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Sol de medianoche
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Avanzar a través de los muros no fue nada difícil. Los únicos dos jōnin vigilando estaban dormidos, y la mayoría estaba al pendiente de los exámenes. De cualquier forma, tenían un plan B, que era fingir una misión.
No podían enfrentarse a un jōnin, no aún. Seguían siendo genin con poco entrenamiento, cuyas misiones solo habían sido D y máximo C. No habían corrido con la suerte —¿O desdicha?— de que alguna misión terminara siendo un rango más alto de lo estimado. Su sensei, Konohamaru, había sido muy cuidadoso con eso, no queriendo arriesgar a sus pupilos.
Cuando ya llevaban una hora en el bosque, siguiendo las señales para llegar a la ciudad del País del Fuego más cercana que tuvieran. Allí pasarían la noche, porque al otro día seguirían su rumbo a alejarse lo más que pudieran de Konoha.
—Estoy cansado —era la voz de Mitsuki, con un pequeño suspiro escapando de su labios—. ¿Están seguros de que tenemos que ir a cualquier pueblo? No es por nada, pero Boruto... eres idéntico al Hokage.
Dejó salir un bufido al ser señalado su parentesco, y no era para menos. Era un desagrado que se había hecho más fuerte con el tiempo, y los sucesos en los Exámenes Chūnin habían sido la gota que colmó el vaso.
—¿Qué otra cosa podemos hacer? Conozco al viejo, enviará equipos ANBU a buscarme. Y Sasuke-sen... Sasuke buscará a Sarada él mismo cuando vea que no está. Por eso no podemos quedarnos en el bosque —gruñó, dando media vuelta para poder ver a sus dos amigos.
La Uchiha se acomodó los lentes, cruzándose de brazos con una pequeña mueca, casi imperceptible.
—Hay más opciones... podemos ir a los escondites de mi padre —fue la idea que Mitsuki propuso.
—¿A escondites te refieres...? —preguntó Sarada, con su mirada perdida hacia él, como si estuviera recordando algo terrible.
Hizo una mueca, mirándolos con una ceja enarcada y los brazos cruzados. El chico de ojos ámbar sonrió, asintiendo.
—¿Qué? —preguntó con rudeza—. ¿De qué están hablando-ttebasa?
—Mi padre es Orochimaru —sonrió, con sus ojos rasgándose tétricamente.
Oh.
Vaya.
Eso no se lo esperaba.
—Creo que lo noqueaste —musitó Sarada, refiriéndose al estado del rubio—. Cómo sea; no creo que sea buena idea. La tía Karin es muy unida a mamá, y a papá por supuesto. Lo llamarían en menos de lo que podemos decir "hola."
—Pues... en eso tienes razón —suspiró Mitsuki, volviendo a acomodarse su bolso en el hombro y con el fantasma de lo que había sido una sonrisa.
Boruto hizo una mueca, volviendo a caminar. Se notaba a leguas que Mitsuki extrañaba a su familia, a pesar de que Orochimaru formaba parte de ella. Había escuchado historias, tétricas historias del sannin, y no era algo trivial saber que su mejor amigo era hijo de ese terrible hombre.
Ahora que lo pensaba, sabía muy poco de ese chico. Había llegado en su último año de Academia, y no lo había dejado en paz hasta hacerse su mejor amigo. Era extraño, misterioso y a veces hablaba en códigos y solo Sarada parecía entenderle.
Pero así lo quería, después de todo él tampoco era un dulce de leche. Tenía hartos defectos, y entre esos estaba ser un egoísta. Se sentía culpable por arrebatarle una vida pacífica a su equipo.
Al desviar la mirada y verlos con aquellos rostros tan serenos, sintió una punzada en el pecho. Probablemente se sentían en una aventura, pero Boruto era el hijo del Hokage. Sabía lo que pasaba con los ninjas renegados, lo que los ANBU hacían con ellos.
No se perdonaría que alguno de ellos dos llegara a perder la vida o resultara dañado. Probablemente lo apoyarían en su causa, pero su causa también era protegerlos.
—Estamos cerca-ttebasa —les avisó minutos luego al ver un cartel que indicaba que estaban llegando al pueblo en cuestión. Según el mapa que Mitsuki había llevado cuando se reunieron el la Roca, era pequeño y civil, lleno de vendedores y algunos hoteles—. ¿Tienen hambre?
—No. Mamá me embutió sus pasteles en la mañana para estar en forma en el examen —gruñó la Uchiha, tomando la delantera y dejándolos atrás. Se encogió de hombros, mirando a Mitsuki de soslayo, y este sonrió.
—Yo estoy bien —fue su corta respuesta mientras pasaba por su lado y le daba una palmada en el hombro.
Los miró con una pequeña mueca desde atrás, y no dudó en seguirlos lentamente. Mitsuki no era el único que estaba cansado. Pero eso no le impediría entrenar cuando tuvieran dónde pasar la noche.
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Observó la figura de Sarada en el recibidor, parada de puntillas para ver correctamente tras de este. Habían conseguido un buen hotel —y a bueno se refería de mala muerte pero discreto. No era nada caro, con pocos ryō pasarían perfecto la noche.
—¿Cómo lo hace? —preguntó con cierto fastidio al ver a la Uchiha pagar sin recibir preguntas de la recepcionista—. Pasar desapercibida, digo.
—Así debemos ser, ¿No? —respondió Mitsuki, mirándolo con parsimonia—. Sarada-san es toda una kunoichi. Al ser ninjas, debemos aprender a ser discretos y no llamar la atención para poder completar nuestras misiones.
Observó a Mitsuki con cierta curiosidad, teniendo en cuenta que era la primera vez que entendía completamente las enigmáticas palabras de Mitsuki. Y entre tanto, observó a Sarada, quien se acercaba a ellos airosa, casi solemne, con un gesto de conformidad en su elegante rostro.
—Todo listo, aquí está la llave. Si nos preguntan, somos tres huérfanos de Takigakure. Nuestros padres murieron a manos de los Renegados de Iwa y buscamos refugio en el País de Fuego. ¿De acuerdo? —explicó la Uchiha en voz baja con la llave de la habitación en mano, mirándolos con su severidad característica.
—¿Renegados... de Iwa? —inquirió Boruto, visiblemente confundido. Y al ver la expresión de Mitsuki pudo notar que estaba igual que él.
Sarada rodó los ojos, debatiéndose entre golpearlos o explicarles detenidamente los sucesos actuales. Aquellos dos podían sacarla de quicio con facilidad.
—A veces son tan idiotas... ¿En qué mundo viven? —bufó con los brazos en jarra en sus caderas, algo similar a la temida Sakura Uchiha—. Son un trío de ninjas renegados de Iwa, son chūnin y han dado problemas porque saquean pueblos desde el País de la Cascada hasta el País del Fuego.
—L-Lo siento, Sarada... ¡Pero no tienes que decirme idiota!
—A veces lo eres un poco, Boruto —se rió el peliazul, llevándose una mano a la nuca mientras se rascaba suavemente—. Y recuerda: pasar desapercibido.
El rubio giró la cabeza, observando las miradas poco discretas de algunos civiles que pasaban por ese hotel, y rodó los ojos. El bolso permanecía en su hombro, y de esa forma subió las escaleras a algunos pasos a su derecha que dirigían a la ala de habitaciones.
Pudo notar que la habitación #9 era una puerta quejumbrosa y obsoleta, y por dentro no era nada mejor. Una cama matrimonial bastante llevada, un jarrón sin flores y un baño sucio y mohoso.
Pero era eso o dormir en el bosque, disponible a cualquier ataque repentino o a ser encontrado por los ANBU.
Él no volvería a Konoha. No mientras pudiera evitarlo.
—Oye, Sarada —musitó Mitsuki cuando habían empezado a acomodar sus bolsos en la habitación, y habían cerrado la puerta con seguro para evitar visitas indiscretas—. ¿Sucedió algo? Dijiste que lo hablaríamos luego... respecto al ser Hokage.
Sus sentidos dieron alarma, y giró su cabeza de inmediato a donde estaba la pelinegra con sus manos dentro de su bolso y una expresión algo trastocada.
—Uh... no es nada. Hablaremos luego de eso —sacudió mientras sacaba una camiseta de su bolso y los miraba con indecisión—. Boruto, debes quitarte esa chaqueta. Preferiblemente cambiar toda tu ropa y quemar esa.
—¿Eh? ¿Por qué? —preguntó con molestia. Adoraba su ropa.
—Porque en realidad corrimos con suerte de que nadie nos prestara atención. Tienes el escudo del Clan Uzumaki. Yo haré lo mismo.
En eso tenía razón. Subió su bolso a la cama, haciendo que esta resonara con un chillido, y se dispuso a buscar algo que no tuviera el escudo. Pudo conseguir una camiseta gris y una chaqueta completamente negra.
Cuando la Uchiha se dirigió al baño para dejarlo cambiar —y para ella también cambiarse— miró al peliazul con una expresión algo crispada.
—¿Cómo vamos a dormir los tres en ese... ese intento de cama barata?
La risa de Mitsuki no se hizo esperar.
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Cuando Sarada Uchiha no se presentó para su pelea, supieron que algo andaba mal. Cuando Mitsuki tampoco se presento contra Araya, fue peor. Los exámenes habían finalizado unas pocas horas después, y tras eso el Hokage salió disparado a la torre.
Y no perdió el hecho de que fuera seguido por Shikamaru, Konohamaru, Sakura y Sasuke a la hora después.
—La buscamos en toda Konoha... No está, Naruto. Nadie los ha visto, ni a ella, ni a Boruto, ni a Mitsuki —balbuceó la Uchiha con una expresión crispada en su rostro.
—Puedo buscar en los alrededores de la frontera —sugirió Sasuke, apretando su único puño para contener esa sensación agobiante en su pecho. Había sido molesto ver que su pupilo había sido descalificado, y mucho más que su hija también lo fuera al no presentarse.
—No... no se preocupen. Deben estar en algún lugar de la Aldea-ttebayo. Probablemente están con Boruto para subirle el ánimo —sugirió el Hokage, tratando de calmar los ánimos. Conocía al matrimonio Uchiha, y si se molestaban probablemente lo dejarían como un moretón andante.
—¡Pero no siento su chakra en ninguna parte! —chilló Sakura, golpeando su escritorio. Aquel golpe ocasionó que se agrietara un poco, y que él chillara internamente ante la clara muestra de violencia hacia su persona.
—Etto... Sakura-chan...
—Sarada y Mitsuki son excelentes en el control de chakra —habló el sensei de estos, Konohamaru, también con una mueca—. Saben reducirlo por completo en cuestión de segundos. Probablemente lo hicieron para que no los encontraran.
Esto dejó pensando a la pareja, quienes se miraron aprehensivamente de un forma característica de ellos. Era sorprendente como los años facilitaba que las personas pudieran entenderse con solo una mirada.
—Necesitan pasar cuarenta y ocho horas para enviar a los equipos —explicó Shikamaru, levantando una carpeta—. Si para el jueves en la tarde no han aparecido enviaremos al mejor equipo.
—Eso es demasiado. Si mi hija no está aquí mañana a primera hora, Sakura y yo nos iremos y más te vale firmarnos ese permiso, Naruto —sentenció el Uchiha antes de salir de la oficina como un torbellino.
—Sarada va a estar en graves problemas —gruñó Sakura.
La kunoichi no se quedó atrás, y finalmente solo estaba él, su pupilo y su consejero. Un suspiro ahogado escapó de sus labios. Estaba metido en un gran lío.
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Seguía sin poder lograrlo. El kote era más poderoso de lo que había pensado antes, puesto que le había permitido realizar un perfecto rasengan. En ese momento, sin embargo, no podía hacerlo crecer más de una pequeña bola de chakra.
Agotado y con ganas de lanzarse a dormir, concentró chakra en sus pies y subió por la pared del edificio, llegando rápidamente a la ventana de su habitación.
Le costaba creer que no estaría su hermanita haciendo tareas en la mesa, y que su amorosa madre no estaría preparándole algún plato delicioso para su pequeño niño, como ella le decía, y su postre favorito.
Dolía, mucho. Pero era un dolor que debía soportar si quería volverse más fuerte y conseguir su propósito. Cuando lo lograra, no habrían estúpidos Kages dejando de lado a sus familias. El mundo no necesitaría ningún líder en cada lugar.
Al adentrarse, pudo ver que Mitsuki ya estaba dormido encima de la cama, y Sarada cambiaba los canales en aquel televisor viejo y de mal funcionamiento. Esta ahora usaba una musculosa roja, con un chaleco negro sin mangas encima, dejando al descubierto sus brazos de no ser por sus guantes negros hasta arriba.
Había cumplido con su parte de quitarse el escudo de su clan, y era por seguridad. Eran clanes conocidos en el Mundo Shinobi, después de todo.
—Yo dormiré en el suelo, solo pásame una almohada —dijo con cansancio, pasándose una mano por el cabello. Ante esto, la pelinegra lo miró, con el ceño fruncido.
—¿Estás loco? Te rompería la espalda. Ven, Mitsuki es de sueño pesado —dijo la Uchiha, apagando el televisor y haciéndose a un lado para que este se acostara.
Luego de apagar la luz se dirigió a la cama, sintiéndose extraño al tocar una cama que no era la suya. Era curioso cómo, por un tiempo, no podría llamar a una cama "suya."
—Creo que el aire acondicionado es lo único que funciona aquí —musitó en voz baja, subiendo la cobija al empezar a sentir el frío que salía de aquel artefacto.
Sarada asintió, cubriéndose el hombro con la cobija de tonos crema. No había notado que ya no tenía sus lentes puestos, y a decir verdad se veía mejor así, o por lo menos con lo poco que veía en la oscuridad.
—Oye... Se que no quieres hablar de eso, pero quiero saberlo —habló tras un minuto de silencio, girándose sobre su costado para dar cara hacia la pelinegra—. Ibas a iniciar tus prácticas con el Hokage, ¿Pero qué pasó?
De los suaves labios de la Uchiha escapó un jadeo, seguido de una mueca perceptible en las sombras.
—Iba a iniciarlas, las iniciaría al graduarme. Solo que... digamos que hay cosas que acciones nobles no pueden borrar —dijo con severidad, cerrando los ojos para acomodarse y dormir—. Pude escuchar a papá hablarlo con mamá: el Señor Feudal no dejará el poder de ser Kage en las manos de un Uchiha.
Se mordió el labio, analizando las palabras de Sarada. Era un descendiente bastante lejano de los Senju, y conocía la enemistad de ese clan con los Uchiha por los sucesos de Indra y Asura. También el pasado de Hashirama y Madara, y las numerosas acciones del clan en general.
En síntesis, no culpaba al Consejo por temer. Sarada tenía toda la herencia para convertirse en un enemigo como hasta su mismo padre había sido en el pasado. Pero eso no evitaba que fuera injusto; el sistema shinobi en general era injusto.
La Uchiha no lo sabría, pero sus palabras habían hecho 'clic' en el cerebro del rubio idealista, cuya mente viajaba a kilómetros por hora, divagando entre sus pensamientos.
—Son unos cobardes. No te preocupes —sonrió, subiendo un poco más la cobija para arropar a la sorprendida niña—. Cuando sea poderoso, crearé un mundo de paz-ttebasa. Mi padre siempre habla de buscar la paz, pero nunca hace nada para lograrlo. Se adaptó al mundo que lo hacía de lado. Pero yo lo haré distinto... Sin guerras, sin Kages corruptos, sin una Alianza inútil... y te prometo que serás la Kage de ese mundo, y yo tu protector. Incluso Mitsuki será tu consejero.
No pudo ver bien si aquello era una pequeña sonrisa o la expresión normal de Sarada, pero tomó como un agradecimiento el brazo que pasó por encima de él en forma de abrazo.
No mentía. Cuando Boruto se proponía algo, lo lograba.
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N/A: Son niños tan lindos. Lástima que no siempre será así *sighs*
Si llega a haber nuevos lectores —lo cual espero, porque fueron muy pocas lecturas— aviso que aunque ahora sea soso y simple, tengo pensado extender bastante esta historia. Será más oscura de lo que parece, y pronto habrán saltos en el tiempo, bastante pronto, y OC's.
