Cohete a la Luna
Capitulo Treinta y Cinco
El Amor está en el Aire
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Viernes 22 de Mayo.
09:00 Terminar la revisión de los papeles de TRW. Check mark.
10:30 Actualización con el equipo. Jim- Daph- Ted- Dionne- 4 check marks.
12:00 Reunión con Deb. Check mark (*)
13:00 Comer c/ Woody. Restaurant Pio Pio. 210 E Calle 34 (Pedir Uber) - Check mark.
15:15 Ver a Greg. Papeleo. Check mark.
16:00 Hacer la lista de pendientes para el próximo lunes (tacha eso) martes.
17:00 Empire State. Piso 76 – Henry. - Posible locación para la Fundación H&HM.
18:00 " " " "
Otro día, otro dólar.
Notas: * Cena con Deb, lunes 25, Memorial Day. ¿Su casa? ¿Por trabajo?
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Con el ceño fruncido, Arnold cerró su agenda. Ya había pasado la cita del próximo lunes con Deborah a su calendario en el teléfono.
¿Por qué Deborah quería verlo el Memorial Day? Era un lunes festivo. Era un día libre. No es que se quejara. No tenía otro plan para la noche, y Deb era una compañía agradable.
Y - ¿cómo olvidarlo? - su jefa ...
Frunció el ceño de nuevo.
Sin embargo, esa mirada que ella le dirigió antes de salir de su oficina no fue tranquilizadora en lo absoluto. Parpadeó para alejar el recuerdo y exhaló audiblemente. Ya eran las cuatro y media de la tarde de acuerdo con su reloj de pared y en pocos minutos tendría que subir a reunirse con Henry. Checó que todo estuviera en orden y luego caminó alrededor. Su oficina no era la cosa más espaciosa del mundo, ni tenía ventanas ni ninguna otra cortesía similar, pero era un espacio privado y él había llegado a amarlo.
Volvió a su mesa y tomó asiento de nuevo con un gruñido bajo. Había estado gruñendo mucho últimamente, para su disgusto. Sacó su móvil del bolsillo de la pechera y se fue a abrir Whatsapp para entretenerse mientras esperaba. Las tardes de los viernes no eran muy productivas que digamos, después de todo, y él ya había hecho su trabajo del día.
Conversaciones, conversaciones y más vanas conversaciones. Bueno, no todas eran vanas. Gerald le daba la noticia de que su encantadora hija ya hablaba japonés, y para demostrarlo añadió unos segundos de grabación con la suave voz de Minerva diciendo algo que sonaba como "Kon'nichiwa o-isan An-nod".
Arnold sonrió ante el sonido. Pequeña y dulce niñita. ¿Tenía como qué? ¿Un año y ... diez meses más o menos? Sería una niña de primera clase. Heredó la inteligencia de su madre y la frescura de su padre. Escribiendo algunas alabanzas sinceras y deseando que Gerald respondiera pronto, continuó con sus conversaciones.
Woody diciendo que el ceviche peruano que había pedido en el almuerzo era lo más delicioso que había probado en años. -¡Y es naturalmente bajo en calorías! – Añadió con cinco signos de exclamación. "Le dije a Stan, y siendo que todo el mundo está a dieta aquí para mostrar apoyo, estamos planeando ir el próximo viernes de nuevo. ¿Vienes o qué? Arnold gruñó para sí. No era que dudara que fuera bien recibido en ese grupo después de lo que había sucedido con su jefe, pero incluso así, probablemente no era la mejor idea. "Ya veremos", escribió y lo dejó allí.
Entonces fue al grupo de su equipo de trabajo quienes estaban hablando de sus planes para el fin de semana largo. Lo dejó sin respuesta. Luego, el grupo de chismes hablando del último evento: una chica llorando en el baño del piso 27 porque su novio, un chico de RH, la había cortado por la nueva interna en la oficina. 'Esa falsa pelirroja. No puede ocultar lo puta que es ni aunque lo intentara en serio...'. Rodando los ojos y preguntándose por qué la gente siempre pensaba lo peor de las pelirrojas, continuó. A él siempre le parecieron lindas, a propósito.
Arnold examinó el resto de las conversaciones antes de bloquear el dispositivo. El de Rhonda fue el nombre más visible en la pantalla antes de que se oscureciera. Se apoyó en el respaldo de su asiento y fijó sus cansados ojos en la pared frente a él. Recordaba la conversación de memoria. Lo leyó una y otra vez en su momento; hacía unas tres o cuatro semanas cuando cambiaron sus impresiones por primera vez. Lo releyó en los días que siguieron a la noticia.
El joven rubio apreciaba el tacto de Rhonda; Su preocupación. Ella era una buena amiga de cabo a rabo. No había duda de eso. Se preocupaba por él y estaba demasiado claro que no subestimaba su amor por Helga bajo el sello de un "enamoramiento de oficina".
Nop.
Porque Rhonda conocía la verdadera profundidad de sus sentimientos. Se los había confesado sin restricciones. Tuvo que. Rhonda se lo había preguntado antes de decidir si le contaba o no ... Más que 'la noticia', eran los detalles del evento los que eran importantes.
Con todo, y a pesar de la ligereza que mostró cuando le dijo a Henry que dudaba que su no-deseada participación como 'el otro' hiciera alguna diferencia, resultó que no era necesario más acción de su parte. Era sólo su figura lo que se necesitaba. La noción de la existencia de 'el otro', y eso era todo. Había sido un peón en el juego de Henry. Su parte ya estaba hecha y Arnold lo sospechó de inmediato cuando sintió que el aire de la oficina se volvía más ligero y el estado de ánimo general más agradable.
Le tomó el observar a Dick de lejos, mientras iba por el pasillo, no solo con un humor más relajado, sino con una sonrisa tan fácil que no hubiera sido capaz de esconder jamás para darse cuenta de que algo había cambiado. El bastardo lucía feliz.
Si ese no era el indicador definitivo, entonces una adorable Helga haciendo acto de presencia en el piso 29 la siguiente tarde lo fue. Parecía la gloriosa personificación de la felicidad. Había maldecido entre dientes. No a su encantadora presencia, por supuesto, sino a su significado. Helga se veía así de hermosa sólo cuando estaba feliz, se preguntó. De todos modos, la conversación con Rhonda había comenzado en ese momento, impulsada por esta visión. Tenía que agradecer a los cielos que la chica de cabello negro azabache amara tanto el chisme, ya que ella tenía también la necesidad de soltar toda la sopa.
Resultó que Dick se había aparecido en la puerta de Helga con flores y toda la actitud de un ganador – yep, parecía que él tipo podía lograr eso -. Helga, quien ya se había hecho a la idea de la futilidad de sus esperanzas en ese respecto, puso una fachada de fastidio. No sería fácil de convencer, después de todo, ya que, ¿había sido su falta en verdad tan grave?
Pero lo que empezó con la aceptación del espléndido bouquet – que supuestamente simbolizaba arrepentimiento, dolor y esperanza de reconciliación (insertar el emoji de incredulidad y un desdeñoso chasquido de Arnold aquí) terminó con una larga platica en un elegante restaurant de Columbus Circle; e incluso más, con una dulce reconciliación en la cama de Dick.
Palabras de Rhonda.
A Arnold la cabeza le dio vueltas.
Rhonda: 'Han sido inseparables desde entonces'.
Tanto, que Arnold juraría que la gente empezaría a darse cuenta.
Arnold: 'Si no tienen cuidado, todo mundo se dará cuenta pronto. Es raro verlos juntos. Sin pelear. Comportándose con civilidad entre ellos.'
Rhonda: 'Supongo que no les importa ya lo que piensa la gente.'
Él soltó su aliento con exasperación.
Arnold: '¿Qué diablos le pasa a ella por la cabeza?'
Rhonda: =Emoji que rueda los ojos=
Arnold: '¿AMOR?! ¿Pero por qué? ¿CÓMO?'
Rhonda: 'No lo sé. Supongo que ella aprendió a apreciarlo. Tal vez ve algo bueno en él-'
Arnold: ''¿Su dinero?'
Rhonda continuó, ignorando su prompt.
Rhonda: 'Sé que a ella le importa él. Su bienestar. SUS bienestares. El de Henry también. Ella adora a ese hombre más allá de todo entendimiento.'
Hubo una pausa del lado de Arnold.
Rhonda: 'Arnold, ¿no ves toda la escena?'
Arnold: 'Otra que el dinero, no. No la veo-'
Rhonda envió un mensaje de voz entonces:
"¿Crees que Helga estaría con un hombre sólo por su dinero?" soltó un bufido sarcástico "Ella lo ama." enfatizó "Pero admito que también es cierto que estar juntos resuelve el problema, punto." Añadió con prisa amortiguada, como si estuviera en una oficina llena de gente y no quería ser escuchada "La dirección de la empresa, la sucesión; el tan deseado heredero ... Dick tiene la sangre, Helga las habilidades. De esta manera, Henry asegura la permanencia de Helga a su lado. Al final todo se trata de Henry - y – todo queda en familia ...Y no creo que me necesites para entender esto." terminó con una ligera irritación.
Arnold se quedó inmóvil durante un segundo. Se dio cuenta de que estaba siendo pueril y que Rhonda no tenía ninguna obligación de lidiar con todos sus lloriqueos. Estaba exhibiendo buenos modales porque era su amiga, pero incluso así, decidió no seguir presionando su paciencia y dejar las cosas allí. Su infelicidad no era culpa de ella en lo absoluto. Tampoco era de él. O tal vez lo era, porque la había elegido ahora, no en aquel entonces.
Exhalando, le dijo a Rhonda que tenía razón, se excusó, le dio las gracias y cerró la conversación.
'Llámame más tarde si realmente quieres hablar'. La pantalla de su móvil se iluminó por un segundo mostrando el último mensaje de Rhonda.
"¿Y eso qué significa?" Dijo en voz alta. Por supuesto que quería hablar; alimentar más su necesidad de información. Cualquier cantidad de datos que llegaban a sus oídos en estos días nunca era suficiente. "¿Por qué si no, crees que estoy suscrito a tantos grupos de chismes, eh?"
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Sin embargo, a pesar de la agitación de sus sentimientos no correspondidos y de todo el dolor, hubo algo de entre todo eso que se le pegó a su mente. "Helga amaba a Henry" y "Ella haría todo por él", las palabras de Rhonda eran extrañamente parecidas a "Ella no puede negarle nada" que Deborah había pronunciado un par de semanas atrás.
Sí, le había preguntado a Deb. Llámenlo desesperación.
Pero en cualquier caso,
¿Era cierto? ¿Helga haría todo por Henry? Arnold exhaló largo y dejó su asiento para caminar alrededor de su habitación de nuevo. Había algo que le molestaba. Una fastidiosa picazón en su cerebro. Ya había sido testigo de los trucos de Henry. La gente - él incluido- era como arcilla en sus manos. Cuán grande, profunda o ampliamente había sido su influencia sobre Helga; ¿Cuánto de la persona que ella era ahora había sido moldeada por él? Su personalidad, sus metas, sus sueños. ¿Había llegado a admirarlo, a amarlo, por voluntad propia; o había sido forzada de alguna manera, manipulada?
¿Había sido bueno para ella? ¿Henry? Arnold apoyó su espalda contra la puerta, profundamente perdido en sus pensamientos. Sabía que Henry era un buen hombre, en el fondo. Que tenía buenas intenciones, incluso cuando él mismo había declarado que había cometido muchos errores en su vida, uno de ellos justo bajo la nariz de Arnold, hacía unas semanas. Había herido a Dick frente a él, deliberadamente, sólo para lograr su punto. Lo había puesto a él en una situación indeseada e incómoda. ¿Cuántas veces, a lo largo de su vida, en un solo día, Henry había actuado mal? Inconscientemente o no. Deliberadamente o no. Sólo para hacer valer su punto...
¿Fue bueno para Helga? Arnold sacudió la cabeza y decidió dejar de pensar en algo que probablemente nunca sabría completamente. Porque él podría estar totalmente equivocado en sus impresiones. Decidió cambiar su línea de pensamientos a una más placentera,
O algo así,
Como la visita repentina de Helga del pasado miércoles.
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Había ocurrido varias veces durante el último mes, pero donde sus visitas anteriores habían sido - digamos - justificables debido a su relación de trabajo habitual; la del pasado miércoles había sido diferente. Había tocado a su puerta, entrado a la habitación y se fue derecho a tirarse a su sofá. No a la silla delante de su escritorio, sino a su sofá en el rincón. Luego permaneció en silencio durante el tiempo suficiente como para que Arnold se sorprendiera, se hiciera a la idea de tenerla allí tendida, terminara el trabajo a la mano, y finalmente cerrara su computadora para dirigirle una mirada intensa y exhaustiva a la mujer a pocos pies de distancia de él. Era como una visión. Le encantaría no notar sus largas piernas, su pálida complexión, su radiante cabello, esos labios rojos ...
Era la imagen ideal con la que todo hombre sueña ... o él, por lo menos. Aún le costaba reconocer en ella a la misma vieja y malhumorada, maleducada, ruidosa, sofocante Helga Pataki.
¿Influencia de Henry? ¡Oh, la ironía!
¿Influencia de Luke? Mmmmm…
¿Su propio proceso de madurez?
Y ella era más que eso. Ella era Helga G. Pataki, la virtual CEO de una importante compañía, la ... mujer ... de un heredero muy impulsivo y rico. Y héla ahí – así como así- tendida en su humilde sofá.
Dejó su escritorio y caminó hacia ella. Su mirada azul fija en el techo le dijo que estaba perdida en sus pensamientos.
"Un centavo por tus pensamientos, Pataki" le dio unas palmadas en el tobillo pidiéndole que le hiciera lugar. Probablemente debido a la naturalidad de su gesto, ella juntó las piernas y las elevó lo suficiente para que él se sentara en el sofá antes de colocarlas de nuevo, sobre su regazo.
Arnold sonrió para sí mismo, y vaciló durante un segundo antes de colocar su mano sobre sus piernas, de la manera más casual.
"Yo ... creo que no sabría ... qué decir..." Ella frunció el ceño, mirándolo como si lo viera por primera vez.
"Ya sé - ya sé -" hubo simpatía en su exhalación "Conozco el sentimiento" soltó una risita "Hubo una vez, hace mucho tiempo, una de las mascotas de la casa, un viejo perro…" hizo una pausa para mirarla de nuevo. "¿Recuerdas cómo la Casa de Huéspedes solía estar poblada de perros y gatos … y ... Abner?" Él la miró, inseguro. Ella asintió levemente. "Bueno, este perro, era diferente de los demás, estaba muy limpio, bien arreglado, tenía un collar caro." le quitó las zapatillas de tacón color beige de los pies y sonrió ante las uñas decoradas con flores rosas. Procedió entonces comenzó a masajear su pie.
"Hey, ¿qué crees que estás haciendo?!" Helga intentó levantarse.
"Shhh-shhh-shhh", suavemente, pero con firmeza, la empujó hacia abajo "Masajear tus pies, ¿qué más?" -replicó-. No es tan desagradable como la última vez, ¿la recuerdas?
Ella lo miraba con circunspección, durante largos segundos. "¿En medio del autobús?" preguntó finalmente, frunciendo el ceño.
El asintió. "En medio del autobús, de regreso de la escuela... Tus pies están todos lindos ahora, ya no apestan ..."
"¡Mis pies nunca apestaron!"
"¡Seguro!" Arnold puso los ojos en blanco "¡Eran enormes además "
Ligeramente molesta, Helga intentó quitar los pies de sus manos de nuevo, pero él le dio una palmada suave.
"Eras un niñito tan enclenque en aquel entonces" dijo ella con desdén.
"Bueno, bueno," continuó él, ignorándola-, no era uno de la pandilla, nuestro amigo perrito. A veces estaba en casa, a veces desaparecía durante días. La abuela tenía cierta inclinación por la vejez, como recordarás, y ella llegó a darse cuenta de que el perrito sólo andaba ahí los fines de semana. La curiosidad pudo más, así que un día tomó papel y una pluma, y escribió una nota:
"Su perro viene a mi casa a tomar la siesta los fines de semana. Come poco, duerme mucho en la alfombra del pasillo. Se está volviendo una bonita decoración".
Le echó un vistazo a su cara para ver si le estaba prestando atención. Una sonrisa apareció en sus labios ante la visión de interés en las azules pupilas. Parecía una niña ávida de escuchar una buena historia.
"¿Recibió una respuesta?" le preguntó.
"Sí," asintió, volviendo todo el camino de vuelta para ahora hacer rodar cada uno de sus dedos de los pies. "El siguiente fin de semana. Una nota que lee palabras más palabras menos decía:
'¿Así que ahí es a dónde va? Quien lo diría. Gracias por dejarlo dormir allí. Sabe, mis nietos vienen a visitarnos los fines de semana. Champion ya está demasiado viejo para lidiar con niños pequeños, así que desaparece.Tenía miedo de que vagara sin rumbo fijo todo el día y la pasara mal.Me alegro de que haya encontrado un escondite.Espero que no les moleste.'
"¿Qué contestó Gertie?"
Arnold se encogió de hombros. "No recuerdo mucho. ¿Sabes? Me recuerdas a ese perro, Champion."
"¿Así que te parezco un perro viejo y feo?"
"En lo absoluto." Arnold la miró de arriba abajo con apreciación. "Y no era feo, tampoco." Le hizo sentirse caliente por dentro el ver su tenue rubor.
"¡Seguro!" Ella resopló y cruzó los brazos sobre su pecho.
Arnold se rio abiertamente ante su fingida ofensa.
"Siento que estás abrumada." Comenzó: "Como si hubiera momentos en los que sientes que es demasiado, y no sabes qué hacer, así que vienes aquí a escapar de tu mundo por unos minutos, como hacía Champion".
"Yo ..." Helga parecía perdida de palabras.
Él continuó antes de que pudiera hablar.
"Me alegro de que encuentres tu paz aquí. Me hace feliz... me siento honrado ... de ayudarte en tus momentos de intranquilidad".
"¡No he admitido ...!" La Helga de su infancia comenzó, pero luego hizo una pausa. Cerró los ojos por un segundo y exhaló: -Gracias Arnold, por estar aquí para mí."
Esta era toda la nueva y hermosa Helga.
"El gusto es mío." Le sonrió. Se puso a ponerse los zapatos de nuevo y le dio una última y tranquilizadora palmada en sus piernas. "Cuando quieras, mi encantadora Valquiria. Ahora toma tu caballo y vuelve a cabalgar victoriosa sobre el campo de batalla".
Más tarde, Arnold juró que ella había soltado un suspiro desmayado antes de darle un abrazo rápido y salir de la habitación. Lo dejó en el sofá con una enorme sonrisa y una larga y anhelante exhalación que hizo que le doliera el pecho.
No pudo evitarlo. No tenía sentido negarlo, e incluso cuando estaba perfectamente consciente de que se trataba de un amor casi sin esperanza, justo allí y entonces, todavía saboreando la sensación de su piel en la punta de sus dedos, se juró a sí mismo que nunca se rendiría sin dar una buena pelea. No la perdería tan fácil.
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Parpadeó repetidamente cuando se encontró sentado en su diván, solo, y con la réplica exacta de esa sonrisa tan grande y tan llena de ansias en su rostro. Se levantó como un resorte y salió de la habitación apresuradamente después de darse cuenta de que era unos segundos antes del momento en que debía encontrarse con Henry en el piso de arriba.
Segundos después, se apresuraba a entrar en el piso 30. Redujo el paso cuando caminó hacia la sección de secretarias, y saludó con una sonrisa a la secretaria de Henry quien le devolvió la sonrisa.
"El señor Mueller recibió una visita inesperada, Arnold", una sonrisa de disculpa apareció en su rostro "¿Puedes esperarlo, sólo unos minutos, no creo que tarde mucho?"
"Por supuesto, no hay problema" miró a su alrededor, decidiendo si debía tomar asiento o esperar de pie.
Se sentiría incómodo de sentarse allí. No era una visita de fuera, después de todo, pero tampoco quería parecer impaciente, y la gente de pie solía dar esa impresión. Decidió llegar a la ventana y mirar afuera. No todos los días se tiene la oportunidad de mirar hacia Park Avenue desde el ventajoso punto de vista de la ventana central del piso treinta.
Apenas había llegado ahí cuando Deborah salió de su oficina acompañada por el Director de Recursos Humanos, quien parecía molesto.
"¿Entonces, no hay nada que puedas hacer?"
"No por el momento." Ella sacudió la cabeza con un toque de fastidio "Ya hemos tratado de hablar con los de Custom and Border Protection, pero no nos han respondido. Hay cientos de casos como este. Todos dicen lo mismo".
"No puedo creerlo, es sólo un chico del equipo de Tecnologías de la Información, estaba de vacaciones, ahora no puede volver al país".
"¿Es casado?"
"Yep. Su esposa y su hijo ya están en casa. Ella me dijo que incluso le pusieron un examen, ¿puedes creerlo? Unas preguntas estúpidas que encuentras cuando buscas en Google:" ¿Qué preguntar a un ingeniero de software?" Se burló "Parece que, según ellos, él no es el experto especialista que dice que es".
"¡Dios santo!" Ella dijo con una sonrisa indulgente: "Bueno, Frank, pondré a alguien en esto", miró una hoja de papel en la mano. "Es viernes por la tarde ya. Esperemos que se estén cansando de jugar a ser el tipo duro".
El tipo asintió y se marchó. Arnold le hizo un gesto a Deb para que se acercara. Era una hermosa vista desde aquí y estaba seguro de que ella apreciaría un momento para relajarse.
"Hey Arnold, ¿qué estás haciendo aquí?"
"Contando taxis amarillos" sonrió y señaló hacia abajo "Veintitrés hacia el norte, ayúdame con los que van al sur, ¿no?"
"¡Seguro!" Deb rió suavemente y palmeó su hombro. "¿Cómo te sientes?" preguntó con prontitud "¿Nervioso?"
"¿Acerca de?" Se volvió para verla "¿Ver unas oficinas vacías en el Empire State?" Notó que ella se estaba mordiendo el labio, como regañándose a sí misma.
"Hey, King Kong podría estar allí y ... bueno ... ya sabes cómo termina eso," se encogió de hombros, soltando una graciosa risa. Él agradeció el gesto. Era extraño. Ella no se reía mucho. Su sonrisa era contagiosa.
"Bueno, no luzco como una sexy rubia en apuros, espero ..."
-Bueno, eres rubio, y déjame decirte que no estás tan mal..." se alejó de la ventana y comenzó a caminar de regreso a su despacho. Arnold fue con ella "Deberías ponerte un vestido blanco y ver lo que sucede. Un enorme gorila podría encontrarte atractivo."
"Eso sería divertido, aunque creo que el asunto de las feromonas me delataría". Le preguntó: "¿Serías el ambicioso empresario que vende las entradaapara el show?"
"Henry podría hacerlo. Apuesto a que..." las palabras murieron en su garganta justo cuando la puerta de la oficina de Henry se abrió y un grupo de tres personas salió al vestíbulo. Henry dirigió sus azules ojos de bebé hacia ellos por un segundo. Una expresión muy seria adornaba su cara.
Arnold miró a sus visitantes y los reconoció de inmediato. El hombre era Glen Brennan, el más amado enemigo de Henry, y el segundo mayor accionista de Mueller Enterprises. La chica era su hija, Regina. Arnold ya había conocido a Regina en el apartamento de Dick, hacía unos meses, un domingo que fue a hacer algo de trabajo para él.
Con sólo mirar sus expresiones se podía decir que no había sido un motivo agradable el que llevó a los Brennans allí. Parecía que Deborah tenía la misma impresión porque continuó su fácil andar de regreso a su oficina, aunque dirigió una amistosa salutación al trío. El señor Brennan saludó a Deb desde lejos con una sonrisa seca. Regina sólo asintió ligeramente.
"Supongo que no nos queda más por decir". Dijo Glen.
"Mmm" Henry gruñó "Es cierto que estoy también sin palabras."
"Pero estás muy contento con la situación, no lo niegues." Las palabras de Regina eran duras. "Puede que incluso lo hayas provocado, por lo que sé."
"¡Regina!" Su padre la regañó.
"¿Realmente crees que puedo gobernar a los chicos de esa manera?" Henry bufó "¡Ojalá! Si lo hiciera te juro que…"
"Es una lástima que después de todo este tiempo tengamos que llegar a esto..." El señor Brennan lo interrumpió, pero fue cortado también cuando un ruido estridente llegó a los oídos de todos los presentes.
Todos se volvieron para ver el ascensor que llegaba, y a sus puertas que se abrieron con un terrible crujido.
"¡Dios mío!" Helga salió y lo miró con ofensa. "¡Por el amor de Dios!, pónganle aceite… o alguien llame a Mantenimiento. Esta cosa no puede seguir subiendo y bajando mientras hace ese terrible ruido."
"Helga, ¿estás bien?" le preguntó una de las chicas mientras se acercaba a ella con pasos firmes.
"Sí. Creo que funciona bien, es sólo ese ruido. ¡Te deja con todos los pensamientos revueltos!" Ella agitó su mano en el aire mientras se acercaba. Pero luego disminuyó su paso ante la vista del grupo frente de la puerta de Henry. Hesitando sólo por un instante, se dirigió hacia el grupo.
Toda su vida a Arnold le habían dicho que era denso, pero incluso alguien como él podía sentir la tensión que rodeaba la escena. Deb y él, y el grupo de secretarias callaron y permanecieron pegados en sus lugares para ver la escena. El rostro de Helga no mostraba más que una sociable disposición.
"Glen." Ella alargó la mano. El hombre la tomó y la miró con cierto disgusto.
"Helga". Dijo él secamente. Parecía estar reflexionando sobre qué decir a continuación. Como buscando las palabras para expresar que no estaba feliz con ella. "Nunca pensé que llegaría el día en que no agradeciera el verte..."
Pero su hija interrumpió sus palabras. Extendiendo un par de soberbios dedos para señalar el atuendo de Helga, ladró imperiosa.
"¿Qué vestido es ese?"
Helga parpadeó y dio un paso atrás. Frunciendo el ceño, miró su ajustado vestido azul. "Mi ... mmm ... vestido azul?" Levantó la vista para mirar a la otra mujer. "¿Por qué?"
"Lo he visto antes." Ella señaló, acusatoria.
Helga alzó las cejas y luego, dirigiendo otra mirada a su vestido, dijo.
"Bueno, estoy segura de que lo producen en serie."
"¿Fue un regalo?" Regina insistió.
"No-op." Helga frunció el ceño de nuevo, mirando a la chica con cautela. "Lo he tenido por un tiempo ya, pero ...
"¡Lo habías perdido!"
Helga soltó un resoplido burlón por la nariz, y dirigió a Henry y a Glen una expresión de disculpa.
A su lado, Deb parecía estar escondiendo una risita. Arnold se volvió para verla y ella le dirigió una mirada que le hizo saber que sabía algo. Arnold se distrajo brevemente al darse cuenta de que estaba muy entretenida con la escena.
Se volvió hacia el grupo y Henry estaba hablando ahora, con naturalidad, mientras despedía a sus invitados. Glen había tomado a su hija por el brazo a manera de reprimenda, ya que la chica parecía tener problemas para controlarse.
Helga estaba parada al lado de Henry como la imagen de la acompañante perfecta; tipo Ivanka. La escena era rara, y Arnold quería confirmar las sospechas en su mente. Se volvió hacia Deb y le preguntó en voz baja qué demonios había ocurrido aquí. Ella se encogió de hombros con travesura.
"No seas tan curioso. No necesitas saberlo todo, Arnold." Ella terminó con un guiño y se dirigió hacia su oficina.
Arnold entonces vio a los Brennan llegar al ascensor, llamarlo, y siendo tan afortunados que la lenta y ruidosa cosa abrió sus puertas inmediatamente. Después de que se fueran, se dirigió hacia Henry y Helga que todavía estaban de pie junto a su puerta, hablando secretamente el uno al otro. Henry se separó de Helga cuando él llegó.
"¿Estás listo, Arnold?"
"Tan listo como se puede estar", respondió con buen humor. Le sonrió a Helga quien le devolvió una sonrisa semi-ausente. Les deseó suerte y desapareció sin decir más. Arnold se volvió hacia Henry, quien por toda respuesta, abrió grandes sus ojos azules con una expresión que no decía nada, y le pidió que liderara el camino.
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"¿Prefieres alfombras o pisos de madera?" Henry le preguntó desde el otro lado del espacio vacante.
Tom, el agente de bienes raíces los había dejado solos y salió a contestar su teléfono. Arnold abrió una nueva puerta. Lo llevó a un espacio privado de buen tamaño. Había habido gente trabajando aquí. Quitando la alfombra vieja, pintando las paredes en un color crema suave, fijando la madera decorativa...
"Entonces, ¿qué piensas?
En total, los casi 500 metros cuadrados de oficinas vacías serían más que suficientes para dar refugio a la sede de 'Henry y Helga Mueller Foundation'. Y no sólo eso. Proporcionarían la apariencia apropiada de respetabilidad y poder que requeriría tan respetable institución.
"Creo que es perfecto." Dijo Arnold con una exhalación.
"¿Pero?" La voz de Henry sonaba más cerca de lo que él esperaba. Arnold se volvió para buscarlo.
"No hay peros. Realmente creo que es perfecto "
Entonces Henry le dirigió una expresión de satisfacción.
"Me gusta también." Caminó hacia la ventana y miró hacia afuera. Soltó un silbido.
"Yeah. Impresionante ..." Arnold titubeó "Quienquiera que trabaje aquí no podrá quejarse de falta de inspiración". Dijo mirando la rica obra de marquetería en las paredes de esta oficina en particular. El reservado del jefe. "En verdad creo que me estoy poniendo verde de envidia..." empezó, pero luego se detuvo. Henry seguía mirando a su alrededor con una extraña sonrisa posada en sus labios. Parecía muy orgulloso. Probablemente ya estaba imaginando en su mente el futuro de este sueño tan esperado.
"Entonces, ¿tengo tu aprobación?"
"¡Por supuesto!" Se rio de la impresión que daba Henry. Como si su opinión fuera importante. La única opinión que pesaba era la de Henry, obviamente. Y al del futuro Presidente de la que sería próximamente una gran Fundación. "Sería absurdo pedir tiempo para pensarlo. Podríamos perder la oportunidad."
"Entonces está decidido". Henry pasó por delante de él mientras salía de la habitación. "Tom dijo que estaría listo dentro de un mes o algo así ... ¿Crees que estaremos listos?"
"¡¿Para lanzarlo públicamente?!" Arnold lo miró cautelosamente. "¡¿Para pasarle todo el trabajo a una persona que no sabe nada?!" Viendo la divertida expresión que Henry le dirigió, se contuvo. Con una voz más moderada, continuó: "Supongo que cualquier momento es un buen momento para empezar. Hay muchos factores, detalles, decisiones, que deben ser tomadas ya, incluso cuando todavía no es oficial. Entre más pronto empiecen, mejor ".
"¿Quién dijo que no sería oficial?" Henry le preguntó, mirándolo fijamente: "Sé que con toda la agitación que está sucediendo en nuestro amado país, la gente dirá que no es el momento adecuado para hacer esto, pero creo que no hay mejor momento que el ahora. Probablemente no hagamos una gran fiesta para anunciarlo oficialmente este mes ni el próximo, pero definitivamente nos dirigimos ya a alguna parte. Tener ya nuestras oficinas generales es un excelente comienzo ".
Arnold asintió. "Supongo que tienes razón. Es sólo que pensaba que estabas haciendo tiempo".
"Mueller Enterprises está haciendo tiempo; esperando; debido a la actual situación política y económica, pero H&HMF no tiene por qué hacerlo, tenemos nuestros propios recursos, vamos a empezar ya".
"Eso suena genial." Arnold soltó una extraña sonrisa.
Se sentía raro. Después de todo el trabajo duro tendría que dejarlo ir. Habrá una persona extraña que estaría a cargo de todo en lo que Henry y él habían estado trabajando durante meses. Todos los avances, planes, ideas, todo. Expectativas y cierto nivel de cariño incluido. Era triste. Con la sensación de que alguien le estaba golpeando las tripas -una sensación a la que se había acostumbrado últimamente – pronunció:
"Me doy cuenta de que ya elegiste a un Presidente..." se volvió para ver a Henry que estaba mostrando esa sonrisa sesgada de él; esa en la que también levantaba una arrogante ceja.
"Sí, ya lo hice. Hay una oferta de trabajo que todavía tengo que extender. Ya no hago muchas de esas. Veamos lo que él tipo tiene que decir."
"¿Qué podría decir?" Arnold soltó burlón. "Sería un idiota si dijera que no. No veo a nadie rechazando una oportunidad como esta."
"¿De verdad piensas eso?" Henry se echó a reír. La puerta de la entrada se abrió y Tom apareció con su sonrisa de un millón de dólares. Aplaudió con las manos y preguntó con su fuerte voz de agente inmobiliario.
"¿Y qué piensan? ¿Debo poner el pin rojo en el mapa ya? ¿El signo de 'RENTADO' en la puerta principal?"
"¡Trae los papeles, Tom!" Henry dijo mientras se posaba sobre el lugar donde el orgulloso mostrador de recepción estaría algún día. Pronto. "El Presidente ya ha dado su aprobación."
Arnold frunció el ceño. ¿Qué demonios fue eso? Acaso Henry ya había venido aquí con...
Tom soltó una sonora risotada, en un gesto que envolvía toda la extensión de su cuerpo, interrumpiendo su tren de pensamientos. Le dio unas palmaditas a Arnold y lo miró con aprecio. "Señor Shortman, " dijo "ha tomado una de las mejores decisiones en tu carrera. Enhorabuena."
'Te estás equivocando.' Arnold no sabía si en realidad había pronunciado esas palabras. Se había vuelto hacia Henry quien le estaba dando una mirada de simpatía. Arnold podía decir que su expresión era de incredulidad porque Henry añadió entonces.
"¿Necesito traer toda la pompa y ceremonia, o esta agradable informalidad es suficiente para ti? ¿Qué piensas? ¿Te gustaría ser el Presidente de mi Fundación, Arnold Shortman?"
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No poseo Oye Arnold!
Gracias a quienes me dejan reviews. José Ramiro, GRIMMM, MarHelga, PrettyKaoru, SandraD, y un invitado . A todos los que leen y no dejan reviews también. A los que favorecen mis otras historias. Ustedes son quienes me hacen quedarme hasta las tres de la mañana para seguir con esto. Nunca piensen que ya no me importa esta historia. Es solo que la vida se ha vuelto más complicada últimamente.
¿Alguien sabe cuándo sale The Jungle Movie? Siento que hemos esperado por siempre. Ya quiero verla. ¡En verdad! Siento que no puedo esperar más.
Love you all.
March 28, 2017. Regalo de Cumpleaños.
