Capítulo 1

Esa mañana cuando Madara abrió los ojos, supo que iba a ser un muy mal día, y eso no tenía nada que ver con que compartía su casa con otros cuatro hombres con una salud mental dudosa, sus primos eran peor que un maldito dolor de huevos. Se removió en la cama, en cualquier momento, tendría que levantar su perezoso trasero y bajar a reunirse con su "amada" familia.

—Madara. —llamó Obito a la puerta. —¡Ya está el desayuno!

—Ajá.

—Baja antes de que Shisui se coma todo.

Escuchó mientras Obito se alejaba con paso tranquilo, luego escuchó a Sasuke correr por el pasillo, ¿cómo sabía que era Sasuke? Fácil, solo él era lo suficientemente inteligente como para bajar antes de que Shisui, alias La Piraña Uchiha, se atragantara lo que fuera que Obito hubiera cocinado. Y es que su primo, era malditamente bueno en la cocina, tenía un don natural en eso, aunque lo mantenía en secreto, ya que se avergonzaba de algo tan "marica" como amar la cocina.

Bueno, había llegado la hora de levantarse. Hizo el edredón a un lado para salir de la cama, sus pies descalzos tocaron el frío suelo de cerámica. Se levantó y buscó entre el montón de ropa tirada en el piso, la TV, la cómoda, la mesita de noche el rastro de sus bóxers. Como no lo vio, simplemente se puso una pantaloneta negra, por obvias razones, sin ropa interior debajo.

Cuando entró en la cocina, ya todos estaba atacando los panqueques hechos por Obito, su mirada se posó en la pelinegra que estaba al lado de Itachi. Ella lo devoró descaradamente con la mirada. La conocía, trabajaba en la empresa familiar, arqueó una ceja en dirección a su primo, él puso los ojos en blanco y se encogió de hombros. Madara le restó importancia, después de todo, no era su problema donde metía el pene su primo.

Itachi y Sasuke eran los herederos de la empresa, los demás, solo ostentaba un apellido reconocido y eran parásitos de sus primos, pero los jodidos bastardos tenía plata suficiente para vivir diez vidas rodeados de lujos sin necesidad de trabajar un solo día. Claro que todo el maldito trabajo duro lo había tenido su abuelo, quien había heredado todo a Fugaku, su hijo mayor y este, a sus dos hijos por partes iguales, siendo mucho más justo que su padre.

Tomó su lugar en un taburete, se sirvió una taza de café con dos cucharadas de azúcar y leche. Observó a sus primos, todos y cada uno de ellos eran atractivos, y sus edades rondaban los veinti-tantos, su casa era el jodido paraíso para muchas mujeres que deseaban deleitarse con la vista que ellos les proporcionaban.

—¿Qué se supone que haremos hoy? —preguntó Sasuke malhumorado, a Shisui se le había ocurrido un viaje familiar del que no podían zafarse.

—Ir a la playa —dijo Itachi mirando a la pelinegra que se sonrojo.

—Con un poco de suerte puedes encontrar tu alma gemela allí y esta no tendrá un esposo que te rompa la cara —le dijo Obito a Sasuke, dándole justamente en la llaga.

Los demás empezaron a reír a carcajadas. Sasuke podría tener todo el encanto y belleza que quisiera, pero el imbécil peleaba como un marica.

—Púdrete —respondió molesto.

—Deja de meterte debajo de las faldas de mujeres casadas —estaba vez quién habló fue Shisui, que se comió un panqueque en dos mordiscos. Todos los demás vivían con el terror de que un día se atragantara y ninguno podría hacer nada para salvarle la vida, fue por eso que Itachi, tomó un curso de primero auxilios.

—Concuerdo con él —dijo Madara. —O al menos aprende a pelear y deja de poner en mal nuestro apellido.

Itachi ni siquiera estaba poniendo atención, tenía la mirada ocupada en la hermosa morena que tenía al lado. —¿Quieres ir arriba? —las notas sexuales implícitas en su tono no pasaron desapercibidas por los demás.

—¿Puedo unirme? —preguntó Shisui, Obito se atragantó con su café, Sasuke empezó a reírse por el descaro de HDP y Madara, que ya estaba más que acostumbrado a los adictos al sexo que lo rodeaban, tomó otro panqueque, le puso miel de abeja y siguió comiendo tranquilamente.

La pelinegra se puso colorada, pero no dijo nada.

—¿Qué dices, linda? —le preguntó Itachi. —¿Te gustaría con los dos?

Ella asintió, mirando al suelo, sin darse cuenta, que al resto, no le interesaba mucho lo que ella y ese par hicieran o no. El desayuno siguió tranquilamente, Itachi y Shisui subieron junto con la pelinegra. Obito puso algo de música, y Madara deseo que no lo hubiera hecho, y no es que tuviera algo encontrar de Lady Gaga, pero... ¿En serio? ¿Obito era un Little Monster? No es que siguiera estereotipos, pero, algunas veces sospechaba que su primo jugaba para el equipo contrario, o al menos era un doble agente y le iba a ambos.

—Si tenemos suerte ese par se queden ahí todo el puto día —dijo Sasuke poniéndose de pie. Su primo estaba usando un pantalón pijama negra, el elástico blanco de sus boxérs Calvin Klein sobre salía y su torso musculo y trabajado, dejaba ver el paquete de seis abdominales duros. Sip, Sasuke era todo lo que una mujer deseaba en un hombre.

Madara se pasó la mano por el pelo, iba a tomar una ducha y con suerte, podrían salvarse de un día en la playa con Los Locos Adams...

—¿Qué diablos te pasa hoy? —preguntó Obito mientras lavaba una taza de café.

Madara observó los piercings que recorrían su oreja, eran solo algunos de los que eran visible, y no quería siquiera imaginar dónde más tendría uno.

—Nada. —respondió esquivo, simplemente no sabía por qué se había levantado tan pensativo.

Obito lo miró arqueando la ceja que tenía la argolla, luego chasqueó la lengua dejando ver el piercing que tanto volvía locas a sus chicas.

—¿QUÉ?

—Madara, todos sabemos lo que pasó con Ella. —así se referían a su exnovia, ya que cuando Shisui la había llamado "la innombrable", Madara le había dado un puñetazo en el estómago.

—Ustedes son un maldito motón de viejas de patio, sabes.

—Somos una familia, nos contamos todo.

Itachi apareció y se dirigió al refrigerador y la alacena, buscando quién sabía que putas. Él era el más normal de todos, no tenía piercings, tatuajes o una reputación de mujeriego conocida nacional e internacionalmente. Nop, Itachi era más reservado, esa fue la razón por la que lo sorprendió ver esa mujer en la casa, pero tal vez ella fuera su amante desde hacía tiempo. Itachi desapareció por donde había entrado. Obito terminó lo que estaba haciendo y también se fue. Él siguió ahí, pensando en ella.

—¿Qué haces? —Jamás imaginó que agradecería oír la voz de rubio estúpido.

—Estoy tomando café —alzó la taza vacía.

—¿Y Sasuke? —Naruto abrió el refrigerador buscando algo que comer, sacó queso, jamón, mayonesa, ketchup y luego buscó el pan.

—Debe estarse masturbando en la ducha —respondió mirando como hacía un emparedado de unos tres pisos.

—Pensé que íbamos a ir a la playa...

—¿Íbamos?

—Sasuke me lo comentó así que me auto-invité.

—Itachi y Shisui están ocupados arriba, así que tal vez el viaje se cancele.

—Umm... Creo que debí decirle que Sakura iría también... —habló para sí mismo, pero como Madara no era sordo, se sintió interesado por la tal Sakura, mientras que Naruto pensaba en que debía mantenerse alejado de la chica, pues cuando fuera y no los encontrara en la playa, lo mataría por haberle mentido.

—¿Sakura?

—La chica de Sasuke —respondió Naruto con la boca llena, aunque sabía que Sasuke le huía, ya que no era más que una acosadora que se había obsesionado con él y no dejaba de perseguirlo a donde fuera.

—Con que Sasuke tiene una chica —sonrió.

—¿No sabías?

—Nop.

—No lo supiste por mí. —se regocijó por dentro con su pequeña mentirita.

—Claramente no.

—¿Naruto? ¿Qué mierda estás haciendo aquí?

—Sasuke, podrías ser más amable al recibirme, sabes. —dijo Naruto haciéndose el dolido.

—Repito mi pregunta ¿qué mierdas estás haciendo en mi casa?

—Cambiaste la pregunta. —señaló Naruto.

—Respóndeme.

—¿Cuál de las dos?

—Las dos tienen la misma respuesta. —gruñó enojado.

—Sakura me dijo que te vería en la playa. —se encogió de hombros y siguió atacando su emparedado, fingiendo no verlo estremecerse, sip, tener una mujer dispuesta a hacer todo por ti, no era tan bueno como muchos pensarían.

Madara decidió darse una ducha y alejarse del mal matrimonio, porque eso era lo que parecían ese par. Un maldito mal matrimonio. Él debía seguir adelante, y superar lo que pasó con ella. Solo fueron cuatro años a su lado... Solo cuatro maldito años viviendo y respirando por ella, pero todo lo que empieza tarde o temprano tiene un final, y su amor había llegado a esfumarse, al menos por parte de ella, porque él seguía amándola.

Cuando llegó a la puerta de su cuarto, escuchó el grito de placer de la pelinegra. Síp, se estaban divirtiendo mientras él llevaba un mes y medio de celibato. Se desnudó y entró a la ducha. El agua caliente caía por su cuerpo, se lavó mecánicamente pensando en todo lo que había soñado y no se hizo realidad, se secó y cuando salió del baño, encontró a todos sus primos y a Naruto frente a él.

—¿Qué están haciendo ahí? —gruñó.

—Pensamos que te habías suicidado. —respondió Naruto.

—¿Qué?

—Llevabas ahí metido dos horas. —respondió Sasuke.

—Tratábamos de decidir quién entraría y vería muerto. —dijo Shisui. —Nos asustaste, idiota.

—Somos familia, Madara. Estamos para ayudarte. —dijo Obito.

—¿Ayudarme? ¿A qué?

—A superar tu separación —esta vez fue Sasuke quien habló.

—Pueden salir de mi cuarto.

—Prométenos que no vas a matarte.

—¡QUE SE LARGUEN!

Ellos intercambiaron miradas y salieron.