Fill me up inside
Lore-chan
-Cumpleaños con llamadas y visitas inesperadas -
Habían varios niños, todos corrían de un lado a otro riendo.
Mimi había pedido el salón de eventos del edificio donde vivían el cual tenía un pequeño jardín con juegos infantiles.
Y tal cual como lo había conversado con Taichi Yagami, finalmente, decidió hacer un cumpleaños con disfraces. Habia estado toda una tarde tratando de elegir uno para su hijo. Miyako le insistía en que lo disfrazara de príncipe. El niño era tan bonito que un traje de ese estilo le habría quedado de maravilla, pero a Taichi Tachikawa no le había gustado la idea. Él quería vestirse de vampiro y lloró y pataleó lo suficiente – digno de un caprichoso Tachikawa – para que Mimi terminara cediendo. De todas formas de veía tan adorable que a los minutos olvidó el disfraz de príncipe.
Había de todo: zombies, animales varios, momias, princesas y muñecas.
Los adultos también iban disfrazados y por primera vez en mucho tiempo Mimi se sentía muy feliz. Aunque faltaba alguien.
El hermano de Hikari aún no había llegado.
Taichi le había enviado un mensaje hace ya dos horas atrás, indicando que iba en camino a la fiesta, pero no llegaba. Le escribió de vuelta creyendo que quizás se había perdido, pero él nunca contestó.
No quería decepcionarse de él. Ella en verdad quería que ese 19 de mayo estuviese allí.
-¡Te ves muy bonita! – dijo Hikari acercándose tomada de la mano de Yamato. La castaña vestía de blancanieves, el cual le quedaba maravilloso, y el rubio de sacerdote. Su disfraz incitaba al pecado.
-Gracias, ustedes se ven geniales. Yamato, me encanta como te ves. Ten cuidado no vaya a ser que algunas mamás quieran confesarse.
Hikari y el Ishida rieron.
-No te quedas atrás… de seguro más de algun padre querrá ser salvado por WonderWoman – bromeó el rubio.
Mimi sonrió y antes de continuar la conversación su hijo llegó corriendo y se pegó a sus piernas escondiendo su cara en el hueco que se formaba sobre sus rodillas.
-¿Qué ocurre Tai? – preguntó preocupada.
-Mamá… torta – contestó mirandola desde abajo con sus hermosos ojos color caramelo.
-¡Yo también quiero comer torta! – exclamó Miyako llegando a su lado. Vestía de cleopatra.
Al minuto llegó Ken Ichijouji que, lo más probable, impulsado por su novia, se disfrazó de faraón.
-Pero… - Mimi miró a su alrededor. Taichi Yagami no llegaba aún. Ella quería que estuviese allí.
Hikari notó la congoja en el rostro de su amiga. Tomó en brazos al hijo de ella y le pidió que la acompañara a la cocina del lugar con la excusa de buscar las velas para colocarlas en la torta.
-Mi hermano va a llegar, Mimi. Podemos esperar unos minutos más.
-Ya se está haciendo tarde, los niños no pueden irse muy tarde. Es una fiesta infantil, no una fiesta de adultos. Taichi se debe acostar temprano.
-Pero es su cumpleaños, no hay nada de malo en que se acueste un poco más tarde de lo normal. Puede disfrutar…
-Él se acuesta a las ocho sin falta, todos los días – Mimi se oía molesta y en verdad lo estaba. ¿Dónde demonios estaba Yagami?
Desde el día de su "cita a ciegas" no paraban de conversar por mensajes. Cada día ella despertaba y lo primero que veía en su teléfono era un mensaje de "Buenos días" que la mantenía con una sonrisa tonta hasta que llegaba el segundo, el tercero, el cuarto mensaje. Ese moreno la hacía reír como nunca nadie la hizo reír antes.
¡¿Qué había pasado que no llegaba?!
-¡Al fin! ¡La fiesta ha empezado! – oyó desde el salón la voz de Yamato y el corazón de Mimi dio un salto alocado. Salió de la cocina sin notar que Hikari la miraba curvando una amplia sonrisa.
Allí a un lado del rubio, estaba Taichi… vestido de Darth Vader, el casco no lo llevaba puesto, lo sostenía bajo el brazo. Mimi se mordió el labio inferior reprimiendo una carcajada.
¿Había estado molesta hace un par de minutos? Ya ni lo recordaba.
Sus miradas no tardaron en encontrarse y en cuanto lo hicieron el Yagami la miró embelezado, admirando lo hermosa que se veía la trigueña en ese traje de heroína. Se disculpó con el resto para acercarse a ella y a cada paso que daba era como si las personas alrededor fueran desapareciendo.
-Wow – dijo antes de suspirar – quiero meterme en problemas para que vayas a mi rescate.
Ella rió.
-Pues felicitaciones… estás en problemas. Llegas con dos horas de atraso.
-Lo sé, lo sé – se mostró apenado – Me perdí. El idiota de Yamato me envió mal la dirección. Debí haberte enviado un mensaje pero me quedé sin batería y… lo lamento – la miró de reojo como si esperase ser reprendido - Siento que nuestra amistad se centrará en yo pidiendo disculpas.
-Lo importante es que ya estás acá – sus miradas chocaron, estaban nerviosos y no sabían muy bien cual era el motivo exacto para sentirse así.
-¡Hermano, al fin!
Hikari llegó a su lado, cargando al hijo de Mimi que se abrazaba al cuello de la castaña con cariño.
-Habría llegado antes si Yamato me hubiese enviado la dirección correcta y no la dirección de su mamá al otro lado de la ciudad.
-No te enojes con él. Salimos apurados – se acercó más a él y lo envolvió en un abrazo – Feliz cumpleaños, hermano - susurró a su oído con cariño.
-Gracias – y al sentirla tan cerca fue inevitable sentir al pequeño que sostenía. Se separó unos centímentros solo para toparse con los mismos ojos de Mimi, pero en una versión más diminuta. El niño lo miró con curiosidad y antes de que el moreno hiciera algo, Taichi Tachikawa le sonrió.
-Tú debes ser Taichi – dijo él correspondiendo su alegría – Feliz cumpleaños.
-¿Por qué no lo tomas un momento? – indicó su hermana entregandole al pequeño– yo iré a ver el tema de las velas que dejamos a medias.
Le guiñó un ojo a Mimi y se escabulló.
Ambos Taichis se miraron estudiando sus facciones. Taichi Yagami estaba absorto mirando al niño, era increible el parecido que tenia éste con Mimi. Era como si no tuviera padre, porque no encontró en él ningun rasgo ajeno al de la trigueña. Su cabello, sus ojos, su boca, sus mejillas, todo era Mimi.
Taichi Tachikawa estiró su mano y tocó el rostro del moreno. Era un acto muy íntimo, tanto que el Yagami se asustó y, como si saliera de una ensoñación, buscó a Mimi que observaba la escena incrédula. Su hijo no se llevaba bien con cualquiera, sólo unos pocos lo podían tomar sin que llorara y en ese grupo estaba Miyako, Hikari y Ken. Yamato trató varias veces de tomarlo en brazos, pero Taichi rompía en llanto.
-Feliz cumpleaños, Taichi – dijo Mimi sin sacarle los ojos de encima.
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Más tarde, todos cantaron "Feliz cumpleaños" dos veces. El más feliz fue el hijo de Mimi que creía que ambos eran para él. Después de todo, escuchó claramente cantado "Feliz cumpleaños, Taichi" y sólo porque su mamá le dijo que dejara al hombre moreno apagar las velas después que él, se lo permitió.
Él ya había pedido sus tres deseos y en verdad no tenía idea qué más pedir. Se sintió generoso a sus cortos dos años al ceder tres deseos a ese hombre de cara simpática.
La mejor parte de todo fue cuando abrió los regalos, Taichi miraba a su alrededor y todo era regalos para él envueltos en lindas cajas y chillones papeles. Pero lejos el que más le gustó fue el de ese hombre que se llamaba como él. Le había regalado un balón de football y no pudo evitar recordar cuando su tío Ken le regaló uno muy parecido la navidad pasada. ¡Ahora tenía dos! Pero el balón del moreno era mucho más genial ya que tenía escrito unos garabatos que según el hombre eran de futbolistas muy famosos en Japón. No entendió mucho más que la palabra "famoso" y eso era suficiente para saber que eran un excelente regalo. Su madre se emocionaba cada vez que decía la palabra "famoso". Tenia que ser importante sí o sí, si su madre reaccionaba de esa forma.
Luego de terminada la tarea de apertura de regalos, se fue al jardín en compañía de su tía Yols y su tío Ken a jugar.
Adentro ya, la gran mayoría se había ido. Quedaba Hikari, Yamato, Taichi y Mimi por supuesto. La pareja Yagami-Ishida ordenaba algunas cosas en la cocina, mientras que Taichi ayudaba a la Tachikawa con algunos papeles repartidos en el suelo del salón.
-Gracias por invitarme, Mimi. En verdad la pasé muy bien.
-¿No lamentas haber pasado tu cumpleaños rodeado de niños?
-No difería mucho de lo que tenía en mente en todo caso – bromeó pensando en Yamato, que a veces podía ser tanto o más infantil que él mismo– al menos esta celebración tenía una torta exquisita.
Mimi le respondió con una sonrisa.
-Tienes un hijo maravilloso – dijo Taichi de repente provocando que Mimi se sonrojara – y ahora que lo conozco, me cae mucho mejor. ¿Viste su cara cuando vio el balón? Va a ser futbolista – sentenció contento.
-Ken dijo lo mismo cuando le regaló su primera pelota. Taichi es un poco descoordinado, pero pasa todo el día abrazado a ese balón. No sé cómo lo hará ahora que tiene dos – rió.
-Pues hay que enseñarle a patear con fuerza. Yo tengo libres los sábados… - comentó como que no quiere la cosa.
Hikari apareció de nuevo en escena. Estaba molesta y traía el celular de su hermano en una de sus manos. Yamato venía a pocos pasos atrás, torció la boca incómodo, tambien se le notaba enojado.
-¿Ya esta cargado? – preguntó inocentemente Taichi a su hermana.
Pero la Yagami no pudo contestar. El teléfono comenzó a sonar, Taichi esperó a que Hikari se lo pasase, mas no lo hizo y simplemente salió al jardín. Él la siguió.
Mimi también iba a ir tras ellos, pero el brazo de Yamato la detuvo. Éste negó con la cabeza dándole a entender que lo mejor era dejarlos solos.
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-¿Hikari? ¿Quién es? ¿Por qué no me pasas mi teléfono?
-No puedo creer lo descarada que es para llamarte en este día – dijo la castaña apretando el celular que continuaba sonando.
Y ahí Taichi entendió quien era.
-Sora… - murmuró y sus rostro se oscureció.
-Le voy a decir un par de palabras a esta…
-¡No! – interrumpió él – Quiero hablar con ella.
-¿Estás de broma? – su hermana lo miró como si estuviera loco - ¡Te llama el dia de tu cumpleaños solo para joderte la psiquis!
-Hikari, pásame mi celular. Es mi decisión contestarle o no. No tuya.
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Mimi notó de inmediato la ausencia del Yagami cuando todos hubieron entrado al departamento. Miró a Hikari que conversaba con el ceño fruncido en una esquina con Yamato, éste acariciaba sus brazos tratando de tranquilizarla.
Miyako y Ken, que ya se habían cambiado de ropa, decidían qué llevar a la casa de los Ichijouji ya que estaban invitados a cenar.
El hijo de la castaña, en cambio, estaba sentado en el sofá mirando un programa infantil, con los dos balones apostados, uno a su derecha y otro a su izquierda. Ya iban a dar las nueve de la noche y, si bien le hizo caso a Hikari con dejar a Taichi acostarse un poco más tarde, el pequeño con tanto movimiento debido a su cumpleaños ya comenzaba a cabecear.
-Mamá… - le llamó el castaño en miniatura y bostezó largamente – sueño. Mucho sueño, mamá.
Mimi se acercó a él sentándose a su lado. Sacó un par de toallitas húmedas de su bolso y comenzó a sacarle, con protestas del niño incluida, el maquillaje blanco de su cara y la pintura roja alrededor de su boca que se suponía era sangre.
Mientras lo hacía, Hikari y Yamato se despidieron. A los minutos después Miyako y Ken hicieron lo mismo y cuando salían del departamento, Taichi apareció tras la puerta.
No tenía buena cara por lo que Mimi pudo entrever, algo le decía, al ver sus ojos, que estuvo soltando más de alguna lágrima.
-¡Mamá! No más – protestó su hijo pidiendole con sus manos que alejara de su cara las toallitas.
-Hikari y Yamato… se acaban de ir.
-Eh sí, me los encontré abajo – se acercó rascándose la cabeza y quedó a poco más de un metro del sillón – lamento haber desaparecido. Recibí una llamada que no podía dejar sin contestar.
-No tienes porqué darme explicaciones – sonrió lo mejor que pudo y tomando a Taichi en brazos caminó para ir a acostarlo.
-Quiero dártelas – le dijo yendo tras sus pasos – Quiero dártelas porque he estado tratando de no aparentar lo extraño que me siento hoy. Y no es por ti, sino por mí. Es mi primer cumpleaños… solo, si sabes a lo que me refiero y… wow…
El Yagami se detuvo en el umbral de la puerta del dormitorio del hijo de Mimi y no pudo ocultar su sorpresa. El techo estaba lleno de estrellas fluorecentes y lo que pensó eran planetas, terminaron siendo balones de footbal que brillaban en la oscuridad. El adredón de Taichi Tachikawa que era de color azul tenía estampada la insignia de Yokohama F. Marinos, su equipo favorito de football.
-Amo la pieza de tu hijo – susurró tratando de no despertar al niño que ya se había quedado dormido en los brazos de Mimi.
Ella rio despacio y con una mano trató de acomodar la cama para acostar a Taichi. El otro Taichi notó a la castaña complicada y se adelantó a ayudarle. Echó hacia atrás el edredón y las sábanas y Mimi acostó a su hijo con cuidado, pero antes de taparlo, éste abrió uno de sus ojos y la miró medio dormido.
-Mamá, pelota… por favor.
¡Cómo olvidarlo! El castaño no se dormía si no se abrazaba al balón que Ken le había regalado. Salió de la habitación y volvió a los segundos.
-No mamá – alegó volviendo a bostezar – otra pelota – y apuntó al moreno – Taichi.
-Yo voy… - el Yagami le colocó una de sus manos en el hombro de la castaña antes de salir de la habitación.
Tenía sentimientos encontrados. Se sentía tan bien estando con Mimi y con el hijo de ella, era como si la conociera de siempre. Recordó la llamada de Sora en cuanto tomó el balón autografiado, quizás si hubiera tenido hijos con la pelirroja su relación no se habría roto tan fácilmente, aunque… ¿Quién dice que los hijos unen a las parejas? Al parecer eso no había pasado con Mimi y con el padre de Taichi.
El timbre del departamento sonó, el moreno echó una mirada sobre su hombro, pero Mimi continuaba en el dormitorio del castaño. Tal vez era la amiga de la Tachikawa que habia olvidado algo.
Definitivamente no era ella, un tipo de piel muy blanca y cabello marrón claro lo miró de pies a cabeza.
-¿Mimi Tachikawa? – preguntó.
Algo se revolvió en el estómago de Taichi, aquel tipo no le daba buena espina. Peor fue cuando hoyó un gemido de sorpresa a sus espaldas. Giró sobre si mismo y vio a Mimi, cuyos ojos rápidamente se humedecieron.
-¿Qué haces acá? – inquirió olvidando que el Yagami estaba ahí en la puerta también - ¿Cómo me encontraste?
El tipo no se dio por aludido y sacó de su chaqueta un pequeño presente mal envuelto.
-Vine a ver a mi hija a desearle feliz cumpleaños.
Okei, Taichi intercaló miradas entre el hombre en la puerta – no tenía que ser un genio para saber que era el papá de mini castaño – y Mimi que apretó la mandíbula con furia. No sabía muy bien qué hacer, quizás lo mejor era irse, pero algo dentro de él le gritaba que se quedara.
Y un "algo" había sido que ese tipo habían indicado que iba a ver a su "hija", no "hijo". Taichi, en el poco tiempo que llevaba hablando con Mimi nunca le preguntó por el papá del niño y ella tampoco hizo ademán por hablar del mismo.
-Escúchame bien – el tono de voz de Mimi era igual de gélido a cuando le advirtió al Yagami que se alejara de ella. Aquella noche en la cita a ciegas – Vete de aquí, está durmiendo.
-No me puedes negar verla…
Y la trigueña explotó.
-"¿Verla?" ¿Con qué cara vienes a acá a dártelas de padre, idiota?... es un NIÑO – recalcó – si te hubieras quedado, lo sabrías.
-Claro que lo sé, estaba bromeando – y rió de lo más natural – Hey, ¿Puedo hablar con Mimi a solas? – preguntó dirigiendose a Taichi.
-No – contestó de sopetón y él también estaba molesto – Vete de aquí. Ya escuchaste.
-Puedes ser el nuevo novio de Mimi, pero ella y yo tenemos un hijo y…
-¿Sabes como se llama tu hijo? – Taichi lo miró cruzandose de brazos esperando una respuesta que no llegaba. Alzó una de sus cejas sonriendo con ironía - ¿Sabes cuál es su equipo de football favorito? ¿Sabes al menos cuántos años cumple hoy? – más silencio – No sabes nada, ¡¿Y vienes aquí con el descaro de exigir verlo, de repente y sin si quiera avisar?!
-Pasaba por Odaiba y recordé que…
-¡¿Pasabas por Odaiba?! – exclamó el moreno enfurecido – Es decir que "afortunadamente" tu paso por Odaiba coincidió con que recordaras que tienes un hijo y que estaba de cumpleaños. ¡¿Eres imbécil 24x7?! O ¿estás en tus días de suprema idiotez?
-¿Me llamaste idiota?
-Y aparte sordo – Taichi lo empujó con fuerza y el tipo retrocedió hasta quedar en medio del pasillo – Cuando al menos te sepas el nombre de tu hijo y sepas al menos dos o tres cosas más de él… me llamas y coordinamos una visita – lo miró de pies a cabeza y sintió pena por él - No tienes idea de lo que te has perdido, no tienes idea de lo increíble que es ese niño – y sin esperar ni un segundo más le cerró la puerta del departamento.
El moreno apoyó ambas manos en la madera. Estaba enojado, muy enojado, estuvo en la misma posición por al menos diez minutos… pero todo pasó a segundo plano cuando el pequeño Taichi se acercó a él con la pelota que le había regalado abrazada a su pecho. Con una de sus manos libres lo tomó del pantalón oscuro, pidiendole que lo acompañara.
Así lo hizo, lo tomó en brazos y él apuntó su habitación.
Pasó a un lado de Mimi, ella estaba callada y lo miraba sin aún poder procesar lo que habia ocurrido. Taichi simplemente le sonrió y desapareció por la puerta del dormitorio del pequeño.
Mimi caminó hasta el sillón sentándose totalmente abrumada. Una vez más el hermano de Hikari la sorprendía. Nunca nadie la había defendido a ella, mucho menos a su hijo… cuantas veces no quiso que alguien hiciera lo que Taichi habia hecho minutos atrás. Se llevó la mano a la altura del corazón cerrando los ojos. Sólo una semana se había demorado en provocar que sus latidos aumentaran más y más.
Escuchó risas desde la habitación de su hijo y eso fue el detonante que la hizo llorar, no sabía porque lloraba, pero no era tristeza lo que sentía. Estaba ¿Feliz?
Echó la cabeza hacia atrás, pensando… pero el vibrar de un celular en su espalda la hizo saltar del susto.
Era el teléfono de Taichi y se leía claramente el nombre "Sora", más atrás la fotografía de el mismo Yagami abrazando a una pelirroja, la hizo sentir un vacío. ¿Era su ex?
Sus instintos fueron más rápidos que su sentido común.
-¿Tai? – escuchó al otro lado de la línea y Mimi cerró los ojos sabiendo que lo hecho no era lo correcto - ¿Taichi, me escuchas?
-Taichi no está en estos momentos – dijo tras aclararse la voz. Hubo un silencio incómodo.
-¿Hikari?
-No, Mimi – la castaña comenzó a jugar nerviosa con un mechón de su cabello.
-¿Mimi?
-¿Mimi, qué haces? - Taichi se había acercado y ella del susto dejó caer el teléfono al suelo - ¿Es mi celular?
-Estaba sonando… y – se excusó avergonzada – creí que era importante y…
El moreno dio la vuelta al sillón y levantó el aparato, torció la boca al ver que era Sora nuevamente quien llamaba.
-No es nadie importante – dijo al fin – Dame unos segundos. ¿Sora?
Taichi salió al balcón del departamento y cual novia celosa, que muy bien Mimi sabía que no lo era, se acercó un poco para oírlo.
-Ya habíamos hablado de esto… ¿cuál es el fin de todo, Sora?, Sí, ya me lo dijiste hoy en la tarde y gracias. No, no creo correcto que nos juntemos. Yo no te pedí que me compraras un presente… no, no lo quiero. ¿Quieres que seamos amigos?, quizás Sora, quizás algún día… más adelante. Pero no ahora. ¿Mimi? Es una amiga. Sora, creo que perdiste cualquier tipo de… ¿qué? Puedes tú reacer tu vida tranquila, pero ¿yo no?. No jodas más, ¿quieres?. No llames más. Pues debiste pensar eso antes de dejarme e irte. Llevamos más de un año separados y casi dos meses divorciados… ¿Te estás escuchando, Sora? ¡Demonios! Estoy bien… estoy feliz… feliz como hace tiempo no lo estaba. Por favor, no llames más. Sí, es por ella… quizás es mi amiga en estos momentos, pero quiero que sea más. Sí, me gusta… me gusta de una forma que no logro entender, pero me gusta. Eso ya no es de tu incumbencia… no, no pasé mi cumpleaños solo ya te lo dije en la tarde. Sí, lo pasé con ella también… ¿Terminemos con las preguntas tontas, por favor? Es en serio, Sora. No vuelvas a llamar, porque esta es la ultima vez que te contestaré. Buenas noches.
Mimi escuchó como Taichi golpeaba la baranda del balcón.
No se movió de su lugar cuando el moreno, tras un par de minutos entró al departamento. La encontró allí muy cerca del ventanal y supo de inmediato que había oído su conversación.
-Sora es…
-Tu ex esposa – dijo Mimi y el moreno asintió.
-Hoy me llamó en la tarde mientras ordenábamos, Hikari no quería que le contestara, pero necesitaba decirle que no llamara más. Según ella llamó sólo para desearme feliz cumpleaños… Ahora volvió a llamar para decirme que me había comprado un regalo. En verdad no entiendo, fue ella la que se fue. Vive con su nueva pareja, ¿Por qué querría ser mi amiga?
-¿Culpa?
-No lo sé… ya no me importa a esta altura.
Taichi suspiró. Estaba cansado. Su cabeza estaba dividida entre el buen cumpleaños que había pasado junto a su hermana, su mejor amigo, Mimi, el hijo de ella y compañía y el mal momento del padre de Taichi Tachikawa y la llamada de Sora.
-¿Quieres ver una película? – animó Mimi tratando de que la cara del moreno cambiara.
El se detuvo a mirarla, por vez mil, durante ese día. Se acercó unos pasos quedando frente a ella, Mimi tuvo que levantar la mirada ya que el Yagami le llevaba casi una cabeza de altura.
-Sé que escuchaste lo que hablé con Sora – murmuró llevando su mano a la mejilla de la castaña – Me gustas… me gustas desde el momento en que te ví en el bar, quisiera poder recordar algo más que lagunas de nuestro encuentro porque sé que debió haber sido perfecto. Me gustaste aún más cuando te vi en el restaurante, me gustaste cuando a las once de la noche comíamos las BigMac, me han gustado todas las conversaciones que hemos tenido durante estos días… Mimi – la miró con intensidad y ella no podía sacarle los ojos de encima – Mimi, estás sacando lo mejor de mí, creí que estaba olvidado, que se había perdido… pero no, aquí está y sale a la luz cuando estoy contigo. Me gustas tanto.. y me gusta lo que estás provocando en mí.
Taichi posó su otra mano en la otra mejilla de la castaña y en un suave movimiento la acercó a su rostro. Se inclinó lo suficiente para rozar sus labios contra los de ella. Mimi suspiró temblando.
-No me rompas el corazón, Taichi – le pidió en voz baja.
-Mimi, tengo miedo que tú me lo rompas a mí.
Y cerraron los ojos para unirse en un beso. Un beso, si bien cargado de pasión, era uno lleno de ternura. Retrocedieron hasta el ventanal abriendo sus bocas, dejando que sus lenguas jugaran. Mimi le pasó los brazos por el cuello y se enredó en sus alocados cabellos. Se pegaron más, si es que eso era posible, y en el momento preciso en que se separaron un instante para tomar aire, una risa divertida los hizo girar.
Taichi Tachikawa los miraba sonriendo travieso desde la puerta. Mimi se sonrojó visiblemente, nunca se había besado frente a su hijo.
-¡Hey! – rió el Yagami separándose de la madre del niño para correr hacia él - ¡Te dejé durmiendo! ¡Eres un diablillo!
Mimi los escuchó reír y eso la hizo sentir feliz, como nunca antes lo había estado.
-Feliz cumpleaños… mis Taichis – susurró perdiendose en las carcajadas que resonaban en las paredes del departamento.
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Quedan solo dos capitulos.
No más Looooong fics. Menos ahora que tengo tan poquito tiempo .
Os quiero, os adoro
Y nos leemos
