El tiempo se estaba haciendo tan largo y odiaba estar en una estación de policía. Lo unico que deseaba era encerrarme en mi apartamento y llorar. Pero habían tantas cosas por hacer, primero tenia que llamar a una funeraria, Katherine deseaba ser cremada, por dinero no tenia que preocuparme. Ella había comprado un seguro, al ser agente era un requisito, esto podia pasar en su linea de trabajo. Siempre precavida mi pobre hermana. Kath siempre había sido tan responsable, tan inteligente. Su muerte aún no me sentaba del todo. Muerte por asfixia. Solo eso me había dicho el hijo de puta del oficial Mikaelson, sentía que el tipo me odiaba. Cuando me decía una que otra palabra, era como si quisiera atravesarme con los ojos, pero de una mala manera.

Después de mi momento de dolor en la morgue, la oficial me habia traido a la estación con ellos. La oficial Nadia Pierce, así me había dicho que era su nombre. No sabía nada de ellos, más que habían sido compañeros de mi hermana.

Mi cabeza y espalda dolían demasiado. Tenía ya un buen rato en la oficina. Mis ojos se dirigieron hacia una fotografía que la oficial Pierce tenia en su escritorio. Estire mi mano y la alcance para poder verla mejor. Mis ojos rápidamente corrieron hacia mi espejo, la mujer que había compartido un rostro conmigo. Ella tenia una sonrisa tan hermosa, tan llena de vida.

¿Por qué Katherine?

¿Por qué no yo?

Ella era una gran persona. Siempre haciendo el bien y viendo mi bienestar, a pesar que muy pocas veces se lo agradecía, joder, yo le había arruinado su oportunidad en el amor unas cuantas veces y no por celos, sino por miedo a la soledad. No quería estar sin ella, no quería que me dejara y ahora estaba muerta. De nuevo mis lágrimas volvieron empapando mi rostro. Esta vida sin ella iba a ser difícil, muy difícil.

Con mis ojos en el cuadro recordé lo mucho que le había dolido la muerte de nuestros padres. Tan sólo teníamos diez años cuando la desgracia nos había cambiado la vida.

Flashback

Los hospitales siempre me sacaban un buen humor, la mayoría de personas lo odiaban, pero no yo. Daban comida y atendían a la hora que quisieras. Gire mi rostro hacia Katherine. Ella estaba a mi lado, aún no despertaba del accidente en el que íbamos toda la familia.

Destape un caramelo que la enfermera de turno había traído para mí. Y le subí al televisor, mi serie estaba empezando. Me gustaba mucho las series de vampiros.

Los quejidos de mi hermana se escucharon mientras despertaba. Me levanté de mi cama y me paré al lado de ella. Toque su frente, ella estaba sudando.

—Pumpkin —le dije cerca de la oreja. Ella abrió sus ojos y me vio asustada.

—¿Elena? —vociferó alarmada.

—¿Te sientes bien? —ella logró abrir sus ojos y sentarse en la cama. Inspeccionó el lugar.

—¿Cómo están nuestros padres? —alce los hombros. En realidad siempre que preguntaba, no querían decirme, solo me daban medicina y me decían que todo estaría bien, así que deje de preguntar, me imaginaba que ellos estaban sanando—. ¿No sabes?

—No. Mira, te guarde un caramelo —ella no lo recibió, solo me miraba con tristeza.

—¿Cuánto tiempo llevamos aquí?

—Una semana —le contesté trepandome a la cama de ella.

Habíamos llegado hacía una semana y esta era la primera vez que Katherine habría sus ojos. Había estado inconsciente todo este tiempo.

Una enfermera entró y nos vio a ambas. Corrió hacia la cama de mi hermana y empezó a chequearla.

—Oh, gracias a dios estas bien.

—Le dije que ella es fuerte —seguí saboreando el caramelo en mi boca.

—Si que lo son, son muy fuertes.

Ella era muy amable.

—Esperen aquí, llamaré a una persona que desea hablar con ustedes.

La enfermera salió y Katherine tomó mi mano. Estaba asustada. Volvieron a entrar y trajo con ella a una mujer que portaba un portafolio y un cafete en su pecho. "Protección de menores" alcance a leer. Llegó al pie de la cama y dejó sus cosas en el suelo.

—Hola chicas, ¿cómo se sienten?

—Bien —conteste, pero Katherine se quedó callada.

—Me da mucho gusto...

—¿Dónde están mis papás?

Katherine había hablado muy fuerte. La mujer rodeo la cama y se sentó en el lado vacío. Bajo el rostro.

—Me temo que sus papás no sobrevivieron al accidente. Lo siento mucho —El agarre que Kath tenía en mi mano se hizo más intenso, me estaba lastimando.

—¿Están muertos? —pregunté terminando el caramelo.

—Sí, pequeña.

Ella bajó el rostro y Katherine se soltó en llanto. La señora al ver a mi hermana también comenzó a llorar. Yo tomé el otro caramelo y lo destape, se lo puse en los labios a Katherine y lo meti ala fuerza.

—No llores Katherine, acuérdate que papá decía que el día que murieran, se volverían seres de luz. Ahora son inmortales —le sonreí y me acosté a su lado.

Ella me abrazo y así pasamos todo ese día.

Yo no llore, ni el hospital, ni en el funeral. Para mi la muerte de mis padres en ese momento me había bloqueado. Katherine lo tomó muy mal, pero también por esa razón se curó mucho más fácil, yo por el contrario me metí en muchos problemas y me volví una persona no tan buena para la sociedad.

La puerta se abrió. El oficial Mikaelson entró viéndome con esa mirada incómoda. Bajo sus ojos a mi pecho. Yo tenía el marco aferrado, sentía que si lo soltaba, volvería a llorar. Él se aclaró la garganta. Se sentó en su silla y me señaló la fotografía.

Con dolor la puse de nuevo en su lugar. Force mi mirada a sus ojos verde intenso. Como los de una piedra esmeralda. Él no me sonrió, más bien me dio una mala mirada. Sacó un archivo y lo dejó caer en su escritorio. Todo lo que hacía tenía que llevar rudeza. Lo abrió pasando las páginas con rabia contenida. Era como si queria dejarme en claro que debía temerle.

Aclare mi garganta, a mí él no me intimidaba, yo ya había pasado varias experiencias con policías rudos y no amables.

—¿Por qué me trajeron aquí? —dije secamente.

Me frustraba que en vez de dejarme preparar todo para la cremación de mi hermana y que lidiara con mi dolor, me tenían aquí encerrada.

—¡Pronto la oficial Pierce le explicará!

No levantó los ojos del archivo. Sentía que me odiaba, su tono de voz, su forma de dirigirse a mí llevaba una agriedad y enojo que estaba acabando con mi paciencia.

—¿Usted no tiene lengua para explicarme o qué? —mi tono no le pareció, subió los ojos y rechino los dientes. Cerro el archivo con fuerza en el escritorio. El polvo se levantó haciendo pequeñas nubes.

—¡A mi no me hablas en ese tono! Te servirá con otros para ocultar tu miedo, pero conmigo no.

Hijo de puta. Me levanté de la silla y dejé caer mis puños en el escritorio. Lo vi directo a los ojos.

—¡Yo hablo como se me dé la puta gana! ¿Miedo? Que pendejo es. No es ningún miedo, es dolor, idiota. Dolor porque acabo de perder a la única persona que significaba algo en esta asquerosa vida.

Nuestras miradas chocaban peleando. ¿No entendía cuál era su problema?

—No me vengas con eso ahora. ¡Tu hermana nunca te importó!

Esto era suficiente. Bien, que me perdonará Katherine por agredir a su compañero, que era policía, pero este malnacido no me hablaría como si me conociera.

Apreté los puños y los dientes.

—¡Púdrete! —en un rápido movimiento tomé un libro grueso que estaba a un lado, le di con toda mi fuerza en el rostro. Cayó sentado en su silla, se llevó la mano a la mandíbula. Sacó su lengua y limpio la sangre que le salía del labio roto por el golpe. El rostro se le puso rojo, se le veía una furia infernal.

Solté el libro. Me hice unos pasos hacia atrás para salir de la oficina, pero él llegó mucho antes, me tomo del brazo, lo dobló y pego mi cuerpo en la pared, tanta que solté un grito ahogado. Me tomó del cabello y lo jalo hacia atrás, a modo que mi oído quedara cerca de su boca.

—Tu no te pareces a ella. ¡No! —su aliento caliente me pego en la nariz. Jadeé tratando de soltarme.

—¡Suéltame enfermo! —lo trate de patear para que soltara mi cabello, pero esquivó mis piernas. El dolor en mi cuero cabelludo se estaba intensificando.

La puerta se abrió y la oficial Pierce entró, al ver la escena se abalanzó a su compañero removiendolo de mi cuerpo.

—¡Klaus! ¡¿Que demonios?! —lo aventó hacia un lado.

La rabia en su cara me dejaba en claro que él me odiaba. Me acomode el cabello y tomé una profunda respiración.

—¡Ella me atacó! —se llevó la mano al la boca, señalando el labio partido.

—¡Él me gritó! —me defendí. Alce la ceja en reto, baje mis ojos a su labio y reí.

Ella nos miraba a ambos no entendiendo qué demonios había ocurrido.

—¡Voy a mandar tu culo de nuevo a la carcel, maldita delincuente!

Me señalo y yo lo reté con la mirada.

—¡Basta, Klaus!

La oficial Pierce había llegado a su límite.

—Por favor, ¿yo lo unico que quiero es saber cuando me entregaran el cuerpo de mi hermana?

Ella me tomó de los hombros, me dirigió hacia la silla de nuevo. Tome asiento pero sin despegar la vista del cretino que me había agredido.

—Por un maldito carajo Klaus, qué demonios te pasa. La chica acaba de perder a su hermana, ten mas tacto —él no dijo nada. Volvió a su escritorio, tomó asiento y desvió la mirada de mi. Ella se sento en la punta del escritorio, llevando una de sus manos a su frente—. Lo siento tanto, Elena, esto no tenia que suceder así.

No tenia idea de que hablaba, lo que yo queria era que ya me dejaran ir.

—No hay ningún problema. Solo denme la orden para llevarme a Kath.

La oficial Pierce le dio una leve mirada al idiota de su compañero y eso me dio a entender que aquí pasaba algo, y que no me darían a Katherine.

—¿Puedo hacerte algunas preguntas?

Tomo el archivo que minutos atrás el tal Klaus había sacado y leído.

—¿De que se trata todo esto? Mejor diganme sin rodeos, ya me canse de estar aquí.

—¿Tienes mas familia?

—No. Solo éramos Kath y yo.

—Bien, escúchame bien Elena, porque tu vida va a cambiar en este momento —esas palabras me helaron. Respiro—. No podemos entregarte el cuerpo de Katherine. No como quieres, te ayudaremos con la cremación, te acompañaremos si quieres tirar su cenizas en algún lugar, o respetaremos si quieres conservarlas, pero no podemos dar a conocer que Katherine ha muerto.

—¿Ustedes me están jodiendo? No me digan que todo esto es una puta broma —me levanté de la silla y reí con nerviosismo—. Muy bien Kath, esto se acabo, si esta es una broma tuya, no es divertida —grite con las lágrimas de nuevo en mis ojos.

La oficial se paró y me tomó de los hombros, me hizo verla a los ojos.

—No es ninguna broma.

—¡Ya dicelo de una buena vez! —el bastardo había vuelto a hablar.

—¡¿Decirme qué?!

—Toma asiento, por favor —volví a sentarme. Ella tomó asiento de nuevo en la punta del escritorio.

—Katherine estaba de encubierto en un caso que llevamos trabajando desde hace mucho tiempo, tres meses para ser exactos. Elena, íbamos muy bien, tu hermana iba ser historia, pero esto pasó y nos quedamos a pasos de perderlo todo.

Tenían que estar jodiendome. Yo acababa de perder a mi hermana y ellos me estaban hablando de su reciente trabajo.

—¿Eso que tiene que ver conmigo?

— Mucho o más bien todo. Tu portas su rostro, tú eres nuestra última vía de esperanza. Veras Elena, tu hermana estaba investigando al Capo de la mafia Italiana —mis ojos se abrieron el doble—. ¿Has escuchado hablar de Damon Salvatore?

Claro que había escuchado del malnacido ese, era un rey entre los criminales. Sus negocios tenían muchas muertes pero nunca daban con él, siempre sabía cómo escabullirse, tres veces en corte y las tres veces había podido salvarse de la cárcel.

—Solo lo que he escuchado en la noticias —respondí cortante.

Ella tomó un folder y me lo entregó. Lo abrí y una fotografía del tipo junto con una lista de todos los crímenes que se le vinculaban inundó mis pupilas. Tenía que darle crédito, el desgraciado estaba reguapo. Esos ojos hacían un juego perfecto con su piel blanca y su cabello negro carbón. Lo cerré y levante mis hombros. Le avente el folder en el escritorio. Klaus se levantó molesto de nuevo.

—Tu hermana estaba haciendo algo bueno, algo que tú jamás ibas a hacer en toda tu patética vida.

—¡Klaus!

—¡Qué maldición! —se acercó a mí y me tomo de la barbilla, le arrebate mi rostro—. Vas a ayudarnos a seguir esto, no lo vamos a perder. Eso queria Katherine, ella queria que pusiéramos a este hijo de puta en prisión y eso vamos a hacer —me intimido con la mirada—. Y tu nos vas a ayudar.

—¡No, de ninguna puta manera! —di un paso para salir pero la mano de la oficial me detuvo.

—Escuchanos. No es que tengas mucha opción.

—No me pueden obligar.

—Sí que podemos —rezongo el maldito—. Tienes que hacerlo por ella, si en verdad tu hermana te importaba como dices, debes hacerlo. Y si no es por ella. Lo harás por salvar tu pellejo —tienen mi atención.

—¿Pero yo no soy experta en eso? Trabajo en Hooters por dios. Nada se de ser una agente encubierto.

—Nadie debe saberlo, es más, nadie sabe que Katherine murió.

—¿A Katherine la mataron? —ya sabia, pero aun no sabía bien cómo había pasado. Solo sabía que la habían asfixiado.

—La estrangularon en su casa. Fue alguien que sabía que ella empezaba a involucrarse demasiado —dijo Klaus.

—¿Fue Damon? —pregunté tragando saliva.

—No, él no sabe que ella murió —contestó Nadia.

—¿No entiendo?

—Elena, Katherine se iba a convertir en la prometida de él, pero alguien dentro de su organización la mató, alguien quien esta jugandole chueco al Capo y eso es lo que queremos averiguar. También dar con todas las pruebas para atraparlos y dar por terminado su reinado de crímenes.

—¿Su prometida? —pregunte confundida.

Eso explicaba el anillo con la tremenda roca que le había visto.

—Me temo que si. Katherine y él eran muy íntimos, ella empezó a ganarse su confianza hasta el punto que él estaba loco por ella.

—Pero Katherine y yo somos muy distintas, él se dará cuenta.

—Pues trata de ser como ella.

—¿Y qué pasa si me niego?

Klaus tomo el archivo del escritorio y lo abrió en mi cara.

—Elena Petrova, cargos por posesión de armas —Él empezó a leerme mi cartilla de mis buenas obras.

—La necesitaba para protección —bufé.

—No tenías un permiso —dijo en un tono tosco—. Seguimos. Cargos por disturbios y peleas en clubes nocturnos.

—Tengo un temperamento. Las tipas me envidian porque sus novios se saborean con una mirada mía —alce mis hombros.

Él rodó los ojos.

—Cargos por destrucción de propiedad privada, que son, un carro y quemar parte de una casa.

—El puto me estaba siendo infiel, se lo merecía.

—Cargos por robar autos —allí no dije nada, sí, había robado autos—. Cargos por prostitución —alzó una ceja y dio una sonrisa de medio lado.

—Tssss eh... Eso ni siquiera cuenta —el rostro se me calento—. Era escolta, solo fue dos veces, al tercer día la policia llego y nos llevo a todas —jugué con mis dedos—. Los tipos que me tocaron no estaban mal, nada mal —reí.

—Hay otros menores aquí, pero me da asco seguir leyendo.

Le saque mi dedo. Odiaba a ese hombre.

—Elena, no te queda opción. Si no aceptas, te meteremos a la cárcel —esta vez Nadia me estaba amenazando.

—¿Con qué cargos? Estoy cumpliendo mi probatoria de maravilla, no me he metido en problemas.

—Eso es lo que no comprendes —Klaus saco otro archivo y con una sonrisa maliciosa me lo entregó. Con miedo lo abrí.

En ellos se encontraban una lista de cargos grandes, como venta de estupefacientes, consumo de drogas que jamas habia probado, porque lo unico que nunca habia hecho era probar las drogas, mis ojos corrieron al peor cargo de todos, asesinato y lo mas cruel, de mi propia hermana.

Le avente el archivo en la cara.

—¡Hijos de puta! —llore de rabia—. ¡No me pueden hacer esto!

—Ya está hecho, Elena Petrova. Así que toma asiento y te diremos como te infiltras en la organización de Damon Salvatore. Dile hola a tu nuevo prometido —Nadia ya no era nada amable, su aura se había vuelto oscura, al igual que su mirada.

Las entrañas se me licuaron. Ellos me tenían en sus manos, y si no cumplia, me echarían la culpa del asesinato de mi hermana. Yo estaba perdida.