Fill me up inside
Lore-chan
-Simplemente, Taichi y yo-
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Se sentó decepcionada en la cama vacía mientras miraba a su alrededor.
Pero no estaba decepcionada del hombre con el que se había encamado anoche y del cual su nombre no sabía. Él no se lo había dicho y ella tampoco recordaba haberle dado el suyo. Ella estaba decepcionada de sí misma, de ser tan ingenua y creer que después de 2 años y medio preocupándose de él y solamente de él, pensó que esa primera salida luego de tanto tiempo dedicado a su razón de ser podía encontrar a un hombre que valiera la pena.
Eres tan ilusa, Mimi. Ilusa y fácil.
Y es que llevaba tanto tiempo sin sentirse deseada que en cuanto ese hombre le dijo a su oído que quería tenerla en un lugar más privado, no dudó. Dejó que él la tomara de la mano y la llevase a ese LoveHotel. Olvidó todo, olvidó que lo había dejado a él al cuidado de su compañera de trabajo. Confiaba en ella, ambas eran educadoras de párvulo y dejar a su hijo con ella para salir y probar como estaba el terreno masculino después de casi tres años fuera de las pistas, le pareció correcto.
Craso error. NO era correcto.
No era correcto que ella siendo madre soltera -porque el muy infeliz que la dejó embarazada huyó en el instante preciso que le contó de su estado- saliera a dárselas de mujer sin responsabilidades.
Tenía derecho a sentirse mujer y se sintió muy mujer en brazos de ese moreno, pero en cuanto despertó y se vio sola… se dio cuenta que ahora pasaba a convertirse en una mujer usada. Ya la habían usado anteriormente. ¿Cómo tan ingenua para volver a caer? ¡Y a caer tan rápido! ¡Primera salida y ya se encamaba con un desconocido!
No tienes remedio, Mimi. Será mejor que te conformes en ser una buena madre. No hay un hombre para ti que valga la pena allá afuera. Menos si te entregas tan fácilmente.
Comenzó a vestirse desganada. Ya le habían avisado por teléfono que le quedaban solo 20 minutos para abandonar la habitación. Ya lista se miró al espejo que cubría toda la pared a un lado de la cama, observó su vestido color púrpura y por su mente pasó la vergüenza que iba a sentir salir de allí sola y con ese atuendo.
Y lo peor, ya imaginaba la cara de su mejor amiga cuando la viese entrar al departamento con la misma ropa. Miyako le había insistido que se fuera con ella y que hiciera caso omiso a ese moreno de cabellos alborotados.
-Lo único que quiere es llevarte a la cama, Mimi. Se le nota en la cara que no ha tenido sexo en meses – le había dicho su amiga de cabellos violáceos – es la misma cara con la que llega Ken después de estar lejos de mí por su trabajo. Me mira igual y ya sé que me va a follar toda la noche y que al día siguiente el cuerpo me dolerá como los mil demonios.
Y era precisamente lo que sentía la trigueña en esos momentos, un dolor muscular desde el dedo pequeño del pie hasta el cuero cabelludo.
Suspiró por última vez y tomando su teléfono salió de la habitación. Caminó por el estrecho y rojizo pasillo queriendo salir lo antes posible de allí.
Agradeció enormemente que en cuanto se hubo afuera de ese lugar un taxi pasó al instante. Se subió sin dudar indicándole al chofer la dirección a donde debía dirigirse y mientras el hombre ponía en marcha el auto, marcó a su amiga,
-Ni siquiera me molestaré contigo, Mimi – fue lo primero que escuchó desde la otra línea y tuvo que alejarse el celular un poco de su oreja – ¡porque te lo dije! Apostaría a que el muy cobarde te dejó sola y se fue. Satisfizo sus necesidades, como el otro idiota que te embarazó y se fue. Agradecería que al menos me dijeses que ocupaste un maldito condón y que no piensas darle un hermano al que ya tienes. Se aprovechan de ti porque eres bonita y ¡tonta!... ¡Tonta e ingenua como tú solo puedes serlo!
No había caso. Miyako tenía razón. En lo de tonta e ingenua claro, porque de lo poco y nada que recordaba sí había ocupado preservativo. De hecho, era lo que más le recalcó al moreno y éste también se preocupó de usarlo.
-¿Está contigo? – preguntó haciendo caso omiso a los gritos de su amiga.
-Sí, lo pasé a buscar anoche. Hikari preguntó por ti y vaya que se alegró cuando supo que habías decidido salir y dejar de ser esclava de tu hijo. Claro que no le dije que te habías ido quizás a qué hotel con un tipo que conociste de la nada.
-Gracias, Yols – le dijo sonriendo. A pesar de que su amiga la retaba sin cesar, sabía que era porque se preocupaba de ella. Ya la había visto sufrir y llorar lo suficiente por el maldito infeliz que la dejó esperando y criando un hijo sola – Llego en 20 minutos. Estoy relativamente cerca.
-Te dejaré listo el desayuno entonces. Te quiero.
-Y yo a ti. Eres la mejor amiga que puedo tener.
-Que no te escuche Hikari, desde que llegaste al jardín infantil hace dos meses y que se hicieron íntimas cree que puede suplantar mi lugar. – la voz de la chica sonaba ofendida, pero al mismo tiempo había en ella dejos de diversión.
-Será nuestro secreto, Yols. Nadie lo sabrá – le dijo olvidando ya al moreno – Dale un beso, mientras llego – iba a cortar la llamada, pero se detuvo – Mejor dale dos… uno por tener una madre irresponsable y estúpida y otro porque lo amo.
Se oyó una risa al otro lado de la línea.
-Le daré mil besos porque su madre decidió quedarse afuera de casa, revolcándose con un imbécil y solo uno porque lo amas.
Y cortó.
La castaña sonrió dándole una vez más la razón a su amiga.
Desde que tenía memoria que era así, ingenua, confiada… creía en los príncipes azules. Culpa de su madre que le inculcó esa absurda idea y que se quedó grabado en su subconsciente como mantra. Miyako Inue, su mejor amiga desde la secundaria, siempre tenía que andar espantándole a los chicos que se le acercaban con solo una finalidad: meter su anguila en la cueva y gracias a ello de ganó el apodo de "espantacuervos" . Mimi Tachikawa era hermosa, era angelical y era tonta como una puerta – palabras literales de Yols – veía en cada chico al hombre de su vida y como era de esperarse terminaba con el corazón roto.
Afortunadamente o, en realidad, desafortunadamente su virginidad la perdió tarde, ya siendo adulta. Miyako la cuidó tanto que cuando llegó con el que parecía ser el "indicado" y ella le dio su visto bueno, la dejó ser. Ya tenía 21 años y no podía estarle espantando a los pretendientes. Ya era bien mayorcita y el chico no se veía mala persona. Estudiaban carreras muy parecidas, Mimi párvulo y él estudiaba para ser profesor de matemáticas.
Mimi, ilusionada hasta los huesos, se había enamorado perdidamente. Llevaban un año y un par de meses de relación cuando la castaña quedó embarazada y como si de un acto de magia se tratase en cuanto le contó a su pareja, éste desapareció de la faz de la tierra.
Desconsolada y sin saber qué hacer, acudió a la única que siempre le había advertido de que los príncipes azules no existían como tanto le insistió su madre de pequeña. Que los que Mimi creía principies eran lobos vestidos de blancas ovejas con la única finalidad de tomar lo que necesitaban e irse.
Se fue a vivir con su amiga y entre las dos formaron una disfuncional familia.
No fue ese novio fugitivo quien sostuvo su mano cuando ella pujaba, fue su adorada amiga Yols. No fue ese idiota que no supo hacerse responsable de su hijo quien se levantaba en las noches a consolar a ese trigueño exquisito de ojos ámbar que lloraba sabe quién porqué motivo, era su amiga Yols. Ella siempre la ayudó y más tarde se unió Ken Ichijouji, el novio de la pelimorada. Un hombre por el que Mimi habría hasta pagado por tener. Era atento, cariñoso, un poco despistado a veces, pero adoraba a Miyako.
Él también ayudó con la crianza del pequeño convirtiéndose en una especie de imagen paterna, pero Mimi sabía que no lo era y que no lo sería jamás. Y ella dejó pasar el tiempo, decepcionada de los hombres que se habían cruzado en su camino.
Ahora sumaba uno más a esa lista.
Entró al departamento que compartía con su amiga, lo hizo en silencio. Aún era muy temprano y no quería despertar a su hijo. Tampoco quería que la viera con esos atuendos, ni que oliera ese aroma que su cuerpo desprendía.
Iba camino al baño a darse una ducha cuando una molesta Miyako se atravesó en su camino.
-¿Y?
Oh, Mimi conocía ese "Y" se lo pronunciaba cada vez que la pelimorada tenía la razón. Cada vez que Mimi se equivocaba a sabiendas que Yols le decía que estaba haciendo mal.
-No existen los príncipes azules, no van a existir. Me buscan porque soy bonita y porque quieren llevarme a la cama.
-Bien… - sonrió ella – continúa con tu mantra mientras tomas tu baño.
Mimi iba a caminar, pero se detuvo al ver una de las puertas semi abiertas… la puerta del dormitorio de su hijo.
Por el silencio en la casa, era obvio que debía estar plácidamente durmiendo. Se acercó en puntillas, abriendo levemente la puerta y lo encontró boca abajo con el dedo gordo de su mano izquierda metido en la boca.
Su angelito.
Caminó a él, haciendo el menos ruido posible y se inclinó para jugar con uno de sus marrones rizos.
-Lo lamento… - susurró - Me cuesta diferenciar aun entre los hombres que valen la pena y los idiotas, hijo. Quizás llegue el día en que encuentre el correcto, pero no para lo que tú piensas… no busco uno que te críe, eso tengo que hacerlo yo. Solo quiero saber qué se siente que te amen incondicionalmente, como yo te amo a ti. Sé que tú me amas de esa forma, pero… pero quiero sentir ese otro tipo de amor. Uno que nunca ha tocado a mi corazón. A veces pienso que no va a llegar nunca y que tú eres y serás siempre el único y más valioso amor de mi vida – Mimi sonrió – No me molesta del todo a decir verdad… Taichi.
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Salió minutos después de la ducha ya con ropa limpia. Ropa de mamá como ella misma nombraba sus pantalones de algodón holgados y su camiseta de tiritas rosa pálido.
-¿Taichi aún sigue durmiendo?
-Oh si… Es lo que mejor heredó de ti – rió Miyako acercándole un plato con cereales.
Mimi se sentó en el sillón delante del televisor apagado del salón a comer su desayuno. Su amiga se acomodó a su lado mordiendo una manzana y sin quitarle los ojos de encima. La castaña sabía qué estaba esperando.
-Sólo te diré que, nuevamente, tenías razón – habló Mimi – desperté y estaba sola. Otro imbécil en mi camino. Me cuidé. Y creo que no volveré a salir nunca más en búsqueda del inexistente príncipe azul. Si hay alguien ahí para mi… que venga a buscarme. De todas formas ya tengo a un hombre que ya me hace inmensamente feliz.
-Taichi te hace feliz, Mimi. Pero al final, a veces uno necesita ese otro tipo de amor…
-Pues si Ken tuviera un hermano gemelo, sería fantástico.
-Lo tiene y lo sabes… pero Osamu está casado. Así que no es una opción – sonrió Yols.
Mimi también sonrió pero con tristeza.
-Bueno, al parecer seremos… simplemente Taichi y yo.
-Aun no entiendo, porqué elegiste ese nombre para tu hijo a mí me encantaba Kenshi.
-A mí me gusta… siento que es un nombre muy lindo. Cada vez que lo escucho algo me pasa en mi interior. Como si hubieran mariposas revoloteando… eso me produce el nombre Taichi.
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Os quiero, os adoro
Nos leemos :)
