Capítulo 2
Reunidos en la cocina, los cuatro Uchiha y Naruto discutían sobre Madara, sabían que el tipo había estado perdidamente enamorado de Ella, La Innombrable... Ella era una chica de buena familia, estudiante universitaria, de 21 años, al igual que Naruto y Sasuke, pero eso era todo, Madara se había negado a darles más información de la necesaria. Nadie lo culpaba, después de todo, su casa estaba habitada por hombres jodidamente guapos, palabras de Shisui.
—Creo que están exagerando —dijo Naruto mientras ponía a hacer palomitas en el microondas. él hubiera querido suicidarse, haría algo más rápido y sangriento, como volarse la puta cabeza.
—¿Cómo sabes eso? Ni siquiera lo conoces —dijo Obito.
—Fácil. Madara parece de los que prefieren dejar un charco de sangre.
—¡Maldita sea! No quiero limpiar los sesos de Madara —agregó Itachi.
—Tal vez él no quiera suicidarse —dijo Shisui que jugueteaba con una pequeña cuerdita, enrollándola y desenrollándola en su dedo. —Solo está triste...
—Claro, y todas las personas tristes terminan suicidándose —concluyó Naruto.
—¿Qué diablos hace este aquí? —preguntó Shisui señalándolo. Luego miró a Sasuke —¿Puedes decirle a tu novio que cierre el puto hocico?
—¿Mi qué?
—TU NOVIO —lo retó con la mirada.
Sasuke soltó un gruñido y estuvo a punto de mandar a su primo a que le dieran por el culo, hasta que el maldito bastardo enfermo de Naruto abrió su bocota. —Sasuke, cariño. No sigas negando lo nuestro, todos lo saben —pestañeó coquetamente.
—CIERRA LA PUTA BOCA Y NUNCA EN TODA TU PUTA VIDA VUELVAS A DECIR ESO, NI SIQUIERA EN BROMA —los demás no pudieron hacer más que reír.
—No tienes sentido del humor —dijo Naruto metiéndose un puñado de palomitas en la boca.
Obito jugueteaba con la argolla que tenía en el labio. —Tenemos que encontrarle una nueva distracción.
—¿Una chica? —preguntó Shisui con un brillo en sus ojitos.
—Y yo que pensaba en algo así como tejer —dijo Itachi sarcásticamente.
—¿Qué más podría ser, idiota? —le dio un golpe en la cabeza.
—Un clavo no saca a otro clavo, imbéciles —habló Naruto. —Además, si la quería tanto como dicen, no creo que llegue a tocar a otra.
—¿Tejer, entonces? —preguntó Sasuke, imaginándose lo gracioso que se vería su primo tejiéndoles suéteres.
—¿Qué tal si dejan de meterse en mi vida?—Madara estrechó la mirada y sus brazos estaban cruzados sobre su pecho.
Usaba unas converse azules, un jean y una camisa blanca. Era tan alto como sus primos, aunque no tan ancho y musculoso, pero aun así, tan malditamente atractivo como ellos. Madara con sus 24 años recién cumplidos, levantaba pasión por dónde fuera, tenía un encanto natural que volvía loca a cualquier mujer sin importar edad.
—Deja el puto narcisismo —dijo Naruto —No eres tan importante como para que perdamos nuestro tiempo hablando de tu patética vida.
—Me encanta ¿podemos dejárnoslo? —preguntó Shisui refiriéndose a Naruto.
—Te encargas de cuidarlo si lo quieres —dijo Itachi.
—¡Genial! ¡Tengo una mascota nueva!
—Ustedes están mal de la cabeza —agregó Obito.
—Apenas te das cuenta —está vez fue Sasuke quién hablo.
—Saben que los estuve escuchando ¿cierto? —siguió Madara. Naruto frunció el ceño y se hizo el ofendido.
—Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas.
Todos intentaron contener la risa, hasta que Shisui soltó la primera carcajada, que fue seguida de muchas más.
—Voy a darme un vuelta. —dijo Marada rodando sobre sus talones para alejarse de esos seres despreciables a los que llamaba familia y Naruto.
Madara caminó hasta la esquina, simplemente necesitaba caminar, despejarse un rato y olvidar por completo a su familia y a Naruto. ¿Cómo era posible que creyeran que sería capaz de suicidarse por ella? Por supuesto la amaba con todo su ser, ella le había dado sentido a su vida, y que lo dejara por otro le destruía el alma y el corazón en miles de pedacitos que se le clavaban en la carne en una lenta e infecciosa agonía... ¡Maldita sea! Si su pensamiento seguía terminaría volándose la jodida cabeza tal como lo predijo Naruto.
Siguió caminando sin dirección, necesitaba dejar de sentirse mal por lo que había pasado. Cuando Hinata llegó a su cita aquel trágico día (¿acaso podía ser más dramático?), llevaba un short de mezclilla, una camiseta de SNK y sus imperdibles converse negras. Se veía nerviosa, al principio se preocupó, pero luego vio sus ojos perla detrás de sus anteojos, malas noticias, lo supo, eran malas noticias para él.
Dobló en la siguiente esquina, e intentó no pensar en ella, pero era difícil... Estaba tan jodidamente enamorado de Hinata, que incluso rogó por una oportunidad, rogó para que siguiera a su lado, pero la decisión ya estaba tomada y nada de lo que dijera o hiciera lo cambiaría.
—¿Por qué me hiciste esto? —dijo para sí mismo, pero él tipo que pasó junto a él se detuvo de pronto.
—Oye, hermano. Si no te he hecho nada.
—No estaba hablando contigo.
—¿Qué te pasa? Te ves como una puta mierda.
—Gracias por tratar de subirme el ánimo.
—Lo siento, compa. ¿Quieres una cerveza? ¡Vamos! ¡Yo invito!
Madara le prestó atención al tipo, le recordó a Naruto, algo en él le hacía similar al maniático que salía con su primo. Tal vez este tipo fuera algún tipo de sociópata, y no le importó. Solo quería sufrir sus penas y tratar de olvidar a la mujer que lo destrozó por completo.
—¿Por qué no? Lo peor que podrías hacer es matarme.
—¿Y manchar mi ropa de sangre? —dijo ofendido. —Jamás.
Madara rio un poco. —Soy Madara.
—Hashirama... ¿Sabes cuál es el Club del Sabio?
—Nop.
—¿En serio? ¿Estás loco? ¿Cómo no lo conoces?
Madara se encogió de hombros. —No salgo mucho.
—Se nota. Pareces un perro perdido o algo así.
—Háblame de ese club.
—Cierto... Que te digo... Puedes bebes y jugar...El dueño es un maldito alcohólico mujeriego adicto al juego, pero es buena gente y amigo mío.
—Con esa descripción se me quitaron las ganas de ir.
—Naah. Te vas a divertir. También puedes comer algo, parece que te mueres de hambre. —¿Por qué dices eso?
—Te ves paliducho y flaco.
—¿Acaso te viste al espejo esta mañana?
—Por supuesto. Luzco genial, malditamente atractivo.
Madara se dio cuenta que a su alrededor solo habían anormales y que siempre sería así, porque el atraía a ese tipo de personas como polillas a la luz... O algo así.
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Hinata salió de su casa, vistiendo una camisa azul con el logotipo de Superman en el pecho, un jean negro y unas botas militares. Llevaba un bolso cruzado lleno de broches de sus personajes de anime favoritos. Mientras caminaba, pensaba en el chico de la universidad. Lo había visto desde lejos, se había enamorado de él, sin que siquiera hubieran intercambiado una palabra entre ellos. También pensó en Madara, y lo cruel que fue al abandonarlo. Cuando empezaron, ella estaba enamorada de él, pero el amor fue menguando con el tiempo, hasta que desapareció sin dejar rastro. No podía quejarse de Madara, había sido un novio sensacional, y tal vez el único que tendría. Él siempre fue paciente con sus obsesiones al anime, los libros, las series gringas, los comics y películas.
Madara leyó sus libros, comics y mangas favoritos, vio sus series, y animes preferidos, con tal de tener temas en común para hablar. Él era perfecto. Atractivo físicamente, un amante atento y un novio espectacular. En realidad fue una estúpida al dejarlo ir. Pero sin amor no tenía sentido estar con él. Se acomodó los antejos y siguió adelante. Se vería con Rin en el Club del Sabio. Aunque muchos no lo sabían, el club era el lugar predilecto para los Frikis de la ciudad. Jiraya, el dueño, podía ser un alcohólico mujeriego adicto al juego (todos aquellos que lo conocían, lo describían de la misma manera), pero había creado el punto de reunión de todos los "subnormales" de Konoha. Jiraya había creado un club con todo aquello que le gustaba: apuestas, mujeres con trajes diminutos, alcohol, anime, comics y armas.
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Obito salió de su casa, estaba aburrido de especular sobre la manera que elegiría Madara para suicidarse. Después de todo, tenía una vida social que no giraba alrededor de su familia. No se sentía incómodo con las miradas que le dirigían algunas mujeres, que lo desnudaban y le hacían el amor con la vista, y si juzgaba por la sonrisa en sus rostros, él lo había hecho espectacular.
Llevaba una camiseta negra que dejaba ver sus brazos y tan ajustada que marcaba sus abdominales, el jean negro resaltaba su trasero y las botas militares completaban el conjunto. Jugueteó con el piercing de su lengua, deslizando la bolita plateada entre sus labios, mientras esperaba que el semáforo cambiara.
—Vuelve a hacer eso —dijo la mujer al lado suyo.
Su aspecto gótico le llamó la atención. Obito sonrió y volvió a deslizar la bolita del piercing por sus labios. Ella no apartó los ojos de su boca. Le echó una mirada a su vestuario. Llevaba blusa ajustada, una falda negra que dejaba ver las tiritas del liguero que sujetaban sus medias de encaje, usaba unas botas militares, y al igual que él, iba totalmente de negro.
—Lo haces de una forma tan sensual que me hace desear besarte. —volvió a hablar, su tono bajito hizo que cierta parte de su anatomía reaccionara presionando su bragueta.
—El semáforo ya cambio. —comenzó a caminar, tenía que alejarse de ella. No sabía por qué, pero tenía que hacerlo.
—¿Cuál es tu nombre, chico lindo?
—Obito, madamoiselle.
—Soy Rin.
—Un gusto, Rin.
—¿Por qué me evitas?
—No lo hago.
—Sí, sí lo haces.
—Tengo prisa.
—Umm, yo también. —dijo deteniéndose, Obito siguió su ejemplo.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
—Yo tenía que doblar en la esquina, no cruzar la calle. —dijo poniéndose colorada. Obito empezó a reír. Rin hizo un puchero. —No es gracioso.
—Para mí, sí. Y mucho.
—¿Nos volveremos a ver? —le preguntó.
—No sé.
—Yo espero que sí —se dio la vuelta y caminó en dirección contraria a él. Una mujer interesante, se dijo mientras emprendía la marcha otra vez.
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—¿Por qué en las telenovelas la tipa siempre se cae por las escaleras y queda inconsciente? —preguntó Naruto.
—No tengo idea. Para empezar, ¿por qué siempre discuten mientras bajan las escaleras? —dijo Shishui.
—Lo que realmente me pregunto, —dijo Itachi —Es: ¿qué diablos hacemos viendo telenovelas?
Naruto y Shisui intercambiaron miradas, pero no dijeron nada. Siguieron viendo la telenovela. Itachi se metió dos Oreos a la boca y luego bebió un trago grande de Coca-cola, luego comió un puñado de palomitas, otro de Cheetos y papitas.
—Necesito entender algo, ella está enamorado de él, ¿verdad? —dijo Sasuke, los demás asintieron. —¿Entonces por qué no está con él? —su tono desesperado pudo ser gracioso, pero cuando se trataba de la novela, era un tema casi sagrado.
—Porque la vieja esa no lo deja estar juntos —dijo Shisui con desprecio.
—Además él tiene que casarse con la flaca rubia esa —agregó Naruto.
—¿No hay más Cheetos? —preguntó Itachi. Los demás le dirigieron miradas de odio. Aunque no era su culpa no emocionarse, después de todo, el prefería las telenovelas brasileñas. ¿Cómo esperaban que se emocionara con esas? Todas eran iguales y predecibles. En cambio las brasileñas, no estaban tan llenas de clichés y tenían bastante comedia.
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Madara debió imaginar que el Club del Sabio era un establecimiento ilegal, ¿cómo se dio cuenta de eso? Para empezar, no había ningún letrero con su nombre en la entrada, Hashirama tuvo que dar una contraseña y luego, bajaron unas escaleras caminaron por un pasillo oscuro y húmedo... Si esto no era suficiente para sospechar que el lugar era ilegal, apareció una segunda puerta.
¡Sí, señores! Lo más seguro es que terminara detrás de las rejas tratando de proteger su virginidad trasera. Miró hacia atrás con deseos de salir corriendo, iba a hacerlo. Hasta que una tipa vestida de Sailor Moon apareció.
¡Wow! ¡Ardiente! Esa chica era ardiente. Tenía piernas largas, tetas enormes, cinturita pequeña, vientre plano y con suerte, un trasero grande y redondito. —Temari, te presento a Madara. Es nuevo.
—Me doy cuenta. Pasen —se hizo a un lado, Madara vio que había más chicas vestidas de diferentes personajes de anime y todos los cosplay eran sensuales.
Las chicas lucían cada uno de sus atributos. ¡Genial! Besaría a Hashirama por haberlo traído a este paraíso de pervertidos, si no estuvieran en público y rodeado de mujeres guapas. Los llevaron a una mesa. El mantel tenía la cara de Goku estampada en él. No pudo evitar sonreír un poco.
—¿Qué quieren? —preguntó Temari.
—Tráenos dos especiales y cerveza.
—¡Ajá! —estaba mascando chile —Ya vuelvo.
Hinata entró al club, saludo a varias chicas hasta que lo vio. ¿Qué diablos hacia Madara ahí? Su vista se posó en Hashirama, quien hablaba tranquilamente y con toda confianza. ¿Cuánto tiempo llevaban siendo amigos?
—Viendo al nuevo —dijo Karin.
—Viendo a mi ex-novio —la corrigió.
—Espera, dijiste ¿ex? —vio a Madara.
—¿EX? ¡¿ESTÁS BROMEANDO?!
—Nop.
—Siendo tú, me estaría dando contra una pared. —desapareció en el vestuario.
Madara todavía no la había visto. Si se iba, él jamás sabría que estuvo ahí. Desde que terminaron, no lo había visto ni una vez. Este era su santuario, no arruinaría el lugar con un mal recuerdo.
—HIIINAAAAAATAAAAA —gritó Rin a su espalda. Llamando la atención de todos, varias cabezas se giraron en su dirección, incluyendo la de Madara.
—¿Tenías que gritar mi nombre? —murmuró con la vista clavada en los ojos de Madara.
