Fill me up inside

Lore-chan


-Gracias-


Mimi se empinó lo mejor que pudo al estante que estaba frente a ella. Quería alcanzar un colgante de bebé, de esos que se colocaban en la cuna y que tenían luces y canciones para el recién nacido. Lo había estado buscando desde que lo vio en otra tienda hace un par de semanas, pero estaba agotado en todos lados, menos allí.

Se afirmó en el estante inferior y dio un pequeño salto, pero fue inútil. Lo único que logró fue que su vientre golpeara unos peluches agolpados más abajo, botando más de la mitad.

-¡No! – reclamó haciendo un puchero. Se acarició su barriga de ya siete meses y miró a su alrededor. Peluches de todos los colores rodeaban sus pies.

A esa altura del embarazo, agacharse, era toda una odisea. Asi que en cuanto apareció una de las vendedoras suspiró con tranquilidad.

Le pidió el colgante con una sonrisa gigantesca y la chica trajo una pequeña escalera para sacarla. Era la última.

-¿Me la puedes guardar? – pidió Mimi juntando sus manos a modo de súplica – quiero ver un par de zapatitos que vi por allá.

-¡Por supuesto!

Caminó alegre, el largo vestido morado que llevaba marcaba toda la figura, en especial al nuevo hijo que llevaba en el vientre. Y lo que la tenía más contenta, a ella y a Taichi, era que sería una niña. A su otro hijo, no le había hecho mucha gracia la noticia, ya que esperaba un hermano con el cual jugar football, pero con el tiempo se acostumbraría.

La castaña se hizo una rapida trenza que le cayó por el costado del brazo hacia adelante y las puntas le tocaban la cadera. Tomó un vestido blanco lleno de vuelos y luego un par de zapatos del mismo color. Miró toda la ropa que había y supo que iba a estar allí, al menos, una hora.

Fue a un espejo y se colocó las prendas en el vientre, casi modelando, imaginándose cómo se vería la futura Yagami con ellas y el brillo de su anillo de matrimonio, la hizo sonreír. Le quedaba un poco suelto. Miyako fue la que más protestó, dijo que era la única embarazada que conocía que en vez de engordar había adelgazado durante el período. La Inoue había dado a luz una niña hace ya tres años atrás y, a pesar de que no había subido mucho de peso, decía que estaba gorda como una vaca. Hikari tuvo al suyo hace un año, un moreno exquisito de ojos chocolate – que fue motivo de burla por parte de Taichi ya que no se parecía mucho al Ishida, sino que era Yagami al mil por ciento.

"Los mejores genes son los que ganan" le dijo molestándolo una y otra vez.

"Mi padre tiene los ojos color chocolate, Tai, si yo soy rubio es por parte de mis abuelos maternos" Arremetió Yamato. Pero de nada sirvió.

Mimi y Taichi esperaron un tiempo prudente y se casaron en un ceremonia muy privada, nada comparado con el magnánimo matrimonio que había tenido con Sora muchos años atrás.

La Tachikawa vistió un vestido de verano hasta el muslo sin tirantes. Se hizo un moño desde donde salieron un par de mechones que cayeron por sus mejillas y todo finalizaba con un hermosa flor anaranjada sobre su oreja derecha, del mismo color de la corbata del moreno y de la corbata del hijo de ambos, porque Taichi Tachikawa, ya era un Yagami y para quién le preguntara, el niño era su hijo.

-Ese vestido blanco es muy bonito… - comentó una voz a sus espaldas y Mimi vio a una pelirroja reflejada en el espejo. La castaña volteó y supo de inmediato quien era, pudo haberla visto una sola vez en el celular de Taichi, pero sus rasgos no los sacó nunca de su cabeza - ¿cuánto tienes? Te ves muy bonita.

-Siete – Mimi trató de sonreír, pero le costó demasiado. Miró a Sora de pies a cabeza y notó que al igual que ella, también estaba embarazada, pero apenas se le notaba.

-Y ¿Ya sabes qué será?

-Es una niña – susurró. Estaba demasiado incómoda con la situación – y ¿tu? – se aventuró a preguntar. Podía estar incómoda, pero sentía curiosidad. Después de todo era la ex esposa de su marido.

-Sólo cuatro, y al parecer será varón o eso dice mi esposo. Es doctor así que tengo que creerle – rio y Mimi trató de imitarla, pero de muy mala forma.

La Yagami suspiró, tratando de inventar una excusa rápida para librarse de la pelirroja, pero se fue a la basura cuando escuchó la voz de su hijo llamándola y corriendo hacía ella.

-Mamá – habló agitado – papá me dijo que puedo elegir la pelicula que veremos, pero cuando le dije que quería ver La vida secreta de las mascotas, se rio… dijo que era una película de niños. ¡Y yo soy un niño! – abrió sus ojos mostrandole indignación – él dijo que vieramos The Avengers, que esa era una buena pelicula para niños… pero no me convence.

-Vaya, tienes dos – Sonrió Sora y Mimi quería que la ex señora Yagami desapareciera – Es un joven muy guapo, ¿Cuánto tienes?

-Seis – respondió el castaño mostrandole seis dedos con sus manos – y soy el mejor futbolista de todos, mi papá me enseña todos los días jugadas diferentes y…

-Hijo – interrumpió Mimi - ¿Dónde está tu papá? – ella no tenía la menor intención de que Taichi se encontrara con Sora.

-Esta afuera de la tienda, está hablando con tío Yamato. Se lo encontró… - Mimi vio como Sora juntaba las cejas pensativa y prefirió cortar todo e irse.

La castaña se despidió lo más educada que pudo de Sora, tomó el vestido blanco, los zapatos y se encaminó a la caja a pagar. Taichi , a su lado, continuaba explicando el porqué habia elegido la pelicula y era porque en el trailer había un gato y era flojo, justo como el gato que había en el departamento de los abuelos.

-No es flojo, Tai, Miko está viejo. Eso es todo – dijo saliendo, al fin, del lugar con las compras.

Taichi en cuanto la vio se acercó.

-¿Por qué no me dijiste que ibas a comprar tantas cosas? – espetó – No puedes cargar tanto peso, Mimi.

Al ser primerizo, el Yagami era muy cuidadoso y aprensivo, leía todo lo que se le cruzaba por el frente relacionado con el embarazo y no dejaba que Mimi hiciera casi nada. Menos mal que ya estaba con pre natal porque mientras trabajó se las ingenió para irla a buscar y a dejar todos los días. No quería que tomara el bus, quizás éste frenaba de repente y ella caía o se golpeaba. ¿En tren? ¡Ni pensarlo! Iría toda apretada.

Lo mismo le pasaba con Taichi, su hijo, él se encargaba de irlo a buscar al kinder garden y, en su horario de almuerzo, partía a buscarlo y a dejarlo al departamento de sus padres cuando Mimi aún trabajaba y ya cuando salía por las tardes lo llevaba al departamento. Yuuko era la más contenta, una vez que sus hijos dejaron el hogar se sentía sola, así que tener al hijo del suyo todos los días, le encantaba, aún sabiendo que no era de su sangre, pero ya lo había adoptado como tal y llevaba su apellido. Yuuko, no se metía en las decisiones de Tai, pero le gustaba esta nueva chica, no era que Sora le hubiera desagradado, puesto que mentiría, pero veía a su hijo feliz de una manera tan diferente.

-No pesa nada, no exageres – sonrió Mimi y Taichi de todas formas tomó las dos bolsas.

-Hola Mimi – saludó Yamato con su propio hijo en brazos. El niño podía ser moreno y de ojos oscuros, pero sí se parecía al Ishida.

-Hola Yama'… ¿Y Hikari?

-Resfriada, vine a comprarle unos medicamentos. Y aprovecho de llevarle unos libros que me pidió también – dijo indicandole una bolsa.

-Tío Yamato – interrumpió el pequeño Taichi cogiendolo del pantalón para que lo mirara desde arriba- ¿ud que película vería, The Avengers o La vida secreta de tus mascotas?

Mimi rio y le pidió al Ishida su sobrino para cargarlo, hicieron cambio, puesto que el rubio tomó en brazos al trigueño, caminaron por el pasillo y comenzaron una conversación bastante extraña acerca de las ventajas y desventajas de cada una de las películas. Taichi se acercó y la tomó de la cintura, besó la frente del hijo de su hermana y luego la frente de su mujer.

-Si Sakura sale rubia… te digo de inmediato que no tengo familiares con esos rasgos – bromeó el moreno tomándole la mano al pequeño Ishida – y voy a sospechar seriamente de cierta persona… - dijo mirando a Yamato que iba más adelante.

-Deja de decir tonterías – rio ella alzando el rostro para besarlo en los labios.

Sintieron caer algo a sus espaldas y giraron ambos, Mimi se mordió el labio, ni sentía que el hijo de Hikari estaba tirándo de su trenza, miró a Taichi de reojo y su cara, aparte de sorpresa mostraba… ¿Cariño?

Sora levantó lo más rápido, que su estado le permitió, la bolsa de papel que había caído. Miró al moreno y parecía que sus ojos se cristalizaban.

-¿Sora? – Yamato se había devuelto al notar que sus amigos se quedaron pegados en algun punto del pasillo.

-Hola Yamato – él no respondió, simplemente frunció el ceño molesto.

La pelirroja se acercó a tientas, ahora era ella la incómoda, le entendió la bolsa a Mimi.

-Se te quedó el vestido, el blanco – miró la mano de Taichi rozando el vientre de la castaña y algo extraño se le revolvió por dentro – que bueno que te logré alcanzar – sonrió de medio lado mirando de reojo a su ex.

-Gracias – Taichi reaccionó y él mismo tomó la bolsa.

-Papá – llamó el castaño en brazos del Ishida y Sora tragó complicada. Sacó cuentas mentales y si ese niño tenía seis años, y ella se había separado de Taichi tan solo hace cuatro… comenzaba a sentir rabia – Tio Yamato dice que es mejor La Vida secreta de las mascotas – se cruzó de brazos y le alzó una de sus cejas en el señal de triunfo - ¡Papá! – exclamó otra vez al notar que el moreno no lo tomaba en cuenta.

-Te escuché Taichi, esa veremos – volteó al trigueño y le sonrió de la mejor forma que pudo.

-¿Taichi?... – el susurro de Sora, fue solo audible para ella.

-Es hora de irnos – avisó Yamato con su voz fría, esa que a Mimi le causaba escalofríos. Se acercó a su cuñada y tras dejar al trigueño en el suelo, tomó a su hijo – Ustedes tambien deberian irse – les aconsejó en voz baja. Le hizo un señal a Sora con la cabeza y desapareció a los segundos.

-Tu hijo tiene seis años – habló Sora de pronto.

-Los tiene – afirmó el Yagami.

Mimi sentía que el aire le faltaba, tomó la mano de Taichi y se acercó al oído de su marido.

-Voy a las terrazas.

-Voy contigo.

-No. Haz lo que tengas que hacer. Yo confío en ti.

El silencio que cayó entre ambos, Taichi Yagami y Sora Takenouchi fue brutal. Las personas pasaban a su lado, pero era como si no hubiera nadie más alrededor, solo ellos mirándose. Quizás en otras circunstancias, verla frente a él, embarazada, lo habría destrozado y se habría sumido en la depresión en la que estuvo por más de un año, hasta que conoció a Mimi.

Ahora, era todo diferente, él tenía su familia, Sora al parecer tenía la suya y los siete años que estuvo con ella parecían irse entre sus dedos como el agua, recordaba los momentos con ella en la secundaria, en la preparatoria. Los celos que se trataban de dar mutuamente que ahora veía tan lejanos, hasta parecía que pertenecían a otra persona y que esa persona se los había contado.

Sora se acercó a él, caminando despacio y Taichi se puso nervioso.

-Te volviste a casar – sonrió ella mirando su mano.

-Lo hice.

-Ella es bonita… ¿Mimi? – A él le asombró que despues de tanto tiempo recordara el nombre que le dio por teléfono, asintió - ¿Me engañabas con ella?

-¿Perdón? – Taichi abrió los ojos sin poder creer la pregunta.

-Los últimos años, estabas raro… llegabas tarde a casa, ya no hablábamos, ya no… ¿Era por ella?

-Sora no tengo la menor idea de porqué crees que yo te podría haber engañado. Fuiste tú quien se alejó, fuiste tú quien…se enamoró de otra persona - cerró los ojos recordando aquellos años – llevaba tarde porque juntaba dinero para comprarnos una casa, una con jardín… ¿Recuerdas cuanto querías un jardín para que pudieras colocar una fuente? Llegaba cansado, porque estaba haciendo algo por ti… no porque te estuviera engañando.

-Tu hijo tiene seis años, se llama Taichi… y…

-Lo adopté Sora – aclaró acercándose más, casi rozando su mano – fue una casualidad que se llamara igual que yo, fue la mejor casualidad del mundo. ¿Puedes tú decir lo mismo? ¿Qué no me engañaste? – Ella se secó las lágrimas antes que salieran - ¿Te casaste con él? – Sora asintió - ¿Eres feliz?

-Sí – dijo con un hilo de voz.

Taichi tomó de su brazo y la acercó finalmente para envolverla en un abrazo. Ella dejó descansar su mejilla en su pecho y lo rodeó como pudo. El moreno apoyó su cara en su cabeza y suspiró en ella.

Como había deseado hacer eso, durante años que lo habia deseado, hacer las pases.

-Te ves bien así – le dijo referiendose a su estado, sin soltarla.

-Ella es muy linda.

-Es todo para mí, Sora. Ella, mi hijo, mi hija.

-Siempre quisiste tener una niña – rio Sora y de un momento a otro comenzó a mojar la camisa de Taichi.

-Siempre quise tener a alguien que me llenara por completo y la encontré. ¿Lo encontraste tú?

-Lo hice.

Se separó un poco de la pelirroja y le besó la frente.

-Eso es bueno – sonrió y le secó las lagrimas con su dedo pulgar – Quizás en otra vida, en esta yo estoy destinado a estar con Mimi. De todas formas al primer amor no se le olvida tan fácilmente.

-Claro que no.

-Pero el segundo… el segundo, al menos para mi, es para toda la vida.

Sora sollozó dandole la razón. Taichi se separó de ella, iba a sacar un pañuelo de su bolsillo, Mimi le había recomendado andar siempre con uno por si su hijo se manchaba o algo asi.

-Ten… - se lo extendió.

-Es el embarazo, estoy muy sensible.

-A Mimi le ocurre lo mismo, olvido apagar el televisor o alguna luz de la casa y llora desconsoladamente.

-¡¿Sora?!

Taichi vio a las espaldas de la pelirroja un hombre alto, tan alto como él, de cabellos azules y gafas. Lo reconoció de inmediato, lo había visto algunas veces durante el proceso de divorcio.

-Hola Joe.

-¿Taichi? Ho-hola… – miró a su mujer - ¿Está todo bien?

-Me encontré con Tai y me contaba sobre su familia y… - se acarició el vientre – ya sabes, estoy sensible.

-Bueno, yo tengo que volver… me espera Mimi y mis hijos. Fue bueno verte feliz, Sora – se acercó al peliazul y le dio un golpecito en el brazo – también fue bueno verte. Que estén bien.

Camino por el pasillo con una de sus manos ocupadas por las compras de su mujer y la otra metida en el pantalón. Y a medida que avanzaba y avanzaba, su sonrisa crecía más y más.

Estar en paz con uno mismo y con las personas que en alguna ocasión te dañaron, pero que ya no ocasionan los sentimientos que solian causar, era tener veinte kilos menos de preocupación sobre los hombros.

Llegó a las terrazas y los distinguió de inmediato. A su hermosa Mimi ayudando a su hijo a caminar por una angosta baranda que daba a unos rozales, verla con el vientre abultado sabiendo que allí dentro estaba aún creciendo su tercer orgullo, tras Mimi y Taichi, era algo que había imaginado en el mejor de sus sueños.

No podía más de felicidad, hasta había olvidado darle las gracias a Sora por haberle pedido el divorcio, darse a las gracias a si mismo por haber querido sallir aquella noche, darle las gracias a su hermana por la cita a ciegas, le faltaba dar muchas gracias.

Dio un par de zancadas y desde la espalda tomó a Taichi Yagami de la cintura y lo elevó por sobre su cabeza para dejarlo con sus piernas cada uno cayendo por sus hombros. El niño rio a lo alto y le tomó las manos a su papá para abrirlas como si fuesen a volar. Mimi se colocó frente a ellos sonriendo.

-Te amo – le dijo antes de besarla en los labios – gracias por darme esta increíble familia.

-¡Papá! Mejor veamos The Avengers… vi una foto en el celular de mamá y se ve genial.

-¿Por qué no mejor vemos una primero y luego la otra?

-¿Tarde de películas?

-¡Tarde de películas! – exclamó y los tres emprendieron el paso a los estacionamientos.

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No hay más, se acaba otro michi.

Nos leemos :)