Capítulo 3

—Tengo que irme —dijo Madara poniéndose de pie. Tenía que huir como el cobarde que era. Se levantó en el preciso momento en el que la chica vestida de Sailor Moon traía su pedido.

—¡Espera! ¿Hermano? Oye, ¿qué pasa? ¿Y la comida?

—Lo siento. Tengo que irme. —empezó a caminar lo más rápido que pudo, quería correr, salir lo más posible de ahí.

—Ok. Temari, apuntalo en mi cuenta. —Hashirama también se levantó para ir tras Madara.

—No tienes cuenta, idiota.

—Dáselo a alguien más. Voy a evitar un suicidio. —gritó.

—No pienso suicidarme —gruñó Madara avergonzado. ¿Por qué todo el mundo pensaba que iba a quitarse la vida? ¿Acaso lucía como alguien que estuviera a punto de hacerlo? Además, ¿por qué Hashirama tenía que gritar eso, precisamente cuando Hinata estaba ahí?

—Perdona si no te creo, hermano.

—Deja de llamarme hermano.

—Ok, compa.

Pasó al lado de Hinata. Lo invadió el deseo de abrazarla, sostenerla en sus brazos y rogarle que volvieran. No lo hizo. Salió a la calle, con Hashirama pegado a sus talones.

—¿Qué tienes, compa?

—Nada.

—Claro, y por eso pareces una mierda.

—Jódete.

—Sí, bueno, solo trato de ayudarte, amigo. —se encogió de hombros. —¿Qué vas a hacer?

—Volver a mi casa. —respondió sin dejar de pensar en Hinata. Ella lucía tan hermosa como siempre, ni siquiera lo extrañaba, no le afecto ni un poco su separación.

—Bien, vayamos a casa. Así me invitas a comer, porque tengo hambre.

—Está bien. —dijo aunque, la verdad era que no le estaba poniéndole mucha atención al tipo.

-.-.-.-.

Naruto estaba pasando los canales uno a uno, diciendo Nah, a casi todas la películas, programas o caricaturas que veía.

—¡Uh uh uh! Animal —gritó Itachi.

—Tu madre, malnacido —respondió Naruto ofendido.

—Está hablando de la película, imbécil —le informó Sasuke.

—¡Ah! —dijo sonriendo a modo de disculpa.

—¿Qué hace este aquí? —gruñó Itachi quitándole el control remoto y poniendo la película.

—Es mi mascota. —dijo Shisui. —Me diste permiso de tenerlo aquí.

—¿Eh? ¿Cuál mascota? —Naruto se les quedó viendo.

—Tú… idiota. —dijo Sasuke.

—¿Eso quiere decir que puedo vivir aquí? ¡Genial! Porque hace dos semanas que me mude al cuarto que está al lado del de Sasuke.

—¿En serio? —dijo Itachi. —¿Con el permiso de quién si se puede saber?

—¿Cuál es esa película? —preguntó Naruto cambiando el tema.

—Es esa donde el tipo tiene un accidente y lo reconstruyen con partes de animales.

—¡Ah! ¿La que hace el mismo de Gigoló por accidente?

—Sí, sí. Esa misma. —respondió Itachi emocionado.

—¡Qué película más estúpida! —dijo Shisui.

—Lo dice el imbécil que ve telenovelas —comentó Itachi tirándole un puño de palomitas. —¡No las desperdicies! —gritó Naruto quitándole el tazón.

—La película es buena —comentó Sasuke robándole palomitas a Naruto.

-.-.-.-.-.

Obito entró al Supermercado, compró lo que necesitaba para la comida. Salió con las bolsas, en las manos, y volvió a casa para encontrarse al cuarteto de idiotas riéndose, cuando lo vieron, saltaron sobre él.

—¿Qué me trajo? —dijo Shisui tratando de revisar una bolsa.

—¿Hay chocolate? —dijo Naruto.

—¿Compró lo que le pedí? —preguntó Sasuke.

—¿Qué va a hacer de comer? —gritó Itachi.

—¡Gracias por ayudarme a cargar las bolsas!

—Eres un hombre grande y fuerte, puedes hacerte cargo de las bolsas tu solito —dijo Naruto.

—¿Qué hace este aquí? —dijo Obito mirándolo de mala manera.

—Soy la mascota de Shisui, ahora vivo aquí. —respondió el rubio. —Sé que todos va a amarme.

—Solo manténgalo lejos de mí.

—Ok, Obito. —dijo Shisui. —Solo no lo golpees cuando no este.

—Nunca golpeo tus mascotas.

—Tortuguita no opina lo mismo. —dijo tristemente.

—¿Cómo putas iba a saber que tu jodida tortuga estaba en tu pantalón?

—Debiste revisar la ropa antes de echarla a lavar.

—Me he disculpado miles de veces.

—Eso no me devolverá a tortuguita.

—¿Mató a una de sus mascotas? —Naruto se escondió detrás de Shisui —Maldición, no dejen que se me acerque.

—No te preocupes, Naruto. Yo voy a cuidarte con mucho amor —le dijo acariciándole el pelo.

—¿Soy el único que piensa que está escena es un poco gay? —dijo Itachi viendo a Naruto y a Shisui demasiado cerca... prácticamente rozándose...

—Nah. Yo pienso lo mismo —Sasuke algo molesto. Estaba celando a su mejor amigo, después de todo, Naruto y él siempre habían estado juntos, demasiado juntos... ¡Un momento! ¿Qué carajos estaba diciendo?

-.-.-.-.-.

—¿Qué se supone que haga con esto? —se quejó Temari. —Ese estúpido de Hashirama va a pagármelas.

—Dánoslo a nosotras. —gritó Rin.

Hinata seguía viendo hacia la salida. Madara... ¿Por qué diablos le dolía verlo? ¿Por qué le dolía que pasara a su lado sin siquiera echarle una mirada de reojo? Había perdido peso, y en sus ojos se escondía un rastro de tristeza. Le dolía verlo así, pero hizo lo correcto, ella no lo amaba, lo quería, pero no de la manera que él quería, necesitaba.

—Tierra a Hinata. —Rin chasqueó los dedos frente a ella. —¿Hola? ¡Bruta!

—¿Qué?

—Vamos a comer —Rin la llevó precisamente a la mesa que Madara había dejado. ¿Qué diablos le pasaba? —Hoy conocí a un hombre hermoso —comentó su amigo metiéndose una papita frita en la boca.

Hinata miró su plato; un hamburguesa doble, papas fritas y un taco, ese era el especial, pero siempre cambia, todos los días era algo diferente. —¿Cómo era?

—¡Ah! Lo fotografía mientras miraba distraídamente el semáforo —estaba buscando algo en su celular. —¡Aquí está!

Cuando vio el celular, estuvo a punto de maldecir en tantos idiomas como fuera posible. —¿Cómo se llama?

—Obito.

Como lo sospechó. Debía ser alguno de los primos molestos de Madara. Ese cabello oscuro como la noche, esa mirada profunda, esas facciones cinceladas... Era un Uchiha. Todos los Uchiha eran así de buenos. En esa familia era como un maldito requisito ser jodidamente atractivo. Seguramente mataban a quienes era feos, algo así como lo que hacían en Esparta.

-.-.-.-.

—Solo voy a decirte una cosa, —le informó Madara a su nuevo amigo antes de abrir la puerta. —Tengo una familia... diferente. Sea lo que sea que veas en esta casa, se queda en esta casa.

—Habrás querido decir mansión.

—Sí, mansión. ¡Cómo sea! —le restó importancia al tema.

—Solo que las personas que está ahí a dentro no son normales...

—¿Yo te parezco una persona normal? Abre la puta puerta y dame comida.

—No tienes que ponerte violento. —le dijo Madara algo ofendido.

—Te salvé la puta vida.

—No tenía planeado suicidarme.

—Ajá. Como digas.

Madara agradeció al cielo haber avisado a Hashirama las rarezas de su familia. Apenas habían pisado el salón, cuando Naruto apareció vistiendo únicamente una tanga roja.

—No me dijiste que eras gay —dijo Hashirama.—No me molesta, de verdad, mientras no me pidas vestirme así.

—No soy gay.

—El hombre en tanga roja que vive en tu casa dice todo lo contrario, hermano.

—¿Naruto qué estás haciendo? —le preguntó. —¡Dios! Por favor, ponte algo.

—Sasuke, Itachi y Shisui me retaron a ponerme una tanga y salir al patio. —se encogió de hombros. —Prometieron mucha plata.

—¿De cuánto hablamos? —preguntó Hashirama.

—Mucha plata —respondió Naruto. —Creo que podré comprarme el deportivo que quiero.

—No lo creo —dijo Madara. —¿Te compraran un carro por andar en tanga?

—Tiene que bailar obscenamente para que Tsunade lo vea —le informó Shisui. —¡Esto será genial!

—¿Hermano, ustedes está pudriéndose en plata, no? —le pregunto Hashirama a Madara.

—Oigan, tenemos un invitado. —dijo Itachi.

—¿Quién es él? —preguntó Sasuke.

—Soy el hombre que le salvó la vida a su primo. Iba a suicidarse.

—Madara, nos dijiste que no pensabas suicidarte —reprochó Shisui.

—Les dije que las personas tristes terminaban volándose la puta cabeza. —habló Naruto.

—Iba a tirarse de un puente —inventó Hashirama. —Lo sé, creo que merezco un carro nuevo... Puede ser usado, no me quejo.

—No iba a matarme —gritó Madara.

—Sí, claro. Sigue diciendo eso. Te salve la vida. —dijo Hashirama. —Por cierto, soy Hashirama.

Uno a uno los Uchiha fueron presentándose, igual el rubio. Al rato, todos eran amigos y veían como Naruto hacía un baile erótico cerca de la piscina. Tsunade, como era su costumbre, estaba espiándolos desde la ventana. Hashirama, seguía insistiendo en el carro nuevo, incluso se ofreció a hacer lo mismo que Naruto, pero nadie le hizo caso, así que no habría carro nuevo para él, ni nuevo ni usado para su desgracia.

Tsunade disfrutaba de la vista. Lo mejor que pudo hacer su esposo, fue comprar una casa al lado de los Uchiha. Los chicos eran jóvenes, guapos, bien formados y exhibicionistas. ¡Los mejores vecinos del mundo!

Obito sirvió la comida. Cuando vio a Hashirama, ni siquiera se molestó en preguntar quién era. Lo más seguro, sería otra boca más para deleitar con su comida, y otro parásito al igual que Naruto.

—¡Esto está riquísimo! —gimió Hashirama.

—¡Gracias! —dijo Obito, sus primos no eran muy agradecidos y nunca le hacían cumplidos. Así que, para que mentir. Se sintió muy orgulloso de sí mismo.

—¿Mañana si vamos a la playa? —preguntó Naruto.

Todos los Uchiha, menos Shisui, le fulminaron con la mirada.

—Sí. —respondió el dueño del rubio. —Hoy no se pudo, pero mañana será perfecto.

—¿Puedo ir? —inquirió Hashirama con sus ojitos brillando de ilusión. Todos miraron a Madara.

—¿Qué?

—¿Llevamos a tu amigo? —preguntó Itachi. Se encogió de hombros.

—Me salvó la vida, porque no.

—Se los dije. Iba a suicidarse —gritó Hashirama. —Deberían darme un carro nuevo.

—Deja de joder con eso, amigo —dijo Sasuke. —Ni si quiera se lo daremos a Naruto.

—¿Qué? ¿Por qué no? ¡Lo prometieron!

—Mantenerte nos sale más caro que un auto nuevo. —le gruñó Sasuke. —Sales más caro que un Lamborghini o un Bugatti.

—No volveré a creer en tus palabras —lloriqueó el rubio. —Son unos viles mentirosos.