Capítulo 5: El desertor.
- ¿Por qué?... ¿¡Por qué soy… TAN ESTÚPIDO!?
El militar se fue corriendo, sin rumbo ni lugar, solo corriendo hasta no poder más, repitiendo aquella discusión una y otra vez en su mente, no podía creer que le hubiera dicho todo aquello a Splendid, a su mejor amigo. ¿Cómo iba a volver a su casa ahora? No podía seguir viviendo allí por más tiempo, no sabría como mirarle a la cara, pero lo más importante era… ¿Qué pensaría el después de esto? Seguramente no querría ni verlo, pensaría en lo asqueroso que es que un hombre, tu mejor amigo desde la infancia, diga que está enamorado de ti. No podía… ya no podía hacer nada…
Corriendo sin detenerse, acabó volviendo al parque aquel donde vio a Flaky y Splendid esa misma mañana. Sin darse cuenta había vuelto al mismo lugar que lo empezó todo. Paró allí, mirando al sombrío parque que a la noche se encontraba iluminado por una única farola en uno de los laterales. Con los ojos enrojecidos, empezó a notar como las lagrimas iban desbordándose poco a poco, incapaz de controlarlas. Se echó de rodillas al suelo, golpeándolo con el puño y cerrando los ojos con fuerza, empezando a llorar desconsoladamente.
¿Y qué podía hacer ahora? En apenas un par de minutos había roto una amistad de años. El dolor que sentía en su corazón se hacía cada vez más insufrible, notando como el miedo era más fuerte por momentos, empezando a apoderarse de todo su cuerpo, sintiéndolo entumecido y tembloroso. Se arrepentía tanto de todo lo que había ocurrido que, por primera vez, sentía ganas de pegarse a sí mismo por ser tan estúpido.
Continuó llorando, maldiciéndose a sí mismo por todo, sin saber qué hacer. El tema del beso con Flaky había pasado a un segundo plano, ¿acaso prefería que su amor se fuera con otra y el quedarse como "su mejor amigo" para toda la vida? No, no era eso en absoluto ¿Si no le hubiera dicho nada y las cosas se hubieran quedado como estaban? Todo estaba mal, desde un principio sabía que no podía acabar bien… Había tantos pensamientos recorriendo su mente en ese momento, aunque ya nada tuviera solución, aunque supiera que no valía la pena… seguía culpándose a sí mismo por todo. "Me conformo con estar a su lado", "me siento feliz estando con él", "esto es todo lo que necesito" todo era mentira, solo para sentirse mejor, pero en realidad no quería conformarse, no era feliz solo con eso, el quería mas, necesitaba más de él, lo quería solo para él y siempre lo supo… nunca debió enamorarse de esa persona.
Ahora ya nada tiene sentido, ojala fuera tan fácil olvidar…
El tiempo pasó en aquel parque y gradualmente las lágrimas se desvanecieron. Cansado de llorar, sentía que no podía derramar una sola gota más y se levantó del suelo, notando como aun le temblaban las piernas. Echando un último vistazo a aquel parque, empezó a caminar de nuevo, con la mirada perdida y la cabeza agachada, dirigiéndose a su propia casa. Al llegar alzó la cabeza y lo vio, las ruinas de lo que un día fue su propia casa. Los obreros aun trabajaban en su reconstrucción, aun no era la vivienda que solía ser, ni tampoco era nada habitable, pero era lo único que le quedaba. Se quedo mirándola por un largo rato, dándole vueltas a todo sin tener nada mejor que hacer en ese momento.
- ¡Oh! Mira… si es Flippy~
- Si~ Es Flippy… que suerte hemos tenido.
Escucha voces a su espalda, girándose para ver de quien se trataba. Hacia él se dirigían dos gemelos de pelo verde y antifaz, vistiendo de traje y uno de ellos con un sombrero, como si de un mafioso se tratase, colocándose cada uno a un lado del militar.
- Ah, Shifty y Lifty…
- Umm… pareces cansado, mi verde amigo.
- Si, ¿acaso has estado llorando~?
- Tsk… ¿Qué queréis?
- Que borde~ encima de que nos preocupamos por ti…
- No tengo ganas de hablar con vosotros.
- ¿En serio? Y nosotros que veníamos a ayudar.
- Nadie me puede ayudar.
- Claro que si~ nosotros podemos~
- Hemos oído que estás viviendo con Splendid ¿Habéis discutido?
- Supongo…
- En ese caso tenemos lo que buscas~
- Ten~
El mayor de los gemelos se acerca a él, mirándolo con aquella falsa sonrisa. Coge su mano y coloca una bellota verde sobre ella.
- Esta bellota mágica solucionará todos tus problemas~
- ¿Una bellota? ¿¡Acaso me estas tomando el pelo!? –Cierra el puño apretando la bellota y mirándolo molesto.
- Claro que no~ Esa no es una bellota cualquiera…
- ¿Qué…? –Abre el puño y mira aquella bellota, la cual brillaba de un color verde poco natural.
- Es mágica~
- Y te concederá lo que quieras.
- Solo tienes que llevarla a casa y ponerla cerca del héroe –le susurra al oído, colocando la mano sobre su hombro.
- ¡Entonces tooodo se arreglara!
- Te lo garantizo.
- ¿Dónde está el truco?
- ¿Truco? No Hay ningún truco~
- Nos dedicamos a robar… no a mentir.
Entonces, los gemelos se marcharon entre risas y susurros, desvaneciéndose en la oscuridad de la noche, tal y como habían venido. Estaba claro que aquella rara bellota tenía algo de especial, la pregunta era, ¿El qué? Nada ayudaría a su situación actual, y no había razones para que los gemelos se preocupasen por él, pero si Lifty y Shifty se la habían dado, sería por algo. La coge con dos dedos y la eleva para observarla mejor, era dura como una piedra y no tenía una forma muy redondeada, además de ese extraño color verde que brillaba con tonos más claros a la luz de la luna.
- Aah~ como sea… –Suspira en la noche, guardando la bellota en el bolsillo de su chaqueta, no sabía que efectos tendría ese objeto, pero no tenía nada que perder con ello.
Continuó mirando su casa con nostalgia, hasta que oyó un fuerte ruido provenir de esta. Seguramente alguna de las piezas de construcción se habría caído, aunque por suerte no había nadie en ese momento. Flippy bajó la cabeza y se fue de allí, ya no tenía nada que hacer en ese sitio, era hora de volver a su hogar.
