Capítulo 2: Alistándose a un nuevo hogar.
- ¡Bienvenido a tu nueva casa! –Dice abriéndole la puerta de su hogar.
A partir de hoy y por un largo tiempo, la casa de Splendid se convertiría en el hogar de ambos. Aunque no fuera especialmente grande, se podría decir que tenía espacio para todo lo necesario, un salón con su cómodo sofá, un televisor, consolas y videojuegos; Una cocina bien preparada; un dormitorio y un cuarto de baño. En resumen, lo típico de un héroe.
- ¡Hey! ¡Hey, hey, hey! ¿Qué tal si jugamos una partida a la consola, como los viejos tiempos? Hace mucho que no vienes por aquí –Dice cogiendo sitio en el sofá.
- Pero si vine hace dos semanas…
- ¡OH! ¡ya se, ya se! ¿Por qué no vemos una peli?
- Esto… yo…
- ¿SI? ¡Dime! –Dice entusiasmado.
- ¿Puedo… puedo tomar una ducha primero? –Pregunta algo nervioso.
- Oh, claro. Ahora te traigo algo para que te cambies –Fue rápidamente a por algo de ropa.
Con la ropa que el peli azul le había ofrecido, fue hacia el cuarto de baño, una ducha que aprovecharía para relajarse y pensar un poco. La situación era algo difícil para asimilarla así por así. El militar se quitó la ropa y entró en la ducha, ajustando la temperatura del agua y cogiendo prestado el gel y el champú de aquel héroe.
Aah~ ¿Por qué estará Splendid tan entusiasmado? Es cierto que siempre quiere pasar tiempo conmigo, al fin y al cabo, somos amigos de la infancia y siempre hemos jugado juntos, pero… ya no es lo mismo para mí, después de todo, lo que yo siento cuando estamos juntos es muy diferente. Además, ¿vivir juntos? ¿No es eso demasiado? ¿Es que ya no se acuerda de que he intentado matarle? En el fondo… me hace ilusión poder estar aquí, con él, en su casa… ¡pero ese no es el caso! Tendré que tener más cuidado a partir de ahora.
Tras haber enjabonado y aclarado bien cada rincón de su cuerpo, y después de haberse tomado su tiempo para la ducha, cogió la toalla para secarse las gotas de agua que aún se deslizaban por su cuerpo, sacudiéndose el pelo, también empapado. Agarró la camiseta blanca de tirantes y el pantalón verde claro que le había dejado su amigo para cambiarse y se vistió, preparándose para salir, pero no sin antes respirar hondo.
Habiendo salido del cuarto de baño, se dirige ya más calmado hacia el salón, donde se encontraba el propietario de tal heroico hogar.
- ¿Ya has terminado? –Dijo mirándolo desde el sofá.
- Si. Gracias por la ropa.
- ¡De nada! Te queda mejor de lo que esperaba –Se queda mirándolo de arriba abajo- Oh ¿Te apetece una partida? – Cambia de tema rápidamente señalando la videoconsola con un juego de tipo lucha.
- Claro –Dice tras pensárselo un poco- ¡Te voy a machacar!
Y allí estuvieron, jugando a videojuegos por bastante tiempo, partida tras partida, a las cuales el peli azul no dejaba de perder. Al llegar a la décima partida consecutiva en la que volvía a perder el héroe del antifaz, éste se levanta del sofá algo molesto, dejando caer el mando sobre la moqueta del suelo.
- Ya te he dejado ganar suficientes veces por hoy. Tengo hambre –dice dirigiéndose a la cocina.
- ¿Dejarme ganar? –comenta un poco indignado- ¡Para ser un héroe tienes muy mal perder, Splendid! -apaga la consola y se dirige a la cocina.
- ¿Y qué vas a hacer de cenar? –Pregunta desde la puerta, mirando como busca en los armarios de la cocina.
- ¿Hacer de cena? No pienso cocinar –Dice riéndose, como si lo que el militar hubiera dicho fuera la mayor estupidez.
- Vamos, que no sabes cocinar, ¿verdad? –pregunta a modo de burla.
- Oh, cállate. Sabes perfectamente que los héroes no cocinan –comenta orgulloso de sí mismo, como si fuera la mayor verdad jamás dicha. Acto seguido le lanza un bocadillo envuelto en un plástico a las manos, teniendo él otro- ¡Esta será nuestra cena de hoy!
Van al salón, a comerse tranquilamente aquellos bocadillos mientras observan algún canal de la televisión. Ambos contenían lo mismo, lechuga, una rodaja de tomate, queso, jamón y una salsa de mayonesa. Seguramente el héroe los habría comprado de camino a casa al pasar por algún supermercado unos días antes. Después de terminar esa sencilla, pero deliciosa cena, se quedan un rato mas, viendo un programa documental sobre especies animales que estaban dando en la televisión, mientras hablaban tranquilamente sobre trivialidades varias.
- ¡Bueno! Creo que va siendo hora de irse a dormir, ¿no crees? –dice mirando la hora en el reloj que había junto al televisor.
- Si. Tienes razón
- Pero antes… -Se va del salón, dejando solo al militar y vuelve al de poco tiempo con una toalla- … hay que secar ese pelo –Se coloca de pie en frente del peli verde y apoya la toalla sobre su cabeza empezando a frotar, secándosela-
- ¡Wa! ¿Qué estás haciendo? ¡Puedo secármelo yo mismo! –le recrimina, cerrando los ojos e intentando agarrarle las manos.
- ¿Quieres estarte quieto? Así no voy a terminar nunca. Solo cierra los ojos, yo me ocupo.
- Aah~ está bien. –Suspira resignado, bajando las manos y atendiendo a sus indicaciones, notando como éste frotaba su cabello.
Sentía como sus manos se extendían por toda su cabeza, masajeando y frotando por encima de esa capa de tela que era la toalla. Al de un rato, dejó de sentir el suave y cariñoso tacto de quien le ayudaba a secarse el cabello, pensando que habría terminado de hacerlo, abriendo los ojos lentamente en ese justo momento. Aunque para su sorpresa, no solo había terminado de secarle el pelo, sino que el peli azul había acercado su cara y lo estaba mirando fijamente, apenas a unos centímetros de la suya.
- ¡Aah! –Grita un poco, echándose hacia atrás- ¿Qué estás haciendo tan cerca? –se le empieza a notar un leve sonrojo.
- Nada en realidad. Solo que como no decías nada y tenías los ojos cerrados, pensé que igual te habrías dormido –dice contento, como si realmente hubiese querido que se durmiese.
- ¿C-como iba a– -Le interrumpe el peli azul.
- ¡Vamos a dormir! –Exclama dirigiéndose a la habitación.
- Aah~ -Suspira- está bien. Buenas noches –Dice acomodándose sobre el sofá.
- ¿Pero qué estás haciendo? –pregunta al ver que no lo seguía a la habitación.
- Tú lo has dicho, ¿no? Dormir.
- ¿Y porque te quedas en el sofá entonces?
- Bueno, yo soy el ocupa aquí, así que creo que es más conveniente que sea yo el que duerma en el sofá. Al fin y al cabo, esta es tu casa, no quiero molestar.
- Nadie va a dormir en el sofá, dormiremos en la cama –afirma decidido, como si fuera lo más normal.
- ¿En la cama?... ¿¡los dos!? –Pregunta algo alarmado.
- ¡Claro! –agarra al militar por el brazo arrastrándolo hasta el dormitorio, dejándolo caer sobre la cama- ahora sí podemos dormir
- Pero… a mi no me importa dormir en el so– -Lo interrumpe el héroe.
- ¡Eres mi invitado, no puedes dormir en el sofá! –Aclama orgulloso de su propia hospitalidad- y yo soy un héroe… tampoco puedo dormir en el sofá.
- P-pero… aún así…
- ¡Nada de peros! ¿tanto te molesta que durmamos juntos? –dice algo triste- ¡Con lo que yo te quiero! –Se abalanza lloriqueando sobre el militar.
- E-está bien… no tengo problema con eso –Comenta algo inseguro sobre el tema- pero apártate un poco.
- ¡Oh, claro, jeje! –Se aparta de él, acostándose al otro extremo de la cama- entonces… buenas noches, Flippy~
- Buenas noches… Splendid –comenta acostándose en la cama también
Y así, el héroe de antifaz rojo apagó la lámpara hallada sobre la mesilla, la cual alumbraba la habitación, dejando todo a oscuras a excepción de una pequeña y tenue luz que entraba a través de la ventana. El militar se encontraba acostado a un extremo de la cama, dando la espalda a su amigo, encogido y de lado, agarrado a la manta que lo cubría casi hasta la cabeza. Escuchaba como pasaba el tiempo lentamente, gracias al reloj de pared que se encontraba en la habitación, escuchando un "tick - tack" constante, que parecía que se hacía cada vez más y más lento. Intentaba dormir, pero no podía, dándose cuenta poco a poco de un olor que lo embriagaba por completo, el olor de Splendid. En ese momento tenía puesta la ropa que el peli azul le había prestado y estaba durmiendo en su cama, con él. Pensar en eso ya no solo lo hacía sentirse algo incomodo, sino que también lo hacía tener ciertos pensamientos muy poco puros, notando como empezaba a subirle la temperatura poco a poco y no precisamente por fiebre. Echó la mirada hacia atrás, apartando un poco la manta, y ahí lo vio, el héroe estaba en el otro extremo de la cama, durmiendo boca arriba plácidamente, como si no tuviera mayor preocupación que la de dormir esa noche. Volvió la vista al frente de nuevo, encogiéndose más y probando a calmarse un poco, pensando en otras cosas e intentando dormir como podía, sabía que sería difícil, pero no podía dejar que su querido amigo se diera cuenta de lo que realmente pasaba.
