Capítulo 3: Territorio de convivencia.

- Nng… no, ahí no… –Decía el héroe, dándose la vuelta hacia el militar, colocando el brazo sobre él.

Eran las nueve de la mañana del día siguiente, cuando pequeños rayos de luz entraban por la ventana iluminando la habitación. Y allí, sobre la cama, se encontraban nuestros protagonistas, un héroe perezoso aún dormido, hablando en sueños mientras da vueltas en la cama y el militar, acurrucado en una esquina, empezando a despertarse gracias al golpe que el peli azul dio sobre su hombro. Se escuchaba el leve cantar de los pajaritos, junto a las voces de algunos de los vecinos que se saludaban al verse por la calle. Era una mañana como otra cualquiera, sino fuera porque el peli verde se encontraba de invitado en casa de su amigo, con quien estaba compartiendo cama. Abre los ojos poco a poco, dirigiendo su mirada hacia la ventana, que reflejaba un soleado día; Aparta con cuidado el heroico brazo que se hallaba sobre su hombro, incorporándose y quedando sentado sobre la cama, extendiendo los brazos al aire para estirarse. Dirige la mirada hacia su amigo, mirando como dormía plácidamente sobre aquella cama.

- No… n-no podemos… mngh~

- ¿Con que estará soñando? –se pregunta el militar, algo confundido.

- Ah! Aquí no… n-nos verán… no deberíamos –da otra vuelta, dándole la espalda al militar.

- ¿P-pero qué clase de sueño…? –Comenzaba a sonrojarse un poco, empezando a entender con que estaría soñando.

- N-no… por favor… mngh… no podemos robar un banco –Dijo frunciendo el ceño– e-eso es muy… poco heroico…

El militar se quedó sin palabras, luciendo un rostro de total desconcierto, llevándose la mano a la cara después por haber pensado mal sobre el sueño que estaría teniendo. Jamás se hubiera imaginado que esas palabras entrecortadas y esos sonidos eran solo por no querer atracar un banco.

Se levanta de la cama intentando no despertarlo, aunque bien parecía que por mucho que lo intentara eso sería imposible. Se dirige hacia el cuarto de baño, postrándose frente al lavabo y abriendo el grifo. Coloca las manos bajo éste y se empapa bien la cara con el agua fría, mirándose al espejo después y dando un fuerte suspiro, viendo como se deslizaban algunas gotas desde su mejilla hasta la barbilla, cayendo al fondo del lavabo; necesitaba despejarse de alguna forma y el agua fría por las mañanas siempre era una buena opción. Vuelve al salón, mirando por la puerta entreabierta a la habitación del héroe, viendo como seguía ahí durmiendo, ajeno a cualquier cosa que pasara a su alrededor. Acto seguido va a la cocina, esperando encontrar algo comestible en el frigorífico o algo que pudiera usar para el desayuno, pero por desgracia, el héroe no solo no cocinaba por sí mismo, sino que además, solo compraba comida ya preparada, encontrándose el interior de la nevera completamente vacío, a excepción de un par de cervezas y una botella de agua.

- Aah~ que desastre de héroe. ¿Cómo es posible que no tenga más que unas bebidas, los bocadillos y un par de aperitivos sin abrir? –Se pregunta en alto a sí mismo, incrédulo por la falta de comida en la casa– quizás… podría salir y comprar un par de cosas para el desayuno –se pregunta, planeando una escapada rápida al súper de al lado.

El peli azul aún seguía durmiendo, y no parecía que fuese a despertarse en breves. El militar lo meditó un poco y se decidió a salir en busca de un desayuno nutritivo y saludable, al fin y al cabo, eso también podría ser una forma de agradecerle por su hospitalidad. Se cambió de ropa, poniéndose la suya propia, que ya se había lavado y secado del día anterior, y agarró su chaqueta, asegurándose de llevar su cartera y las llaves de Splendid. Salió de la casa para volver al de poco tiempo con las compras hechas.

Pasaron apenas quince minutos cuando Flippy volvió al hogar, tenía suerte de que el súper lo tuviera prácticamente al lado de casa. Fue directamente a la cocina, cogió una sartén y empezó a elaborar un delicioso desayuno con los ingredientes que había comprado. Intentando hacer el menor ruido posible, la preparación de la comida daba poco a poco un olor dulce y apetitoso al ambiente, que se extendía por toda la casa, llegando también al dormitorio donde seguía descansando el héroe del antifaz.

- Mngh~ –se movía de un lado a otro, empezando a despertarse muy poco a poco– nnag… ¿qué es ese olor? –huele un poco el aire, embriagándose con ese dulce aroma– huele tan bien…

El peli azul por fin despierto, se pone las zapatillas de andar por casa y aún con el pijama, camina lento y torpe guiándose por la procedencia de ese delicioso olor, que lo dirige hacia la mesa del comedor, en el otro lado del salón. Allí, sobre aquella mesa, en cada uno de los dos lados se encontraba un vaso con zumo de naranja, una taza de café con leche y un gran plato de tortitas con caramelo. Justo en ese momento, sale Flippy de la cocina, sorprendiéndose al ver al héroe despierto.

- Splendid… ¿ya te has despertado?

- ¿Mm…? –Dice aún somnoliento, rascándose un ojo con la mano– si… es que olía muy bien.

- Espero que te gusten las tortitas –le sonríe– es que ya que me he levantado pronto, había pensado que podría hacer el desayuno.

- Waa~ ¡muchas gracias! –comenta un poco mas despierto, dejando la mirada fija sobre el desayuno.

- Bien, pues comamos entonces.

- Siii~ –coge asiento y sin esperar nada empieza a partir las tortitas con ayuda del cuchillo, llevándose un trozo a la boca– ¡mm! ezta mi licas… –dice con la boca llena.

- M-me alegro –lo mira un poco asombrado por su reacción, no esperaba que fuera lo primero que probara, ni que le dijera que le gustaban. Pero era precisamente ese entusiasmo suyo una de las cosas que más le gustaban de él.

Empezaron a comer, el militar comenzó primero por el zumo de naranja, mientras el héroe comía primero las tortitas, interrumpiendo para beber un poco de zumo o café, mezclando todos los elementos del desayuno al mismo tiempo. Por otra parte, no había mucho que decir, ambos comían, saboreando cada bocado y cada sorbo, cruzando miradas en alguna ocasión. Pero no resultó ser un silencio incómodo, más bien era un silencio tranquilo y relajante para los dos, ninguno se sentía en la necesidad de sacar una conversación, solo esperarían a que surja en el momento oportuno.

- ¡Waa~! ¡Estoy lleno! Hacía tiempo que no tenía un desayuno tan bueno como este –Dice estirando los brazos hacia arriba.

- ¿Y qué es lo que sueles desayunar normalmente? –Pregunta curioso, aún con la taza de café en la mano.

- ¡Café de la cafetería de Petunia!

- Porque no me extraña… –Sorbe un poco de café.

Mira la hora en el reloj de pared que había en el salón y se levanta de la silla lentamente. Eran ya pasadas las diez de la mañana y el héroe todavía tenía que prepararse para ir a trabajar. Se dirige a la habitación a un ritmo lento, empezando a silbar en alto una cancioncilla pegadiza de algún videojuego y dejando la puerta abierta mientras se cambiaba de ropa, poniéndose una camiseta roja y su sudadera favorita de color azul celeste con los pantalones a juego. Se sienta sobre la cama para atarse bien las zapatillas y por último va a su armario, sacando de él una gran capa roja.

- ¡Ya estoy preparado! –Dice feliz, dirigiéndose de nuevo a la mesa, donde estaba el militar.

- ¿Ya te vas?

- Si. De hecho, debería haberme ido hace ya rato.

- ¿Pero se puede saber qué tipo de héroe eres tú que llega tarde a trabajar? –pregunta algo molesto por su actitud y poca responsabilidad.

- ¡No pasa nada, los héroes siempre hacen su aparición en el último momento! –Guiña un ojo.

- Si, si, lo que tu digas. Pero vete ya o no llegas –intenta meterle prisa, no soportaba la impuntualidad, sobre todo si se trataba de algo tan importante como su puesto de trabajo.

- ¿Tú no trabajas hoy?

- No, tengo la semana libre.

- Umm… entiendo. –Se queda frente a él unos segundos, mirándolo fijamente sin decir nada, como si estuviera pensando o esperando algo.

- ¿… necesitas algo más? –Comenta algo inquieto por la situación.

- ¿Sabes? Así parecemos una pareja de recién casados, ¿no crees? –Ríe leve por su propia conclusión.

- ¿¡P-p-pero que estás diciendo!? –Pregunta algo alterado por ese comentario, empezando a sonrojarse un poco.

- ¡Jajá, me voy al trabajo! –ríe feliz, acercándose rápidamente al militar y dándole un beso en la mejilla– ¡Hasta luego cariño~! –Corre rápido hacia la puerta mientras ríe, marchándose sin siquiera dejar reaccionar al peli verde.

Y ahí se quedó él, sentado en la silla frente a la mesa, asimilando lo que acababa de pasar. Lleva la mano lentamente hacia su mejilla, apoyándola, y baja la mirada aturdido, notando como se iba sonrojando cada vez más.

- S-será idiota… -Dice a lo bajo, sintiéndose alegre por ese acto, pero triste al mismo tiempo, al fin y al cabo, no era más que una broma por parte de su amigo.

Se levanta y respira hondo, no podía quedarse toda la mañana sentado sin hacer nada, así que sin pensárselo dos veces, se dispone a recoger la mesa y lavar los cubiertos y platos a mano, ya que el héroe no tenía un lavavajillas que pudiera utilizar. Más tarde, comenzó a hacer sus estiramientos y el ejercicio matutino al que estaba acostumbrado, que no fuera a su trabajo como monitor en la escuela militar durante esa semana, no implicaba que pudiera dejar de lado el entrenamiento que tanto le gustaba realizar.

Tras haber hecho su entrenamiento diario y verificar que la casa estaba limpia y ordenada dentro de lo posible, el militar mira el reloj, dándose cuenta de que aún no era ni mediodía, empezando a inquietarse un poco. Sin nada que hacer en la casa, Flippy se queda sentado en el sofá, pensando que podría hacer para no aburrirse, hasta que por fin cayó en la cuenta; hacia sol esa mañana, soplaba una refrescante y leve brisa por todo el pueblo y los habitantes caminaban tranquilamente por las calles, así que ¿Por qué no ir a dar un paseo en un día tan maravilloso? Teniendo estos pensamientos en mente, el militar se levantó del sofá y se apresuró a salir de la casa.

- ¡Buenos días Flippy!

- Buenos días

- Hola~

- Hola Giggles

Dando un paseo por los alrededores, el peli verde se encontró con algunos de sus vecinos, ya que era un pueblo pequeño y todos se conocían. Fue caminando tranquilamente por la calles, visitando el taller de Handy, pasando cerca del puerto donde estaba Russell y parándose a hablar con Lumpy por el camino. Después de comerse un helado que había comprado en la cafetería de Petunia, se dirigió a un parque que había cerca de la zona, para descansar bajo el deslumbrante sol o simplemente para hacer algo de tiempo. Pero al llegar al parque, se sorprendió al saber que no estaría solo, y aún más, cuando se dio cuenta de que en el parque estaban Flaky, su mejor amiga desde que eran niños y Splendid. ¿Qué hace Splendid aquí, no debería estar trabajando? Se preguntaba a sí mismo. Caminó hacia el parque, levantando la mano para llamar su atención estando aún un poco lejos y dispuesto a elevar la voz para llamarles, cuando de repente ve como se coloca Splendid justo en frente de flaky, acercando su cara a la de ella, muy cerca y separándose después, viendo el delatador rubor de la chica y como ambos reían después. El militar paró en seco, bajando la mano petrificado al ver tal escena, ¿desde cuándo? ¿Y cómo es que él no sabía nada? ¿En qué momento ocurrió? El peli verde sin saber qué cara poner o qué hacer al ver que el héroe se daba la vuelta, no se le ocurre nada mejor que esconderse detrás de un árbol que estaba cerca, preguntándose todo el rato lo mismo, después de haber visto aquel beso entre su mejor amiga y el chico de quien estaba enamorado.