Mi vida por un sueño II

CAPÍTULO II

Hay quien lo abandona todo por perseguir un sueño, yo lo dejé todo por una ir detrás de una pesadilla.

Después de que ella ha se ha alejado me he quedado sola frente a la mesa vacía. Difícilmente logro alcanzar mis pensamientos, son tantos y tan enredados en este momento que me es imposible asirme a uno solo. "¿Qué diablos pasó aquí?" es uno de los pocos que logro identificar.

Pienso en salir corriendo pero no sé a dónde diablos pueda huir que me aleje de todo lo que estoy sintiendo en este momento.

Años, son tantos malditos años con esto. Creí estúpidamente que de alguna manera había logrado dejar todo atrás, que mi vida había sido reconstruía a basa de dolores y olvidos. No es así, nada está resuelto y por el contrario parece que está más enredado que nunca.

Me niego ser la protagonista de un espectáculo mayor al que con toda seguridad ya hemos dado. Casi me es imposible contener las lágrimas que ya corren abiertamente por mi rostro, pero no quiero sollozar como niña con la cabeza tumbada sobre la mesa de un restaurante.

Creo haber escuchado que lo último que dijo fue que pagaría la cuenta, asunto totalmente intrascendente, pero que me facilitará la huida. Me sobresalta la voz del capitán de meseros que me llega por encima del hombro.

-Señora, su auto la espera en la puerta trasera.

Toda mi vida he amado el anonimato y ha sido una maldición el haber crecido frente a los reflectores y flashes, pero ahora agradezco sobremanera haber escogido el único lugar donde me conocen a la perfección y me tratan con total deferencia. Yo sabía que me enfrentaría en una batalla y por lo menos necesitaba librarla en mi territorio. No me equivoqué, pero a todas luces de nada me sirvió pues ahora me encuentro en plena retirada.

No puedo permitirme llorar más, no ahora que debo ir a arropar a mis hijos y ver que duerman cobijados por el beso de buenas noches de su madre. Ya tendré tiempo de llorar en la soledad de mi cuarto cuando todo el mundo haya desaparecido detrás de las tinieblas, como siempre.

No debería manejar en este estado, tendría que buscar un poco de cordura para evitar hacer algún tipo de estupidez al volante, siempre me ha gustado la velocidad y es muy posible que lo único que consiga sea una cuantiosa multa o estrellarme contra un muro en el peor de los casos.

Afortunadamente el piloto automático de mis neuronas toman el control del volante y sobre todo del pie que aprieta el acelerador, mis pensamientos vuelan a una sola imagen, a la de él en ese estado. ¿Cómo pudo llegar a eso? Ni en mis peores pesadillas lo hubiera imaginado así. En ese momento se agolpan las imágenes de innumerables pesadillas sufridas a lo largo de tantos años.

En los momentos mas aciagos de nuestra relación, nunca imagine o desee por un instante verlo en ese estado. Su delgadez raya en lo cadavérico, su semblante triste, los ojos prácticamente hundidos, enmarcados por unas terribles ojeras y arugas. Ese no es él, me niego a aceptar que eso que vi sea él.

De la nada se atraviesa en mi mente un maldito pensamiento y me asalta de golpe deteniendo mi corazón por un instante "Mark."

Siento como mi mandíbula aprieta con fuerza y mi mano derecha asesta un firme golpe al volante. Mi voz retumba en el interior del auto permitiendo que la reverberación en mi cerebro me repita lo infinitamente estúpida que soy.

-Maldita sea, Mark.

Ahora mismo no atino a decidir qué diablos puedo hacer en cuanto llegue a casa. En tiempos pasados hubiera huido a la casa de mi mejor amigo a refugiarme en el silencio de su hombro para escuchar la voz de mi martirio hasta caer rendida sobre su pecho. Ahora ese amigo no existe, no está.

Mis manos trémulas apenas atinan a sostener con suficiente firmeza el volante, desde que mi mandíbula ha tomado el control, las lágrimas han desaparecido permitiendo que mis ojos puedan ver lo suficiente del camino para no matar a ningún humano desprevenido y ajeno al hecho de que el que viene al volante de este auto acaba de dejar su alma sentada en la silla de un maldito restaurante.

Hace años que sufro de ataques de pánico, pero esto es superior en todos los sentidos. Estoy aterrada de llegar a mi casa, abrir la puerta y confrontarme con el resultado de mis decisiones. ¿Por qué ahora? Por qué todo tiene que ser de esta manera, por qué nunca atino a tomar la determinación correcta que le brinde un poco de paz a mi vida.

Definitivamente algo ha ocurrido conmigo de unos años a la fecha, la otra yo hubiera corrido al aeropuerto a tomar el primer vuelo con destino a… no tengo idea de que destino pudiera haber tomado, no sé dónde está, pero tampoco me hubiera importado. Ya no soy esa impulsiva y loca descontrolada que únicamente atiende a sus necesidades primarias, ahora no estoy sola, ahora soy responsable de mucho más de lo que quisiera.

Cada semáforo en rojo me brinda valiosos minutos de una falsa sensación de escape, pero la verdad es que lo único que hago es aplazar lo inevitable, tengo que afrontar mi pasado tarde que temprano.

Una taquicardia incontrolable se apodera de la máquina de mis latidos cuando la puerta automática de la cochera comienza a abrirse, la consciencia de mi propia soledad estruja mi alma. No tengo con quien compartir nada, nunca he tenido la capacidad de permitir que otro ser humano me sirva de paño de lágrimas, en un pasado muy remoto lo hice y fui traicionada. No sé a quién a acudir, no sé si deba hacerlo. Esto es parte de una historia que se encuentra resguardada en lo más profundo de la memoria de dos, el resto es especulación.

Tras apagar el motor del auto el silencio le sigue, debo cobrar fuerzas para salir de aquí. La noche invade cada rincón y la oscuridad sólo es el reflejo de mi visión actual de futuro. Infortunadamente puedo recordad más de una noche así, ahora sé que todo pasará, tarde que temprano pero pasará y esa noción no me agrada, pero a la vez me conforta, "ya pasará."

Bajo la visera para da dar un último vistazo a mis ojos, están un poco enrojecidos pero no he llorado lo suficiente como para que sea demasiado ostensible, aunque no ha sido poco como para pasar totalmente desapercibido. Tomo mi bolso y me percato del brillo en su interior, me niego a ver lo que mi blackberry me quiera informar. Jalo el cierre de la bolsa hasta lograr que el brillo desaparezca de mi campo visual; lleno mis pulmones de un poco de aire pues hasta ahora me percato de que en todo el trayecto mi respiración ha sido irregular. Bajo del auto y me dirijo a la puerta de mi casa en espera de que el mundo continúe ignorante de mi estado, como la mayor parte del tiempo.

Abro la puerta y un silencio absoluto me recibe, hasta ahora no había reparado en la hora o siquiera me la había cuestionado. Apenas unas escasas luces iluminan la estancia y las de la cocina se alcanzan a percibir con fuerza, pero el resto se encuentra apagado. Me dirijo a la cocina y me encuentro con mi nana, la mujer que ha logrado amainar la tempestad de dos hijos pequeños y una adolescente en plenitud. Se encuentra ensimismada en la lectura de los chismes de la realeza que tanto la entretienen.

-Deberías leer un libro de vez en cuando.

Se sobresalta al escuchar mi voz y me disculpo de inmediato por ello, de ninguna manera era mi intención asustarla. Guarda con premura la revista y comienza con el parte de novedades como es su costumbre, a pesar de nunca pedirle cuentas de nada siempre se ha sentido con la obligación de hacerlo y en ocasiones me causa gracia y en otras me hace sentir la peor madre del universo.

-Los niños están dormidos, la señorita está en su habitación escuchando música con los audífonos como es su costumbre. Todos han cenado adecuadamente y los he acostado temprano pues supuse que usted tardaría en llegar. Le he dejado la cena lista en el refrigerador por si gusta comer algo. Que pase buenas noches. Si no necesita nada más me retiro a mi habitación.

Lo dicho, es un sargento en toda regla dando el parte de novedades. La propiedad con la se conduce me hace gracia, sobre todo después de contrastarlo en mi mente con tono americano que recientemente acabo de escuchar, son tan distintos. En ocasiones pienso que mi espíritu se divide en dos y que emerge un lado u otro al cambiar de acento. Pocas veces lo hago de manera consciente, pero ahora mismo se vuelve ostensible. Desconozco si en mi reciente reunión he utilizado uno u otro, pero en este momento mi voz se vuelve reactiva y responde con el tono con el que se me habla.

-Gracias. Que pases buenas noches. ¿Y Mark?

Gira intempestivamente sobre su propio eje y su mirada es de auto recriminación. En estos momento es en los que pienso si no será demasiado rígida con mis hijos cuando yo no estoy. Esa mujer se exige demasiado y sólo espero que no sea de la misma forma con ellos. A pesar de que siempre he deseado que para ellos exista el orden que yo misma no conocí nunca, me preocupa que la línea sea traspasada.

-Disculpe mi descuido, el señor dejó una nota para usted debajo del frutero. Buenas noches.

Asiento y espero a que se pierda de mi vista, dejo las llaves del auto sobre la mesa junto con mi bolsa y me dirijo a tomar la nota.

"Gill, tuve que salir de viaje y no atendías el celular. Son sólo un par de días.

Mark."

Es tan él que me arranca una melancólica sonrisa. Directo, sin rodeos, sin adornos, sin nada. Lo que pedí se me dio, pragmático como cualquier inglés, sin mayores aspavientos en su vida y en su actuar, Mark sólo es Mark. Esto me devuelve de golpe al asunto que me preocupaba y que el universo ha decidido aligerar al quitarme la carga de tener que confrontarme con él.

Como cada noche, realizo mi ronda por las habitaciones de mis hijos para corroborar que todo marcha como debe. Primero a la de los niños y después a la de mi hija. En ocasiones cunado lo amerita o cuando las hormonas nos lo permiten, ella gusta de entablar extrañas conversaciones conmigo, lo que últimamente ha sido menos frecuente. Presiento que la adolescencia se ha instaurado de lleno con fuerza y no sé si me encuentre preparada para afrontarla junto con ella. Sólo espero no cometer los mismos errores de mi madre, me gustaría que mi hija no pasara por la infinidad de complejos y complejidades que yo tuve que afrontar.

Desde el día que supe que sería madre por primera vez, presentí que mi vida cambaría completamente. No se necesita ser un genio para saber eso, pero para mí fue casi una epifanía, realmente no lo pensé nunca antes y de ninguna manera tenía idea de los alcances de eso, no sólo cambiaría mi vida, cambiaría la de muchos más.

Abro con cuidado la puerta de su habitación a pesar de saber que es muy probable que ni siquiera escuche que lo hago. Su amor por la música me parece una clara señal de no querer escuchar al mundo que la rodea, quiere aislarse y la comprendo completamente. A su edad hice exactamente lo mismo.

Sé que está despierta pues mantiene la pequeña lámpara encendida, así que espero que mi presencia no sea notada y menos sea considerada invasiva, así que abro la puerta con sumo cuidado. Tiene los ojos cerrados, pero mueve su cabeza al ritmo de la música que escucha y que yo misma puedo alcanzar a oír con claridad, así que de ninguna manera puede haberse percatado de que estoy aquí. No es tan tarde como para pedirle que se duerma ya, en principio porque la hora aún es razonable y en segundo lugar porque es como su padre, nunca ha podido dormir en los horarios habituales y en medida de lo posible he tratado de repetirla sin interferir con las labores cotidianas.

Afortunadamente a diferencia de mí, es mucho más sociable que yo, más ordenada, más consciente y definitivamente mucho más madura y no sólo para la edad que tiene, sino en términos generales. Siempre he sentido que ella es más guía para mi vida que lo que yo puedo ser para la suya.

Es un ser humano interesante con una mezcla extraña de características. Tiene la serenidad de su padre, pero la impulsividad mía. Quizás lo analítica lo sacó de mí pero en definitiva yo no poseo los alcances de pensamiento y síntesis que ella sí.

Cierro la puerta con cuidado y me dirijo a mi habitación, no sé si tomar un baño nuevamente o es un simple pretexto para llorar bajo la regadera como es mi costumbre. Tampoco estoy de humor para esperar a que la tina se llene de agua y sumergirme en ella, eso generalmente lo reservo para momentos agradables, es casi como un festejo para mi cuerpo y no quiero que comience a asociarlo con una práctica habitual para lavar mis tristezas.

Como siempre, en raras ocasiones me hago caso cuando un pensamiento revestido de cordura me asalta. Parece ser casi una compulsión de mi mente o mi espíritu, si algo me suena medianamente lógico y cuerdo, hago exactamente lo opuesto, así que me descubro casi por inercia abriendo las llaves del agua para llenar la tina. Como autómata vierto las sales y el jabón liquido. Calor, necesito mucho calor para el frío que siento que emana de mi interior, así que el cuarto de baño es invadido en poco tiempo por una intensa capa de vapor que cubre los espejos y siento que no hay nada mejor en este momento. No quiero mirar mi reflejo, no tengo las fuerzas suficientes para luchar con mis inseguridades que con necedad se reflejan todos los días frente a mi cara.

Me sumerjo en las candentes aguas de la tina y soporto el contacto solamente porque duele más el interior que el exterior. Estoy acostumbrada a calmar mis ataques de pánico infringiendo suficiente dolor a mi cuerpo para distraer mi mente. En este caso funciona momentáneamente, pues en cuanto mi piel se acostumbra a la temperatura los pensamientos vuelven de inmediato. Cierro los ojos para intensificar la sensación de angustia, quizás en actitud masoquista pero necesito concentrarme lo suficiente en lo que me atormenta para después tratar de exorcizar el sentimiento. En pocas ocasiones lo consigo, pero guardo la esperanza de que esta sea una de ella.

La memoria es un ente extraño y sobre todo en mi cabeza que ha generado una gran cantidad de mecanismos de defensa que han logrado cancelar la mayor parte de recuerdos. He dicho hasta creérmelo que no recuerdo nada y la mayor parte del tiempo me funciona y en efecto no logro recordar nada, pero en ocasiones como ahora la maldita memoria parece despertar hiperactivamente. No sólo cargada de imágenes, sino de un cúmulo de memorias sensoriales casi imposibles de ignorar; su aroma, el tacto con su piel, su sabor y el sonido de su voz. Casi soy capaz de recrear un diálogo perfecto entre nosotros. Sé que fueron muchos años y que todo eso está grabado a fuego en mi cerebro, pero aún así no deja de sorprenderme.

Repaso mentalmente el diario de mis recuerdos a pesar de que sé que ahora se encuentran matizados de distancia y quizás hasta de un alto grado de nostalgia. Son muchos años ya de doloroso abandono, los suficientes como para alcanzar la falsa sensación de sanación. Abandoné esos recuerdos en el cajón más recóndito de mi alma y hoy voy por ellos sin saber si quiera si quiero leer en ese viejo diario, pero en este punto ya es inevitable.

Una imagen le sigue a la otra y una escena se sobrepone a otra, pareciera que estaban desesperadas por saltar a la luz de la consciencia. Cada giro de tuerca de mi historia se presenta ante mis ojos con una claridad dolorosa, una decisión equivocada seguida de otra. Cómo me he podido equivocar tantas veces y con tanta determinación. Ya no quisiera volver mi mirada atrás, me gustaría poder borrar el pasado plagado de errores y recomenzar de cero. Esa fue la fantasía con la que armé mis maletas y crucé el mundo. Me pregunto si ésta será la segunda ocasión en la que lo haga.

La imagen que vi en su celular me revienta en la parte frontal del pensamiento, es brutal, devastadora y reveladora. No sé si ella esté equivocada y en el fondo deseo que no lo esté, que efectivamente sea yo la causante de todo esto, pero mi razonamiento lógico me indica lo contrario. Ella tiene la cabeza llena de ideas erróneas o por lo menos eso me parece. Si su atormentada fantasía fuera real o tuviera sustento, estoy casi segura de que él me hubiera buscado.

Una risa dolorosa emerge en mi rostro porque en el fondo sé que no es cierto, el orgullo se lo impediría. Ella cree que lo conozco a la perfección pero en el fondo no es del todo cierto, el cúmulo de fantasías dolorosas me impiden verlo con claridad. Cuantas veces a lo largo de estos años no he soñado con que me necesita, con que de un momento a otro al levantar el auricular escucharé su voz pidiéndome nuevamente que lo intentemos y eso nunca, nunca ha sucedido.

Mi corazón se cansó de esperar hace mucho tiempo o nuevamente me miento. Nunca he sabido a ciencia cierta si el corazón se cansa de esperar o de sufrir. Es estúpido, ciego y sordo. Por lo menos el mío es el más testarudo que he conocido, pero a pesar de ello no pretendo engañarlo, por lo menos no de nuevo. Esperó sentado en el olvido una llamada, una señal, algo que por mínimo que fuera le diera esperanzas para segur viviendo y nunca sucedió.

Después de todo lo que vivimos juntos me parece inconcebible que sólo nos haya alcanzado para lamer las heridas, sanar algunas, dar la vuelta y olvidar de nuevo. Estoy segura de que lo que hemos pasado no lo ha experimentado nadie en la vida, no es posible, y aún así nada pasó. Decir que nada cambió sería una vil mentira, yo sé que todo cambió y sin embargo, nada sucedió en consecuencia. Creo que eso ha sido lo más doloroso de todo, no el primer adiós o el segundo, el hecho de haber tenido en algún momento la vivida sensación de que todo cambiaría, de que eso que habíamos vivido no podría dejarnos en el mismo punto, pero la magia se esfuma. Es verdad que no seguimos igual, es verdad que nadie puede permanecer de la misma manera en la vida después de eso, pero la expectativa mata todo y yo tuve esperanza. Inútil esperanza, la realidad mató todo.

El sonido de mis sollozos invaden el cuarto de baño y soy consciente de ello en el momento en el que puedo percibirlos con claridad en mis oídos. ¿Puede ser posible que haya sido capaz de reprimir todo esto por tanto tiempo, al grado de llegar a creer que lo había superado? Un castillo de naipes construido en la fragilidad del viento, que con un solo movimiento se desmoronó.

Tomo la pequeña toalla para limpiar mi rostro y la coloco sobre mis ojos doloridos por el llanto. Cuando tanto dolor se materializa en lágrimas, lo hace como si llorase diamantes. El dolor es punzante e irrefrenable, pero hasta cierto punto liberador. Es una olla de presión a punto de estallar, que de no ser liberada terminará por matarme.

-¿Qué pasa mamá?

Su dulce voz me sobresalta de tal manera que por mi brusco movimiento de incorporación he sacado agua a borbotones de la tina. Dudo en girar mi rostro pero lo he pensado demasiado tarde y le muestro de frente el resultado de la batalla perdida. Nunca me ha gustado hacerla partícipe de mis dolencias, a pesar de no querer ocultarle nada, tampoco me siento a gusto involucrándola en situaciones de adultos en las que ella no tiene posibilidad de control. Yo sé la impotencia que se siente a esa edad el darse cuenta de tantas cosas y no poder hacer nada al respecto, pero también recuerdo el coraje que me producía el que los adultos me subestimaran de tal manera al pretender que no me diera cuenta de los problemas que giraban a mi alrededor. El silencio de mi parte parece haber sido demasiado prolongado y le ha permitido hacer conjeturas apresuradas.

-¿Qué te hizo ahora? ¿Fue la llamada que recibiste ayer? Los escuché discutir anoche. ¿Finalmente se va a ir?

Su mentecita hiperactiva ha volado a confines insospechados, pero deja claro que está consciente de mucho más de lo que me imaginaba. Alargo mi mano y con un gesto le pido que acerque el pequeño banquillo que utilizo para sentarme mientras me cambio de ropa. Le pido que se siente y tome mi mano. Comienzo por tratar de acallar sus malos pensamientos y quitar de su cabecita cosas que no deben preocuparle.

-No mi amor, Mark no tiene nada que ver con todo esto. Pero dime por qué lo has pensado de esa manera. No te voy a mentir, sabes que nunca ha sido mi intención. Antes de que todo esto apareciera, siempre fuimos tú y yo contra el mundo y de frente a él. Siempre hemos platicado en la medida de lo posible todas nuestras cosas. Ayer discutí con Mark y es verdad, pero eso es común en las parejas de vez en cuando. Sabes que en nosotros no es frecuente.

Noto como aprieta los labios y comienza a sumirse en ese estado adolescente de cerrazón. No quiero que se cierre a mí, no ahora o nunca. Así que prefiero dejar de hablar y mejor preguntarle su opinión. No pretendo que sea ella mi paño de lágrimas o el pilar en el que me recargue para no caer, pero siempre ha sido mi compañera de lucha, ella ha estado presente en nuestras innumerables batallas, a mi lado con una madurez y valentía inverosímil.

-Dime lo que piensas, sabes que siempre te he escuchado.

A pesar de la frialdad de su mirada adolescente, logro ver un destello familiar que me sabe a sonrisa. Aprieto un poco su mano animándola a que brinque la barrera que en muchas ocasiones le impide hablar. La seguridad de su voz me impresiona cada día con mayor frecuencia y la claridad para hilar y expresar sus pensamientos me sorprende cada vez más, sobre todo porque últimamente se reserva con mayor frecuencia. Contundente y directa como a mí me gustaría ser de vez en cuando.

-Si no es Mark, entonces es él.

Su afirmación me sorprende sobremanera y me toma totalmente fuera de lugar. Hago el amago de contestarle de forma negativa, pero me reprimo de inmediato pues prometí no mentirle. Aunque soy consciente de que mi rostro debe manifestar todo mi asombro al escucharle. Por otra parte me refreno pues en más de una ocasión me ha sucedido con ella que no logro seguir el hilo de sus pensamientos y yo interpreto una cosa cuando ella trata de decirme otra. Corro el riesgo de que se sienta subestimada pero debo preguntar.

-¿Quién?

En respuesta recibo una ceja levantada y el impacto de espejo no se hace esperar, casi puedo verme reflejada en su rostro. Nuevamente con serenidad me responde pero con una contundencia brutal.

-¿De verdad mamá vamos a jugar a esto? ¿Hacemos como que yo no sé nada y tu haces como que me dices la verdad? Pero si quieras que lo diga con todas su letras, me refiero a Duchovny.

Un balde de agua fría, no tengo otra forma de describirlo, o es el frío que comienza a recorrer mi cuerpo porque la temperatura del agua ha perdido calor o realmente no esperaba esa respuesta de su parte. Como no alcanzo a reaccionar ella hace el amago de levantarse, pero la detengo de inmediato.

-Por favor, no te vayas. Sólo dame un instante para salir del agua y ponerme algo, comienzo a sentir un frío terrible y platicamos con calma todo lo que quieras. Te lo dije y te lo repito, no pretendo mentirte de ninguna manera ni quiero que lo sientas así. ¿Me esperas?

Ella asiente, se levanta y sale del cuarto de baño. Por un lado es verdad, pero por el otro necesito una pausa con desesperación. Mi mente no ha logrado terminar de procesar lo que ha ocurrido en tan sólo unas horas y ahora deberé enfrentarme a las preguntas de mi hija y peor aún, a mis respuestas. No sé si sea capaz de escuchar una verdad que nunca ha salido de mi boca.

Me coloco rápidamente un pants, el más afelpado que tengo, pues verdaderamente siento un frío interior terrible y salgo a su encuentro. Busco en su habitación, pero no está ahí. Escucho movimientos que provienen de la cocina y me dirijo hacia allá. El alma se me cae a pedacitos cuando la veo preparando una taza de chocolate caliente, sé que me conoce a la perfección y casi podría apostar que mejor que nadie, mejor que yo misma incluso. Me mira de reojo con ese par de hermosos ojos azules y sonríe, entonces siento que el mundo florece detrás de ella. Todo lo ilumina y aunque sé que no es correcto, me siento confortada y hasta cierto punto protegida por ella. Coloca la taza humeante sobre la barra y aleja la silla alta invitándome a sentarme. Es ridículo que con nuestra estatura haya elegido comprar ese tipo de sillas, pero me gusta sentirme en una posición elevada de cuando en cuando. Le respondo con una amplia sonrisa a pesar de sentir con toda claridad la hinchazón en los ojos.

-Te preparé esto para cuando vayas a dormir, no quiero que mis hermanos te vean así mañana, porque supongo que Mark no vuelve hasta dentro de unos días.

Extiende un antifaz de gel para ayudar a desinflamar los ojos, yo lo recibo y le agradezco con la mirada. Ahora mismo me siento envuelta en un aura de complicidad que nunca antes había percibido. Un golpe de consciencia asesta con fuerza en mi mente, mi hija ya no parece un adolescente, ahora se presenta ante mí con la seguridad y aplomo de un adulto joven. La miro con detenimiento a los ojos y me pierdo en el profundo azul de su mirada. Hay sabiduría y calma en ella.

-¡Ya mamá!

Comienzo a reír a carcajadas pues en un instante se convirtió de nuevo en una adorable adolescente. Poco a poco y a pesar de tratar de evitarlo, comienza a reír junto conmigo hasta que me hace una señal, indicando que despertaremos a sus hermanos si seguimos así. Finalmente logro controlarme. Ella vuelve a retomar el semblante adusto de un inicio y la seriedad vuelve a sus ojos. Guarda silencio y supongo que espera que comience, pero me parece sumamente difícil hacerlo de esta manera. A pesar de venir de un feroz interrogatorio, prefiero contestar que narrar, así que soy sincera con ella.

-No sé si pueda o tenga la capacidad para contarte todo. No porque no lo quiera, lo que sucede es que no sé por donde comenzar ni qué decir. Por qué no mejor me preguntas lo que quieras saber, creo que así será mucho más fácil.

Acaricia los bordes de la taza y se torna pensativa, supongo que busca las preguntas o palabras adecuadas. Levanta finalmente su vista y se encuentra con mis ojos, sonríe tímidamente.

-No lo sé mamá. No quiero que te sientas interrogada o cuestionada. En todo caso me gustaría comenzar por decirte que yo te admiro y eres mi modelo a seguir, lo que hayas hecho o dejado de hacer, no cambiará en absoluto mi percepción de ti. Te admiro porque te conozco y sé lo que contiene el interior de éste ser humano, imperfecto pero hermoso.

Las lágrimas se agolpan nuevamente en mis ojos. Creo que en mi vida nadie me había hablado con tanto amor y respeto. Cuando se percata de mis lágrimas, coloca su mano sobre la mía.

-No quiero verte así, no me gusta verte así. Quizás nunca te lo he dicho, pero creo saber por lo que has pasado, lo que has tenido que afrontar, pero no estás sola. Ya no más. Quizás la vida nos depare muchas más pruebas y seguramente ahora mismo nos encontramos frente a una de ellas, pero nunca lo dudes, aquí estoy para ti y para apoyarte. Sólo te pido que me hables con honestidad.

No atino más que asentir pues me considero incapaz de articular una sola palabra en este momento sin quebrarme por completo, aunque presiento que será inevitable en muy poco tiempo. Tengo todos los sentidos a flor de piel y dudo mucho poder contener la represa de emociones. Ella lo sabe así que continúa sin esperar más respuesta de mi parte. A pesar de la aparente calma en su voz, sólo tengo miedo de una cosa, su impulsividad, esa que en ocasiones es superior a la mía y eso es mucho decir.

-Yo sólo te quiero pedir una cosa Piper, que nada de lo que te diga te lleve a generar un juicio sobre cualquiera. Yo sé que pido demasiado, pero me gustaría que tomaras todo con imparcialidad. Finalmente yo soy tu madre y la tendencia natural sería la de ponerte de mi lado, pero recuerda que toda historia tiene dos versiones o más, nunca te quedes con sólo una de ellas. También toma en cuenta que todo tiene un contexto histórico, una cronología que en ocasiones nos obliga a reaccionar más que a actuar.

Sé que lo que acabo de decir puede sonar a moraleja o consejo, pero es verdad. Yo misma siempre he hecho el intento de ponerme de ambos lados, de tratar de evitar juicios a la ligera y sobre todo, tratar de comprender al otro, ponerme en sus zapatos y entender sus motivos. No siempre lo consigo y menos cuando el impulso nubla mi visión. Sobre todo por eso se lo digo. Parece tomarse un instante para asimilar lo que acabo de decir y comienza, parece querer dejar en claro las reglas del juego, las cartas sobre la mesa.

-Una última cosa mamá. Te pido que me cuentes hasta donde te sientas cómoda, de ninguna manera pretendo que por la idea de no mentirme te permitas transgredir tus propios límites. Todos tenemos derecho a nuestra privacidad y a guardar nuestros secretos. No quiero caer en la trampa de hacer algo que por mucho tiempo he odiado que hagan contigo, entrometerse en tu vida. Soy tu hija pero no la dueña de tu vida.

Me parece justo y de pronto este juego se me presenta como el más honesto en el que he participado. Si mi hija maneja así el resto de su vida, creo que a partir de ahora podré dormir tranquila con respecto a ella. Pero a la calma le sigue la tempestad, pues asesta el primer golpe.

-Ahora sí, contesta lo que te pregunté allá, ¿es por él?

Tomo un sorbo del chocolate caliente y la miro por encima de la taza, no quiero parecer esquiva ni escueta pero finalmente termino siendo ambigua o por lo menos es lo que mi cerebro pretende sin mi permiso.

-Sí, pero él no me ha hecho nada… No ha hecho nada.

Sonríe y su respuesta me indica que ha entendido más de lo que yo hubiera querido. El cierre de mi oración implica un reclamo al ausente y ha surgido desde mi interior sin permiso. Ella me comienza a leer como si fuera libro abierto y me produce una sensación extraña, pero no del todo desconocida.

-¿Desde cuándo no sabes de él? ¿No te ha buscado, verdad?

Clavo mi mirada en el borde de la taza y me parece que estoy al borde del abismo. No soy capaz de confrontar su mirada mientras contesto. Me niego a decir cosas que puedan malinterpretarse o entenderse de manera equivocada, por eso elijo con cuidado mis palabras. Infortunadamente mi memoria es tan mala en ocasiones que me juega malas pasadas, pierdo la línea de tiempo y los eventos se trasponen u ocultan de la luz de mi memoria, espero que ella lo sepa, que no es mi intención trastocar nada, que simplemente en ocasiones no lo recuerdo.

-Desde que terminamos la promoción de la película.

Levanto la mirada para encontrarme con la suya que me observa con atención. Algo está pasando por su cabecita pues prácticamente puede leer en su mirada que los recuerdos o ideas corren a mil por hora en ella. Guarda silencio un instante y vuelve su mirada a la taza que sostiene entre sus manos en un gesto muy similar al mío. Termina por achicar los ojos y hacer ese gesto con su boca que en mí siempre significa duda.

-¿No se comunico contigo cuando nació mi hermano?

No quería llegar a ese tema en específico pero tampoco pienso evitarlo. En este punto quisiera escuchar las dudas que le aquejan, más allá de liberar mi alma en ella. "La verdad te hará libre" dicen que lo hará, en ocasiones dudo de la veracidad de la sentencia en sí. Sé que hay mentiras que matan, que no debo guiar mi vida encubriendo una con otra.

En principio no puedo negar que fui víctima de las circunstancias, que hasta cierto punto todos lo fuimos y en ocasiones me pregunto hasta dónde seremos capaces de llegar por mantener ocultas tantas verdades.

-Un correo electrónico. Creo que hubo un correo.

Quedo expectante de su reacción, no porque haya dicho algo revelador ni cercano a ello, sin embargo quiero saber lo que piensa, qué la ha llevado a guiar la conversación hacia ese rumbo. Ella al igual que yo, no hace nada sin que tenga una motivación, ya sea por acceder a un impulso o por un largo proceso de pensamiento que en el entramado mental te lanza a una obsesión en específico. No es fácil lidiar con mi hija, ha estado en terapia más tiempo del que pueda recordar y conoce la dinámica a la perfección. Creo que su intención es más cercana a eso que a realmente entablar un profundo interrogatorio, pero nuevamente me sorprende el no conocerla lo suficiente.

-¿Sabes? El primer recuerdo consciente que tengo es de él. No sé por qué, ni en que situación estábamos con exactitud, pero por alguna extraña razón esa es la primera memoria que guardo. Quizás no recuerde a la perfección sus facciones o detalles, pero sé que era él. Es extraño y en muchas ocasiones me he preguntado el por qué. También recuerdo vagamente a su perra, sé que no era la nuestra pues eran muy diferentes en tamaño y raza. Sé que rea Bule y no sólo porque después la recuerdo a la perfección. Es una imagen que en ocasiones no me cuadra. Tú te encuentras recostada en un sillón y me levantas con tus brazos extendidos y después me bajabas rápidamente hasta besar mi nariz, debo haber tenido apenas unos meses, pero lo recuerdo con claridad. Yo trataba de alcanzar tu rostro y estrujarme contra él, era una sensación agradable. Recuerdo perfectamente que a un lado se encontraba una cama y él estaba tendido sobre ella junto a Blue, reía junto conmigo cada vez que fallaba en mi infantil intento por estrujar tu cara. Tú y yo reíamos a carcajadas y él junto con nosotras, creo que Blue ladraba de cuando en cuando tratando de acompañarnos o interrumpirnos. Es un recuerdo feliz. Creo que él nos tomó unas fotos al final del juego.

Me deja impactada con sus memorias. No es que yo haya olvidado ese momento, pero seguramente estaba guardado debajo de muchos otros. Mientras escucho su narración, una a una aparecen las imágenes que describe. No fue exactamente así, pero la escena se acerca mucho a lo que sucedió. De ninguna manera pensé que ella pudiera tener registro de eso. No espera respuesta, no busca nada en mí, simplemente acaba de emprender un viaje por su memoria y yo no pretendo detenerla.

-Sé que conviví con muchas otras personas en el set y no me parece extraño recordarlo a él como a muchos otros, lo que me produce curiosidad es el por qué ese sea precisamente mi recuerdo más antiguo. El aparece en muchas ocasiones en mi memoria.

Hace una pausa pues parece estar viajando más lejos y no sé si logre seguirla, pero guardo silencio para continuar escuchándola con atención.

-Mi papá me ha repetido en muchas ocasiones que eres una mujer maravillosa, pero que has tenido que pasar por muchas cosas y que algún día te comprenderé, que tu valentía es inigualable y que ojalá yo haya heredado tu fuerza. En ocasiones me gustaría saber a qué se refiere. La mayor parte del tiempo te recuerdo perdida en tus pensamientos, ajena al mundo que te rodea hasta que caías en cuenta que estaba cerca y entonces tu buen humor y risa contagiosa aparecían para condescender conmigo o con cualquier otro ser humano cercano. Creo que en eso me parezco mucho a ti. Sabes que cunado me pierdo, me encuentro a millones de años luz de la tierra.

Nuevamente hace otra pausa y en efecto, en este momento parece estar a kilómetros de distancia de aquí. Salta a una nueva idea y me toma fuera de lugar, pero parece no estar atenta en lo absoluto a cualquier reacción de mi parte.

-Si me preguntaran, diría que la de ustedes es como una relación de adolescentes. Lo he visto con mis amigos y compañeros de escuela. Se parece mucho a eso.

De momento pienso que se refiere a su padre y a mí, hasta que caigo en cuenta que no es así.

-Deberían comenzar a madurar, si no es para estar juntos, por lo menos para compartir una amistad. En ocasiones llegué a guardarle cierto rencor. No sé si rencor sea la palabra correcta, quizás recelo sea más apropiada. Tenía miedo de lo que produce en ti cuando está cerca, para bien y para mal.

Dejo que continúe su viaje a través de los recuerdos, no de los míos, de los propios.

-Nunca he aceptado que seamos seres humanos incompletos necesitados de encontrar eso que nos falta, la famosa y estúpida "media naranja". La sola idea de lanzarse un una cacería inútil en pos de ese intangible complemento me parece denigrante y falsa desde su origen, pero hay casos, quizás contadas excepciones. Creo que él y tú son una de ellas. Tú no lo buscaste ni él a ti, pero se encontraron, eso debe significar algo. Te he visto con otros seres humanos a tu alrededor, parejas, compañeros o compañeras de vida, de amor o lo que sea, pero con ninguno tienes eso que él te da. Sé que has amado antes y después de él, es más, desconozco si lo que ustedes sienten es amor, pero en definitiva me parece único. Quizás esté obnubilada como el resto del mundo por un espejismo, pero creo que en este caso, tantos no podemos estar equivocados.

Ahora vuelve al mundo real y su pista de aterrizaje son mis ojos. Un escalofrío recorre mi cuerpo, no sé que otra revelación me tenga preparada. Achica los pequeños ojos y su mirada azul se intensifica, parece estar buscando algo.

-Recuerdas aquella ocasión en la que estábamos en casa de Ellen; la fiesta en la piscina. Yo los observaba a ustedes dos ahí y pude ver lo que ahora mis amigos me cuentan que el mundo entero vio en ustedes a través de la pantalla. Tú sabes que la televisión nunca ha formado parte de nuestra vida, pero yo lo tenía ahí en vivo. Si dicen que a través de la pantalla se percibe, imagina cómo es verlo con tus propios ojos sin una cámara de por medio. Es poderoso, es impactante. En ese momento pensé que sólo sé las cosas que sé y no sé las que no sé. ¿Recuerdas? Pero fueron ustedes el motivo de mi conclusión. Miles de preguntas atravesaron mi cabeza en el momento en el que me di cuenta. Obviamente no era la primera vez que los veía interactuar, pero sí la primera que me di cuenta de aquello. No podía poner en palabras, la definición de aquello que veía, incluso dentro de mi propio pensamiento. Lo que observaba me confundía y no era capaz de armar el rompecabezas en mi cabeza, ni ahora ni entonces. ¿Eres consciente de lo que produce en ti?

Las palabras se agolpan y se atropellan unas a otras dejando escapar caóticamente sólo algunas de ellas de mi boca.

-No… Sí, en algún momento me di cuenta.

Me sonríe tiernamente y continua. Parece que los roles se intercambian, siento que estoy hablando con mi madre en lugar de estar escuchando hablar a mi hija.

-Lo que te dije, son unos adolescentes. No quiero que me cuentes nada hasta que no te sientas preparada para hacerlo y creo que eso sólo sucederá el día que definas o definan lo que sea que tengan que hacer. Quizás nunca suceda, pero hasta entonces no pienso presionarte.

Toma un poco del chocolate ahora helado y se levanta sin previo aviso. Deposita un beso en mi mejilla y yo respondo al aire como autómata. Decir que estoy impactada sería poco. Se retira y me deja sola en medio de un abrumador silencio. Lo único que me viene a la mente en este momento, es que el universo ha conspirado el día de hoy para cuestionarme y lo ha hecho a través de diferentes voces, que la de mi hija haya sido una de las portadoras me indica que he prolongado y evadido tanto tiempo el tema que ya es inminente, es hora de afrontarlo.

Al quedarme sola con las voces del pasado, me rehúso en primera instancia a confrontarlas, aparecen dentro de mi cabeza como millones de insectos que revolotean y el eco de sus alas reverbera en mi cerebro sacudiendo todos los cimientos sobre los que se construyó la mentira de mi vida.

El sonido característico de mi celular insiste en traerme de vuelta a la realidad, quisiera ignorarlo, decido ignorarlo. Si la tecnología me aportara la llave mágica con la cual cerrar la puerta del pasado, la tomaría en este momento sin pensar, la tecnología o cualquier tora cosa. Mi instinto me indica que debo huir y desaparecer de la faz de la tierra.

Continuará...