Mi vida por un sueño IV
CAPÍTULO IV
He salido de la casa tratando de disimular y haciendo un esfuerzo sobrehumano para no gritarle en la cara todo lo que he tenido que pasar por su culpa. Lo maldigo mientras espero que el elevador llegue a la planta baja, la pregunta que ronda mi mente si cesar es ¿por qué yo? ¿Por qué diablos he de ser yo la que deba cargar con lo que él nos ha hecho? Y la respuesta es evidente y no se hace esperar, porque le permití, esa es la única respuesta posible, porque definitivamente no quise afrontar la realidad cuando la tuve de frente y por tanto tiempo.
La comodidad de sentirme la esposa, la madre de sus hijos me permitió engañarme como tantas otras mujeres lo hacen, pero yo no soy ellas y no pretendo continuar con este juego absurdo, pues una cosa es permitir que los demás te subestimen y otra muy distinta es tratar de verte la cara de estúpida tú misma. Ellos no son los culpables de nada de lo que pase conmigo a partir de ahora. Desde el momento en el que hablé con ella la única responsable de mi futuro soy yo, o dignifico mi papel en la vida o la que se estará burlando de mí y subestimando seré yo misma.
Decido que prefiero caminar, a pesar del frío que invade la ciudad en estos días, la vista y el aire gélido me ayuda a poner en perspectiva las cosas. Desde niña amaba los paseos por Central Park, la ciudad ahora es tan amigable con el que camina y piensa, que pretendo aprovechar la ocasión.
No le mentí, hace tiempo que evito hacerlo pues no tengo necesidad. Me dirijo a ver a mi padre, pero lo que omití informarle es el motivo de mi visita. Tengo que asesorarme legalmente y nadie mejor que mi mejor amigo para hacerlo. Mi padre no sólo ha sido mi guía y protector, ha sabido ser mi mejor amigo desde que tengo memoria, él fue el que me ayudó a elegir el camino de mi carrera, me incentivó a buscar mi felicidad y no el éxito, me a iluminado el camino innumerables ocasiones y hoy nuevamente voy en busca de es luz.
No pretendo hacerle daño pues estaría dañando a lo más valioso que tengo y que son mis hijos, he visto miles de casos cercanos en los que las parejas se destruyen en busca de venganza y acaban con lo poco rescatable. No puedo negarme a mi misma que he tenido fantasías en las que los veo destruidos a ambos, en las que quisiera que la vida les cobre lo que me han hecho, que el fracaso les atormente y les persiga, pero nuevamente todo eso redundaría en un daño irreparable a mis hijos.
Si en ella está la felicidad que anhela, pues entonces que sea libre para buscarla, no seré yo uno más de los muchos impedimentos. Me importa muy poco si es ella o cualquier otra, es más, no me interesa si es una mujer o cualquier otra cosa. Como mujer, me importa un carajo lo que haga con su vida, por mí puede acabarla si lo desea, pero como padre de mis hijos, no le permitiré que su inestabilidad emocional o su falta de decisión opaque la felicidad de ellos.
Podremos ser un par de padres que no tengan el tiempo suficiente para invertir con los hijos, pero definitivamente ambos hemos buscado la manera de estar siempre para ellos, si algo no le puedo reprochar a ese hombre es todo lo que ha luchado por el bienestar de nuestros hijos, ha llegado al grado extremo de pretender sacrificar su propia felicidad por que ellos estén bien. Donde se ha equivocado garrafalmente es en pensar que el obligarse a estar conmigo pueda ser bueno para alguien. Como mujer no se lo puedo permitir, me niego a ser colocada en esa posición y menos ahora que estoy cierta de que lo hace.
Sorprendentemente para mí el proceso me está siendo mucho más fácil de lo que imaginaba y me pregunto el por qué, más creo conocer la respuesta y no me es muy difícil llegar a ella. Hace años que siento que esto está perdido, el duelo lo he vivido en abonos y hora creo haber saldado la cuenta. Ya no siento que lo pierdo, sé que hace años que no está aquí a pesar de sus incontables esfuerzos, se lo abono a la cuenta, pero ya no le creo, ya no creo que en algún momento realmente estuvo conmigo.
Ella es otra historia, nunca me interesó realmente lo que sucediera con ella, pero definitivamente siempre se sintió como un accesorio impuesto e inobjetable. Por mucho tiempo lo tomé como algo laboral de lo que no debía preocuparme, como mujer y ser humano no puedo negar que incuso me caía bien. Era una mujer solitaria que debía navegar por este turbulento mar de medios y fama sin nadie que la acompañase, me producía al verla una abrumadora sensación de soledad y no niego que llegué a compadecerla. Madre soltera, famosa y sola. Ahora entiendo el por qué de esa apariencia de soledad.
En muchas ocasiones le dije a David que la acercara a nuestro círculo de amistades, que la invitara nuestras fiestas y siempre se negó, ahora es evidente el por qué, pero en aquélla época me parecía frío y hasta inhumano el trato que él le daba, me parecía que la alejaba de su vida como algo aborrecible y yo estúpidamente la defendía; por feminismo, por solidaridad de género, quizás porque me caía mejor de lo que yo misma me atrevía a admitir. Recuerdo mi alegría al verla llegar a la fiesta de inauguración de nuestra casa en Los Ángeles, pensé en que quizás podría ayudarle, se veía tan desvalida, literalmente un pez fuera del agua. Las cosas no han cambiado mucho desde aquella época, sigo sintiendo la misma compasión por ella que en aquél entonces y al verla hace unos días la compasión incrementó a pesar de mi lucha interna por no sentirla, por tratar de encontrar en mis entrañas el sentimiento de odio que los cánones sociales me indicarían sentir por ella, pero no lo encontré y en su lugar sólo había compasión.
Comienzo a reír estúpidamente al imaginarme sentada frente a mi terapeuta y decirle "He descubierto que me cae bien la mujer a la que mi marido ama." Seguramente me mandaría al psiquiatra en el acto, pero la idea no me parece del todo descabellada. Necesito compartir todo esto con alguien y no sé si sea mi padre el receptor adecuado, pero tampoco creo que mi terapeuta habitual sea de mucha ayuda, es mujer y por su condición social, ser amiga de la familia y tantos años de tratar a personas muy allegadas a mí, le impediría verme con objetividad. Busco mentalmente quién diablos podría ayudarme, quién sería lo suficientemente distante de mi círculo como para que no corra el riesgo de ser juzgada o peor, descubierta por amigos o familiares. A pesar de tenerle absoluta confianza a mi terapeuta, no dudo que de cuando en cuando haya compartido algún tipo de observación sobre mis asuntos con cualquiera de mis padres.
Su imagen cruza por mi mente y sonrío por la sola idea, pero me parece perfecta. Es la solución ideal pues quién diablos se podría imaginar algo así. Saco el celular y marco con la vaga esperanza de ser atendida y para mi sorpresa lo hace. No escucho su voz del otro lado ni espero a escucharla, nuevamente no hay saludo cordial ni de cortesía.
-Se que te has pasado media vida sentada en un diván. Necesito que me hagas un favor, dame el teléfono del terapeuta que te ha atendido.
Un silencio sepulcral me responde, estoy consciente de lo inesperado e inverosímil que debe ser el escuchar eso de mi parte. La reacción que espero es la obvia, escuchar el sonido estático al colgar, pero no sucede, finalmente responde.
-No tengo terapeuta ahí y lo sabes…
Es verdad y no había reparado en ello, pero no me importa por el contario, sería perfecto si la persona que me atendiese estuviera lo más lejos posible de mi círculo habitual. Se lo hago saber.
-Lo sé, pero en Los Ángeles siempre hubo alguien que te atendió y a tu hija también.
Quizás le incomoda más que a mí el hecho de que yo sepa tanto de su historia, pero debo admitir y ella aceptar que estamos ligadas queramos o no y ella tiene ese tipo de creencias orientales que le deberían haber enseñado que si estamos unidas en esta historia debe ser por alguna razón más allá de nuestro propio entendimiento. El silencio incómodo da paso a su respuesta.
-Sí, espera.
Como me lo indica espero y me preparo para anotar, sé que lo hará y sé que se siente en deuda conmigo, no tendría por qué y si el sentimiento que la mueve es la culpa, tampoco tendría razón para ello. Entiendo la incomodidad a la perfección, pero a este punto me enternece más poder compartirla con ella, quizás sea morboso de mi parte y quizás sea una de las razones más poderosas por las que me tengo que tratar con un especialista y aparentemente con urgencia porque esto de hablar con ella como si fuera mi única amistad, comienza a rayar con lo enfermizo.
Me justifico pensando que no lo es en absoluto, no puedo compartir con nadie lo que está sucediendo, no pienso confiarle a mis "amigas" todo esto que me pasa y los porqués de mi ausencia de rencor contra la mujer que me ha "quitado" a mi marido sin mover un maldito dedo. En este barco sólo vamos tres tripulantes y nadie puede entender mejor lo que nos pasa más que nosotros mismos, incluso creo que la que ve todo con mayor claridad y objetividad soy yo, pues este par está más enceguecido y aterrado que yo. Escucho su voz titubear, sé que quiere preguntarme las razones del por qué la he buscado a ella, más no se atreve y se limita a dictarme el nombre y los teléfonos, incluye un correo electrónico por si quiero ponerme en contacto con el terapeuta antes de hacer una consulta. Termina y sé que pretende colgar en el acto, por eso no dudo y lanzo la pregunta sin mayor preámbulo.
-¿Piensas venir? ¿Ya le dijiste que vendrás?
Sé que la he congelado con mis preguntas, pero honestamente necesito saberlo y no por otra razón más que para estar preparada, ya no quiero jugar el papel de esposa engañada. No sé si alguna vez se han visto a mis espaldas, no quiero saber si se han enredado en alguna ocasión más allá de lo que ahora ya es evidente para mí, pero necesito estar preparada si tienen planeado continuar o retomar o lo que sea. Apenas articula, el temblor en su voz es evidente.
-Tea… yo no sé…
Lo que voy a hacer parecerá una locura y lo es, pero a estas alturas me importa muy poco el resto del universo incluidos ellos, tengo un objetivo muy claro y es el salir de esto lo más honrosamente posible. Tengo hijos, una imagen pública y familiar que cuidar, es lo que me impulsa a continuar en mi empeño aunque ella desconozca mis motivos.
-Necesito que vengas, debemos hablar los tres. Voy a preparar una cena y creo que me lo debes… Tienes que estar aquí…
Sé que mi petición puede ser el más inverosímil de mis actos hasta ahora, pero me importa poco, sé que no recibiré una respuesta afirmativa así que presiono un poco.
-… Está peor de lo que lo dejé. Nos necesita.
La estocada final, sé que con eso no se podrá resistir y además le doy la escusa que ella misma deberá estar buscando, no sé si para decírmela a mí o para decírsela a ella misma, pero le facilito el trabajo. Acepta mi regalo y contesta.
-Tea, yo no he hablado con él… aún.
Bien, me gusta que las máscaras comiencen a caer, que empiece a entender que conmigo ya no tienen ningún caso guardar apariencias, que es inútil y me insultaría más que lo intentara. Sé que quizás está suponiendo que pretendo preparar una emboscada de mujer histérica y dolida, incluso sé que por él es capaz de soportar un numerito de ese calibre, se expuso a ello al acceder a mi invitación anterior y con ello demostró que es capaz de hacer casi cualquier cosa por él, pero nada más distante de mi intención, así que trato de hacérselo saber, me crea o no.
-Mira, lo único que quiero es arreglar los términos de mi separación y pretendo hacerlo de la manera más amigable posible, no quiero más escándalos. Todo lo haremos en un lugar público, yo no tengo por qué esconderme y además, lo único que me importa es que esta transición se haga sin que mis hijos salgan afectados. Ya una vez cometí el gravísimo error de hacerle caso a mis allegados y comportarme como una esposa debe hacerlo, lo exhibí y él accedió a mi castigo público sin chistar y lo único que conseguí fue poner en la peor posición posible a mis propios hijos. No más, ahora las cosas las decido yo y a mi manera. Creo que ambos me deben eso por lo menos y además todos saldremos beneficiados, hay niños de por medio ¿recuerdas?
No hay madre que no reaccione a una amenaza velada como la que acabo de lanzar, creo que los términos de negociación que estoy ofreciendo son los mejores que cualquier tercero en un matrimonio pueda recibir y lo hago pues yo misma no sé quién de las dos es el tercero en esta fórmula, en ocasiones pareciera ser muy claro que la entrometida fui yo, pero para los cánones sociales y establecidos no dejo de ser la pareja oficial.
-Pero si lo que quieres arreglar son los términos de tu separación, para qué diablos me necesitas ahí, yo qué tengo que ver con eso. Yo creo que no tengo…
Es verdad y entonces me doy cuenta que he planteado mal mi punto, lo que pretendía dejarle en claro es que necesito que estemos los tres, pues doy por hecho que el factor más importante para qué él esté bien es ella. La interrumpo antes de que se niegue definitivamente.
-Necesito que estés cerca de él para apoyarlo en ese momento porque yo no lo voy a hacer, te lo he dicho y te lo repito, ahora él se encuentra en un estado demasiado vulnerable, pero yo no pienso detener este proceso, no me merezco soportar más esta situación aunque sea por mis hijos. Si te interesa ayudarlo y apoyarlo, entonces te espero y no te voy a negar que con que estés ahí para él me ayudas a mí y a mis hijos, aunque no sea eso lo que te interese.
Guarda silencio de nuevo y no espero más que una rotunda negativa, si ella se niega a estar no pienso detenerme y él verá la manera de lidiar con todo esto sólo, pues no creo que ninguna de sus amiguitas sea capaz de apoyarlo como ella y si es tan estúpido como para creer que sí, entonces se merecerá lo que obtenga, yo ya no puedo hacer más, aunque me duela en el alma que mis hijos tengan que presenciar la caída en picada de su padre. La voz que me contesta es un cristal roto.
-¿Por qué Tea? ¿Por qué me haces esto? No sé si…
Me río y no de ella sino de mi situación, lo último que me imaginé en la vida fue que yo tuviera que convencer a la amante de mi marido para que viniera a verle. Ya sé que puede ser que no sea su amante y es lo menos relevante, es la mujer que él ama y eso es peor que cualquier posible relación extramarital, el que se acueste con una o con otra nunca me ha importado, pero que ame alguien más eso sí que es relevante y que yo tenga que convencerla de que lo apoye, eso ya me parece que raya en lo ridículo.
-No voy a hacer nada para convencerte Gillian, no te parece que eso ya es pedirme demasiado. Yo te busqué, yo te puse al tanto de la situación, no me pidas ahora que te ruegue pues no lo voy a hacer…
Quizás mi tono llega al exceso del sarcasmo o la agresión aunque a ojos vistas tenga razón, pero ella detiene el tren en miras de descarrilarse, sabe que se equivocó, sabe que esto ya es ridículo, no me puede pedir más.
-No, no, no. Tienes razón, ¿Cuándo planeas decírselo? Yo estaré ahí.
Respiro profundamente pues el enojo estuvo a punto de estallar en mi cerebro y en las venas de mi cuello. Pregunta cuándo y no conozco la respuesta, pero hago un llamado a mis emociones y ellas atinan a responder por mí.
-Ya, lo más pronto posible que yo ya no estoy dispuesta a soportar esto un instante más.
Duda y sé que está pensándolo, no sé si quiere hacerlo o no, desconozco si eso es lo que la hace retroceder o ir en círculos pues comienza una disertación consigo misma y no me hace partícipe.
-Tengo que arreglar… Él regresa en unos días, creo que ya está por llegar… Dios, no sé nada… La próxima semana, ¿podrías esperar a la próxima semana? Sé que te estoy pidiendo demasiado, pero mis hijos son muy pequeños todavía, no los puedo dejar… No estoy buscando escusas, es que… La próxima semana, ¿se puede?... Yo no quiero que pienses que…
En tanto ella da vueltas sin saber a dónde ir, yo misma reflexiono sobre la premura de mis actos, ahora mismo voy en camino a ver a mi padre, no sé qué opine él de todo esto, no sé si tenga yo que esperar a que ciertas cosas se acomoden, me juré no precipitarme y creo que es justamente lo que estoy haciendo. Interrumpo su carrera desaforada.
-Está bien, la próxima semana entonces. Avísame cuando vengas en camino para tener todo listo y decirte el lugar en el que nos reuniremos.
Apenas y alcanzo a escuchar su respuesta afirmativa, no quiero que sus últimas palabras enciendan de nuevo la mecha de mi molestia pues un "está bien" me suena a una indulgente y condescendiente aceptación, pareciera que la del mayor interés aquí fuera yo. Cuelgo de inmediato.
He legado hasta la tienda de Rolex que se encuentra frente al edificio de las oficinas de mi papá, necesito armarme de valor para subir y encararlo. Miro al aparador y la maldita costumbre me arrebata un pensamiento "¿Cuál le gustaría a David?" Me recrimino de inmediato, pero no puedo evitar sentir un golpe de nostalgia que me envuelve por completo y pensar que ese era el regalo que tenía pensado darle para nuestro décimo aniversario, pero él propuso ponernos estos malditos tatuajes y la renovación de nuestros votos.
666 5th Ave #3502,
New York
Las puertas del elevador se abren para dejarme de frente a la espléndida sonrisa de la secretaria de mi papá, por acto reflejo le respondo y me aproximo a ella, me recibe con una efusiva expresión.
-Señora Duchovny, su papá está ocupado pero ahora le aviso que llegó. No la esperaba ¿verdad?
Mi sonrisa desaparece momentáneamente al escuchar su apellido en mí, las costumbres de las personas envueltas en el mundo de lo legal me repugnan y me es difícil evitar corregir a mi sonriente interlocutora.
-Leoni, Marggie o Pantaleoni si lo prefieres.
Su semblante cambia de inmediato, toma su libreta de apuntes y por un momento me hace pensar que tomará nota de eso, pero no, afortunadamente sólo se levanta y se dirige a la sala de juntas pues evidentemente mi padre se encuentra ahí, no sin antes mascullar algo en tanto camina a su objetivo.
-¡Oh! Entiendo.
Desconozco lo que ha entendido pues no es la primera ocasión en la que la corrijo. Prefiero hacer caso omiso de ello y me limito a tratar de detenerla pues evidentemente mi padre se encuentra ocupado, pero el instante que he tardado en reaccionar por su extraña expresión me impide llegar a tiempo y desisto al momento en el que delicadamente abre la puerta y dice.
-Señor Anthony, la señora Tea está aquí.
Me produce gracia su selección de nombre, ahora ya no soy ni la señora Duchovny y menos la señora Pantaleoni pues evidentemente me confundirían con mi madre. Me informa que mi padre ha indicado que lo espere en su oficina y ella me guía amablemente como si yo no conociera el maldito comino desde niña, he estado en esta oficina más veces de las que quiero recordar. Me ofrece algo de tomar y yo me niego, necesito un trago y puedo escuchar la voz de mi padre en mi mente "No son horas decentes" más bien sería mi madre la que diría eso, pero sé también que es la voz de ella la que habla por los labios de mi padre. Casi nadie sabe que el prominente abogado no hace más que repetir lo que su adorada esposa quiere, sólo cuando está conmigo se permite ser él mismo.
Miro la ciudad desde la ventana, a esta altura puedo ver casi hasta mi departamento, me parece que esta ciudad podría ser el escenario perfecto para cualquier acosador pues desde cualquier altura uno puede observar sin ser visto. Veo a las personas transitar por la Quinta Avenida totalmente ajenas al trama de cualquier otro ser humano, no sólo el mío. La indiferencia de la gran ciudad me estremece en ocasiones y en otras me brinda una sensación de falsa seguridad. Aquí nadie ve a su vecino, nadie observa al individuo que camina a su lado en la calle, podemos ser observados con la mayor facilidad pero nadie se fija realmente en el otro.
La voz de mi padre me sobresalta pues no escuché hasta qué grado se había aproximado a mí. Me gira y besa en la mejilla, acerca sus labios a mi oído y murmura.
-Debe ser grave donde te has atrevido a regresar después de tres años. ¿Es él de nuevo?
Regresa sobre sus pasos sin esperar mi respuesta, asume y no está equivocado. Sabe que su sexto sentido nunca le falla en cuanto a mí se refiere. Le escucho indicarle a su secretaria que no está para nadie y que por ningún motivo sea molestado. Yo conozco sus códigos secretos y en más de una ocasión le he escuchado decir eso, lo que significa que efectivamente no quiere que lo molesten, pero si un cliente importante lo requiere debe ser informado de inmediato. Yo sé lo que significo para mi padre, pero un buen negocio vale todo para él.
-Ahora sí, cuéntame que hizo. Siéntate, segura que no quieres nada de tomar…
Hace una pausa y me reprime cuando ve aparecer una chispa en mis ojos, su movimiento de cabeza es suficiente para que yo dé marcha atrás por la reprimenda, no pediré ningún tipo de bebida entonces. Ahora me enfrento a tener que explicar en seco todo lo que tengo que decirle y sin nada que me ayude a pasar el trago amargo.
-No hizo nada papá, pero creo que ya es hora de comenzar mi separación.
Se sienta con parsimonia en esa maravillosa silla en la que yo jugaba desde niña a ser alguien muy importante. Toma un bolígrafo y se enviste en el personaje de abogado que le conozco a la perfección, pero por un instante reflexiona y devuelve el objeto a su lugar.
-¿Vamos a volver al juego de hace un par de años? Yo no creo que este ir y venir sea bueno para los niños, entiendo hija que puedas estar molesta por algo, pero te lo dije en aquél momento y te lo repito a hora, es perfectamente normal que las parejas pasen crisis como esas, tú ya pasaste por un divorcio y no creo que lo mejor sea darse por vencido a la primera de cambio. Sabes que yo no atiendo ese tipo de asuntos, pero conozco a muchos abogados que tiene los escritorios llenos de casos que lo único que pretenden es dar un grito desesperado por conseguir la atención de la pareja. ¿Crees que tu madre y yo no hemos pasado por ahí? Ya te lo he dicho, todos tenemos malos momentos o malas etapas y sabes que no pretendo defender a David, pero es un buen tipo y ama a mis nietos. ¿Qué más quieres?
Mi padre es un hombre moderno, práctico, pero sobre todo es eso, hombre. Me causa gracia todo su discurso, además de que lo repite y estoy segura que incluso lo ha practicado con algunos de sus amigos al darles el mismo consejo, el cierre y broche de oro de sus palabras es esa ridícula pregunta, "¿Qué más quieres?"
-Alguien que me ame… es todo lo que quiero papá.
El tono en su mirada cambia drásticamente, sé que le he cimbrado el alma hasta los cimientos, entonces comienza a hacer su aparición mi padre, no el abogado que trata de resolver un asunto práctico, sino aquél que me ha criado amorosamente y protegido de los peores dragones en mis más absurdas pesadillas.
-¿Por qué dices que él no te ama? El te ama hija y ama a sus hijos, los hombres en ocasiones podemos ser muy estúpidos y quizás haya cometido muchos errores, lo reconozco y no pretendo defenderlo, pero es hombre hija. Estoy seguro que cualquier tipo de aventura no es más que eso, él ha intentado cambiar y estoy seguro que lo ha hecho. Sabes que yo me entero de todo, que en el medio en el que ustedes se mueven tengo suficientes contactos, ya no lo ha hecho, sé que se ha portado bien… Él te ama.
No sé si reír o llorar, ahora el discurso se ha decantado al machismo y eso es casi peor que escuchar decir a mi padre que se ha enterado de todas las aventuras de mi marido y las ha encubierto cínicamente. No es que yo las desconociera, por el contrario, mi acuerdo inicial con David siempre fue en libertad, ambos teníamos y tenemos la posibilidad de hacer con nuestras vidas lo que nos pazca, pero de ahí a lo que realmente ha pasado en nuestro matrimonio hay mucha distancia.
-Él ama la seguridad de una familia, la fantasía que ha construido a mi alrededor, yo sé que ama a nuestros hijos y eso no lo pongo ni lo pondré en duda nunca, pero a mí… a mí, no sé si en algún momento lo ha hecho.
Vuelve a salir el hombre en defensa de su igual, mi padre es un ser chapado a la antigua al igual que toda mi familia, pero no puede venirme a mí con cuentos de ese calibre, si alguien conoce la basura debajo del tapete esa soy yo. Han sido innumerables las ocasiones en que hemos tenido que guardar las apariencias por una u otra circunstancia, la alta sociedad en la que mi familia históricamente se ha manejado no perdona nada, lo único que le importa es el cómo se ven las cosas, no cómo son.
-Hija, es tu esposo, ¿cómo no te va a amar? Yo sé que sí, que estás obnubilada por el enojo y seguramente tendrás muchas razones para sentirlo, pero ¿un divorcio? Estás segura de que es eso lo que quieres. Mira, si es la presencia de otra mujer la que te preocupa, seguramente es una etapa y se le pasará, juntos pueden superarlo.
Miro mis manos en busca de una respuesta que sea menos lastimosa a los oídos de mi padre, no pretendo hacerle pasar un mal rato como lo he pasado yo en estos últimos años, pero realmente no puedo tapar el sol con un dedo y menos si lo que necesito es su asesoría legal.
-Ella no se puede superar papá…
Ahora el asunto le ha estallado en la cara y lo sé pues veo la sangre subir de golpe por su rostro, aprieta sus ojos con sus dedos y acto seguido toma el auricular del teléfono y le indica a su secretaría que no está para nadie. Ahora sí es una indicación directa, hasta este momento me ha tomado en serio.
-¿Ella? ¿Quién diablos es ella?
Sonrío pues hace mucho perdí la capacidad de derramar lágrimas por este asunto. Difícil pregunta la que me hace mi padre, no puedo describirla como lo haría con mi futuro terapeuta, soy incapaz de proveerle una imagen así a mi padre, pero de alguna manera me extraña su pregunta, no ha dicho que él sabe muchas cosas, que está al tanto del medio y no sé qué tantas cosas más, entonces no puede haberle pasado desapercibido el pequeño detalle de que mi marido ha amado a esa mujer desde el primer momento. Quizás exagero, pero no me importa pues intuyo que la única enceguecida en esta historia he sido yo.
-Por el amor de Dios papá. No pienso jugar ese juego, tú como el resto del mundo debe saberlo, acabas de decir que te enteras de todo, que tus contactos en el medio no sé qué cosa. No me puedes salir ahora con que no sabes a quién me refiero…
El tono enrojecido de su rostro cambia drásticamente a una palidez lívida. Sabe a quién me refiero y conoce la historia quizás mejor que yo. Es posible que no quiera reconocerlo y de sobra conozco la inteligencia de mi padre, pero me subestima si piensa que no sé manipularlo desde que tengo uso de razón.
-…Lo sabes papá y tu reacción era todo lo que necesitaba para corroborarlo, que además es innecesario a estas alturas de la historia. He hablado con ella y me lo ha contado todo.
Como buen abogado no aceptará nada hasta saber que no tiene salida, negar todo es el arma ulterior y la utilizará en este momento, lo conozco como la palma de mi mano, ojalá y hubiera conocido a mi marido a consciencia como a él.
-No puedes creer en lo que ella te haya dicho, ella…
Esa parte no me gusta, no puede ponernos como protagonistas de una novela barata y melodramática, ni ella es la amante dolorida capaz de retorcidas manipulaciones para hacerme caer en su juego, ni yo soy la esposa sumisa y abnegada que ha sido engañada por años, por lo menos no de esa manera tan elemental. Eso es reducirnos a estúpidos personajes planos y chatos.
-No papá, no me subestimes ni me pongas en esa posición, yo fui la que la busqué. Más bien dime, por qué no me lo habías dicho, por qué ocultaste el asunto y además pretendes seguir haciéndolo. ¿No crees que tenía derecho a saberlo? De ellos lo entiendo, pero tú.
Se levanta abruptamente y se dirige al ventanal más próximo, busca las palabras y me niega la vista de sus ojos pues sabe que puedo leer en ellos mejor que nadie. Aclara un poco su garganta y coloca sus manos en la cintura. La visión del hombre poderoso se refleja a contraluz, es otra de sus innumerables posturas y juegos para denotar su control, nada que pueda sorprenderme hasta el momento.
-Eran sólo rumores hija, no podía prestar mucha atención al simple cuchicheo de la gente que no tiene pruebas ni fundamento. Sabemos que en el medio en el que se mueven eso es el pan de cada día. Hay intereses y lo sabes, el medio se mueve por su propia moral y cánones. Te juro que creí que no era más que un manejo publicitario que redituaba a la empresa, que todo aquello no podía ser más que un magnífico ardid publicitario. Llegaron algunos comentarios a mis oídos, no lo niego, pero cesaron en el momento en el que todo mundo supo que se había convertido en tu esposo. Obviamente nadie se acercaría a mí para decirme que el marido de mi hija amaba a su compañera de trabajo.
No puedo más que reír abiertamente y a carcajadas, no le pareció importante informarme al respecto, supongo que le pareció una minucia que el futuro esposo de su hija pudiera amar a otra mujer. Yo sé que no era su prioridad y mucho menos el ámbito común en el que mi padre se desenvolvía en aquél entonces, pero aún así me acaba de aceptar que tuvo conocimiento de algo.
-Sabes, ella piensa que yo formé parte de un algo orquestado para separarlos, que como dices, los intereses de la empresa eran mayores y yo podía haber sido la pieza clave para esos intereses. No me importa ahora papá, eso está en el pasado y lo que sea que me haya traído hasta aquí ya es irrelevante, lo que necesito es salir de esto de la mejor manera posible y para eso necesito que me ayudes. Vine a consultar al abogado, ya lloraré en el hombro de mi padre más tarde.
Se gira y me mira a los ojos, sé que busca el dolor en ellos, pero no lo va a encontrar, mi duelo ha sido vivido y superado, ahora realmente estoy en una fase de resolución. No niego que posiblemente dentro de poco salga de la etapa de negación y caiga en caída libre a la depresión absoluta por la pérdida, pero por el momento no tengo planeado derrumbarme hasta en tanto no haya resuelto todo lo práctico que hay que atender.
-¿Qué necesitas? Quieres que lo hagamos pedazos, entonces lo haré. ¿Quieres todo? Lo tendrás. Dime qué es lo que necesitas de mí.
Con una seña le pido que tome asiento de nuevo y en cuanto lo hace le tomo de las manos pues me parece que el que necesita encontrar la calma ahora es él más que yo. Lo papeles se invierten y mi escaso conocimiento jurídico sale a flote, pero se lo hago saber con el tono más dulce posible.
-No papá, ya te lo dije, no soy la esposa dolorida en busca de venganza. Necesito seguridad par mis hijos y para mí, quiero que prepares un contrato de confidencialidad que no tenga una sola fisura, un maldito acuerdo de divorcio que esté totalmente blindado. No pienso dejar que el maldito mundo que me rodea afecte a mis hijos y mi futuro. Quiero ser libre y que la protección me alcance por siempre, no sé si me explico.
Suelta mis manos y toma el bolígrafo, comienza a escribir sin parar por unos minutos y yo le observo con atención, por un momento pienso que está redactando el documento ahí mismo de puño y letra, pero pronto me percato de que solamente está anotando ideas. Se detiene por un instante y me mira con determinación.
-A él le puedo exigir casi lo que sea y sé que no se negará, yo veré la forma de que así sea, pero ella, a ella no la puedo obligar.
Sé perfectamente a lo que se refiere y hago un recuento mental, busco en el archivo de mi memoria y trato de hacerme un cuadro lo más cercano a la realidad. De a pocos voy descubriendo detalles que permanecían en mi recuerdo archivados en los asuntos sin importancia, esas minucias que dejé pasar, miles de detalles que en estos días han cobrado importancia y a cada paso me acerco más a una certeza.
-De ella me encargo yo, por eso no te preocupes papá.
Continuará…
