Cohete a la Luna

Capítulo Treinta y Dos

Y Entonces Llegó el Viernes

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Nota de Autor. Porque no habrá ninguna al final. ;)

No poseo Oye Arnold!

Y no poseo –claro está – ninguno de los autos, canciones o cualquier otra MR mencionada aquí. Poseo solo mi confiable Highlander.

Antes de ponerme a escribir el siguiente capítulo me tomaré un par de días para ponerme al día en mis lecturas favoritas y que están escalando a rápidamente a mis favoritas de todos los tiempos: 'The Shadow Around His Heart', L'Affair' y 'Ever After' si les gusta leer en inglés. Y 'A Sir Gerard, Con Amor' que aún no he empezado, pero estoy segura que me va a encantar en español. Si me preguntan por supuesto que las recomiendo. Son una emocionante lectura.

Y para terminar, no quiero seguir sin agradecerles por leerme; y enviarles un enorme abrazo por sus reviews. No saben cuan feliz me hace leer su retroalimentación. Me hacen el día y me dan el aliciente que necesito para seguir haciendo esto.


¿En que íbamos?


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"¿Así que no te despidieron, verdad?" Rhonda preguntó mientras se inclinaba hacia él y le miraba con interés. "¿Verdad?" insistió.

"No". Él dejó escapar una risita suave. Tuvo que parpadear dos veces ante el exceso de luz que había en la cafetería. Había estado contando una historia acerca de estar encerrado en una habitación oscura "Resultó que Deborah agradeció la rabieta de Dick. Me necesitaba en otro lugar."

"Estupendo." Ella un sorbo de jugo de toronja. Arnold tuvo que contenerse para no hacer un gesto ante la supuesta acidez de esa cosa. Sonrió tontamente entonces. Sus labios todavía sabían a ella.

"Bueno, mi amigo. Tengo que decirlo. ¡Vaya día que te tocó!" -exclamó, inclinándose hacia atrás de nuevo "Creo que tuviste suficiente para un día, ¿eh?"

Arnold se enderezó y se puso serio entonces. La amargura volvió a sus papilas gustativas.

"¡Auch, ya quisiera."

Rhonda sonrió con entendimiento.

"No fue ni la mitad, ¿verdad?" Arnold negó con la cabeza. No se comparaba ni siquiera un poco "Y entonces llegó el viernes." Agregó ella.

"Y entonces llegó el viernes." el repitió. "Vaya que sí."

Y tomó aire para empezar a contar los acontecimientos de la noche anterior. El Baile. Una aventura llena de descubrimientos.

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Arnold tomó aire y se preparó para empezar a contar la aventura de la noche del viernes. No fue una gran aventura, pero, en realidad no sabía qué otra manera de llamarlo: ¿Un cuento? ¿Un evento? ¿Una pesadilla? ¿Un asunto?

¡Oh, cómo deseaba fuera sólo 'un asuntillo'! Pero algo en sus entrañas -y en la reacción de Rhonda - le dijo que era algo más serio que un mero asunto. Esperaba que después de que contara su parte Rhonda estuviera dispuesta a explicar con más detalle qué demonios estaba sucediendo realmente.

¡Aunque todo se veía muy claro! ¡Tan claro todo ahora!

Ya había experimentado algo como esto; y después de su conversación con Rhonda de aquella vez en casa de Helga. En aquel entonces se enteró de algo que le hizo ver todo bajo una nueva luz; bajo una nueva perspectiva. Ahora todo era lo mismo. Pero se trataba de una situación completamente diferente.

Deseó retroceder en el tiempo; pero en el fondo sabía que no tenía ningún sentido. ¿Era preferible no saberlo? ¿La ignorancia era una bendición, como decía el dicho? Sacudió la cabeza. Un espeso nudo le estaba comprimiendo la garganta. También tenía la sensación de algo pesado en la boca del estómago; y de una hueca y revuelta nube en su cabeza.

"¿Sabes?" comenzó "Mi mente sigue reproduciendo la escena. Como si fuera un castigo. Un castigo porque podría ser que yo hubiera estado..."

"Shhh," Rhonda le hizo callar con una sonrisa comprensiva "El principio, Arnold. El mejor lugar para empezar es siempre el principio."

Él sonrió. ¿Quién era él para protestar? Era Rhonda Lloyd después de todo. Ella esperaba escuchar un cuento bien narrado, abundante en hechos y sin escatimar detalles. Resopló a continuación. Debería haber aprendido de Gerald en algún momento de su vida. Gerald había sido un narrador experto a todo lo largo de su infancia.

"El principio", repitió. "Bueno, me pasé la mañana en la oficina; supongo que ese es tan bueno como cualquier otro principio." Él sonrió; ella asintió "El viernes suele ser un día ajetreado, pero como yo no estaba haciendo mi trabajo ordinario..."

"Ya que habías dejado de trabajar para Dick justo el día anterior" ella continuó, haciéndole saber que le estaba prestando toda su atención.

"Exacto." Él inclinó la cabeza con parsimonia "Debido a que justo había dejado de trabajar para él el día anterior." hizo una mueca "De todos modos, Deb estaba -hmmm- mostrándome en qué otras cosas habían estado trabajando; lo de siempre; ya sabes. Me dijo que necesitaba que trabajara para ella un par de semanas antes de señalarme cual sería mi nueva asignación"

"¿Te dijo cuál era?" preguntó ella, elevando su mano para llamar al camarero para pedirle que les llevara más café.

"No, no lo dijo. Un nuevo proyecto, me imagino." Se encogió de hombros. Arnold hizo una pausa mientras el camarero volvía a llenar las tazas "De todos modos," continuó de no muy buena gana "Así es como empezó todo. Henry vino a mi oficina alrededor del mediodía y me dijo que debería salir temprano, ya sabes, siendo que-"

"Siendo que tenías que prepararte para el Baile". Ella terminó por él. Él asintió de nuevo. Parecía que ya se estaba impacientando porque llegara a la parte jugosa de la historia.

"El Baile," repitió sus palabras de nuevo, sin prisa. Rhonda rodó los ojos y él se rió "Así que dejé la oficina alrededor de dos y media; me detuve en mi camino a casa para comprar el almuerzo en el Subway que se encuentra en la cuarenta y..."

"¡Arnold! ¡El BAILE!" Rhonda se quejó.

"¡Tú estabas ahí!" replicó él.

"¡Sí!" ella dio una palmada a la mesa, teatralmente "¡Pero yo estaba trabajando! ¡Duh! ¡No estaba contigo!"

Arnold rió para sí mismo. Ambos tenían más de treinta años ya. ¿La gente de su edad aun usaba esas caprichosas expresiones?

"¡Duh!" el aceptó; aunque sólo lo hizo para burlarse de ella.

"¡ARNOLD!"

Levantó las manos como señal de paz mientras se reía. Sin embargo, sólo un segundo más tarde la imagen de un lujoso coche deportivo apareció en su mente y él dejó de reír. Por completo.

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"El Baile..." suspiró profundamente; cerrando los ojos brevemente para volver a la opulenta sala donde se había llevado a cabo La Segunda Edición Anual del Baile de Caridad de la Ciudad de Nueva York. ¿Qué fue lo que apareció primero en su mente? No había mesas. Las personas se quedaban en pequeños grupos. Anfitriones, ejecutivos y representantes de las empresas -como ellos-; representantes de las organizaciones, - como Claire, Brenda y él mismo habían sido el año pasado - llenaban el lugar. No sabía si Claire andaba por aquí hoy. No era como si le importara, claro estaba.

Y una vez más, los pensamientos del año pasado llegaron a su mente. Incluso cuando tenía la impresión de que sus opiniones sobre el asunto habían cambiado en el transcurso de un año, todavía le sorprendía. Había dejado de ser un soñador en algún momento. Sinceramente creía que los problemas del mundo no iban a terminar ni pronto ni nunca. El hambre, la educación, la desnutrición, el desempleo, la contaminación... No había fin para eso. Ni siquiera en Utopía. Las organizaciones se centraban en un problema a la vez; tratando de ayudar a un número limitado de personas que padecían una sola condición y eso era todo. Incluso la asociación que lanzaría Henry era lo mismo. La organización de la que él formaba parte de algún modo.

Así que, al mirar a su alrededor, no vio nada sino desesperación. Un exceso de carencias en el mundo y muy poca voluntad para ayudar. Parecía que hubiera aquí una gran cantidad de personas, pero era poco lo que hacían al final. Sacudió la cabeza para sacudirse esos pensamientos. Aun esto era mejor que nada. Mejor centrarse en las personas. Personas apresuradas; personas comprometidas; gente que se preocupaba. Gente feliz. Él frunció el ceño. Henry Mueller estaba a pocos centímetros de él. Muy bien acompañado por su muy buena - ¿o era íntima? - amiga - ¿o era novia? – la Dra. Wong.

La mujer tenía unos ojos inteligentes, observantes y una sonrisa amable. Le dio una cálida bienvenida cuando Henry los presentó. Ella era todo, excepto lo que te imaginarias de la acompañante de un importante hombre de negocios. Lisa Wong estaba en sus sesenta y tantos, tenía un poco de sobrepeso y no se vestía para impresionar. Llevaba un modesto vestido negro y zapatos de tacón bajo. Aun así parecían estar pasando el mejor momento de sus vidas. Henry era la viva imagen de la amabilidad y ella reía mucho.

Ellos eran los más festivos de su montón. El resto del grupo de seis personas no parecían tan felices. Para David McMahon este era un día de trabajo, a juzgar por su expresión, lo cual lo tomaba muy en serio. Lo mismo podría decirse de Nancy Hill, su representante de relaciones públicas. Arnold, quien era simplemente un invitado; Henry nunca le dijo que esperaba que hiciera en este evento. Así que Arnold se dedicó a observar todo; centrándose en los principales administradores de las mayores instituciones de beneficencia y otras fundaciones.

El miembro restante de su grupo no se veía por ningún lado, algo de lo que Arnold no se quejaría. Dick se veía decaído y había sido grosero con todo el mundo. Había reaccionado con una sonrisa sardónica a la amabilidad de la Dra. Wong; había atacado el fraternal saludo de Dave con una innecesaria rudeza; y ni siquiera saludó a Nancy. Arnold estaba contento de que su reacción hacia él había sido la más agradable del grupo hasta el momento. Ignoró descaradamente su existencia. Después de lo que había sucedido el día anterior, ese gesto había sido casi entrañable.

Sonriendo, Arnold continuó observando su entorno; tratando de ver más allá de las apariencias; checando y re-checando todo lo que en determinado momento le podría ser preguntado. Y la única cosa que le podría distraer la atención de sus observaciones pasó a cruzarse en su línea de visión justo en este momento. Luke Briaschi, renombrado benefactor, presidente de no sé qué banco suizo y...

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"El hombre que se ha prometido a sí mismo hacer de Helga su esposa." Rhonda terminó por él, dejando escapar una sonrisita retorcida.

"¿Es eso cierto?" ella asintió ampliamente "¿Por qué?"

"¿Por qué?" se encogió de hombros. "¿Porque ama a Helga? ¿Te parece una razón válida?"

Arnold frunció el ceño. "¿Ella lo ama también?" Rhonda abrió grandes los ojos, de una manera que decía tanto y tan poco al mismo tiempo.

"Ella lo ama," canturreó "Pero tal vez no de la manera correcta..." añadió luego, enigmáticamente.

"¿De la manera correcta?" Se preguntó si estaba siendo demasiado intrusivo.

"De la forma en que un hombre como él merece ser amado." Ella hizo un movimiento de floritura con la mano.

Arnold sonrió. "¿Un hombre como él?" levantó su frente sin ocultar su alegría por la -todavía velada - revelación.

"¡Oh, vamos, Arnold! ¡Sabes a lo que me refiero!" ella hizo un puchero; una divertida sonrisa apareció en su cara de nuevo.

"¿Por qué 'un hombre como él'-" imitó su expresión "-quisiera casarse, de todos modos?"

"¿Convenciones sociales?" ella se encogió de hombros.

Tal vez había hecho la pregunta equivocada.

"¿Por qué una mujer como Helga desearía estar casada con un hombre así?"

"¡Ah! Esa es la pregunta, Arnold querido." ella levantó las cejas con burla. "¿Por qué, de hecho?"

"¿Qué quieres decir?"

"Bueno, en realidad no están casados. Helga no lo ha aceptado todavía." Ella hizo un gesto como para indicar algo obvio. Él se echó hacia atrás y tomó aire, un tanto disgustado. Rhonda resopló con condescendencia y luego añadió. "Pero creo que un hombre como Luke puede encargarse-" hizo un mohín "-digamos -espléndidamente - de una mujer."

"¿Espléndidamente?"

Rhonda puso los ojos "Posición, riqueza, seguridad, una familia..."

"¿Pero no amor?"

"¿Quién dice que no lo proveería?" lo miró fijamente.

"Bueno, acabas de decir..." vaciló, sin saber cómo decirlo "-que él es homo-"

"Bueno, Arnold, de hecho nunca lo dije," ella tomó aire otra vez, aparentemente divertida por su modestia "Pero, sólo para que quede claro, Luke es un caballero. Es encantador. Es perfectamente capaz de hacer feliz a una mujer; más que feliz yo diría. Le daría una familia sólida y sería un marido increíble. Si me hubiera propuesto matrimonio a mí quien sabe; tal vez aceptaría..."

"¡¿Que TÚ QUÉ?!" Arnold soltó ahogadamente.

"Pero nunca lo haría. Se lo propuso a Helga. Él no vacila. La ama. Ella es la que él quiere, pero-"

"Pero ella no lo quiere." Arnold terminó por ella.

"Mmmmm... Helga sigue soñando con el príncipe azul". Ella exhaló con cansancio "Lo que es una pena."

"¿Una pena?" él se rió "¿Por qué?"

"Porque el príncipe azul no existe." Se volvió para ver su teléfono. "Entonces, ¿vas a contarme el resto de la noche o no?"

Arnold se quejó. La verdad era que no quería volver allí. Pero tal vez necesitaba contarlo con el fin de empezar a exorcizar cualquier sentimiento, cualquier pensamiento o duda que aún quedara dentro de él y que contaminaba cada segundo de su tiempo respirable.

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El Baile siguió. De vez en cuando Luke Briaschi pasaba cruzando su rango de visión sólo para hacerlo enfadarse. Si la noche anterior hubiera sabido la inutilidad de esta irritación bien podría haber tenido una mejor noche.

Aunque sólo por un rato.

Sin más preámbulos, no pudo más que esperar pacientemente hasta que los cuatro grupos caritativos que les fueron asignados hicieran su presentación - ¡Dios! ¡Vaya montón de patéticos soñadores! ¿Así lucieron ellos el año pasado? Arnold se alegraba de que le prestaran poca atención porque sabía que su vergüenza era evidente.

¿Por qué eligieron ayudarlos el año pasado, de todos modos? Se acordó de que eso fue un gran misterio para él hacía un año. No sólo para él, de hecho. Pensando en la experiencia del año pasado le hizo preguntarse acerca de Claire y Brenda de nuevo. ¿Estaban aquí ahora? Miró a su alrededor, vigilante, pero no las encontró. No tenía sentido preocuparse por ellas, lo sabía, por lo que decidió que tenía que dejar de pensar en ello.

Pasaba sus momentos de soledad recordando con ensoñación el confinamiento del día anterior en el armario del conserje situado junto a la escalera. Pensando en la suave piel de cierta rubia; en su delicadeza. Recordando el sabor de sus suaves labios; de su seductor olor; de su cintura. De su sonrisa cuando finalmente llegó a ver su rostro. Ese momento en que se separaron; furtivamente; escapando con cuidado de esa habitación cerrada; uno a la vez; para evitar ser vistos juntos. Caballeroso, le ofreció ir primero. Se quedó atrás y unos cinco minutos más tarde con cautela dejó su escondite. Una sonrisa traviesa pegado a los labios.

Su escondite. La sonrisa regresó a sus labios.

El recuerdo fue lo suficientemente potente como para hacerlo olvidarse de Luke, Claire, Brenda, o quienquiera que apareciera delante de él tratando de echar a perder su buen ánimo. Henry estaba pasándola muy bien en la pista de baile con su amiga. Dick apareció por unos momentos para desaparecer de nuevo; con un vaso de whisky en la mano. Nancy y David haciendo todo lo posible para dejar una buena impresión, ya que la responsabilidad del buen nombre de Mueller Enterprises había quedado en ellos.

Al poco tiempo ya era hora de irse. Arnold no pudo evitar sentir que era una de las noches más largas de la historia. La gente empezó a desaparecer a una rápida velocidad y se preguntó si todo el mundo se sentía de la misma manera. Se decidió esperar un poco. No tenía sentido salir solo para pasar un buen rato esperando por el auto allí afuera.

Hablar con Dave y Nancy fue ilustrativo. Había una razón por la que Asistencia Social y Relaciones Públicas existían después de todo. Arnold escuchó con atención mientras explicaban términos como Rentabilidad Social, Responsabilidad Social, Marco Ético de Trabajo y algunas otras locuciones que hicieron su mente vagar. Observó por el rabillo del ojo que Dick salió del lugar sin despedirse de nadie y decidió esperar un poco más ya que no quería encontrarse con él y correr el riesgo de aguantar una escena. Había tenido éxito en evitarlo hasta ahora. No había ninguna necesidad de tentar su suerte.

Finalmente llegó el momento de irse. Se despidió de sus compañeros de trabajo y luego fue a buscar a Henry y su compañera. Después de las despedidas, finalmente giró sobre sus talones y exhaló largamente, deseoso de abandonar el lugar y acabar la noche.

En su salida no pudo evitar pensar que Henry y Lisa parecían más o menos cómodos juntos; casi como si fueran amigos de toda la vida... o pareja. Se volvió de nuevo brevemente antes de cruzar el umbral. ¿Habían estado juntos por algún tiempo ya? ¿Por qué entonces Henry pretendía que él y Helga tenía algún tipo de entendimiento?

Recordó a Rhonda diciendo algo al respecto la semana pasada, por lo que hizo un esfuerzo para recordar. Fue casi hasta el final de la conversación. Cuando Arnold comentó sobre...

Maldijo en voz baja apenas poner un pie fuera. El área de espera estaba llena de gente. Parecía que no había personal suficiente para llevarles los coches con la prisa deseada. La gente se quejaba, llamándolo ineptitud de servicio y todo eso; pidiendo tener una palabra con el gerente. Los pocos valets que Arnold vio alrededor lucían sobrepasados. Había una chica joven allí; recogiendo los tickets y tratando de mantener el orden.

"¿Qué modelo es su coche, señor?" Ella preguntó tratando de enmascarar su ansiedad con una sonrisa.

"Camry… Toyota," él observó mientras ella lo anotaba en el billete "Beige," le sonrió con simpatía. No necesitaba que los valets buscaran entre todos los Camrys aparcados ahí abajo. La chica le sonrió con gratitud y él se marchó, dejando espacio para el siguiente invitado.

El joven rubio se dirigió a un claro. Mirando hacia atrás, se preguntó cuánto tiempo se tardarían. Decidiendo que no tenía sentido llenar su mente con tontos cálculos, ya que había demasiadas personas allí, volvió a recordar la imagen de Henry Mueller felizmente moviéndose al compás de la música que se reproducía en la pista de baile. Lisa Wong era obviamente la psicóloga de la que Helga le había hablado; una mujer a la que tenía en gran estima. ¿Significaba eso que Helga sabía acerca de su "romance"?

Sacudió la cabeza por la ironía. Hasta hacía sólo unos días sinceramente pensaba que había algo entre Henry y Helga. Al menos eso era lo que parecían querer demostrar. Entonces se acordó de que Rhonda siempre dio a entender que eso era una sólo una farsa; pero siempre había sido una afirmación ambigua. Hasta la semana pasada cuando mencionó casualmente que había habido un objetivo al que pretendían fastidiar. Había estado pensando una y otra vez en eso y no podía imaginar quien podría ser.

Se sintió cansado de todo este absurdo; levantó la vista y tomó una inhalación profunda. Sus ojos se fijaron en el insufrible Luke Lo-Que-Sea que estaba por el lugar donde los coches estaban siendo entregados a sus propietarios. Haciendo una cara, Arnold observó al hombre con atención. Era todo un espectáculo, Arnold tuvo que admitir. Atractivo en su propio estilo, vestía Ermenegildo Zegna de la cabeza a los pies y actuaba como sólo un adolescente despreocupado haría. Estaba acompañado por un amigo que lo copiaba en estilo y viveza. Arnold no podía oír lo que estaban diciendo, pero la gente alrededor de ellos parecía estar disfrutando de su ingenio.

Pronto se dio cuenta de que sus bromas consistían en admirar, deplorar o llanamente ignorar de los coches entregados; desde preciosos Bentleys hasta viejos y destartalados Pontiacs. Gruñó consigo mismo, esperando que cualquiera que fuera su coche le fuera entregado antes que el suyo. No quería soportar la caminata de la vergüenza hacia su excelente pero poco pretencioso Toyota cuyo color se llamaba oficialmente 'Crème Brule'.

Decidiendo que no iba a disfrutar del espectáculo, Arnold hizo su camino hasta el final del área embaldosada y luego hacia los jardines. Disfrutando el fresco aire nocturno cerró los ojos. Las voces detrás de él se calmaron y se esforzó por relajarse. No había manera de que la espera tardara menos de quince minutos por lo que no tenía sentido ir allá; no por un rato. Además, esta era un lugar bastante tranquilo y las frescas briznas del viento se sentían agradables en su rostro.

Minutos se siguieron. Un torbellino de visiones pasó por sus ojos cerrados, como solía suceder siempre que deshacía de sus ansiedades y sus preocupaciones cotidianas. Había pasado por un par de días difíciles en el trabajo, la verdad. Afortunadamente, siempre había sido proclive a soñar despierto; dejar la mente volar siempre fue fácil para él.

Así que ahora, el aroma de las flores silvestres, un vasto campo verde ...

La visión del cielo nocturno a través de su antiguo tragaluz,

Su mesa favorita en el restaurant de Perros Calientes All-Natural del ex beisbolista Mickey Kaline. No sabía por qué, pero este lugar siempre le venía a la mente en momentos de paz,

El ruido del motor de un avión pequeño que se desliza por el aire,

Above the planet on a wing and a prayer,
My grubby halo, a vapour trail in the empty air,

(Por encima del planeta, sobre un ala y una plegaria,
Mi sucia aureola, una estela de vapor en el aire vacío,)

La paz que ese reverberante sonido trae a su corazón,

Across the clouds I see my shadow fly
Out of the corner of my watering eye
A dream unthreatened by the morning light
Could blow this soul right through the roof of the night

(Entre las nubes veo mi sombra volar
Por el rabillo de mi ojo lagrimeante
Un sueño no amenazado ni por la luz matinal
Podría soplar y llevar a éste ser hasta el fin de la noche)

Todo lo que esto significaba para él...

There's no sensation to compare with this
Suspended animation, a state of bliss

Can't keep my mind from the circling skies.
Tongue-tied and twisted just an earth-bound misfit, I

(No hay sensación que se compare con esto
Esta animación suspendida; este estado de sublime gozo

No puedo apartar de mi mente estos cielos girantes
Con la lengua trabada, vehemente, sólo un desadaptado que no puede dejar el suelo, soy

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Tal vez su destino era ser un explorador, no un abogado corporativo. Continuó disfrutando de la sensación. Los olores traídos por el voluble viento; las imágenes que era capaz de ver a través de sus ojos cerrados; por sobre un campo barrido por el viento, la sombra de su avión se transformó en la de un pájaro:

¿Era un halcón?

¿Un águila real?

¿Un fénix?

Se volvió hacia arriba. La brillantez del sol le impedía ver el ave, pero aun así fue capaz de discernir su llamativa amarillez; una pizca de rosa...

"Así que aquí estás. El hombre de la noche." Oyó un solo aplauso justo antes de que una lenta y fría voz llegara a sus oídos. Se quedó helado. Sus ojos se abrieron un segundo después.

Tomó aire antes de dirigirse al hombre de pie en la oscuridad, a pocos pasos de él. "Dick." Lo saludó reservadamente. No habían hablado desde el día anterior por la mañana. Un intercambio que Arnold dudaba que alguna vez fuera capaz de olvidar.

Dick lo observó con los ojos entrecerrados. "¿Quién eres?" su voz era áspera, despreciativa, exigente.

Arnold frunció el ceño. Tomó aire antes de hablar. Por supuesto que esperaba algo como esto. No había manera de que se saludaran con una palmadita en la espalda; como viejos amigos. Nunca había sido nada de eso; ni siquiera cordiales compañeros de trabajo.

El manojo de sentimientos encontrados que había estado experimentando desde el día anterior cayó repentinamente sobre él haciéndolo sentir muy incómodo. No le agradaba mucho Dick, pero se había acostumbrado a sus cambiantes estados de ánimo, a trabajar cerca de él, a ganarse su apreciación – y digamos- a disfrutarlo. La verdad era que no sabía cuál sería su posición en la empresa ahora que había caído de su gracia.

"¿Quién diablos eres?" repitió "Apenas entras y escalas a una posición que sólo unos pocos alcanzan. Ahora, de repente eres el Chico Maravilla. La empresa no funciona sin ti," escupió acusador "Trabajas con Henry en su maldita Fundación... y por si fuera poco… fuiste novio de Helga". Terminó con un murmullo.

Arnold le lanzó una rápida mirada a su mano derecha en la que sostenía un vaso medio vacío de whisky. "Nunca fui novio de Helga." Le informó con toda la calma que pudo. ¿Estaba Dick ebrio? "Todo lo que sé es que se supone que alguna vez sintió algo por mí-" se detuvo "Si acaso fue cierto, yo nunca llegué a saberlo."

Dick hizo una mueca "Seguro," resopló, escéptico.

"Éramos unos niños" Arnold continuó "Nos dejamos de ver como a los doce años."

"¿Cómo a los doce?" él hizo un gesto de incredulidad. "¿Ella te pidió que dijeras eso?"

Arnold vaciló. La verdad era que ella le había pedido que dijera eso. En realidad dejaron de verse a los catorce años.

En ese entonces él nunca pensó que sería algo tan definitivo...

"Lo sabía." Frunció los labios y le lanzó una última mirada antes de beber lo último de su bebida. Buscó un lugar donde dejar el vaso. De repente, levantó la cabeza y dirigió su vista a la entrada.

Arnold levantó la cabeza también. Hubo algunos silbidos y aplausos emocionados allí. Una vieja y elegante pareja sonreía al abordar su coche; un clásico Duesenberg Modelo J de los años treinta - ¡¿Qué?! Arnold amaba los coches antiguos y sabía todo sobre ellos. Incluso poseía uno-. Vio a Dick dejar el vaso en un macetero de madera y marcharse.

"¡Espera!" Arnold lo llamó. ¿Por qué? No lo sabía. En serio. Sentía que necesitaba a aclarar este estúpido malentendido. Dick no le hizo caso. "No sé lo que escuchaste, pero esta es la verdad." Arnold lo siguió. Cuando llegaron al lugar donde la multitud seguía con la mirada y vitoreaba el histórico automóvil al alejarse, bajó la voz. "Fuimos a la escuela primaria juntos y eso fue todo."

"No me importa una mierda." Sin dirigir la vista a él con cierta obstinación, Dick tomó su cartera y sacó un billete de cincuenta. Arnold vaciló por un segundo. ¿Uno de cincuenta? Él había pensado que un billete de veinte serviría de propina. Luego parpadeó dos veces cuando el hombre más alto se volvió hacia él y le dio un golpecito con su dedo en el pecho. "No sé todavía quién demonios eres, quien te contrató, quien te trajo aquí o cuáles eran sus intenciones, pero lo voy a averiguar y cuando lo haga-"

Una nueva ronda de aplausos llamó su atención. Se detuvo de repente. Había una nueva llegada. Ambos levantaron sus miradas con interés. Un Bentley de algún tipo llegó a la zona elevada. Arnold observó a Dick maldecir por lo bajo ante la visión de Luke y compañía. Luke también se fijó en él. Una sonrisa casi perversa apareció en sus labios. Los labios de Dick se convirtieron en una línea muy recta. Le mantuvo la mirada con fijeza; a continuación, de repente, marchó dirigiéndose hacia él.

Arnold permaneció quieto observando la escena. Luke se enderezó y se escapó; deteniéndose precariamente en el estrecho espacio entre los dos carriles de la calzada. Dos coches se detuvieron a la vez a cada lado de él. Un coche blanco estaba en el primer carril. El conductor se bajó y habló con él. Luke respondió algo antes de empezar a recorrer con prisa el derredor del coche; un recorrido de patente admiración. Su amigo lo alentaba. Al final de la vuelta, el tipo de cabello oscuro le acarició obscenamente el trasero al coche, y le dio dos palmaditas traviesas, de evidente connotación sexual. Arnold contuvo la respiración. Lo había visto hacer ese gesto antes. A Helga. En un parque.

Miró el coche, y lo reconoció inmediatamente. Se sintió como si hubiera sido de pronto empujado a millas de distancia; como si viera una película irreal. Luke apurándose para apartarse del camino de Dick. Luego al tipo rubio cargando contra él; casi golpeándolo en el hombro antes de rodear el coche e intercambiar una palabra y la propina con el valet antes de abordarlo.

Entonces se marchó velozmente con un chirrido de neumáticos.

'Es un Porsche 911 Turbo S.' El recuerdo de la voz de su amigo, August, hizo eco dentro de su cráneo. 'Mi coche favorito en todo el mundo'.

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Regresaré luego para mejorar la edición.

25 de junio de 2016.