"Como habréis notado no sigo una cronología exacta de 'El príncipe mestizo'; me aferro a detalles que me han gustado más o que, simplemente, se quedaron pegados en mi memoria. Ojalá guste.
Escribo para Didi, para vosotras, que seguís mi historia y para mí."
Si he de consumirme en la oscuridad, quiero estar contigo ahí. No podría pedir otra cosa.
Capítulo IV
Ginny le hizo señas desde el final del corredor, pero Hermione no siguió esa dirección; una leve sensación de malestar le había hecho despertar más temprano de lo normal. Aunque apartarse de su amiga era ideal en aquellos momentos, pues no había dejado de darle la lata desde esa escena de Pansy.
Soñó con el segundo año, otra vez; se encontraba preparando la poción multijugos, en los lavabos de Myrtle, sólo que ella no estaba sin compañía; arrullaba a un bebé rubio y sonrosado, lo consolaba y le decía que todo estaría bien. Incluso le cantaba, con un tono de voz tan maternal, de absoluto amor y entrega.
Podría haberlo dejado pasar, todos sabían que ella no creía en las predicciones. La adivinación era un medio "artístico" para hacer creer a la gente un montón de fruslerías que, a la larga, terminaban perjudicando.
Así que consultó algo real, la aritmancia, una disciplina con sustancia y no esas tonterías que Trelawney creía a rajatabla.
Entró a los lavabos y éstos estaban vacíos; excepto por un viejo peluche de lechuza, lo tomó en sus manos y se escondió en una esquina, pues había escuchado unos pasos acercarse aprisa.
El peluche había sido blanco y café acaramelado, ahora estaba deslucido; sin embargo, se notaba el cuidado que habían puesto para preservarlo, por lo que descartó que Myrtle lo hubiese encontrado en una de sus tuberías.
Los pasos se detuvieron y entraron, Hermione alcanzó a meterse en un cubículo, pero no se atrevió a dejarlo entreabierto.
Escuchó como alguien llamaba a Myrtle, sin adivinar siquiera de quien podía tratarse, ¿qué haría un chico hablando con el tristón fantasma? Su tono era agradable, algo suplicante y dulce, sin duda.
-Viniste; escuché que atacaron a una alumna, fuiste tú, ¿verdad? - ninguna respuesta vino. - ¿Sabes? Morí por un ataque, ni siquiera lo vi venir. Sé que paso llorando, y eso lo hace más fácil, aunque nadie lo crea, porque si no me esforcé en vida por tener algo mejor, menos lo haría en la muerte. No quiero ser como el adorable fantasma gordo... A lo que voy es... Eres mi amigo, no te lastimes a ti mismo ni a otros, seguro si lo hablaras con Snape o con Dumbledore...
-¿Qué podría decirles, Myrtle? "Dumbledore, si no te mato mi familia morirá, ayúdame, porque soy débil. Ayúdame, porque soy incapaz de defender a mi familia."
-No eres débil, Draco. Llorar no es serlo, es tener corazón, es rebelarse contra la oscuridad. Tú eres fuerte, es sólo que por pedir ayuda crees que serás inferior. ¿Por qué me cuentas lo que pasa?, ¿por qué a la patética Myrtle le enseñas tu fragilidad?
-No eres patética, eres mi amiga...
-¿Tu amiga? Tienes amigos en Slytherin, ¿no? Una insignificante Myrtle no puede ser tu amiga, no si tienes a la "gran" Pansy Parkinson.
Draco compuso una expresión de amargo pesar.
-¿Por qué no? No has ido sin perder tiempo a contar mis secretos a Dumbledore. Si te cuento algo no irás donde el Señor Tenebroso a delatarme por mis dudas y mi posible traición. ¡Amigos, dices! - soltó un bufido.
-Él me mató, Draco. Pudo someterme y lanzarme un hechizo para que olvidara, pero ya ves, escogió que el basilisco se encargara. La muerte sobre la vida, Draco, y siempre lo hace, parece ser su eterna solución. Huye, huye con tu familia o bien entrégate a los brazos de la muerte. Hagas lo que hagas, estaré acá, pero tienes toda una vida, no la desperdicies a causa de entregar tu alma a quien no se la ganó. No por él.
Hermione escuchó a Malfoy quebrándose, sollozando. Él, tan despectivo, líder de una pandilla de retrasados mentales.
-Myrtle, no la quise atacar, a Katy, no quise, pero no tuve opción, estoy desesperado. De vez en cuando recibo sus mensajes... Duelen tanto y queman. El señor oscuro...
-No pienses en él, sólo en como solucionar esto. Tal vez, Snape...
-Sólo quiero olvidar, Myrtle. No importa si él puede o no reemplazarme, ya no confío. Su sólo acto lo delata, demasiada bondad para con mi madre y eso huele a Dumbledore detrás, pero da lo mismo, sea él o sea yo, somos desechables en...
-Draco, no, no te digas eso, eres valioso, no desperdicies tu vida como yo lo hice. Quisiera haber ignorado a Olive ese día, porque no todo era malo, ¿sabes? También tenía amigos, un grupo de frikis, pero amigos, al fin y al cabo... - se detuvo, mientras el chico enjugaba sus lágrimas. - ¿Qué sucede?
Hermione lo supo, y sólo le dio tiempo para aferrarse a la lechuza y sostener la varita.
-¡Sangresucia! - la tomó del brazo y la sacó del cubículo. - ¿Qué puede interesarte de mí?
-Lo soy, Draco, ¿y qué? ¿tan intimidado te pone mi estatus sanguíneo? - Draco intentó arrebatarle el peluche.
-Devuélveme a Snowball. - Hermione lo aferró más aun. - ¿Qué pasa?, ¿no puedo conservar un juguete de infancia? ¿soy tan diferente a ti?
-No, exceptuando la sangre limpia y que soy una chica, no somos muy diferentes. - acarició la lechuza. - ¿No habrá batalla? ¿no me vas a lastimar, Mortífago? - "Oh, Harry, jamás te voy a volver a ignorar." - ¿Me tiene miedo el huroncito?
-Esta vez es casi gratis, Granger - alzó la varita más rápido que la chica. - Obliviate!
Hermione se iba a desplomar, pero él la sostuvo para impedir su brutal caída - Myrtle, ¿estás orgullosa? Acepté la vida.
El fantasma sonrió, y Draco metió a la lechuza en su capa, sintiendo calor en el centro del pecho.
Hermione al fin conocía su verdadero yo y al parecer, podría haber llegado a aceptarlo. El sólo hecho de no atacarlo para ir corriendo hacia Dumbledore fue su confirmación.
