Mi vida por un sueño VI
CAPÍTULO VI
BISTRO CHAT NOIR
22 E 66th St # 1
New York, NY
25 octubre 2010
21:23 hrs.
He esperado por más de veinte minutos y no aparece, no sé qué esperar ni a lo que me enfrento. No responde mis llamadas, no contesta los mensajes que le envío y no puedo dejar de pensar que esto no puede significar más que una sola cosa.
No quisiera adelantarme ni especular al respecto pero me parece inevitable, desde hace días no aparece por casa, desde aquél viaje misterioso lo que le ha seguido es el silencio y la expectación. Si ya decidió que esto se fue a la mierda, por qué no decirlo.
Una nota con el portero no me parece la forma más adulta de terminar un matrimonio de tantos años. Tenemos hijos por el amor de Dios, asuntos legales por resolver y además, por qué no me da la oportunidad de hablar, de que podamos resolver lo que sea que esté sucediendo, porque para colmo de males, no tengo ni la menor puta idea de lo que pasa.
En otras ocasiones estaría claro como el agua el motivo o los motivos por los cuales quiera acabar con todo, pero ahora no puedo verlo, no sé qué diablos sucede.
Comienzo a pensar que no vendrá, que de alguna manera pretende castigarme y que pague algo de lo mucho que seguramente le he hecho. Aunque me parezca infantil que su medio de venganza sea un plantón en nuestro restaurante favorito.
Ordena el tercer whisky y la cuenta, ese mi pie para entrar a escena. Esperaba que después del tercer trago el alcohol ablandara las cosas. En condiciones normales eso lo pone emotivo o eufórico, ahora hace mucho que desconozco lo que haga un par de tragos corriendo por su torrente sanguíneo. Estoy segura que no ha probado alimento en horas, en el mejor de los casos traerá un suministro de alcohol de reserva en el estómago y no más.
Me aproximo por su espalda y sé que no esperará más. Interceptado al mesero y le pido una bebida igual para acompañar este trago que sé será amargo para ambos. Rodeo la mesa y me siento frente a él, como siempre hace el amago de levantarse para ayudarme a retirar la silla y se lo impido con un pequeño gesto de mi mano, nos podemos saltar las formalidades y falsas caballerosidades, en este momento salen sobrando.
Sé que no me reclamará la espera, después de todo he sido yo la que más ha soportado infinidad de tiempos que no llegaron nunca. No puedo evitar rememorar aquél hermoso rostro del que me enamoré, esos labios perfectamente definidos y la mandíbula masculina que me enloquecía con una barba de dos días de descuido. Ya no está, todo eso que en un principio me enloqueció ha desaparecido por completo para dar paso a la sombra de hombre que es ahora. Es casi insoportable verle la mirada decaída, profundamente triste y llena de angustia.
Por un lado me sé responsable de parte de esa sensación, pero por la otra, ahora sé con certeza que es una ínfima parte de los motivos que lo han traído hasta aquí. Me queda claro que hoy el alcohol lo ha tirado a un estado de mayor depresión que de euforia, no era mi intención, pero hace muchos años que cualquier intención de mi parte es infructífera e inútil.
-Creo que sabes los motivos por los que te he citado hoy…
Alarga su mano para tratar de tomar la mía y con escases de disimulo la retiro, no quiero sentir el contacto de su piel, no pretendo titubear o poner en duda lo que me ha costado días enteros definir. Hablar de días es minimizar, han sido años de navidades melancólicas llenas de recuerdos que no me pertenecen, de añoranzas que lastiman, de miradas perdidas y petrificadas en el otro lado del atlántico. Sé que le encantaría poder tener vista suficiente para visualizarla a ella, pero sé que la imagina, sueña con los ojos abiertos tratando de adivinar sus movimientos del otro lado del mundo.
-Tea, ¿no deberíamos hacer esto de otra manera? Por qué no en casa donde podríamos hablar con libertad…
Una sonrisa melancólica aparece en mi rostro, mi cuerpo ha sido incapaz de guardar reposo un instante desde que tengo memoria, pero ahora mismo se encuentra inerte e imposibilitado para realizar cualquier movimiento más allá del facial.
-Justamente por eso te he citado aquí, no quiero hablar con libertad porque terminaría reclamando y gritando a las paredes todo lo que prefiero evitar decir. Ya he gritado lo suficiente, he reclamando hasta el cansancio y me acabé los ojos de llorar lo inevitable, así que no, no quiero tener libertad para hablar. Vine aquí a arreglar como persona civilizada lo que se tenga que arreglar…
Su semblante cambia de golpe, por alguna extraña razón comienza a darme la sensación de que no venía preparado para afrontar lo que está destinado para hoy.
Ella; sus palabras me parecen inverosímiles. Habla con una determinación que me sabe a inevitable final y para mí las cosas están menos que comenzando, yo no he recibido explicación alguna del por qué de lo que está sucediendo, es más, hasta hace unos días era para mí desconocido cualquier tipo de desacuerdo, no tenía ni la menor idea de que existiera. Ahora el sabor amargo comienza a surcar mi garganta y siento que necesito más que un trago para pasarlo.
-¿De qué diablos hablas mujer? No entiendo una sola palabra de lo que dices. ¿De verdad te parece ésta la forma más adecuada y adulta para hablar de nuestros asuntos personales? ¿En público?
Ahora soy yo la que intenta alcanzar su mano pues me parece que el hombre está verdaderamente perdido. No es extraño para mí que la mayoría de los caballeros sean tan malditamente egoístas que no sean capaces de ver más allá de sus narices, pero él era de los pocos que en un principio me había parecido distinto, hoy veo que me equivoqué como en tantas otras cosas.
-Querido, si necesitas notificación judicial la tendrás, pero si no te había quedado claro, esto se acabó.
Toma mi mano en un efímero intento por aminorar el golpe de su declaración, de la determinación que ha tomado de manera unilateral y egoísta. Hasta donde tenía entendido éramos un matrimonio, una pareja que si bien había cursado por momentos difíciles, siempre pudimos hablar y concertar, acordar y hoy sólo recibo una notificación.
-Qué bajo hemos caído Tea, ahora no valgo más que para recibir la notificación de la decisión que tomaste…
Le suelto la mano pues no pretendo apretar más de lo debido, la sensación de cólera comienza a recorrer mi torrente sanguíneo y necesito aminorarla a como de lugar. Espero con ansias el maldito trago que se hace esperar, pero el destino se niega a hacerlo, así que tendré que continuar sin paliativos.
-No querido, la decisión la tomaste tú hace mucho tiempo, el que no te hayas querido dar cuenta o que pretendas seguir engañándote no implica que yo deba permitirlo. Te puedes seguir engañando lo que te plazca, pero a mí y a tus hijos ya no más. La que nunca recibió la notificación fui yo.
No entiendo lo que quiere decir, no me queda claro lo que implican sus palabras. Que fui yo el que terminó, el que decidió acabar con todo es una mentira descomunal, ahora soy yo el que necesita explicaciones más allá de su extraño proceder de los últimos días. Si ya puso sus ojos en otro horizonte no me parece justo que el culpable deba ser yo, ahorma menos que nunca por esos motivos.
-¿Qué quieres decir con eso? Si lo que estás implicando es que yo estoy con alguien más y que lo que quiero es terminar con nuestro matrimonio estás muy equivocada. Sabes que mi familia es lo más importante, he hecho muchos sacrificios para que esto funcione, lo he intentado todo y lo sabes. Yo nunca te he engañado, siempre supimos que lo nuestro…
Coloco mi dedo índice sobre mis labios indicándole que guarde silencio y el gesto lo toma por sorpresa y lo descontrola.
-No querido, yo no me refiero a ese tipo de engaño. Si ahora piensas alegar que nuestros acuerdos iniciales tienen validez, estás equivocado. En principio si yo hubiera sabido los motivos reales de tus condiciones quizás no estaría aquí, pero acepto que a mí me parecieron totalmente coherentes y aceptables, así que no estamos hablando de lo que sucedió hace tantos años atrás y menos he venido aquí a discutir al respecto. Seamos adultos y aceptemos que esto hace mucho que no marcha, que no va como debería y en principio de cuentas ni tú y menos yo deberíamos de sacrificar absolutamente nada. Si estuviéramos felices juntos, ningún sacrificio sería exigible o necesario.
No conforme con mandarme a callar ahora me insulta diciéndome infantil. Seré lo que le plazca, pero no puede pretender que yo adivine el proceso mental o emocional por el que ha transitado si no lo ha compartido conmigo. Odio ese maldito juego femenino, pretenden que uno entienda todo lo que piensan y sienten sin compartir ni una maldita pista con nosotros y siempre terminamos siendo los responsables de todo, no es justo. Masajeo mi frente tratando de encontrar un punto de equilibro y efectivamente está dando resultado la limitante de encontrarnos en un lugar público. Sabe de mis debilidades y evidentemente el guardar hasta cierto punto algunas apariencias, es uno de ellos.
-Estás diciendo que mi actitud es infantil y la que es rayana en una estúpida rabieta de niña es la tuya. Es de adolescentes pensar que las parejas deben ser felices siempre y que si no es así hay que salir corriendo a la primera de cambio. Ese mundo perfecto no existe Tea y siento mucho que tu papi te haya hecho pensar lo contrario. Para estar juntos se necesita ceder, sacrificar, luchar juntos hasta el final y tú ahora me dejas de lado, eso no es una actitud adulta.
Me inclino sobre la mesa para estar lo más cerca posible de su rostro para decirle lo que tengo que decir sin que la mesa contigua se entere. Me habla de madurez como si él la conociera, como si algún día en su maldita vida la hubiera aplicado.
-No me hables de actitudes adulta cuando el que se está dejando morir eres tú, cuando el que no es capaz de afrontar lo que siente y tener los pantalones para actuar en consecuencia eres tú. Yo estoy tranquila, hice mi parte y luché hasta donde tenía que hacerlo, no estoy dispuesta a aguantar más.
El tono bajo y enronquecido más de lo habitual, me habla de toda la determinación acumulada en ella y me pregunto ¿dónde diablos estaba yo cuando todo esto comenzó a suceder?
-Yo no me estoy dejando morir. Es el trabajo, quizás está siendo demasiado para mí el miedo de tener que confrontarme con un público en vivo en un teatro. Sabes que no soy el mejor actor y el teatro en una prueba que no sé si podré superar. No sé que es lo que quieres que afronte, no sé a qué sentimiento te refieres…
Me enternece mirarlo dar vueltas a su propio engaño y darme cuenta que realmente no se conoce en absoluto, que he debido ser yo la que descubra los avatares de su alma y él ni siquiera se haya percatado de ellos. Qué destructivamente simples con los hombres en ocasiones, no son capaces de meditar un poco sobre su interior, lo que les interesa es lo tangible, lo que se mira y toca. Estiro mi mano para alcanzar su mejilla y dolorosamente paso mi dedo pulgar por su pómulo ahora prominente por la delgadez.
-No David, no te engañes más por favor. El inicio para recuperarse de algo es aceptar que tenemos un problema y ahora mismo el salir del estado de negación es lo más importante. Te nos estás yendo como agua entre los dedos y no pienso permitirte que dejes a mis hijos sin padre o peor aún, que esto que veo sea la versión de padre con la que nuestros hijos crezcan.
Ella sabe que no soy honesto, sé que algo me está carcomiendo las entrañas, pero soy sincero al decir que desconozco lo que es. Han sido tantos años de confusión, de derrotas y fracasos. Nada de lo que visualicé como posible futuro ha alcanzado a ver la luz, sólo mis hijos con el resultado perfecto del futuro incierto, el resto ha sido un fracaso seguido del otro. Puede ser verdad que esté deprimido, pero desconozco el origen. Muevo mi mejilla hasta que mis labios alcanzan la palma de su mano.
-No quiero perder lo único que tengo, ustedes son lo único con lo que cuento. Tea, por favor no me quites a mis hijos, eso no podría soportarlo, no acabes con la familia que hemos formado.
Continúo acariciando su mejilla con mi pulgar mientras él habla con sus labios pegados a la palma de mi mano. Me aproximo más a su rostro, necesito que lo que le voy a decir le quede totalmente claro y por ello me clavo en su mirada con la mayor fuerza que poseo.
-A tu familia no la vas a perder, si estoy haciendo esto es justamente para que nuestros hijos no pierdan lo que aún podemos rescatar.
E 66TH ST
21:54 hrs.
Odio la sensación de exposición a la que me enfrento cada vez que piso esta ciudad y todo ello empeora si necesito estar en un lugar público. Mi entrada al lugar es medianamente soportable pues el acceso al restaurante es tan exclusivo que difícilmente me tendré que confrontar con algún fanático entusiasmado por pedir una autógrafo, una de las cosas que agradezco de estar en una gran ciudad como ésta, el parcial anonimato o mejor aún, la indiferencia de los neoyorquinos. El lugar es pequeño y acogedor, no es un lugar de gran formato pero sí selecto. Bajo las pequeñas escaleras y me coloco las gafas para observar el entorno pues la media luz y la escaza iluminación de velas en las mesas me impide ver con claridad a la distancia.
Tras colocar el maldito aumento que me permite ver las cosas como son, se devela la verdad del entramado al que estúpidamente me presté y del que ahora soy víctima. ¿Para eso quería ella que yo estuviera presente? ¿Para ser testigo de su romántica reconciliación? Verlos perdidos en esa mirada, en ese amoroso gesto, me hacer arder las entrañas y un ligero mareo lo acompaña. Siento que estoy parada en medio de la nada, que el piso ha desaparecido bajo mis pies y que lo único que queda es ese hermoso cuadro que de no ser tan doloroso bien podría admirar.
Desde el ángulo en que me encuentro puedo ver con claridad la mirada amorosa de ella clavada en sus ojos y su mano acariciando su rostro. Están tan cerca que sé lo que sigue a continuación y no pienso soportarlo. Me parece que el pensamiento maquiavélico de esa mujer es limítrofe con la maldad pura, pero lo merezco sin resistencia. Estúpidamente creí lo que no debí, como supuse, todo aquello no me acarrearía más que dolor y sufrimiento, a pesar de sentirme preparada para afrontarlo todo, nunca imaginé que la escena con la que sería recibida sería esa.
Quiero correr, no me importa abandonar el lugar como adolescente dolida que huye de su baile de graduación, por suerte en esta ciudad hay taxis por todos lados en espera del siguiente pasaje, pero dudo que tenga la suerte de cualquier personaje de película y pueda extender la mano y que aparezca uno de la nada milagrosamente. Giro sobre mi eje para emprender la huida, no necesito más que alcanzar la maldita puerta del infierno que hace tan sólo unos instantes he cruzado.
Un pecho descomunal vestido de etiqueta se interpone en mi camino, levanto la mirada y me encuentro con el adusto rostro del capitán de meseros.
-Me temo que no he sido lo suficientemente atento. Le ofrezco una disculpa señora Anderson, la esperan en su mesa.
Extiende su brazo en dirección a la mesa donde se encuentra la hermosa pareja en plena reconciliación y la disyuntiva me sobrecoge. Hago caso omiso de la invitación forzada o me dejo guiar por el enorme hombre frente a mí. Quizás el miedo al escándalo es superior a mi propio impulso de huida, si nadie me conociera, si no tuviera tan claras las posible implicaciones de un desplante de esa categoría, seguramente no dudaría un instante y abandonaría el lugar sin miramientos.
Mi vista ha seguido la mano del aquél hombre que apunta hacia la mesa del fondo y en el mismo movimiento alcanzo a percibir más de una mirada atenta a mis movimientos, la clase les impide mirar de frente y los cánones indican que no sería correcto murmurar, pero de cualquier forma percibo con claridad que mi presencia ha llamado la atención de algunos y prefiero no atraer la atención a la entero de la escena, sería muy fácil atar cabos y deducir o inventar. Me siento acorralada por un instante y la sensación nauseabunda se niega a desaparecer, ellos continúan centrados el uno en el otro y evidentemente no se han percatado de mi presencia a diferencia del resto de los comensales.
La visión comienza a ser nebulosa cuando decido girar y dirigirme hacia donde el capitán me indica, además de ser escoltada por él como si de un reo al cadalso se tratara y nada más cercano a esa figura, estoy frente a la presencia de una de mis pesadillas y camino hacia ella sin tener el poder de desaparecerla.
Parece una eternidad, el caminar por la milla verde sería mucho más rápido y seguramente menos doloroso. ¿Qué diablos hago aquí?
Un ligero temblor recorre mi ser, el frío que emana de mis manos es el resultado ostensible de mi malestar emocional. Paso saliva tratando de humedecer la resequedad en mi garganta y que mi voz no suene dubitativa al momento de emitirla.
-Buenas noches.
No la he visto aparecer pero la esperaba. Le he pedido al capitán que estuviera al pendiente y que por ningún motivo le permitiera marcharse. No hemos llegado hasta aquí para que al último momento todo se fuera al carajo por el miedo o la duda que estoy segura que en este instante la invade, yo en su lugar estaría exactamente en la misma disyuntiva.
De ninguna manera cruzó por mi mente que éste fuera justo el momento en el que aparecería, el mesero ni siquiera ha traído los tragos que se le han pedido y ella ha llegado mucho antes de lo acordado. Yo pretendía tratar un par de asuntos más con él antes de que ella llegara, pero las cosas siempre suceden por alguna razón y en mis manos no está controlarlas.
Un instante que se prolonga en el tiempo es lo que estoy presenciando, si mi visión cinematográfica tuviera que describirla tendría que apoyarme de una metódica cámara lenta. Mi mano aún permanecía sobre su delgada mejilla mientras mi dedo pulgar le acariciaba, su rostro y el mío tan cercanos que fue suficiente para que yo me percatara de cada uno de los movimientos y reacciones en el rostro de David.
En una fracción de segundo en su mirada pasaron un sinnúmero de emociones, pude ver claramente en sus ojos verdes, desde la oscuridad del asombro, la negación, la sorpresa y definitivamente aquello que nunca pude ver en relación a mí, el amor. A pesar del contexto de lo que sucedía un instante antes de que escucháramos su voz, él no pudo evitar que una chispa de luz apareciera en sus ojos y que el rostro se le iluminara de golpe.
Nunca mejor confirmación para todas mis teorías, nada podría superar con palabras o explicaciones lo que en un instante me fue confirmado con tan sólo un gesto. Él duda, se arrepiente, se confunde y evidentemente no sabe qué hacer. Un nudo en mi garganta comienza a gestarse y desconozco su origen, no sé si es la presencia de la verdad que te maravilla y enmudece de dolor al mismo tiempo. Ahí está, todo eso que supuse, todo aquello que me negué a ver por años a pesar de tenerlo frente a mis narices y en un chispazo, en un instante se devela ante mí tan claro como el agua cristalina.
He dicho que ha durado tan sólo un instante y es verdad, al mismo tiempo que hemos escuchado su voz, yo he retirado mi mano de golpe como si nos hubiese sorprendido en algo prohibido. Una extraña sensación se apodera de mí, yo soy la esposa y sin embargo en este instante siento que estoy tocando de manera inapropiada al hombre de otra. Me siento sorprendida en algo incorrecto y ya se vera con el terapeuta, pero puedo interpretar mi sentimiento como que definitivamente me he desprendido de él y no sólo eso, en este instante lo siento mas suyo que mío.
Me regalo y le brindo una última mirada amorosa, es el último estertor de aquél amor que algún día sentí por él y de inmediato me levanto para saludarla.
-Gillian…
Mientras yo intentaba entender el rompecabezas que mi esposa había tirado frente a mí y su mano acariciaba con compasión mi rostro, una descarga eléctrica atravesó mi universo, pues decir que fue a mi alma o corazón sería muy poco. Su voz sonó lejana y etérea como salida de uno de mis innumerables sueños y sentí que en ese momento mi corazón jugaba conmigo, no podía ser ella, no podía ser su voz la que mis oídos percibían.
En ese instante pensé que mi locura había alcanzado su grado máximo y que Tea tenía toda la razón, debía estar muriendo para que un sueño así se convirtiera en realidad, pero no medí las consecuencias, no dimensioné la magnitud del hecho, me fue posible analizar en un instante las razones por las que mi mente crearía una alucinación auditiva cargada de realismo.
Ni en mis más locos sueños me permití imaginar que un día apareciera de la nada y sin previo aviso, eso significaría la materialización de uno de mis más grandes anhelos, pero fui incapaz de percatarme del contexto. En un sueño en el que ella apareciera de ninguna manera podría materializarse en esta situación.
Estoy hablando con mi esposa de una posible separación, ella con ternura acaricia mi rostro tratando de explicar sus razones y yo estaba determinado a luchar contra cualquier pensamiento que nos llevara a ese desolador final y de pronto su voz aparece para pulverizar el universo entero, para que absolutamente nada me importe más que desear con todo mi ser que no se trate de nada más que un juego perverso de mi maldita imaginación. Deseo con todas mis fuerzas que su voz esté acompañada de su pequeño y hermoso cuerpo, que no sean mis inmensas ganas de verla la que ahora mismo me hacen imaginarla, pero un vuelco en el corazón me paraliza la respiración cuando al instante percibo su aroma.
Tea se levanta mencionando su nombre y entonces sí siento que el mundo desaparece debajo mío, esta aquí y no tengo la menor idea del por qué, una maldita casualidad no pude ponerme en una situación como ésta. Estoy paralizado y mi ojos siguen el movimiento de la mujer que hace tan sólo un instante se encontraba sentada frente a mí, entonces la veo y mi mundo queda reducido a un solo sentimiento, tan puro y brutal que me sobrecoge el alma. Literalmente mi corazón se pierde el ritmo por un instante haciendo que mi aliento se corte y un sudor frío recorra mi piel. Juro que son los tragos y la falta de alimento, pero estoy a punto de perder el piso, siento que me desmayo.
Las dos mujeres se saludan con frialdad, pero cordialmente. Nada me hace sentido y mis neuronas luchan contra viento y marea por entender un ápice de la escena que observamos. La voz de Tea me trae de vuelta a la realidad aunque no entienda cuál es.
-David…
Me hace un gesto con la mano indicando que mi falta de atención es descomunal y sobre todo que estamos en un lugar público. Desconozco cómo mis piernas reaccionan a un impulso que estoy seguro no ha sido ordenado por mi cerebro sino por los ojos de mi esposa.
Me levanto tratando de controlar mis movimientos y no tirar la silla junto con mi abrupta reacción. Los ojos de Tea me indican algo, pero en este momento no tengo una sola neurona en funcionamiento que sea capaz de procesar esa información. Mi cuerpo entero está centrado en la vibrante sensación de la proximidad de su pequeño cuerpo, su aroma y mi deseo enorme de tomarla entre mis brazos y besarla en el acto, en la lucha feroz contra la razón y la cordura.
Gillian me mira y tampoco sé lo que me dicen sus ojos, yo sólo quiero aproximarme a su cuerpo lo más posible y absorber su esencia, todo de ella. Han pasado tantos años desde la última vez que estuvimos cerca, que mi alma, corazón y mi cuerpo entero me lo exigen.
Coloco mi mano sobre mi abdomen para sostener mi corbata mientras me inclino para aproximar mi mejilla a la suya y saludar civilizadamente, pero no puedo contenerme del todo, mi otra mano busca ese lugar privilegiado que me ha pertenecido siempre en el final de su espalda, en su diminuta cintura y presiono ligeramente obligándola a aproximar su cuerpo al mío lo suficiente como para sentir su calor, pero no tanto como para romper las reglas de la moral. Ella por su parte no ayuda a aminorar este maremoto de sensaciones pues coloca su mano entre mi mejilla y mi cuello en ese gesto tan suyo cuando saluda o por lo menos cuando me saludaba a mí. En el momento en el que mis labios rozan ligeramente la piel de su mejilla, me encuentro a suficiente distancia de su cuello como para percibir con todos mis sentidos el olor de su piel combinado con su perfume y el aroma de su cabello. Podría perderme una eternidad ahí y eso es lo que deseo. Cierro mis ojos para incrementar el golpe sensorial e inhalo con toda la potencia de mis pulmones hasta el último átomo cargado con su aroma y su esencia.
La sensación es brutal, mi ansiedad por ella es casi incontrolable y una oleada de sentimientos golpea mi alma en un instante. ¿Cómo diablos he podido vivir sin esto? Siento ganas de llorar de desesperación, como niño encaprichado porque la vida me ha negado lo que más quiero. ¿Cómo diablos el amor puede superarse, cómo podemos ser tan estúpidos y hacernos creer que desaparece?
La oleada rompe contra la roca y así como ha llegado desaparece de golpe. Siento las manos de Tea rozar con delicadeza mi mano que reposa sobre la cintura de Gillian y a su vez con la otra sobre mi espalda.
-¿Nos sentamos?
Sus hermosos labios se separan de mi mejilla y la lejanía de su presencia golpea mis sentidos, no entiendo cómo he podido vivir alejada de su aroma; de su piel, de sus manos, de su corazón. La voz de Tea me indica que hemos sobrepasado el tiempo adecuado y correcto, pero la sensación de su delgada mejilla sobre mi piel, su mano sobre mi cintura y mi mano sosteniendo su cuello en esa área de su nuca que reconozco al instante, me han hecho estremecer al grado de sentir que puede ser visible para cualquiera. El hechizo se rompe al alejarnos, pero sólo para que mi mirada caiga presa de la suya y quede anclada ahí por otro instante más que sabe a eterno. No lo leo, no necesito hacerlo ni lo deseo, es simplemente ese reconocimiento intangible y poderoso de dos almas que se habían perdido y han vuelto a encontrarse.
-Ordenamos, ¿les parece? Muero de hambre y sed. Este muchacho no ha traído las bebidas y llevamos horas esperando.
Mientras ellos toman asiento uno al lado del otro porque así lo dispuse yo, mis palabras salen de mis labios con enorme hiperactividad, puedo escuchar mi propia voz como si fuera ajena. Los he visto en ese instante que ya debería ser costumbre para mí o el resto del mundo que los haya visto interactuar en persona o en la pantalla. Evidentemente el universo desaparece a su alrededor, la cercanía de sus cuerpos crea una burbuja magnética que los hace atraerse inevitablemente y que a la vez aleja al mundo que los rodea. Es brutal, poderoso y casi tangible, uno siente que de alguna manera puede tocar esa energía que los envuelve y sería maravilloso si no se tratara de mi marido con otra mujer.
Por años he trabajado sobre el sentimiento que aquello me produce, lo he analizado y desmenuzado paso a paso. En principio era intrigante y me hacía preguntarme lo mismo que todos ¿Qué es eso que los envuelve? Después el sentimiento de curiosidad dio paso al dolor y hasta cierto grado rencor, la envidia de no poder tener algo así ni con él ni con nadie. La consciencia de lo único e irrepetible es apabullante cuando uno termina siendo el tercero en discordia, aquél que tiene que luchar contra eso que evidentemente es indestructible.
He debido romperles el encanto pues dan la sensación de no tener voluntad para hacerlo ellos mismos, que si el mundo se los permitiese, se perderían el uno en el otro sin importar el lugar o tiempo en el que se encuentren.
El mesero se aproxima con las bebidas y queda en evidencia que estaba haciendo tiempo a nuestra acompañante para acercarse a repartir las cartas. Doy un rápido vistazo a mi entorno y me alegra percatarme que a diferencia de lo que hubiera pensado, al resto de los comensales el momento mágico les ha pasado desapercibido. Ellos no dejan de mirarse, nuevamente tengo que sacarlos del embrujo y lo hago colocando mi mano sobre el antebrazo de ella.
-Te recomiendo el Coq Au Vin.
Ella toca mi antebrazo y trato de disimular la sorpresa que me produce, solamente dirijo mi mirada a su mano para posteriormente sonreír ligeramente y dirigirme al extrañado pero disimulado mesero, pues alcanzo a ver como observa nuestro movimientos con detenimiento hasta que se ve descubierto y entonces clava su mirada en la pequeña libreta en la que anota. Más de un recuerdo se agolpa en mi mente gracias a eso.
-Quiero lo que la señora sugiere, por favor.
Tea responde con una ligera sonrisa y clava su mirada en la carta, yo trato de evitar ver a David y él hace lo mismo conmigo, se pierde en la carta y el mesero espera algo más, me doy cuenta que aguarda a que ordene alguna bebida.
-Agua gasificada.
En tanto ellos terminan de ordenar, Tea vuelve a tomar la palabra como si de la continuación de una plática previa se tratara. Yo la observo y trato de prestar toda la atención posible a pesar de que mi cuerpo no ha cesado en su trémula reacción, casi es incontrolable.
-¿Tienes frío? Estas muy delgada y te ves espectacular, le dije a David que en cuanto te viera te pediría el secreto para verte así…
Él hace un gesto de extrañeza y ella caso omiso del mismo. Continúa con una charla común y trivial.
-…Realmente no me gusta el tono que traigo, ¿Qué me recomiendas? Creo que a ti te queda perfecto el rubio, quizás yo deba volver a él y el largo, por dios, decidir el largo del cabello es un martirio.
Habla como si fuéramos amigas de toda la vida y yo debiera darle consejos de belleza, yo que soy la mujer menos conocedora del tema. Estoy a punto de responderle cuando David nos interrumpe.
-Siento cuartar su amistosa charla sobre moda o lo que sea, pero qué diablos está pasando, alguna de las dos me quiere informar qué hacemos los tres sentados en la misma mesa.
David ha mostrado su molestia y Gillian está evidentemente desconcertada, seguramente mi marido da por hecho que está siendo parte de algún tipo de conspiración femenina en su contra o quién sabe qué diablos le pasa por la cabeza. Es posible que ella se sienta acorralada y no es mi intención. Él la cuestiona con la mirada y ella está apunto de hablar así que decido intervenir.
-Yo la llamé David, no la mires así.
Como toro citado a la embestida, él acude y ataca. Noto un centelleo en su mirada y no alcanzo a dilucidar sus motivos, quizás se sienta acorralado o engañado, pero poco debo esperar para conocer las razones.
-¿La llamaste? ¿Para qué diablos la llamaste? Si estás pensando que… yo no sé lo que puedas estar pensando Tea, pero créeme que nada de eso es cierto, Gillian y yo hace años que no nos vemos…
Levanto mis manos en señal de paz y para indicarle que no es necesario que comience a alzarme la voz, pero no es eso lo que lo detiene, en ese momento me percato que ahora es ella la que coloca con delicadeza su mano sobre su antebrazo y entonces el reacciona de inmediato y guarda silencio sólo para caer preso nuevamente en su mirada. Ella habla quedo y con parsimonia.
-Sólo está preocupada por ti, es todo. No le hables así por favor, no delante de mí.
Creo que mis palabras nos han sorprendido a los tres, yo misma desconozco el por qué le he pedido respeto para ella, quizás es este feminismo que he acumulado a lo largo de estos años y que surge como fiera enjaulada al ataque en cuanto se siente agredida por cualquier espécimen del género opuesto. Un silencio sepulcral nos envuelve y da paso a la incómoda situación de buscar un nuevo tema de conversación que no implique rispidez, pero ella evidentemente no piensa lo mismo que yo, así que prosigue con su conversación.
-Sí, ella tiene razón pero no es la única razón por la que le pedí que estuviera aquí…
Hace una pausa que me sabe a eterna y lo suficientemente larga como para que yo misma haga mis propias especulaciones, la imagen de la escena que presencié a la entrada en este lugar me acelera el corazón. ¿Querrá darme una lección? Quizás su única intención y el motivo por el que me pidió venir es para restregarme en la cara que están perfectamente y que me haga a un lado de sus vidas, cosa que sería totalmente absurda pues yo hace muchos años que estoy muy lejos de cualquier cosa que tenga relación con ellos.
No puedo apartar de mi mente la tierna y romántica escena, el amor con el que ella le acariciaba y la forma en la que él recargaba su rostro sobre la palma de su mano. Temo que ese sea el motivo de mi presencia aquí y aún más que no estoy preparada para afrontarlo, me niego a indagar cuál puede ser mi reacción en un caso así, posiblemente toda su idea de mantener nuestra reunión en un lugar público para evitar escándalos de nuestra parte, se vaya al demonio en un instantes. La servilleta de tela comienza a ser el único asidero al cual me aferro mientras ella continua.
-…Le he pedido que viniera aquí hoy porque necesito que no estés sólo en un momento como éste y menos como te encuentras ahora. Ahí viene nuestra cena, podríamos dejar el tema para después, muero de hambre. Cuéntame Gillian, ¿cómo va Piper? Debe estar enorme, hace años que no la veo y tus pequeños, ¿tienes fotos que pueda ver? Deben estar hermosos.
El corte en el tema no me desconcierta tanto como el cambio abrupto y la dirección que toma. Es extraña la manera en la que me pregunta por mis hijos, esta falsa familiaridad comienza a molestarme y sobre todo cuando de mis hijos se trata.
Aguardo un instante mientras los meseros sirven los platillos que han sido preparados con extraña rapidez, si las bebidas se tardan más que los platillos en este lugar, verdaderamente sería el restaurante más extraño en el que haya estado.
-No acostumbro a tener fotos de mis hijos ni ningún tipo de información sobre ellos en mi celular o en ningún otro lugar que pueda ser mal utilizado.
Tea achica los ojos y me mira con extrañeza. Nuevamente su hiperactividad la obliga un excesivo contacto físico al que no estoy acostumbrada y mucho menos proviniendo de ella.
-Entiendo, para nosotros ha sido diferente. Los niños están acostumbrados, Los Ángeles no es precisamente el lugar más propicio para mantener alejados a los chicos de las lentes de los reporteros, pero están acostumbrados. Mi hijo Miller está tan desconcertado de vivir aquí, es que ni siquiera conocía una ciudad donde el invierno fuera nevado, ¿te imaginas? o ropa para el frío. Le ha costado terriblemente adaptarse al clima y estar lejos de la playa, el sol o el clima en el que creció. El acento de tus hijos debe de ser divino, amo el acento inglés, tan formal y adusto…
La dejo hablar pues parece un método eficiente con ella, nunca habíamos convivido lo suficiente como para percatarme que cuando está nerviosa es más hiperactiva de lo normal. David no pronuncia una palabra y sólo de cuando en cuando busca mi mirada. El tiempo pasa entre una sonrisa incómoda por aquí y otra por allá en tanto yo hago un esfuerzo sobrehumano por poner atención pues mi cerebro se desconecta con una facilidad espectacular. Ella hace una pausa y coloca la servilleta de tela sobre su boca.
-Digan algo, de lo contario la gente pensará que los tengo aquí secuestrados.
David me lanza una mirada cómplice y yo no puedo contener una carcajada, sé que es el nerviosismo el que ha reaccionado por mí. David y ella me siguen, no sé si ella ha pensado que se trata de una escueto intento de disimulo de mi parte, pero no lo es y David lo sabe, desvía el tema lo mejor que puede y con la mejor arma que conoce comienza una retahíla de chistes malos o ácidos que a mí me logran sacar por instantes del trago amargo hasta que llegamos de nuevo a la veta sensible, por fortuna hemos terminado con los platillos. David acude al baúl de los recuerdos a pesar de que mi memoria selectiva ha olvidado un sinfín de cosas, otras permanecen tan claras como si hubiera sucedido ayer. Él entre risas incontrolables se trastabilla en terminar el anécdota.
-…te acuerdas aquél tipo de los tatuajes… No, no, el otro, el de los trucos… Por Dios, nunca había visto nada igual… o la lluvia en el bosque ¿te acuerdas? "Who is…"
Y terminan por completar la frase al unísono.
-"… Billy Miles?" Who is Billy Miles?
Y ríen juntos de un chiste que sólo ellos entienden. Como siempre, es eso lo que incomoda y fascina al mismo tiempo, ese algo que comparten sólo ellos, como si se tratara de un secreto que sólo ellos conocen. Hace años escuché a Carter decirlo y no es que no lo hubiese presenciado en otras ocasiones, pero en la época en la que convivimos un poco, ellos evidentemente no estaban en el mejor de los momentos, su estadía en el mismo sitio se sentía incómoda y tirante. Aquello no duró mucho y menos mi cercanía con ella, simplemente fui desterrada del set y hasta ahí pude presenciar cualquier tipo de interacción entre ellos.
Mi marido ríe envuelto en la nostalgia y su semblante comienza a cambiar poco a poco, su rostro se ilumina acompañado de su ojos. Hubiera querido verlo con esa luz alguna vez a mi lado y no es que menosprecie los buenos momentos que vivimos juntos, sé que los hubo y en demasía, pero nunca así. Mientras ambos se encuentran entretenidos en el pozo de los recuerdos, me animo a tomar la carpeta que traigo en la inmensa bolsa y la saco, la coloco sobre la mesa e interrumpo las risas y el aparente agradable momento.
-Esto es lo que no te atreves a reconocer David, mírate por un instante…
Tomo la servilleta de tela entre mis manos y la coloco sobre la mesa al tiempo que las risas cesan de golpe, evidentemente pretendo continuar y lo hago ahora con toda la atención de parte de ambos.
-…Hablé con mi padre y aquí están los términos del divorcio, no necesito que los firmes ahora, bien sabes que puedes consultar con tus abogados, pero ese no es el punto. Aquí hay un acuerdo para ti también Gillian, tú no tienes ninguna obligación de firmarlo, pero toma en cuenta que a ninguno de los tres nos conviene que cosas salgan a la luz y mucho menos por disputas legales. Tenemos hijos y por ellos es que hago lo que hago ahora. Todo lo que está escrito ahí se resume a un solo concepto; tiempo.
David toma la carpeta y Gillian ni si quiera hace el intento por tomarla, pero yo continúo con una amplia sonrisa en los labios para proseguir.
-Dentro de la carpeta está la tarjeta de una de las habitaciones del Plaza, está a nombre de Elizabeth Pantaleoni y dudo mucho que alguien sepa quien es, si quieren discutir los términos preferiría que lo hicieran alejados de las miradas del público, ustedes sabrán mejor que yo cómo ocultarse apropiadamente. La cuenta está pagada y sólo te pido que me acompañes al auto David y después me comuniquen su decisión. ¿Podemos salir de aquí? no soporto un instante más en este lugar.
La mujer me ha dejado estupefacta y con más preguntas que respuestas. David toma la tarjeta y la desliza colocándola debajo de mi mano, mientras yo no sé cómo interpretar lo que acaba de suceder. Ambos se levantan y David se coloca detrás de mi silla para ayudarme a retirarla. Tomo mi bolsa en el trayecto para levantarme y al girar puedo ver como ella desliza sus manos por debajo del brazo de él y coloca su cabeza sobre su hombro. Comienzan a caminar como si fueran una hermosa y feliz pareja hasta que David hace una pausa para esperarme, los alcanzo y me dejan pasar. Algo parecido al efecto que al alcohol producía en mí se apodera de mi mente, como si nada tuviera sentido o una neblina mental invadiera mi cerebro. Camino como autómata hasta llegar al pie de la pequeña escalinata que lleva a la calle, ella me detiene con su mano sobre mi espalda para después girarme, tomarme por los hombros y depositar un beso en mi mejilla con sus labios muy cerca de mi oído y murmurarme.
-Después hablamos.
David me entrega la carpeta y después acelera el paso para alcanzar a su esposa. Yo he tomado el objeto por inercia, sin pensar siquiera en si quiero o no quedarme en ese maldito lugar. Con la tarjeta de la habitación en una mano y la carpeta en la otra me quedo parada en medio de la nada mientras los veo alejarse por la acera, juntos como si nada hubiese sucedido.
Desorientada pero tratando de no parecerlo camino hacia Central Park, está apenas a media cuadra, pero el frío y mi estado emocional me impiden caminar con paso firme. Si tan sólo supiera lo que debo hacer, si tuviera el valor para tomar un taxi y volver por donde vine, tomar el primer vuelo de vuelta a casa y olvidar que todo esto sucedió.
No sé por qué he decidido caminar en lugar de tomar el primer taxi, pero necesito pensar y lo pero es que no sé en qué, evidentemente nada de esto ha valido la pena, no he conseguido absolutamente nada, ni siquiera aclarar mis ideas.
El frío que proviene de la vegetación de Central Park hace su acto de presencia incrementando los calosfríos que recorren mi cuerpo, he caminado como autómata una cuadra y después de haber pasado el templo Emanu-El me doy cuenta de que llevo en mi mano la maldita carpeta.
MADISON AV.
Tea continúa colgada de mi brazo y con su cabeza recargada sobre mi hombro, no dice una palabra y eso me desconcierta aún más. Sus intenciones siguen siendo un profundo misterio para mí y mi corazón se quedó paralizado a la salida del restaurante junto a Gillian, con ella, en ella. Mis piernas sienten el impulso de correr tras de ella, de alcanzarla y buscarla, pero no puedo hacerlo hasta no hablar con Tea.
-Aquí dejé el auto, no es necesario que me acompañes hasta él, vuelve con ella.
Evidentemente le he pedido que me acompañara hasta el auto solamente para evitar que fuera evidente que ellos partirían juntos y yo por mi lado, todavía no llego a ese grado de descaro y falta de respeto a mi posición de esposa. Hay cosas en las que puedo ser sumamente abierta, pero otras en las que la voz de mi madre se apodera de mis actos y me es imposible desobedecerla. Tras escucharme retira su brazo de mí y se gira para verme de frente.
-No lo voy a hacer. ¿A qué estás jugando Tea? ¿Qué ganas con ponerla a ella en esta situación? ¿Pensaste en la posición en la que la colocas?
Saco las llaves de mi auto mientras escucho sus reclamos, evidentemente ahora piensa más en ella que en nosotros y eso me molesta sobre manera, pero quizás yo sea la culpable. Agacho la cabeza y comienzo a jugar con las llaves en mis manos.
-¿Te das cuenta que sólo piensas en ella? Siempre en ella y todavía me exiges que yo también lo haga. ¿Pensaste en algún momento en mí? ¿Te cruzó por la cabeza que en esta posición nos has puesto tú a las dos? Eres un egoísta insufrible David, todo gira alrededor de tu pequeño universo y no te importa a quién lastimas con eso.
Se agacha para buscar mi mirada perdida en mi juego con las llaves, tiene sus manos dentro de las bolsas del pantalón y yo sé perfectamente lo que significa ese lenguaje corporal.
-¿Yo soy el egoísta? Yo no planeé toda este ardid, esta estúpida conspiración. Te parece que has pensado en mí y en los niños cuando me haces a un lado, decides que nuestra separación es inminente y redactas documentos legales respaldada por tu papi querido sin siquiera darme la oportunidad de hablarlo, de discutirlo. No Tea, la que sólo piensa en sí misma eres tú, te ha importado un carajo lo que yo sienta o piense. Ya hemos pasado por esto, hice todo lo que me pediste y nunca es suficiente, nunca he sido suficiente para ti.
La risa me sale del alma, no he escuchado cosa más injusta en la vida. Yo veía a través de sus ojos, lo único que hice fue dedicarle mi vida a él y nuestros hijos, me olvidé de carrera, me olvidé de mí misma por él. Quería una familia y se la di, me entregué a ese proyecto con los ojos cerrados, luché por su carrera y sus intereses más que él mismo y ahora resulta que yo soy la que no lo valoro.
-Yo soy la que nunca fui suficiente para ti, yo no soy Gillian Anderson, ese es el maldito problema, no soy ella y nunca lo seré. No pienso discutir absolutamente nada contigo, ahí están mis condiciones para nuestra separación y como persona civilizada estoy abierta a escuchar, pero únicamente lo que tenga que ver con los términos de nuestra separación, no más pasado, no más "si hubiera", no pienso invertir más tiempo de mi vida en ustedes… Aunque no lo sepas o te niegues a reconocerlo, siempre han sido ustedes. Ese es tu problema hombre, no darte cuenta de la realidad y con ello nos has arrastrado a todos y ella está incluida, no te das cuenta de todo lo que le has hecho a ella también, a mí y a tus hijos… todos ellos.
-Ella no es nuestro problema Tea, el problema lo creaste tú al ponerla entre nosotros. De dónde diablos sacas que ella forma parte de todo lo que hemos vivido, pero entonces entiendo ahora el por qué hemos llegado hasta aquí. Es tu inseguridad la que está acabando con nosotros y no ella.
-No David, eres tú el que acabaste con todo y con todos. No te voy a decir que no formé parte, consciente o no me presté al juego y estas son las consecuencias. Lo único que digo es que todos asumamos las consecuencias de nuestros actos y como adultos afrontemos los resultados por todos aquellos inocentes que nos son culpables de las estupideces que hemos cometidos todos los involucrados. Lee el convenio y discútelo con ella si quieres. Lo que hagas de ahora en adelante con tu vida me tiene sin cuidad, excepto por lo que está en el acuerdo. Cuando lo leas y analices con calma me hablas, no creo que tengamos que llegar al punto en el que sean nuestros abogados los que decidan el rumbo y futuro de nuestras vidas, seamos lo suficientemente adultos como para manejarlo entre nosotros.
-¿Entonces la decisión está tomada? No tengo ni voz ni voto en el asunto y pretendes que me quede con los brazos cruzados cuando estás mandando a la mierda nuestras vidas. Sólo dime por qué, es todo lo que quiero saber, qué diablos sucedió que no me percaté, en qué momento todo esto se perdió.
-Se perdió en el momento en el que decidiste que yo era la opción para deshacerte de lo que sentías por ella, se fue a la mierda en el momento en el que no pudiste manejar todo el dolor que te causó el que ella se alejara.
-Tea, estás reduciendo años de matrimonio a un solo evento, a una sola persona. Toda mi vida no es ella, yo soy mucho más allá de ella. No te das cuenta, estás posicionando las cosas como si fuera lo único que me importara y no es verdad.
Me da ternura ver su ceguera mental, pero es más doloroso presenciar con esa claridad su ceguera emocional. Quizás me equivoque terriblemente al pensar de esta manera y es posible que esté magnificando las cosas, pero no lo creo, he tenido suficiente tiempo para analizarlo y lo que sucedió tan solo hace unos momentos dentro de ese restaurante me lo confirmaron. Sé que no estoy loca, que no estoy magnificando nada, por el contrario, tanto tiempo tratando de minimizarlo y negándome a aceptar la verdad frente a mis ojos, me ha hecho valorar el que ahora pueda ver las cosas con esta claridad.
El tiempo es sabio y afortunadamente no me permitió verlo así de claro en aquél momento en el que sentía que mi corazón se perdía por él, hubiese sido devastador para mí, pero me doy cuenta ahora con tal claridad que me produce una mezcla de sentimientos lejanos a la ira o rencor. Ahora lo puedo ver como el ser humano lastimado y dolorido por el amor que nunca ha tenido de la forma en que lo ha deseado siempre y eso me entristece, por él y por el amor en sí. Le doy un par de palmaditas en la mejilla y decidida a subir al auto trato de culminar una conversación que no nos llevará a ninguna parte.
-Querido, ve con ella. Espero que ella pueda hacerte ver lo que yo no puedo. Me cansé, pero seguramente ella podrá lo que para mí ha sido imposible. No voy a discutir contigo nunca más, no es punto sujeto a cuestionamiento. Te deseo que la vida te permita recuperar algo de lo mucho que perdiste y que ojalá tengas la oportunidad de alcanzar ese sueño. Te deseo que no sea demasiado tarde. Regálale a tus hijos un padre feliz. A todos ellos.
Sube al auto sin decir nada más y arranca dejándome en medio de la acera con un mundo de preguntas rondando mi mente. Veo el auto alejarse llevando mi pasado a cuestas.
5TH AVE
Mis piernas comienzan a moverse a un ritmo incontrolable, vuelvo sobre mis pasos hasta la entrada del bistró y el capitán al verme simplemente niega con la cabeza y hace un pequeño gesto con su mano indicando el camino hacia Central Park.
No necesito más y corro, simplemente corro sin rumbo ni dirección. Estúpidamente creo verla, mis ojos juegan conmigo y mi estúpida desesperación más. La busco, mi mirada la busca por todos lados y mi corazón desaforado pareciera tener los minutos contados. Me estoy muriendo de desesperación, siento que es mi última oportunidad, que la tenía a centímetros y nuevamente la dejé escapar. ¿Por qué diablos no corrí detrás de ella desde un inicio? Ahora no puedo pensar ni justificar mis actos, quiero encontrarla y es todo en lo que mis neuronas pueden trabajar en este momento y en no dejarme morir en el acto.
El ardor en el pecho es una mezcla de sentimientos y agitación física, pero eso es solamente el encubrimiento, la fachada, el pretexto. Si estuviera inmóvil mi corazón saldría de mi pecho de la misma manera, no es por que corra como lunático por la avenida principal lo que me hace sentir que el alma se me escapa por la boca, es la maldita y conocida sensación de haberla tenido ahí tan cerca y perderla de nuevo en la estúpida gran manzana.
No pudo haber ido tan lejos, pero el problema no es ese, pudo haber tomado un taxi y perderse en cualquier maldito rincón de esta ciudad o peor, haber decidido volver y tomar el primer vuelo directo a Londres, pero sé que eso no lo ha hecho pues sería blanco fácil para encontrarla, sabe que podría encontrarla en el aeropuerto con toda facilidad. Es una maestra del escape y sobre todo para mí, la he tenido tantas veces y ha escapado en esa maldita y metódica costumbre de huir de mí.
Me detengo pues mis pulmones están a punto de estallar, de no ser por la cantidad de cigarros que debo fumar para representar ese Hank quizás tendría mejor condición física, eso y un poco de mejor alimentación, menos alcohol en la sangre, menos desesperación. Estoy a punto de llorar de impotencia, de dolor. Coloco mis manos sobre las rodillas para tratar de recobrar un poco la compostura. Quisiera gritar a mitad de la calle su nombre para ver si algún día los Dioses me ayudan y la traen de vuelta.
Hubo un día en el que el destino me quiso y la puso en mi camino, pero sólo para arrebatármela siempre. Mi visión comienza a nublarse por las lágrimas, no corren, no las dejo caer y limpio mis ojos. Levanto mi cabeza y un golpe de esperanza aparece ante mis ojos, el monumental edificio se irgue imponente del otro lado de la avenida. Algo me dice que no debo albergar demasiadas esperanzas, que sería casi como un cuento de hadas, pero mi estúpido y romántico corazón vuelve a latir con fuerza.
Atravieso la calle sin mayor precaución, no me importa en absoluto y solamente fijo mi mirada en la entrada y los autos mercedes-benz color negro estacionados a la puerta.
THE PLAZA HOTEL
768 5th Ave
New York, NY
1:15 hrs.
Corro hasta la entrada y antes de cruzar el umbral me detengo para tratar de guardar la compostura, arreglar un poco el saco desaliñado y la corbata. Me aproximo al mostrador y un amable recepcionista me sonríe.
-La habitación de la señora Pantaleoni
Mis dedos galopan obsesivamente sobre el mostrador haciendo evidente mi desesperación mientras el hombre consulta el monitor y sonríe amablemente ignorando mis movimientos. Finalmente decide hablar.
-Habitación 1001 señor…
Giro rápidamente sin esperar nada más y a la distancia escucho la voz del pobre hombre tratando de hacer su trabajo y lo correcto.
-Señor, gusta que llame a la habitación para ver si la señora está…
No pienso escucharle y menos esperar a que haga lo que se propone, no pienso esperar aquí. Camino con premura pues no quiero levantar sospechas o miradas suspicaces en un lugar en el que la calma es evidentemente uno más de los servicios del hotel.
Me dirijo al elevador aunque mi impulso inicial sería tomar las escaleras, pero mi maltrecho estado y mi deplorable condición física ya no me lo permiten. Afortunadamente a esta hora el movimiento es mínimo, aún para la ciudad incansable en la que estamos.
Mi orientación espacial es nula en este momento y me cuesta trabajo localizar la puerta que indique que he llegado a la habitación correcta. El 1001 se encuentra frente a mí y no sé si tocar o devolverme por donde vine, ni siquiera tengo la certeza de si la encontraré aquí, es más, casi estoy seguro de que no es así.
Aprieto la mandíbula junto con el puño para llamar, primero con ligera desconfianza y después con determinación, pero no obtengo respuesta. Toco nuevamente y espero, pero es inútil. Me derrumbo derrotado mientras mi cuerpo se desliza contra la puerta.
-No está, maldita sea, no está.
Golpeo con fuerza la maldita puerta que sé que nunca se abrirá. Sé que nuevamente he perdido la oportunidad, que se ha ido como siempre lo hace dejándome con el corazón en la mano y el alma destrozada. Para qué diablos vuelve a mi vida si solamente piensa dejarme.
Jalo el nudo de la corbata pues el de mi garganta es suficiente, aprisiona la voz que debería gritar de rabia y frustración. La imagino ahora mismo sentada esperando a que su vuelo despegue o en una maldita sala de espera. La vida no puede ser así de cruel conmigo, ella no puede ser así de insensible.
-Vas a despertar a todo el mundo, deja de golpear la puerta de esa manera.
La voz proviene del final del pasillo, parece espectral y lejana de lo bajo que se emite desde los labios de su emisora.
