Mi vida por un sueño III
CAPÍTULO III
No contesta mis mensajes ni mis llamadas, siento un nudo en el estómago y si tuviera que definirlo diría que es algo muy cercano a la angustia, pero yo sé que en realidad es culpa la que grita desde mis entrañas. Me desconcentra el tener que pensar en ella, necesito enfocarme en el trabajo y no puedo. He intentado y Dios sabe que lo he hecho, pero nada ha dado resultado. No merece a alguien como yo en su vida.
Y por encima de todo está "ella", se sobrepone a toda imagen que pretenda abarcar mi pensamiento.
Nada, absolutamente nada de lo que he hecho en mi vida ha dado el resultado esperado, cuando juré que fracasaría un proyecto, éste tuvo un rotundo éxito y viceversa. Parece que mi pésima capacidad de visualizar el futuro se traslada a todos los campos de mi vida.
Las mujeres no son la excepción. Yo que me consideré en su momento el hombre más afortunado del mundo pues no había mujer que se resistiera a mis encantos, cosa no del todo cierta, pues hubo más de una que no sólo no sucumbió, sino que simplemente me ignoró o repudió desde un inicio.
A todos los seres humanos nos interesa alguien o algo en la vida, a mi me interesaban todas las mujeres, mi juventud me lo permitía y quizás el contar con un físico medianamente atractivo o no del todo desagradable, me dio la oportunidad de tratar a todo tipo de especímenes del sexo opuesto. En mi adolescencia, la búsqueda de satisfacción abarcó el mayor porcentaje de mi pensamiento, cosa nada extraña en cualquier hombre joven o más bien, en cualquier hombre. Seguramente existe un gen con el que nacemos programados para ello, unos con más descaro que otros, pero a todos nos mueve la vida y el mundo la búsqueda de un instante de placer.
En los primeros años todo se reduce a eso, a la búsqueda del instante, hasta que sucede eso que ninguno espera, ese momento en el que te encuentras con alguien que redirige tu búsqueda a otra parte. Ese ser que te hace mirar más allá de tu propia necesidad primaria y que la transforma en una mucho más poderosa que la simple satisfacción sexual. En ocasiones me pregunto el por qué tienen que ser tan importantes en mi vida, por qué les he otorgado el podre de controlarme, las mujeres han controlado mi vida, y mi destino.
Yo creo que todos los hombres tenemos a ese ser que nos cambió la vida, todos nos hemos encontrado con ella y para el infortunio de muchos, por no decir todos, no tenemos la capacidad de darnos cuenta de la magnitud del evento y sus potentes consecuencias. Chocas con ella, la encuentras o es ella la que te encuentra y entonces sucede, estas destinado a perderla y buscarla hasta los más recónditos confines del universo a sabiendas de que nunca la encontrarás porque no es en ella en quién buscas.
He besado tantos labios tratando de besar a la única mujer a la que no puedo. Tratamos de encontrar en todos los cuerpos el único que no tenemos, que no nos pertenece, el suyo.
Yo, como muchos otros, fui víctima del abandono de esa mujer que sintió su orgullo mancillado, no por mí, sino por miles de hombres a través de la historia y de los que en ese momento yo era la encarnación o la representación física, el género enemigo.
Mentiría si dijera que esa fue la causa de mi desgracia, yo hice miles de cosas dolorosas como para ganarme el destierro de un corazón asustado y huidizo. Finalmente uno termina pagando las culpas de todos los hombres que han cometido los mismos errores que uno y no sólo eso, termina cargando de dolor las historias del cúmulo de mujeres que no queremos y que se atraviesan en el camino de nuestra incesante búsqueda de la única a la que amamos.
Yo no quería que fuera ella, yo no sabía que era ella. Ella es la clase de chica que un hombre conoce cuando es demasiado joven y eso molesta porque todavía hay mucha vida por vivir. Nada más lejano a mi propio concepto de mujer perfecta, nada más cercano al caballo de Troya que conquistó mi corazón, mi sexo y mi alma. Tenía que ser justo ella, esa persona a la que menosprecié desde el primer momento, esa mujer en la que no vi nada relevante, esa mujer que consideré intrascendente. Quizás ese fue el primer error, en ese momento bajé la guardia y perdí la única batalla importante, la única que nunca consideré trascendente. "Si te relajaras medio segundo y dejaras de buscar fervientemente un alma gemela quizás un día te despiertes al lado de una."
Me enredé en mi propio juego, me quemé con las brasas del deseo. Perdí y sigo perdiendo la piel en el andar de este sendero, un error le sigue al otro como el pie que irremediablemente debe continuar por el camino trazado por su compañero, carece de opción, no tiene escapatoria.
Perdido en ese laberinto uno se encuentra con la compañía adecuada en el infierno, aquélla hermosa Ariadna que parece mostrarte el camino, aquella que promete sacarte de él con ingenio, pero que no es más que el guardián de tu prisión. Una vez que crees haber matado al monstro de tu laberinto, sales para deberle la vida a la que te mostró el camino de vuelta.
Me convencí de que ella era la adecuada, que la que te saca del abismo merece toda tu lealtad y es por ella por la que ahora mi corazón se estruja. La amo, sería un ingrato si no tuviera el valor de reconocer que mi corazón la ama, pero hay de amores a amores y en esa escala de apreciación, todos salimos perdiendo.
En un ejercicio de honestidad, desde que el pasado volvió a mi vida nada ha podido ser igual. Esto que ahora escribo para el trabajo y que trato de maquillar, adornar y matizar para que no se parezca tanto a mi propia realidad, esto es lo que realmente plasma parte de mi versión. Si alguien uniera los títulos, bastaría para leer en pocas líneas lo que realmente ocupa mi mente, "Desearía que estuvieras aquí", "Creo que todos tienen a alguien especial que se les mete debajo de la piel y no se va."
Una frase aquí, otra por allá y la verdad aparece, esa que me niego a ver, aquella que no quiero mirar a la cara porque sé que acabará con lo poco que queda de mí. Ahora mismo me viene a la mente una "solución suicida", eso que apagaría la conciencia del dolor, pero soy muy cobarde para eso, prefiero morir de a pocos. ¿Qué le diría a ella, qué le diría a mi esposa, qué le dejaría a mis hijos?
Sé que las cosas no van remotamente bien, ella sabe que he hecho hasta lo imposible por encontrar la manera de estar, de entregarme por completo a este proyecto que comenzamos juntos y que ahora se desmorona entre las manos. ¿Cómo puedo entregar lo que hace mucho no me pertenece? Ella se llevó mi vida, ahora ya no puedo entregarla, ni siquiera puedo morir.
Se que hablo de "ella" y de "ella" como si de una se tratara, pero sólo mi corazón sabe a cual de las dos se refiere. Se confunden y no porque no pueda identificar que lugar le corresponde a cada cual, por supuesto que lo sé, se mezclan porque me niego a separar a cualquiera de ellas de mi vida y mi temor es que ella lo sepa también.
Es evidente que lo sabe desde siempre, dudo que algo así pueda ocultarse, me extrañaría que en su momento lo negara, sólo espero que también sepa que lo intenté honestamente, que lo desee con toda mi alma, que fue una decisión consciente en total libertad.
Me miento descaradamente a sabiendas de que no hay nadie aquí para desmentirme y que debería ser yo el que tendría que hacerlo, pero la vida no es llevadera con la verdad a cuestas. Hace muchos años pensaba en que el mundo se podía dividir en blanco o negro, que las cosas tenían cabida en un lugar en específico, medible, cuantificable y etiquetable. Que equivocado vivía entonces, no sabía de los matices del mundo y de las incontable experiencias que son imposibles de colocar en algún apartado de la vida. Nosotros somos una de ellas, nuestra historia no puede ser vista desde el cristal de lo bueno o lo malo, simplemente ha sido y sigue siendo incatalogable.
En el camino sigo aprendiendo a prueba y error, infortunadamente mi camino está plagado de más errores que aciertos. Nunca pretendí lastimar a nadie, sólo reaccioné a las circunstancias y heme aquí, tratando de escribir o poner orden a una historia que no parece tener fin, que se niega a terminar a pesar de los esfuerzos de todos los involucrados.
Cierro de golpe la tapa de la computadora portátil al momento en el que el sonido del elevador me indica que alguien llega. Sé perfectamente de quien se trata, lo que desconozco es con versión de ella me voy a encontrar ahora. Han pasado casi tres días, el portero me informó que salió con una pequeña maleta y que un taxi la recogió. Decido esperar, no quiero más confrontaciones, las discusiones nos han desgastado al punto de desear escapar, sé que ella misma ha considerado terminar con todo y yo me niego a aceptarlo.
Son muchos años, hemos luchado juntos por tanto tiempo para mantener esta ilusión de familia, para sostener aquello que un día nos unió. Vuelvo a abrir el ordenador pues me parece que debo respetarla y no presionar tratando de buscar una explicación. Sé que llegará a mis espaldas, sé que no podré ver su rostro de frente hasta que ella decida que es el momento de hablar.
La siento detrás mío, pude escuchar sus pasos sobre la madera. Sé que se encuentra parada debajo del marco de la puerta, yo no sé si encuentre el valor para girar y encontrarme con su mirada, no quiero leer el final en su cara. Mi última esperanza es escuchar su voz, es saber que todo irá mejor y que nada cambiará. No quiero que nada cambie, me aterra el sólo pensar que pueda perder la único a lo que he podido asirme para no hundirme en el abismo.
Escucho sus pasos aproximarse con parsimonia y un frío recorre mi cuerpo, me sabe a despedida, me sabe a terror hasta que escucho su voz enronquecida más de lo habitual. Me rodea con su brazo por la espalda y lo pasa sobre mi cuello para después depositar un beso en mi mejilla y casi susurrarme al oído.
-¿Qué escribes?
Estoy a punto de soltar una enredada explicación sobre el trabajo, los capítulos que tengo que dirigir, las ideas que aporto y de las que me deslindo completamente, pero me impide enredarme en mis propias mentiras, me detiene de inmediato antes de que yo sea capaz de articular una sola palabra.
-Mucho trabajo supongo. ¿Cómo van los ensayos?
Nuevamente intento responder mientras cierro el ordenador portátil y giro mi silla de trabajo para verla a los ojos, pero ella desaparece tras la puerta sin esperar una sola palabra. Es como si hablara consigo misma y no conmigo. Desde la lejanía me llega su voz, sé que está haciendo algo pues escucho cajones abrirse y cerrarse en tanto sus palabras recorren la distancia que nos separa.
-¿Comiste? La carga de trabajo te va a acabar, creo que perdiste unos kilos en estos días. No quiero interrumpirte, sigue con lo que estabas haciendo. Voy a salir de nuevo, necesito atender unos pendientes que dejé de lado y recordé que eran urgentes. Creo que voy a comer con papá, supongo que no quieres venir. Yo le daré tus saludos, seguramente querrá verte pronto para que lo dejes ganar en la partida de tenis o quizás quiera que lo acompañemos al campo de golf; tú decides, aunque con papá hay poco que decidir. De camino acá hablé al colegio, los niños quieren ir de campamento de nuevo así que estaremos otra temporada solos.
Escucho sus pasos aproximarse de nuevo, en tanto no he sido capaz de emitir una sola palabra. Quisiera confrontarla, preguntarle dónde ha estado, qué ha hecho y por qué no me ha avisado. No se dignó a contestar una sola de mis llamadas o mensajes y vuelve como si nada hubiera pasado. Este juego que se instauró entre nosotros después de mi rehabilitación me ha llenado de comodidad, ella hace como que nada le importa, no me confronta, ya no me hace preguntas, nada. No sé si es lo más sano, no quiero pensar en las consecuencias que pueda traer, pero en apariencia resulta cómodo.
Hace años la pasábamos bien, éramos cómplices y amigos. Ella reía y yo reía a su lado, la magia de la paridad me obnubiló, compartíamos gustos y quizás hasta sueños. Honestamente elle me apoyaba sin saber que fomentaba mi locura, que yo había perdido piso y que simplemente abonaba a que me alejara cada día más de la realidad. Veía en mí a ese hombre superior y pagado de sí mismo que me encantaba creerme. La confundí y le hice pensar que yo era ese hombre con el que había soñado, pero no por malicia o por afán de engañar, simplemente que yo mismo lo creía a ciegas.
¿Soy el culpable de todo? No lo sé, quiero pensar que no, que en esto ambos tuvimos algo de responsabilidad, pero en el fondo no lo siento así porque la sombra de ella siempre estuvo ahí. Su recuerdo agazapado en todo momento, presto para el ataque inesperado, martirizó mi existencia de cabo a rabo. Quizás en algún momento de mi vida conseguí un poco de la paz que buscaba, cuando desapareció de mi campo visual pude vivir, pude disfrutar un poco de lo conseguido, hasta que volvió, entonces me perdí por completo de nuevo.
Ahora veo a mi esposa aproximarse a mí y por primera vez logro ver algo que nunca había leído en su mirada, determinación o quizás es resignación. Ahora siento que el proceso dio inicio, que no hay marcha atrás y que no tengo ni voz ni voto en ello. Deposita un beso en mis labios y la sensación gélida me hace estremecer. El vacío casi absorbe mi ser como hoyo negro, ahí ya no hay nada ni lo habrá. En otras ocasiones hubo sabor a dolor, otras a intento, hoy a nada. Mientras se aleja, remata con una oración condescendiente y hasta amorosa.
-Hoy tienes ensayo, cuida de no sudar mucho o terminarás con cinco kilos menos para el estreno. Nos vemos después.
Cierra la puerta y detrás de ella me deja envuelto en el silencio. No quiero esto, no soporto tener que pensar, me niego a martirizar mi alma con infinidad de preguntas sin respuesta y que además soy totalmente incapaz de responder por mí mismo.
Tomo el celular y miro al teclado sin saber que número marcar. Las posibilidades parecen en mi mente con fotografía mental incluida, pero me recuerdo que yo ya no soy ese, que se supone que ya cambié, que me prometí ya no hacerme esto, por mis hijos, por ella y hasta quizás por mí. La debilidad tiene nombre de mujer y para mí no ha sido diferente nunca, así que sin pensar marco y espero.
-¡Hola hermoso!
Mi silencio le contesta, es la duda la que responde a final de cuentas. Ella lo sabe, me conoce muy bien y no espera a que yo haga algo más, he marcado y con eso es suficiente.
-No estás bien ¿vedad? No contestes, no es necesario. Te veo en mi casa, no tardes.
Cuelga y no hago más que dejarme llevar por el automático que dirige mis neuronas en este momento. Tengo miedo de conducir, pero sé que mi cerebro conoce el camino sin necesidad de recibir indicación alguna. No me enfrento a ninguna complicación en el camino, un autómata permite que su cerebro reaccione ante cualquier eventualidad y siempre es más rápido que la consciencia. Todo va bien hasta que me encuentro frente a la puerta, necesito decidir si llamar o llegar a la conclusión de que esto es una estupidez del tamaño del mundo, pero el sonido y la visión de la puerta abriéndose sustituyen a cualquier decisión posible. La pequeña mujer, casi diminuta que se encuentra detrás de la puerta tiene el carácter suficiente como para no esperar nada y actuar. Yo ni siquiera me había percatado, pero mi cuerpo se encontraba recargado en el quicio de la puerta esperando una respuesta cerebral que nunca llegó. Su voz, la mano que me jala con fuerza descomunal para mis ínfimas fuerzas y su determinación, son suficientes como para ponerme en marcha.
-¿Ahora qué hermoso? ¿Qué pasó?
No respondo y sigo el camino que me indica, me sienta en el sofá y se dirige a la pequeña barra a servir algo en un vaso. Continúa hablando sin esperar una respuesta, sabe que no la obtendrá. Regresa con el vaso entre las pequeñas manos y bebe, mientras su cuerpo se posa frente a mí como un roble casi diminuto.
-¿Así de mal están las cosas como para que te dignes a hablar en vacaciones? ¿qué le hiciste ahora?
La afrenta me mueve y he de reconocer que esta mujer me conoce más de lo que yo quisiera, pero su carácter tiene un algo peculiar que se lo permite, le facilita el leerme sin tapujos. Eso y que yo le he contado todo lo que he podido, todo aquello hasta donde la cordura me ha dado permiso.
-Yo no le hice nada. Ella se fue por casi tres días y regresó hoy como si nada hubiera pasado. No se dignó ni siquiera a darme alguna explicación. Yo he estado todo este tiempo en casa esperándola, trabajando hasta donde me ha sido posible, no te pongas tú en esas.
Mi tono suena a molestia y no es para menos, sé que mis antecedentes no ayudan en nada, pero he cambiado y hecho mi mejor esfuerzo. Nadie mejor que ella para dar testimonio. Se sienta a mi lado y posa su mano sobre mi muslo.
-¡Ya hermoso! Tienes suerte de que las niñas no estén y mi futuro "ex" tampoco. Suéltalo todo ahora que puedes, tu mejor amiga está aquí para escucharte. Te ofrecería un trago pero ya sabes… no puedes. ¿Algo más que se te antoje?, ¿un masaje relajante con final feliz?
Mi cara se transforma pues la carcajada en mi interior no se hace esperar. Esta mujer tiene la capacidad de hacerme reír sin previo aviso, la admiro como persona, pero sobre todo como una excelente comediante, por lo menos a mí me lo parece. Yo no puedo hablar pues la risa me lo impide, así que ella continúa.
-Eso es hermoso, así está mucho mejor. Mira que un final feliz no se le niega a nadie, ¿Seguro que no quieres?
Ella misma comienza a reír a carcajadas mientras se levanta, me da una palmadita en la rodilla, se sirve otro trago y continúa. Su semblante cambia mientras habla y su voz ronca profundiza en la intención.
-Entiéndela, no debe ser fácil. Hace poco apenas salían de una crisis terrible, es poco tiempo para ella… para ambos. Si está metida en un enredo estaría en todo su derecho.
Poso mi rostro entre mis manos y desde ahí le contesto. Siento que mi sangre hierve y no necesariamente es por lo que implican las palabras de Pam, es simplemente que no entiendo absolutamente nada de lo que pasa y me siento un imbécil por eso.
-No es eso. No importaría si así fuera, eso nunca formó parte de nuestras preocupaciones. Somos libres, ¿recuerdas? Ese fue nuestro acuerdo desde el principio.
Pam vuelve a reír a carcajadas y con descaro suelta la sentencia que sigue mientras se aproxima nuevamente a mí y se sienta a mi lado nuevamente.
-¿Que si recuerdo? Querido, he visto salir más mujeres de tu tráiler que de la cama de Hank Moody, ¿con quién crees que estás hablando? Por eso te decía que la mujer tiene todo el derecho ¿o no? Pero ese no es el punto, el punto es por qué estás así, ¿porque se tomó unas merecidas vacaciones de ti? ¿es eso?
Niego con la cabeza, es obvio que yo mismo desconozco la respuesta a eso, no tengo la menor idea del porque esto me ha afectado tanto. Es algo que no puedo describir con palabras, pero lo intento.
-No es eso. Se está terminando, sé que esto se está acabando y no sé que hacer para sostenerlo más. No sé qué es lo que más me pesa, quizás el que me prometí desde niño que yo nunca haría lo que mis padres o que juré mantener mi promesa de por vida.
Pam comienza acariciar mi cabello como lo hace siempre tratando de tranquilizarme, aunque sé que después puedo esperar un golpe en la nuca sin problema.
-Cariño, sabes que eso es una mentira del tamaño del mundo…
Ahí esta el golpe que esperaba, me gusta su forma poco ortodoxa de tratarme, pero es de los pocos seres humanos que me habla de frente, con la verdad cruda y sin reparos. Continuúa.
-Cómo diablos pretendías mantener una promesa hecha en un maldito arranque. ¿Eres idiota o te haces? ¿Realmente quieres tragarte ese cuento? Es la cosa más machista y estúpida que te haya escuchado y mira que me he tenido que tragar un montón en estos años.
Se levanta y comienza la representación más ridícula de mí que haya visto, es una parodia en toda forma, con cambio de voz y lenguaje corporal incluido.
-"Yo soy el hombre y respeto mis promesas… así me cargue la chingada con eso. Yo me sostengo como macho."
Yo achico los ojos y analizo. Ahora no me produce gracia y es porque de ninguna manera me considero ese tipo de hombre, yo no soy así y necesito hacérselo ver.
-Te equivocas, si dices eso es porque realmente no me conoces en lo absoluto. Yo tenía un sueño, yo siempre quise formar una familia y me duele mucho saber que la pierdo.
Guarda silencio por un instante y comienzo a ver un brillo en sus ojos que reconozco, sé que se está gestando una tormenta en su interior así que me preparo. Quizás es eso lo que realmente vine a buscar, la verdad en bruto y con todas su letras.
-¡No me hagas reír Duchovny! Si querías una familia no era con ella, no te engañes. Ni el más desquiciado en este medio supone que pueda lograrlo con alguien que conoció hace quince días. Por el amor de Dios. Si viniste a que te sirviera de pilmama te equivocaste de casa querido, estoy harta de cuidar niños y escuchar a mentirosos. Si viniste aquí fue para decir la verdad pues sabes que conmigo no funciona de otra manera, de lo contrario puedes irte de una vez, la puerta está muy grande.
Creo que a nadie en la vida le he permitido hablarme de esa manera, he sostenido discusiones acaloradas con más de una persona, pero ella tiene ese poder sobre mí porque efectivamente habla con la verdad en la mano y no le tiembla la voz para decirla. Por eso vine y tiene toda la razón, de ella puedo escuchar todo aquello que yo pretendo esconder, las mentiras caen frente a ella una a una. Tiene el poder de confrontarme sin recelos con cualquier verdad por dolorosa que me parezca.
-Pamela Adlon, no me hables así… El que sea mi amiga no te da derecho a…
Me detengo pues veo gestarse lo que seguramente terminará siendo una fuerte palmada en mi frente, esa maldita costumbre en ella y de la que he sido objeto más de una ocasión. Continúo, pero con un tono diferente y su reacción es en consecuencia favorable.
-…Tienes razón, pero ella me ayudó a creer que era posible. Son muchos años Pam, tú lo sabes, traté de hacer que funcionara y ella trató igual. ¿Qué diablos nos pasó?
Sus ojos cambian de expresión y ahora veo compasión en ellos, no es del todo de mi agrado, sin embargo funciona a mi pesar.
-Pasó que se cansaron de luchar, que hay muchas más cosas que el simple esfuerzo. En una pareja, los cimientos se carcomen o desgastan con el tiempo, las dudas, los rencores. Lo único que nos sostiene al final de día es el resultante de lo sumado menos lo restado querido y en ustedes parece haber más números rojos. Yo sé que ambos han luchado e intentado sostener esto por sus hijos e incluso podría pensar que por ustedes mismos, pero esa última parte creo que se sostiene con alfileres en el aire. Tú la has querido, no me cabe duda e incluso estoy segura de que en algún momento la amaste, pero hay de amores a amores hermoso y el tuyo por ella no sé si sea "el amor."
Todo lo que dice es cierto, no sin generar grandes objeciones de mi parte. El amor es relativo, la concepción de encontrar "el amor" con letras grandes y brillantes como en marquesina está sobrevalorado. El amor se construye, se va trabajando día a día.
-¿No te parece que esa parte de "el amor" como el cáliz sagrado es una fantasía? Yo creo en el amor que se trabaja duro y al día, ese que no depende del flechazo o la calentura de momento. Estoy hablando de una familia y eso para mí representa todo el amor que deseo.
Toma mi mano, pero eso en absoluto es un buen augurio, por el contrario, sólo significa que se avecina una verdad más dolorosa que la anterior y proviene de sus labios sin duda.
-Es así corazón para la mayoría de nosotros. Todos aquellos simples mortales que no tuvimos la suerte de hallarlo en el camino, pero para tu fortuna o más bien, en este caso tu desgracias, tú chocaste con él antes de encontrar a tu esposa. Es evidente que eso ha sido una maldición para los dos pues han luchado contra un monstro casi imposible de vencer. Ella tiene y ha tenido tres opciones; lo acepta y continúa, desiste de una lucha inútil o lo ignora, en cualquiera de los casos, pierden todos. Me parece que lo más honesto de parte de los dos es aceptar que están luchando una batalla perdida y dejar de lastimarse sin razón, ninguno de los dos lo merece… Sin mencionar a la tercera. Todos tienen hijos y como madre entiendo perfectamente que son la razón más poderosa para luchar contra cualquier tipo de sentimiento, pero no seas anticuado querido, cualquier hijo estará mejor con padres separados y felices, que juntos y amargados. Créeme, si de verdad quieres hacerles daño, continúa como hasta ahora. Ya sea por amor o por falta de, ya no tienen más a donde ir, ambos han agotado los recursos a su alcance. Por lo menos regálenle a sus hijos un par de padres felices. Toma en cuenta que tú tampoco le estás dando la oportunidad a ella de buscar su felicidad, quién te dice "señor egoísta" que tú eres la única posibilidad, ella puede encontrar a alguien mejor que tú… para ella, seguramente para ella habrá alguien mejor que la ame como se merece, tú no puedes y ya es hora de que lo aceptes.
No puedo controlar las lágrimas que comienzan a asomar por mis ojos, no quería venir y sabía perfectamente por qué. La verdad dicha con todas sus palabras y mis neuronas en espejo no pueden controlarse y comienzan a hablar con veracidad.
-Pero yo ya perdí la oportunidad, yo ya no voy a encontrar nada donde lo dejé. Eso ya no existe, es una ilusión, una fantasía de la que no puedo agarrarme. No voy a dejarlo todo por algo que no está, que no me espera, que desapareció hace mucho. Ya la olvidé.
Ahora sí me la gané con todas las de la ley, la palma de su mano termina sobre mi frente y el ardor recorre mi rostro por completo.
-¿De verdad Duchovny… de verdad? Mira que eres caradura hombre. No tengo la menor idea de si eso todavía sea algo a lo que puedas volver y menos si es una posibilidad tangible, pero ¿realmente eso es lo que te detiene? No seas cínico… Punto uno, "no la has olvidado", punto dos, nadie se merece ser la tabla de salvación de un cobarde y tres… ¿de verdad tengo que decirlo? Te estás muriendo de amor imbécil y eso es lo que a ella la hizo reaccionar, ¿no tienes un maldito espejo en tu casa o qué? Nadie en su sano juicio puede dejar pasar por alto una llamada de atención de esa magnitud, más allá de ser su esposo, eres el padre de sus hijos y ella no te dejaría morir así por las razones que sean. Yo misma no sé qué diablos te tiene en ese estado, pero la única respuesta que me suena lógica es que el amor te está matando. Yo te he visto meterte con cuanta mujer se te ha puesto de frente, cuanta línea y alcohol se te ha atravesado, y nunca te había visto tocar fondo como ahora. No me vengas con que es trabajo, que el teatro es absorbente pero no a ese grado.
La pregunta en consecuencia me toma mal parado, ¿estoy enamorado? ¿realmente es eso lo que me mantiene en este estado? No lo creo, de haber sido esa la razón me hubiera muerto hace años. No puede ser ese el motivo, desde el día que ella decidió irse de mi vida hubiera muerto como Pam dice, pero no fue así. No sólo no fue de esa manera, por el contrario; sin ella reviví, sin ella pude encontrar paz, sin ella pude luchar por mi matrimonio y mi familia. De dónde saca que es amor lo que me tiene así; es preocupación, es necesidad de lucha, es desesperación por lo que estoy perdiendo, no por lo que perdí hace tanto.
-No me estoy muriendo, ¿de dónde sacas eso? Estoy preocupado, es todo. ¿Qué no escuchaste que mi matrimonio se está yendo o ya se fue al demonio, que mis hijos se van a quedar sin su padre, que nada de lo que planeé se ha cumplido? Eso es lo que me está matando en todo caso. Es verdad que me ha costado mucho seguir después de haberla visto la última vez, no lo voy a negar, pero estoy seguro que lo he superado.
Niega en repetidas ocasiones, es evidente que no comparte mi punto de vista y me lo hace saber con un par de palmaditas en la mejilla y un tono condescendiente acompaña su movimiento.
-¡Ay mi amor! Espero que estés tratando de engañarme a mí, de lo contrario estás peor de lo que imaginaba. Si te engañas a ti mismo de esa manera estoy de acuerdo con tu esposa, no hay remedio para ti y la única respuesta es mandarte al carajo. Yo misma tengo ganas de hacerlo en este momento, pero soy tu amiga y me quedaré a ver como te consumes en tu mentira y tomaré tu mano hasta que lo logres. Es evidente que ni yo ni nadie podremos hacer nada por ti.
Cubro mi rostro con mis manos, de verdad no entiendo nada. Las lágrimas recorren mi rostro sin tregua y no me avergüenza el hecho de llorar frente a una amiga, me molesta desconocer los motivos de mi llanto. Sé que es todo, pero a la vez no logro identificar con claridad un solo sentimiento coherente.
-Estoy confundido, maldita sea, no sé que hacer. No me entiendes, nadie me entiende. ¿Por qué soy el único que quiere luchar por esto, por qué ella se dio por vencida, no vale la pena lo nuestro?
Pam toma mis manos y las retira de mi rostro, lo toma con sus dos manos mirándome a los ojos profundamente.
-¿De quién hablas corazón? ¿De ella o de eeelllaaa?
Para enfatizar lo último hace un gesto con su mano como señalando algo muy lejano, yo sé que un puchero ha surgido de mis labios y no lo puedo controlar.
-¡No sé! No lo sé.
Niego con la cabeza en repetidas ocasiones hasta dejar caer mi rostro en el hombro de Pam y lloro como niño. Ella me cobija con sus brazos y hace un sonido chistoso con su garganta como queriendo consolar a un niño, aún eso no le quita el dolor a mi pecho.
-Sí lo sabes hermoso, pero tu corazón se niega a aceptarlo o peor aún, le duele tanto que no tiene la fuerza para hacerlo. ¡Ya, ya! Llora todo lo que necesites que aquí estoy yo para sostenerte, no te voy a dejar caer Duchovny, no te me vas a ir entre las manos.
Coloca mi cabeza sobre sus piernas y mece mis cabellos mientras yo destapo el frasco del llanto añejo y lo vierto a borbotones sin censura. Después de pasar un tiempo indeterminado en esa posición voy cayendo presa del agotamiento físico, pero sobre todo el emocional. Mi espíritu está tan dolorido que no alcanza a visualizar ningún futuro, ninguna solución. Estoy devastado.
Sueño, sé que sueño porque no puede ser un pensamiento consciente. Es la imagen de ella sentada a mi lado, su panza de meses de embarazo, un chiste mío y su risa. Me duele, todo lo que se relaciona con ella me duele. Preguntas estúpidas por aquí, respuestas absurdas por allá y su risa, siempre su risa, esa que en ocasiones siento que es de mí de quien se ríe. Su voz, un "no puede ser", otro "demasiado tarde" atormenta mis sentidos adormecidos, finalmente su estrepitosa carcajada me despierta de golpe.
Mi cerebro desorientado por un instante desconoce el lugar donde se encuentra, sólo unos segundos duda para después dejarse envolver por la total consciencia. Pam está en el sillón frente a mí, no sé en qué momento se levantó pero yo no lo sentí. La veo sostener mi celular entre sus manos y extender después su manos para acercármelo.
-Te llamó Tea. No contesté, pero supongo que es urgente pues lo ha intentado varias veces. Quizás te ha dejado mensaje de voz. ¿Desde cuándo no dormías?
Aún aletargado por el sueño mi cerebro busca entre los registros de llamadas, un nombre salta a la vista trayéndolo de vuelta a la realidad, volcando el corazón a una carrera infernal, mis ojos leen "SB" y no sé cuál ha sido mi respuesta facial pues de inmediato hace reaccionar a mi acompañante.
-¿Qué? ¿Qué pasó?
Mi reacción ha sido más rápida que yo, hay costumbres que no se pierden y hasta semi inconsciente puedo negarlo todo.
-Nada, son muchas llamadas de Tea. No dormía desde hace tres días.
Me siento muy listo y eso es porque no he reparado en el detalle de que desconozco cuanto tiempo Pam tuvo mi celular en su poder, que no he pensado por un instante en que ella pudo haber visto también esa llamada como las demás. Decido omitir todos los detalles y me incorporo para salir de ahí lo antes posible, no podría soportar otra faena como la de hace un rato. Me despido sin despedirme realmente, más bien huyo desaforado.
-¡Gracias por escucharme!
Cierro la puerta con premura, no quiero darle oportunidad de responderme o peor aún, de detenerme e interrogarme. Yo mismo me niego a cuestionarme cualquier cosa ahora, no me siento con fuerzas para especular o cavilar opciones, aunque parece inevitable pues mis neuronas actúan sin consentimiento. ¿Estará bien? ¿por qué me ha hablado? ¿me necesitará? ¿debo devolverle la llamada sin sentir que mi vida va de por medio?
Mientras manejo como desquiciado, aunque el tráfico habitual de esta hora me lo impide por completo, sólo tengo una cosa en mente y no puedo evitarlo.
-¡Maldita sea mujer! ¿por qué ahora?
Continuará…
