Mi vida por un sueño V

CAPÍTULO V

Las horas han transcurrido con la angustia siguiéndome los pasos. No duermo, no puedo comer y haciendo un esfuerzo sobre humano convivo con mis hijos. El cansancio se apodera de mí y pareciera que no me dejará vivir hasta el final de los tiempos. Sé que no es eso precisamente lo que atormenta mi alma y quisiera tener el valor o el coraje para cerrar la página y no mirar atrás, pero soy una cobarde o una completa estúpida.

Todo sería tan fácil si tan sólo pudiera cerrar los ojos y borrar el pasado de una pincelada, pero está esa imagen que no me abandona, su rostro palidecido, su cuerpo extremadamente delgado y contra esa angustia no tengo defensa. Apenas y he podido superar la noche entera sin llorar demasiado pues tengo que atender los asuntos cotidianos que requieren de mi presencia y me niego a que mis hijos, pero sobre todo Piper me vea desolada o devastada.

En cuanto logro dejar a mis hijos en la escuela y guardería, es entonces cuando me permito encerrarme en mi recamara por horas a desahogar lo que me es posible. No lloro pues eso deja rastros ostensibles en mis ojos y tampoco puedo escribir lo que siento, hace muchos años que dejé de hacerlo por seguridad. Una más de las muchas cosas que la fama me ha quitado, la posibilidad de compartir mis sentimientos con la hoja y dejar plasmada mi historia en algún lado, ya no puedo hacerlo desde que descubrí que eso podía caer en cualquier momento en las manos incorrectas y ser utilizado en mi contra, en la de todos, ahora no puedo más que atragantarme con mis dolores y tratar de digerirlos.

Me siento frente al espejo y veo una nota en la esquina inferior derecha, reconozco la letra de Piper al instante, es un pequeño pedazo de papel doblado por la mitad, en el exterior se lee "Mamá" y un escalofrío recorre por un instante mi piel, sé que el contenido puede ser más duro de lo esperado.

"El pasado puede doler, pero aprendiste de él.

Cuando vimos esa película hace muchos años no entendí las implicaciones del mensaje, ahora que finalmente comprendo algunas cosas con mayor claridad sólo te puedo decir que entiendo que quieras huir de eso, pero si lo haces, nunca dejará de perseguirte.

Estamos aquí y somos lo que somos gracias a tu pasado, no te juzgues por eso, por el contrario, agradece que hoy hemos aprendido de él.

Te amo y eso no está en juego, nada de lo que tienes podrás perderlo y mucho menos el amor de nosotros tus hijos y recuerda que ese te acompañará hasta el final de los tiempos.

P. "

Sin evitarlo dejo correr las lágrimas que brotan de mis ojos, no sé si ella tenga idea de la profundidad de sus palabras y lo atinadas que son en este momento. Una estúpida película infantil puede enseñarme ahora el camino y poner luz en lo evidente, pero lo más importante es que lo ha hecho mi hija. Efectivamente sus palabras me hacen recapacitar, detener mi carrera angustiosa por un instante y replantear mis objetivos.

Sé que tengo terror de enfrentarme al pasado, que es algo que está más allá de mi propio control y cuando yo no tengo control sobre las cosas huyo de ellas, pero mi hija me alienta a continuar con ese viaje al pasado y afrontarlo. Entiendo en este momento que he perdido el objetivo de vista, que las tribulaciones de mi alma se centraron en algo que no existe, que es un intangible hasta ahora. Me dejé envolver por las palabras de su mujer y ahora me percato de que escuché únicamente lo que mi corazón quiso escuchar y no más.

Esa mujer está desesperada, quiere una respuesta y fue capaz de cruzar medio mundo para encontrarla, ella misma se encuentra perdida en un mar turbulento de duda y confusión y yo me dejé llevar por la marejada que trajo a mi puerto, pero no es una realidad, qué me dice a mí que lo que le sucede a él es lo que ella está suponiendo, cómo puedo tener la certeza de que su mal estado se deba a lo que ella cree.

Es evidente que se encuentra mal y eso es lo que me estruja el alma, pero no puedo dar por hecho que yo sea la causa. Después de tantos años, ¿por qué sería yo? Quizás ella tiene razón y es el amor mal correspondido el que lo tiene en ese estado, pero si asumo que yo soy la causante y descubro que no es verdad entonces sí podré ir a recoger los pedazos de mi alma al basurero más cercano.

No puedo poner en riesgo todo lo que he conseguido a lo largo de estos años por la simple suposición de una mujer desesperada. Quisiera creer que su intuición es acertada, ojalá y pudiera confiar en el sexto sentido femenino, pero en esta ocasión y por mi propio bien, prefiero no hacerlo.

Toda la noche la pasé sin dormir atormentando mi alma en la fantasía de que nuestra lejanía, que nuestra eterna ausencia lo estaba llevando al borde del abismo, pero ahora comprendo que no puedo permitírmelo, que será más devastadora una verdad que no concuerde con esa versión.

Dejo caer mi rostro sobre mis manos y siento que el construir esa coraza está siendo más doloroso que el enfrentarme a una verdad que pudiera ser distinta a la de mis anhelos. Ahora no puedo evitar imaginarlo sufriendo por otra persona que no soy yo, no puedo sacar de mi mente la dolorosa fantasía de que origen de su decadencia provenga de otra mujer.

Durante años sufrí por la presencia de Tea en su vida, me recriminé en más de una ocasión la posibilidad de haber sido yo la que lo lanzó a sus brazos. Durante mucho tiempo el gusto a error amargó mi garganta, pero lo superé.

Desde que salí de aquél restaurante no he tenido el valor de tomar el celular, no quiero responder llamadas y mucho menos percatarme de las muchas que seguramente no contesté en este lapso, pero mi único impulso ahora es el de escuchar su voz, creo fielmente que eso será suficiente para que mi alma sepa si la situación es tan apremiante como aparenta. Busco entre mis contactos y ahí aparecen el par de letras que han significado tanto y tan poco, insignificantes para el resto del universo y mi universo completo en más de una ocasión, "DD". Mi dedo oprime la tecla verde sin preámbulo, sin embargo la fuerza del impulso no alcanza siquiera para acercar el aparto a mi oído, a lo lejos escucho el primer tono y cuelgo de inmediato. Un solo tono y la situación se reviste de una brutal realidad "¿Qué diablos estoy haciendo?"

De pronto me maldigo por mi estupidez y el haberme dejado arrastrar por la locura de su esposa. Quién mejor que yo para saber que ese radar en ocasiones puede estar sumamente perdido y que muchas personas buscan en el lado equivocado de la moneda. Me asquea pensar que de nuevo puedo ser parte de un juego siniestro del destino, que solamente soy el instrumento del que la vida se vale para que alguien más, menos yo, salga siempre ganador.

Ya no soy la mujer que se valora por el ser humano que está a su lado, ya no me permito ni quiero darle ese ejemplo a mi hija. Descubrirme pensando en términos de ganadoras o perdedoras por conseguir el amor de alguien ahora me parece repulsivo y denigrante.

Sé que he cambiado, que ya no saldré corriendo detrás de quien sea por sentir que la vida se me va en ello, ya no más de ese tipo de estúpidas decisiones. Evidentemente no puedo evitar acudir al llamado, pero ahora tengo más claro el por qué lo haré, no por retomar el pasado inconcluso y mucho menos para confrontarme con él, simplemente sé que lo haré por ayudarles; a él, a sus hijos y por qué no, también a ella. La vena feminista me impide no hacerlo, no importa quién sea la mujer que pida mi ayuda, sin dudarlo la obtendrá.

Suspiro y trato de retomar la compostura, ahora siento un poco más de fuerza y sobre todo un algo al que asirme y con el que puedo protegerme. Si yo fuera la mujer que fui hace muchos años ni siquiera lo pensaría, no me tomaría un solo instante para analizar absolutamente nada, reaccionaría a mi impulso y correría tras de él desaforada. Ahora no puedo pensar así, ya trato de evitar en medida de lo posible dejarme arrastrar por la locura, pretendo que el pasado me sirva de lección y como ella, tener claro que ahora la prioridad son mis hijos, es algo que sobre todo le debo a Piper, infortunadamente para ella yo era demasiado joven aún cuando la tuve.

Me duele pensar todo lo que le debo a mi hija, lo que debía hacer siempre y que no tuve la madurez para ello, pensar en ella antes que en cualquiera, que en mí incluso. Se lo debo a ella más que a mis pequeños, ellos han podido disfrutar de una madre, me han tenido a la mano cuando lo han necesitado, pero Piper no y ahora debo pensar en ella antes que en mí, en ellos.

La sensación del papel entre mis manos me devuelve a la realidad y a las palabras que mi hija ha escrito para mí, me indican todo lo contario a lo que ahora mismo estoy pensando, me dice que vaya, enfrente a ese pasado y sé que es el terror atroz y mi inseguridad los que se defienden, se niegan a hacerlo. Ahora sólo puedo pensar que soy una cobarde escondiéndose detrás de la barrera protectora y la justificación de mis hijos, que me estoy escudando en ellos para no enfrentar mis demonios, que yo sé que más que pasado son una realidad presente que camina a mi lado día a día.

Si la vida fuera fácil cualquiera hallaría el camino al éxito y de ninguna manera me refiero al económico o a la fama, sino a aquél que nos lleve a la paz y felicidad anhelada.

-Mamá.

Su voz casi me hace caer de la silla, estaba tan metida en mis pensamientos que no que escuchado que entrara, es más, no debería estar aquí si hace poco la he dejado en la escuela.

-Piper, ¿qué haces aquí? Deberías estar en la escuela.

Observa con detenimiento el cuadro, me sorprende lo meticulosa que es para capara hasta el más mínimo detalle como su padre, lo que en su momento consideré característico y acorde con su profesión, pero al verlo en mi hija me di cuenta que formaba parte de su personalidad. Por un instante detiene su mirada en mis ojos y me recrimina encontrar rastros de llanto en ellos. Continúa su recorrido visual hasta detenerse en el pedazo de papel entre mis manos.

-No te pienso dejar así mamá. La escuela puede esperar pero un día de museos con tu hija no.

Intento ser el adulto aquí y amago con reprenderla por haber tomado la decisión, no sólo de faltar a clases, sino que además ha regresado a casa saltando todas las reglas de seguridad impuestas por mí y mi paranoia, con sólo un gesto en sus ojos me detiene.

-Sabes que en la vida hay cosas más importantes que la escuela mamá, no intentes regañarme por algo que sé que tú hiciste infinidad de veces y por razones menos honorables que las mías. Toma tu abrigo y vamos, hay una exposición que quiero que veamos juntas y la mejor hora para hacerlo es cuando todo mundo está en sus labores.

Unifica la palabra con la acción, toma mi abrigo y lo coloca en mis hombros. Sé que ha echado un discreto vistazo a la pantalla de mi celular, para mi fortuna se encuentra apagada.

-¿Le hablaste?

Abro los ojos de manera desproporcionada y su respuesta me indica que me he delatado como adolescente.

-No a él, a Mark. Creo que no paró de llamarte toda la tarde de ayer y no quiero que termine por hablarme a mí.

Piper nunca ha tenido muy buena relación con mis últimas parejas, cosa que lo consideré perfectamente normal, supongo que no debe ser agradable tener que lidiar con la inestabilidad emocional de una madre como yo. Definitivamente me quedó claro que si alguien tiene una especial habilidad para leer a las personas era ella, yo pierdo dimensión y me obnubilo con facilidad, pero ella no. Con mi último matrimonio prefirió mudarse con su padre a pesar de que sabía que me partía el corazón y no la culpo, si tan sólo yo le hubiera hecho caso a su intuición.

Con Mark las cosas han sido menos ríspidas y hasta cierto punto amigables o mejor dicho políticamente cordiales. Él la respeta y ella muestra en reciprocidad cierto grado de tolerancia. Sé que le abona el hecho de que es un buen padre con los niños, atento y cariñoso, de lo contrario sé que la situación sería poco menos que llevadera.

Hago caso a su advertencia, pues sin llegar a ser una amenaza, sé que de ninguna manera le agrada tener comunicación innecesaria con Mark. Para mi fortuna no contesta mis llamadas así que le envío un mensaje y así siento liberada mi responsabilidad.

Mientras conduzco sin rumbo fijo para mi mente, mi hija me indica por dónde dirigirme, sé que está consciente que si en circunstancias normales no soy la persona más atenta, mucho menos cuando mi mente está a kilómetros de aquí.

Piper logra su objetivo, conoce la combinación perfecta; galería, arte, café y muy poca gente. Ella hace todo lo posible por levantarme el ánimo y distraer mi mente de ese punto obsesivo del que no logra liberarse, lo consigue por largos periodos e incluso ha hecho que mande a recoger a los niños para continuar con nuestra escapada cuasi adolescente, esta dispuesta a tranquilizarme y darme un espacio para que yo pueda pensar en algún momento con claridad, en el fondo me reprocho que tenga que ser ella la que proteja y no yo, aunque ahora mismo la situación lo amerita y dejo que mi instinto materno desaparezca para convertirme en la hija de mi hija.

Me encontraba tan sumida en la plática y escuchando con tanta atención, riendo sin parar con el sinnúmero de anécdotas que mi hija se dispuso a contar para distraerme que no puse atención al momento en el que el teléfono sonó y con desparpajo vi el identificador de llamadas, por la expresión de mi hija puedo leer mi propia sorpresa en su rostro, no quiero hacer más aspavientos y oprimo el botón verde sin pronunciar palabra dejo que la persona del otro lado de la línea hable.

Mis palabras trastabillan y no sé que decir a lo que la voz del otro lado del auricular me pregunta, no es sólo el hecho de que no entiendo en absoluto su petición o que me toma nuevamente desprevenida, es que mi hija está presente y no sé que decir. Mis movimientos se vuelven automáticos y los ojos de Piper siguen hasta el más mínimo detalle mientras busco en mi desordenada bolsa y encuentro mi agenda, esa que me ha acompañado a lo largo de todos estos años y si bien es cierto que un diario ya no me puede hacer compañía, un buen investigador bien puede dilucidar mi vida palmo a palmo si supiera leer el sinnúmero de anotaciones en clave que se encuentran en esta reliquia.

Le dicto el teléfono que me pide y siento que finalmente quedo liberada de responsabilidad, la forma en que lo ha dicho infirió que de alguna manera yo estaba en deuda con ella y que debía retribuir, la verdad es que lo hice sin que un pensamiento lógico alcanzara mi mente, automaticé la respuesta como lo hago en sinnúmero de ocasiones.

Pensé que eso sería todo y entre otras cosas pretendía no hacer partícipe a mi hija de lo sucedido, pero me fue imposible al escuchar la siguiente pregunta, traté de disimular en medida de lo posible, pero hay ocasiones en que no puedo hacerlo porque simplemente el golpe de calor en mi rostro sé que me delata, es incontrolable. Me reprocho una y otra vez no haberlo podido controlar nunca, el enrojecimiento en mi cara es una de las cosas que detesto, pero que nunca he logrado hacer nada contra eso.

Ayer le prometí a mi hija no engañarla y hoy me ha demostrado ser mucho más adulto que yo, más responsable y madura que quizás cualquiera de los involucrados en esta historia. Tomo la bocanada de aire para poder decir su nombre delante de mi hija y sé que finalmente esto implicará contar aquello que me sucedió el día anterior y que produjo aquella charla nocturna con Piper.

Dudo pues su pregunta es tan directa como dolorosa, aún no he decidido nada, no sé qué diablos voy a hacer y ella me cuestiona, mi hija me cuestiona con la mirada en el momento en el que menciono su nombre, el mundo entero me cuestiona y no sé cómo diablos manejarlo, me siento acorralada y hago mi mejor esfuerzo por contestar, a pesar de lo que sale de mis labios es un escueto y dubitativo "No lo sé".

Efectivamente no sé qué quiero o debo hacer, apenas hace unas pocas horas mi alma se debatía entre el sí y el no; sé que quiero ir, que muero de ganas por estar a su lado, pero mi mente insiste en dudar de la viabilidad de mi decisión.

Piper me comienza a hablar con la mirada, después de expresar abiertamente su asombro al escuchar ese nombre salir de mis labios, continúa incisiva hasta comenzar a dirigir mis palabras con sus ojos. Escucho de la voz de Tea un "Nos necesita" que logra arrasar con cualquier firme convicción que yo haya podido tener, a pesar de la implicación de sus palabras y que de ninguna manera me agrada la sensación de tener que hacer equipo con esa mujer, el llamado cobra cada vez más fuerza en la desesperación de sus palabras, sino me había bastado la escena en aquella mesa, con esto daba la puntilla en cuanto a los términos de mi corazón se refiere.

-Tea, yo no he hablado con él… aún.

Mi respuesta es, a pesar de lo que parece, una contestación a mí misma, no a ella. Yo no sé si realmente él me necesita a mí, desconozco si las razones de su mujer puedan ser las mías. Observo los ojos de Piper y sé que pretende entender, trata de encontrar sentido en lo que estoy diciendo y no lo logra. Tras escuchar la primera parte del discurso de Tea, la que no logra encontrar sentido soy yo, me habla de su divorcio, de los términos a discutir y mi pregunta evidentemente es ¿por qué diablos yo debo ser partícipe de ello? Todo empeora cuando remata con una amenaza velada a cerca de que hay menores involucrados.

Reacciono ante esto y no me percato de que con ello lo que estoy haciendo es revelarle a mi hija parte de la historia sin haberla puesto sobre aviso y su rostro sorprendido me produce una sensación devastadora, debí haberle contado, debí haberla hecho partícipe de mi conflicto y no esperar a que se enterase de esta manera.

-Pero si lo que quieres arreglar son los términos de tu separación, para qué diablos me necesitas ahí, yo qué tengo que ver con eso. Yo creo que no tengo…

Mi hija me murmura sin que sea audible pero sí totalmente identificable lo que dice "ve" y esto sucede al tiempo en el que Tea suaviza el tono y explica sus propias razones. Yo no sé si confiar en ella, no entiendo lo que pretende con todo esto y la confusión se apodera de mí nuevamente, pareciera un ultimátum y no precisamente impuesto por ella, sin por mi propio destino y le reclamo a ella cuando justamente al que me gustaría reclamarle es a la vida, si me hubiese dejado pensar con calma, aunque parezca irrisorio después de tantos años, pero la sensación de que en este momento el destino me acorrala es inevitable.

-¿Por qué Tea? ¿Por qué me haces esto? No sé si…

Mi hija se pone a la defensiva de inmediato y le hago un gesto con la mano para que se tranquilice, mientras que a su vez la voz al otro lado del auricular me interrumpe. No escucho con claridad lo que me dice pues nuevamente mi hija me murmura y ahora sí que puedo escuchar sus palabras con toda claridad "Ve y enfréntalo. Mamá hazme caso por una vez en tu vida." Las palabras de mi hija me cimbran hasta lo más profundo del alma, no puedo siquiera molestarme por la risa que he escuchado salir de la garganta de Tea, ni son su palabras las que logran convencerme, ni el hecho de que ella alegue haber dado el primer paso. Nada de eso me importaría realmente y por el contrario, seguramente discutiría con ella hasta lanzar por los aires el maldito teléfono que sostengo con excesiva fuerza, pero mi hija me pide hacerle caso por "una vez ".

Nuevamente no es precisamente a Tea a la que le respondo, es a mi hija a la que le digo que tiene razón, que lo haré porque ella me lo pide y porque efectivamente y como siempre, debo hacerle caso a una voz más sensata que a la de mi consciencia.

Cuando escucho la premura que Tea ha impuesto me desconcierto, no pensaba hacerlo en tan poco tiempo, es algo que no pensé que tendría que hacer, no quería pensar en ello y mucho menos ponerle un plazo perentorio o a tan corto término. Me angustio al pensarlo, la desesperación me invade, es casi tanto como decirle a alguien que tiene tan sólo una semana para arreglar su vida antes de morir. Tengo tanto que hacer, tanto que resolver, no sé lo que pueda suceder después de que esto pase. La desesperación alcanza mis labios y no hago consciencia de que estoy poniendo en voz alta todas las cosas que me angustian y que no puedo manejar.

-Tengo que arreglar… Él regresa en unos días, creo que ya está por llegar… Dios, no sé nada… La próxima semana, ¿podrías esperar a la próxima semana? Sé que te estoy pidiendo demasiado, pero mis hijos son muy pequeños todavía, no los puedo dejar… No estoy buscando escusas, es que… La próxima semana, ¿se puede?... Yo no quiero que pienses que…

Le estoy hablando a ambas al tiempo y mi hija ha resuelto con ademanes, gestos y uno que otro monosílabo todos mis pretextos y no es hasta que la voz de Tea me responde que me doy cuenta que ella ha escuchado e interpretado mis palabras como dirigidas exclusivamente a ella. A tomado el término ahora impuesto por mí, "una semana" me he dado una semana para resolver la mitad de mi vida para llegar allá. Ya no quiero ni puedo rectificar pues he visto en mi hija una alegría que no creo haberle visto en años, sus ojitos se iluminaron como si hubiese visto el regalo más preciado y esperado, eso me desconcierta más allá de lo decible. ¿Por qué le causa tal alegría a mi hija? ¿Qué es lo que se la produce? Mis pensamientos se enfocan en ello y sólo atino a contestar un escueto "Está bien" a esa mujer que ahora pasa a segundo término en mi mente.

Termino la llamada sin más preámbulo y ahora estoy llena de preguntas pero no en relación a mi situación, me concentro en los ojos azules de mi hija y trato de leer en ellos, el instinto maternal brota de alguna parte de mi micro universo y me invade.

-¿Por qué Piper, por qué esa alegría?

Ella me sonríe abiertamente, en un gesto poco común hasta ahora, toma mis manos entre las suyas y amorosamente las acaricia con parsimonia, dirige su mirada al movimiento de sus dedos y a nuestras manos para después levantarla y contestar.

-Porque por primera vez en tu vida vas a hacer algo por ti.

En este momento pienso que mi hija está más confundida que yo, ¿Cómo qué hacer algo por mí? si lo que esto implica es hacer algo por él, por ellos y no por mí. Nuevamente voy tras de un hombre como si mi vida dependiera de ello y había jurado no hacerlo nunca más. Veo entonces la posibilidad de darle una lección de vida, algo que hace años le he repetido hasta el cansancio.

-Pero esto que pretende ella que haga no significa hacer algo por mí, por el contrario, estaría corriendo detrás de un hombre y cediendo ante la presión e inestabilidad de una mujer desesperada. No es por mí, es por ellos. ¿Qué bueno puede salir para mí de esto? Al ir, estoy poniendo en riesgo todo lo que hemos construido hasta hoy, la estabilidad que hemos conseguido y que nos ha cobijado estos últimos años. No hija, creo que por el contrario, más que un acierto, todo esto es un error garrafal.

Ella me escucha con paciencia y nuevamente sonríe, voltea hacia los costados como en busca de un espacio de privacidad, como si no quisiera que nadie la escuchara más que yo.

-¿No te das cuenta verdad? Mamá, esto no se trata de ella o de él, se trata de ti. Eres tú la que no entiende la magnitud de lo que está sucediendo, ayer pensé que había sido él el que te había buscado, que nuevamente su debilidad lo había lanzado de vuelta a las promesas sin cumplir, pero ahora me doy cuenta de lo que sucedió. Fue ella la que te busco ¿Cierto? Entonces eso significa que por fin tienes la oportunidad de brincar ese obstáculo que tú misma te has impuesto. Nunca entendí por qué era tan importante para ti su situación legal, cuándo diablos te ha importado las reglas o las formalidades, pero con él siempre todo ha sido diferente. Él es tu gran excepción a toda regla.

Me aterra pensar que le estoy enviando señales tan equivocadas a mi hija, yo sé que con ella me queda difícil contradecirle pues ha sido testigo en más de una ocasión de mi falta de madurez e impertinencia, pero creo que ahora es momento que echar mano de la situación y tratar de recomponer el camino errado en el que he transitado en mi relación con ella.

-No hija, entiendo que estés emocionada por un romanticismo juvenil que te hace pensar que esto está bien, pero la vida no es tan sencilla como parece, ni todo se puede mover alrededor de un sentimiento, hay muchas cosas más importantes que considerar y ustedes son ahora mi prioridad, no puedo darme el lujo de pensar y actuar como adolescente, durante años no supe lo que hacía y me dejé llevar por miles de impulsos que cuando uno es joven no tiene la capacidad de medir sus consecuencias y todo el daño potencial que es una capaz de hacer sin siquiera proponérselo.

Su torno se torna serio con cada una de mis palabras pero considero que es el momento pertinente para hacerle ver algunas cosas, sé que no es de su agrado escuchar un tono de sermón o de enseñanza, es joven y entiendo que le cause reticencia o desagrado. El sarcasmo surge de su suspicaz mente y contesta con una media sonrisa en los labios.

-Los "adultos" involucrados en esto, has sido todo menos eso, por lo menos no ustedes dos. Los adultos saben que lo que estás diciendo es cierto y que las responsabilidades y deberes son más importantes que cualquier otra tontería como la de ser feliz, yo como "niña" entiendo que lo único que nos interesa es ver a nuestros seres queridos felices y tranquilos. Si lo que pretendes es enseñarme una lección, por qué no intentas darme el ejemplo más valioso y que quizás ninguna de mis amigas tenga la suerte de presenciar con sus propios ojos, pues yo tengo una madre lo suficientemente loca como para mostrarme que se puede tomar valor y luchar por su felicidad, ir en busca del amor que se le ha negado, que por inmadurez, estupidez o ceguera, se han negado a ustedes mismos. Yo no te estoy diciendo que lo lograrás, no lo sé y nadie lo sabe; te estoy pidiendo que lo intentes, que me muestres que vale la pena luchar por otra cosa que no sea la falsa estabilidad y confort, que el amor o el encontrar tu propia felicidad es mucho más importante que la fama, el dinero o la comodidad. Quieres darme una lección, muéstrame que tenemos se puede tener el valor, que vale la pena empeñar la vida por un sueño.

Me impacta su determinación, me conmueven sus palabras. Es verdad y yo hubiera querido recibir ese ejemplo y quizás ahora no estaría aquí luchando contra mí misma abrumada por el sentido del deber, pero lo que mi hija quizás no tenga claro es que todo esto más que un sueño ha sido una pesadilla, que no sé si quiero luchar de nuevo para volver a vivir esa angustia, coraje y dolor que sentí hace muchos años. Intento explicarle, más ella me detiene y continúa.

-¿Qué me piensas decir? ¿Cómo piensas justificar ahora tu propia cobardía? Siempre huyes mamá, y te alejas sobre todo de aquellos a los que más amas y eso me ha incluido a mí en más de una ocasión y todo porque tienes un miedo atroz a ser feliz. Sientes que tarde que tempranos nos perderás, que la felicidad es efímera y sólo esperas el golpe que aseste la vida y antes de que eso suceda escapas. Estoy segura que piensas que esto lo haces por nosotros, ahora te preocupa mucho más el proteger a los niños, no quieres cometer con ellos los mismos errores que conmigo, pues es a eso justamente a lo que me refiero, no huyas como siempre, pero no de ellos sino de ti misma, pero sobre todo y más importante aún, no sólo no cometas los mismos errores, te ruego que con ellos repitas los mismos aciertos que conmigo. Yo te he visto correr toda la vida, de él, de mí, de todo lo que implicaría una dolorosa pérdida, pero siempre te he visto luchar estoicamente por tu libertad, por ese amor que los ha hecho sufrir lo indecible; contra él, contra ti, a pesar de él y de ti misma. Muéstrales a mis hermanos que es importante luchar por el amor aunque la vida nos revuelque y maje a palos, que una y otra vez deben levantarse y volver a luchar, que si se equivocan deben levantarse y encarar la vida de nuevo. Esa es la madre que yo conozco, con la que viví y padecí por igual, pero la que me ha hecho el ser humano que soy hoy. No te subestimes mamá, podrás haber cometidos todos los errores del universo, pero me has mantenido honesta en mi búsqueda de la felicidad, no desistas ahora con la tuya.

Detesto llorar y sobre todo en público, pero las palabras de mi hija han sido lo suficientemente duras como para desarmar mi corazón, pero a la vez fueron claras y alentadoras. La pregunta que me surge desde lo más profundo del alma es, ¿dónde diablos he estado mientras mi hija se convertía en este ser humano maravilloso, sensible e inteligente? Es dura, lo sé. Su edad se lo permite, cree saberlo todo y se siente con la madurez suficiente para hablarme de esta manera, pero lo inverosímil para mí es que realmente es así, me atrevería a decir que es mucho más madura que yo y sin duda, más sensata.

De cualquier manera creo que tampoco estoy lista para rebatirle ni explicarle el total de la historia, sería demasiado complicado en este momento, pero sin duda me ha impulsado palabra a palabra. Definitivamente no tengo idea si a lo que estoy dispuesta a ir es a luchar por mi felicidad, no sé siquiera si este viaje implique tal cosa, aunque muy en el fondo debo aceptar que mi corazón late de nuevo por aquello dolorosamente inconcluso. Duele lo indecible haber removido el pasado y confrontarme con esa sensación nuevamente, no cabe duda que un corazón que ha estado tan profundamente enamorado como el mío, no puede dejar de estarlo por más que se engañe y se diga que todo ha quedado en el olvido, que todo es tema superado, que la vida sigue y que hay que seguir aunque lo que realmente sucede es que el corazón inmóvil simplemente deja que el camino corra debajo de él en su estado inamovible, pero dando la falsa sensación de que avanza.

Tomo mi celular y marco el número de mi representante, si lo que hago ahora es correcto o incorrecto la vida me lo dirá, conozco sus mensajes claros y contundentes. Mientras espero me comuniquen, mi hija larga una de sus manos y limpia mis lágrimas mientras dice -Mark y yo cuidaremos de los niños, no te preocupes.- Sonrío pues la situación me parece inverosímil, mi hija proponiéndome que mi pareja y ella cuiden lo que es mi deber mientras yo de la manera más irresponsable corro hacia el vacío. La voz de mi representante interrumpe mi pensamiento y comienzo a girar instrucciones.

-Hola, seré breve. Necesito que cuadres un par de entrevistas en Nueva York, no me importa el medio y si es impreso mejor… Voy a promover la película, diles que voy a eso. Necesito reservaciones en el hotel de siempre y un vuelo abierto… No, no sé cuando regresaré… Para la próxima semana, lo necesito todo arreglado para que yo esté allá la próxima semana… Ya sé que no estaba previsto, pero no me cuestiones… Si tenía algo programado lo cancelas de inmediato… No, no quiero prensa ni nada parecido, solamente a los medios a los que les daré las entrevistas… No me importa si es la agencia más paupérrima de Nueva York… Sí, sí. No me importa que esté sobre una carnicería, frutería o el mercado, no me interesa, la cuadras y ya.

Pocas veces me comporto de esa manera con cualquiera de las personas con las que he trabajado, no es mi estilo y eso deja en claro la premura y urgencia de mi petición, no me cuestiona más y me dice que todo estará arreglado para cuando yo lo digo. Noto el descontrol en mí, es evidente pues mi voz y ademanes, así como las mismas indicaciones no son propias de mí. En cuanto termino la llamada miro a mi hija y ella me sonríe, no puedo más que sentirme una adolescente de su edad a punto de pegarme la escapada de la vida, pero me siento estúpidamente feliz, mi corazón late sin sentido y una emoción fortísima me invade por completo. Soy feliz en este instante y la alegría me sobrepasa.

Piper me mira con la misma alegría y me parece que se siente cómplice de mi locura, por enésima ocasión creo que estoy maleducando a mi hija como ninguna otra madre puede hacerlo, soy una verdadera irresponsable, pero ahora mismo soy una irresponsable feliz.

Los días siguientes trato de dejar todo arreglado en cuanto a mis hijos se refiere, no tengo problemas en casa y la tranquilidad de que su padre y Piper estarán con ellos me proporciona una paz que sé me ayudara a enfrentarme al futuro, pero sobre todo al pasado.

He hablado con Mark, obviamente no le he dicho el motivo de mi viaje, aunque sé a la perfección que lo intuye. Es un buen hombre y por sobre todas las cosas noble y bien intencionado, de ninguna manera lo considero estúpido o tonto, sé que él tiene una y más razones para adivinar lo que sucede, más no me ha cuestionado en lo absoluto, nunca lo hace o por lo menos, en muy pocas ocasiones. Creo que ha leído en mí la determinación que logré acumular en los días en los que él no estuvo presente y cuando eso sucede, sabe que no hay poder humano que me persuada de actuar en sentido contrario a mi decisión.

Me ha ayudado a hacer la maleta, mientras yo guardo las cosas dentro de ella él me comenta un cúmulo de ideas vagas y yo no hago más que tratar de concentrarme en que no se me note en demasía la cantidad de sentimientos encontrados que me invaden. Escucho algunas de las cosas que dice, aunque es evidente que en algún punto a perdido por completo mi atención pues al girarme para recibir la siguiente prenda, noto que su mirada me cuestiona -¿Estás de acuerdo?- Me dice mientras mi memoria remueve entre los últimos instantes que me he perdido de la conversación o más bien de su soliloquio. Es evidente que me ha perdido en medio de la conversación y aclara, no es extraño que nos suceda pues con frecuencia mi cerebro decide desconectarse del mundo que lo rodea. Comienzo a reír descontrolada y eso definitivamente le confirma de que no tengo idea de lo que me habla.

-¿Los dedos? ¿Te parece bien que lo haga?

Rio con más fuerza pues no tengo la menor idea de a lo que se refiere más me parece hilarante. ¿Dedos, a qué dedos se refiere? ¿Qué diablos me está diciendo? No pienso responder de manera afirmativa a algo que pudiera implicar un juego sexual o algo parecido. No creo haberme perdido tanto de la conversación, pero conmigo nunca se sabe.

-¿Dedos? ¿A qué diablos te refieres… qué dedos? ¿Te estás burlando de mí?

No puedo parar de reír. Por un lado sé que la de la mente sucia siempre he sido yo y este hombre puede tener de todo, menos eso y por el otro, mi nerviosismo alcanza su grado máximo y cuando lo hace, no conoce otra reacción más que la risa. Él se molesta un poco, pero su cara de bonachón está incapacitada para imponer ningún tipo de sensación de enojo. Sé que no estamos discutiendo, de lo contrario nada de esto sucedería, pues yo sé que al igual que todo el mundo, cuando las personas nos enojamos somos capaces de cosas espantosas y Mark no es la excepción, ni yo, pero sé que no es el caso y menos cuando comienzo a ver asomarse una pequeña sonrisa en sus labios. El flemático Mark sonríe, no es frecuente, pero lo hace y eso me recuerda lo mucho que reímos juntos en su momento. Un golpe de nostalgia asesta mi alma. Él fue mi mejor amigo en su momento, el hombro en el que lloré mis dolores y mis pesares cuando no tenía nadie cerca gracias a mi cúmulo de decisiones equivocadas, pero él estuvo ahí para mí con su paciencia y pasividad.

Supongo que la espontanea carcajada a cesado pues mi rostro se ha tornado serio y él responde en la misma medida. Me pregunta -¿Qué sucede?- y yo no sé cómo responderle. Hace tiempo me he perdido en la carrera de la maternidad, he descuidado casi cualquier otro aspecto de mi vida y por supuesto eso lo incluye a él principalmente, dejamos de hablar, el cansancio acumulado en mi cuerpo me alejó de todo lo relacionado con una vida de pareja. Esporádicamente nos permitíamos algunos encuentros y él cual flemático inglés, me respetó en todo momento.

Me pesa el saber que ya no siento la confianza como para contarle lo que me sucede, me gustaría hacerlo en este momento, pero me niego a poner en riesgo lo poco que tengo por una vaga suposición. Lo que voy a hacer lo considero un círculo que debo cerrar para avanzar, para continuar y a pesar de que definitivamente lo involucraría a el cualquier tipo de decisión que yo pueda tomar en este viaje, tampoco creo que pueda ser tan definitivo como supongo. Creo que mi corazón exagera al pensarlo y simplemente no creo conveniente compartirlo con él en este momento.

Niego con la cabeza y medio sonrío para únicamente pedirle que me explique a qué se refería con lo de los "dedos". Sonríe a su vez y responde con tranquilidad.

-Nada importante, te preguntaba que si te molestaba que durante tu viaje cambara el método que utilizamos para incentivar a los niños. Es una tontería, ahora que está de moda la expresión de "Me gusta" en esa cosa del facebook, pues pensaba que modernizaríamos un poco si en lugar de darles estrellas cuando cumplan con sus labores, pues les diéramos "dedos", pulgares arriba me refiero…

Como niño hace el gesto con su mano regordeta y nuevamente logra arrancar una carcajada de mi espíritu risueños. Hay ocasiones en que este hombre me mata de ternura, creo que la razón por la que los niños lo adoran y pueden estar con él tanto tiempo es porque él mismo se transforma en un niño más.

Odio cuando mi cerebro hace conexiones a la velocidad de la luz y en este instante pienso en ese otro hombre que se transforma en niño, ese adorable hombre mitad niño que me robó el corazón cuando lo conocí. En mi mente se sobrepone su imagen con la misma expresión que ahora mismo está haciendo Mark. Sus hermosos y pequeños ojos verdes, la expresión en su rostro que sería exactamente igual a la de un niño divertido y feliz. Me duele que no pueda quitarlo de mi pensamiento un instante y menos ahora que todo me lo recuerda, ahora que nuevamente se encuentra tan presente en mi corazón.

Sé que mi semblante ha cambiado de golpe y también sé que con esto le doy un giro brusco a la conversación que va a morir con una fría expresión de mi parte.

-Sí, no hay problema. Has lo que consideres conveniente.

No más, sé que me cuestiona con la mirada, pero no se atreverá a poner en palabras sus dudas, aguardará hasta que esto totalmente evidente pues no le gusta especular y desgastar con discusiones inútiles lo que tenemos. Cada día nos cuesta más, las discusiones por nimiedades se han incrementado y evidentemente mi cansancio acumulado, la presión repartida entre trabajo e hijos ha menguado de a pocos mi capacidad para disfrutar de su compañía. Sé que ahora mira a otras mujeres, sé que ahora se permite pensar en la posibilidad de que no estemos juntos y conozco a los hombres a la perfección; inglés o americano, la nacionalidad que tengan no dejarán pasar la posibilidad de considerar un relevo en caso de emergencias, pero el indicativo más alarmante es que no me importa y él lo sabe, lo que aumenta mayor certeza a la distancia que de a pocos se va haciendo ostensible. Ya veré después de esto si considero que vale la pena seguir luchando o desisto en el intento, pero por ahora no pienso tomar ninguna decisión al respecto.

Al día siguiente él insiste en llevarme al aeropuerto después de haber dejado a los niños en la escuela y muy a mi pesar decido que será mejor así, hasta cierto punto me ayuda a no pensar en lo que voy a hacer y sus posibles consecuencias. David no me ha llamado a pesar mi escueto intento por comunicarme con él, por tratarse de una comunicación internacional desconozco siquiera si alcanzó a registrarse mi llamada, pero consideré que era mejor así. En verdad no sé qué le diría, no quiero pensar a lo que me enfrentaré y aunque no me lo quiera reconocer abiertamente, me brinda cierta tranquilidad el saber que nuestro encuentro será con ella presente.

En mis anteriores experiencias con él, en nuestros "reencuentros" sé que puede suceder cualquier cosa y no estoy preparada para nada, para ninguna de las posibilidades. Si está ella presente entonces sé que seré capaz de controlar cualquier tipo de impulso y evidentemente él también o por lo menos eso espero.

No puedo evitar sentirme una traidora pues ahora sé con certeza que su esposa piensa seriamente en divorciarse y no tengo la menor idea de si él lo sabe o lo espera. La idea de que debí ponerlo sobre aviso me atormenta sobremanera, ¿Y sí esto que vamos a hacer le perjudica más que ayudarle? ¿Y si ella me está utilizando como un arma en contra de él y yo me estoy prestando como una estúpida a su juego? Me aterra el sólo pensarlo, pero algo dentro de mí me dice que ahí estaré yo, que en mi fantasía de alguna manera podré fungir como soporte pase lo que pase, pero aún así, seré nuevamente testigo de un evento importante en su vida, el destino nos vuelve a unir en este doloroso camino.

Continuará…