la puerta que tenía un 28 escrito en ella. Eran dos minutos después de las diez. Maldijo en voz baja. 'Siempre y cuando llegue antes que Dick realmente no estaría llegando tarde' se decía a sí mismo.

Detectando a un par de amigos de pie en la entrada de la Sala de Reuniones, respiró aliviado. Se precipitó hacia la puerta y puso una sonrisa amistosa. Pero apenas al alcanzar el umbral supo que algo no estaba bien. La gravedad de la expresión de Woody lo hizo detenerse en seco.

"¿Qué sucede?" Antes de que hubiera formulado la pregunta se oyó un fuerte ruido procedente de la habitación.

"¡¿Qué está haciendo aquí este imbécil?!" A Arnold se le heló la sangre. Dick saltó de su asiento a la cabecera de la mesa y se volvió hacia Stan. "¡Consígueme a Deb! ¡No voy a aguantar esta mierda!" Le lanzó una mirada asesina.

Arnold volvió hacia Woody que seguía de pie junto a la puerta.

"Qué-"

"Será mejor que se pierdas por un rato, compañero." Le Dijo Woody en un murmullo casi inaudible. Arnold juraría que había añadido "Te llamo más tarde", pero dada su desalentadora expresión probablemente sólo lo había imaginado.

Arnold se quedó sin saber que hacer por un segundo, mientras que Dick seguía maldiciendo en voz alta y Stan batallaba con su nuevo iPhone. Él estaba perdido. Los graves rostros de sus compañeros de trabajo no ayudaban a darse una idea de qué demonios estaba pasando. Estaba acostumbrado a las bromas pesadas y las burlas entre el equipo cuando se exponían los errores de alguien, pero esto iba más allá de todo lo que Arnold hubiera visto antes.

Se volvió hacia la cabecera de la mesa de nuevo cuando escuchó mencionarse la palabra 'espía'. Abrió la boca para hablar cuando la voz de Dick se levantó de entre el murmullo.

"¿De verdad pensabas que esto iba a durar?!" Su voz exudaba desprecio "¿Cuál era tu objetivo? ¿Cómo esperabas que esto-? "

Dick se detuvo ante la repentina llegada de Ralph.

"Siento llegar tarde-" su colega hizo silencio al ver la escena delante de él. Arnold nunca le echaría la culpa; hasta donde se daba cuenta, Ralph tampoco estaba enterado de lo que pasaba. El ambiente en la habitación era tan tenso que se podía cortar con un cuchillo, incluso antes de su llegada. Ralph tomó la carpeta de las manos entumecidas de Arnold.

"¿Esto es en lo que estabas trabajando?" le dedicó una sonrisa nerviosa. La mano de Arnold agarró hasta el folder hasta el último segundo. Todo su trabajo de los últimos días estaba allí. Un trabajo sobresaliente. Pero tenía que dejarlo ir en vista de la situación actual.

Asintió con la cabeza, lanzando una última mirada a la mesa de reuniones. La expresión de Dick no se había suavizado ni un ápice. De hecho, si fuera posible, su rostro parecía más desencajado que antes. Él abrió la boca para hablar.

"Debería haberme cogido a tu novia cuando ella quería que lo hiciera. Pobre chica. Tan necesitada." Las palabras pronunciadas tersamente contenían un océano de resentimiento. Sus ojos lo miraban fijamente cuando agregó "Así estaríamos parejos."

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Arnold no podía recordar la forma en que llegó a su oficina. ¿Lo hizo a través de la escalera? ¿Por el ascensor? ¿Simplemente se apareció? Sacudió la cabeza.

Recordaba vagamente haber visto a una Daphne aturdida en medio del pasillo. Ella quiso tocar su brazo. Él había sacudido la cabeza para impedírselo.

Ahora estaba sentado en el asiento de la esquina de su oficina. Solo. Con una bolsa de plástico en sus manos. Su mente estaba en blanco.

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"No esperaba eso; eso es seguro. Pensé que nos echaríamos una buena risa y eso era todo" Stan Wright exhaló, tomando su asiento detrás del escritorio de madera pesada una vez que sus invitados se sentaron frente a él.

"Sí. Pensé que estaríamos burlándonos a costillas de Helga. ¿Te lo imaginas? La chica del infierno enamorada, ¿eh? ¿Lo pueden creer?" Preguntó Mike.

"No puedo creerlo." Uno de los otros chicos dijo.

Estaban en su despacho. Mike y otros dos chicos del equipo de Producción estaban aquí para resolver algunas cosas.

"Así que Dick se puso como loco." No era una pregunta.

"¡Sí!" Stan levantó las cejas mostrando su asombro "Nunca pensé que vería el jefe actuar así."

"Bueno, todos hemos visto sus explosiones antes."

"Lo sé, pero nunca de esta manera."

"Creo que nadie se relajó después de esa escena."

"No jodas. ¿Quién en su sano juicio podría bajar la guardia? ", Sonrió Mike.

"¿Qué hay de Arnold?"

"No lo sé. Simplemente desapareció. No lo he visto desde entonces ".

"Es una pena. Arnold era perfecto para el equipo. En comparación con él, Ralph es un bobo. " Mike opinó.

"¡Dímelo a mí!"

"Debemos tomar en cuenta que Ralph fue llamado en el último minuto. Lo pescamos fuera de base ".

"Bueno ..." el tipo levantó una ceja escéptica. "Entonces-", continuó después de un momento de vacilación "La mentada noviecita le hizo un pase a Dick, ¿eh?", Se burló.

"Sí," Mike exhaló lentamente, reclinándose en su asiento. "Todas las señales apuntan eso." Hizo una cara. "¿Lo sabías?", le preguntó a Stan.

Stan sacudió la cabeza, reflexivo "¿Tú?"

Mike también negó. Ambos compartieron una mirada entendida.

¡Mierda!", Uno de los otros chicos exclamó. "¡Tu chica coqueteando con el jefe! ¡Eso sí que está jodido!"

"Bueno, ella ya no es su novia." El primer chico declaró. Stan se volvió hacia él con el ceño fruncido; desviando la conversación de sus verdaderos pensamientos -y también los pensamientos de Mike, con toda probabilidad-. Estos perdedores no tenían que estar alerta - después de todo - del hecho que Dick te las tenía guardadas; y que no titubeaba en utilizarlas contra ti cuando menos lo esperabas; cuando más daño te podía causar. "Terminaron... Hace unas semanas. No sé exactamente por qué." El chico explicó. Stan asintió distraídamente.

"Un problema menos para él, supongo." El otro tipo sugirió.

"¿Crees que ahora está en problemas?" Preguntó el otro "Quiero decir... ¿Va a ser despedido ahora?"

"Lo dudo", replicó Mike. "Arnold trabaja para Henry también; parece ser una de sus mascotas".

"¡Ya fue suficiente, señoras!" Stan elevó su voz "Por mucho que nos encante el chisme," sonrió "Estamos aquí porque tenemos importantes decisiones que tomar." Se enderezó en su silla "Todas las ideas que hemos puesto en práctica en Denver habían sido infructuosas, como ustedes bien saben. Denver va a explotar si no hacemos nada al respecto, y eso es algo que no va a suceder mientras yo esté ocupando esta silla." Terminó con gravedad.

"Creo que la situación con el..."

"No" Stan barrió con la mano el aire delante de él y luego abrió el segundo cajón de su escritorio. "No vamos a sacar excusas. No ahora. Decisiones solamente. ¿Qué vamos a hacer, señores?" Se deslizó en su silla hacia la mesa para tomar una barra de chocolate del cajón.

"¿Así de directo?" Preguntó Mike.

Él asintió mientras rompía el envoltorio del dulce.

"Directo al grano." Dijo. "No estaremos perdiendo un segundo más".

"Está bien," Mike asintió, reflexivo. "Hemos pensado... como una medida de último recurso" le echó un vistazo antes de continuar "Tal vez deberíamos despedir a todo el departamento de ventas y reemplazarlo con un nuevo equipo, más agresivo. Tal vez es hora de comernos el mercado..."

La puerta se abrió con una explosión. El repentino ruido los sobresaltó a todos y los hizo darse la vuelta. Stan levantó la vista hacia la puerta, donde empezó el alboroto.

"¿Qué diablos signifi-?" comenzó; intentando ponerse en pie, pero siendo incapaz de hacerlo debido a que su silla había sido empujada mucho hacia el escritorio.

Cuando vio a Dick Mueller entrar a tropezones a la habitación siendo empujado al interior por no otra que Helga G. Pataki permaneció inmóvil.

"¡Fuera!" Ordenó Helga. A Stan no le gustaba que le dieran órdenes, y mucho menos esa mujer. Esta era su oficina después de todo, pero la gravedad en sus expresiones le hizo quedarse callado. "¡Largo de aquí! ¡Todos ustedes!"

"¡Esto es ridículo!", Exclamó Dick. Su rostro lívido.

Mike y sus juniors desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Stan estaba demasiado conmocionado -o demasiado atascado en su asiento- para obedecer. Helga cerró la puerta detrás de ellos y se volvió hacia Dick quien se había liberado de su agarre y ahora estaba acomodándose la chaqueta.

"¿Cuál es tu problema?!" le gritó ella.

"¡No finjas que no lo sabes!"

"Acabo de poner un pie en el edificio justo ahora. ¡¿Qué carajos hice esta vez?!"

Mierda.

"¡Jódete!" sin darle tiempo a reaccionar él la dejó atrás y abrió la puerta, cerrándola de golpe tras de sí.

Helga se mantuvo inmóvil mientras sus ojos taladraban un agujero en la puerta cerrada. Luego se volvió hacia él.

"¿Qué demonios-?!" articuló.

"Conoce a nuestro Dick." Sonrió Stan. Era un poco satisfactorio darse cuenta de que incluso Helga Todopoderosa podría ser perturbada por el jefe.

"A ese," ella señaló con el pulgar hacia la puerta cerrada "Ya lo conozco bien. Más de lo que me gustaría admitir." Exhaló. Vacilante, la rubia comenzó a caminar hacia él. "Tú... ¿de casualidad sabes qué fue todo eso?"

"No sé qué quieres decir con 'todo eso'." La citó.

"Tu jefe..." Sus ojos azules brillaron con una mezcla de hostilidad y preocupación "-siendo un idiota."

Stan resopló, divertido "Bueno-" comenzó.

Ella sacudió la cabeza con exasperación. "¿Sabes? Olvida incluso que te pregunté."

"¡Hey!" Deslizó su silla hacia atrás, finalmente siendo capaz de liberarse. No quería que se fuera. Probablemente ella nunca había estado en su oficina antes. Además, se sentía un poco culpable porque había sido él quien empezó 'todo eso'. "Se enteró de lo tuyo con Shortman." Dijo escuetamente. Ella frunció el ceño en confusión; y estiró el cuello hacia delante como si le pidiera que continuara. "Que ustedes fueron novios en la preparato-"

"¿QUÉ?!", exclamó con incredulidad. "¡Nunca fuimos nada!" Ella sacidió la cabeza con pasión "¡Y éramos unos niñitos por el amor de Dios! ¡Niñitos. De preescolar!" Hizo un gesto señalando algo muy pequeño. "¿No le contaron toda la historia?"

"Creo que no lo hicieron..." admitió Stan. Sentía vergüenza hasta cierto punto. La verdad que no prestó atención más que al hecho que tuvieron algo en el pasado.

"¿Quién diablos podría haberle dicho algo así?"

Él tragó saliva. "Fui yo." hizo una mueca.

"¡¿TÚ-?!"

"No esperaba que lo tomara tan mal. Pensé..." se detuvo en vista de su creciente frustración. "¡Oye! ¡No es como si esperaras guardar el secreto para siempre! Es decir, unos chicos estaban hablando de ello en medio del pasillo. Supongo que era cuestión de tiempo que llegara a sus oídos ".

"Y tú te aseguraste que ese día fuera hoy." pronunció ella con fastidio.

"En mi defensa debo decir que nunca lo había visto así." Volvió su vista reflexivo "No sé lo que se apoderó de él ... era como ..." Alzó la vista; observándola con cuidado. Le vino una sensación extraña al mirar sus ojos. Respiró hondo y parpadeó ignorando la sensación. "Bueno, ya conoces al jefe. Ya sabes cómo piensa respecto a la lealtad y esas cosas. Ahora cree que Arnold ha estado sirviendo a dos amos todo este tiempo ".

"Como si él pudiera mantener algun secreto de mí ..." Helga murmuró con desdén. Luego levantó la vista "Arnold ... ¿Que dijo él?"

"¿Qué podía decir? Pobre Shortman. Al chico lo agarraron desprevenido".

"¿Quieres decir que Dick lo maltrató en público?" se llevó la mano a la boca.

"Me temo que fue peor."

"¡Oh Dios mío! ¿Dónde está él ahora? " Se veía preocupada.

Stan se encogió de hombros; se agachó para tomar su barra de chocolate, la llevó a sus dientes y le dio un mordisco. "Lo siento," sonrió con disculpa al darse cuenta de que ella había seguido sus movimientos "¿Quieres un poco?"

"Stan," ella le dio una mirada de aquellas. Odiaba cuando sus hábitos alimenticios eran vistos con desaprobación.

"Puedes simplemente decir que no."

"Tienes razón…. No, gracias." Se dio la vuelta. "Y gracias también por la información." Lo miró de nuevo brevemente; luego se detuvo por completo. "Stan... Sé que no es mi asunto, pero tienes que dejarlo algún día. Eso te va a matar. Aún eres muy joven. Tienen una hermosa hija... "

"¿Crees que no lo he intentado?" Respondió en contra de su voluntad, sonando casi derrotado. No sabía qué lo llevó a responder de esa manera. Ni siquiera eran amigos. ¿Fue su voz suave y sincera? ¿Sus ojos preocupados? "No solía estar así. ¿Puedes creer que estuve en el equipo de Lacrosse cuando estuve en la universidad?"

Ella alzó las cejas con admiración. "¿Y qué pasó?", Preguntó, realmente interesada.

"Empecé a trabajar aquí; conocí a Dick." Ella hizo una mueca que le dijo que lo entendía.

"Parece que no es una buena influencia para ti." Se mordió el labio y luego añadió "¿Sabes que tienes los ojos azules más bellos que he visto?", Le dijo, acercándose. Stan se quedó helado. "No temas. No estoy tratando de coquetear contigo." se rió" Pero conozco las... adicciones. Muy de cerca. He vivido con ellas. No estoy tratando de..." vaciló "No soy la portavoz de nadie. Odio todas esas organizaciones... " su voz se fue apagando y lo miró a los ojos" Pero he visto que el primer paso en la dirección correcta es buscar ayuda. Nadie puede superar este tipo de cosas actuando por su propia cuenta".

"¿Me ayudarías tú?" le preguntó directamente.

Ella vaciló. "Tal vez conozca a alguien que pudiera hacerlo." se acercó y tomó el chocolate de su escritorio. "El médico de Henry. Podría conseguirte una cita ".

"¿Harías eso por mí?"

Ella asintió. "Considéralo hecho." La chica mordió el dulce y puso una cara de asco "¡Stan! ¡Esto sabe horrible!" Escupió el bocado que acaba de tomar en la envoltura y lo arrugó en su puño. Dándose la vuelta agregó "Voy a checar tu agenda con tu secretaria. No me hagas lamentarlo".

"No lo haré." Sonrió. Al llegar a la puerta, le preguntó "¿Saldrás conmigo cuando pierda las primeras diez libras?"

Sin volverse, ella le mostró su dedo medio. Stan soltó una sonora carcajada mientras ella se alejaba. "Sé muy bien que me deseas." Seguía riendo cuando los chicos volvieron a entrar a la oficina. Habría dado mil dólares tan sólo por capturar las expresiones de esos imbéciles.

. . .


. . .

Su mente habían estado en blanco; pero ahora un torrente de pensamientos corría a través de ella. Tan rápido que no podía atrapar ni uno solo.

Claire... ¿Así que era eso? Eso es lo que nunca se atrevió a decirle. Que quería cogerse a Dick.

¡DIOS!

Sus manos cubrieron su rostro. ¿Cuándo fue? ¿Cuándo lo visitaron? ¿Justo debajo de su nariz? ¿Cómo había sucedido? ¿Qué le había dicho para causar esa impresión? 'Pobre chica. Tan necesitada' las palabras Dick golpeaban su cabeza como un taladro. Las expresiones en las caras de los chicos... Tragó saliva. Nunca las olvidaría. Todo esto era tan humillante.

¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué había de su trabajo?

Su mente se entretenía a sí misma con la parte personal del asunto, pero la verdad era que su trabajo estaba en juego. Deb estaba en los Juzgados ahora, y su única instrucción hacia él hasta ahora había sido 'Quédate ahí'.

Su instrucción a Daphne - a través Tina - había sido: "Arnold no debe ir a la reunión. Bajo ninguna circunstancia'. Si sólo hubiera recibido el mensaje a través de alguien más confiable y no a través de Daphne. Tal vez podría haber escuchado.

¿A quién quería engañar?

Pues bien, un hecho inequívoco era que no iba a trabajar con Dick ya; eso estaba claro. Estaba ayudando a Henry, pero sólo Dios sabía cuál sería la reacción de Henry una vez que supiera lo que él había hecho.

¿Pero qué había hecho, por el amor de Dios?!

Decidiendo que no podía esperar más, se levantó y salió de la habitación con la bolsa de plástico en sus manos.

. . .


. . .

Helga dio la vuelta en la esquina. Necesitaba encontrar a Arnold. Si Stan fue honesto eso significaba que Arnold probablemente estaba sintiéndose como mierda.

'¡Pobre Cabeza de Balón!' Pensó. 'Tengo que encontrarlo antes de que empiece a llenarse la cabeza con ideas raras'. Decidió dirigirse al siguiente piso. Si Dick lo acababa de correr de su junta Arnold no tenía nada que hacer en el piso 28. Ella no tenía nada que hacer aquí tampoco, pensó. Y no estaría aquí, de hecho, si no se hubiera encontrado a un loco en el ascensor.

Un agresivo y siempre desconfiado loco.

'Debería haber sabido que iba a reaccionar así', se reprendió a sí misma. No es que ella quisiera ocultárselo; era sólo que nunca hubo un buen momento para sacar el tema. Ahora ya era tarde. Le preocupaba solo pensar lo que podría haberle hecho Dick. Estaba más que preocupada, a decir verdad. No le preguntó nada más a Stan a propósito. No porque no le importara, sino porque le importaba demasiado. ¿De qué manera Dick eligió ser malvado con Arnold? Dick podría ser insoportablemente odioso, e incluso cruel cuando quería. Su corazón duplicó sus latidos. Tenía la boca seca. '¡Pobre Arnold! Él, que siempre es un buen chico; tan amable y de buenos modales, a diferencia de otros'. Inhaló profundamente.

Tal vez debería ya darse por vencida, como Miriam vivía aconsejándole. La rubia bendijo a su suerte. Alcanzando apenas el pasillo de Arnold, lo vio salir de su oficina. Se apresuró a alcanzarlo cuando empezó a caminar hacia el lado opuesto. Una de las ventajas de ser jefa era que la gente se apartaba cuando ella pasaba. Por desgracia, el hecho de que se hicieron a un lado para dejarla pasar no significaba que dejaran de mirarla con - redoblada - curiosidad.

Helga no era tonta. Se daba cuenta de que la mayoría de las personas la miraban con interés. Probablemente ya sabían lo que sucedió. No iba a dejarlos creer que a ella le importaba su opinión, por lo que disminuyó sus pasos y siguió adelante con su elegante andar; pero una vez que llegó a la esquina que conducía a la escalera se apuró hasta esa cabeza de forma oblonga que iba allí adelante; él estaba alcanzando la perilla de la puerta de la escalera cuando ella tiró de su brazo y lo obligó a entrar en el armario de conserje. Todo en un segundo. Entró detrás de él y cerró la puerta.

"¿Qué diablos?!" Arnold maldijo, dándose la vuelta.

"Shh" Helga le hizo callar. "Shh" le puso un dedo en los labios. "Soy yo."

"¿Helga?"

"Te estaba buscando." Empezó en voz baja "Escuché lo que pasó. Lo lamento, Cabeza de Balón. No esperaba..." se detuvo "¿Dónde diablos está el interruptor? ¡Está oscuro aquí! No puedo verte".

"Helga! ¿Eres tú?"

"¡Doi!" Ella rodó los ojos a pesar de sabía que no tenía sentido hacerlo. Estaba oscuro. "¿Quién más te llama Cabeza de Balón por aquí, eh?" dijo con brusquedad, pero luego se heló cuando sintió brazos a su alrededor.

"¡Estoy feliz de verte!"

Brazos fuertes a propósito; y un aroma muy viril agitó sus sentidos

"¡Muy feliz! Iba en camino hacia tu oficina, ¿sabes? "

Parecía sorpresivamente aliviado. Ella se preocupó.

"¿Arnold? ¿Estás bien? ¿Pasó algo más de lo que no me enteré?"

"¿A quién le importa eso ahora? ¡Estás aquí!" tiró sus brazos alrededor de ella otra vez.

El ceño fruncido de Helga se profundizó. Parecía sorpresiva - y sospechosamente - aliviado.

"Arn..."

"Te traje un regalo." Ella notó que hablaba a toda prisa, casi con un toque de locura. Helga estiró la mano buscando el interruptor de la luz en vano.

"Fue una verdadera odisea encontrarte algo. Me preocupaba que no te gustara. No sabía qué conseguirte. ¡Eres una mujer increíble! No podía imaginar algo que te hiciera falta-" Él seguía y seguía.

"Me va a gustar. Estoy segura de eso..." ella lo interrumpió "Arnold... "

"¡Genial! Aunque no es como si no pudiera compensártelo si no te gustara-"

"¡CABEZA DE BALÓN!" Helga lo tomó de los hombros "¿Qué diablos pasó? ¿Deb consiguió hablar contigo ya? ¿Qué te dijo?"

"No" él respondió de inmediato "¿Habló contigo?" su entonación cambió. Sonaba casi temeroso.

"No..." Helga sacudió la cabeza; no prestando atención al hecho de que él no podía verla "¿Qué pasó entonces?"

"¿Crees que ella quiere hablar conmigo?"

"Ella tiene que hablar contigo..." creyó finalmente entender "¿Tienes miedo perder tu trabajo? ¿Es eso?"

"No..." él comenzó, vacilante "Tal vez..." admitió finalmente.

"Eso no debe preocuparte." Ella exhaló aliviada "Deb no te dejaría ir. A ella le importas. Eres muy importante para su equipo".

"Pero Dick... tú no lo viste..."

"Dick no es importante." Ella le dijo, muy segura de lo que decía. Le apretó los hombros de nuevo "Arnold, escúchame. No tengas miedo, ¿de acuerdo? No hay absolutamente ninguna razón para ello".

"¿Estás segura?"

Ella asintió profundamente.

"Te lo prometo." le sonrió. "Ahora... ¿qué hay de mi regalo?" Su voz se sintonizó en alegre "¿Qué me conseguiste?"

"Es un oso." Él dijo entregándole algo. Tomó algo que se sentía como una bolsa de plástico y frunció el ceño.

"¿Un oso? ¿Quieres decir como un osito de peluche?" Sonrió. No sabía por qué, pero la idea de un oso de peluche era linda. La hacía feliz. No se había recibido un peluche en un buen tiempo, pensó mientras desgarraba la envoltura del paquete que estaba dentro de la bolsa de plástico. Por lo que podía sentir parecía que estaba muy bien envuelto para regalo.

"No sabía qué conseguirte," admitió.

"Amo los osos de peluche", sonrió. "¡Ooooh! Es tan suave..." dijo en voz muy baja" Lamentablemente no puedo verlo." Agregó en un murmullo.

"Es hermoso..." Arnold hizo una pausa "¿Dónde está la maldita luz cuando se necesita?" Preguntó con impaciencia. Helga se rió de este detalle. Él se movió para buscar el apagador, pero tropezó con una caja de cartón que estaba en el suelo.

"¡Cuidado!" Helga se rió de nuevo. Por una razón desconocida, encontraba difícil imaginarse a un Arnold malhumorado. Por desgracia no había luz para ver su rostro. Lo tomó del brazo para ayudarlo a mantener su equilibrio. "¿Estás bien?"

"Sí", respondió, molesto todavía.

Podía sentir que estaba asintiendo; ligeramente fastidiado. Ella echó la culpa de todo al cúmulo de emociones por las que había pasado este día. "Creo que hoy es uno de esos días, ¿eh?", Decidió actuar como si nada. Él no parecía querer admitir que estaba inquieto.

"Hummm" él vaciló, enderezándose. La tomó del brazo para guiarse a sí mismo hasta su posición anterior. Se aclaró la garganta, y prosiguió. "Me gustaría que pudieras verlo. El oso de peluche, quiero decir. Es muy bonito. Parduzco, un tanto rubio..." Helga frunció el ceño, divertida "también lleva un lazo rosa".

"¿Un lazo… rosa?" parpadeó. Algo en su voz la hizo tartamudear.

"Sí... ¿Has visto..." Helga sentía su aliento en su oído y se congeló "-cómo las niñas los están usando de nuevo?"

"¿Los moños en el cabello?" le preguntó en un susurro.

El asintió. "Los veo por todas partes hoy en día. En aquel entonces cuando eras La Niña Modelo, toda la gente los usaba, seguro lo recuerdas, pero ha pasado ya tiempo. Supongo que es algo que se pone de moda y luego se va".

"Como todo en esta vida." Murmuró para sí misma.

"Bueno," dijo Arnold. Muy cerca de su oído de nuevo. "Sólo quería desearte un feliz cumpleaños" Helga se estremeció ante el sonido de su profunda voz contra su oído.

"Oh," ella dejó escapar un débil gemido al sentir que sus brazos la rodeaban una vez más. Ella dio un paso atrás. "Arn-"

"Feliz Cumpleaños Helga. Te amo."

Helga sintió el peso de su cuerpo contra ella; su aliento en sus labios. Se tambaleó hacia atrás, sorprendida, lo que la hizo tropezar y caer. El lugar estaba lleno de cajas, bolsas y costales. Al ir cayendo Helga se golpeó la espalda con algo romo y luego cayó al suelo. Arnold cayó encima de ella.

"Helga..." él gimió; sus labios encontrando los de ella y atrayéndola hacia él.

Helga no sabía qué hacer. Su primer instinto le dijo que lo empujara, pero sólo permaneció allí, inmóvil. Algo se agitó profundamente en los pliegues de su mente; algo que le impedía moverse. Sus brazos la tomaron por la cintura y la atrajeron hacia sí aún más. Helga gruñó bajo su peso. Su cabeza descansó hacia atrás mientras se esforzaba para recobrar sus sentidos. Arnold la besaba con timidez; casi con devoción. Ella se permitió sentirlo. Él tenía brazos fuertes, labios suaves, y un olor seductor. Un olor a hombre. No sabía por qué, pero tenía la impresión de que Arnold era un chico; que sus besos serían así: infantiles. Pero el tipo que la besaba ahora era un adulto, era un hombre, a pesar de sus tímidos besos.

Ella gimió de nuevo, y luego abrió los labios. ¡A quién le importaba, ¿verdad?! Si esto se tenía que hacer entonces que se hiciera como se debía. Alzó sus brazos hasta su cuello y tiró de él hacia abajo; luego comenzó a responder a su beso. Le tomó solo un segundo saborearlo y decidir que le gustaba. Le mordió los labios ligeramente, y deslizó su lengua dentro de la suya sin pedirle permiso. Gimió gravemente. Arnold pareció sorprendido por unos segundos, pero luego reaccionó y respondió con frenesí. En cuestión de segundos cada célula de su cuerpo estaba encendida. Una sonrisa traviesa apareció en los labios femeninos al sentirlo excitarse a través de su ropa.

La danza húmeda de unos labios y unas lenguas que se mueven en armonía; dedos enterrándose en los cabellos; manos que tientan todo lo que pueden; los latidos del corazón incrementándose; respiraciones volviéndose superficiales; el aire nocturno en una azotea distante; sirenas que se funden con los ruidos de fondo; calor; jadeos; caderas restregándose la una contra la otra; manos jalando las ropas; esas mismas manos metiéndose debajo de esas ropas...

"Arnold!" Se quejó sin aliento. "¡ARNOLD!", Repitió cuando no se detuvo. Lo empujó y estiró el cuello, mirando alrededor, sobresaltada. Tenía la impresión de que despertaría en la azotea de un alto y moderno edificio de un estado del Norte del país; no en un cuarto oscuro con el letrero Armario del Conserje insertado en medio de un antiguo edificio estilo Bellas Artes localizado en el corazón de Manhattan. Se sentía como estar de vuelta de la preparatoria de nuevo; con el antiguo amor de su vida tirado encima de ella. "¡¿Qué demonios-?!" ladró ella, en forma desmayada.

"Yo..." Arnold abrió los ojos y miró a su alrededor, tan sorprendido como ella "No lo sé..." jadeó "No sé qué me sobrevino," terminó, tartamudeando.

"¡¿No lo sabes?!" Helga levantó una ceja molesta, empujándolo para que se moviera de encima de ella y poder ponerse de pie también.

"¿Tú sí?" Preguntó incisivamente. Ella ignoró la implicación.

"¿Eres realmente tú? - ¿Arnold? ¿El viejo Cabeza de balón?" ignoró su corazón latiendo de prisa y su falta de aliento y continuó belicosamente "Has estado actuando raro. ¿Todavía estás fuera de ti?"

"¿Qué quieres decir con 'fuera de mi'?"

Helga pudo ver su ceño fruncido y sus ojos asustados. Era increíble lo rápido que la gente se acostumbraba a la oscuridad.

"¡Por Dios!" Helga giró los ojos mientras se arreglaba la ropa. "Todo lo que te pasó antes. El mal día que has tenido..."

"Estoy bien."

Ella le dirigió una mirada cargada de significado "Arnold, dijiste que me amabas."

.

.
"¿Lo hice?"

"¿Ves? ¡Estabas fuera de ti! ¡No lo niegues!" Exclamó. Luego se volvió hacia él y le puso una mano en el hombro "Pero no seas tan duro contigo mismo." Y añadió de una manera más suave. Era su amigo y a final de cuentas había sido ella la que había decidido seguir con esa cosa del beso. Ya se lo merecían, después de todo. Era una mujer adulta. No iba a hacer un alboroto por eso "No hay nada de malo si dices algo al calor del momento y luego te arrepientes. Nada malo va a suceder".

"¿N-no?"

"¡Nah!" ella se burló "La gente lo hace todo el tiempo."

"¿Tú crees?" Sonaba un poco aprensivo.

"Por supuesto que sí. Dick lo hace todo el tiempo. ¡Y míralo! ¡Tan fresco como una lechuga!" Ella ironizó. Realmente quería que Arnold volviera a su estado habitual. Ella no le gusta verlo tan ansioso. La ansiedad era una enfermedad para tomarse en serio y ni Arnold ni nadie que le importara en esta vida necesitaba algo así gratuitamente en sus vidas.

El muchacho rubio dejó escapar una sonrisa tímida.

"Creo que te recordé a ti, cierta vez, diciendo algo al calor del momento."

"¿Yo? ¿En serio? ¿Cuándo?" En su frente apareció una arruga profunda al verla hacerse la tonta. Ella soltó una risita alegre al ver su expresión de perplejidad "Bueno, admito que me he dejado llevar un par de veces. Espero que el otro tipo tenga mala memoria. Terminó en un manicomio".

Arnold se rió.

"¿En serio?" ella se encogió de hombros "Entonces-" dejó escapar una exhalación afligida. "¿Entonces tú crees que no me van a despedir?" le preguntó vacilante...

. . .


. . .

"¿Así que no te despidieron, verdad?", Preguntó Rhonda mientras se inclinaba hacia él y lo miraba con interés. "¿Verdad?" Insistió.

"No". Él dejó escapar una risita suave. Tuvo que parpadear dos veces ante el exceso de luz que había -de hecho - en el café. "Resultó que Deborah agradeció la rabieta de Dick. Me necesitaba en otro lugar".

"Grandioso." Ella tomó un sorbo de jugo de toronja. Arnold tuvo que contenerse para no hacer un gesto ante la –imaginada - acidez de esa cosa. Sonrió tontamente entonces. Sus labios todavía conservaban el sabor de ella.

"Bueno, mi amigo. Tengo que decirlo en voz alta. ¡Vaya día que te tocó!" Exclamó, inclinándose de nuevo hacia atrás "Creo que tuviste suficiente para un día, ¿eh?"

Arnold se enderezó y se puso serio entonces. La amargura volvió a sus papilas gustativas.

"¡Auch, ya quisiera!"

Rhonda sonrió con entendimiento.

"Eso no fue ni la mitad, ¿verdad?" Arnold negó con la cabeza. No se comparaba ni siquiera un poquito "Y entonces llegó el viernes." Ella dijo.

"Y entonces llegó el viernes. En serio." Repitió.

Y tomó aire para empezar a contar los acontecimientos de la noche anterior. El Baile. Una aventura llena de descubrimientos.

. . .


. . .

No soy dueña de Hey Arnold!

Gracias a todos por la larga espera. Gracias por leer y dejar comentarios. Me encanta leer su retroalimentación. No podría dejar de agradecer, por supuesto, también a mis amigos Nep2uune, José Ramiro, PresleyRox, MarHelga, GRIMMM, CarlinJ83; MeliiMamiii, -Bienvenidos ustedos dos-; TurquoiseGirl y Sakura Undomiel –Un gusto volverlas a saludar-.

Mil gracias.

Vuelvo mañana para corregir faltas de ortografía y esas cosas.
Nos vemos en dos semanas máximo.

3 de junio de 2016.