Resumen: Ubicado después del primer libro de VA. Rose Hathaway tiene bien claro cual es su deber y su lugar, su trabajo es proteger y asesinar. El único problema es que no ha podido olvidar y hay ocasiones en las que es más fácil cerrar los ojos y dejar que la mente navegue en el abismo del corazón. Su mayor secreto es desear al único ser con el que vivió un hechizo impuesto por el collar que le regalo el hombre culpable de que la alejaran de la academia, de sus amigos y de su amor. Ese collar que lo cambió todo.
Atada a ti
"Cuando quieras algo, mantén los ojos bien abiertos, concéntrate y ten muy en claro lo que deseas, átalo en tu alma y atráelo hacía ti cada día, cada hora, cada segundo... tarde o temprano algo sucederá y por más pequeño que sea lo disfrutarás con todas las fuerzas y sabrás que has ganado en la carrera de la vida... "
Después de escuchar mi nombre pronunciarse tres veces, giré mi cabeza despacio dándole tiempo a que mis emociones se asentaran, no quería mostrar vulnerabilidad, ni decepción y mucho menos dejar que la tristeza se hiciera presente en mi exterior, ya que sabía con exactitud cual era el motivo de este llamado.
-Alber… quiero decir guardiana Petrov. – La salude con un torpe movimiento de cabeza, tomé asiento en una de las esquinas de la cama y crucé los brazos esperando a que pronunciara alguna palabra.
Ella dio un par de pasos dentro de mi pequeña habitación y cerró por completo la puerta de madera, sus ojos recorrieron el espacio rápidamente y me pareció percibir una pizca de melancolía. Antes de hablar se adentro un poco más hasta posicionarse cerca del escritorio de madera oscura, aquella mesa parecía que fuese de un completo desconocido por lo ordenado que estaba, en otro momento lo hubiera encontrado repleto de papeles, cuadernos, lapiceros y envolturas de caramelos y pastelitos, pero no hoy.
Alberta estiró su mano tocando algunas de mis pocas pertenencias escolares sin importancia, finalmente se detuvo cuando llegó a uno de los grandes y antiguos libros que el padre Andrew me había prestado para poder realizar investigaciones sobre el espíritu, el santo Vladimir y su guardiana Anna, con cuidado pasó sus dedos por el relieve de la cubierta desteñida y lo levantó para leer las letras de la portada, antes de que el libro llegara a la altura de su pecho, dos papeles que se encontraban escondidos entre las páginas salieron volando elegantemente y aterrizaron boca abajo en el piso.
No tuve tiempo de recogerlas, porque la guardiana en un acto de rapidez las tenía en sus manos, la primer hoja contenía algunas de las anotaciones que me parecieron importantes mientras lo leía, esa la volvió a ingresar dentro del libro sin prestar mucha atención a su contenido. Al ver el segundo papel de tamaño pequeño que aún sostenía, conocidas emociones se agitaron en mi pecho. Tenía la esperanza de que ese documento lo devolviera del lugar que escapó sin darle vuelta como hizo con el primero, pero no fue así.
Ella giró la fotografía alisando una de sus puntas y observando su contenido con mucha atención. Yo no aparté mi mirada de ella y me preparé para algún cuestionamiento o regaño por como había llegado la imagen a mis manos, pero nada de eso sucedió.
La foto fue tomada por uno de los profesores de defensa unos días antes del baile, con el propósito de ser registrados nuestros movimientos de combates, las imprimieron y archivaron en cada uno de los perfiles de los novicios, pero antes de que eso sucedieran las habían expuesto en uno de los pizarrones de la clase.
En la mía salía compitiendo con el novato Dean Barnes, estaba posicionada encima de él, mis piernas y mis brazos bloqueando su pesado cuerpo y mi puño derecho directo en el centro del pecho, lo había vencido, pero no era por eso que la guardaba, si no porque en la esquina superior izquierda estaba el motivo de mis desvelos: mi mentor, de cuerpo entero, guapo, exquisito, de brazos cruzados y su mirada llena de orgullo, satisfacción, admiración y algo más... Esa misma mirada estaba enfocada directa y totalmente en mi, con solo verlo calentaba cada rincón de mi ser. Esa era la verdadera razón por la que hurté la fotografía de los archivos, y poder obtener una copia para llevarla siempre conmigo.
Los ojos de Alberta estaban puestos en él, pero su rostro no reveló ninguno de sus pensamientos. Esperé lo que fue una eternidad para que dijera algo, cualquier cosa.
Ansiosa comencé a quitar pelusas invisibles de mi pantalón, la paciencia estilo Hathaway estaba llegando a su fin.
Fue entonces cuando lo oí, ella murmuró tan bajito y para si misma, que las únicas tres palabras que pude percibir de la frase fueron: "…Es tan obvio".
Me vi tentada a preguntarle que a que se refería, pero opté por cerrar la boca, en mis adentros yo conocía lo que significaban aquellas palabras.
Ella devolvió las cosas al escritorio y se aclaró la garganta, decidida a hablar. -Rose... ¿Estás lista? ¿Tienes tus pertenencias empacadas?!
Asentí con un solo movimiento de cabeza y dirigí la vista a una simple maleta que se encontraba sobre las sabanas desordenadas. La misma en la que traía mis cosas de Portland, para ser honesta no poseía mucho como la mayoría de chicas, así que guardar los pocos bienes fue muy fácil, lo difícil era dejar lo que más valorar le daba a mi vida: las personas y más a una en especial.
-Bueno, si todo está listo. -hizo una leve pausa. - Es hora de partir, la camioneta ya está afuera. -Esperó para ver si yo decía algo, pero la decisión ya estaba tomada y yo no podía hacer ni decir nada para impedirlo. Me levante tomando el equipaje lista para salir, pero ella me detuvo. Está vez su voz sonó mas maternal y menos autoritaria.
-Yo sé que es duro que a pocos meses de la graduación sucedan estos cambios, que te alejen de tus compañeros, tus amigos, de la academia y de los que te hemos visto crecer. -respiró profundo y dejó salir el aire. - Yo traté de persuadirlos de que lo mejor era mantenerte a ti y por supuesto a la princesa Vasilisa aquí, pero ya sabes la directora, algunos profesores y el mandato de la reina fue que debían irse de San Vladimir y ante eso no podíamos hacer nada.
»Al final siempre hiciste lo correcto la primera vez que te llevaste a la princesa lejos de aquí, lo hiciste para protegerla, nos dimos cuenta tarde y la directora Kirova aceptó el por qué de tus acciones, lamentablemente tuvo que pasar una desgracia para llegar a eso. Y ahora con todo lo sucedido por el príncipe Victor, la muerte de Natalie, el descubrimiento del espíritu y los posibles cambios que vengan... – se encogió de un hombro y su rostro parecía más mayor que tiempo atrás. -Bueno lo que quiero decir es que todo es para mantener a salvo a la princesa y por ende a ti también hasta que termines tu formación y descubran los alcances de este nuevo don de Vasilisa. ¿Lo comprendes verdad?
-Si. –respondí con firmeza.
Y era cierto entendía las medidas de proteger a mi amiga, quién mas que yo, que daría mi propia vida por ella, pero en secreto, ese "sí" que di como respuesta estaba lejos de ser verdad.
Lo más irónico es que cuando nos trajeron de regreso a la academia, día y noche pase soñando con volver a largarme de aquí y ahora que tenía la oportunidad algo había cambiado o mejor dicho alguien me hacía desear que todo esto tuviera un final diferente, que nos detuvieran o que descubrieran una forma de que la escuela fuera segura o mejor aún que le permitieran a él cumplir con su deber como guardián de Lissa como estaba planeado en un principio. Lamentablemente la decisión de la reina perra estaba tomada y eso era como si estuviera escrita en piedra para los de nuestro mundo, tristemente no cambiaría de opinión y menos por un dhampir.
- ¿A qué lugar nos van a llevar?. - tenía la esperanza de que fuese cerca de aquí.
-No quisieron dar muchos detalles, pero todo esta coordinado por la reina y la directora, el lugar tiene protección extra y exclusiva, es cómodo, alejado de aquí...
La interrumpí. -No entiendo como pretenden que me convierta en un guardián oficial si me mandan lejos de la academia, ¿cómo voy a obtener las marcas?, ¿quién me va a evaluar en la prueba final?. -para este punto mi voz iba en aumento. -¿Quién... Quien va hacer mi... -bajé la vista a la fotografía puesta en la portada del libro y disminuí la voz. - mi mentor?...
Alberta me vio con ojos llenos de comprensión. -Todo eso ya lo tienen resuelto. Vas a seguir con entrenamientos, pruebas de campo, exámenes y cuando concluyas recibirás la marca de la promesa... -su mirada también se desvió al mismo objeto que yo observaba: la imagen. – ya es de tu conocimiento que él guardián Belikov no tiene permiso de ir con ustedes. -iba a volver a interrumpir, lista para reclamar, pero Alberta alzó la mano para detenerme, y seguir con el discurso.
-Rose, él fue uno de los que habló para que ustedes concluyeran las clases y entrenamientos aquí, pero a oídos de la directora llegaron ciertos chismes de la noche del baile, cosas que sucedieron. - dijo seria, pero con voz tranquila. -Yo no creo en chismes, y sé como eres y conozco al guardián Belikov, así que no creo todo lo que mencionan, pero decidieron que lo mejor es evaluar si deben trabajar juntos. Y bueno ya sabes como es el guardián Belikov, él cedió todo el campo para ti, no me sorprendió, pero hasta ahorita entiendo el verdadero porque de su actuar.
Con cada palabra sentía como si me estuvieran atravesado una estaca directo al corazón.
-Rose no puedo culparte por tus sentimientos. - su voz sonaba lejana como si estuviera reviviendo una experiencia propia, tal vez algún amor de juventud imposible como el mío. - No lo apruebo por supuesto, pero de corazón entiendo. Ahora es difícil y a veces parece que las cosas no son justas, pero con el tiempo entiendes y lo aceptas.
Asentí con la cabeza, no muy convencida de que algún día aceptaría todo sin cuestionamientos. Pasé el umbral de la que iba hacer mi antigua habitación dentro de muy poco.
La guardiana volvió a detenerme. -Rose. -dijo llamando mi atención. -Recuerda un guerrero sabe que la guerra está compuesta por muchas batallas, y por eso sigue adelante hasta obtener la victoria, nosotros los guardianes no solo luchamos contra los Strigois, también tenemos guerras aquí. -llevó una mano al pecho para explicar a que se refería. -Nadie sabe qué va a pasar en el próximo minuto y sin embargo, confían y tienen fe... - terminó extendiendo el brazo y entre sus dedos se encontraba la fotografía, la tomé sin decir nada.
Sabía que ella quería darme esperanzas, pero realmente en este momento no creía que en el siguiente minuto algo fuera a cambiar, con la confianza pues confío en lo que puedo hacer por mi misma y ahorita solo me quedaba una opción y no era la que deseaba y con la fe, bueno todavía estoy resolviendo y poniendo en orden algunos temas con Dios. Y a pesar de todo no podía simplemente marcharme sin ni siquiera darle las gracias a la persona que ha estado a mi lado desde que era niña, y actuaba y hacía un mejor papel que mi propia madre.
Así que sin más, le di una verdadera sonrisa. -Gracias. -musite. -Por todo.
Ella inclinó su cabeza asintiendo. Eso me bastó para saber que había entendido mis simples palabras. "Gracias por como siempre fue conmigo desde niña y gracias por mantener el secreto de mis sentimientos y los de Dimitri"
~.~
Resulta que tuvimos que irnos por la salida que se ubica cerca de los apartamentos de los guardianes, es muy poco frecuentada y solo es en caso de emergencia. Y aunque nos estábamos marchando en plena noche moroi, no querían correr el riesgo de que algún estudiante nos viera partir.
Vacilé al acercarme al pequeño apartamento de Dimitri, no lo había visto mucho en estos últimos días y mucho menos había tenido una despedida oficial, dentro de mi guardaba la esperanza de que lo dejaran venir con nosotras.
Pasé frente a su puerta y fue como si una energía fuerte, distinta y caliente en el ambiente me atrajera hacia ese sitio. Respiré profundo y cerré los ojos sin detener el paso.
Mi mente malvada me llevó aquella noche donde todo cambió y reviví: "Cuando nos aferrábamos el uno al otro entre las suaves sabanas de su cama. Cuando no dejamos de tocarnos, ni de besarnos, cuando la intensidad iba creciendo entre ambos, casi con una urgencia por poseernos. Cuanto había deseado estar así con él, en mis sueños mas locos me imaginaba estando con Dimitri de diferentes formas, pero eso había sido mil veces mejor. No pasaba en mi sueños sino en una dulce y deliciosa realidad"… que ahora se convertía en una amarga agonía...
Sabía que si Dimitri no hubiera quitado el collar lejos de mi cuerpo, el final hubiera sido distinto, me hubiera entregado a él sin dudas, ni reservas en aquel abismo de pasión, solo me bastó en aquel momento mirar a los profundos ojos oscuros de él para saber que se encontraba igual de decidido.
No sé en que momento, ni cómo, pero había recorrido el pasillo de los apartamentos hasta llegar al final envuelta en la neblina de mis recuerdos.
Llegué a los portones de metal negro que nos refugiaban dentro de la academia. Al ver quienes estaban mi corazón dio un vuelco y la respiración se detuvo. Junto a la camioneta estaba algún representante enviado por la reina, un par de profesores, tres guardianes nuevos destinados a acompañarnos en esta nueva travesía y la directora Kirova, todos ellos me tenían sin cuidado, pero mi vista se centró en la persona detrás de ellos, cerca de los grandes pinos, se encontraba Dimitri imponente, con su perfecta mascara de guardián.
La directora estaba echándose uno de sus muy comunes y ensayados discursos sobre el deber y la responsabilidad, pero yo estaba perdida en los ojos chocolates que me observaban de la misma forma que yo a él.
Me aparté caminando directo a donde él se encontraba, ambos nos quedamos uno frente al otro, yo memorizando y absorbiendo su olor, su cuerpo, su rostro, sus labios... sí, esos labios y las lagunas oscuras de sus ojos.
Mientras lo observaba la culpa se apoderó de mi.
-Yo... lo siento tanto Dimitri. Lamento que te quitaran la oportunidad de tener como cargo a Lissa y... -me detuvo.
-Rose. -sacudió su cabeza, haciendo que de su perfecta cola se salieran algunos cabellos y cayeran en el perfil de su rostro. -No importa, está bien. Yo voy a permanecer un tiempo más en la academia y luego ya veremos a donde me envían. -su voz era serena y tranquila, pero yo conocía que detrás de todo eso había tristeza.
-No es justo. –gruñí bajo- Todo esto es una basura. -alcé las manos dramatizando. -Ellos creen saber lo que hacen y siempre creen tener la razón, pero no es así. -hice una pausa. -Y sí… ya sé que no importa como nos sentimos, ni lo que queremos o deseamos, pero aún así… -sacudí la cabeza deseando que desapareciera la angustia que bullía en mi interior.
Él optó por no decir nada, pero sabía que en lo profundo de su mente pensaba lo mismo.
-No sé... no sé como haré para terminar los entrenamientos, ni que va a pasar con todo lo del espíritu. -mi voz se quebró, aunque hacía lo imposible por ser fuerte.
Él levantó suavemente mi barbilla para que pudiera verlo a los ojos. -Rose escúchame bien, eres fuerte, inteligente, segura, apasionada, aprendes rápido, tienes una dedicación que es de admirar. No dudo ni por un segundo que vas a lograr cualquier cosa, que serás la mejor, y no porque yo te haya entrenado ni ayudado, si no por ti misma, por tu capacidad, por tu esfuerzo y por las ganas de querer salir adelante en el mundo que nos tocó vivir, eso lo traes en tus venas y corre por tu sangre. Cualquier persona que te conozca bien lo sabe y si no ven todo ese talento en ti… no saben de lo que se pierden.
Para este punto tenía un nudo en la garganta y tuve que parpadear varias veces para espantar las lagrimas que amenazaban con salir.
-¡Hathaway!. -El grito amargo de Kirova rasgó el aire, rompiendo esa burbuja mágica que se había creado en medio de la conversación.
No me molesté en volver a ver, mi atención siguió puesta en Dimitri quería decirle tanto, pero no sabía cómo, ni tenía tiempo suficiente para hacerlo. Él como siempre leyendo mis pensamientos y conociéndome tan bien agregó:
-No tienes que decir nada. –suspiró, enrollando en su dedo uno de mis largos mechones de pelo que tanto le gustaban. -Es hora de marcharte.
-¡Belikov!. -de nuevo la estorbosa voz de Kirova. -Creo que se ha terminado el tiempo de las despedidas. Ya llegará otro guardián que ocupe tu lugar para darle consejos a la novicia.
La odie por completo, quería callarla de un solo golpe, y aún mas gritarle que no iba a ver reemplazo para mi mentor, pero mantuve a duras penas la compostura, no por ella ni por los demás, sino por Dimitri.
El motor de la camioneta encendió y sabía que era hora de irme, mi corazón volvió a detenerse... ya no lo vería más. Así que sin importarme las normas, reglas y leyes, me acerqué a él y lo envolví en mis brazos abrazándolo con todas mis fuerzas y sintiendo esa rica electricidad atravesar mi piel y nadar en mi sistema con el toque de nuestros cuerpos.
Su boca se acercó a mi oído. -Roza, antes de que te vayas quiero que sepas que lo que te dije en el gimnasio. -No tuvo que aclarar el día ni mucho menos el momento, porque yo sabía a qué se refería. -No fue cierto... tienes que saber que no me arrepiento de lo que pasó y es una total mentira que no me interesas... -terminó susurrando tan bajito que tuve que esforzarme para escuchar, pero cada palabra penetro mi alma.
Él sacó de su guardapolvo una bolsita sencilla color café y la metió dentro de mi abrigo sin que nadie lo notara. -No lo abras aquí. –dijo en secreto. -Guárdalo y cuando creas que es el momento correcto ábrelo.
Sin decir nada más, me puse de puntillas y presioné un delicado y firme beso en su mejilla lo más cerca que pude de su boca, pero sin que los demás pensaran mal. Si no es ahora ¿cuándo?...
Me separé sintiendo el calor en mis labios y de esa forma sin volver a ver atrás me dirigí a la camioneta, a un nuevo destino lejos de él.
Tal vez no debí arriesgarme delante de los presentes y que confirmaran las sospechas, pero al carajo todo eso, porque si bien es cierto no debí exponer mi preocupación, tampoco debí dejar que me afectara su forma de ser, ni su trato conmigo, ni la potente química que se respiraba en los entrenamientos, no debí desear su muy ocasional, rara y hermosa sonrisa, no debí despertar solo por verlo, ni desear la llegaba del atardecer solo para volver a entrenar cuerpo a cuerpo, no tuve que rogar al cielo que cada minuto junto a él se hiciera una eternidad, no debí imaginar su cuerpo esculpido, sus labios, su sabor, su olor, el toque de su pelo, no debí disfrutar de la electricidad producto del roce de su piel con la mía, no debí mirarlo intensamente, ni robar miradas, no tenía que querer ser la mejor solo por él, no debí dejarme seducir por el hechizo en un collar, ni mucho menos haber disfrutado tan abiertamente de cada cosa que pasó en aquella habitación, ni desear haber sido suya...
Lo más importante es que no debí haberme dejado atrapar por el flechazo de cupido, y a pesar de todo los motivos por los que no debí hacer tantas cosas, a pesar de todo eso, no me arrepiento ni un segundo, por que la verdad es que me enamore, sí me enamore de mi mentor siete años mayor que yo, de un guardián, de un dhampir, simplemente me enamoré de Dimitri y lo que es mejor él se enamoro de mi... pero ahora somos separados por razones que nos ponen en desventajas. Porque a pesar de todo tenemos un deber mayor en el mundo que cumplir.
Porque ellos son primero y siempre lo serán...
Los portones de la academia se cerraron detrás del coche, Lissa quería hacer tantas preguntas, pero yo no iba a responder ninguna de ellas. Hay secretos que deben seguir guardados en el abismo del corazón...
Sin poder esperar más tiempo abrí la simple bolsita café, dentro contenía un cofrecito de madera tallado con mi nombre en ruso: "Roza". Levanté la tapa y contenía una nota pegada al tallo de dos flores pequeñas de color azul con el nombre de "myositis palustris" y en el fondo un dije de un collar y la palabra "Mi" escrita sobre el… No sabía que significaban ambas cosas, pero si venía de parte de Dimitri lo guardaría por siempre…
Dos años después
Los largos ventanales que se extendían a lo ancho de mi habitación, estaban cubiertas por gruesas telas oscuras con el único propósito de evitar que la luz del día ilumine nuestros aposentos, pero yo apropósito dejaba varias cortinas acomodadas de cierta forma especial para que esos destellos se infiltraran sutilmente bañando de diferentes tonos la habitación.
Antes de seguir con el revoltijo de pensamientos que ya no me dejan dormir, quité despacio las sabanas que arropaban mi cuerpo.
Hoy es mi día libre y el penúltimo en este lugar, pronto viajaremos a la corte lugar que será estadía permanente. En un día normal me hubiera levantado tarde, pero hoy es la excepción, así que me apresuré a darme un breve baño con la esperanza de que aquello que me habían prometido estuviera allí.
La ropa deportiva quedaría en segundo plano, hoy me pondría algo distinto. Del armario saqué el único vestido largo, negro y de manta que poseía, cero glamuroso y muy sencillo, con tirantes gruesos, su único adorno son unas pequeñas piedrecitas turquesa que están colocadas en el contorno de la línea en forma de uve que realzan mis pechos, a la altura de la cintura un elástico acentúa mi silueta y después la tela cae libremente por mis piernas hasta llegar a mis pies con una única abertura al lado derecho que se extiende más arriba del muslo.
Deslicé la suave y delicada tela sobre mis hombros, resbaló por mi cuerpo y descendió hasta mis pies. Dediqué tiempo en mi peinado dejando el pelo suelto en largas ondas y en un maquillaje muy natural. Al final registré mi reflejo en el espejo.
En dos años había cambiado bastante físicamente, me veía más madura y ya no aquella niña, pero por dentro habían cosas que seguían exactamente igual.
Los morois y dhampir a mi alrededor solo ven a la disciplinada y fuerte Rose, ven las marcas que adornan la piel de mi nuca haciéndome letal, ven a la Rose dedicada a su moroi… lo que ellos no saben son todas esas noches en vela deseando, clamando por calmar el ardor de mi cuerpo que lo pide a gritos y mi corazón que todavía late por él.
Aquel hechizo había marcado un antes y un después, el desgraciado de Victor tenía razón ya todo estaba ahí desde antes...
Suspire profundamente decidida a ponerle fin a los pensamientos, hoy era distinto según las palabras de aquella llamada hace dos meses atrás.
-Diga… Aló… ¿Alguien está en la línea?.
-¿Rosemarie Hathaway?. –preguntó la persona al otro lado.
Puse los ojos en blanco. -Guardiana Hathaway para usted y para mis amigos Rose, ¿quién habla?.
Escuché un largo suspiró y algunas cuantas palabras salieron en ruso de su boca, ese acento hizo que el corazón latiera a prisa y me interesara en la llamada. –Disculpe no comprendo lo que dice. ¿Quién es usted? ¿Qué quiere?...
Después de un largo silencio, volvió hablar.
-Presta atención, el penúltimo día antes de que hagas el viaje a la corte, sal en busca del ocaso del sol, aquello que anhela tu vida lo tendrás.
Me reí. –De seguro está equivocada señora. –iba a colgar, pero sus siguientes palabras me detuvieron.
-Acaso ya olvidaste aquel cofre y su contenido…
Me paralice sin poder decir nada, ¿Cómo sabía lo que había dentro? A menos que ella fuera… -¿Quién es usted?... Si esto es una broma…
-Yo sé lo que vi. Lo demás está en ti, solo sigue tu instinto.
El corazón latía aún con más fuerza.
-¿Quién es ust… -colgó sin dejar rastro, ni un numero… solo con una simple esperanza que debía creer de una vieja loca…
Hoy era ese día, me apresuré agarrar la estaca ajustándola a una cómoda banda de tela colocada en lo alto de mi pierna, extendí la mano izquierda para obtener la bolsita que mantenía siempre cerca de mi almohada y salí de mi habitación.
La fresca brisa golpeó mi rostro y mi nariz se impregnó del olor fresco del mar y su salinidad.
Tal y como lo imaginaba el cielo estaba en su máximo apogeo de colores, y hoy parecía como si estuviera dispuesto a dar un espectáculo multicolor, el horizonte se bañaba con tonos naranjas y fuertes rojizos, más arriba parecía estar degradándose de tonos violetas y a un costado la gran bola de fuego amarilla iba bajando cada vez más buscando ocultarse y dándole paso a su amante eterno: la oscuridad de la noche.
Me encaminé buscando aquello que se me había prometido.
Casi a punto del sol ocultarse, lo divisé al final del viejo muelle una oscura silueta de espaldas a mi.
-Imposible.- murmure. -Ella tenía razón-.
Marché sin detenerme tenía que confirmar de cerca que se trataba de él, me detuve unos pasos antes del hombre, mi cuerpo lo sentía flojo y los nervios me dejaron sin habla.
Él giró despacio en un refinado movimiento. Mientras yo soltaba el aire contenida… era él. Después de todo este tiempo Dimitri estaba aquí, más hermoso, guapo, fuerte y con una determinación en su mirada que no había visto antes.
Ambos en silencio, bebiendo de nuestras facciones.
-Roza. –sus ojos recorrían cada parte de mi cuerpo y su simple voz hacía estragos en mi interior.
-No… puedo creer que al fin estés aquí… camarada. – su facción cambió al escuchar el viejo apodo. –Pensé que nunca me ibas a encontrar o que tal vez ya te habías olvidado.
Dimitri sacudió la cabeza. –Estoy aquí por varios propósitos.
La confusión se apoderó de mi. -¿Qué?
-Soy el nuevo guardián de Lord Ozera. – mis cejas se elevaron y una sonrisa torpe se extendió en mi rostro.
-Entonces, ¿estás aquí solo por eso?
Él negó con la cabeza. –No, principalmente es por ti. Nunca te he olvidado… nunca. Pasaba días enteros en los que pensaba solo en ti y el peso que te había perdido me golpeaba, una parte de mi quería volver a verte, abrazarte, tocarte, besarte y todos esos pensamientos los sentía vacíos al que ver que nos prohibían todo.
El sol se había ocultado por completo y las farolas del muelle eran los únicos testigos de nosotros dos.
-Yo me sentía exactamente igual. –dije.
-La verdad es que no puedo seguir viviendo con una mentira corriendo por mi vida. – Y así sin más, me tomó en sus brazos y unió su boca a la mía.
Todas esas pequeñas chispas que siempre brotaron entre los dos cuando nuestras pieles hacían contacto, ahora se convertían en torrentes intensos de corrientes eléctricas que atravesaban cada parte de mi cuerpo, desde mi pelo hasta la punta de los dedos del pie.
Sentía como si en cualquier momento comenzaría a arder, los usuarios de fuego no tenían comparación con la caldera que se estaba formando en mi interior, porque cada fibra, cada molécula, cada centímetro de mi deseaba esto a gritos.
Sus manos recorrieron a lo largo de mi brazo, hasta posarse en la palma de la mano donde tenía el cofre.
-¿Todavía lo conservas?. –susurro contra mi boca.
-Por supuesto, cada una de las cosas. –respondí.
Dimitri metió la mano dentro del largo abrigo y sacó el mismo dije que yo poseía con la descripción: " otra mitad", unido al mío formaba la frase. "Mi otra mitad"
-Siempre guarde una y te di a ti la otra. Con la esperanza de algún día poder unirlas.
Sonreí. –Y que significaban las flores con, era algo como Miositis…
Soltó una carcajada. –¿No averiguaste nunca que significa?
Me encogí de hombros. –Bueno no sabía que me habías dejado un trabajo de investigación.
-¡Oh Roza! ¿Entonces no sabes cuál es el nombre de esa flor?. –negué con la cabeza. Y él prosiguió. –Su nombre científico fue el que te di en la tarjeta. Pero el verdadero nombre es " No me olvides"
Sonreí repitiendo mentalmente: No me olvides.
-Jamás lo hice.
-Lo sé. -y con eso volvió a besarme.
Un mes después
-Deberías levantarte. -él quitó suavemente las manta, dejando al descubierto una parte de mi cuerpo desnudo y delicadamente se tiró encima, venía de ducharse, olía exquisito y pequeñas gotitas bajaban por su piel. "Exquisito" volví a pensar. -Vamos Roza, tengo planeado varias cosas para hoy.
Suspiré sonriendo -Camarada Belikov. - me queje. - Sabes tengo dos mil seiscientos huesos, seiscientos cincuenta músculos y billones de células y la verdad levantar todo esto. -señale pasando un mano por mi cuerpo. -de la cama es tarea bien difícil.
Él rió, un sonido delicioso a mis oídos. -No tienes una idea de lo que extrañe cada una de tus ocurrencias.
Lo miré fijamente a los ojos, poniéndome seria. -Yo extrañe todo… absolutamente todo de ti. - Eché de menos, verlo con su guardapolvo, su frases zen, sus libros y hasta su música ochentera, pero principalmente extrañe quién soy cuando estoy junto a él.
Él sonrió y no cualquier sonrisa, si no esa que yo tanto amaba con todo mi ser y por la que vivía por volver a ver.
-Dimitri, ¿qué vamos hacer? Quiero decir tu y yo, nosotros. -pregunte en un tono bajo.
-Continuar haciendo lo mejor que sabemos hacer y cumplir con nuestro deber. -mientras hablaba sus manos dibujaban patrones suaves y depositaba pequeños besos en mi piel. - Tu con Lissa y yo ahora con Lord Ozera. -asentí. -Solo que esta vez no puedo dejarte marchar. Te quiero en mi vida.
Mis ojos se iluminaron y mi corazón palpitaba desenfrenado. - ¿Vamos a desafiar las reglas? Tu camarada vas a estar conmigo a pesar de lo que digan los demás?.
Él fijo su vista en mis ojos. -Roza, no sientes cómo se agitan los latidos de mi corazón cuando estoy contigo?. -llevó mi mano hasta su perfecto pecho. -Desearía que fuese para siempre. Te necesito a mi lado como mi igual, como compañera, así que perdona mi nueva debilidad.
Sonreí y con eso lo besé como si no hubiera un mañana, lo besé por todas esas veces que lo extrañé, que soñé estar juntos, lo besé porque no había podido olvidar lo que se sentía compartir eso con él, porque desde aquel maldito collar, que ahora yacía perdido en algún lugar, había quedado atada a él y no por el hechizo si no por el amor que sentíamos.
Cada beso se convertía más dulce, más íntimo y más intenso, y comprendí que la larga espera tiene su recompensa, y aunque sabía cual era mi posición y mi trabajo, ahora mi mundo tenía algo de perfección. Cerré los ojos, dejándome llevar por el rió de sensaciones y así me volví a unir a él siendo uno solo, tanto en cuerpo como en alma...
Por: Jcastillo
¡Hola! primeramente yo más que feliz de poder publicar junto a increíbles y talentosas escritoras. De corazón y aunque creo que ya se los he dicho personalmente, pero también aprovecho por aquí, gracias a todas por querer participar de esta colección y gracias a los que leen.
Con respecto al capítulo es algo totalmente diferente a lo que suelo escribir, así que espero que les haya gustado este one-shot. Estoy deseando poder leer el resto de historias.
Saludos enormes
