Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento. Y mil veces más, lo siento.

Estos meses han sido un completo infierno, me ha pasado de todo y mis ánimos han estado bajo tierra. Y encima, mi preciado portatil va y se rompe, y voy a tener que esperar una larga temporada para recuperar todos mis escritos :( Pero por suerte, tengo ya ordenador y ya estaré aquí. Solo que como algunos sabreis, tengo otra historia que actualizar también, por lo que me dividiré para que ambos tengáis capitulo. Los domingos, lunes y martes me los pasare escribiendo y editando 'Electric Love', y haré lo imposible para que el martes tengáis capítulo.

He intentado hacer el capítulo lo más largo posible y mostraros mi toque personal de escritura, así que si la narración de este capítulo os resulta diferente, es porque he puesto toda mi ilusión en ellos (ilusión que me provocáis con vuestros comentarios) Y si os gusta mi forma de escritura y de narrar, y tal vez... no sé... podríais comprar un libro mío cuando lo publique *guiñó* *guiño* Okno. Ya paró :) Eso sí, os ruego que no os acostumbréis a este tipo de narración, porque siempre que intento narrar así, no me sale...

ºRespondo a comentarios/reviews:

-tamerofdragons: Me alegro un montón de que te guste mi historia y de que Amaya te parezca un personaje encantador :D Y si te gusta su relación ahora con Damon, espera a cuando la profundice más. Los destellos que estáis viendo de 'Damaya' ni siquiera son el principio. Yo también quiero que aparezca ya Katherine, tengo grandes planes para ella *risa malvada* Al igual que con los Originales. Realmente deseo que mi capacidad de escribir sea superior y poderos así enseñar de una maldita vez lo que pasarán en esas temporadas ;)

-Guest16: Muchas gracias por tus deseos, realmente me lo pase muy bien en el viaje :) Y te lo vuelvo a repetir, Guest16, ¡no me tientes a crear más fanfics! Pero supongo que tal vez sí pueda hacer un fanfic de Vampire Knight cuando acabe con mi otro fanfic y con la primera temporada de TVD... Oh, te aseguró que la sobreprotección de Jeremy no ha terminado *sonrisa traviesa* Y como le he dicho a tamerofdragons, los momentos de Damon y Amaya no han ni comenzado ;D

-AnneAC: Personalmente, también me encantaba la relación de Lexi y Amaya, y ha sido una completa pena que muriera, sé con seguridad que su relación hubiera ido prosperando. Y en cierto modo, los pensamientos de Lexi hacía Amaya, son una pequeña pista de lo que pasará en el futuro. Estuviste atenta ahí :) Oh, por supuesto que la presencia de Amaya es muuy importante en la trama de la historia de TVD, ya que ella es (obviamente) la gemela divertida ;) Adoro que os hayan gustado tanto esos tontos flashbacks, no creí que os gustaran demasiado... Amaya causa ese efecto en las personas, puedes desear abrazarla y al siguiente sacudirla, Elena Gilbert puede dar fé de ello xD. BoS es también una de mis historias favoritas, es completamente genial y no creo que sea adecuado compararla con la basura de la mía... Y no es extraño que te recuerde a esa historia, la historia de BoS me encantó demasiado y me inspiré en algunos detalles de ella, para formar esta historia. Pero te puedo asegurar que son completamente diferentes. BoS es mucho mejor que la mía :D Muchas gracias, (agradecimientos atrasados xD) Y tal vez cuando comience con la segunda o tercera temporada de esta historia, haga alguna con esos fandoms, ya que a mí también me gustan :) Cuando pienso en Amaya, me imagino a Crystal Reed actuandola. Es una actriz que me gusta y en el momento en que la ví, supe que sería una Amaya perfecta. Besos para ti también :3

-michel-chann: No me matabas en ese momento, pero ahora seguramente sí, ¿verdad? Y tranqui, no me resistiré, me merezco la muerte... Coca-Cola, el sabor de la pepsi nunca me ha gustado demasiado, aunque me la bebo sin rechistar cuando no tengo otras bebidas azucaradas. Y aquí esta el cap que tanto necesitabas, espero que cumpla tus expectativas.

-Gaby: Oh, dios, con solo decirme que te gusta mi historia y te tomas tu tiempo para leerla, haces que tenga ganas de llorar. ¡Yo también quiero que llegue Klaus! *Babea un poco* ¡No te mueras esperando! :C Y lo siento mucho por la espera :'(

-Guest: Me esta gustando esto de dejar a la gente en suspenso ;), lo sé, soy cruel :D Me alegro de que te guste la pareja de Damon y Amaya, tenía mis dudas sobre Amaya y sus interacciones con Damon.

-Camila: Muchísimas gracias, en serio, tus palabras me animan un montón.

-Maki11: Saber que te encanta mi manera de escribir me alegra infinitamente, no tienes ni idea, hace que tenga ganas de llorar y todo.

Eternos agradecimientos a: tamerofdragons, Guest16, AnneAC, michel-chann, Gaby, Guest y a Camila, y a Maki11 por comentar, a chelseapotterblack por seguir esta historia, a amatista1996 y a mamensmile96 por añadir a favoritos esta historia, y a Lily Masen por seguir y añadir a favoritos mi historia y por seguirme y darme a favoritos a mí :3

Os adoro. Sois geniales y aunque muy probablemente estáis cabreados conmigo por no actualizar, os sigo adorando. Vuestros comentarios han hecho que salga 'temporalmente' del bloqueo mental y haya podido escribir este capítulo. Y que gastéis parte de vuestro valioso tiempo en leer esta historia, significa mucho para mí, porque realmente me estáis dando las esperanzas de que algún día llegué a cumplir mi sueño de publicar mis propios libros.

Muchas gracias a todos vosotros por seguir aquí, aún después de tanto tiempo.

No me pertenece absolutamente nada de 'The Vampire Diaries', solamente a Amaya y algún giro en la historia que no salga ni en la serie, ni en los libros, pero ya os debéis de haberos dado cuenta que esta historia va con los sucesos de la serie.


Electric Love

Capítulo 14- Me engañaste una vez.

Lo primero que Amaya sintió cuando empezó a recuperar la consciencia, fue el dolor intenso de su cabeza y cuán pesado parecía ser su cuerpo. Algo la sacudió suavemente, pero con firmeza, y Amaya tuvo que morderse el labio para evitar que un gemido de dolor se le escapase. Abrió los ojos y los volvió a cerrar al instante, la poca luz que había molestándola inmensamente. Quiso volver a dormir hasta que todos sus malestares desapareciesen, pero las manos sacudiéndola persistieron y no tuvo otro remedio que abrir los ojos, mirando a la persona que susurraba su nombre en su oreja.

—Amaya— susurró Elena, lo más tranquila posible. Su rostro estaba pálido y sus ojos marrones estaban llenos de ansiedad y miedo. Amaya abrió la boca para hablar, pero su gemela se la tapó y negó con la cabeza con pánico, lanzando una mirada al otro lado de la habitación.

Y fue entonces cuando Amaya se dio cuenta que la habitación no le era familiar y se incorporó con rapidez, sus ojos escaneando la pequeña habitación de motel hasta detenerse en el vampiro, durmiendo en una silla, que la había secuestrado. Sus ojos se estrecharon en el hombre. Ella había sabido antes de despertarse y antes de quedar inconsciente que un vampiro la había atacado, no sabía por qué, pero lo había hecho y Amaya estaba molesta de que también hubiera atacado a su gemela.

Elena llamó su atención, haciendo gestos silenciosos hacía la puerta y Amaya asintió, comprendiendo su idea.

Pero al instante hizo una mueca cuando Elena se tardó demasiado tiempo en bajar de la cama. Estaba bien que no quisiera despertar a su vampiro secuestrador, pero... Era un vampiro... Y haciendo ruido o no, se despertaría con sus super sentidos. Y más aún con la respiración acelerada de Elena. Amaya suspiró bajando de la cama, tardando menos que su hermana, pero igual de silenciosa, y se acercó junto a ella hacía la puerta. Elena abrió lentamente el cerrojo y Amaya resistió las ganas de empujarla y abrir la puerta. ¿Era necesario tardar tanto cuando su secuestrador era un vampiro? Un vampiro que se podía quemar con la luz del sol, o al menos eso supuso Amaya cuando no vio ninguna joya en el vampiro.

—Yo no lo haría— ambas gemelas se giraron de golpe y observaron al vampiro sonriente frente ellas. Amaya no se había asustado... simplemente había saltado porque había visto una cucaracha... Pequeñas demoníacas... Está bien, tal vez se habría asustado un poco, ¿pero puedes culparla de asustarse cuando su vampiro secuestrador era espeluznante? Aunque de lo que odiaba a las cucarachas era cierto...—. No intentéis escapar. Ni siquiera os mováis. ¿Comprendes?— Amaya asintió junto a su gemela, ninguna de las dos parpadeando, y Amaya resistió el impulso de reír. Este vampiro era un idiota.

—Comprendo— repitieron ambas gemelas a la vez, cosa que solían hacer cuando eran pequeñas para incomodar a la gente, (idea de Amaya, después de haber visto una película donde temían a unas gemelas fantasma), pero con el tiempo esa costumbre desapareció. De hecho, dejaron de hacerlo cuando Elena se hizo amiga de Bonnie y Amaya encontró interesante a Caroline.

El vampiro sonrió arrogantemente y se giró. Sip, definitivamente es un idiota, pensó Amaya mientras se giraba y su hermana abría la puerta. El vampiro se giró intentando cerrarles la puerta, pero fue otra vampiro quien las detuvo de escapar. Y Amaya suspiró. Habían estado tan cerca...

—¿En serio?— Inquirió Anna con incredulidad y miró al vampiro como si fuera idiota. Vaya, pensó Amaya con una sonrisa de lado mientras era forzada a caminar, tal vez Anna y yo nos llevemos bien.

—¡Le dije que no se movieran! Hice esa cosa con los ojos, que me enseñaste— se excusó rápidamente el vampiro.

Pero Anna no parecía aceptar ninguna excusa mientras empujaba a ambas gemelas hacía una puerta.- Olvidaste la lección sobre verbena. Ellas toman un veneno para vampiros.- ¿Sería un buen momento para decir que no ingerían verbena, que simplemente eran sus collares que las protegían de ellos? Se preguntó Amaya, pensativa, y negó con la cabeza mientras Elena interrogaba a Anna.

—¿Quiénes son? ¿Qué quieren?

—No importa— gruñó Anna en respuesta y las lanzó en el baño, cerrando la puerta. Y Elena intentó abrir la puerta, inútilmente, mientras Amaya miraba la puerta y con una sonrisa traviesa, exclamó alegremente:

—¡Un placer verte de nuevo, Anna!— Inmediatamente Elena se giró hacía ella, miles de preguntas en sus ojos y su boca se abrió, apunto de lanzarle todas esas preguntas sin parpadear, pero Amaya alzó una mano y la silenció—. Corta historia, pero para otro momento— ella agitó su mano con desdén y Elena frunció los labios, queriendo respuestas, pero su corazón latía velozmente, por lo que se quedó en silencio. Amaya observó como Elena encendía las luces y se giraba, jadeando cuando se fijó en algo. Y Amaya miró en la misma dirección, parpadeando hacía el cuerpo de Bonnie que descansaba en la bañera—. Oh, maravilloso— arrastró las palabras con sarcasmo y se arrodilló junto a su hermana, intentando despertar a Bonnie.

oo

Damon escaneó el diario de su ''querido'' padre, leyendo cada página, e intentando descifrar si las palabras escondían algún secreto oculto. La casa estaba completamente tranquila y silenciosa, pero Damon no pareció darse cuenta mientras sus ojos no se desviaban del diario. Aunque su pecho se apretaba en irritación. Se suponía que Amaya estaría aquí con él, ayudando le a averiguar la forma de liberar a Katherine, y no había aparecido. ¿Se habría arrepentido de ayudarlo? ¿Habría comprendido que no era buena idea estar junto a él y habría vuelto con su querida gemela? Se preguntó y la irritación en su pecho creció, Pues bien, yo no la necesito.

Él ignoró la presencia de su hermano en la casa y sus alarmantes pasos hacía él, pero no pudo ignorarlo durante mucho tiempo, ya que Stefan empezó a hablar nada más entrar al salón—. Anna se llevó a Elena.

—Sí, me di cuenta por los 600 correos de voz que dejaste— eso era cierto. Su móvil había estado vibrando sin parar en la mesa y después de haberlo comprobado más de cincuenta veces, pensando que era Amaya, se había hartado y lo había dejado en la mesa cercana a él. Y sin embargo, cada vez que el móvil sonaría, él lo comprobaría, esperando un mensaje de Amaya dándole una explicación divertida sobre porque no estaba aquí. Solo quería algo que explicase su ausencia y la irritación en el pecho.

—Damon, he buscado toda la noche, cada calle de la ciudad— habló completamente en serio Stefan y miró a su hermano con pánico. ¿Por qué Damon no podía ayudarle? Pensó Stefan con amargura mientras seguía rogando indirectamente la ayuda de su hermano—. ¿Y si está herida?

—Entonces habrás fallado en ser su caballero de brillante armadura— Damon sonrió oscuramente a su hermano, no importándole en lo más mínimo la gemela Gilbert mayor.

Stefan suspiró, sus suaves rasgos arrugados en completa agonía, y se arrodilló frente a su hermano, rogándole con los ojos—. Por favor.— suplicó, llamando la atención de Damon—. ¿Qué sabes?— Cuestionó, pero la atención de Damon volvió al diario, ya aburrido con su hermano pequeño—. Estuviste con Anna. Si sabes dónde vive, solo dime, así la encuentro— Damon miró a los ojos de su hermano, viendo la desesperación, el miedo y la preocupación en ellos.

—No— se negó Damon—. Puedes irte— ¿Por qué ayudaría a su hermana cuando él lo traicionó? Se preguntó Damon. ¿Por qué ayudaría a su hermano a encontrar la felicidad cuando Stefan no lo ayudó a él?—. En serio— Añadió cuando vio que su hermano no se movió.

—¿Sabes? Todo lo que recuerdo es odiarte. Puede haber habido un tiempo cuando eso era diferente, pero tus elecciones han borrado todo lo bueno sobre ti— Damon abandonó la lectura del diario y se recostó un poco en el sofá mientras miraba a su hermano—. Pero verás, también sé que tienes muchas razones para odiarme. Todo comenzó conmigo. A Katherine la alejaron de ti por mi culpa. Y lo lamento.

—Disculpas aceptadas— sonrió Damon, apretando los dientes.

—Así que por favor, sólo dime qué sabes— suplicó otra vez Stefan y Damon volvió a abrir el diario, por la página en la que se había quedado, completamente aburrido de su hermano—. Es Elena, Damon. Si sabes algo, dime.

Damon suspiró con cansancio y cerró el diario, mirando a los ojos de su hermano mientras abría la boca para hablar—. Digo esto sinceramente...— Empezó, notando como la esperanza en los ojos de Stefan mientras asentía—,...espero que Elena muera.

Ambos se quedaron en silencio, la tensión llenando la atmósfera a su alrededor, pero ninguno de los dos se dijo nada más. Damon volvió a leer el diario mientras Stefan se recostó más en el sofá y sacó su móvil, marcando los números rápidamente y esperando una contestación, pero al igual que las otras veces a las que había llamado a ese número, nadie lo cogió y fue directo al buzón de voz. Y Stefan miró a Damon, decidiendo arriesgarse por segunda vez hoy.

—¿Has visto a Amaya?

—No— fue la respuesta que más temía Stefan y Damon se tensó, viendo el pánico de vuelta en los ojos de su hermano—. ¿Qué pasa ahora?— Exigió y Stefan no le hizo caso, levantándose del sofá mientras la realización lo golpeaba fuertemente.

—Amaya tampoco estaba...— Murmuró Stefan—. Cuando anoche fui a comprobar que se encontrase bien con el dolor de cabeza, no estaba. Pensé que estaba contigo, pero esta mañana cuando fui a avisarle de que Elena estaba desaparecida, tampoco estaba...— Stefan se pasó las manos por el pelo, en pánico que tanto había estado tratando de ocultar saliendo al exterior y clavó sus ojos con los azules de su hermano—. Las tienen a ambas... Y Amaya sigue teniendo tu sangre en su sistema...

Damon no entendía por qué, ni sabía si quería entenderlo, pero al escuchar esa noticia la irritación, que había comenzado a crecer en la ausencia de Amaya, explotó en su interior. Cerró el diario con fuerza, demasiada fuerza usada para un objeto muy valioso para él y lo único que le permitiría volver a ver a su amada Katherine. Él se levantó y fue entonces cuando se dio cuenta de los ojos brillantes de Stefan. Él... él estaba esperando que le ayudase, ya que implicaba a Amaya. Pero a Damon no les importaban las gemelas Gilbert, a él no le importaba Amaya Gilbert. No. Lo. Hacía.

—Seguramente Amaya arrastró a su hermana a una tienda de dulces— se encogió de hombros Damon—. Ya aparecerán.

Con eso se dirigió hacía la salida, sin siquiera mirar a su hermano, porque no le importaba las gemelas Gilbert. Amaya era un simple juego para él, un juego que lo mantendría entretenido hasta que Katherine estuviera con él. Y él lo sabía claramente, por eso no entendió por qué sus piernas daban grandes pasos, deseando salir de la casa lo más rápido posible, y no entendió por qué su pecho vibraba, resistiendo las ganas de gruñir mientras la irritación ardía en su interior. Maldita sea, Pensó mientras sus puños se apretaban alrededor del diario.


—Bonnie— llamó Amaya con suavidad, sujetando la cabeza de la bruja mientras Elena agarraba una toalla y la empapaba en el lavabo. Amaya apartó unos mechones de pelo de la frente de Bonnie y notó como los ojos de ella parpadearon ante su tacto—. Está despertando— avisó a su gemela y Elena corrió hacía ellas, arrodillándose y colocando el paño en la cabeza de Bonnie con suavidad mientras esta volvía a la consciencia.

—¿Elena? ¿Amaya?— Preguntó Bonnie con voz ronca, mirando a ambas gemelas con confusión.

—¡Estás bien!— Exclamó con alivio Elena y Bonnie gimió, llevándose una mano a la frente—. Ven aquí— Elena con la ayuda de Amaya levantaron a Bonnie un poco y la recostaron en la pared más cómodamente. Fue entonces cuando Bonnie se dio cuenta que el baño no le parecía en lo más mínimo familiar y recordando los sucesos de ayer, jadeó.

—¡Dios mio! Ben es un...

No terminó, ya que las gemelas la interrumpieron—. Un vampiro secuestrador idiota— continuó Amaya mientras Elena la golpeaba en el brazo y la silenciaba, señalando su oído y luego mirando a la puerta—. Aún cuando susurres te seguirán escuchando. Son vampiros, Elena— susurró Amaya en forma burlesca mientras rodaba los ojos ante su hermana. Y observó cuando su gemela se levantó, abriendo el grifo del lavabo. Amaya alzó una ceja impresionada y asintió orgullosa—. Y yo que pensabas que eras tonta.

—¡Fui tan estúpida!— Exclamó Bonnie y Elena dejó de asesinar con la mirada a su gemela, para mirar a su mejor amiga.

—Nos engañó a todos— tranquilizó Elena, acariciando su pelo.

—¿Qué está sucediendo? ¿Por qué estamos aquí?— Cuestionó Bonnie mirando a ambas gemelas y Elena fue a responder, pero Amaya se le adelantó mientras se recostaba más cómodamente en la pared, sus ojos sin desviarse de la puerta frente ella.

—La vampiresa que está detrás de todo esto, quiere el libro de hechizos para abrir la tumba, pero necesita una bruja. Y para eso estas aquí, Bonnie— resumió, no añadiendo los detalles más importantes para no preocuparles—. Pero lo que no entiendo es, por qué estamos Elena y yo aquí...

—¿Por qué no sabía nada de esto?— Inquirió Bonnie mirando herida a las gemelas, pero Elena no la miró, si no que miró a Amaya con la misma mirada herida que Bonnie.

—Yo no sabía tantos detalles...

Y Amaya apartó la mirada de la puerta, mirándolas a ambas y suspirando—. No quería involucrarte, Bonnie. Y si no hubieras mentido y traicionado a Damon, Elena, te lo hubiera contado todo— la mirada herida de Elena se profundizó y se mezcló con la culpabilidad. Solo Amaya sería capaz de hacer sentir culpable a una persona de las acciones que había tomado y de las que antes ni se habría arrepentido.

En ese momento, Ben entró por la puerta, mirando a las dos adolescentes que se abrazaban y que intentaban incluir en el abrazo a Amaya, pero esta se negaba, poniéndose ligeramente frente ellas dos. Él sonrió y apagó el grifo, caminando hacía ellas lentamente y Bonnie tragó saliva, reuniendo la valentía para hablar—. Estáis perdiendo el tiempo. No os ayudaré.

—Por eso están ellas aquí— explicó el vampiro, agarrando a las gemelas Gilbert con un fuerte apretón—. Son una motivación para que te comportes— luego sonrió malvadamente mientras se inclinaba un poco hacía Bonnie—. ¿Sabes? No deberías ser tan desesperada. Lo hiciste muy fácil— Bonnie apretó los dientes con rabia y el vampiro se alejó arrastrando a las gemelas con él—. Quiere hablar con vosotras— las empujó fuera del baño y cerró la puerta.

—Elena Gilbert. Realmente eres la doble de Katherine— comentó Anna después de mirarla de arriba a abajo y luego fijó sus oscuros ojos en los de Amaya, su sonrisa ampliándose ante su mirada de furia y su sonrisa traviesa—. Amaya Gilbert— asintió hacía ella, pero no dijo nada más y Amaya inclinó la cabeza, sus labios borrando su sonrisa traviesa mientras evaluaba los ojos llenos de secretos de Anna—. Debéis tener como locos a los Salvatore.

—¿Quién eres?— Interrogó Elena y Amaya rodó los ojos, molesta. ¿Realmente aún no sabía quién era?

—Soy Anna— se presentó la vampiresa, sonriendo ante la clara molestia de la gemela menor—. Tus hermanos tal vez me mencionaron. Quiero decir, prácticamente Jeremy y yo estamos saliendo, y Amaya ya me había conocido, ya que parece trabajar con Damon— Elena hizo una mueca. No solo su hermano pequeño estaba en riesgo por salir con una vampiresa, si no que Amaya ahora iba con Damon a sus misiones secretas. Maravilloso—. ¿No lo sabías? Vaya— Anna les sonrió divertidamente.

Y Amaya le correspondió la sonrisa con amargura—. ¿Es este el momento donde los secuestradores narran su trágica historia a sus pobres victimas?— Inquirió con una sonrisa maliciosa y se sentó en la cama más cercana, completamente relajada—. Porque no puedo asegurar que me quede despierta para escucharla.

Anna se giró y miró a la ventana, ignorando a las humanas. Elena notando la tensión se acercó a su hermana y se sentó junto a ella, agarrando su mano en comodidad y agradeciendo que Amaya le devolviera el apretón y no se la arrebatase—. Bonnie no abrirá la tumba— rompió el silencio Elena.

—Claro que lo hará— no estuvo de acuerdo Anna.

—¿Realmente quieres tanto a Katherine?— Preguntó con incredulidad Elena y Amaya resistió las ganas de golpearse la frente a la estupidez de su hermana. Si Anna hubiese querido a Katherine, Damon no hubiese dudado en aliarse con ella, pero Anna no quería a Katherine y por ello Damon desconfiaba de ella, y por consecuencia Amaya también.

—Créeme— Anna se volvió a las gemelas y las miró—. Nadie que yo conozca quiere volver a ver a esa chica. Excepto Damon, ese idiota enamorada, y tú querida hermana.

—Entonces, ¿qué es?— Cuestionó Elena y luego se corrigió—. ¿O quién es?

Pero no fue Anna quien le respondió—. Un familiar— respondió Amaya y Anna la miró con sorpresa y confusión—. Has convertido a un humano idiota en un vampiro, arriesgándote a que te descubriesen y te matasen, sin contar el tiempo que has tenido que soportar a aquel idiota mientras lo enseñabas. Has secuestrado a una bruja, cuya abuela no dudará en acabar contigo cuando te encuentre. Nos has secuestrado a mi hermana y a mí, cuando sabes que Stefan no dudará en venir a por nosotras, sobretodo a por Elena. Has hecho todo eso sabiendo el peligro que corrías y aún así no te has detenido— contó Amaya y luego sonrió a Anna—. Obviamente has hecho todo eso por un familiar o alguien muy importante que es un familiar para ti.

—¿Cómo lo sabes?— Preguntó Anna y la sonrisa de Amaya creció.

—Porque por la familia se suelen hacer mil locuras, ya sea por su seguridad o por reunirse de nuevo con ella.

Anna se quedó en silencio, no apartando la mirada de la gemela menor. Era inteligente, tal y como decían—. Mi madre esta allí dentro— confirmó—. Katherine no pudo contenerse. Tenía que jugar con ambos hermanos Salvatore y cuando la atraparon también cayó mi madre. Vi a Jonathan Gilbert llevársela.

—Lo lamento— se disculpó Elena, pero Amaya se mantuvo en silencio.

Ella no sentía ninguna culpabilidad. ¿Por qué iba a sentir culpabilidad por algo que hizo alguien que no era realmente su antepasado? Y aun si fuera realmente su antepasado y compartiesen la misma línea de sangre, no se sentiría culpable. Nunca podría culpar a un antepasado por querer proteger a su familia. Sería demasiado hipócrita.

—Lo dices en serio, ¿verdad?— Se dio cuenta Anna y sonrió un poco. Tal vez se había equivocado, tal vez Elena no fuera idéntica a Katherine—. Sí, creo que me saltaré los lazos de la madre muerta y así podáis comenzar a servir un propósito.

—¿Qué es?

—Motivación— la Anna oscura había vuelto. La vampiresa agarró el móvil de Amaya y con burla se lo enseñó—. ¿Esto te pertenece?— Elena se lanzó hacía adelante para arrebatárselo, pero Anna se echó hacía atrás sonriendo con completa burla y buscó en la lista de contactos mientras Elena la miraba con furia. Y mientras tanto Amaya siguió completamente relajada en la cama, ni en lo más mínimo molesta que una vampiresa tuviese su móvil como a Elena parecía enfadarle—. Están bien, por ahora— contestó Anna a quien le hubiese recogido el teléfono—. Dime que tienes el grimorio y seguirán bien— Anna hizo una mueca, como si no estuviera conforme con la respuesta y sonrió con realización—. Lo que significa que lo tiene tu hermano. Y yo tengo a la bruja. Así que será mejor que uno de vosotros se reúna conmigo en una plaza muy pública en 30 minutos. Así podemos hablar a salvo de lo divertido que será trabajar juntos.

Ella colgó y miró a ambas gemelas, lanzandoles una sonrisa malvada antes de golpear la puerta del baño—. Me voy— anunció a Ben, quien salió agarrando fuertemente a Bonnie—. Mantenlas calmadas. El control mental no funcionará. Sólo usa violencia— Elena tragó saliva y agarró más fuertemente la mano de su gemela.

—Lo entiendo— asintió Ben y sentó a Bonnie en la otra cama mientras Anna les lanzaba una última mirada antes de cerrar la puerta con fuerza. Ben se quitó la chaqueta y miró a Bonnie con un interés oscuro mientras se sentaba en una silla de madera frente ellas—. Dime, ¿hace cuánto que eres una bruja?

—¿Hay algo para tomar aquí?— Preguntó Elena, robando la atención de una Bonnie muy tensa.

—¿Te estás ofreciendo?— Inquirió el vampiro con una sonrisa mientras se levantaba y se acercaba a Elena, pero Amaya se interpuso entre ellos y miró con ferocidad al vampiro, atreviendo le a hacerle algo a su hermana. Ben la miró y su sonrisa se desvaneció ligeramente cuando vio el rostro de la gemela menor. Parecía dispuesta a acabar con él si tocaba a su hermana, incluso si ella salía herida en el proceso—. Hay agua en la mesilla—retrocedió Ben.

Elena se acercó a la mesilla y agarró el vaso, a punto de tomar un trago cuando Bonnie habló—. Oye, ¿puedo tomar un sorbo?— Amaya miró como los ojos de Bonnie estaban iluminados con determinación y con una sonrisa, ella empujó un poco a su gemela.

—Vamos, Elena, no acapares el agua para ti— bromeó.

Elena las miró con confusión, pero le tendió el vaso a Bonnie y Bonnie lo recogió sin cambiar su expresión en blanco. Se giró hacía el vampiro y le echó el agua en el brazo, pero antes de que Ben pudiera reaccionar, su brazo estaba en llamas mientras los ojos de Bonnie no parpadeaban. Las tres adolescentes aprovecharon y se lanzaron a la puerta, pero la única en escapar fue Bonnie. Amaya quedó atrapada en los brazos del vampiro y Elena no salió de la habitación, completamente petrificada mientras observaba a su gemela menor gruñir en los brazos del vampiro.

—¡Regresa!— Gritó Ben y Bonnie sin más remedió, se asomó por la puerta.

—No le hagas daño— suplicaron Elena y Bonnie, mientras Amaya les hacía gestos hacía la puerta, pero ambas adolescentes negaron con la cabeza, negándose a abandonarla, porque sabían que en la misma situación Amaya no dudaría en seguir con ellas, aún si eso significaría arriesgar su libertad. Y Amaya suspiró con frustración, obviamente su amiga y su hermana no habían entendido su plan de abrir la puerta aún más y quemar al vampiro.

Pero ya fue demasiado tarde. Bonnie había seguido las indicaciones del vampiro y había cerrado la puerta con llave. Ahora si que estaban atrapadas, ya que el vampiro idiota no volvería a caer en ninguna de sus trampas.

oo

Damon Salvatore observó a Anna hablar con el hermano pequeño de Amaya y por alguna extraña razón se sintió molesto. Sabía lo importante que sus hermanos eran para Amaya y sabía que si algún daño viniese a su pequeño hermanito se derrumbaría. Y ese pensamiento hizo que su molestia aumentase. ¿Por qué estas emociones completamente aleatorias no desaparecían? Se preguntó, irritado. Vio a Anna alejarse del pequeño Gilbert y sentarse en un banco más alejado, y él apareció junto a ella, su sonrisa habitual completamente borrada de su rostro mientras sus ojos se encontraban con los de Anna.

—¿Tienes una cita, o sólo planeas secuestrar a toda la familia Gilbert?— Se burló con amargura.

—Una fiesta, al lado del cementerio viejo— cambió el tema Anna, habiendo notado el tono de Damon, pero no comentándolo. Tenía que formar una alianza con él, se recordó Anna. Era en cierto modo, una suerte que Damon había sido el de venir a la reunión, pero también un completo peligro—. ¿No son muy buenos? Muchos cuerpos calientes para unos vampiros hambrientos— Anna sonrió, pensando que estaba entrando en el lado bueno de Damon Salvatore.

—Te dije que trabajo solo— le recordó con firmeza Damon y la sonrisa de Anna se borró.

—Sí, yo también— asintió Anna—. Pero a ti te falta una bruja y a mí un libro de hechizos. Entonces, ¿qué dices?

Damon recostó la espalda completamente en el banco y miró a Anna con una mueca—. Stefan vendrá a por ti, lo sabes. Por meterte con Elena. Y con su nueva mejor amiga— él se negó a decir el nombre de Amaya y ni siquiera sabía porque, pero sentía como si esa era la única cosa que le impedía estrangular a la vampiresa frente él delante de todos los humanos que paseaban tranquilamente por la plaza.

—Entonces no estará muy contento si las mato por no obtener lo que quiero— indicó Anna con furia mientras se levantó del banco y se alejó, pero caminó como una humana y no con su velocidad sobrenatural, sabiendo que cambiaría de opinión. Y tuvo razón.

—¿Cuándo quieres hacerlo?— Cuestionó a regañadientes Damon. No quería hacerlo, pero las imágenes de Amaya inmóvil en un charco de sangre le estaban volviendo completamente loco y tuvo que apretar los dientes para no lanzarse a Anna.

—Dios, es como 1864— rió Anna burlonamente mientras se giraba—. Todo otra vez— Damon hizo una mueca molesto—. Los Salvatore son muy patéticos cuando se trata de mujeres. Aunque... al menos esta vez una es diferente— Damon le lanzó una mirada molesta y Anna sonrió aún más—. Esta noche, después de la puesta del sol. Encuéntrame en la iglesia— con eso se alejó.

Y Damon apretó los puños en su regazo mientras torcía la boca, reteniendo un gruñido. En cuento la tumba estuviese abierta, mataría a Anna. El rostro de Amaya volvió a aparecer en su mente y sus puños se apretaron con más fuerza.

Definitivamente, la mataría.


Es gracioso cuantas cosas pueden pasar en apenas unos segundos. Eso es lo que pensaba Amaya mientras estaba sentada cómodamente en una silla en la casa de la abuela Bennet. En apenas unos segundos, Stefan había aparecido en el motel en la que las mantenían prisioneras con su invisible, pero brillante armadura, brillando por el sol, y amenazando al vampiro con un tono, que seguramente había hecho que Elena tuviese ganas de estar a solas con él.

Y ese es el resumen de lo que había sucedido en apenas tres segundos.

A veces, era conveniente tener amigos vampiros, dispuestos a enfrentarse a otros vampiros para salvarte y evitar que los vampiros psicópatas y secuestradores te usasen para sus planes malvados o para simplemente vaciar toda sangre de tus venas.

Sip, sin duda alguna Amaya no se arrepentía de tener como amigo a Stefan.

—¿Y qué hacemos ahora?— Cuestionó Elena, entrando en la habitación donde Bonnie y su abuela habían estado hablando. Stefan caminaba detrás de su novia y a su lado iba arrastrando perezosamente los pies Amaya. Ella se apoyó en la pared y miró un punto en el techo muy interesante. Amaya realmente no quería escuchar los planes para salvar a Mistic Falls. Ella solo quería dormir... y tomar algo de azúcar. Eso siempre vendría bien. Y a pesar de su desinterés mientras Stefan y la abuela Bennet discutían, la cabeza de Amaya se alzó cuando escuchó las palabras de su gemela—. Necesitamos dejar que regrese Katherine. No se va a detener hasta obtenerla. Si lo ayudamos, tal vez esto termine.

Amaya enderezó su espalda, viendo la sinceridad en los ojos de su gemela, y esbozó una sonrisa pequeña, un poco de esperanza inundandola. Esperanza que se desvaneció junto con su sonrisa nada más que Bonnie abrió la boca—. ¡No! Él no se merece obtener lo que desea.

—Eso es bastante cruel de tu parte, Bonnie— comentó Amaya por primera vez—. Todos merecen felicidad en sus vidas, incluso alguien como Damon. ¿Qué una vampiresa manipuladora es la que le aporta esa felicidad y que esta encerrada en una tumba con otros vampiros? Bueno, ¿y qué? Sinceramente no culpo a Damon y a Anna por querer abrir esa tumba y recuperar a las personas que más aman. Yo haría lo mismo. ¿Vosotros no? ¿No haríais lo mismo si una persona que os importase o algún familiar amado estuviese atrapado allí dentro?

Las dos adolescentes, la abuela Bennet y el único vampiro en la habitación se miraron, sabiendo que lo que Amaya decía era cierto, pero aún pensando que Damon era un monstruo y que no sentía absolutamente nada.

Pero Stefan fue sorprendido ante la gemela Gilbert más joven. Estaba sorprendido del punto de vista de Amaya y de su inocencia. Solo ella creía que a pesar de todas la oscuridad de Damon, él podía ser bueno. Y Stefan quería decirle que él también había creído en eso, pero no había resultado ser cierto y había sido devastado. Él no quería que Amaya pasase por lo mismo que él, que viviese en una fe ciega de algo que nunca llegaría a ser. Porque Damon era un monstruo y siempre lo sería.

—Con o sin vuestra cooperación verdadera, yo ayudaré a Damon— informó Amaya mirando a cada persona en esta sala y deteniéndose un momento en Elena y en Bonnie mientras añadía—. Sin importarme si lastimo vuestros sentimientos y sin importar si rompo nuestra amistad, lo ayudaré— la incredulidad en los rostros de Elena y Bonnie no paso desapercibido por Amaya, mientras se levantaba de la silla y los miraba con determinación—. Hice una promesa y pienso cumplirla.

—Yo abriré la tumba— rompió el silencio la abuela Bennet y todos la miraron sorprendidos, pero ella no hizo caso a los adolescentes en su casa y miró al vampiro mientras hablaba—. Trae a la chica de tu hermano e incendia al resto. Entonces, esto será todo— Amaya articuló un 'gracias' hacía ella.

—Aún debemos hacer que Damon este de acuerdo— les recordó Stefan—. Y no creo que este muy de acuerdo después de traicionarlo. De hecho, él desconfiará nada más acercarnos a él.

Vosotros lo traicionasteis— Amaya sonrió cuando todas las miradas se volvieron hacía ella—. Yo he seguido manteniendo mi promesa y eso me da la ventaja que vosotros no tenéis. Yo hablaré con Damon.

Elena, al instante frunció el ceño—. Amaya...— No le gustaba que su hermana hablase sola con el vampiro que la había amenazado la noche anterior. Y su tono lo demostraba, pero Amaya la ignoró y siguió caminando hacía la salida, agitando la mano en despedida.

oo

Damon recogió su chaqueta y se la puso, dispuesto a ir a reunirse con Anna. Escuchó pasos ligeros acercándose a la casa, claramente de una mujer, y Damon frunció el ceño. ¿Habría decidido Anna reunirse aquí? Pero eso no tendría sentido. Tal vez algún inconveniente habían aparecido en los planes de Anna y venía a amenazarlo para acelerar los planes. Un inconveniente seguramente provocado por Stefan. Pero cuando se giró, no vio a una Anna enfadada, si no a una adolescente que le sonreía desde la puerta.

Parpadeó un par de veces, por un momento no creer lo que veía, y detuvo todos sus movimientos, al sentir como sus hombros se relajaban. Él apretó los labios, ni siquiera había notado que su cuerpo estaba tan tenso hasta ahora. Le devolvió la mirada a Amaya fijamente y habló, lentamente—. Hay que cambiar las cerraduras.

—Creo que basta con simplemente cerrarlas— replicó Amaya, su sonrisa intacta, pero luego hizo un puchero. Sus ojos abriéndose mientras las comisuras de sus labios se arqueaban hacía abajo—. Aunque no mantendrás las puertas cerradas para mí, ¿verdad?

Damon inclinó la cabeza y jadeó con fingido horror— ¡Por supuesto que no, querida mía! ¿Por qué clase de monstruo me toma?

—Por un vampiro— respondió Amaya, una explosión de diversión iluminando su rostro y sus ojos, y provocando que otra sonrisa enorme apareciese en sus labios. Y Damon esbozó su famosa sonrisa, esa sonrisa de lado que hechizaba a miles de humanas, y que mostraba el peligro que era.

Él caminó más cerca de ella, su sonrisa intacta mientras aparentaba indiferencia—. He oído que estabas secuestrada por unos vampiros, pero ahora estas aquí, completamente intacta— él la miró de arriba a abajo, como para enfatizar su punto—. ¿Cómo has conseguido escapar?

—Con mis habilidades impresionantes ninjas, ¿no lo sabías?— Amaya le sonrió con superioridad y Damon alzó una ceja, luchando para que sus labios no formaran una sonrisa—. Fue Stefan— admitió Amaya con un suspiro dramático—. Pero a pesar de eso, nunca dudes de mis increíbles habilidades.

—Por supuesto que no— prometió Damon con fingida seriedad y entonces sus labios hicieron una mueca. La atmósfera acogedora y bromista desapareciendo en un instante—. Así que mi hermano, ¿eh? Siempre el caballero de brillante armadura.

Amaya negó con la cabeza y le golpeó en el brazo—. No seas malo— regañó y Damon rodó los ojos. Por supuesto que la gemela más joven regañaría a un vampiro por tratar mal a su hermano. Y Amaya que vio como rodaba los ojos, levantó su mano en forma amenazadora, pero luego pareció recordar porque estaba allí y parpadeó—. Convencí a Bonnie de abrir la tumba.

—Lo dudo— fue la respuesta instantánea del vampiro.

Y casi se arrepintió cuando los ojos heridos de Amaya se encontraron con los suyos. Pero en vez de rendirse, caminó más cerca con determinación. Ambos quedaron a dos metros de distancia y se miraron fijamente a los ojos. Damon intentando que ella no lo manipulase con sus pequeños ojos verdes, y Amaya tratando de encontrar una manera por la que empezar a hablar. Damon era un cabezota, ella lo sabía, y eso hacía las cosas más complicadas, ya que él no estaría dispuesto a perdonar.

—Entiendo que desconfíes de mi hermana y tu hermano, pero no tienes por qué desconfiar de mí. Te ayude anoche y volvería ayudarte una y otra vez, Damon Salvatore. Incluso si significa ir contra mi gemela— sus palabras eran tan sinceras que Damon no pudo evitar hacer la pregunta que había querido hacerle desde que ella le había prometido su ayuda.

—¿Por qué?

—Porque todo el mundo merece ser feliz— respondió Amaya con sencillez y sin pensar más de un segundo en su respuesta—. ¿Vamos a seguir discutiendo inútilmente la razón por la que te ayudo o vamos a ir a por tu felicidad?

Damon la mantuvo mirando indescifrablemente con sus fríos ojos, para después negar lentamente hacía ella—. Aún no me fió.

—Ellos ayudaran— prometió Amaya una vez más—. Incluso si lo hacen para librarse de ti, ayudaran— Damon siguió con la mirada desconfiada en su rostro y Amaya suspiró con exasperación—. No te estoy pidiendo que confíes en ellos, Damon. Te pido que trabajemos todos en el mismo lado para sacar a Katherine y luego puedes ignorarlos totalmente— Amaya volvió a suspirar y sus manos subieron hasta alcanzar el colgante de verbena, que volvía adornar su cuello—. Dijiste que confiabas en mí...

Fue esa última frase dicha con tristeza que le hizo hacer una mueca, e instintivamente sus manos agarraron las de Amaya antes de que se desabrochara el colgante. Ella lo había atrapado. Había murmurado esa última frase sabiendo que ella nunca había roto la confianza de Damon y que él estaría obligado a hacerle caso. Pero no se sintió manipulado mientras sus manos seguían tocando las de Amaya, y es que, comprendió que en algún momento había empezado a confiar realmente en Amaya. Confiaba en ella con tanta facilidad, como si no hubiera ninguna manera de que lo traicionará. Él sintió miedo ante la nueva revelación.

—Confió en ti, May.

Una sonrisa brillante estalló en su rostro y su mano se alzó en un puño victorioso.

—¡Sí!— Exclamó con alegría, para después volver a mirarlo con esa sonrisa espectacular—. Vamos a por tu felicidad.

Ella se giró y caminó hacía la puerta, sin esperar a comprobar si la estaba siguiendo, así de grande era su entusiasmo. Y Damon siguió allí, dejando que el miedo se mostrara en sus ojos nada más que se giró. El miedo que hacía un largo tiempo que no había experimentado volvió a él y apretó los puños. Todo era culpa de la humana que acababa de salir por la puerta como si nada.

Confiaba en ella.

Seguía repitiéndose en su mente y el miedo lo seguía abrumando. Para cualquier persona esto sería una exageración, una tontería. Pero para él era algo terrible, porque se había pasado un siglo entero construyendo barreras a su alrededor, para que nada, ni nadie volviera a herirlo como lo hizo Stefan... como lo hizo Katherine... Y Amaya había roto su barrera de confianza con un golpecito de nada. Una barrera que no había sido rota en toda su inmortalidad. Y eso era lo que más temía, porque si había sido capaz de romper una de sus barreras...

...también podría romper las otras.


—La fiesta de Duke— tatareó Amaya, observando a todos los adolescentes borrachos mientras bajaba del coche. El viaje en coche había sido incomodo y en silencio, y Damon había mirado la carretera con una expresión indescifrable, y al fin Amaya rompía el silencio que empezaba a ahogarla—. Un montón de borrachos cerca de una iglesia llena de vampiros sedientos. Esto será muy sangriento.

Su intento de broma pésimo provocó que su estado anterior desapareciera y le sonriera levemente a Amaya, y Amaya victoriosa por haber conseguido sacarle una sonrisa agarró su mano cuando él se la ofreció. Casi jadeando cuando él la arrastró por todo el camino.

—¡Hola, Amaya!

—¡Hey, Amaya!

Damon alzó una ceja hacía Amaya cuando adolescentes a su alrededor empezaron a saludarla con entusiasmo y ella los ignoraba descaradamente, no reconociendo la presencia de ninguno de ellos. Y Damon resistió sonreír al ver como ella caminaba junto a él, ignorando a los adolescentes como si fueran insectos molestos. Él sabía que ella no lo hacía aposta, pero en ese momento pareció como una reina caminando entre sus súbditos. Ella pareció sentir su curiosa mirada, pues se giró ligeramente hacía él, sin dejar de caminar.

—Que sea antisocial, no significa que no sea popular— ella sonrió, guiñándole un ojo en broma—. Aunque esa popularidad es por ser la mejor amiga de Caroline Forbes y la gemela de Elena Gilbert... Y puede que por hacerle la vida un infierno a algunos profesores...— Ella se encogió de hombros, inocentemente, como si lo último que había añadido no fuese responsabilidad suya y Damon rió sacudiendo su cabeza.

—¡Amaya, hola!— Amaya parpadeó cuando Matt se interpuso en su camino, Caroline siguiéndolo con rapidez.

—Amaya, dios mio, ¿dónde has estado y por qué no has recogido mis llamadas?— Interrogó Caroline, su mirada manteniéndose en Damon y no tan sutilmente agarrando la mano de Matt, haciendo que Matt la mirase con sorpresa y que Amaya alzase una ceja burlona.

—Es una larga historia, no tenemos tiempo para contarla— interrumpió Damon antes de que Amaya hablará.

Y Caroline le frunció el ceño, apretando sus labios mientras sus ojos se detenían momentáneamente en la mano grande de Damon cubriendo totalmente la de Amaya—. No estaba hablando contigo.

—Seguro que no lo hacías— se burló sutilmente Damon, sonriendo. Pero Amaya apretó su mano un poco y la mirada de Damon fue inmediatamente hacía ella, cuando los calambres a los que ya se estaba acostumbrando a sentir, fueron momentáneamente mucho más fuertes, Amaya le lanzó una mirada de advertencia y Damon parpadeó, sorprendido.

—No nos hemos conocido— rompió Matt el tenso silencio, dando un paso adelante y tendiendo su mano libre—. Soy Matt.

La mirada de Damon se arrancó de Amaya, a regañadientes, y miró al humano frente a él con absoluto aburrimiento. Estaba empezando a irritarse con la pareja frente a él mientras le impedían irse con Amaya. Al menos Amaya parecía un poco irritada también y eso hizo que le devolviera el apretón de antes, sorprendido cuando las corrientes eléctricas otra vez pasaron con fuerza entre ellos.

—Matt, hay una razón por la cual no nos conocíamos— le dijo simplemente al humano y se giró hacía Amaya—. Tú y yo iremos por allá— no hizo falta empujarla y ambos empezaron a alejarse.

—Hablamos después, Care— se despidió alegremente Amaya.

Y Caroline mantuvo su ceño fruncido en preocupación mientras la veía alejarse con Damon, sus manos aún entrelazadas.

oo

Amaya caminó por el bosque, siguiendo a Damon, mientras silbaba 'Feliz cumpleaños'. Si es que lo que hacía era silbar, más bien soplaba aire intentando silbar, aunque a veces si que conseguía algún silbido. Ella odiaba intentar silbar alrededor de la gente porque solían reírse de ella y sus intentos patéticos, pero maldición, prefería hacer esto a estar en silencio un minuto más. Y también trataba de que Damon no actuase tan extraño, de que volviera a ser... Damon. Aunque Amaya no podía culparlo, él debía de estar centrado en el rescate del amor de su vida.

Fue un gran alivio para ella cuando al fin se acercaron a sus hermanos y a las brujas que los esperaban.

—Hermano, copia, brujas— nombró Damon, mirándolos a todos brevemente antes de ignorarles y pasar junto a ellos. Claramente aún cabreado por la traición que había sufrido recientemente mientras por primera vez en la noche, soltaba la mano de Amaya.

—Hola— saludó Amaya, con una sonrisa.

—¿Todo bien?— Le preguntó Stefan inmediatamente, acercándose más a ella con Elena en sus talones.

Amaya alzó una ceja burlona en su dirección ante su preocupación innecesaria y siguió sonriendo a todos—. Todo bien. ¿Esta todo listo para rescatar a Katherine?— Esa pregunta fue dirigida hacía las brujas y Bonnie asintió lentamente.

—Sí.

Hubo un tenso silencio en el aire y Amaya los miró a todos. Al parecer ella era la única animada en esta misión de rescate. Ella suspiró y empezó a caminar hacía la entrada de las tumbas, los demás inmediatamente siguiéndolas. Las brujas no dudaron en adelantarla y empezaron a prepararlo todo mientras Stefan, Damon y las gemelas observaban desde la entrada con curiosidad.

—Aire— cantó la abuela Bennet mientras encendía una antorcha—. Tierra. Fuego— encendió dos antorchas más y recogió el agua que le pasaba Bonnie—. Y agua— Amaya esperó con expectación, pero se desinfló cuando la abuela Bennet solamente esparció unas gotas de agua alrededor de las antorchas.

—¿Eso es todo? ¿Solo agua del grifo?— Al parecer Amaya no fue la única decepcionada y le sonrió a su gemela.

—¿Qué esperabas?— Inquirió la señora Bennet.

Elena se encogió de hombros con timidez mientras sonreía un poco—. Pensaba que tal vez debería ser agua bendita, mística o algo así— la señora Bennet sonrió con diversión y se giró, para gran vergüenza de Elena, pero enseguida su vergüenza disminuyo al devolverle la sonrisa a Stefan cuando él le sonrió.

—Yo me esperaba que los elementos cobrasen vida, que soltasen chispas o que toda la tumba explotase— habló Amaya, apoyada en la pared y todos la miraron con incredulidad en la última parte, pero Amaya les sonrió picaramente y continuó—. Me esperaba algo más... mágico y definitivamente más impresionante.

Damon ocultó su sonrisa buscando en su chaqueta, ante el insulto oculto hacía las brujas que había en las palabras de Amaya y que ella había soltado con la inocencia de un niño pequeño, pero por el brillo travieso de sus ojos sabía que Amaya era consciente a la perfección de sus palabras. Y eso fue lo que hizo que una gran sonrisa se formase en sus labios. Amaya nunca dejaría de sorprenderlo, al parecer.

Su mano encontró al fin lo que estaba buscando y ante la mirada atenta de Stefan sacó la bolsa de sangre que había traído a Katherine. Esto sería suficiente para despertarla y después irían a por algo más, porque Katherine no se conformaría con tan poca cosa y mucho menos después de haber estado durante un siglo encerrada en una tumba, momificada.

—¿Qué es eso?

—Es para Katherine— respondió Damon a su hermano, a pesar de su tonta pregunta—. Tiene que comer algo para que pueda andar— entonces formó su sonrisa de lado maliciosa y alzó ligeramente la cabeza en dirección a las gemelas—. A menos que tu novia le ofrezca una vena.

La mirada de Elena se desvió, masticando su labio, a la vez que Stefan le lanzo una mirada a su hermano. Pero Damon le restó importancia, sus labios torciéndose por sus reacciones y cambió su mirada a su pequeña May, para ver si también estaría incomoda con la idea de su gemela donando su sangre, pero parecía completamente indiferente. De hecho, se atrevería a decir que sonreía con esa sonrisa suya tan rara, esa sonrisa que parecía maliciosa, pero no del todo, si no con un toque de inocencia traviesa. Era extraña, pero le encantaba verla en ella, sobretodo porque significaba que algo le divertía con ese humor oscuro que ambos parecían compartir.

—Eso sonó muy perturbador— comentó ella—. ¿Te imaginas a dos Elenas? Si eso ya es malo, no me imagino a una de ellas chupando la sangre de la otra— se abrazó a si misma, temblando exageradamente—. Tendría que soportar a dos gemelas malvadas que luchan por su amor incestuoso— la mirada completamente asqueada y para nada agradable casi arrancó carcajadas ruidosas de él, pero se mordió el labio y rió entre dientes. En cambio, Amaya rió abiertamente—. Sin embargo, ¿tienes suficiente sangre para Katherine? No quiero acabar en un trío amoroso incestuoso.

—Tranquila, en cuanto Katherine se enganche a Elena, las abandonaremos y nos iremos lejos de ellas— bromeó Damon, guiñándole un ojo.

—Siempre he querido ir a España— tatareó Amaya, sonriendole y él le devolvió la sonrisa, almacenando ese pedazo de información en su cerebro. Aunque ni sabía porque. Al fin y al cabo hoy se iría con Katherine y nunca más volvería a verla.

—Admítelo— susurró, inclinándose hacía su hermano, y con toda la diversión anterior ida y con una sonrisa tensa—. Te mueres por deshacerte de mí.

Stefan bajo la vista, pero ni un minuto después miró a su hermano, y sonriendo, le dio lo que su hermano quería—. Me muero por deshacerme de ti.

—Todo listo— anunció Bonnie, mirándolos. Se levantó y se sacudió la tierra que se había pegado a sus rodillas. Su abuela siguió su ejemplo y se miraron entre ellas mientras entrelazaban sus manos y empezaban a cantar hechizos en otro idioma bajo la curiosa mirada de los otros cuatro presentes.

—¿Qué están diciendo?— Preguntó Damon.

—Creo que es latín.

—No creo que lo sea— contradijo al instante Elena a Stefan.

Amaya se relamió los labios secos, con aburrimiento. Era cierto que mirar a las brujas usar magia y todo eso, le parecía increíblemente interesante. Pero habían estado ya durante unos minutos murmurando hechizos y nada había pasado, eso le aburría. Quería más cosas mágicas, no solo simplemente palabras murmuradas en otro idioma.

—Sea el idioma que sea, ninguno lo entendemos, y puede que ahora mismo estén insultando a Damon de todas las formas posibles.

—¿Por qué solo a mí?— exigió el nombrado vampiro, girándose hacía la humana con una mirada ofendida en su rostro, pero ocultando la diversión que sentía.

Encogiéndose de hombros y sonriendo inocentemente, Amaya respondió.

—A Elena la adoran, a mí es imposible odiarme— en eso, le dirigió una sonrisa arrogante mientras guiñaba el ojo—, y han comprobado que Stefan es un buen vampiro devorador de conejitos. Solo quedas tú, Dami, y dado que estamos aquí por ti y no emborrachándonos en la fiesta, eres el único con razones para insultarle.

—Bueno— arrastró Damon y Amaya se preguntó para sí, cómo podía hacer que una simple palabra sonará tan bien con solo alargando sus silabas—, si os dejara disfrutar de la fiesta en paz, no sería un buen vampiro malvado de Mistic Falls, ¿no?

Amaya hizo un pequeño sonido pensativo bajo su garganta e inclinando la cabeza, asintió, reconociéndolo.

Mientras ellos interactuaban, Elena y Stefan intercambiaron miradas, sintiéndose como si se hubieran perdido algo entre ellos. 'Vampiro malvado de Mistic Falls'. Reconocían eso de algo que probablemente Amaya diría, sobretodo por su adquirido habito de ponerle apodos a todos los vampiros que intentaban matarla o la secuestraban, todos con el mismo apodo o con algo más añadido. Pero ninguno se parecía al que le había puesto a Damon y le sorprendían que él aceptara ese apodo e incluso que lo usará. ¿Qué se habían perdido? se cuestionaron con la mirada el uno al otro con preocupación, mientras Damon y Amaya compartían sonrisa traviesas y divertidas.

Las llamas de las antorchas se alzaron y brillaron más intensamente, sobresaltando a Elena, quien se agarró inmediatamente a Stefan, y a Amaya, quien rompió el concurso de miradas con Amaya y miró el fuego con entusiasmo.

—¿Qué está pasando?— Preguntó Elena, asustada, para justo después que la cueva empezará a crujir.

Todos dirigieron sus ojos hacía una parte de la pared, que empezó a moverse y mostró un camino oscuro. Amaya aplaudió con entusiasmo mientras todos parpadeaban hacía la pared crujiendo y moviéndose, incluso Bonnie no podía dejar de parpadear con asombro, a pesar de haber sido ella la que abriese esa puerta.

—¡Al fin algo mágico!

—¿No tienes que hacer fogatas?— Le preguntó Damon a su hermano pequeño, dirigiéndose hacía él e intentando resistir sonreír ante el entusiasmo de Amaya.

Stefan, vaciló durante medio segundo ante Damon, pero enseguida se giró hacía Elena, agarrando su hombro tranquilizadoramente mientras se inclinaba hacía ella—. Voy por el comestible y volveré— aseguró, sus ojos parpadeando también a la otra gemela con preocupación por seguir tan cerca de su hermano. Vio como Elena asintió y como Amaya simplemente le dio un saludo desdeñoso, pero reconociendo su preocupación. Y con rapidez salió de la cueva, queriendo terminar lo antes posible.

—¿Estás lista?

—¿Qué?— Exigió Elena, dando un paso adelante, antes de que su hermana pudiera siquiera responder.

Damon la miró, antes de mirar descaradamente a las brujas con desconfianza—. No voy a entrar solo para que me encierren.

—Derrumbaré las paredes— amenazó enseguida la abuela Bennet.

—Derrumbarás todo si no lo hago— contrarrestó Damon.

—¿Podemos dejar de hablar de derrumbamientos? No quiero que mi muerte sea por algo así— se quejó Amaya, interviniendo. Ni siquiera alejandose de Damon, después de que él declarará que la iba a llevar dentro de una tumba de vampiros sedientos, lo que puso de los nervios a Elena—. Y por mí esta bien ir con él, de todas formas quería conocer a Katherine.

Damon parpadeó hacía la pequeña humana a su lado y obligándose a superar su sorpresa, le tendió la mano y justo cuando Amaya iba a agarrarla sin alguna vacilación, Elena saltó con urgencía—. Iré yo contigo. Entiendo que necesites una garantía, así que iré yo contigo. Que Amaya se quede aquí.

—No.

—Pero...

—No— Repitió otra vez Amaya con la misma fuerza, interrumpiendo las quejas de su gemela—. Iré yo y tú, como buena niña, te quedaras aquí esperando a que regresemos nosotros o tu novio— una mirada herida apareció en el rostro de Elena, pero Amaya ni parpadeó. Se giró y junto a Damon se acercó más al hueco en la pared, entrelazando también sus dedos con los de Damon cuando él agarró su mano para que no se alejara mucho. Pero cuando estuvieron a punto de entrar, ella se detuvo y separó sus manos—. Me uniré a ti enseguida— prometió ella y Damon la miró, antes de pasar lentamente por el hueco con la antorcha iluminando su camino. Elena, al instante, respiró aliviada y le tendió la mano a su hermana, haciéndole gestos para que volviera a ellas, pero Amaya ni se movió, solo fijo su mirada en las brujas—. Más os vale que no tengáis ningún truco bajo la manga, ya que no solo estaríais traicionando a Damon, si no a mí.

Amaya caminó por la tumba, escuchando los siseos de los vampiros y alumbrando a cada rincón con la linterna. Era una pequeña linterna y apenas iluminaba, por lo que maldijo entre dientes. Se adentró aún más en la tumba, sin saber a donde dirigirse y simplemente caminando. Damon seguramente ya estaría buscando toda la tumba en busca de Katherine, por lo que ni siquiera lo llamó y en vez de eso, enfocó a los vampiros tirados en el suelo, para ver si conseguía encontrar a Katherine. Algunos vampiros siseaban aún más cuando ponía la luz sobre ellos, pero no le importó mucho y siguió comprobando, alejándose de vez en cuando de algún vampiro travieso que abría la boca como si pudiera morderla.

El grito resonando en la cueva hizo que se girará de pronto, reconociendo ese grito como el de su gemela y con su corazón apretándose fuertemente corrió hacía donde creía que había venido. Enfocó su linterna enfrente de ella, para no chocarse con ninguna pared sorpresa, y aunque sus pies se enredaron con los cuerpos de algunos vampiros, no se dejo perder el equilibrio y se mantuvo corriendo—. ¿Qué demonios hace aquí?— Masculló bajo su respiración al ver una luz y dos figuras cada vez más cerca.

Cuando al fin las alcanzó, se encontró a Elena en el suelo con Anna encima de ella e intentando forzar la muñeca sangrante de su gemela hacía una vampiresa momificada. Probablemente la madre de Anna, pensó Amaya, pero aún así no iba a permitir que despertase a su madre con la sangre de su gemela. Acercándose a ellas, sacó el lápiz de su bolsillo, que había mantenido con ella en todo momento desde el momento en la cafetería con el vampiro acosador psicópata, y apuñaló a Anna en el hombro. Anna dio un grito de dolor sorprendido y se giró hacía la gemela menor, soltando a Elena.

—Estamos justo al lado de una fiesta llena de adolescentes y tienes que escoger a mi hermana para despertar a tu madre, ¿en serio?— Amaya retrocedió lentamente mientras la atención de Anna ahora se encontraba en ella y sujetándose el hombro se acercaba a ella.

—Tiene que ser la sangre Gilbert— gruñó Anna, arrancándose el lápiz y lanzandolo en algún lado de la oscuridad.

—No, no lo tiene que ser— declaró Amaya, mirando al rededor para algo que pudiera usar en defensa—. Y no lo será— No había nada con lo que pudiera defenderse de un vampiro y sin más remedio, se enfrentó completamente a Anna, sus ojos desviándose a su hermana e indicándole con una inclinación de cabeza que corriera. Pero una mirada de Anna indicó que si Elena se movía, se lanzaría a por ella y luego iría a terminar con su hermana.

Amaya se mordió el labio, pensativa. Tenía que ganar tiempo para Elena, para que Stefan volviera y viniera a buscarla, o a que Damon se diera cuenta de que estaban en peligro. Pero no había tiempo, aceptó Amaya, Anna estaba creciendo muy impaciente con las ganas de despertar a su madre y ni siquiera dudaría en lanzarse. Así que le tocaba arriesgarse. Su agarre en la linterna se apretó y deseo que la practica de tirachinas en las tardes cuando era pequeña le siguieran sirviendo con la puntería. Y lo hicieron. La linterna chocó con fuerza en la frente de Anna y hubo un minuto de silencio conmocionado, en el que Amaya sonrió impresionada consigo misma. Por el rabillo del ojo vio algo en la oscuridad moverse con rapidez y su sonrisa aumentó. Al menos su hermana estaría bien, pensó antes de tener en medio segundo a Anna frente a ella y ser empujada fuertemente.

Ow— gimió adolorida Amaya al caer al suelo después de haber chocado contra la pared rocosa y que varías piedras se clavaran en su piel.

Podía escuchar la voz de Stefan y esa fue la razón de porque aún no se había levantado, y se permitió seguir tumbada mientras se quejaba. Si Stefan estaba aquí, su hermana estaría segura y bien. Manos agarraron sus hombros y la incorporaron con suavidad, pero con urgencia, y reconociendo la voz de su gemela en su oído, abrió los ojos, parpadeando en su rostro preocupado, antes de levantarse con la ayuda de su hermana. Alejándose de allí por insistencia de Stefan, quien se enfrentó a Anna de cara para que no siguiera a las gemelas hasta la salida.

Las gemelas llegaron a la salida y se acercaron a las brujas, parpadeando con confusión cuando vieron que tenían el libro abierto y estaban hojeando las páginas—. Elena, Stefan...

—Ya casi sale— interrumpió Elena, dejando que Amaya se apoyase en ella, pero se giró cuando oyó pasos por detrás. Vio a Stefan en el hueco de la tumba y sin hacer ningún esfuerzo para salir—. Stefan, ¿qué estás haciendo?

—Todo va a estar bien. Lo arreglaremos— tranquilizó Bonnie y Amaya echó un vistazo a las brujas, esperando que no fuese lo que temía.

—¿Qué cosa?— Cuestionó Elena y al menos eso tranquilizó un poco a Amaya, su gemela no había sabido nada de los trucos de las brujitas.

—El hechizo sigue, no podemos sacarlos aún.

—Ni teníais planeado quitarlo, ¿verdad?— Escupió Amaya con furia, sus ojos manteniéndose en las brujas con completa frialdad y cuando ellas evitaron su mirada, se burló, separándose de su hermana y acercándose a Stefan. Paso por su lado en un segundo y se volvió a adentrar en la tumba, a pesar de los llamados desesperados de su hermana.

Adentrarse otra vez en la oscuridad estando herida y mareada, no era buena idea, debía admitir Amaya. Pero la desesperación por buscar a Damon, le ganaba y no podía dejar de correr por la oscuridad. Ni siquiera sabía a donde se dirigía, solo iba hacía donde sus pies la llevaran o tal vez fuese su instinto, pues podía escuchar cada vez más cerca los gritos de Damon. Sin saber porque gritaba, aumentó su adrenalina, haciendo que fuera más deprisa. Y cuando Damon apareció en su visión, completamente bien, aunque furioso, no pudo estar más aliviada.

—¡Damon! ¡Agarra a Katherine y vamonos!— Le gritó, pero él no hizo ningún movimiento, solo tiró la botella de sangre a la pared con completa furía.

—¡No esta! ¡No esta aquí!— Rugía él y Amaya se detuvo, parpadeando por todos los alrededores en busca de Katherine, como si no lo pudiera creer. ¿Por qué la felicidad de Damon no se encontraba aquí?—. No está... Ella no está...

—La encontraremos— aseguró desesperadamente Amaya, agarrándole—. Pero no hoy, no ahora. Si no sales de aquí ahora, nunca más podrás volver a hacerlo. Tenemos que irnos, Damon.

Los ojos de Damon se encontraron con los de ella y Amaya se estremeció a la vez que su garganta se resecó. Los ojos de Damon estaban tan llenos de confusión y desesperación. Como si fuera un niño perdido que no entendía porque estaba solo, como si temiera la soledad que lo rodeaba.

—¿Por qué no está aquí?

Ella apretó el agarre en su brazo, odiando esa mirada en su rostro. Le recordaba a la mirada que ella misma había tenido por la muerte de sus padres, incluso aún había veces en las que se miraba en el espejo y la veía. Solo que la de Damon no albergaba culpabilidad, solo profunda confusión y dolor. Y Amaya apoyó su frente en el brazo que mantenía agarrado, no soportando ver esa mirada, y tampoco aguantando ver como su vista se nublaba por el mareo que sentía. La adrenalina saliendo de su sistema y dejándola con el dolor de su espalda y el cansancio.

—Damon... Por favor...

Por primera vez ahí, Damon echó un vistazo a la pequeña humana y no a cada rincón de la tumba. Ella estaba dejando caer su peso en él, pero se sentía al revés, como si fuera ella quien lo estuviera manteniendo a él de pie.

—No vale la pena pasar la eternidad aquí— habló Stefan, anunciando su presencia. Pero Amaya no se apartó de Damon y Damon solo parpadeó de su hermano a la humana, antes de asentir y empezar a caminar a la salida. Consiguieron salir justo a tiempo antes de que la puerta se cerrará tras ellos y Elena respiró aliviada, abrazando a Stefan.

Damon se acercó a la puerta cerrada y dejó su mano ahí, apretándola en un puño. Y a pesar de que no quería, se movió y siguió a su hermano y a Elena y Amaya cuando empezaron a correr en busca del Gilbert menor. Lo encontraron tumbado en el suelo en medio del bosque y a unos metros alejado de la tumba. Amaya se había arrodillado brevemente ante él, pero al comprobar que estaba perfectamente bien, se había levantado y se había acercado a Damon, quien se desplazaba lentamente, sin ganas, como si fuera un zombie.

Ella no lo abrazó, ni lo tocó de alguna forma de consuelo, ni abrió la boca para decir algo. Simplemente se quedó a su lado con sus manos rozándose hasta que anunciaron que era hora de irse. Y cuando miró hacía atrás a Damon y vio su mirada perdida en el bosque, caminó más deprisa, alejándose de él. Realmente no soportaba la mirada esa en su rostro.


Fue mucho más tarde en la noche, después de haber interrogado a Anna y a su madre, y de que su hermano estuviera un tiempo con él frente a la chimenea, que Damon comprobó su móvil. Había estado vibrando toda la noche y seguía haciéndolo, incluso cuando ahora eran las tres de la mañana. Realmente no fue una gran sorpresa para él, cuando 'May' brilló en la pantalla de su móvil antes de tocar una tecla para que mostrase todos sus mensajes.

Damon

Damon

Damon

Damon

Damon

Damon parpadeó, cada mensaje recibido diciendo exactamente lo mismo. Tomó un trago de su copa de bourbom y empezó a escribir una respuesta mientras su móvil seguía vibrando de los mensajes de Amaya. ¿No se cansaba? Se preguntó, la diversión llenándolo a pesar del dolor desgarrador que sentía.

'¿Qué?' Envió y ni un segundo después, mensajes dejaron de llegar y su móvil tembló una última vez en las manos de Damon.

Hola

Sabía que Amaya era realmente mala en consolar a la gente, pero esto realmente era malo. Él se pasó la mano por su rostro y cuando sus dedos tocaron sus labios, se dio cuenta con sorpresa que estaba sonriendo. Una pequeñísima sonrisa comparada a las otras, pero sonreía y la presión en su pecho disminuyó ligeramente, llenandolo ahora la diversión mientras sus ojos escaneaban una y otra vez la pantalla frente a él. Y con un suspiró, se rindió mientras movía sus dedos a la vez que se acomodaba más en el sofá.

'Hola, May'


Siento arruinaros el final con esto, pero realmente os lo tenía que recordar.

Domingo, lunes y martes escribiré y actualizaré esta historia.

También deciros que he tenido problemas con la otra historia ya que no notificaba su actualización y realmente espero que no me pase con esta. Solo eso, adiós y siento haber tardado tanto y muchas gracias por haber esperado y por continuar aquí.

Se despide, ElenaDreams

(Echaba tanto de menos eso :D)